Shun de Andrómeda estaba parado sobre un peñasco, mirando al horizonte rojizo. Estaba muy preocupado por su hijo. Shan de Cefeo había salido y no le dio tiempo para acompañarlo, ahora no sabe nada él. Su esposa, June también preocupada decidió vestirse de nuevo como amazona de Camaleón. Ahora se había separado para buscarlo, al menos verlo vivo.
"No te preocupes, él es fuerte además es caballero de plata" pensaba Shun se giró y vio a dos guerreros caminando hacia él, uno tenia la armadura blanca, perteneciente a la legión de Deimos y el otro con armadura escarlata, maka al servicio de Fobos.

No se veían muy felices.
— Mira, Anteros. Un santo de Atenea— dijo el legionario, ambos guerreros no llevaban casco, mostraron sus cabelleras negras.
— Hemos sufrido numerosas bajas. ¡Vamos a exterminarlo, Nicledis!— dijo Anteros, el maka comandado por Fobos.
Shun se pone en posición de ataque. Anteros se lanza al ataque y Shun le golpea con su cadena y el legionario toma carrera, Shun rueda por el suelo hacia la izquierda, alejándose del precipicio.
— ¡Cadena Nebular!
— ¡Estampida!— el ataque del legionario choca con la de Andrómeda. Shun retrocede y entre la neblina aparece Anteros y le golpea en el vientre. Cae de rodillas y recibe una patada de Nicledis, el legionario.
— No hay honor atacar dos contra uno— una voz glacial hizo que los soldados de Ares se girasen y viesen al caballero del Fénix sentado en una roca, mirándolos con una sonrisa desafiante.
— Hermano— musitó Shun, levantándose.
— Yo me ocupo de ese— señaló Ikki a Anteros.
— ¡Llamas de guerra!— Anteros levantó los brazos y llamas de fuego se lanzaron contra Ikki de Fénix que lo esquiva de un salto.
Shun elevó su cosmos y agitó sus cadenas, envolviéndolo en una espiral.
Nicledis extendió dos dedos y salieron luces en forma de rayos que se dirigían al santo de Andrómeda, saliendo desviados gracias a la defensa giratoria de Shun.
— Aún estas a tiempo de rendirte— dijo Shun en medio de las cadenas giratorias.

Mientras tanto Ikki de Fénix va esquivando los ataques de Anteros el maka.
— ¡Fuego de Guerra!— Anteros giró un brazo y una llama en forma de látigo salió disparado, Ikki se cubre con ambos brazos y el ataque lo hace lanzar de espaldas.
— Buen truco— dice Ikki mientras baja los brazos— Veamos como te las arreglas con esta ¡Alas ardientes del Fenix!
— ¡Fuego de Guerra!
Ambos ataques chocan pero la de Ikki logra superarlo, destruyendo la armadura superior del maka, cayendo al suelo. Ikki de Fénix se va acercándose lentamente hacia el rival y se coloca a su altura.
— Ilusión Diabólica—un rayo pasa sobre la cabeza de Anteros abriendo los ojos como platos hasta que parpadea. Ve a Ikki a su costado y da un gran salto.
— Tu truco no me ha hecho efecto. — y atraviesa el pecho de Ikki con su brazo y se ríe pero luego se da cuenta que está sangrando. Vuelve a parpadear y ve que se ha atravesado a si mismo el pecho. Era una ilusión de Fénix. Ikki lo ve y le da un golpe con la rodilla en el vientre de Anteros, cayendo de rodillas. Vuelve a mirar con odio a Ikki de Fénix y cae muerto.

En ese mismo momento, Shun aun seguía en el modo defensivo, tanteando al rival que se negó a rendirse.
—Estampida— el legionario se lanza al ataque y Shun encuentra el punto débil y agita sus cadenas y empiezan a envolver al legionario, como si fuese una trampa.
Cae al suelo, rodeado de la cadena de Shun.
— No voy a abandonar a Ares, si es lo que me estas pidiendo— dijo el legionario, atrapado en la cadena de Shun, mientras su armadura se hacia trizas.
— Lo siento— dijo Shun y empezó a aprisionar las cadenas contra el cuerpo de Nicledis hasta expirar.

Shun se gira para ver a su hermano, de espaldas hacia él.
— Hermano…
— Yo mismo buscaré a Ares…y lo derrotaré— Ikki dio un salto y desapareció de la vista de Shun.

El caballero de bronce de Andrómeda dio un suspiro y siguió su camino.

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Mientras tanto en el Santuario, Zavijava se hallaba en posición de loto en la casa de Aries. Seiya estaba a su costado, sentado con la espalda en la columna. Vio que Zavijava se levantaba y caminaba hacia la entrada. Seiya lo imitó.
— ¿Qué sucede Zavijava?
— ¿Ves que alguien se acerca?— dijo el caballero dorado de Virgo moviendo su cabeza donde estaba Seiya.
— Alguien viene— y Seiya se pone en posición defensiva— y es un maka que intentará colarse aquí.
— Efectivamente— dijo Zavijava dándose la media vuelta, entrando al templo causando la perplejidad de Seiya.
— ¿Adonde vas, Zavijava?
— A seguir meditando, caballero de Sagitario— dijo el santo de oro de Virgo de espaldas a Seiya— Confío que no tendrás problemas en "convencerlo"— Zavijava entró al templo. Seiya lo miró y bajó las escaleras.
— Apártate, santo de Atenea— dijo Homados el maka.
— No voy a permitir que hagas daño a Atenea. Yo la protegeré con mi vida— dijo Seiya
— ¡Rabia Desatada!— esferas de cosmos iban directos hacia Seiya, que los esquivaba y se eleva por los aires.
— ¡Meteoros de Pegaso!— Homados recibe el ataque cayendo de espaldas mientras Seiya daba una vuelta en el aire, cayendo de pie. Homados se levanta, toca ambas manos al suelo y onas expansivas en el piso de piedras del santuario se agitan, saltando todo por los aires. Seiya pisa con fuerza en el suelo mientras todo salta a su alrededor. El movimiento era tan fuerte que no pudo más y saltó también por los aires. Homados ve al caballero de sagitario caer de cabeza.

Homados se junta de brazos, listo para atacar de nuevo. Seiya se levanta, se pasa una mano sobre la cara.
— Aún no he usado toda mi fuerza— dijo Seiya mientras elevaba su cosmos— ¡Cometa de Pegaso!— Homados intentó detenerla pero la fuerza del cosmos del ataque de Seiya lo hicieron ceder. Cayó al suelo, con la armadura hecha añicos y sin vida.
Seiya se sienta en la escalinata, donde larga un suspiro. Varios minutos después siente un cosmos conocido, se levanta y ve a Nikos de Escorpio, caminando lentamente y como un autómata.
— ¿Sabes si los makas y legionarios han sido diezmados?— dijo Seiya cuando Nikos avanzó a su misma altura pero no le hizo caso y siguió subiendo las escaleras.
— ¿Qué te pasa Nikos?— Seiya empezó a tener mala espina.

El caballero dorado de Escorpio entra al templo de Aries, mientras Seiya sube las escalinatas.
— ¿Qué te trae Nikos de Escorpio?— dijo Zavijava en posición de loto.
Nikos de Escorpio no contestó y siguió su camino pero Zavijava no lo dejó avanzar.
— Lo siento, no vas avanzar más. — dijo Zavijava de Virgo mientras Seiya entraba al templo.
— ¿Qué es lo que sucede?— dijo Seiya mientras Zavijava se ponía de pie y tocó el hombro de Nikos de Escorpio, que estaba de espalda.
— Algo te controla, compañero. Lo que sea que te han hecho, no lo vas a cumplir.

Nikos de Escorpio se giró y miró a sus compañeros con la mirada perdida y levantó una mano.
— Me encantaría que lo intentaras— dijo Zavijava y Seiya se coloca en posición defensiva.
— ¡Aguja Escarlata!— grita Nikos y el caballero dorado de Virgo se tele transporta a su costado y le golpea en el vientre.
— ¡Meteoros de Pegaso!— Nikos levanta su mirada pero fue muy tarde; recibe de lleno el ataque de Seiya, cayendo de espaldas.
Seiya corre donde Nikos, le agarra del cuello y extiende el puño y ve que el caballero de Escorpio parpadea muchas veces.
— ¡Eh…espera, espera!— dijo Nikos de Escorpio al ver que Seiya iba a darle un puñetazo y apartándose del caballero de Sagitario.
— ¿Qué te pasó, Nikos?— dijo el santo de Virgo.
— Ares me hizo una cosa rara. Me manipuló de alguna forma.
— Necesitabas una "sacudida" Nikos. Ya lo sabia cuando apenas entraste aquí— dijo Zavijava, con los ojos cerrados y colocándose nuevamente en posición de loto.

— Hubiera preferido un manotazo— exclama Nikos mientras se sobaba la cabeza.
— Disculpa por eso. — dijo Seiya.
Nikos agitó la mano dando entender que no pasaba nada. Seiya caminó a la entrada. Nikos se levanta y se va al fondo del templo de Aries.