Pues desde hace rato había terminado de escribir este episodio, es sólo que no me animaba a subirlo por razones propias, pero bueno... debido a que ha pasado mucho desde la actualización y que no me gusta hacer sufrir a los demás, acá subo el siguiente episodio, tal y como lo había anunciado por twitter (a los que me siguen Clarisce). En fin. Disfrútenlo, pueden dejar comentarios y demás, disculpen los errores horrográficos si es que encuentran alguno. Y que tengan una buena noche todos los que me leen esta tarde oscura (oscura porque ya va a ser noche xDDDD).

Hasta otra ocasión.


Nota: ¡Mi primer fic de Bleach! *O*


Disclaimer: Debo aclarar que Bleach y todos sus personajes le pertenecen al Twittero N°1 de Japón… Tite Kubo =/ (joder, escribe todos los días su Twitter xDDD).


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


CUANDO EL SOL DEBE OLVIDAR A LA LUNA

By Clarisce

Episodio 10: Más Mentiras

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Y por todo lo que le pasó no pensó en confiar en alguien alguna vez, había vagado sólo por las tundras solitarias, devorando a otros o siendo devorado, pero esta no era esa otra existencia, ahora como humano se enfrentaba a sentimientos que difícilmente era capaz de sobrellevar.

Conforme la lluvia se hacía más densa más difícil les fue llegar, pero ahí estaban, frente al portón de la unidad de Kenpachi; de inmediato abrieron las puertas y fueron recibidos hasta el salón principal, Kenpachi había mandado un mensaje escrito, con el mismo sus subordinados confiaron en dejar pasar a estos dos Shinigamis, que no reconocían.

Ulquiorra se quitó la capucha para dejar su cabello suelto, había crecido desde la última vez, ahora le llegaba casi a los hombros, era lacio y manejable, aunque en ese momento estuviera mojado y se pegara a su rostro, las líneas de sus ojos no habían desaparecido por completo, pero sus ojos… el reflejo de sus peligrosos verduzcos ojos era el vivo recuerdo de su etapa como Espada.

- Cifer, no debes acercarte a ella más de lo debido y… por su bien, será mejor que aún no le digas lo que hablamos, ¿de acuerdo? –le dijo el rubio de no tan buen ánimo- Por ahora, lo importante es conservar su calma.

- ¿Desde cuándo eres el líder? –preguntó.

- Si lo que quieres es decírselo… -comenzó molesto- hazlo. No me responsabilizaré del daño que puedas causarle, esto no es un juego y ella no es un Hollow, ni un compañero de tu calaña, es una humana que carga con un peso que no merece. En cuanto tenga una oportunidad, la libraremos de eso.

- ¿Estás seguro de que su criatura es peligrosa para ella? –preguntó con la mirada puesta en la nada.

- No podemos confiar en su naturaleza depredadora, se alimentará de su buena alma y se comerá a Orihime.

- ¿Y su parte humana? –preguntó con algo de esperanza.

- Es posible que se la haya devorado también –el rubio sólo podía verse devastado por tal noticia.

Ambos se mantuvieron en silencio por unos cuantos minutos, ninguno de los dos quería decir algo más, tal vez sería algo que no podrían mantener en secreto, Ulquiorra lo sabía. Si él no hubiera abierto su bocota… si hubiera podido mantener más tiempo la felicidad de Orihime, si tan sólo él no hubiera intervenido en su destino y hubiera dejado que Aizen le quitara su pureza, si tan sólo… no se hubiera involucrado, si… no la hubiese querido.

Y ahí estaba, alzando la mirada… ahí estaba Orihime, viéndolo desde un pasillo con la mirada atenta, el reflejo de sus ojos color gris* como la plata le hipnotizaron antes de que pudiera decir algo, pero ella desvió su mirada al rubio, de cierta manera eso… no le gustó.

- ¡Urahara-san! –gritó la joven acercándose a él con alegría.

- Hehehe… cuánto tiempo sin verla, Orihime-chan –hizo su voz dulce, quería ser atento.

- Sí, ha pasado tiempo, ¿qué hace por aquí? No pensé que la noticia de mi ubicación se supiera tan rápido –le esbozó una cálida sonrisa.

- "¿Por qué tengo que acabar con su felicidad?¿Por qué tengo que ser yo el que deba arrancarle su…" –paró de pensar en seco al ver el vientre de la joven, estaba redonda, pero su forma no era mala, de ninguna manera, la hacía ver naturalmente hermosa, incluso parecía que brillaba, sus mejillas, su piel y todo de ella, ¿o es que los sentimientos provocados por este cuerpo le hacían pensar tales cosas? Los sentidos son engañosos.

Ahí estaba, frente a esa joven que alguna vez chilló adoloridamente ante sus toques de placer, a la cuál pudo tomar y envenenarse con su belleza, aún podía recordar la emanación de la tibieza de su virgen entrepierna al abrirse ante él, al darle con vergüenza paso a su miembro y dejarlo entrar. Y todo ello había provocado, lo que ahí veía, el milagro de la vida.

Con todo eso, ni si quiera se atrevía a mirarla a los ojos, deseaba que no lo mirase, que ningún día pudiese voltear hacia él y reclamarle con ojos llorosos haber terminado con su vida, porque si Urahara le quitaba a la criatura, lo haría por su bien, pero… ¿los sentimientos de Orihime? Ella amaba al pequeño mounstro devorador de almas, ella amaba al fruto de su vientre, al pequeño milagro que nació de ambos.

Estuvieron conversando por unos momentos hasta que ella lo vio, le sonrió y preguntó algo de lo que ella no estaba segura.

- Me pareces conocido –sonrió divertida negando con su cabeza, como si ella misma desechara la idea de estar frente a quien creía estar.

- Tú eres la misma mujer humana –dijo serio.

Esa voz, esa mirada, esos ojos… de pronto todas las incógnitas se resolvieron en su cabeza. Cuando estuvo por decir su nombre Urahara le cubrió la boca y luego haciendo el gesto de silencio la miró como un cómplice.

- Nadie debe saber su identidad, recuerda que estamos en la sociedad de almas y nadie, salvo la persona que estuvo en contacto con él podría reconocerlo, de usted depende que no lo sepan.

- Sí… claro –susurró viendo a Ulquiorra, el mismo parecía… el de siempre, sólo que su rostro tenía más rasgos humanos-. ¿Cómo fue que… regresaste? –le preguntó sentándose a su lado.

- Una larga historia –desvió la mirada.

- Uhm… -de repente dudó, pero rápidamente tomó su mano y la puso entre las suyas- lo siento –le dijo Orihime.

Ambos se vieron a los ojos, esta vez en comunión de un secreto que sólo ellos conocían, aunque ella desconociera lo más importante, al menos el hilo que quedó de todo un manojo de sentimientos aún estaba vivo, el pequeño hilo que les recordaba que ella comenzó a apreciarlo y que él entendió lo que es el corazón en manos suyas.

Esta tibieza que compartieron les hizo, de alguna manera, apartarse de la realidad. Pero la magia se rompió en cuanto Orihime apartó su mano de él, porque por alguna extraña razón, la presencia de Ulquiorra despertaba una tristeza… tan grande, que le dolía el corazón.

Amar duele, pensó Ulquiorra, ya que había pensando en aquellos 'sentimientos humanos' como un Espada durante sus momentos de paz. Abrió su boca y como si un gemido silencioso saliera, pudo sentir el dolor de ambos corazones al no poder reconocerse el uno al otro.

- En tu condición deberías descansar un poco más –añadió el rubio, sabiendo que así les evitaba el momento incómodo, un poco.

- Lo se –soltó una risilla- pero prefiero caminar un poco, quiero ver que todo haya salido bien con la petición de… -bajó la mirada.

- Zaraki-san –completó la frase Urahara.

- Sí, me preocupa un poco que las cosas se compliquen, sabe… Kuchiki-san es un hombre difícil, pero pude ver en sus ojos cuánto se preocupa por mí, cuánto quiere que las cosas salgan bien, hasta ahora me ha protegido, sin embargo… trataron de herirme. Y ahora, estando aquí, me siento mejor –esquivó todas los demás pensamientos de culpa… ¿por abandonar a Byakuya?

A lo mejor era el ambiente, pero Ulquiorra comenzaba a ponerle más atención a esta pequeña conversación, Orihime parecía sentir algo por aquel otro shinigami, lo que sea que fuera… le daba cierta sensación en su estomago y pecho, algo como un aire caliente expandiéndose en su cuerpo, como una ráfaga de ira dentro. La molestia se acrecentó porque ella parecía haber abierto su pequeño corazón a esa persona y también al grandulón con cicatrices en el rostro (prefería llamarlo así a recordar su nombre).

Celos.

- Es mejor no confiar en un shinigami como él.

Celos…

- Por el bien de… ti misma –excusa- y de la criatura –más excusas- deberías alejarte de ambos y regresar a donde perteneces. Para ellos no eres importante, sólo eres la causante de problemas y ellos quieren terminar con ello –finalizó, Ulquiorra había sido directo, serio, pero al mismo tiempo cortante, algo lo estaba llevando a decir eso sin haberlo pensado.

Orihime arrugó la boca y sus cejas mostraron cuán triste estaba en ese momento. Se había dado cuenta de que él tenía razón, de que éste no era un paseo, ni un parque de rosas, él había sido su carcelero, su terapeuta, su amigo y él conocía perfectamente todo lo que sucedía en el mundo y ante sus ojos.

Ulquiorra era una especie de hombre neutral en un campo de guerra, confiaba en lo que decía gran parte del tiempo, aunque sólo confiaba en que lo que decía, era correcto desde el punto de vista de la lógica. Aún cuando fuera frío…

- Espera… no llores –le dijo Urahara acercándole un pañuelo.

Estaba llorando y no se había dado cuenta, limpió su rostro y sin disimularlo siguió soltando más lágrimas.

Algo en su interior le dijo "Eres el culpable", a lo que Ulquiorra simplemente respondió entrecerrando los ojos, como si… no supiera lo que pasaba con su boca, nunca había arremetido de esa manera para decir algo con una finalidad como esa. Lastimar a Orihime… en ese momento pensaba en algo más "Soy un idiota".

- Disculpen –la joven salió de la escena.

- ¿Qué te sucede? –preguntó Urahara.

- ¿No hay verdad sin dolor? –preguntó Ulquiorra a su acompañante sin el menor signo de arrepentimiento en su rostro.

- Ten cuidado con las cosas que dices.

- La manera en que hablas… está comenzando a ser insolente –replicó Ulquiorra seriamente.

- No te metas más con ella, ya las arruinado lo suficiente. Esto no lo hago por ti, sino por quienes la quieren, aquellos que esperan que regrese sana y salva –dijo Urahara.

- Basura –añadió saliendo de allí.

De ninguna manera iba a dejar que él lo quisiera manejar a su querer, el Espada no enredó más lo que sentía, porque prefería guardarse todo eso y resolverlo luego. Pero, pero… ¿Orihime estaba en todo ese problema?

Si cumplía con parte de su plan, entonces… estaría dejándola, abandonándola porque siendo de ese modo no tendría derecho a acercarse a ella, a cuidarla, a tratar de protegerla, ¿pero qué estaba diciendo? ¿Protegerla?

Se rió de sí mismo, en verdad, la única basura ahí… era él.

- Tienes razón –le dijo ella a espaldas suyas.

Volteó con ojos calmados y se encontró con Orihime, la misma había limpiado sus lágrimas, sosteniendo un pequeño pañuelo trataba de mostrarse más íntegra, al menos delante de Ulquiorra, él era… alguien a quien no quería mostrarle lo débil que era, porque le enseñó a fuerzas que puede ser valiente.

- Si lo hubiera sabido antes… -añadió el Espada.

- No hay nada que hubieras podido hacer –señaló la joven algo resignada.

- ¡Sí, hubiera hecho algo más! –alzó la voz, sorprendido a Orihime.

Ambos se vieron con ojos abiertos, sorprendidos por aquella expresión fuera de lugar.

En verdad, en verdad… ¿qué hubiera sido capaz de hacer Ulquiorra? Su mente estaba ocupada por el deseo de derrotar a Kurosaki Ichigo, pero ahí también estaba ella, gritando el nombre de aquel humano, alentándolo, llorando por él; por un momento, durante su pelea, pensó en lo que hubiera pasado si él no le hubiera borrado la memoria, ¿ella aún lo alentaría?

- No llores más por él –dijo Cifer acercándose a Orihime, posó su mano sobre su mejilla y la sostuvo con delicadeza.

Sus palabras eran algo que quiso decir, algo que ahora quizá encajaba perfectamente, pero que él resumía un sentimiento en el pasado. Orihime apretó los labios y se dejó tocar, sus parpados le cansaban y se dejó sostener por él.

De pronto no era sólo su mano en su rostro, sino que su mismo cuerpo se había rendido a sus brazos, la rodeaban… y no sabía qué era lo que la sosegaba ante Ulquiorra de esa manera.

- No lo haré –le contestó y pensó en Aizen, en las lágrimas que él le había robado deliberadamente al violarla, al hacerla… el contenedor de sus pecados.

Si Ulquiorra quería que ella viviera, que el bebé que amaba viviera, que fuera feliz… tendría que mentir, MENTIR COMO UN DESQUICIADO, jurar y perjurar que ese niño, le pertenecía a Aizen, que ese amor… ese deseo o sexo, o como sea que fuese llamado… nunca hubiera existido entre ellos, que todo, que TODO… era mentira, que nunca la amó.

Porque si esto seguía, no sólo ella moriría, sino también él. Porque su alma y existencia no tenían sentido alguno si es que la mujer que sostuvo su corazón no estaba para verlo ser un humano, para ser un humano con ella.

- Aizen-sama abusó de ti con la intención de dejar una remarcable huella de desprecio en Kurosaki. Sus intenciones, sus planes y todo fue una causalidad del inmenso odio que tiene al mundo espiritual.

No podía ver su pequeño rostro aunque lo húmedo de sus lágrimas comenzaba a sentirse en su ropa, el pequeño sol gimoteaba pero ahora… se sentía libre, quizá no era algo que quería escuchar pero Ulquiorra era quien podía decirle esa verdad tan dura.

- Lo sabía –dijo entre aquel amargo llanto.

Él no la soltaba y ella tampoco quería dejarlo, quería volcar todos aquellos sentimientos mientras él estuviera, quería… que fuera el último en ver aquél débil ciervo morir de un disparo al corazón y aunque Ulquiorra era la última persona en su lista para que la consolaran, era a quien más necesitaba en ese momento. Al ser quien la custodiaba, al ser su carcelero, su compañero, su… 'amigo', era quien le ayudaba a cerrar ese capítulo traumático, del cual no tenía idea.

Urahara veía la escena de ambos mientras bajaba la mirada.

Recordaba haberle dicho que no se acercara a ella pero supuso que no lo haría, ahí… entre ellos había más que un lazo, desde el momento en el que Orihime entregó su cuerpo a ese Espada, se unieron para siempre.

Por si fuera poco, concibieron lo que era un pequeño milagro, que quizá era un Hollow en naturaleza, uno que consumía a la joven, pero… pero igual era su hijo, el niño de ambos. Nadie tenía la potestad de decidir si matarlo o no.

Por eso Urahara ayudaría a controlar ese niño, ayudaría a dejarlo nacer y para eso, debía convencer a Orihime y a los otros Shinigamis del concejo de que ese pequeño era uno de ellos. Así como Ichigo, un híbrido entre humano y shinigami no representaba un problema.

Es más, ellos lo tomarían como una criatura inofensiva y así, sólo así, la vida de Orihime no correría peligro, al igual que su felicidad.

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Fin de Episodio 10