SOMBRAS TENEBROSAS
CAPITULO 10.
Apenas Temari desapareció de escena, el pelirrojo dejó de contenerse y trato de agarrar del cuello a la indeseada invitada.
Pero esta ya se había precavido y lo atacó con su magia, expulsándolo varios metros de ella.
― Tú, hija de Belcebú ¡¿Tienes idea de todo lo que sufrí por tu culpa?! ―emitió con rabia este, mientras se levantaba del suelo, el cual se había partido por el fuerte aterrizaje―. Maldito el día en que mi presencia se cruzó en tus inmundos ojos…
― Ha pasado tiempo de eso, no pensé que serias tan rencoroso ―dijo la castaña, mientras caminaba a paso lento hacia él―. Ahora eres casi tan "especial" como yo… ¿Por qué no te unes a mí? Podríamos vivir aquí eternamente, señorito.
― Pasé 200 años encerrado en una caja de metal, con miedo a mismo, obligado a vivir en soledad y sufrimiento, ¡todo por tu culpa! Por qué no pudiste aceptar que el amor de mi vida no eras tú, sino Shijima… mi amada… mi amor… ―Su voz llena de odio, se transformó en dolor, al pronunciar el nombre de quien había sido su único amor, sin poder evitar recordar el trágico momento en que la perdió, lo cual provocó que se agarrase el pecho con una mano, del dolor―. Preferiría que Satán me atormentase eternamente en el infierno, a tener que vivir unido a ti.
"Angelique" no pudo evitar enojarse ante su rechazo. Más que todo por notar, que el vampiro, aun en su estado, no había sido capaz de olvidar a quien alguna vez amó, siendo un mortal.
― Tal vez, si te hago desaparecer otros 200 años, dejes de decir tonterías ―expresó la bruja, haciéndose llevar por los celos y rabia que la invadían―. Y entiendas que tu destino siempre fui yo…
Extendió sus manos invocando un hechizo, con la intensión de capturarlo.
― No te lo permitiré, ahora no soy un ser ordinario, al cual puedes hechizar a voluntad. El momento en el que me transformé en lo que soy ahora, me liberé de todos los encantamientos que habías puesto en mí, recordando todo, absolutamente todo ―expresó el pelirrojo mientras se elevaba lentamente, de manera espectral, con la clara intención de contraatacar.
La bruja entreabrió los ojos, mas con pánico que con asombro.
Había olvidado el detalle de los hechizos del pasado. Al convertirlo en un ser místico, lo liberó de todo esto, haciendo que recordase las veces en que la había hallado infraganti matando a otros sirvientes y la peor de todas… cuando su hermana mayor lo maltrato en el granero.
Nadie con esos recuerdos, sería capaz de sentir aprecio por ella.
Suspiró con pesar y resignación, para luego tomar una determinación.
― Comprendo.
Gaara arqueó su mirada, con desconfianza ante tal reacción, para seguir observándola en silencio.
La bruja extendió sus manos, iniciando su ataque.
A pesar de ser de noche, los ventanales del lugar se iluminaron, como si el sol en su máximo esplendor entrase por ellos.
Tenía pensado exterminarlo con su mayor poder.
El vampiro intentó escapar, pero los rayos de luz fueron más rápidos.
Se arrodilló, mientras su cuerpo empezaba a quemarse. Inmovilizándolo por el gran dolor que este le producía.
Ella se acercó a él, con cierto desdén.
― Aun estas a tiempo de cambiar de opinión ―expresó con vanidad―. Piénsalo, podríamos gobernar el mundo moderno, juntos…
Gaara trató de levantar su mirada, lo cual hizo creer a la bruja que cambiaba de opinión, mas solo lo hizo, para escupir en su dirección, dejándole claro su voluntad.
― Bien, entonces vete al infierno. Pero ten la certeza que esa maldita exorcista no se encuentra ahí.
Iba a rematarlo con un hechizo final, pero una figura la embistió de costado, arrancándole un brazo.
El ser estaba vestido con un enorme traje polar de color blanco impecable. Se lo sacó para cubrir al vampiro quien yacía en el suelo.
― ¿Quién demonios eres tú? ―arremetió la bruja, mientras cojeaba hacia su pedazo de brazo, que se encontraba tirado a unos metros de distancia.
El ser desconocido le mostró los dientes de forma amenazante.
― Seré quien te destruya, si no te largas en este momento ―respondió entre gruñidos salvajes, el extraño ser, mientras desenvainaba la katana que traía consigo.
― ¿Así? ¿Tú y cuantos más? No creerás que solo una mitad lobo puede destruirme. Hace rato tuviste suerte, al atacarme de imprevisto…
Se detuvo en su hablar confiado, cuando de la nada aparecieron más de cincuenta seres a su alrededor. Todos de la misma condición que el primero.
― ¿Qué pasa? ¿No estabas confiada hace unos segundos? Si esta pequeña cantidad de hombres lobos te asusta, tal vez no eres tan poderosa como te crees ―emitió su líder, quien fue la primera en aparecer.
La bruja retrocedió, al mismo tiempo que volvía a insertarse con magia su brazo mutilado.
― Las brujas y los lobos tenemos un pacto, no pueden atacarme ―trató de defenderse, mientras caminaba lentamente hacia la salida.
― Lo sé, y aunque ese pacto está más oxidado que el tiempo mismo, lo respetare por única vez ―emitió con tranquilidad su líder, mientras se acercaba al herido vampiro y lo destapaba, para luego agarrarlo del cuello, levantándolo―. Pero… ―agregó con voz amenazante y agresiva―, si vuelves a acercarte a este vampiro y su familia, te descuartizaré y torturaré hasta que solo queden pedazos de vidrio de ti, y de todos los que intenten apoyarte. ¡Él nos pertenece! ¡Nos pertenece! ¡¿Entendiste?!
La castaña les dedico una mirada de odio, para luego salir corriendo, antes de que esos monstruos cambiasen de opinión.
Temari y demás familia se encontraban observando desde el segundo piso, con asombro, la llegada de aquellos seres y el cómo habían hecho huir a la bruja.
El líder de las bestias volvió a bajar al pelirrojo al suelo, quien se sentó al estar recuperándose de sus quemaduras a una velocidad inverosímil.
Los demás seres, abandonaron su forma temida, para luego tomar un aspecto humano.
― No sé quién seas, pero… ―empezó a hablar Gaara, aun presa del dolor―, agradezco tu ayuda. Puse a toda mi familia en peligro, al subestimar a esa maldita bruja…
El líder solo lo observó en silencio por varios segundos, con una expresión nostálgica y emotiva que no podía contener.
― No… siempre será un placer ayudarle… Conde.
El vampiro levantó la mirada ante esas palabras.
¿Conde? ¿Dónde había escuchado de eso antes?
Una ráfaga de recuerdos lo golpearon en un instante. Recuerdos que no eran suyos, sino del vampiro original que dormía dentro de él.
Fijo sus ojos en los del líder de los hombres lobos.
Era una mujer muy hermosa, de tez blanca y cabello dorado, vestida de blanco.
Sin duda, se trataba de aquella mujer que el conde Naruto le había contado.
¿Pero cómo era posible? Habían pasado más de 300 años.
― ¿Ann? ―pronunció con duda y asombro― ¿Tu eres Ann?
La rubia líder asintió, mientras se le escapaban lágrimas de felicidad, al igual que a los demás hombres lobos.
― Al fin, ha sido una larga búsqueda…
― El conde está vivo, que alegría…
― Esta mucho más feo que antes, pero logró subsistir…
― Nuestro esfuerzo por fin tuvo su recompensa…
Los lobos no dejaban de hablar entre ellos, mientras se abrazaban y limpiaban las lágrimas, unos a otros.
Parecía que le guardaban un gran cariño al conde que había encarnado en Gaara.
― Conde, te hemos estado buscando por siglos. Fue un duro camino, pero jamás perdimos las esperanzas de encontrarte de nuevo… ―explico Ann, mientras lo ayudaba a levantarse, cargándolo de un brazo―. Puede que tu apariencia física haya cambiado, pero tu esencia sigue intacta, no te preocupes, encontraremos a algún wica que pueda resolver ese inconveniente…
― Disculpa, pero yo no soy quien crees que buscas ―le interrumpió el pelirrojo, al ver que se estaban acelerando con sus propósitos―. El conde que buscas, ya no existe. Ahora es solo una voz en mi mente que casi nunca aparece. He heredado su poder y recuerdos, más sigo siendo yo.
Los lobos se callaron al unísono al escuchar eso. Una expresión de preocupación conquistó sus rostros, para luego mirar a su líder.
Esta bajó la mirada por unos segundos, como si estuviese pensando en una decisión muy trascendental.
― Nosotros prometimos hace mucho tiempo, dedicar toda nuestra existencia al conde, ya que él nos salvó del infierno en que vivíamos ―musitó con tranquilidad Ann, mientras soltaba al pelirrojo, al ver que podía mantenerse de pie solo―. Nosotros seguimos vivos, al igual que nuestra promesa. Si el conde se convirtió en uno solo contigo. Eso solo significa una cosa. Ahora eres tu nuestro conde. Por favor, dinos como debemos llamarte ahora, conde.
― Mi nombre es Gaara Collins, y ellos son mi familia ―pronunció mientras observaba a los miembros del segundo piso.
― Conde Gaara, por favor, cuide de nosotros ―terminó diciendo la rubia, mientras se arrodillaba a modo de respeto, siendo imitada por sus compañeros lobo.
El vampiro se quedó perplejo y un tanto agobiado, al ver que Temari lo observaba con cierto desacuerdo e intriga, desde la planta alta.
Amaneció en un parpadeo.
La rubia señora de la casa, no había dormido casi nada, al escuchar la explicación de su familiar vampiro hasta tarde.
Semanas atrás, aún tenía la duda de que seres como las brujas, vampiros y lobos, existiesen todavía como tal.
Pero ahora, se encontraba sentada en la mesa, compartiendo el desayuno, con un vampiro y más hombres lobos de los que había leído en libros de fantasía.
La enorme y alargada mesa del comedor, quedaba chica con tantos recién llegados, al grado de que tuvieron que improvisar, trayendo las mesas de la mayoría de las habitaciones del segundo piso.
― Me disculpo por las molestias, pero no puedo pedirles que se vayan, más aun, cuando volvieron a salvarme ―emitió el pelirrojo con cierta pena, sacándola de sus pensamientos.
― Ha, descuida. Si son como tus encomendados, no pienso expulsarlos ―se explicó la rubia, mientras tomaba un sorbo de su té―. Por suerte, nuestro hogar, Collinswood, se creó con la intensión de albergar a muchas personas. Podrán vivir aquí, el tiempo que deseen, pero deberemos acomodarlos para que no llamen la atención de los habitantes del pueblo. Estoy segura que esa bruja no cederá tan fácilmente.
― Ciertamente. Ann y yo, hablamos un poco al respecto mientras ustedes dormían. Si la situación empeora, no tendremos opción más que enfrentarla…
A un par de metros, en la misma mesa, los niños bombardeaban con preguntas, a la líder de la manada de lobos.
― Oh, me encanta tu cabello largo… ¿Cómo haces para convertirte en lobo? Sabes, yo fui mordida por uno cuando era más chica, más nunca me convertí en uno.
― Mmm… ahora que lo mencionas, hueles como nosotros ―Ann se le acercó, para husmear en su cabello, como si fuese un can―. No todas las mordidas de un lobo, convierte a un humano a uno de nosotros. El que te atacó, no parecía tener ese propósito…
― ¿Los hombres lobos también necesitan beber sangre para existir? ―la interrumpió Shinki.
― No, podemos comer alimento como cualquier otro humano. Mas nuestro instinto salvaje nos obliga a transformarnos cada cierto tiempo, y nos volvemos agresivos.
Araya hizo un gesto con las manos.
Shinki iba a traducirlo, pero…
― Si, es justo cuando hay luna llena ―se adelantó en decir la rubia, al entender sus señas.
Kankuro era el único que casi no hablaba con los nuevos invitados, más que para pelearles la comida. Ya que estos comían bastante.
En todo ese bullicio, hizo entrada la maestra que había llegado el día anterior.
― Oh, me alegra que baje a desayunar junto con nosotros, señorita ―emitió Temari, al verla acercarse hacia ella y su familia―. Niños, les presento a la señorita Houki. A partir de hoy, ella será vuestra maestra particular…
Todos centraron su mirada en la recién llegada.
El pelirrojo se encontraba hablando con Kankuro, cuando se quedó mudo, al verla primero de reojo, para luego quedar impactado por el momento, haciendo que involuntariamente se levantase de forma brusca de la mesa, captando la intriga de los cercanos a él, por tal acto raro.
La mujer, de pelo negro y lentes, los saludó de forma general. Iba a pronunciar su nombre, cuando fue interrumpida por el vampiro, quien camino hacia ella de forma presurosa.
― ¿Shijima? ―fue lo único que logró articular con una mezcla de asombro, tristeza y perplejidad.
FIN DEL CAPITULO.
