¡Hola a todxs! ¿Cómo están? Me alegra saber que aún están leyendo la historia. Quedan este capítulo y otro más y llegamos al punto donde estaba. Y allí (espero) aparecerá la magia (cuac).
Ojalá tengan un momento para escribir un comentario. ¿Qué piensan sobre Robin? ¿Ella está de verdad jugando a dos puntas (¡y qué puntas!) o está siendo presionada? ¿Qué demonios le sucede a Zoro? ¿Es simplemente que no puede dejar a una mujer sola o es algo más?
Y después, respondiendo en parte a un comentario, como la historia es un POV de Zoro, es difícil mostrar las relaciones de los demás personajes entre si cuando no están con él, ya que todo depende de lo que le cuenten o lo que él mismo vea o deduzca, pero prometo que se podrán apreciar mejor el LuNa y en SanVi. Además, aún falta introducir a un par de personajes más que van a revolucionar todoooo.
Abrazos y pronto nos leemos! Mary
Tan sólo a ti
10. Competencia de bandas. Parte 2
"No me arrepiento de este amor, aunque me cueste el corazón" (Gilda)
Los jueces habían determinado que pasaríamos a la segunda ronda. Y no podíamos estar más felices. Ace casi lloraba de la emoción y Marco lloraba de la emoción. Me habían felicitado no sé la cantidad de veces y yo me sentía bien, lleno de energía. Había tenido mis altibajos en el escenario, pero extrañamente cuando empecé a cantar mi corazón se lleno de algo que hacía mucho tiempo no sentía, algo que no puedo describir, pero que me gustó sentir. El único defecto de todo lo que pasó ahí arriba, fue que gran parte de lo que hice y sentí fue debido a la presencia de Robin. Lo sé porque después de verla acercarse y de fijar mi mirada en la suya, dejé de percibir cualquier otra cosa. Verla me permitió concentrarme totalmente y sentir la canción como si fuese mía, la palpaba, casi la tocaba. Algo muy raro me sucedió y no quiero saber qué fue eso. Bajé sudado y lleno de preguntas, pero al mismo tiempo con una enorme sonrisa de satisfacción. Los chicos se abrazaban y me abrazaban y así, con los instrumentos a cuestas, nos fuimos al camarín que nos había tocado. Ya no me importaba la asfixia que sentía con ellos habitualmente, porque en ese instante de éxtasis no sentía más que una enorme satisfacción. Brindamos con un champaña que llevó Marco y Ace propuso salir todos a festejar en algún bar. Como estaban mis amigos afuera, les pregunté si tenían problemas con que ellos también fuesen y por supuesto que me dijeron que vayamos todos. "Cuanto más mejor" me dijo Marco con una gran sonrisa. Y yo le devolví el gesto.
Me cambié con mis habituales jeans gastados y al fin me quité el cuero que me estaba haciendo morir de calor. Quería recuperar mi móvil, que de seguro Sanji habría usado todo el tiempo para filmarme y sacarme fotos. O sacarse selfies con las chicas. Rodé los ojos y continué rápidamente por el pasillo hacia afuera. Al salir me encontré con que todos reían mientras comentaban. Hacía más frío que antes y yo no había llevado chaqueta. Sanji fue el primero en verme y me llamó agitando su mano con un cigarrillo prendido.
─ ¡Felicidades! ─ dijo dándome medio abrazo. Nami se me tiró encima y me abrazó con fuerza. Reía. Luffy sonreía abiertamente.
─ ¡Estuviste genial! ─ dijo riendo la víbora, que estaba muy contenta. Usopp asintió y me dio la mano. Vivi y Kaya también me felicitaron.
─ Gracias ─ mi respuesta fue escueta porque me estaba muriendo de vergüenza. Después de todo ellos no sabían que yo cantaría. ¡Ni siquiera yo sabía! Y nadie me había dicho nada. Supuse que tampoco lo harían. ─ ¿Vamos a tomar algo? ─ propuse. Todos asintieron.
Nos encaminamos hacia el bar que no estaba lejos de ahí. En el camino me contaron qué tanto les había gustado la presentación y me hicieron un montón de preguntas sobre lo que yo sentí en el escenario, y lo que sentía ahora después, pero realmente no supe qué contestarles, porque no podía poner en palabras nada. Al menos no en ese momento. Pero, lo que si quería saber y no iba a decirlo ni muerto, era dónde mierda estaba Robin. Ella había estado ahí, estoy absolutamente seguro. ¿O habría sido mi imaginación? ¿Tan mal estaba? Moví la cabeza antes de llegar al bar. Nami quedó última y se me acercó en una actitud sospechosa.
─ Robin se fue ─ dijo en voz baja cerca de mi oído. ─ Pero me dio esto para ti ─ puso en mi mano un papel y entró. Tragué en seco. Necesitaba un trago y un cigarrillo. Maldita mujer. ¿Primero iba y me veía así como me había visto y luego me mandaba una nota? ¿Qué clase de broma era esa? ¿Qué cojones estaba pensando yo cuando la vi de aquel modo sobre el escenario? Apreté la nota y enfilé derecho al baño para que nadie me molestara mientras la leía.
El lugar era simple, pero estaba limpio. Me metí en un cubículo y me senté sobre el retrete tapado. Necesitaba relajarme porque mi corazón se saldría de mi pecho. Aspiré profundo y exhalé.
Gracias, Robin
¿Gracias? ¿Gracias? ¡¿Gracias?! ¿Y por qué mierda me agradecía? ¿Qué me agradecía? ¡No entendía nada! ¿Por qué me tenía que mandar esa nota? Mejor, y se quedaba calladita y desaparecía. Porque así, con ese "gracias", me ponía nervioso otra vez. Arrugué el papel y salí pitando de ahí. Iría por una cerveza y un cigarrillo, si es que Sanji me convidaba, porque a esas alturas si no se los había fumado todos él, era de milagro. Se le notaba lo nervioso que estaba por mí. Siempre fue un excelente amigo, así que me sentía orgulloso de que hubiera estado tan comprometido con mis sentimientos en este momento tan importante. Y además, debía reclamarle mi móvil, que aún lo tenía él. Después de los saludos y las felicitaciones se me había olvidado pedírselo.
Al salir del baño, me encontré con una turba embravecida con alcohol y música dance. Todo mundo estaba en la pista, con copas o botellas en la mano. Pude ver a los chicos de la banda y a mis amigos bailando frenéticamente. Sanji estaba en un apartado con Vivi y decidí que era mejor dejarlo así como estaba. Después de todo mi móvil no tenía nada de importante y la incipiente relación de Vivi con él, sí. Me acerqué a la barra y le pedí al tipo una cerveza, que me dio al instante y estaba bien helada. ¡Qué satisfacción sentí al probarla! Me tomé media botella de una vez y cuando abrí los ojos la vi entrar. ¡Era Robin! Y no estaba sola. Estaba con Doffi. ¿Por qué tenía que pasarme esto? ¿Por qué no mejor iba a otro bar? No, tenía que joderme la noche. Bufé y tomé la botella para irme a otro lugar y que no me viera. Pero igualmente, tenía la certeza de que no iba a querer verme.
Me senté en un rincón, solo. Todos se divertían a lo grande. Y me gustaba saber que la estaban pasando bien. Pero yo, inconscientemente y muy a mi pesar, seguía cada paso de Robin. Se había sentado junto a Doffi en la barra y habían pedido un par de tragos. Ella estaba con un vestido ajustado color negro que le tapaba poco y nada. Y unas botas de caña alta y tacón. Llevaba una torera blanca de piel de mono y el cabello recogido en una coleta alta. Estaba hecha una zorra, nada que ver a cómo se veía en la escuela. ¿Cómo podía cambiar tanto de la mañana a la noche? Parecía otra mujer, ¡joder! ¡Qué bronca me daba verla así! Podía jurar que estaba haciendo un personaje, que ella no era como la estaba viendo en ese instante. Terminé mi cerveza y estaba dispuesto a irme a por un cigarro cuando vi que Doffi se le acercaba y le pasaba la mano por el muslo, y ella se la apartaba disimuladamente. No me gustó eso, no señor. Por lo que yo había visto, y no quería recordar, ella estaba con Cocodrilo, no con Doffi. ¿Por qué entonces ahora parecía que él se la quería tirar? ¿Andaría con los dos? ¿Sería de ese tipo de mujeres? ¡¿Qué mierda me importaba a mí eso?! Me levanté de golpe y salí casi corriendo del bar. El frío me pegó y me tranquilicé un poco. No podía seguir así. Estaba volviéndome loco.
Sentí que alguien más salía detrás de mí. No volteé. No quería saber quién era. Pero ese alguien se me acercó y se sentó junto a mí en el cordón de la vereda. Cuando miré de reojo noté que era una mujer y me sorprendí. Ella llevaba unos jeans azul oscuro y un suéter blanco con brillo. Me miraba fijamente.
─ Tashigi ─ dije con sorpresa al descubrir quién era. Me observaba.
─ Me sorprendiste ─ su tono era muy suave. ¿Estaría borracha otra vez? No dije nada. ─ No sabía que tocabas la guitarra y cantabas así ─ agregó y sentí que de verdad estaba sorprendida.
─ Gracias ─ fui escueto y me vino a la mente la nota de Robin. Apreté los dientes. Esa mujer parecía empeñarse en arruinarme la vida.
─ No, yo soy la que tengo que agradecerte ─ sonrió y bajó su vista al asfalto. ─ No sabía que me gustara tanto el rock ─ me pareció que era una broma y sonreí también. Realmente me resultaba muy extraña esa chica.
─ El rock te lleva a buscar adentro de ti ─ no sabía por qué estaba diciendo esas cursilerías, pero tenía ganas de decirlas. ─ Creo que es importante que la música logre eso ─ agregué y realmente lo pensaba así. Por eso decidí cantar esa canción, porque en cierto sentido pensaba que es cierto lo que dice. Me miró y sonrió.
─ ¿Puedo invitarte un trago? ─ preguntó y me sorprendí, pero aceptaría. Ella no me caía mal, pero no podía quitarme esa sensación rara cuando estaba a su lado.
─ Si, vamos ─ me levanté y le extendí la mano.
Entramos y fuimos directo a la barra. Robin y Doffi todavía estaban ahí. Él seguía con su mano en el muslo desnudo de Robin y ella parecía molesta. No pude evitar sentirme mal. Quise salir otra vez pero sentí cómo Tashigi me apretaba más la mano que antes le había ofrecido. Me senté a regañadientes en el taburete y pedimos unas cervezas. No tomaría nada más fuerte que eso, no quería emborracharme, al menos no esa noche. Aunque Tashigi me daba charla, yo no estaba prestando atención. No podía despegar mis sentidos de aquel hijo de puta que tenía sus lentes de sol puestos incluso ahí adentro, con todo el humo y la penumbra. Ella no lo miraba, tomaba de su trago cada tanto, pero parecía estar de lo más incómoda. Cuando se le acercó y ella lo corrió con bastante brusquedad, la tomó por la muñeca y logré ver un gesto de dolor en la expresión de Robin. Me levanté sin escuchar lo que Tashigi me decía y me acerqué. No podía conmigo mismo.
Doffi me miró sorprendido, seguramente sin comprender nada. Yo tampoco sabía lo que estaba haciendo. Robin parecía rogarme que me fuera.
─ Robin ─ dije, pero lo observaba a él. ─ Vamos ─ la tomé de la muñeca y giré para irme. Sentí cuando ella apoyó los tacones en el suelo y pude caminar unos cuantos pasos entre la gente. Doffi no nos siguió.
Cuando llegamos afuera, ella me detuvo tirando de mi brazo.
─ Déjame, Zoro ─ me dijo con seriedad. ─ No te metas en esto ─ insistió con lo mismo.
─ ¡Basta! ─ le grité en toda su cara sin soltarla. ─ ¡No voy a dejar que ese tipo te toquetee si no quieres! ─ continué gritando en medio de la calle. ─ ¿Piensas que soy ciego o estúpido? ─ ella se veía muy enojada. ─ ¡Basta! ─ insistí y quise comenzar a caminar de nuevo. Ella volvió a tirar de mí para zafar su muñeca.
─ ¡Tú no lo entiendes! ─ gritó casi al borde del llanto. Y la miré a los ojos. Estaba cabreado. ─ ¡Esto es asunto mío! ¡No te metas! ─ con mi otra mano la tomé de la cintura y la atraje hacia mí. Quedamos cara a cara. En silencio. Podía sentir su corazón alborotado, pero su expresión no cambió.
─ No lo entiendo ─ hablé bajo porque estábamos muy cerca. ─ No quiero entender por qué andas por ahí chupándole la verga a Cocodrilo y dejándote toquetear por Doffi ─ ella abrió los ojos como platos. ─ Pero mientras yo esté presente no te dejaré hacerlo ─ me empujó y salió corriendo hacia dentro del bar. Escupí a un lado y quise gritar. ¿Estaba loco o qué? ¿Por qué mierda le dije eso? Di un puñetazo a la pared que tenía al lado mío y volví al bar. Había dejado a Tashigi sola y no había pensado en nada. ¿Por qué Robin me sacaba de mi mismo? ¡¿Por qué?!
Pero, al entrar, todo estaba callado. La música había parado de pronto y no pude procesar lo que estaba viendo. Doffi en medio del recinto parado y Robin estaba en el suelo, arrodillada. Todo mundo estaba estático. ¿Qué leches había sucedido?
─ Puta ─ dijo él y salió del lugar. Pasó junto a mí sin detenerse, pero podía haber jurado que su presencia me molió a palos. Vi a Nami y Vivi correr junto a ella y agacharse. ¿La habría golpeado? En ese caso, yo tenía parte de la culpa por haberla sacado de esa forma de ahí. ¿Qué había querido lograr con eso? Quizá Robin tenía razón y yo no entendía. Pero tampoco ella me lo había explicado. Sentí como alguien me tomaba del cuello de la camisa y cuando volví de mi ensimismamiento vi los ojos de Sanji. Estaba enojado.
─ ¿Qué mierda hiciste? ─me dijo entre dientes. No sabía a qué se refería. ─ ¿Qué hiciste para que ese tipo la golpeara?
─ ¿Qué? ¿De qué me estás hablando?
─ ¡Doffi la golpeó! Vi cuando te la llevaste
─ ¿Qué tengo que ver yo? ─ le saqué bruscamente la mano de mi cuello. ─ Ella es una puta, yo no tengo la culpa ─ sentí los nudillos de Sanji impactar en mi cara y me caí de culo al suelo.
─ ¡Basta! ─ gritó Luffy. ─ Nos vamos ─ entre los dos me arrastraron a la salida. No entendía nada de nada. También vi que las chicas ayudaron a Robin a levantarse y vinieron atrás de nosotros.
Tomamos dos taxis y fuimos a casa de Luffy. No había nadie. Prepararon café y nos sentamos todos alrededor de la mesa del comedor. Cada uno en absoluto silencio. Robin estaba en la habitación de Luffy. Todos me miraban a mí como si yo tuviese la culpa de lo que había sucedido.
─ A ver ─dije y me crucé de brazos. ─ No tengo idea de qué pasó ─ mentía y no mentía. Sabía que en el fondo yo había sido el culpable de la reacción de Doffi, pero ¡¿por qué todos me estaban viendo de esa forma?! Sanji sacó sus cigarrillos y me ofreció. Yo no acepté. Él prendió uno.
─ Todos te vimos, Zoro ─ dijo tranquilamente luego de sacar humo por su nariz. ─ Te llevaste a Robin afuera y cuando ella entró, él la golpeó ─ estaba muy enojado.
─ Pe… pe ─ no podía defenderme. ¿Qué iba a decirles? ¡Si no yo mismo sabía por qué había hecho aquello? Sólo sabía que no podía permitir que ese tipo la esté toqueteando frente a mí cuando ella no quería que lo hiciera. ¡Mierda! – Es que
─ No digas nada ─ fue Nami la que me cortó lo que estaba a punto de explicar. ─ Supongo que hay algo que nosotros no sabemos ─ siempre acertaba esa arpía. ─ Y no queremos que lo digas si no quieres ─ agregó. ─ Pero te metiste otra vez con la gente equivocada ─ estaba en lo cierto.
─ Zoro, estás en problemas ─ aclaró Luffy.
─ No sé por qué piensan que estoy en problemas, en todo caso la que está en problemas es ella y a mí me importa una mierda ─ estaba casado de sus miradas acusadoras. Yo había hecho el bien no el mal. Me levanté, después de todo acababan de decirme que no me iban a escuchar. ─ Me voy
─ Haz lo que quieras ─ fue Sanji el único que habló. Y yo, me fui.
Eran las cuatro de la madrugada. Todo estaba en calma en la calle. Tenía que ir a la escuela o a casa a dormir y ya al día siguiente todo estaría calmado nuevamente. Cuando pasé por una de las cuevas nocturnas que solía frecuentar cuando andaba en mala junta, me llamó la atención que todo estuviese calmado. No me vendría mal un par de tragos más fuertes que la cerveza después de todo lo que había sucedido. Entré y pedí tequila. No había nadie más que el camarero y yo. Una media hora más tarde salí, ya con las ideas más aturdidas. Sonreí y me enfilé para mi casa, no quería toparme con los chicos. Pero, como no podía ser de otra forma, caminando en la misma dirección que yo pero unos cuantos pasos más adelante, iba Robin. Con sus botas en la mano. ¿La habían dejado ir así sin más? Fruncí en ceño y me acerqué. ¡Estaba loco!
─ Hola ─ le dije y se sobresaltó.
─ Vete ─ ladró. Tenía la cara marcada, pero menos que la otra vez. Al menos Doffi, que era un pinche marica, al parecer le había dado una cachetada y no un puñetazo. Me cabreé aún más al recordar cómo la había dejado Cocodrilo la semana pasada.
─ No jodas ─ le dije y me miró con furia. ─ ¿Qué mierda sucedió? ─ pregunté. Estaba harto.
─ Te dije que te mantuvieras al margen y mira lo que conseguiste ─ me mostró la marca de los cinco dedos del maricón de Doffi.
─ No entiendo nada ─ me atreví a decir. Ella levantó los hombros y no contestó. Caminamos unos cuantos metros. ─ ¿Dónde vas? ─ pregunté. Estábamos en dirección opuesta a la escuela y yo lo único que tenía claro es que ella y su madre estaban viviendo en allí.
─ A ningún sitio ─ contestó.
─ Vamos a mi casa ─ me había vuelto completamente loco. Ella no dijo nada.
