Título: LUX AETERNA

Autora: Clumsykitty

Fandom: MCU de corte AU (oséase, Universo Alterno aderezado con Omegaverse).

Parejas: un Dark Stony, un cute Winteriron.

Derechos: Pos Marvel, que ni qué.

Advertencias: historia alterna, mundo alterno, ciencia ficción en un Omegaverse. Edades como algunos detalles están modificados (¿universo alterno?) para beneplácito de la irreverente, pervertida y loca autora. Steve malvado y cruel, mundo cruel. Hm.

Gracias por leerme.


PIEZA 9. Vikingos.


La nieve caía en suaves y lentos copos sobre el jardín que rodeaba el laboratorio del Doctor Banner, formando una capa blanca entre los pilares con luces suaves que iluminaban el jardín por el clima nublado. De las últimas nevadas del invierno. Tony la observaba de brazos cruzados, esperando por los resultados que las computadoras estaban realizando sobre los escenarios que ya tenía en mente de la colisión con el exoplaneta. Luego de pasear con Raphael –pretexto que usó para hacer cálculos sobre Nova y memorizar sus puntos débiles- estaba comenzando a darse una idea de cómo ensamblar los Instrumentos Rambaldi, tan solo necesita una pista más, la codificación final que haría que todos se unieran equilibradamente para que la energía de repulsión funcionara con todo su poder. Datos que ni siquiera en Luxor poseían. Se preguntó si acaso ese famoso inventor humanista había muerto prematuramente sin terminar de anotar sus ideas o era que esos apuntes se habían perdido definitivamente.

Visión le había contado que los Rogers eran los que habían recuperado las notas de Rambaldi, que estuvieron desde el primer momento bajo el resguardo de la Archiduquesa una vez que el Comandante tomó su lugar como cabeza de Hydra, sucediéndole en el poder con el apoyo siempre incondicional del Clan Carter. Especialmente la General Margaret Carter a quien veía más a menudo en la torre luego de aquel compromiso hecho en Luxor. Por un lado estaba agradecido porque eso mantenía ocupado a Steve pero por otro, la presencia de aquella Alfa era asfixiante, no dejaba de verle cuando estaba cerca de ellos, obedeciendo las órdenes del Comandante. Sentía su rechazo, o algo más que le provocaba escalofríos, teniendo que ser el doble de cuidadoso en lo que hacía y decía para no levantar el enfado de la General o podía costarle más que un castigo de palabra de parte del rubio.

Nova ya había experimentado un sismo por el tirón gravitacional, alertando a toda la población que pidió respuestas a sus científicos. El sistema de la colonia funcionaba a la perfección, las razones para aquel movimiento telúrico escapaban a la comprensión del grueso de los habitantes. Pronto todas las colonias pasarían por la misma experiencia antes de la fatal noticia del choque. El Omega frunció su ceño posando una mano sobre el frío vidrio de la ventana, recargando también su frente. Quería tanto ver a James, saber qué pensaba hacer o si estaba al tanto de aquel plantea en ruta de colisión con Terranova. Se aproximaba un caos y anhelaba huir de nuevo, pero la angustia por sus pares y gente inocente viviendo en las demás colonias le impedía hacerse de un plan de escape. No al menos hasta que hallara la manera de salvar a todos, la mayoría.

-Los cálculos están terminados –anunció Vision con suavidad- ¿Deseas revisarlos?

Tony asintió, alejándose de la ventana, pasando por una mesa donde se encontraba reposando tranquilamente Jarvis cuya peluda cabeza acarició antes de sentarse de nuevo frente a las pantallas holográficas examinando la información. Necesitaba los datos del resto de las colonias, solamente poseía información precisa de Luxor, que ya había visitado, Nova donde ahora vivía. Pero restaban once colonias más, entre ellas su amada Uruk. El castaño anhelaba volver a ver esa colonia que le viera nacer, asegurarse de que Rhodney estaba vivo todavía. Podría tener un pretexto si el Comandante Rogers le autorizaba salir de la capital con el fin de medir correctamente las masas y distancias de las colonias. Desde Nova se arriesgaba a tener fallos en los cálculos que iban a traducirse en la muerte de miles de personas. No a que Hydra le perturbara tal cosa, pero a Tony sí.

-Vision, ¿crees que el Comandante me permita salir a las colonias?

-Es posible. Me parece haber escuchado decir a la General Carter que se reunirán en Luxor una vez más para firmar el contrato matrimonial, puede ser un tiempo que puedas usar para viajar.

-¿No tengo que ir con ellos?

El replicante negó con media sonrisa. –Es un asunto privado hasta donde tengo conocimiento.

No necesitó que le explicara más. Tampoco que le interesara. La inicial decepción que pudiera tener sobre el interés de Steve en él había desaparecido tan rápido como una estrella fugaz. Tal vez había imaginado que con el tiempo el Comandante hubiera podido estimarle al menos lo suficiente como para cambiar sus ideas respecto a su descendencia o el trato que tenía con él. Ahora estaba seguro que eso jamás sucedería. Menos si estaba por unirse en matrimonio con Margaret Carter, una Alfa tan despiadada como ambiciosa, digna sucesora de la Leona de Terranova, causante de horribles torturas a los capturados Omegas insurgentes. Debía concentrarse en dos cosas primordiales en su vida: la salvación de la raza humana y esa gestación que seguía su curso sin problemas. Prefirió hacer las cuentas pertinentes de tiempo que le llevaría viajar a todas las colonias, haciendo lo posible porque ocupase menos días.

-Tony –Bruce entró al laboratorio con su sonrisa cálida- ¿Sigues trabajando?

-No puedo parar –replicó éste, recibiéndole con un abrazo- ¿Qué dice la vida en la Colonia Alejandría?

-Aburrida –el doctor le retuvo entre sus brazos- ¿Estás bien?

Tony tomó aire, mirando al techo iluminado por el reflejo de las pantallas que les rodeaban. Era extraño pero la voz y el cariño del doctor siempre tenían un efecto profundo en su alma.

-Siento que me romperé en pedazos si me descuido.

-Tranquilo, tranquilo… -una mano cepilló sus cabellos- Siempre hay una luz que no pierde brillo aunque la oscuridad quiera tragarla.

-¿Hablamos de agujeros negros súper masivos?

Bruce rió, separándose apenas para verle. –Hablo de que he conseguido un permiso del Comandante Rogers para llevarte conmigo.

-¿A dónde? –el castaño parpadeó entre confundido y emocionado.

-Debo volver a Alejandría, pero necesito una mano con ciertos problemas que requieren de una mente única.

-¿Te refieres a mí, verdad? –sonrió el Omega.

El doctor asintió. –Partiremos al anochecer, lamento no haber llegado antes a decírtelo.

-Vision me ayudará.

-A la orden –habló éste- ¿Algún requerimiento en particular, doctor?

-Sí, nuestro dulce Omega necesitará ropas más gruesas, el invierno en Alejandría es el más agresivo de todas las colonias.

-Me parece que las recientes compras abarcan tales necesidades.

-¿Compras? –el doctor Banner se volvió al castaño quien se encogió de hombros, bajando su mirada.

-Salí con Raphael. Tenía ganas…

-Tony –una mano gentil alzó su mentón- No hay vergüenza alguna en sentir emoción por ese bebé que crece en tu interior.

-Y que luego perderé.

Bruce le miró con tristeza, abrazándole de nuevo. –Sé que es difícil creerme pero te juro que todo va a salir bien. Ahora ve a prepararte, los esperaré en el hangar del Comandante.

-¿Viajaremos en una de sus naves?

-No –el doctor negó vigorosamente- Demasiadas armas para mi gusto, he solicitado uno de los cruceros del Sindicato de Comercio. Quizá no son los más veloces pero sí los más seguros. Y voy a llevar conmigo a un tierno Omega gestante, las precauciones no están de más.

-Creo que te tomas muchas molestias por mí.

-Ah, Tony, ojalá pudiera hacer más.

Conforme llegaba la hora de partir, Anthony se sintió más emocionado. No conocía la Colonia Alejandría, famosa por tener una cantidad enorme de bibliotecas aunque estaba casi seguro que ya había leído todo lo que tuviera Terranova para ofrecerle pero aún podían quedar sorpresas si las historias sobre los libros incunables de su biblioteca central eran ciertos. Agradeció la soledad en la torre mientras esperaba la llamada de Vision, dejando un mensaje a Raphael, prometiéndole traer un obsequio al volver. Llevándose consigo a Jarvis, partieron de ahí hacia el hangar privado del Comandante Rogers, lleno de soldados en sus armaduras como otros haciendo rondines ayudados por robots vigías. El líder de Hydra poseía varias naves como cruceros de guerra, solamente había un sitio desocupado que pertenecía a su nave principal y donde vio llegar un transporte diferente. Era un crucero pesado de cascos reforzados sin los cañones típicos de los transportes militares, en su lugar tenía varios emblemas que atrajeron su atención. Los blasones de todos los Clanes que conformaban el Sindicato de Comercio.

-Tony –llamó el doctor Bruce al llegar- Ven conmigo, es hora de irnos.

Bajaron hasta la plataforma de despegue, entrando por el puente que comunicaba con el crucero, siendo recibidos por un hombre de sonrisa amigable y complexión gruesa con ropas de varias capas como colores. Les hizo una reverencia antes de extender un brazo hacia el interior, cerrando la compuerta tras ellos. El castaño alzó sus cejas al ver el pasillo por el cual caminaron, notando la suavidad del piso y la decoración de las paredes. Era como si fuese una casa en lugar de una nave de carga comercial, tan diferente a las austeras y metálicas de Hydra. Aquel detalle le agradó como las sonrisas de todos los tripulantes que se encontraron en el camino al puente de ascenso que les llevó hasta el nivel principal, donde fueron recibidos por la General a cargo.

-Bienvenidos al Valhalla, soy la General Virginia Potts y quien dirige este crucero.

El Omega examinó aquella alta, rubia y delgada Alfa vestida en un traje de gruesa piel con partes metálicas como protecciones a partes vitales de su cuerpo. Sus ojos azules eran penetrantes pero suaves al mismo tiempo. Para ser una General le pareció demasiado sonriente aunque tenía gestos firmes como su voz que dio las órdenes pertinentes para salir del hangar y entrar al espacio exterior. El Sindicato de Comercio tenía los mismos rangos militares que Hydra aunque sus Clanes eran diferentes, algunos tenían por líderes Betas, motivo por el cual los consideraban por debajo de las grandes familias de Alfas que gobernaban Terranova, pero era un secreto a voces que el Sindicato tenía cierta influencia sobre las colonias y que sus pesados cruceros podían enfrentar sin problemas los cañones de Hydra. Eran un poder velado que había llegado a tener sus roces con el Comandante Rogers por las pérdidas que solían tener por enfrentamientos armados contra los insurgentes de Venganza de Invierno.

Les escoltaron un par de naves vigía hasta que alcanzaron la zona de ruta del Sindicato de Comercio, túneles espacio tiempo que solamente ellos sabían utilizar, como a la usanza de los ancestrales marineros en el planeta Tierra con sus brújulas y astrolabios. Había varios "huecos" en el universo pero no todos eran seguros ni estables, aquellos que sí estaban bien grabados en la memoria de todos los miembros del Sindicato de Comercio, era su lazo de unión que compartían de forma oral sin dejar evidencia en computadora, grabación o escrito. Su secreto de gremio que Hydra jamás había podido obtener por más tretas que les impusiera o amenazas de muerte. Tony lo comprobó al ver como la Alfa caminaba hacia un control de mando, introduciendo su mano en una apertura de textura gelatinosa que leyó su ADN como llave para activar el Valhalla, desplegando sus motores para entrar al túnel de gusano que tiró del crucero como si fuese un simple grano de arena.

-Entrada exitosa, velocidad estable. Felicidades General Potts –se escuchó una voz en altavoz.

Bruce llamó al castaño para que le siguiera a sus habitaciones, dejando que aquella Alfa continuara navegando por aquel túnel con una seguridad que asombró al Omega. Ahora comprendía mejor por qué Hydra temía al Sindicato de Comercio. Lo único que restaba era esperar a que llegaran a la Colonia Alejandría para ayudar al doctor con sus apuros, mismos sobre los que preguntó Tony cuando le mostró su habitación, tan cómoda y lujosa como las que había en la torre del Comandante Rogers, pero con un aire más acogedor, familiar.

-¿Bruce?

-Dime, Tony.

-¿Qué es lo que haremos en Alejandría?

El doctor le miró travieso. –Será una sorpresa. Descansa un poco, le diré a Vision cuando sea la cena con la General.

-¿Vamos… voy a estar con ella?

-Claro, Tony –respondió con toda naturalidad el doctor- Ellos no son como Hydra. Cualquiera es bienvenido en su mesa, sobre todo si se trata de un lindo Omega como tú.

Anthony bufó pero arqueó una ceja ante las respuestas y actitudes de Bruce, dejando para después sus preguntas. Dejó a Jarvis en la cama donde se tumbó mientras Vision acomodaba sus cosas en las habitaciones adjuntas que servían de armario y baño con una salita privada de lectura. Aquel crucero era realmente lujoso, por ello el Comandante Rogers había cedido en dejarle ir, además de su confianza con el doctor. Sin desearlo, cayó profundamente dormido sin pesadillas ni angustias, un sueño completamente placentero del cual despertó por sí mismo, hecho ovillo con Jarvis durmiendo sobre su cadera completamente enrollado con su cola cubriéndole su cabeza. El castaño parpadeó varias veces, bastante relajado pero extrañado de que no le hubieran despertado, ya debían haber tocado Alejandría o la cena con la General Potts.

-¿Vision?

-Aquí, Tony –de inmediato apareció el replicante, poniéndose de pie desde una distante esquina.

-¿Aún no es la cena?

-En unos minutos –sonrió Vision, sentándose a la orilla de la cama, revisándole- ¿Has dormido tranquilo?

-Sí… ¿no hemos tardado demasiado en llegar?

-Encontraron unas ondas gravitacionales, hubo que hacer un desvío pero nada sobre lo cual preocuparse. El Valhalla está a salvo.

Tony se talló su rostro, sentándose en la cama, acomodando al felino en su regazo.

-¿Puedes decirme más sobre la General Potts?

-¿Te refieres a su vida privada?

-No hay vidas privadas con Hydra, lo sabré yo.

Vision rió discreto. –Creo que la General estará gustosa de contarlo personalmente. Es hora de la cena.

Ofreció un brazo que Anthony tomó con un bostezo, dejando a Jarvis seguir durmiendo. Fueron a otra ala del enorme crucero que parecía más bien un hotel exclusivo, no le veía zonas que hablaran de cargas o armas. El comedor estaba listo, no era ni muy grande ni muy pequeño, con las cabezas de la tripulación ya sentadas en sus respectivas como anchas sillas mullidas, poniéndose de pie al ver entrar al castaño quien no pudo evitar un sonrojo ante el signo de respeto de aquellos Betas y Alfas, mirando a Vision como preguntando si era a él a quien saludaban de esa forma. Su replicante asintió, llevándole a uno de los extremos de la mesa, como cabecera, donde le ofreció su asiento que tomó tosiendo para aclararse su garganta y saludar a los presentes. Un par de minutos después aparecieron juntos el Doctor Banner con la General Potts, charlando como grandes amigos. Una vez más, el resto de la tripulación al mando se levantó. El Omega estuvo a punto de hacerlo pero una mano de la rubia le detuvo, negando, caminando hacia él para sentarse a un costado con Bruce en el otro.

-Respetamos los rangos –aclaró la General con una sonrisa cálida.

-Pero… yo soy…

-Anthony Stark.

Éste le miró como si le hubieran salido un par de ojos más a la Alfa quien rio para él, tomando su mano que apretó con cariño.

-¿O es que no mereces ser tratado con respeto?

-Claro que sí –no pudo evitar responder, carraspeando luego- Bueno…

-Aquí no hay Comandante Rogers, ni Leona de Terranova. Hydra está exiliada de nuestras naves. ¿Cierto, tripulación?

-¡AHOO, AHOO, AHOO! –corearon los demás, azotando sus copas vacías contra la mesa.

-Pero debes estar hambriento, permíteme agasajarte con platillos propios del Sindicato de Comercio o como preferimos llamarnos a nosotros mismos, los Vikingos.

Tony sonrió, mirando a Bruce quien asintió igualmente divertido como relajado, viendo entrar a un grupo de meseros entre Alfas, Betas y Omegas que les sirvieron entre bromas pesadas, chistes y carcajadas. Aunque no eran las exclusivas comidas llenas de sabores variados que se servían en las mesas de Hydra, tenían un mejor aroma para el castaño, probablemente por esa camaradería entre iguales, se dijo al observarles detalladamente. Eso le abrió más el apetito, lo que complació a la General quien sonrió una vez más al doctor, iniciando una charla con éste hasta que Anthony recordó el desvío de la ruta como la historia que esa valiente pero carismática Alfa tuviera para contarle, aclarando su garganta antes de hacer su pregunta.

-General Potts…

-Oh, no, no, dime Pepper y háblame de tú. Solamente cuando estamos con esos perros de Hydra nos decimos en rangos así, entre amigos, hay mejores maneras.

-Bueno, Pepper –sonrió el Omega, más animado- ¿Desde cuándo diriges un crucero como éstos?

-Desde mi adolescencia.

-¿Tanto tiempo? Digo… es decir…

Potts se carcajeó, limpiándose unas lágrimas. –Eres tan lindo y educado. Todo un milagro en verdad. No me siento ofendida, cariño. Fue una necesidad más que un gusto…

Virginia Potts pertenecía al Clan Romanov, hija única de un comerciante próspero que luego se unió al Sindicato y de una Omega diestra en los negocios. Tanto era el amor que su Alfa tuvo por ella, que construyó el Valhalla como muestra de su cariño, algo que atrajo la atención del Clan Rogers. El líder de Hydra solicitó la nave para convertirla en un crucero de guerra. El padre de Peper se negó tajantemente y eso provocó la muerte de su madre junto con otros miembros del Clan Romanov cuando viajaban hacia la Colonia Petra donde los emboscó el Comandante Rogers, destruyendo su nave con niños, mujeres, ancianos dentro. Aquella desgracia no quedaría sin venganza, y los Potts destruyeron varias naves de caza como reclamo por aquella masacre. Una vez más, Steve Rogers les enfrentó y por nada casi asesinó al padre de la General quien tuvo que cuidar desde entonces de un Alfa parapléjico y la poca herencia que le dejó Hydra al demandar pagos por los daños provocados. Pero el Valhalla se quedó con ellos y desde entonces surcaba el espacio con apoyo total del Sindicato de Comercio, su tripulación como también del Clan Romanov.

-Pero ellos apoyan a Hydra –Anthony miró a Bruce quien levantó sus cejas.

-De forma pública, Tony, cuando los Carter les arrebataron el poder para luego cederlo a los Rogers, sus relaciones no fueron las más amigables aunque te haya parecido algo contrario. Si en algo son expertos los Romanov, es en el arte del espionaje y el disfraz.

Anthony miró fijamente al doctor, éste rio discreto ante su inquisitiva mirada que pasó a la General quien igualmente rio, tomando una copa que beber y que dejó a un lado, poniendo sus codos sobre la mesa al inclinarse hacia el castaño.

-Sí, lo has pensado bien. Los Vikingos somos la mitad del ejército insurgente de Venganza de Invierno.

-¡AHOOO, AHOOO AHOOO! –corearon los demás, alzando sus copas en honor al Omega cuyos ojos se abrieron de par en par.

-¿Estás diciendo que…?

-Sí, Tony –Bruce cepilló sus cabellos- Todos aquí somos unos traidores a Hydra.

-¿Vision?

-Yo lo creé para protegerte luego de que regresaste con el Comandante, Natasha hizo su trabajo convenciéndolo de usarlo como obsequio.

-Me parece que he cumplido con las expectativas –habló orgulloso el replicante.

Hubo un largo silencio de parte de Tony, quien estaba estupefacto, feliz, preocupado, alegre… no sabía exactamente como sentirse. Sintió lágrimas formarse en sus ojos ante la realización. Habían huido de Nova, de las garras del Comandante, las trampas de Hydra de la forma más sutil y efectiva. Pero el miedo de la experiencia pasada borró su sonrisa al volverse a Bruce quien negó, entendiendo su expresión.

-No, eso no volverá a suceder. Tienes mi palabra.

-Creo que el sueño ha desaparecido de tus ojos, Tony –bromeó Pepper- ¿Puedo mostrarte algo?

-Por supuesto.

Anthony no supo describir cómo se sentía mientras caminaba al lado de aquella simpática Alfa que le llevó hasta la sala de controles, mostrándole un holograma del Valhalla, tal cual lo había visto. La General suspiró al ver la imagen, cruzando sus manos detrás de su espalda al tiempo que se giraba hacia el castaño.

-Mi madre, una Omega que me vio nacer y crecer, fue la última protegida del Clan Barnes antes de la Primavera de Delhi.

-Pepper… -el asombro volvió a Tony, casi recargándose en Bruce al escucharle.

Con mentón el alto, la rubia señaló el holograma. –Ella no desapareció del todo, porque al igual que sus protectores, tuvo la dicha de estar en contacto con los trabajos de Rambaldi. Y dejó en el Valhalla un legado para mí, cuando ella ya no estuviera. ¿Puedes verlo, Tony?

La General tocó el holograma, ampliando la imagen para el Omega quien parpadeó unos momentos, porque aunque era un plano arquitectónico del crucero, tenía nombres y etiquetas así como secuencias numéricas que ingenieros entenderían. Salvo un ligero detalle. Había nomenclaturas imprecisas, juego de palabras con símbolos abstractos que Anthony ya había visto antes, en Luxor. Fue como sentir una descarga eléctrica por todo su cuerpo. Sin pedir permiso aunque sabía que lo tenía de antemano, se adelantó a uno de los controles, comenzando a dar unas instrucciones. Toda la nave se cimbró, ahora la proyección holográfica mostraba un cambio en el casco de la nave que modificó su estructura externa, creando una versión más aerodinámica del Valhalla… con un par de poderosos cañones que se armaron ante los comandos del castaño quien jadeó al ver lo que había conseguido siguiendo las pautas de Rambaldi.

-Tony… -Bruce dejó caer su mandíbula.

-Mi madre me dijo bien –la voz de Pepper fue temblorosa como su mirada que cayó en el castaño con una sonrisa de orgullo- Aquello que es bueno, aquello que vale la pena, jamás muere por más intentos que se hagan por sepultarlo. He aquí al verdadero Valhalla, listo para enfrentarse al Sagitta.

-Yo no hice nada… realmente…

-No, Tony, lo has hecho todo. Has traído la luz que creíamos perdida.

Ambos se miraron unos instantes antes de que la rubia se adelantara para darle un fuerte abrazo y un beso en los cabellos castaños de un mudo Anthony. Un agradecimiento silencioso por traer de vuelta una esperanza marchita que habían despedido hacía años ante los desafortunados intentos de rebeldía en los que muchas vidas se habían perdido ante el poder militar de Hydra. No se trataba solamente de sobrepasarles en tecnología o conocimientos, era revivir aquello que el tiempo había desvanecido como un mero cuento de fantasía para quienes no lo experimentaron. La bondad, la justicia, libertad y amor que los Barnes tuvieron consigo para todo aquel que se les acercara, y cuya firma estaba en nada menos que ese legado Rambaldi, la máxima expresión de que un corazón lleno de verdad podía obrar milagros para la Humanidad.

El Omega le abrazó, conmovido ante el cálido abrazo tan protector como halagador, escondiendo su rostro en el hombro de Pepper, sintiendo como le mecía suavemente escuchando sus quebrados gracias gracias por todo, una y otra vez en su oído hasta que al fin se separaron, riéndose uno con el otro en una repentina pero sincera amistad. Tony se sintió más seguro, más fuerte, más decidido que antes. Se paró sobre la punta de sus pies con el fin de estampar un beso cariñoso en la mejilla de aquella Alfa, la cual abrió sus ojos antes de carcajearse alegremente, despeinándole en correspondencia.

-¿Probamos esta hermosura?

-Peps –sonrió el castaño con travesura- Si me haces el honor.

-General, estamos listos –anunció una voz.

-Preparen coordenadas. Colonia Delhi.

-¿Delhi…? –Tony se sorprendió, girándose a Bruce quien asintió un par de veces.

-Jamás te he mentido, Tony, te prometí que todo estaría bien. Y lo cumpliré… hasta el final de la línea.

-Túnel espacio-tiempo encontrado, posición en línea para viaje interespacio.

-¡Ahora! –ordenó la General con una sonrisa de victoria, tomando el control de la nave.

Contrario al primer vuelo, éste no se sintió a pesar de la maniobra de la General que inclinó la nave para entrar en perfecta línea por el túnel. Las pupilas de Anthony se dilataron. Así era como podía controlarse un cuerpo en el aire, una posible como increíble armadura que no solo respondiera al llamado de su portador, sino que también fuese un medio de transporte aéreo con una velocidad superior al sonido. Estabilidad. Desempeño perfecto. Se perdió tanto en los cálculos como las posibilidades con el Reactor Arc que no fue sino hasta que escuchó a Bruce gruñir como nunca antes lo había escuchado que volvió al presente, notando que su dos amigos estaban hablando de él y Bruce había correspondido a unas palabras de la Alfa con su gesto. Prestó atención a las últimas palabras de Pepper.

-… la Leona de Terranova y el Comandante van a tragarse sus planes –siseó la rubia- Como que me llamo Virginia Potts. No sabes cuánto ansiaba este momento, Tony, de arrancarte para siempre de las garras de Hydra, pequeño. Te pedimos un sincero como muy apenado perdón por los agobios que tuviste que enfrentar, jamás creímos que la crueldad de Rogers fuese tanta. Nos vimos demasiado ingenuos ante sus artimañas. Pero no más.

-Ustedes… -Tony no supo qué responder.

-La idea era que una vez que llegaras con Carter te sacáramos de ahí, pero ella se nos adelantó y todo terminó en lo que tenemos ahora –siguió Pepper bajando su mirada al negar apenas- Sarah Rogers supo de nuestros movimientos a tu alrededor, y tuvimos que… acordar en un movimiento por demás sangriento para hacerle creer que había ganado.

-¿Las muertes en el cinturón de asteroides?

-Junto con lo que te hizo el Comandante, cosa que tampoco esperábamos –asintió la General- Solo para que Hydra creyera que tenía de vuelta el control, de lo contrario James no iba a poder moverse libremente.

-¿Dónde está…? –al escuchar su nombre, el castaño casi brincó- ¿Puedo verlo? ¿Por qué vamos a Delhi?

Bruce rió, calmándole. –Necesitas descansar.

-¡Necesito más respuestas!

-Las tendrás en cuanto lleguemos a Delhi, vamos Tony, quiero revisarte. Siento tu pulso muy acelerado.

Anthony sintió que pisaba las nubes. Todo comenzó a tener más sentido conforme sus mente hacia un recuento del pasado, desde que conociera a Yinsen hasta esos momentos. Un juego de poder, una guerra que tocaba a su punto máximo. Volvió en sí cuando Bruce le llamó insistente, sentándole en la orilla de una cama dentro de una cómoda habitación.

-¿Tony?

-Bruce…

-Lamento no haber sido sincero contigo desde el inicio, pero fue necesario. Tantas veces quise sincerarme contigo pero sabía que eso te pondría en peligro con el Comandante, yo podría soportar cualquier castigo, pero me hubiera matado que te lastimaran como ellos están acostumbrados, eso silenció mi lengua. Perdóname.

-Yo lo entiendo, no hay nada qué perdonar. Dime, ¿a qué vamos a Delhi? ¿Ahí está Bucky?

El doctor negó. –Él está en Greenwich. Vamos a Delhi porque necesitas ver algo.

-¿Qué cosa?

-Una cámara. Una cámara que esconde un secreto que solamente tú puedes revelar así como lo has hecho con el Valhalla.

-Los Instrumentos Rambaldi –el castaño jaló aire.

-Desde sus tiempos, él ya había previsto la colisión de la cual ya tienes conocimiento, estamos seguros que comenzó o bien terminó un plan para salvar Terranova. Pero solamente una mente igual a él puede descifrar lo que dejó encubierto bajo un código imposible de resolver para el resto de nosotros.

-¿Qué sucederá con Natasha? ¿Contigo?

-Mi Alfa debe estar ya preparándose para la gran jugada, igual que otros… -el doctor rió de algo que hizo fruncir el ceño al Omega- Lo siento, lo siento. Ya lo verás con tus propios ojos, no sea que te provoque un infarto tantas revelaciones.

-Bruce, ¿desde cuándo todos ustedes…?

-La General Potts fue quien nos presentó en secreto a James, seguro que tú todavía eras un tierno Omega mudando dientes cuando eso sucedió.

-¿Tanto tiempo?

-Tan poco querrás decir. Así comenzamos a armar nuestra pelea en contra de Hydra, pero nos faltaba un elemento clave en todo esto. Otra mente igual que Rambaldi, como lo probó ser el ayudante del Maestro Yinsen en la Colonia Uruk.

-Entonces sabes toda la historia real sobre Bucky –reclamó pero sin enfado el Omega- Aquella vez solamente me contó cosas muy generales, nunca entró en grandes detalles, ni tampoco tuvimos mucho tiempo para ello.

-Cosa que él hubiera querido hacer, te doy mi palabra. Y sí, conozco bien su historia.

-¿Puedes decirme?

Tony le escuchó atento, armando toda esa biografía en su cabeza. Sintiendo el corazón latirle aprisa de nuevo ante la revelación de lo sucedido en Delhi no en su trágica primavera, sino casi dos siglos atrás. James había conocido a Rambaldi de una manera que nadie más lo hizo. Lágrimas volvieron a caer de su rostro al oír cómo se había salvado del feroz ataque de Obadiah Stane, de la edad tan tierna en que había perdido su brazo izquierdo por la crueldad del Mariscal Rogers. El líder de la rebelión contra Hydra era un consumado guerrillero… solitario. Mientras él se había quejado de su rutinaria vida con las angustias pasajeras por las Purgas y las molestias del Control Sanitario, Bucky dormía con una daga bajo la almohada porque su vida siempre había estado en riesgo, ya no tenía quien le protegiera y sí en cambio, debía proteger a los demás a costa de cosas tan nimias pero necesarias como vivir pacíficamente, un día sin pensar en planes, secretos o traiciones.

-Recibí un mensaje suyo, oculto –dijo el castaño luego de un momento en silencio- Sin embargo, tardó en contactarse conmigo.

-Tony…

-¿Qué fue lo que le hizo el Comandante?

Banner abrió sus labios pero los cerró ante el tono autoritario de Anthony, bajando su mirada al suelo.

-Le prometí a James no decirte eso.

-Pero tú eres mi amigo, ¿o no?

-Tony…

-¿Qué le hizo? –éste gruñó sintiendo sus ojos rozarse. Ya lo había temido, pero quería escucharlo.

-Cuando el Sagitta tocó la colonia e invadieron, James fue por ti de inmediato. Se topó con la General Carter y el Comandante. Peleó con ambos en tu puerta… Tony, sería mejor…

-¡Dime!

-… el Comandante Rogers le hirió –el Beta señaló su hombro izquierdo- Rompió una parte de su brazo metálico y eso como bien sabes le provocó un shock traumático a James. Trató de seguir pero ya no pudo. Se salvó porque fueron a rescatarle, por nada se salvaron de las garras de Carter a costa de muchas muertes, las primeras que antecedieron a las demás. James estaba en estado de coma cuando llegó a Greenwich.

-¿Tú le atendiste?

-No –Bruce negó- Pero le hice llegar mis recomendaciones a los médicos que lo trataron. En cuanto despertó, se puso en contacto contigo. Fue lo primero que hizo.

-¿Cómo pudo el Comandante hacerle daño a su brazo?

Un silencio pesado de Banner le dio la respuesta. El mini Reactor Arc que había dejado en el taller. Anthony jaló aire frunciendo su ceño con lágrimas que se talló con rabia. No solo era que Steve le hubiera estado manipulando con miedo y sus tratos ambivalentes, le pisoteaba a sus espaldas usando las cosas que creaba o sabía para lastimar lo que él más quería. El doctor le abrazó, dejando que llorara porque lo necesitaba, arrullándole como siempre lo había hecho cuando le veía derrotado. No había sido el único haciendo eso. Todavía con lágrimas en sus ojos, el castaño se separó de él, mirándole inquisitivo.

-Bruce, ¿Raphael Valois también es parte de los insurgentes, o me equivoco?

El doctor le miró fijamente. –Tony…él es Venganza de Invierno, el auténtico.