Antes de empezar con el capítulo les pido disculpas por el retraso, me salieron unas vacaciones sorpresa y desconecté de todo. Ahora con las pilas cargadas y renovada vuelvo al ataque. Espero que les guste, disfruten!

CAPITULO 10

La mañana del Martes llegó, en aquella habitación de aquella casa de Beverly Hills comenzó a sonar el despertador, eran las 6 de la mañana. Maura debía ponerse en pie si quería llegar a tiempo a trabajar, pero los tranquilizantes que se había tomado la noche anterior todavía hacían efecto. Pasaron diez minutos y la alarma volvió a sonar. Echó el brazo fuera de la cama para apagarlo y haciendo un esfuerzo sobrehumano se levantó. Como una zombi fue hasta el cuarto de baño chocando con cada cosa que se cruzaba en el camino. Dejó caer el camisón al suelo, abrió el grifo de la ducha y se colocó de frente al chorro con las manos apoyadas en la pared, era peor que una mañana de resaca.

En Boston como si Jane hubiese podido escuchar el despertador de California se despertó de golpe, para ella eran las 9, había dormido bastante y bien, se sentía renovada. Se sentó en la cama y estiró sus brazos. ¿Qué haría en todo el día? Ojalá fuese miércoles ya, pensó, necesitaba estar entretenida en algo, y lo que más la abstraía era hacer de poli. Cogió su móvil, iba a mandarle un mensaje a su madre, por su puesto que no iba a ir a comer con ellos y menos después de haber soltado aquella bomba, su madre estaría impaciente por asaltarla a preguntas. Entró en mensajes y se quedó bloqueada al ver los últimos, eran los de Maura, había eliminado su número, pero no sus mensajes ni sus llamadas, que absurdo. Un escalofrío la recorrió de punta a punta, leyó uno a uno de nuevo y el corazón se le aceleró, iba a cien por hora. Sin apenas pensarlo, de manera inconsciente se puso a escribir uno nuevo, cuando se trataba de Maura el corazón tomaba el mando siempre.

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Maura preparaba café, ya estaba duchada y vestida, falda negra y camiseta gris, su ropa reflejaba a la perfección su estado de ánimo. Después de haber estado debajo de la ducha al menos media hora se notaba un poco más despejada pero necesitaba su dosis de cafeína.

Escuchó su móvil sonar, ¿dónde lo había dejado? Corrió escaleras arriba, parecía que el sonido venía de su cuarto. Seguramente sea del trabajo, pensó, no le apetecía en absoluto una escena del crimen en esos momentos. Cuando quiso descolgar justo dejo de sonar, era una llamada de Marcus, al mirar bien la pantalla se fijo que tenía un mensaje nuevo, iba abrirlo curiosa cuando entró otra llamada.

- Hola Marcus, ¿qué pasa?

- ¿No has leído mi mensaje? ¿Estás bien? Me estaba empezando a preocupar.

- No he tenido buena noche, perdona, pero dime, ¿de qué querías hablarme?

- Mi hermana, ¡qué se casa!

- Oh... eso es genial, y... ¿con quién?

- Eso mismo le he preguntado yo, dijo riendo, un tío de Boston, se conocen desde hace cinco meses, pero que es su media naranja.

- Me alegro mucho por ella, pero... ¿para eso tanta urgencia?

- Maura... yo... lo siento muchísimo, me he portado como un capullo, nunca has merecido que te trate así, nadie merece ser tratado así...

Maura cerró los ojos. - No pasa nada, los dos lo estamos pasando mal pero creo que todo sería más fácil si nos ponemos del mismo lado, Marcus.

- Sabes que te quiero, jamás te haría daño a propósito, no he estado dentro de mis cabales.

A la forense no le apetecía hablar de sentimientos, no con él, así que intentó cerrar el tema.

- Bueno, ¿podremos comportarnos como adultos civilizados a partir de ahora?

- Lo voy a intentar, de verdad, y lo voy a conseguir, he empezado a ir a terapia.

- Eso está muy bien.

- Y bueno... de lo que en realidad quería hablarte... Becca nos ha invitado a ir a Boston para conocer a su familia política antes de la boda.

A Maura al oír ir a Boston le dio un vuelco el corazón. - Marcus yo no...

- Se que no tengo derecho a pedirte ningún favor, pero es por mi madre, prometo explicarle nuestra situación más adelante, pero ahora quiero que este cien por cien feliz con la boda, no quiero disgustarla con esto, sabes que ella te adora.

- Tengo que pensarlo, además el trabajo...

- Maura, eres la jefa.

- Dame unas horas, ¿vale?

- Está bien, quedamos para comer, ¿te parece?

- De acuerdo, adiós, Marcus.

Colgó y soltó un suspiro largo, desde que había escuchado Boston un hormigueo invadió su cuerpo, se había puesto nerviosa. Miró la hora, se la había hecho tardísimo,así que bajó las escaleras a toda prisa, agarró el bolso y las llaves y salió. Ya se tomaría el café en la cafetería del recinto.

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Jane estaba sentada en la cocina, tomándose un buen desayuno, ya había salido a correr y necesitaba reponer fuerzas. Mientras untaba las tostadas pensaba en que haría durante el resto del día, no tenía ni idea, pero lo que más rondaba en su cabeza era aquel mensaje enviado y en que no había respuesta, ¿por qué lo había hecho?

De pronto, se escucharon unos golpecitos en la puerta, ¿quién sería? aunque era bastante fácil imaginarlo. Primero se quedó quieta pensando en no contestar y a ver si así se marchaba, pero Ángela acabó gritando. - Jane, se que estás ahí, abre la maldita puerta.

Así que no le quedó más remedio que levantarse e ir a abrir la puerta pero lo hizo con la cadena puesta.

- ¿Qué quieres?

- ¿Crees que es forma de tratar a una madre?

- Mamá...

- Vengo en son de paz, quería pedirte disculpas y te traigo lasaña. Estoy preocupada por ti, cariño, quiero ayudarte... de verdad.

Jane resopló, reacción típica cuando se trataba de su madre. - Está bien. Cerró la puerta, retiró la cadena y volvió a abrir, esta vez de par en par. - Pasa, dijo mirando al suelo.

Ángela dejó la lasaña en la cocina y se sentó en el sofá, le hizo un gesto a su hija para que se sentara a su lado. La morena aceptó, sabía como era su madre y que seguramente se arrepentiría, pero necesitaba soltar todo aquello.

- Cuéntame, ¿como te sientes?

- Ma... mi matrimonio no va bien...

- Bueno, creo que eres la última en enterarte.

Jane miró a su madre frunciendo el ceño. - ¿Qué?

- Claro que no va bien, cualquiera que esté cerca de vosotros más de dos horas lo ve, lleváis años con una relación de adolescentes, todo tiene que evolucionar, cariño.

- Ese es el problema, quizá yo no quiera que evolucione.

- Sé que tienes miedo al compromiso...

- No mamá, no quiero evolucionar con Casey, sentenció.

Ángela por una vez se quedó callada, mirando a su hija, esta vez tenía una mirada relajada y esa era la clase de compañía que Jane necesitaba en esos momentos, la italiana mayor agarró la mano de su hija y esta de manera automática empezó a hablar.

- Este fin de semana conocí otro amor diferente, paró un segundo para tragar saliva, - quizá no diferente, quizá ese es realmente amor y yo no lo conocía, no sé, sentí cosas que... quiero más, iría hasta donde hiciese falta, con ese amor si querría madurar...

- A lo mejor confundes sentimientos, buscaste consuelo, estabas sola, vacaciones...

- No lo sé, pero lo que sí te puedo decir, es que cuando Casey se marchó me sentí aliviada y eso no me hace sentir buena persona.

- Cariño, debes hablar con él, se merece sinceridad.

- Lo sé.

Ángela pasó su brazo por los hombros de su hija y la atrajo hacia ella, se moría por preguntarle más por aquel amante, pero ya había sido un gran avance aquella

conversación madre-hija no quería estropear el momento, ya habría más ocasiones. Lo que no sabía es que Jane aún no había acabado.

- Le he enviado un mensaje.

- ¿A quién? ¿A Casey?

Jane negó con la cabeza.

- Le hice prometer que romperíamos el contacto, que lo dejaríamos estar, hasta le hice borrar mi número, pero es que no se lo que me pasa, Ma. Mientras hablaba se puso de pie y comenzó a pasear de lado a lado masajeándose la cabeza.

- Sí, respondió Ángela.

- ¿Sí? ¿Sí qué?

- Te puedes enamorar de una persona hasta en un solo minuto.

Jane forzó una sonrisa con su boca, pero en sus ojos había miedo, terror, no sabía como superar todo aquello, era nuevo para ella,. Había afrontado más rupturas en su vida, pero nunca había sentido algo con tanta fuerza, no sabía como controlarlo.

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Maura ya estaba sentada en su despacho y tenía un segundo café en su mesa. Por suerte aquella mañana no había ningún cadáver, no tenía la concentración necesaria para realizar una autopsia. Tenía informes atrasados que hacer, entre las jornadas y aquel ¿affaire?, había desatendido un poco su trabajo. Menos mal que tenía a Kent, en el que confiaba plenamente y con el que siempre podía contar.

Su móvil sonó, todavía lo tenía dentro de su bolso. Contestó y era del laboratorio, la llamaban para corregir algunos errores que habían cometido y avisarle de que los resultados corregidos había sido ya enviados. Con educación se despidió pero por dentro maldijo a todos, aquella noticia suponía tirar a la basura todo lo que había estado haciendo desde que se sentó en su mesa a primera hora. Colgó y al hacerlo pudo ver en la pantalla aquel sobrecito que seguía allí desde primera hora. Rapidamente lo abrió, le entró un cosquilleo al ver un número desconocido. "Intentar olvidarte duele demasiado". Se puso de pie inmediatamente, no se lo esperaba, no se esperaba que la morena diese el paso, no tan pronto, dejó el teléfono en la mesa y dio vueltas alrededor del escritorio mirándolo. ¿Qué hacer? Quería contestarle, claro que quería, quería llamarla, quería decirle que para ella también estaba siendo insoportable, pero después ¿qué? Cogió un papel y un boli y se puso a escribir. "Tengo que ser fuerte por ti, por las dos, esto es lo que quieres de verdad y yo te lo prometí, lo siento, lo siento mucho, pero creo que en el futuro me lo agradecerás" . Dobló el papel y lo guardó en su bolso e intentó seguir con su trabajo, pero la concentración cada vez era peor.

Pasó el tiempo y su estómago empezó a rugir, era la hora de comer, así que le dio un toque a Marcus y salió. Antes de reunirse con su marido quiso pasar por Palisades Park. Al llegar, buscó "el banco" y por suerte estaba libre, la estaba esperando. Se sentó y volvió a mirar el mensaje en el móvil. Asintió con la cabeza como convenciéndose a sí misma de que era lo correcto y sacó la nota doblada del bolso. Abrió el papel, lo besó y le prendió fuego. Lo soltó y lo dejó ir con el aire, alejándose, pero en un cambio de dirección el viento volvió a traer hasta ella aquella nota en llamas y poco a poco fue cayendo y apagándose al lado de la pelirroja. Se había quemado casi todo, pero todavía podía leerse alguna palabra, de hecho eran tres exactamente "...quieres de verdad...".

Maura no se lo podía creer, si creyera en las señales, aquella habría sido una clarísima. Tomó su teléfono y fotografió aquel resto, acto seguido, sin querer darle muchas vueltas a su cabeza, se levantó y se fue.

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Jane había pasado el día con su madre, al final había ido a comer con su familia, estaban sus padres y Frankie y Becca, que seguían con todos los preparativos, cosa que en condiciones normales molestaría a Jane y escaparía, pero aquel día le estaba ayudando y se le había pasado la tarde rapidamente.

- Jane, creo que te caerá bien mi cuñada.

- ¿Ah sí? Pareces muy segura y parece que no me conoces, puedo ser bastante hostil.

Becca rió.

- ¿Le gusta el baseball? ¿Sigue a los Red?

- No, jajajaja, por su profesión.

- ¿Es poli? dijo sorprendida y con más interés que al principio.

- Forense.

- ¿Estás de broma? Me estas vacilando, los de ahí abajo suelen ser bastante raritos.

- Te gustará, ya lo verás. No puedo decirte lo mismo de mi hermano, según el día.

La cuñada de Becca no era poli, no, pero Jane sí, era detective, y de las buenas y nunca le había hecho falta mucho para atar cabos. Y menos con estos dos datos tan evidentes, Santa Mónica y forense. Pero era como si todo aquel fin de semana hubiese ocurrido en un universo paralelo o en un sueño. Y allí seguía sentada en el sofá con su piernas estiradas y mirando a su hermano y a su futura esposa de una forma muy relajada.

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Maura ya estaba comiendo con Marcus y parecía que lo estaban conseguiendo, dos adultos reunidos comiendo y hablando civilizadamente.

- ¿Cómo sería ese plan de fin de semana entonces?

- Llegaríamos el viernes a comer y el domingo estaríamos de vuelta.

- Bien.

- Juro que te lo pondré fácil Maura, voy a darte tu espacio, de verdad.

- ¿Sin escenitas? dijo tendiéndole l mano.

- Sin escenitas, cogiéndole la mano a su mujer para cerrar el trato.

- Por cierto, Maura, la mujer de la otra noche...

- Sí.

- ¿Y la sigues viendo o...?

- Creo que esto ya está fuera de tu interés.

- Vale, vale, tienes razón, dijo levantando las manos. - Tenemos vidas separadas, nada de explicaciones, de verdad.

Siguieron comiendo tranquilamente, Maura deseaba que esta buena relación continuase, en realidad odiaba llevarse mal con alguien y a Marcus le tenía cariño, era un buen hombre, había intentado hacerla feliz y ella le quería pero de una manera que no era la esperada.

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La semana voló para las dos mujeres, el miércoles Jane se incorporó al trabajo lo que la hizo estar con la cabeza ocupada aunque las noches seguían siendo complicadas. Y así pasaron el jueves también inmersas en sus trabajos.

El sol apareció anunciando un nuevo día, el fin de semana ya estaba ahí. Maura tenía todo el equipaje preparado, lo había hecho el día anterior, como buena mujer previsora y ordenada que era. Estaba sentada en la cocina tomándose un café mientras esperaba a Marcus que había insistido en ir a recogerla. Jugueteaba con su teléfono y no pudo evitar volver a leer el mensaje "Intentar olvidarte duele demasiado". Aún no se había olvidado de ella, lo estaba intentando y ¿no podía?, igual debería escribirle, decirle que iba a estar en Boston, iban a estar tan cerca, tanto que ni se lo imaginaba ni ella misma. El pitido de un coche la sacó de aquella ensoñación, su acompañante la esperaba así que recogió sus cosas y salió. El vuelo partía a las 7,30 y entre la diferencia horaria y las tres horas de vuelo llegarían a Boston sobre la 1,30 pm, estaban invitados a comer en casa de la futura suegra de su futura excuñada, cuñada hasta el momento, y se preguntaba que pintaba en medio de todo aquello, pero por una vez quería hacer algo bueno por Marcus sentía que por una parte estaba en deuda con él.

- Voy a enviarle un mensaje a Becca avisándole de que todo va según lo previsto y que ya hemos embarcado.

- Vale.

- Mira, en su foto de perfil está con Frankie.

- ¿Quién?

- Su novio, su futuro esposo, Frankie Rizzoli.

A Maura le bajó toda la sangre de la cabeza a los pies. - ¿Rizzoli? dijo casi sin fuerzas.

- Sí, algo así, italianos. Creo que es detective de homicidios, ya tenéis un tema del que hablar.

Maura estaba pálida, que probabilidades había, se atrevía a decir que era casi imposible.

- Maura, ¿estás bien?

- Eh, creo que le estoy cogiendo miedo a volar. Estoy un poco nerviosa.

Quería bajarse del avión, estaban a punto de despegar, la ansiedad se apoderó de ella. ¿De verdad había dicho Rizzoli? Quizá era algo parecido y su subconsciente le había jugado una mala pasada.

- ¿Has dicho Rizzoli?

- Sí, Rizzoli, Rippolli, Riccoli algo así, ¿por qué? ¿qué pasa?

- Nada, me suena extraño. Y ... ¿sabes algo más de la familia?

- No mucho. Tiene dos hermanos y un sobrino de dos años, no se que más contarte, pero no seas impaciente, en cuanto lleguemos Becca nos pondrá al día en el coche.

Hermanos pensó Maura, ¿hermano y hermano? o ¿hermano y hermana?. No se atrevió a preguntar, por una lado no quería saber la respuesta. No quería pensar en lo que se podía armar. Su suegra, su marido, su cuñada y su... su... no había palabras que la definiesen.

- Necesito tomar esto, creo que no voy a soportar el vuelo, dijo sacando unas pastillas del bolso.

- De acuerdo, pero creo que con una será suficiente.

- Tengo que dormir.

- Con una bastará, dijo Marcus frenando sus manos que iban directas a la boca.

Maura obedeció y se tomó una, y tenía razón, una bastó, a los diez minutos estaba durmiendo, Marcus observándola se relajó también y cerro los ojos.

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En Boston, Ángela estaba nerviosa, tenía todo organizado. Habitaciones listas, comida en el horno, hasta había puesto ya la mesa con un gran centro de flores que había comprado para la ocasión. Quería causar buena impresión a su nueva familia política y que viesen que su hija era tratada como un miembro Rizzoli más.

Jane estaba en la comisaría, ese día tenían bastante trabajo, así que con que se escapase un Rizzoli antes de tiempo sería suficiente, así que Jane no podría asistir a la comida de presentación, y eso por una parte le alegraba, no tenía humor. No sabía lo que iba a aparecer, que tipo de gente sería y no le apetecía fingir.

Las horas pasaron volando, nunca mejor dicho, a Maura le daba la impresión de que llevaba cinco minutos con los ojos cerrados pero ya estaban aterrizando. Aún adormilados salieron por la puerta de llegadas y allí estaba Becca emocionada, corrió hacia ellos y los abrazó y besó mil veces.

- Hola hermanita, veo que estás más feliz que nunca.

- Gracias por venir, chicos, me hacía mucha ilusión teneros aquí a todos, Mamá ya esta en casa de los Rizzoli, su avión llegó a las diez de la mañana. Creo que se van a llevar bien, Ángela me recuerda tanto a ella...

Becca estaba muy nerviosa, no había sido capaz de dejar de hablar, ya iban en el coche y Maura hacía rato que había desconectado, en su cabeza retumbaba una sola palabra "Rizzoli, Rizzoli, Rizzoli"

De pronto, notó como ambos la miraban.

- Maura, cariño, ¿estás bien?

- Sí, creo que todavía un poco mareada.

- Ahora tiene miedo a volar.

- Va a ser cosa de este vuelo, el lunes vinimos a recoger a la hermana de Frankie y traía la misma cara...

"Hermana, hermana" "Lunes", "Rizzoli" se iban añadiendo palabras a ese eco que retumaba dentro de su cráneo.

- Puedes parar el coche Becca, creo que voy a vomitar.

- Cariño, en cuanto lleguemos al hotel te hago una exploración, esto no es normal ya.

- Por cierto, hablando del hotel, no he hecho ninguna reserva, Ángela insistió en que os quedaríais en su casa, no me ha dejado otra opción.

En ese momento Maura no aguantó más y echó toda la papilla por el salpicadero.

- Por Dios, Maura, vamos al hospital.

- No es necesario, soy médico y tu hermano también.

- Creo que está abusando de la medicación, dijo el hombre.

Becca miró con preocupación a su cuñada y le agarró al mano, te vendrá bien este cambio de aires, ya verás.

Llegaron a la casa familiar en apenas 15 minutos, Frankie ya estaba esperándoles junto a sus padres y su suegra, Martha Thomas, todos hicieron un gran recibimiento a los nuevos huéspedes.

- Cariño, ¡cuánto tiempo sin verte! Cada día estás más guapa. Martha abrazó a su nuera.

- Hola mamá, yo también me alegro de verte, dijo Marcus por detrás.

- No te celes, hombre, a ti no hace mucho que te vi, pero a esta encantadora mujer ya hace más de seis meses. Te perdiste las dos últimas reuniones familiares.

- Ya sabes, el trabajo...

- Lo sé, cariño.

- Eso me recuerda a alguien, dijo Ángela, pero por favor pasad, no os quedéis en la puerta.

Ángela Rizzoli desfiló por la casa seguida de sus invitados, les mostró todas las estancias y los guió hasta sus respectivos cuartos.

- Tenéis ese armario libre, podéis acomodar vuestra ropa en él, en el baño os he dejado toallas limpias, poneros cómodos, en 15 minutos estará la comida.

- Gracias Ángela, dijo Marcus, esto es mucho mejor que cualquier hotel.

La señora Rizzoli sonrió orgullosa, - Es un placer, querido.

Se sentaron a comer y todo fue transcurriendo con mucha normalidad, incluso podría decirse que muy bien, todos hablaban, contaban sobre todo anécdotas sobre los novios y como siempre cuanto más embarazosas mejor, pero todos estaban de buen humor y rieron un montón, Maura por el contrario se limitaba a sonreír y a remover la comida en su plato.

- Maura, casi no has probado la comida, ¿no está buena? dijo Ángela preocupada.

- No me encuentro bien, el vuelo me ha revuelto el estómago.

- Cariño, no tienes buena cara, dijo Martha, - ¿no estarás... Y sus dos hijos la mataron con la mirada, desde lo de Jimmy Maura no quería oír hablar de hijos y parecía mentira que Martha no lo supiera.

- Puedes subir a la habitación a descansar si te apetece. Quiero que te sientas como en tu casa, por favor, dijo la italiana.

- Pues creo que me voy a acostar un rato, pero guardarme un poco de esto, tiene un pinta deliciosa.

Ángela asintió y Becca se ofreció a acompañarla al cuarto.

Por el camino se atrevió a preguntar. - ¿Cómo están las cosas entre vosotros?

- No es un buen momento Becca, te prometo que hablaremos, pero ahora no.

Su cuñada lo entendió, le ayudó a acostarse y le dio un beso en la frente mientras la tapaba un poco. - Descansa, y apagó la luz y salió en silencio.

Ambas se llevaban muy bien, eran buenas amigas a parte de lo familiar, pero desde la muerte de Jimmy, Maura se había aislado del mundo y Becca la echaba de menos y sentía pena por ella, había intentado muchas cosas pero nada funcionaba.

La nueva familia terminó de comer y después de la sobremesa decidieron salir a pasear por la ciudad, era un buen momento para conocer algo de Boston, hacía un día precioso de sol, daba gusto andar al aire libre. A Maura la dejaron descansando, Marcus había subido a verla y dormía, así que no la quiso despertar .

Eran las 7 pm y Jane por fin estaba en su coche camino a su casa, antes tenía que parar en casa de sus padres a saludar a los invitados, cosa que le apetecía poco, incluso estuvo a punto de pasarse el desvío a propósito. Aparcó el coche casi enfrente de la casa, tomó aire y se marcó una sonrisa, tenía que ser algo simpática sino tendría que aguantar los reproches de su madre para el resto de su vida.

Entró en la casa pero solo encontró silencio, gritó varias veces, - ¡Ma!¡Ma! mientras recorría toda la planta baja.

La pelirroja escuchó los gritos y se despertó, incluso le parecía que decían su nombre, se levantó y fue hacia la puerta.

Jane pudo escuchar los pasos en la planta de arriba. - ¿Qué demonios? ¡Ma! ¡Frankie!, subió las escaleras de dos en dos y ya arriba escuchó abrirse una de las puertas, se fue acercando despacio hacia ella.

-¿Estáis jugando al escondite...? pero al situarse de frente al cuarto su voz se cortó, su corazón comenzó a golpear su pecho bruscamente.

Maura intentó sonreír, pero al segundo volvió a su cara seria, no sabía como reaccionar. La morena se quedó de piedra. - ¿Qué... ¿Cómo... movía los brazos sin orden ninguno, - ¿Tú..., dio un paso hacia atrás pero Maura lo ganó dando dos hacia delante.

No les hacía falta hablar, sus miradas lo decían todo, daba igual el porque o el como, se deseaban y eso lo demostraban sus ojos y sus cuerpos que se atarían como dos imanes. Jane volvió a dar un paso, pero esta vez hacia delante, Maura le tomó las manos y las acarició con los pulgares y abrió su boca para hablar. - Pues ni siquiera lo intentes...

Jane se dio cuenta al momento del mensaje, se pegó todo lo que pudo a su pelirroja, estaba casi segura de que todo aquello era un sueño o una alucinación, pero era una sensación maravillosa por lo que le daba igual. Acercó su boca a la de la forense y atrapó sus labios con los de ella, sus bocas se abrieron y comenzaron un beso suave, necesitado, intenso, tanto que las mariposillas revoloteaban por sus estómagos sin parar. Acabaron fundiéndose entre besos y abrazos, de esa manera que solo ellas podían, convirtiéndose en un solo ser, un ser mejor, un ser que podía con todo, se sentían invencibles, superheroínas, juntas se sentían seguras, a salvo, no existía el resto. Jane se separó un milímetro, solo uno, sus labios aún se rozaban.

- No vuelvas a dejar que yo tome las decisiones.

Maura negó lentamente con la cabeza. - No te imaginas lo que te he echado de menos...

- Estoy completamente enamorada de ti, Maura.

Es un poquito más largo de lo que acostumbro, pero después de estas semanas de espera ¿qué menos? Nos leemos la semana que viene y de antemano gracias por la paciencia y por seguir ahí.