CAPÍTULO 10

Halloween II

¿Esque no se daba cuenta? No, parecía no tener ni idea, porque se movía delante de él con absoluta indiferencia mientras charlaba con ese híbrido entre francés y británico. Rose no podía haber escogido un traje menos provocativo que ese, y Malfoy pensó que nunca había visto una vampiresa tan embaucadora como aquella. Por Merlín, aquél vestido ceñido al cuerpo le estaba poniendo enfermo, y los ojos castaños remarcados en negro no le ayudaban a serenarse. Pero tendría que hacerlo, tendría que mostrarse frío cuando hablara con ella después de la fiesta.

Porque esa noche no dejaría que se fuera sola.

La fiesta estaba bastante animada y una música alegre revoloteaba por todo El Gran Comedor, haciendo bailar a su son hasta a los alumnos más cohibidos. Para su fastidio, ahora sonaba una canción lenta y ese tal L'uissier había agarrado a Rose por la cintura y ahora bailaban pegados, demasiado para el gusto del Slytherin. Pero, en lugar de mostrar su enfado, decidió pagarla con la misma moneda. Sin previo aviso, tomó la mano de Cynthia, que, a decir verdad, estaba espectacular aquella noche, y la sacó al centro de la sala. Allí varios alumnos bailaban al son de lo que parecía un vals, pero algo más moderno que los clásicos. Scorpius colocó a la Slytherin frente a él y se aproximó más, juntándose tanto que la chica parecía estar desprendiendo corazones por los ojos.

Miró de reojo a Rose, y efectivamente, tal como él deseaba, la pelirroja también le miraba a él. Permanecieron así casi un minuto, dando pasos de baile con sus respectivas parejas pero sin dejar de observarse. El rubio apretó un poco más el agarre de la cintura de Cynthia, mientras que Rose colocó una mano sobre el cuello de Daniel y se aproximó un poco. Maldito francés relamido ¿Qué hacía con ella? Simplemente, era suya. Nadie excepto él tenía que tocarla de esa manera, ni estar tan cerca. No. No podía seguir contemplando aquello.

Cuando terminó la canción, Scorpius se alejó de Cynthia tan rápidamente que a Rose no le dio tiempo de ver dónde se había metido. Miró al Huffelpuff con simpatía y agradecimiento por acompañarla en esa noche, su compañía era agradable, pero lo cierto era que a veces era demasiado pesado, por Merlín, no se había separado de ella en toda la fiesta. Con una educada disculpa se despidió de él alegando que iba a buscar a Emily y Albus, lo cierto era que deseaba reunirse con ellos, pero los vio demasiado ocupados con sus respectivos acompañantes. La castaña charlaba animadamente con Luis y con las mejillas fuertemente teñidas de rojo, mientras que su primo abrazaba a Chloe algo reticente y con cara de cansancio. Rose pensó en ir a echarle un cable y sacarle de ese apuro, pero, pensándolo mejor, lo dejó solo. Se tenía merecido aquello, por juntarse con cabezas huecas como esa Gryffindor.

Decidió entonces salir al pasillo, algunos alumnos ya habían empezado a marcharse de la fiesta debido a que era tarde, y El Gran Comedor se había llenado peligrosamente rápido de parejitas felices que bailaban al son de la música o charlaban acaramelados en los bancos. Y ese era un espectáculo que a Rose no le gustaría ver sola y con cara de pasmada, mejor sería ir fuera y entrar dentro de un rato, cuando sus amigos se vieran liberados de las garras de sus parejas.

En el hall se encontró a algunos conocidos de su mismo curso y charló trivialmente con ellos, pero enseguida se marcharon a las habitaciones debido a que estaban agotados. De modo que, allí estaba, apoyada en la barandilla de las escaleras y dudando en si irse a dormir ya o no.

-¿Aburrida, Weasley?.- alzó la vista para mirar como Malfoy se acercaba. Totalmente vestido de negro y con la piel pálida podía causar verdadero temor, aunque llevaba el antifaz en la mano. Rose se encogió de hombros sin muchas ganas de replicarle, sabía que ese retorcido Slytherin se metería con alguna parte de su disfraz.

-¿Dónde te has dejado al francés?.- su tono de voz se había vuelto un poco más serio de repente, y Rose contempló como el rostro de Scorpius se había endurecido. Ahora permanecía a su lado, apoyado también en la barandilla y mirándola fijamente.

-He salido a despejarme un poco.

-No me extraña, lo que me sorprende es que hayas podido estar con él más de 10 minutos seguidos. Destila cursilería por los cuatro costados. – una mueca de aparente diversión surcaba su rostro, pero a la pelirroja no se le escapaba que estaba más tenso de lo habitual. Apretaba la mandíbula y el antifaz a partes iguales.

-¿Tanto te importa que esté con él?.- Rose arqueó las cejas y no pudo evitar sonreir un poco, tal vez por lo cómico de la situación y en parte por que aquellas palabras la habían pillado totalmente desprevenida.

-No digas tonterías, Weasley.- casi gruñó él mirando para otro lado.- sólo que no entiendo quién puede querer estar con ese imbécil.

-¿Imbécil? Ni siquiera lo conoces.

-No hace falta. Sólo con ver la cara de estúpido que tenía sin dejar de mirarte en toda la noche...

-Vaya, gracias por recordarme que le gusto, Malfoy.- emitió una pequeña risita, lo que hizo que el rubio se tensara más de lo normal y le dirigiera una mirada recelosa, hasta cargada de furia se atrevería a decir Rose.

-Cualquiera se fijaría en ti esta noche, con ese traje que llevas...

-¿Tengo que tomarme eso como un halago?

-¿Esque cuando escogiste ese vestido pensaste que nadie te miraría?.

-No.- respondió ella resuelta, y, a decir verdad, algo azorada por las contundentes palabras de Scorpius.- me gusta que me miren, pero no tú.

-¿Y quién te ha dicho que estaba mirándote?

-Ahora no vayas a negarlo, Malfoy.

-¿Por qué siempre tienes que replicar todo?

-Has empezado tú llamando estúpido a mi acompañante.

-Imbécil, no estúpido. Aunque esos calificativos son muy suaves teniendo en cuenta lo que pienso de él.

-Pues es un chico encantador, y muy simpático.

-¿Estás saliendo con él? .- su mirada acerada ahora la escrutaba, intensamente, y su boca estaba formada por una fina línea, mientras los músculos de su cuello estaban en absoluta tensión. Rose no contestó enseguida a aquella pregunta, en su lugar se quedó un rato en silencio. Se le hacía verdaderamente extraño que Scorpius se alterara de esa forma hablando de Daniel.

-¿Crees que voy a responderte a eso? .- dijo por fin, algo condusa.

-¿Eso que significa? ¿Sí o no?

-No, Malfoy. Pero si lo hiciera serías el último en enterarte. O tal vez el primero, dado que te molesta tanto...

-¿Por qué iba a molestarme? Pensaba que eras inteligente, Weasley, pero demuestras bastante estupidez al pensar eso.

La pelirroja sonrió para sus adentros. Sabía que Malfoy nunca lo reconocería, pero ella juraría que estaba celoso. Mortal y dulcemente celoso, y eso, en cierto modo, la halagaba.

-¿Y dónde está la muñequita de Cynthia? ¿Retocándose el maquillaje, o tal vez contoneándose delante de todo el alumnado?

-Los celos terminarán por desquiciarte, Weasley. Haz el favor de controlarte.

-¿Celosa yo?! Se cree el ladrón que todos son de su condición.

-¿Qué demonios dices? – replicó.

-Pues eso, que aquí el único celoso eres tú. Me parece.

El Slytherin la miró como si se hubiera vuelto loca. Maldita sea, había hablado más de la cuenta y ahora ella estaba con una clara ventaja. No tendría que haber dicho todo aquello, estúpido, estúpido, estúpido. Ahora se creería, y tal vez estuviera en lo cierto, que él tenía celos. No sabía si lo que sentía era aquello, sólo sabía que haberla visto con ese francés le había carcomido por dentro y no había podido apartar la vista de ella en toda la noche.

Por su parte, Rose respiraba con furia y a golpes, con los brazos cruzados y mirándole fijamente, casi con rabia. No sabía lo que le hacía sentir ese rubio arrogante, pero la enfurecía y la atraía a partes iguales.

De repente, y sin previo aviso, Malfoy tomó con una de sus gélidas manos la muñeca desnuda de Rose y tiró de ella. El Slytherin ya se disponía a subir las escaleras pero Rose se detuvo.

-¿Qué crees que haces?

-Vamos a un sitio más tranquilo, aquí no se puede hablar.- contestó Scorpius con frialdad, reanudando el paso. La Gryffindor dudó unos instantes, dudaba que lo que fueran a hacer fuera hablar, pero esa firme mano sujetándola, esa extraña invitación por parte del rubio, era difícil de rechazar.

Anduvieron en silencio bastante rato. Rose se había soltado del agarre de él, pero permanecían muy cerca, proporcionándose calor entre el frío invernal de los pasillos. Llegaron a la tercera planta y Malfoy se detuvo delante del aula de Encantamientos. Pronunció en voz baja alohomora y la puerta se abrió enseguida. Rose siguió al rubio hasta el interior, y después observó como este volvía a cerrar la puerta con llave.

-Podrían descubrirnos.- dijo la pelirroja apoyándose contra una de las mesas. Scorpius se dio la vuelta y la miró, tenía las manos en los bolsillos y el semblante serio, mientras se acercaba lentamente, casi como un felino en mitad de la noche.

-Todos están demasiado ocupados en la fiesta.- contestó él sin variar el tono de voz. Era bajo pero firme, y no parecía estar tan alterado como minutos antes hablando en las escaleras.

La pelirroja asintió brevemente y se retorció en su posición. La mirada gris e inquisitiva del rubio la incomodaba, y no ayudaba nada esa media sonrisa que siempre parecía tener en la boca. Carraespeó un poco y desvió los ojos de los de él.

-¿Qué te ocurre Weasley?.- preguntó él arqueando las cejas. Ya estaba muy cerca, a menos de un metro de distancia, y Rose sintió sus piernas desfallecer, de modo que se sentó en el borde de la mesa. – te noto...nerviosa.

-¿Por qué iba a estarlo?.- respondió ella con dificultad. Sentía su lengua pesada y no podía pronunciar palabras con claridad. Sintió como su respiración se agitaba cuando Scorpius la miró de arriba abajo, sin pudor o reparo. Sus ojos metálicos se detuvieron en sus piernas, subiendo por su falda, por su escote, hasta llegar a su rostro, ligeramente enrojecido por el repaso. Él esbozó una sonrisa entre maliciosa y divertida, mientras no dejaba de observar a la Weasley.

-Pareces otra sin el uniforme.- Rose sintió como le subía el calor a las mejillas y se maldijo por ello. No quería que Scorpius la viera sonrojarse por sus palabras. Bajó la cabeza instintivamente, pero esa posición no duró mucho, porque Malfoy la había tomado por la barbilla y ahora la obligaba a mirarle.- ese vestido tuyo ha desatado muchos suspiros esta noche, Weasley. Y eso sí es un cumplido.- Por Merlín, esa mirada gris iba a terminar por desquiciarla, y sintió que no podría aguantar mucho más manteniéndose quieta y rígida mientras él no paraba de acercarse. Sin casi darse cuenta ya estaba muy próximo su rostro, con sus largos dedos tomándola por la barbilla, impidiéndola moverse o apartar la vista.

-Gracias.- respondió con un hilillo de voz, rogando porque no se notara el acelerado ritmo de los latidos de su corazón.- tú también estás...muy....muy guapo.

-Eso ya lo sabía.- esbozó una sonrisa de insuficiencia y acortó la distancia entre sus bocas, aspirando ligeramente el perfume que desprendía el cuello de Rose.

-Engreído.- murmuró ella despacio, procurando no mover mucho los labios dado que si lo hacía se chocaría con los de él. Por Merlín, estaba demasiado cerca como para que Rose pudiera mantenerse serena y con la cabeza fría. Podía sentir como los ojos acerados de él aún la traspasaban, la observaban fijamente. Pero ella no lo veía, porque había cerrado los ojos ante su cercanía, imposibilitada de sostener aquella mirada por más tiempo.

Notó como la mano de Malfoy abandonaba su barbilla y se colaba por detrás de su cuello, sujetando su nuca con suavidad pero con firmeza, impidiendo que ella pudiera alejarse. No le veía, pero le sentía cerca y aspiraba su aromático olor y su aliento entre caliente y frío, como una mezcla extraña e imposible. Como se temía, y como llevaba deseando desde hacía varios minutos, los labios del rubio se posaron en los suyos con delicadeza, casi como una caricia, sin querer ir más allá. Permanecieron allí varios segundos, inmutables y fríos, rozando los labios carnosos de ella. Después, se separó unos centímetros y la miró de nuevo, fija e intensamente, como siempre hacía. Rose emitió un leve suspiro al notar la distancia, no quería que Malfoy se apartara de ella, quería tenerle cerca y sentirle, por mucho que le costara reconocer aquello. Le atraía. Le atraía como nadie lo había hecho jamás.

La pelirroja abrió sus ojos castaños y se cruzó de golpe con los fríos de él. El rubio permanecía quieto, con la mano aún en su nuca, y con los dedos ligeramente ensortijados en su pelo rojizo. Rose desvió la vista hacia la otra pálida mano de Malfoy, que ya se había deshecho del antifaz colocándolo en la mesa, y ahora navegaba peligrosamente por su muslo derecho. Notó aquella frialdad subiendo por su pierna, muy lentamente y apretando un poco más a medida que se acercaba a la cintura.

-Te falta algo para que ese disfraz sea completo.- susurró él.

-¿El qué?

-Basta con un sencillo hechizo.- abrió la boca unos milímetros, lo suficiente para que Rose pudiera ver como sus colmillos se habían vuelto más largos y afilados, simulando a los de un vampiro buscando sangre. La pelirroja no ocultó su asombro al presenciar aquel espectáculo de magia, que el rubio había conseguido sin pronunciar ni una sola palabra, solo mentalmente. Quiso preguntarle como había hecho aquello, pero la boca de Scorpius anidada en su cuello no se lo permitió. Cerró los ojos como por instinto y se dejó llevar por esa sensación. Los ahora nuevos colmillos del rubio la acariciaban ligeramente el cuello desnudo, intensificando en algunos instantes la mordida, como un pellizco pero sin llegar a hacer daño.

Rose dejó escapar un gemido al notar como Malfoy profundizaba en su piel, notó como los colmillos habían vuelto a tomar su tamaño natural y ahora eran los labios del rubio los que se encargaban de succionar su cuello. Con intensidad y determinación, era una tortura deliciosa que Rose sabía que le pasaría factura. Al día siguiente aparecería en su pálida piel una marca rojiza, pero en ese momento no le importaba, sólo quería que Malfoy no se detuviera.

-No pares.- le pidió la pelirroja al no notar la boca de Malfoy en su cuello.

-¿Cómo?.- murmuró Scorpius sin separarse ni un ápice.

-Que...- suspiró.- sigas...haciendo eso...

Rose no pudo verlo, pero el Slytherin esbozó una sonrisa triunfal. Eso era lo que él quería. Que la Gryffindor se volviera loca por él, que le pidiera más y más. Quería controlar la situación.

-Puedo ocuparme de otras partes.- ahora había abandonado su cuello definitivamente y se centraba en su rostro. Acercó la boca con decisión y la besó intensamente, explorando cada rincón que ella le permitía. Rose se dejaba llevar por el rubio, respondiendo a las necesidades de su lengua inquisitiva, rindiéndose ante la maestría con que él la besaba. Querría haber hecho algo más, participar de una forma más activa. Pero simplemente no podía. No podía pensar cuando él la tomaba de esa manera.

Se separaron al cabo de varios segundos, cogiendo aire con algo de dificultad. La pelirroja se percató que durante el beso Malfoy se había echado un poco sobre ella, y ahora estaban casi recostados en su totalidad encima de una de las mesas. Miró los ojos grises de Scorpius, que la escrutaban a conciencia. Estaba completamente encima de ella, y sus piernas se entrelazaban ligeramente, mientras el Slytherin mantenía las manos apoyadas a ambos lados de su cabeza para no dejar caer todo el peso sobre ella. Estaba total y completamente acorralada entre aquellos brazos tonificados por el deporte, y lo pero era que no quería escaparse.

Sorprendentemente, hasta ese momento no había estado nerviosa, sólo algo turbada por las exigencias de Malfoy. Pero ahora, cuando su mano comenzó a contornear sus caderas y palpar su abdomen por encima del vestido, sintió quedarse sin respiración. Más aún cuando la boca del rubio bajó por su cuello hasta su escote, muy próximo a sus pates más íntimas. Sembraba besos aparentemente castos y delicados en cada lugar de su piel, mientras una de sus manos buscaba la cremallera lateral del vestido para bajarla.

-¿Qué haces?.- preguntó Rose algo asustada. Nunca se imaginó que podría llegar tan lejos con Scorpius, y menos ese día. El Slytherin se detuvo a medio camino entre su vientre y su pecho y la miró fijamente. Levantó una ceja en señal de no entender nada.

-¿Tú qué crees?.- esbozó una sonrisa terriblemente seductora y por un momento la pelirroja pensó en ceder. Pero no. No se sentía preparada. Y menos con él, todo iba demasiado deprisa.

Rose hizo amago de querer levantarse pero Scorpius se lo impedía, encarcelándola entre sus brazos y con el cuerpo encima del suyo.

-Será mejor que nos vayamos de aquí.- consiguió decir ella aún alterada por la situación. El rubio, aunque extrañado, se apartó y dejó que ella se sentara en la mesa y se subiera la cremallera que él mismo había bajado un poco. Se alisó con los dedos el pelo rojizo y se levantó alisándose el vestido. Malfoy pudo comprobar como sus piernas temblaban un poco, y no pudo determinar si era por deseo o por temor.

Por unos instantes el rubio se sintió furioso. Weasley le había rechazado, a él. A Scorpius Malfoy. Miles de chicas rogarìan por estar con él, pero esa pelirroja le había apartado casi con brusquedad. ¿Por qué?

Se paró a mirar a Rose con detenimiento. Estaba verdaderamente increíble con aquél traje negro, sin enseñar pero insinuando las curvas que no mostraba con el uniforme y la túnica del colegio. Pensó en decirla algo hiriente, algo que denotara su enfado. Pero al observarla, se percató de que si hacía eso probablemente nunca conseguiría lo que se porponía. Si hubiera sido otra chica se habría marchado de allí y habría buscado a otra, sin más complicaciones. Pero con Weasley le ocurría algo distinto. Quería estar con ella. Y no cesaría hasta intentarlo, aunque tuviera esperar como no hubiera esperado en su vida.

No podía permitirse perderla.

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Rose entró en la habitación con sigilo, procurando no despertar a Carlota Strass que ahora durmía plácidamente. Emily aún no había llegado.

Se quitó los zapatos de tacón con alivio, le habían estado torturando durante toda la noche, y se tumbó en la cama dando un amplio suspiro. Se había marchado vertiginosamente rápido del aula de Encantamientos, y para su sorpresa, Malfoy no le había impedido el paso. Frunció el ceño confusa, no sabía si eso tenía que sentarle mal o bien. Por un instante deseó que el rubio la tomara de la muñeca como hacía tantas veces y la besara, pidiéndola así que no se marchara tan deprisa. Pero, por Merlín ¿Qué decía? Era Scorpius Malfoy, un arrogante que nunca pedía ni suplicaba nada.

Se cruzó de brazos algo molesta. Molesta consigo misma. Era consciente de que se había mostrado débil ante él, escapándose como una muchachita austada entre sus brazos. Ella no era así, en absoluto.

Pero no continuaría de esa manera. Malfoy la había transformado en pocos días, logrando que se rindiera a sus encantos y permitiendo que hiciera con ella lo que deseara. Ahora las cosas serían diferentes. Ahora ella sería la que marcara el paso, la que dijera cuando sí y cuando no. Iba a ser fuerte ante Scorpius Malfoy.

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Mil perdooones por publicar tan tardee, ya sabéis, me faltan horas! xD

En fin, ¿qué os ha parecido? A partir de ahora las cosas van a cambiar un poquito. Un besazo y gracias por los reviews!