Declaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras. Esta historia sale de un reto propuesto por Darkmatter Black del foro El diente de león.
.De celos y otras extrañas emociones.
~GALE POV~
Tres semanas después del rescate de los Vencedores, apenas soy capaz de mover la mano derecha sin sentir que el fuego recorre mis tendones. La rehabilitación es dolorosa, pero como en todo lo que hago, soy bueno. Los médicos están fascinados con la movilidad que consigo apenas sintiendo dolor. Al menos es lo que ellos creen, tener un rostro poco expresivo tiene esa ventaja. El problema es que no puedo fingir todo el día y para cuando llega la noche mi rostro solo refleja dolor.
Ahí es cuando ella surte efecto. La enclenque Madge Undersee ha resultado ser de mucha ayuda últimamente, por lo que la veo poco y nada. Pasa la mitad del tiempo con Catnip, llenando el vacío que existe por su falta de habla. También pasa algunas horas con Peeta. Solo estuve en algunas ocasiones presente mientras estaban juntos y debo decir que esa chica debe aprender a mantener las malditas distancias. Para cuando llega la noche está exhausta, pero se las arregla para escabullirse hasta mi compartimiento. El cordero siempre regresa a mí.
— Buenas noches — exclama alegremente cuando abro la puerta, se apega besando mi mentón y debo fingir la sonrisa.
— Buenas noches Madge — acaricio con la mano izquierda su cabello, húmedo por la ducha — ¿Qué tal tu día? Apenas te vi en las comidas.
— ¡Bien! Se siente realmente bien ser de ayuda — apuesto que es algo nuevo para ella, siempre teniéndolo todo al alcance de la mano sin tener que hacer nada por nadie — Peeta está mejorando Gale — me mira y sonríe tan tiernamente que me asquea, la veo acomodarse en mi cama.
— Si seguro… apuesto que ya no quiere matar a Katniss… quizás ahora solo quiera mutilarla y ya — acoto con sarcasmo ocupando un lugar a su lado, apoyo apenas la mano en el colchón para impulsarme y la electricidad me recorre y mi boca se tuerce en una mueca.
— ¿Duele? — Desliza su mano desde mis dedos hasta mi hombro, acaba acariciando mi mejilla — deberías decirle a los médicos… quizás un analgésico más fuerte te ayude Gale.
— Si me dan medicinas no me dejaran volver Maddie… debo volver — la milicia, junto con Katniss, son las únicas cosas que me impulsan a seguir.
— Entiendo — besa mi mejilla, siento su mano recorrer mi pecho desprendiendo uno a uno los botones de la camisa gris — ayudaré a que te sientas mejor ¿Si?
— Gracias… — le sonrío, esta vez sin tener que fingir — cuéntame más… de tu día — quita por completo la camisa, quedándome con la camiseta de tirantes, cierro los ojos esperando.
— Peeta recordó algunas cosas de su infancia en el Doce, sus hermanos, su primera Cosecha, como hornear pan — relata algunas anécdotas estúpidas del panadero mientras acaricia mi brazo derecho, masajeando suavemente los músculos — incluso Finn fue a verlo hoy…
— ¿Odair? — mascullo sintiendo como la tensión se libera, sus dedos pasando suavemente por mi piel.
— No resulto muy bien realmente… Peeta enloqueció al verlo… pero pude contenerlo.
— ¿Contenerlo? — roza su pulgar en mi muñeca y el hormigueo me recorre, detesto que lo haga tan bien.
— No estaba esposado, así que lo abrace hasta que Finnick saliera de la habitación — pasa a masajear mi mano.
— ¿Qué? — Abro los ojos de inmediato — ¿Qué dijiste? — insisto agarrando su mano con fuerza.
— Auch — susurra y aflojo el agarre — ¿qué esperabas que hiciera?
— Salir corriendo de ahí… entiendes que pudo haberte herido… — la atraigo hacia mí, que la esté usando no significa que la quiera herida, no físicamente al menos.
— Gale… — sus ojos azules se enfrentan a los míos — Peeta apenas tiene fuerzas para mantenerse despierto algunas horas, apenas come — sus ojos se ponen vidriosos y sé que los celos están burbujeando en mi interior — no puede levantarse de la cama siquiera…
— Me da igual el estado del traidor de Mellark Madge… tú me preocupas… mantente alejada de los problemas — la aferro a mi cuerpo con mi mano buena, siento sus manos en mi espalda y su aliento en mi cuello, donde siempre acaba refugiándose.
— Él es mi amigo Gale, bueno lo era… no puedo dejarlo atrás, tú no lo dejaste atrás.
— Basta… — musito cansado de oírla hablar de él, la siento rozar su nariz en mi cuello y un temblor recorre mi cuerpo.
— Está bien — susurra apenada — seguiré con el masaje — intenta alejarse de mi cuerpo, pero lo impido — ¿Gale?
La beso. No es un beso suave, soy bruto, la beso con ganas. Muerdo su labio inferior y recorro su boca con mi lengua. Le siento suspirar y apegarse a mí, agarrándose de la tela de mi camiseta. Me separo apenas de sus labios para recobrar el aliento y vuelvo a besarla. Se estremece entre mis brazos y en algún punto gime por lo bajo.
Pienso en la primera vez que tuvimos sexo, en la única vez que lo hicimos y siento como el calor desciende a mi bajo vientre. Quito su vestido sin recibir queja alguna y paso a besar su cuello. Me regala más suspiros y otros gemidos cuando me encargo de sus senos, lamiendo ligeramente sus pezones. Apega su menudo cuerpo al mío, siento su calor y ese aroma a lavanda que parece desprender su piel.
Recorro cada centímetro de su espalda con mis manos. Me deshago del resto de su ropa y me pongo sobre ella besándola con rudeza nuevamente. Siento sus dedos enredarse en mi cabello y me estremezco. Quito como puedo mis pantalones tomándola sin delicadeza de sus caderas, la hago mía nuevamente.
Gime algo fuerte, obligándome a besarla nuevamente. Está vez ella lame mis labios, algo tímida. La apego a mi cuerpo moviéndonos más y más. Siento sus labios en mi cuello y sus uñas apenas arañando mi espalda y el fuego se enciende y se propaga en mi interior. Damos una vuelta en la cama. Acabo sentado y ella sobre mí. Se mueve lentamente sobre mi erección y siento que acabaré en cualquier minuto. La tenue luz me permite ver su rostro. Está sonrojada, me mira llena de deseo y sin embargo también la veo tierna y estúpidamente enamorada.
Y la culpa punza mi espina, y por un momento el rubio rizado es caoba oscuro. Los ojos azul tormenta son gris plata y solo mi nombre susurrado pertenece a Madge. Me corro en su interior aferrándola a mi cuerpo, siento su aliento cálido en mi pecho. Nuestras respiraciones agitadas y el ligero temblor posterior al clímax. No quiero mirarla, temo volver a Madge en lugar de mi amada Katniss.
— ¿Todo bien? — Reparte besos en mi hombro sano hasta llegar a mi cuello, obedientemente se detiene ahí y sonrío, la niñata no podría hacer nada que yo no quisiera — Te has quedado muy quieto.
— Nada — respondo a la defensiva, me enfoco en sus ojos, extremadamente azules y le sonrío— me quedé pensando en… — se levanta como si nada— ya sabes… — se pone roja y se encierra en el baño.
— Pastillas — susurra más para sí que para responderme, pienso en lo fácil que es saber las emociones del cordero— las tomo desde… la última vez.
— Ya — me quedo tendido en la cama simplemente poniendo mis pantalones en su lugar.
— Ya… — repite minutos después saliendo del pequeño cuarto, no sé en qué momento la tomo, pero está completamente vestida — nos vemos mañana en el desayuno.
— ¿No te quedarás? — pregunto cómo cada noche, no lo deseo, pero sé que es algo que un novio normal le preguntaría a su bonita chica.
— No, lo siento — musita cohibida, se acerca hasta donde estoy y besa mi frente, sus labios trasmiten calidez, al igual que su mano en mi cabello y me pregunto si recibiría algo como eso de Katniss algún día.
— Descansa Maddie — la tomo por la nuca y beso sus labios suavemente, suspira cuando me alejo.
…
— Peeta — la veo sonreírle a la escoria rubia, él le sonríe también y quiero golpearlo — Te encuentras mucho mejor hoy.
— ¡Madge! Te ves preciosa.
— Es imposible, sabes… el gris no es un color que le siente bien a nadie — su risa burbujeante llena el recinto y no puedo evitar pegarme más a la ventana de acrílico que me separa de ella.
— A Katniss — susurra el panadero bajando la vista — los ojos de Katniss son grises y…
— Son los ojos más lindos de Panem tienes razón.
— Si… — la mira fijamente — ¿Por qué estás aquí? Es temprano.
— Buenas noticias Peeta, te vienes conmigo a desayunar — alcanzo a ver el asombro reflejado en el rostro del chico, me preocupa más la felicidad de Madge al hablarle a él.
— No puedo salir, está prohibido.
— No hoy, y si todo sale bien…
— Si no enloquezco quieres decir.
— Si todo sale bien — repite ella con entusiasmo— ¡no volverás aquí Peeta!
— ¿De verdad?
— Te darán tu propio compartimiento — exclama emocionada.
— Esas son excelentes noticias — susurra acercándosele a la rubia — gracias Madge…
— Alégrate, Peeta volverás a verla… — lo abraza, golpeo con fuerza el cristal que de su lado es apenas un espejo.
— ¿Qué ha sido eso?
— Y ella te verá — continua como si nada viendo con rabia en mi dirección — en vivo, al alcance de la mano.
— ¿En vivo? — no se ha separado de ella, voy a matarlo en cuanto salga.
— Ya sabes… debería ser un secreto — nada es secreto en ese cuarto Maddie — ella ha venido a verte, pero no la han dejado pasar.
— ¿Me temen? ¿Ella también? — Se separa bruscamente— ¿Tu?
— No te temo — afirma rotunda acariciándole el brazo, él se relaja, yo me contraigo — ni ella, pero es por seguridad y… por eso van a esposarte también.
— Entiendo… Me portaré bien Madge — le dedica esa asquerosa sonrisa de niño bueno.
El desayuno transcurre todo lo normal que puede. Katniss se sienta a mi lado y a su lado Prim. La chica del Siete se sienta frente a mí y me dedica furtivas miradas, a su lado Peeta y por ultimo Madge. El rubio se pasa el desayuno mirándome con odio y yo respondo cada mirada con una más cruda. Johanna le infunde confianza y Katniss apenas acota nada, pero no para de dedicarle miradas de pena y en dos ocasiones quiso rozar su mano.
— ¡Finnick! — Chilla la chica frente a mí — reúnete con tu alianza.
— Odair — sisea Peeta, instintivamente espero, la mano de Madge se posa en su hombro y le susurra algo que parece quitarle la tensión — Katniss…
— ¿Si? — volteo a verla y parece que nunca hubiese despegado su vista de él.
— Finnick… salvó mi vida… — parece costarle encontrar las palabras.
— Si… — finalmente lo toca, el acero de las esposas tintinea en la mesa cuando sus manos se juntan, aprieto los dientes y desvío la mirada al vencedor del Cuatro que parece pensar si se acerca o no.
— Me voy — apresuro a decir, me gano la mirada sombría del panadero — puedes sentarte en mi lugar Odair.
— Finn — musita mi supuesta novia, se ha sonrojado — recuerdas que…
— No me quedaré querida Madge — besa su mano galantemente y quiero golpearlo a él también — Peeta me alegro de verte.
— Yo no… aún — afirma el aludido sin soltar la mano de Katniss.
Me largo de allí, sintiendo como el desayuno se me revuelve en el estómago. Nada está saliendo bien. Peeta mejorando, Katniss acercándose a él. Madge sonrojándose por el superficial del Cuatro y él besando su mano; se suponía que tenía novia. Nadie me sigue, miro hacia atrás esperando ver a Madge detrás de mí pero se ha quedado con Katniss y Peeta.
Me siento como hace dos años. Katniss con dieciséis y yo enfrentando mi última cosecha. Mis deseos de huir con ella y con nuestras familias pujando por salir. Aquí, siento que ella nunca será mía y la necesito, la amo lo suficiente como para arrastrarla fuera de esta rebelión y simplemente huir. Pero eso no es posible para ninguno de los dos así que sigo mi camino hasta la guarida de Beete y me refugio allí contándole mis estrategias de caza y haciendo planes a gran escala sobre ellos.
— Soldado Hawthorne — saludo como corresponde a Boggs, el tipo del Tres apenas le dirige una mirada — tiene un asunto varios pisos más arriba Soldado.
— ¿De qué hablas Boggs? Hoy no es día de caza.
— No ha presentado sus pericias psiquiátricas Hawthorne — me dedica una mirada de reproche — el Doctor Aurelius está disponible en este momento.
— Usted sabe que soy eficiente — musito, no quiero tener que hablar con ese hombre.
— También sé a simple vista cuanto calza soldado — oigo a Beete ahogar una carcajada y recuerdo el sonido de mi bota chocando contra su rostro cuando estábamos en el ocho — Así que vaya con el psicólogo y quiero el informe a primera hora mañana.
— Si señor — de nuevo el estúpido saludo y se va.
— A lo tuyo Gale… me encargaré de trazar los planos para la doble detonación — asiento y tomo el siguiente ascensor.
…
— Buenas noches — ella sonríe, apenas la miro cuando se estrecha contra mi cuerpo, me hago a un lado para dejarla pasar.
— Mi hombro ya no duele — hace dos semanas que puedo moverme mejor, incluso he podido con la práctica de tiro.
— Oh… creí que era algo que hacíamos para vernos, no solo por tu hombro — noto la tristeza en su voz y quiero retractarme, pero el resto de mi día ha sido asqueroso y realmente no quiero soportar al estúpido cordero.
— No tengo ganas hoy Madge... — me tiro en la cama dándole la espalda, aplasto el rostro en la almohada esperando que simplemente se vaya — Vete…
— ¿Qué ocurre? — la escucho quitarse los zapatos, un terrible habito de su vieja y alfombrada casa, que no parece quitársele aunque el piso sea duro y helado.
— Solo vete si… — cierro con fuerza los ojos, mascullo una maldición para el maldito médico de la cabeza — te veré mañana.
— Me conoces lo suficiente — apenas se algunas cosas sobre ti — como para saber que no me iré Gale… no cuando pareces estar sufriendo— siento su peso en la cama y su mano acaricia mi cabello.
— Recuerdas… — me giro hacia ella sin abrir los ojos, pero inevitablemente un suspiro sale de mi boca cuando acaricia mi cabello — que me oíste hablar de la panadería…
— La… panadería — se detiene por un segundo pero reanuda su labor — lo recuerdo.
— Luego de gritarle a todo el mundo para que fuera al bosque, volví sobre mis pasos… solo había estado en la Veta y creí que aun había tiempo… la primera bomba estalló en el palacio de la Justicia — siento su mano abandonar mi cabeza y abro los ojos — Maddie.
— Sigue — pasa su mano por mi espalda, pero está ausente, quizás rememorando su propio bombardeo, me siento y la abrazo, inmediatamente oculta su rostro en el hueco de mi cuello.
— Seguí corriendo, si me detenía no salvaría a nadie y hasta podría quedar atrapado… mis gritos alertaron a la hija de los zapateros que había salido con su hermano al escuchar el estruendo.
— Delly…
— Entré corriendo a la panadería… pero solo estaba la madre de Peeta — me recorre un estremecimiento — me chilló que saliera de su tienda… le pedí que viniera conmigo, que buscara al resto de su familia, que si no había escuchado la explosión… no quiere escucharme, me echa a la calle y ahí los vi, corriendo hacia mí, los hermanos del panadero y su padre.
— Gale estás temblando — se mete en mi campo de visión pero sus ojos azules me recuerdan a Mellark y tengo que cerrarlos.
— El padre de Peeta… me tomó por los hombros, me dice que Delly le ha dicho, que buscarán a la mujer y se encontrarán conmigo en la valla… solo me había alejado algunos pasos cuando oí dos explosiones más… una columna de humo proveniente de la Veta y otra justo frente a mí.
— No fue tu culpa — esa frase parece inherente a ella, lo ha repetido cada vez desde que dormimos juntos y despierto sudando por las pesadillas.
— Volví a por ellos… escuchaba gritar al Sr. Mellark Madge… él me pedía que me fuera, luego se calló y las llamas lo consumieron todo… debí decirles que era en vano, que aquella mujer sabia, que yo le había dicho y se había negado a dejar la tienda… pero no lo hice.
— Gale… Gale…— me llama hasta que fijo mi vista en ella — ¿Por qué me cuentas esto ahora? — sus bonitos ojos azules están llenos de lágrimas.
— Me obligaron a ir con Aurelius— acoto sin más, me aferro a ella apoyando mi frente en su hombro — tenían que tener un informe sobre mi así que me obligaron… tuve que hacerlo y siento un vacío Maddie… no lo sé… no puedo explicarlo.
— Todo estará bien Gale… ¿ves humo… como la primera vez? — Niego, intenta moverse pero la aprieto contra mi cuerpo — Gale me haces daño… — la suelto por completo dejando mis manos en sus muslos, ha acabado a horcajadas sobre mí, no entiendo como siempre acabamos en esta posición.
— Lo siento…
— Debes ducharte… — susurra besando mis labios — así dormirás más cómodo — se quita de encima de mío.
— ¿Te irás? — susurro, reprendiéndome mentalmente por necesitar del cariño de la chica equivocada.
— A- aquí me quedo — un leve rosa tiñe sus mejillas.
— Dúchate conmigo entonces — sus ojos se abren de par en par y el rosa pasa a ser rojo intenso, me río a carcajadas.
— Ya me duché — exclama sin más, la miro luego de quitar mi camisa — no me duchare de nuevo Gale… no malgastare agua — sigo mirándola fijamente, me sonríe con ternura y se mete bajo las sábanas — aquí me quedo…
Dejo el agua correr sobre mi cuerpo. Pienso en Katniss, en su acercamiento a Peeta que ha sido un agradable retroceso. El chico ha enloquecido y si bien no logro poner un dedo sobre mi chica, le ha valido la suspensión de libertad. Aclaro mis posibilidades con ella y con el hecho de que en mi cama yace otra chica, su amiga, a quien claramente debería odiar por el papel que desempeña y sin embargo no puedo, porque ha hecho demasiada mella en mi cuerpo.
Me calzo unos pantalones y salgo del pequeño cuarto de baño. Espero encontrarla despierta, sentada, esperándome. En cambio me regala una de esas ocasiones que deseo experimentar con Katniss. Duerme de costado, dejándome admirar sus largas y doradas pestañas, su pequeña nariz, soy capaz de contar las pecas en el puente de su nariz. Me acuesto a su lado y se apega a mí en busca de calor. Beso su frente y sonríe, por un momento en mi cabeza cruza la loca idea de dejar a Katniss de lado y enfocarme en la rubia que si me quiere. Pero no puedo, Katniss es mi futuro y Madge es solo un medio para llegar a ella.
Hemos aquí a un muuuuuuuuy trastocado Gale jajaja. Ya no sabe ni de qué color es el cielo porque o es azul como los ojos de Madge o hay tormenta como en los de Katniss. Está confundido y en esa confusión cometerá errores, lo prometo jujuju.
Espero que les haya gustado este capítulo. Como siempre dejen su comentario!
Me atrasé un poco en la subida pero solo un día jeje.
MOMENTO SPAM
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Llegamos al capitulo 10! Siento que no le queda tanto... pero aun así no pierdo las esperanzas de agregar drama a la situacion xD
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
