Capitulo 10: FINAL

Optimismo: (nombre masculino) Tendencia a ver y a juzgar las cosas en su aspecto más positivo o más favorable.

Puedo como la luz del sol se filtra a través de mis ojos cerrados. No puedo más que dibujar una sonrisa, he estado esperando el día de hoy desde hace siete años, no tengo tiempo que perder, me levanto rápidamente y busco mi celular. Estoy nervioso y ansioso por llamarla, hay muchas posibilidades.

Tomo un momento para admirar mi cuarto, a mí mismo. Todo tiene un aura tan pacifica mientras yo estoy hecho un mar de ansiedad. Mi cuerpo está temblando, puedo verlo porque mi mano no ha parado de moverse desde que me levanté. No estoy seguro que sea bueno llamarla en estas condiciones, así que mejor me voy a calmar y primero llamaré a otra persona. Son las nueve veinte de la mañana, estoy seguro que para ahora ya está despierta.

Marco su número con cuidado y total concentración. He estado tan ansioso de llamar a Helga que siento que confundiré los números de un momento a otro. Tengo que ser consiente que no soy una persona grata para esta persona, pero de alguna forma tengo que comunicarle lo que estoy a punto de hacer, ella me ayudo a dar este paso, lo más normal es que se lo comunique. Escucho como el sonido del timbre en la otra línea suena, estoy tan ansioso que puedo jurar que los timbres son cada vez más espaciados. Retengo el aliento cuando escucho su voz.

—Hola —Suena ocupada, pero esto es más importante... creo.

—Buenos días Pheobe, es Arnold.

— ¿Qué se te ofrece? —Su voz no podría sonar más monótona si lo deseara, pero con lo que voy a decir espero que al menos cambie un poco la situación.

—Solo quería agradecerte lo que hiciste el otro día, gracias por traerme el número, estoy decido a traer de vuelta a Helga, no importa que tenga que hacer.

No hubo sonido alguno durante varios minutos del otro lado de la línea, estaba empezando a creer que en realidad le molestó que llamara a Helga, pero eso no puede ser posible pues ella me dio su número, no habría razón de que me lo diera y esperara que no la llamara, mi ansiedad empieza a crecer y lo noto cuando mi punta del pie golpea insistentemente el suelo.

—Gracias Arnold. —Dibujo una sonrisa en el rostro más tranquilo y siento cómo mi cuerpo se empieza a sentir en paz. —Es curioso, pero es la primera vez que escucho su nombre de tu boca en mucho tiempo. En fin, si es todo lo que tienes que decirme, voy a colgar, estoy un poco ocupada.

Entiendo. Entiendo perfectamente que Pheobe no quiera seguir hablando conmigo, aún tiene dolor y no la culpo, aún debe estar enojada conmigo y los demás por lo que hicimos, pero creo que si arreglo las cosas con Helga todo podrá mejorar. Me despido educadamente pero cuando estoy a punto de colgar siento un impulso.

—¿Pheobe? ¿Estás ahí?

—Sí, ¿Pasa algo?

Los nervios comienzan a comerme, pero él ya hizo mucho por mí, es hora de regresarle aunque sea un poco de lo que hizo por mí la noche anterior, aunque en este momento esté lastimado, sé sus intenciones no eran malas, así que es mejor tratar de arreglar un poco el desastre de hace años. Soy consciente que probablemente no pueda arreglarlo ahora, pero no por eso voy a dejar de intentarlo.

—Sí, pasa algo Pheobe. Es sobre Gerald...

—No voy a hablar de él Arnold.

—Pheobe! Es hora de que tú también perdones, sé que es difícil, nos mintió a ambos, nos hirió a ambos, pero mínimo deberías dejar que se explique, sé que lo ha intentado y no se lo has permitido, no te pido que lo perdones porque ni siquiera yo estoy seguro de poder hacerlo en estos momentos, pero sí te pido que lo escuches. Tú y yo sabemos que Gerald es una buena persona, lo que hizo estuvo mal, sí, pero mínimo escúchalo. —No sé qué gano con suplicarle, la verdad estoy cansado y no le veo mucho punto a abogar por Gerald, pero es algo que debo hacer por respeto a nuestra amistad, hasta ahora Pheobe no ha dicho ninguna palabra y empiezo a creer que ya ha colgado, está lastimada, y ahora soy consciente que es muy probable que Helga esté así de molesta conmigo, puede ser que ni siquiera quiera escucharme, cómo Pheobe con Gerald. Pero no me voy a rendir, voy a traerla de vuelta de alguna manera voy a traerla de vuelta.

—Lo pensaré. Hasta luego Arnold. —Lo dice simple, cómo para dejarme a gusto, así que no sé qué creer.

Y con eso cuelga. Bueno, no puedo hacer más. Al menos dijo que lo va a pensar y eso me deja un poco más satisfecho, espero y sea verdad que lo va a pensar. Me siento mejor, porque empiezo a sentirme el Arnold de antes, el que es seguro, y ahora sé que lo que siento por Helga es lo mismo que ella siente por mí.

Siento cómo mi cara se va deformando mientras pienso todas las posibilidades, ¿Qué tal si ella ni siquiera se acuerda de mí? ¿Qué tal si ella ya tiene una vida plena en otro lugar? ¿Cómo voy a hacer capaz de traerla de regreso si ella está feliz? ¿Seré capaz de traerla de regreso? Empiezo a preocuparme, mis pensamientos negativos se están apoderando de mí, pero no creo que sean negativos del todo. Son más realistas. Empecé a considerar a Helga cómo un objeto que puedo tener porque lo quiero, y no había sido capaz de darme cuenta que puede ser que ella también siente, y puede que esté mejor que yo.

Pero no lo sabré hasta hablarle, hasta saber cómo esta. Estoy cansado de sentir ésta culpa que me impide moverme, que me impide alcanzarla. Estoy cansado de extrañarla todos los días. No voy a ganar nada si sigo conservando estos sentimientos opresivos que hacen que me moleste por todo, que todo el tiempo este irritable, sin ganas de hacer nada, lamentándome. ¿Es así como quiero vivir? Por supuesto que no. Lo que quiero es amar sin culpa, así que tomo el teléfono y marco ese número que me aprendí de memoria.

Escucho cómo timbra, los segundos empiezan a parecer eternos, y de un momento a otro empiezo a sudar, resisto mi impulso de colgar, porque eso me llevaría a nada, así que espero mientras suena. Siento que mi corazón estalla cuando puedo escuchar en la otra línea su voz.

—Hola —No puedo creer, esa voz que tengo años sin escuchar endulza mis oídos, ¿siempre había sido así de dulce su voz? No recuerdo pero hace que presione fuertemente el teléfono, con todas mis fuerzas quiero pronunciar su nombre, pero sólo sale cómo un susurro... —Lo siento, no te has podido comunicar conmigo, deja tu mensaje después del tono... o lo que sea.

Es sólo un buzón de voz. No creo que sea prudente dejar un mensaje de voz pero voy a marcar este número hasta al cansancio, solo saber que voy a escuchar su voz cada vez que marque es suficiente para mí. Lo mejor será darle un poco de tiempo, puede ser que éste dormida, tal vez en donde vive tienen otro horario o no sé, pero lo voy a seguir intentando.

Bajo rápidamente las escaleras y encuentro a mi familia desayunando, tomo un plato y me uno a ellos. Hace tanto tiempo que no disfrutaba estar con mi familia de esta manera, pensé que sería incomodo pero fue todo lo contrario, los inquilinos me recibieron cómo si nada, y mis padres estaban muy entusiasmados por tenerme ahí. Subo lentamente las escaleras a mi habitación, y me detengo a ver cada cuadro de esta vieja casa, esas fotos en blanco y negro, ese papel tapiz bastante anticuado más sin embargo le da un toque único a la casa. Al llegar a mi habitación busco ropa, quiero salir y dar un paseo, hoy es un buen día, el clima está perfecto, cómo siempre y sé que ahora soy capaz de disfrutarlo.

Empiezo a caminar por las calles sin rumbo, pero siento la necesidad de pasar frente a la casa Pataki, quiero recordarla y sonreír. Avanzo por el otro lado de la calle y puedo sentir algo diferente conforme voy llegando, hay algo que no está bien, hay algo diferente. Las ventanas que la noche anterior estaban llenas de polvo, se ven limpias, tan limpias que parece que no hay cristal. Tienen una especie de perfección que me incomoda, me detengo observándolas un momento, cuando mi corazón se detiene. La puerta de la casa comienza a abrirse lentamente y puedo distinguir una silueta.

Es una chica, alta, con cabello rubio y corto un poco más arriba de los hombros, tiene puesto un short de mezclilla azul claro con una blusa color negro y una especie de kimono floreado color morado que le llega un poco más abajo del short. No entiendo por qué de pronto su ropa me resulta interesante, pero siento miedo. Mis ojos se sienten secos porque no he parpadeado en lo que parece una eternidad. Al parecer la chica nota mi presencia y se detiene frente la puerta. Sus ojos son azules, azules cómo un mar enojado, azules cómo en cielo tempestuoso. Se pone el cabello detrás de la oreja y puedo ver unos cuantos aretes alrededor de su oreja. Ella me mira directamente y mi estómago se siente pesado, empiezo a sentir mariposas y ella me dedica una media sonrisa.

Esta chica me resulta familiar, no puedo creer que alguien éste viviendo en la casa Pataki, si antes empecé a creer que era imposible regresar a Helga, ahora lo creo aún más. No puedo despegar mis ojos de ella y al parecer ella tampoco. No nos hemos movido por un buen rato, mi cuerpo no reacciona, quiero saber si ella está viviendo ahí, quiero saber si conoce a Helga, pero no puedo moverme. Si lo pienso bien debe ser un poco extraño ver a dos adolescentes, uno frente a otro a lados opuestos de la calle, mirándose fijamente. De repente escucho algo que hace que quiera desmayarme.

—Helga, necesito que te apresures a comprar lo que te pedí, por favor.

Como si fuera posible mis ojos se abren aún más. Al parecer esta chica frente a mi es Helga y siento que mis piernas no pueden sostenerme más. Ahora que veo con más detenimiento, la media sonrisa que me dedica no es inocente, está llena de autosuficiencia y un poco de ego. Puedo ver que despega esos ojos azules de mí, y me siento vacío. Comienza a caminar por la calle y veo cómo desaparece.

Necesito sentarme, y ahora que soy consciente, mi garganta está seca, busco un lugar para sentarme y procesar lo que acaba de pasar. Por unos minutos tuve frente a mi Helga Pataki. No lo puedo creer. ¿Qué tan probable era que pasara esto? Solo alguien con mi suerte, si el destino no está tratando de decirme que tengo que aclarar las cosas con ella entonces lo tomaré cómo que está haciendo una broma cruel. Se ve tan diferente, tan hermosa. No sé cómo le voy a hacer para acercarme. Se dibuja una sonrisa en mi rostro pues pensaba que una Helga de diecisiete años se vestiría con ropa negra y usaría mucho delineador para ojos, algo gótico, no sé, algo más de acuerdo con su actitud, pero la nueva Helga es diferente. Es tan diferente que me da miedo. Irónico. Creo que todo lo que ha pasado hasta ahora, tiene una razón. Ahora entiendo el camión de mudanzas a las once de la noche. Estoy nervioso, pero no tengo nada más que perder, superé la culpa y ahora me toca luchar por lo que quiero. Algo me dice que lejos de un final, esto será el inicio de algo muy interesante.

FIN

[Primer tomo]