La reparación del daño primigenio

Fue en un pestañeo, y un grito desesperado quiso detener al draconequus que iba a entregarse voluntariamente a la muerte. Las tres princesas, atrapadas por la hiedra, no llegaron a ver más que un cuerpo delgado interponiéndose entre ellas y la terrible maldición. Luego no pudieron ver más, lo mismo que las cinco ponis más allá. Hubo un destello rojo, un impacto que se sintió como dos, y estertor desgarrado que más bien parecían dos voces destrozadas a coro.

Y entonces, cayó el silencio. Un silencio pesado, asfixiante, donde se esparcía una quietud desesperante, donde todo estaba detenido de repente, expectante de un resultado trágico. El viento cesó de soplar, la lluvia de caer, la tierra de temblar. Era como si los planetas y las estrellas del firmamento se hubieran quedado paralizados. Nadie respiraba, o sólo era la tensión que atenazaba sus estómagos.

Sólo había algo seguro: el Señor del Caos había entregado su inmortalidad por la de las princesas de Equestria.

—¡Discord! — gritó Fluttershy con la voz quebrada y su cara hecha un mar de lágrimas, y se lanzó en carrera hacia donde el draconequus estaba tirado. Las demás la siguieron.

Nunca habían llegado tan rápido a ningún sitio. Y al poner sus cascos allí, sus gargantas se anudaron al ver la herida infligida en su pecho, tenía un agujero como si le hubieran arrancado el corazón. Sólo Fluttershy fue capaz de acercarse más, hincándose a un lado suyo, y mirándolo a los ojos sin poder decir nada, sin poder hacer nada. Discord la miraba también, pero no parecía que sus ojos carmesí pudieran reconocerla, hasta que su pata temblorosa se asió al casco de la pegaso, mientras que con la otra se cubría la herida, como suplicándole perdón por causarle todo ese dolor.

Las demás contemplaban aquella escena respetuosamente, Applejack se quitó su sombrero, la melena de Pinkie se volvió lacia mientras su llanto afloraba, igual que Rarity, quien dejaba correr sus lágrimas, teñidas de negro por su delineador, y Rainbow intentaba resistirse a esa emocionalidad que la ponía incómoda, volviendo su mirada a las princesas. Decidió ir a liberarlas, para descargar en la hiedra todo eso que no podía o no quería expresar de otra forma, concentrándose en no golpear sin querer a alguna de las alicornios.

Cuando Celestia, Luna y Twilight se unieron al grupo, éste se estrechó más en torno al draconequus, quien recorrió con la vista a cada poni de su cortejo fúnebre, y todas pudieron notar su gesto de agradecimiento. Por primera vez, asomaron a cada ojo de Discord un par de lágrimas, y al caer sus párpados, su rostro adquirió una profunda expresión de paz, mientras sus colores se opacaban y sus extremidades se relajaban. Incluso se pudo oír su última exhalación.

Celestia y Luna bajaron la cabeza en señal de respeto y de honor, manteniendo semblantes serios pero compasivos. Ovillada en el piso, Fluttershy lloraba desconsolada, y una a una, sus amigas se fueron acercando a ella para tenderle un casco y darle un abrazo. Primero fue Rainbow, que intentaba mantenerse fuerte pero no podía soportar ver a su amiga así. Luego fue Twilight, y le siguió Applejack, así hasta que las seis se envolvieron en un abrazo, dándose fuerzas mutuamente. Parecía difícil entender que, pese a lo fastidioso que Discord podía llegar a ser, no merecía terminar así. No había sido quizá el mejor amigo para todas, aunque cada uno tiene sus defectos, y él no era realmente un ser malvado, de lo contrario no habría aceptado cambiar. Y no lloraban sólo por haberlo perdido, sino porque entendían el valor del sacrificio que había realizado.

Después de un rato de estar abrazadas, las seis ponis se separaron (no mucho) y se enjugaron los rostros. Rarity y Applejack intentaron calmar un poco a Fluttershy y Pinkie, y Rainbow les secundaba de tanto en tanto, ya que vigilaba con cierto recelo a Discord, como si creyera que en cualquier momento despertaría y se burlaría de ellas por creerse su muerte. Sin embargo, no había ningún atisbo de vida en aquel cuerpo heteromorfo. Por su parte, Twilight entendió que había que ponerse en marcha nuevamente, y por eso debía hablar con las Hermanas reales. Además, le extrañaba que no hubiera señales de Alucord.

—Princesa… — dijo Twilight, con los ojos llorosos, dirigiéndose a Celestia — ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Qué… qué ha pasado con… con Alucord? — pronunció el nombre del draconequus mayor con cierta vacilación, temiendo que apareciese de improviso.

La princesa del día no respondió, sino que tras un breve vistazo hacia atrás por sobre su hombro, desplegó sus alas y salió volando, dejando a la alicornio de color lavanda sin respuesta.

—¿Princesa Celestia…?

—Espérennos aquí — intervino Luna, que entendía lo que su hermana iba a hacer —, no se muevan hasta que nosotras volvamos… por favor — y antes de salir, agregó: — Quédense… con Discord.

Dicho esto, la princesa de la noche alzó vuelo, alejándose hasta alcanzar el punto blanco que era la hermana mayor. Más allá, lejos en el horizonte, podía verse un bulto tendido, de forma irregular, y súbitamente, Twilight le dio la espalda. Ya se había dado cuenta de lo que había ocurrido.

—¿A dónde fueron las princesas, Twilight? — preguntó Rainbow.

—Ellas ya nos lo explicarán. — contestó la princesa de la magia con un suspiro, sin mirar a la pegaso color cian. No tenía ganas de formular ni exponer hipótesis sobre lo que había ocurrido con ambos draconequus cuando Alucord lanzó la maldición. Sabía que era inútil lamentarse, pero no podía dejar de pensar en que tal vez existía otra forma de salvar a Discord — No vayas — le ordenó a Rainbow, sin darse vuelta.

—¡Pero pueden estar en peligro! — replicó Dash, que ya estaba en el aire, lista para la acción.

—¡NO VAYAS! — gritó Twilight, encendiendo su cuerno para obligarla a descender con algo de brusquedad.

—Oye, Twi, cálmate un poco…

—No, cálmate tú, Rainbow — espetó Applejack —. La princesa Luna nos ordenó que nos quedáramos aquí. — agregó, mirando con reproche a su amiga.

—Pues yo no puedo quedarme quieta, lamentándome. Si ganamos o no, hay que poner cascos a la obra, ¡miren lo que ha quedado de Equestria! — la pegaso trazó una amplia parábola con su casco, para dar a entender que se refería a todo el reino.

—Lo sabemos, querida, lo sabemos. Pero debemos esperar a las princesas. — dijo Rarity, que había hecho aparecer un velo negro sobre su cabeza, y un pañolete del mismo color en su cuello.

—¿Alguien podría acompañarme a ir a buscar unas flores para Discord? — interrumpió Fluttershy, llamando la atención de todas.

Al verla, los ánimos se disiparon, y Rarity se ofreció a acompañarla. Por su lado, la pegaso de crin multicolor bufó, y dijo que patrullaría la zona, por cualquier cosa que surgiera. La que estaba más ausente era Pinkie Pie.

—Los días no serán iguales sin él. — dijo con una voz melancólica — Me siento muy triste por eso… y supongo que ustedes también. — esto último fue tomado por las ponis presentes como si fuera para ellas, pero Pinkie tenía la vista fija en un punto indeterminado, como si le hablara a alguien que no estaba allí.

—Lo sé, terroncito — Applejack se sentó al lado de Pinkie, y puso un casco en su hombro —; pero a partir de ahora, deberemos encargarnos de que su muerte no sea en vano. Lo honraremos como es debido, ¿verdad, Twilight?

—Sí — respondió la mencionada, a secas.

Pasaron unos momentos en silencio. Fluttershy y Rarity regresaron con los cascos vacíos, no había una sola flor ni planta íntegra en todo el páramo. Alrededor de ellas, Rainbow volaba en círculos y escrutaba los alrededores. Algo la ponía muy inquieta, como si después de semejante batalla, fuera antinatural que sobreviniera tanta calma. Y no era una tranquilidad agradable.

Las ganas de llorar ya se le habían pasado a Fluttershy, ahora lo que deseaba era poder dejarle algo al cuerpo del draconequus, un adiós simbólico antes de que se decida dónde sería su morada final. Un poderoso sentimiento interior la impulsaba a querer hacer algo solemne, y lo pensó unos minutos, mirando hacia el cielo gris, en el cual aún se veía el eclipse de los astros. Entonces, la idea llegó a su mente como un destello de luz repentino, y pidió a Rarity unas tijeras. La modista se sorprendió por el pedido, pero, entendiendo más o menos lo que la pegaso quería hacer, usó su magia para invocar el objeto solicitado.

—¿Podrías cortar un mechón de mi melena?

Rarity no dijo nada, sólo asintió, y no cuestionó la decisión de su amiga, de cortarse uno de los mejores mechones de su crin. La pegaso lo tomó con mucho cuidado, y en un gesto casi ceremonial, lo dejó sobre el pecho de Discord.

—Muchas gracias por ser un bondadoso amigo. — dijo Fluttershy con voz firme.

Aquello impresionó tanto a la unicornio blanca, que decidió hacer lo mismo, ofreciendo incluso uno de sus rulos, sin importar que eso arruinara el estilo trabajado de su melena. Lo hizo de buen corazón, porque alguien que había dado su vida por ellas, no merecía menos.

—Muchas gracias… por tu generosidad.

Rarity se quedó al lado de su amiga, y pronto las demás se fueron sumando a la ofrenda, siguiendo el procedimiento de las dos primeras.

—Muchas gracias por todos los momentos divertidos. — dijo Pinkie.

—Muchas gracias por decirnos la verdad — agradeció Applejack.

—Gracias por ser leal… — agradeció Rainbow — ...y por ser valiente también.

—Muchas gracias por… — Twilight no sabía por qué agradecer, hasta que al final agregó — …por habernos enseñado otra faceta de la magia, y de la amistad.

-.-.-.-

Estaba tendido cuan largo era sobre la tierra yerma, sufriendo las últimas convulsiones, los últimos espasmos de una vida a la que luchaba por aferrarse. Su pecho parecía haber sido atravesado por una enorme lanza, y su diafragma subía y bajaba con intensidad, aunque a cada segundo se hacía más débil. La cabeza se movió frenéticamente al verlas llegar, para luego quedarse quieta, observando a Celestia y a Luna fijamente, pese a que eran las últimas criaturas a las que deseaba ver antes de fenecer.

Una retahíla de sonidos guturales e inentendibles brotó de la garganta del draconequus mayor. Mas las alicornios no necesitaban escucharlo para saber lo que intentaba decir. Los ojos salvajes de Alucord las miraban de forma desafiante y furiosa, como si les dijera o les exigiera que se atrevieran a atacarlo, a acabar con él definitivamente, como si estuviera resignado a su derrota. O bien, era porque quería morir con gloria, en batalla, aceptando que era el final de toda la estirpe de los Señores del Caos, y que ya no podía haber deshonra mayor. Sin embargo, ellas no hicieron nada, porque no había nada para hacer, y lo miraban en silencio, casi respetuosamente, casi disculpándose también.

Por alguna razón, no se iban.

Las facciones de Alucord fueron cambiando inexplicablemente. Sus emociones violentas se iban apaciguando, dejando paso a otras más rústicas, más maduras, más solemnes. Poco a poco, comenzaba a emerger lo más profundo e inconfesable de su alma, como si otra parte suya aflorara en el moribundo draconequus. Fue cuando su rostro dejó de ser el de un temible, impiadoso e invencible agente del caos, para pasar a ser el de un viejo derrotado y arrepentido, y Celestia lo notó mejor que Luna, porque había conocido esa mirada de arrepentimiento no sólo en muchos ponis que había conocido a lo largo de un solitario milenio, sino que ella misma la había tenido al mirarse en un espejo, poco tiempo después de haber desterrado a su hermana.

No se comparaban una relación de padre a hijo con una de hermana a hermana, pero lo que sí se sentía igual era esa mutilación de la propia alma al dañar la de un ser amado. No podía saber cuánto quería realmente Alucord a Discord. Sin embargo, lo que el viejo draconequus parecía implorar antes de dar la respiración última, era algo de paz. Tal vez lo que lo arrepentía, o angustiaba, era no morir en paz, morir sin perdón, y llevarse esa carga al Más Allá. Eso, y haber causado el exterminio de su progenie.

En silencio, la princesa del sol le hizo una reverencia, y su hermana la miró extrañada, aunque al final la siguió. Celestia tuvo la necesidad de decir algo, por breve que fuera.

Requiescant in pace. Daremos honores a Discord por su gran sacrificio, no permitiremos que sea olvidado.

Pese a que no llegaba ser un gran consuelo para Alucord, su semblante permaneció igual, incluso parecía agradecido. A Luna le pareció pertinente agregar algo, pues era el momento idóneo para hacerlo.

—Piense en el perdón, si tiene la oportunidad de encontrar a Discord más allá de este mundo.

Entonces, en la distancia surgió una música hermosa, un coro de voces que iba aumentando en intensidad, hasta hacerse claramente audible. Deleitaba los oídos y producía un sentimiento pacífico, una serenidad que acariciaba al alma. Las Hermanas Reales pudieron sentirlo, incluso el draconequus, que nunca había escuchado algo así en toda su existencia. Aquella canción inundó lo que quedaba de su ser, transmitiéndole una sensación asombrosa, justo cuando el brillo de sus ojos se apagaba para siempre.

-.-.-.-.-

No sintió nada, pero hasta el último instante mantuvo los ojos abiertos, dando la cara a la muerte. Luego vino el golpe. Y después, el gran dolor, un insoportable dolor. Y todo lo demás. La cara de Fluttershy surcada por el llanto, sus amigas con fúnebres miradas, y de pronto una oscuridad insensible, sentirse separado del cuerpo, volverse algo sin volumen, encaminado a un lugar incierto. De repente, una luz blanca aparece al frente, ¿sería ésta la famosa luz blanca al final del túnel? Él sólo sabía que no debía perderla. Fue hacia ella, con curiosidad y temor por lo que encontraría.

Tuvo la impresión de haber viajado miles de millones de años en el tiempo, porque la Tierra parecía ser joven, en un presente que nadie recordaría como pasado en el futuro. Todo lo que veía frente a él era verde y virgen, irreconocible casi, pues debía tratarse del territorio que ocuparía el reino de los ponis. Pero lo que más captaba su atención eran seis criaturas reunidas en torno a una mesa de cristal: eran las Antiguas Ninfas, las seis menores, que cuidaban de aquel mundo con pocas edades.

Ciertamente, sus figuras esbeltas, con gracia y divinura, producían admiración. Discord estuvo a punto de ir con ellas, pero fue asaltado por un sentimiento premonitorio, la certeza de que algo no iba bien. Y aquel instinto de fatalidad se vio en alerta cuando el firmamento se oscureció, pese a que estaba despejado. Algo tapaba el sol, al mismo tiempo que se oía una serie de sonidos estremecedores, una voz antigua que hablaba en el idioma perdido de los primeros dioses. Cuando se giró, su piel se erizó al toparse con un ser abominable y monumental, con una morfología imposible. Tenía tres cabezas que continuamente se movían, hablaban y rugían, pegadas a un cuerpo compuesto de tentáculos, espinas, garras, alas infinitas, brazos extraños, como una fusión de todos los monstruos habidos y por haber. Era tan repulsivo que Discord retrocedió.

Por su parte, las ninfas se habían puesto a la defensiva, y aunque el draconequus sintió el impulso de ayudarlas, se quedó en su lugar, que era el de un observador. Pues había entendido lo que estaba viendo.

Magicea, Bonitatis, Risias, Caritate, Fidelia y Honestatis hicieron frente al titán, pero lamentablemente la pelea era muy despareja. Usando las gemas de sus frentes, invocaban poderosos ataques que habrían dejado fuera de combate a cualquier mortal, pero se trataba de un enemigo muy superior, capaz de atacar por distintos ángulos, y eso dificultaba mucho que ellas pudieran vencerlo. La tensión fue creciendo, y Discord ni siquiera parpadeaba, sabiendo lo que se acercaba.

Y entonces ocurrió. Se dio cuenta de que el titán, para deshacerse de las ninfas, había utilizado la misma maldición mortal que Alucord. No pudo evitar sentir algo de desasosiego al ver sus cuerpos siendo consumidos por aquel espantoso conjuro, y los gritos de las ninfas le quedaron retumbando en la cabeza incluso después de desaparecer. Sólo quedaban las gemas que alguna vez habían lucido en sus frentes. Así fue como, por primera vez, la Armonía se quebró en el mundo, el cual comenzó a distorsionarse de muchas formas, mientras las tres cabezas reían festejando su victoria.

Sin embargo, no tuvo mucho para festejar, ya que pronto se presentaron otras tres figuras en la escena. Se trataba de tres ninfas altas, gráciles y poderosas, Intelligentia, Belliuza y Amare, quienes lloraron amargamente el trágico destino de sus hermanas. También llegó volando alguien que Discord nunca había conocido: un alicornio blanco, corpulento, con grandes alas y una crin ondeante y carente de todo color. Debía ser aquél llamado "Primer Alicornio".

Las tres ninfas y el alicornio intercambiaron unas palabras, y con miradas decididas, se dispusieron a salvar lo que las difuntas ninfas habían construido en tanto tiempo. Intelligentia, Belliuza y Amare invocaron la magia en sus gemas, estableciendo nexo con las de sus hermanas, creando un flujo mágico en forma de arcoíris. A Discord no le extrañó eso, sino que esa magia fuera transportada en el cuerno del Primer Alicornio, aunque pudo entenderlo al ver que éste salía volando a toda velocidad, en dirección al pecho del titán. Fue tan veloz que el enemigo no tuvo oportunidad de escapar, por lo que su cuerpo reventó al sufrir una implosión desde dentro.

Miles de trozos de su cuerpo llovieron por toda la zona, y al poco rato de caer, empezaban a mutar, o intentaban reunirse con algún otro pedazo cercano. Así se formaban otros seres, monstruos que podían ser reconocidos en la actualidad, y otros no tanto. Pero Discord estaba interesado en hallar al alicornio, y lo buscó con la mirada, recorriendo todo el terreno maldito que en tiempos futuros pasaría a ser conocido como el Bosque Everfree. Oyó un grito estremecedor, mas no pudo ubicarlo.

Otra cosa le llamó la atención, y fue ver a las tres Ninfas mayores haciendo emerger una estructura de cristal en forma de árbol, en donde depositaron los Elementos de sus hermanas, a modo de "sepulcro". Y luego, no pudo ver más.

-.-.-.-.-

Las seis portadoras de los Elementos de la Armonía se habían posicionado en círculo alrededor del Señor del Caos, otrora uno de sus poderosos enemigos, y ahora de sus más grandes amigos. En sus mentes vaciló la idea de entonar alguna canción, pero no se les ocurría ninguna. Hasta que súbitamente, Fluttershy comenzó a entonar una melodía muy bella, desconocida, que provenía de lo más profundo de su ser. Una por una, Pinkie Pie, Applejack, Rarity, Twilight y Rainbow se unieron al canto, con alguna dificultad al principio pero acoplándose rápido, dando lugar a un coro muy dulce y agradable de escuchar. Sus voces conformaban así una música que se expandía rápidamente, llevando una paz indescriptible a cualquier sitio al que llegaba, y haciendo que lo ominoso de la destrucción sufrida desapareciera, dejando corazones que la oían embelesados.

Esas seis almas que elevaban su canto se sintieron entonces conectadas a un poder mayor, tan familiar y tan extraño a la vez... Con los ojos cerrados, sólo se concentraban en lograr ese vínculo mágico, espiritual, no como un medio de ataque, sino en búsqueda de una pureza, de una belleza, de una pasión que desbordaba cualquier cosa.

A cierta distancia de allí, en un bosque temido y misterioso, bajo las ruinas de un castillo que pertenecía a una época pasada, una estructura de cristal emitía un brillo tal que iluminaba toda la caverna en la que se encontraba. Parecía un efecto o respuesta al canto místico. De repente, los Elementos de la Armonía fueron liberados por el propio Árbol, y aquellas joyas milenarias subieron al cielo dejando finas estelas de luz de color. Cruzaron cielo y tierra, pasando cerca de las dos hermanas alicornio a las que alguna vez habían estado conectados.

Cada gema fue a reunirse con su correspondiente portadora física: el Elemento de la Magia sobre Twilight Sparkle, el Elemento de la Bondad sobre Fluttershy, el Elemento de la Generosidad sobre Rarity, el Elemento de la Risa sobre Pinkie Pie, el Elemento de la Honestidad sobre Applejack, y el Elemento de la Lealtad sobre Rainbow. Cada gema se posó exactamente sobre la frente de cada poni, adquiriendo un aura mágica, sus ojos brillaban y sus crines ondeaban al viento. Esta vez no se trataba del Rainbow Power, sino que los propios espíritus de las Ninfas habían tomado los cuerpos de las Portadoras. Aunque habían dejado de cantar, los vientos mantenían su canto vigente en el aire.

Espirales de luces blancas envolvieron a las ponis, y al pasar por sus frentes, convergían en un único rayo proyectado en el pecho de Discord. Los mechones que sus amigas le habían regalado se fundieron dentro de una esfera de luz, que poco a poco fue tomando la forma de un diamante, el cual alcanzó a cubrir el hueco que la maldición había dejado en el draconequus, y al instante fue cubierto por un aura plateada, curando todas sus heridas. Los haces lumínicos desaparecieron, elevándose al cielo como llevados por el viento, pero las ponis no volvieron a la normalidad.

Discord no tardó en despertar. Se levantó como si hubiera salido de un larguísimo sueño, y miraba a su alrededor sin entender, hasta que al fin reaccionó. Abrió los ojos llenos de sorpresa cuando vio que tenía una piedra preciosa incrustada en el pecho, y más se sorprendió al ver a sus amigas y el nuevo aspecto que habían adquirido.

—Bueno… — empezó a decir — Ya he cumplido. He reparado el daño primigenio.

—Así es — asintió Twilight, pero no era su voz la que se oía, sino otra muy distinta, probablemente la que había pertenecido a Magicea —. Te estaremos agradecidas por siempre.

—Pues, yo debería agradecerles a ustedes por traerme de vuelta — Discord examinó el diamante, que parecía blanco pero brillaba con destellos de siete colores —, y gracias por el regalo.

—No es un regalo, es una recompensa a tu sacrificio. Será tu responsabilidad de ahora en adelante cuidar del elemento de paz y de bienestar, como mediador entre mundos. — respondió Magicea a través de Twilight — Tan bien como lo hiciera quien lo portó milenios atrás.

—¿O sea que ahora soy un Elemento de la Armonía? — preguntó Discord.

—Antes de que se acabe el tiempo, — contestó Bonitatis a través de Fluttershy — ve con tu padre, Alucord, para que su espíritu tenga perdón.

Y sin mediar otra palabra, todas cerraron los ojos y el aura de las Ninfas desapareció, para guiar a los Elementos de la Armonía nuevamente a su santuario. Quedaron los cuerpos de las portadoras, sumidas en un tranquilo sueño.

—¡No, por favor, no se vayan! ¡Aún tengo muchas preguntas que hacer! — les suplicó Discord, de rodillas.

Observando aquella increíble escena, Celestia y Luna se mantenían a prudente distancia, aunque deseaban acercarse y comprobar qué había pasado. Nunca se habían imaginado que algo así fuera a ocurrir, pero les alegraba muchísimo ver otra vez con vida a Discord. La breve visita de las antiguas Ninfas al mundo terrenal era un acontecimiento que quizá no se volviera a repetir, y lamentaron no poder intercambiar una palabra con ellas.

—¡Tia, Lulu, qué gusto volver a verlas! — el draconequus las sorprendió con un efusivo abrazo, que casi no las dejaba respirar. — Ah, se siente muy extraño volver de la muerte… Pero mírenme, hasta me traje un suvenir y todo, lástima que no tengo nada para ustedes.

—Es un gusto volver a verte, Discord, pero necesitamos un poco de aire. — dijo Luna.

—No te preocupes por nosotras — dijo Celestia —. Me parece que tienes que ir a hacer las paces con alguien…

—Claro, claro… — Discord desapareció con un chasquido.

-.-.-.-.-

No sabía qué sentir al ver a su padre tendido allí, inmóvil, silencioso, víctima de una maldición que él mismo había pretendido usar. Sin embargo, jamás le perdería el respeto. Jamás le negaría una pata. Y por mucho que a las ponis les disgustase, no lo dejaría a la deriva, al menos no a la última parte de él. Se inclinó sobre Alucord. Su rostro había envejecido bruscamente, y a pesar de eso, tenía un semblante pacífico, como si hubiera muerto tranquilo, aunque eso era inexplicable para el draconequus.

Una brisa lo hizo levantar la cabeza, y al hacerlo, allí vio a su padre, una figura plateada y translúcida flotando en el aire. Ambos se observaron por un breve momento, en silencio, intentando descifrar lo que pensaba el otro. A Discord le extrañaba un poco la serenidad del fantasma, sabiendo lo que había pasado y por qué, pero en cierta forma lo reconfortaba.

—Supongo que ya no podrás venir a visitarme tan seguido — dijo Discord con un suspiro —, pero te agradezco que hayas venido a verme, papá.

Alucord sonrió y meneó la cabeza.

—Hay cosas en las que no vas a cambiar, y es bueno que así sea. Al menos me iré con mis buenos recuerdos.

—Lamento que haya pasado esto…

—Olvídalo, Discord, ningún draconequus se queda viendo hacia atrás. Sólo puede seguir hacia adelante. Y creo que… — Alucord se fijó en la gema ganada por su hijo — tendrás un buen futuro.

—Jeje, es bueno saber que me apoyas.

—En fin… ya debo partir. Hasta siempre, Discord, y trata de cometer tantas locuras como puedas.

—Hasta siempre, viejito. Manda saludos a todos los amigos del otro lado. Y no me esperes sentado… ¡Ah, rima sin esfuerzo!

Los dos draconequus estrecharon sus patas, aunque pareciera raro. No fue necesario que ninguno pidiera perdón, porque ya estaba hecho.

Un portal se abrió a poca distancia de ellos, y después de un último saludo, Alucord entró por él, desapareciendo junto con el propio portal. Entonces, Discord quedó solo con el cadáver, pero enseguida puso garras a la obra.

Primero que nada, confeccionó una mortaja de lino para envolver el cuerpo. Y lino rojo, porque sabía (o sospechaba muy fuertemente) que le gustaba ese color. Mientras tanto, el sitio donde había yacido fue socavado y limpiado pulcramente, para adecuarlo al tamaño del ataúd, pero Discord no sabía decidirse por cuál tipo de piedra usar, recordando qué le sentaba más cómodo a su viejo. Probó varias opciones, hasta que le convenció uno de mármol, y lo colocó en la fosa previamente acondicionada.

Luego, venía la tapa o techo para la fosa. Discord decidió confeccionar una circular, inspirada en el cosmos y sus misterios, con los planetas y las estrellas prolijamente alineados respecto a la posición terrestre en la que se encontraban. Para eso, tuvo que despejar el cielo y sacar al sol y la luna de su eclipse, dejando sólo la luna (esperaba que Celestia entendiera que era por una buena causa). El radio mayor de la tapa lo decoró añadiendo las figuras de ambos: Discord a la derecha, y Alucord a la izquierda. El centro lo dejó vacío para colocar allí un pedestal, y ubicó sobre éste una estatua de su padre, mirando hacia el Norte, y en la actitud de un maestro sabio y antiguo, como él mejor lo había conocido.

Se detuvo para mirar su obra desde arriba y desde todos los ángulos, como si fuera un exigente arquitecto.

—Hmm… a esto le falta algo. No puedo dejarlo así.

Necesitaba poner alguna placa o inscripción que orientara a las futuras generaciones sobre el draconequus que yacía allí y lo que había acontecido. Entonces, creó alrededor un círculo de ocho columnas jónicas con draconequus tallados en ellas, enroscados como serpientes en espiral. Dejó el espacio que daba al Norte para que fuera la "entrada", mientras que los restantes siete estarían ocupados por pequeños pedestales con placas de plata, las cuales debían leerse de izquierda a derecha. A Discord le pareció pertinente dejar un cartelito aclarando ese detalle.

Así, quedó un caminito interno entre la tapa de la fosa y las columnas, y Discord lo pavimentó de unas extrañas piedritas que habían visto cuando visitaron Neptuno.

—Bien, bien. Pero aquí faltaría algo de… hmm, algunas plantas.

Eso sí estaba difícil. Discord no sabía qué plantas le gustaban a su padre, y de ninguna manera arruinaría estéticamente su trabajo, poniendo rosas. Pensó en unos helechos susurrantes, y supuso que tal vez su padre aprobaría esa elección, porque le añadiría a su tumba un elemento de misterio y de pavor para los visitantes. También había unas plantas de tallo grueso y hojas enormes que a ambos les gustaba comer, y plantó un par de esas a la entrada, mientras que los helechos crecieron por fuera del monumento.

Entonces recordó otro detalle: alguna fuente de agua. ¿Dónde quedaría mejor? Discord puso en cuatro esquinas unas pequeñas fuentes para que cayera el agua, a su vez, a la misma altura ubicó unas estatuas de draconequus con vasijas, para dar la impresión de que continuamente llenaban las fuentes. Pero también las encantó para que fueran guardianes de la tumba, previendo que viniese alguien a querer hacer algún daño. Así, cobrarían vida ante cualquier intento de robar una de las placas o escupir a la estatua.

Satisfecho, finalmente, dio una ojeada a todo, comprobando que cada cosa estuviera en orden, y se despidió solemnemente, con la promesa de volver cada año a visitarlo.

Desapareció en un chasquido, reapareciendo al lado de Celestia y pegándole un buen susto en el proceso. Las portadoras de los elementos acababan de despertar y no parecían tener idea de lo que había ocurrido.

—Muy bien — anunció Discord — ¡Hora de que empiece la fiesta!

Y dio dos palmadas con su pata de dragón y su garra de águila.

-.-.-.-.-

¿Recuerdan que dije que éste sería el capítulo final? Bueno, me retracto. Voy a hacer un epílogo, porque creo que hay cosas que merecen ser explicadas bien a fondo. O por lo menos, que no queden sin explicación.

Quiero agradecer a CSR Stories, que siempre me ayuda a revisar todo lo que publico. Y pueden pasarse por su perfil si quieren leer algo distinto.

También quisiera recomendarles una visita a "El Mundo del Fic - Oficial", que es una cuenta de FanFiction perteneciente a nuestro grupo de Facebook "El Mundo del Fic", donde publicamos fanfics de nuestros concursos y de vez en cuando alguna donación de nuestros miembros.

Nos leemos en el epílogo ;)