Disclaimer: Los personajes y lugares de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling, no existe ningún tipo de intención por mi parte de infringir copyright. Todo lo demás (trama, personajes originales) me pertenecen a mí.

Si os está gustando esta historia, os recomiendo que os paséis por "Sahani", también de Draco pero en un Universo Alternativo en el que las cosas no sucedieron tal como las contó J.K. ...

Espero que lo disfrutéis, como siempre, casi tanto como yo escribiéndolo.


Capítulo 10

Sentimientos confusos


1 de Septiembre de 1994, Expreso de Hogwarts

Tras un verano que para Keilee fue maravilloso, pues lo había pasado entero en la playa con sus abuelos, tocaba volver a Hogwarts. Cada año le costaba más despedirse de su madre en la estación; y no por ella precisamente. Su madre se estaba volviendo demasiado protectora.

― Keilee Gallagher Martín ― dijo la señora Martín en su oído, antes de separar el abrazo y mirarla severamente ―. Espero que ningún profesor me tenga que enviar una lechuza este año advirtiéndome de tus actividades extraescolares.

― Tranquila, mamá. Sólo lo haré cuando McGonagall me lo ordene. Te lo prometo.

― Quiero que tengas cuidado. ¿Me has entendido?

La señora Martín se preocupaba, y con razón. Ella no formaba parte de la Orden del Fénix, pero su difunto marido siempre había colaborado con ellos y por lo tanto, ahora ella también lo hacia. Dumbledore le había confesado que la marca Tenebrosa había sido invocada en el incidente de los Mundiales de Quidditch, y ahora María Martín estaba realmente preocupada por su hija.

― Sí, mamá ― dijo Keilee con voz cansina.

― De acuerdo ― sonrió la señora Martín ―. Recuerda enviarme tus medidas en noviembre.

― Sí, mamá ― repitió Keilee en el mismo tono ―. Espera, ¿por qué tengo que enviarte mis medidas en Noviembre?

― Ah, ya lo descubrirás.

― ¿Por qué no las has tomado ahora?

― Porque sé que aún puedes crecer un poco y necesitaré tus medidas exactas. Ahora dame un abrazo y sube al tren, que se va a marchar sin ti.

La señora Martín abrazó con fuerza a su hija de nuevo, y en ese momento, su mirada se cruzó con la figura de Lucius Malfoy despidiéndose de su hijo. Entonces entendió un poco más la aversión que sentía su hija por el heredero de los Malfoy; era un chico extremadamente guapo, y no hay nada que provoque más animadversión que un chico guapo que se comporta como un niñato.

A su mejor amiga del colegio le había pasado; había un chico guapísimo en su curso, pero era un completo idiota. Eso frustraba mucho a su amiga, pues según fueron creciendo, se dio cuenta de que el chico le atraía – incluso le gustaba – pero no le caía nada bien. No obstante, Keilee no había vuelto a hablar de ese apuesto joven, y ahora tenía un novio muy guapo, por lo que decidió no preocuparse por que su hija sintiera algo por el hijo de un mortífago.

Tras el apretado abrazo de su madre, Keilee se separó y empujando su baúl, subió al tren. Había mucho bullicio en los pasillos del tren y Keilee trataba de encontrar el vagón en el que se encontraban sus amigas.

―Vaya, tejona ― dijo una molesta voz a sus espaldas ―. ¿Te has caído dentro de un tanque de barro?

Keilee se giró, molesta.

― ¿De qué narices estás hablando, Parkinson?

― Oh, por Merlín ― la Slytherin puso cara de espanto ―, es peor de lo que pensaba. Mira, normalmente no soy tan amable, pero creo que necesitas que alguien sea sincero contigo... ― añadió poniendo una mano sobre su hombro ― Necesitas ducharte. Tu piel está sucia, aunque supongo que no es lo único sucio en ti.

Keilee la miró, atónita. Prefería no enfadarse al ser consciente de qué se había referido con que no era lo único sucio en ella, pero... ¿su piel, sucia? Por no hablar de que Keilee era tan sangre pura como Pansy, el comentario le resultó totalmente desternillante.

Entonces empezó a reír a carcajadas, provocando que la Slytherin torciera el gesto contrariada. ¡La acababa de insultar! ¿Por qué se estaba riendo?

―¿Sucia? ― repitió Keilee para volver a reírse a carcajadas - ¡Sucia, yo! ― siguió riendo sin parar, casi llorando. Se estaba riendo tanto que se tuvo que apoyar en la ventana del tren para agarrarse la tripa de la risa ― Parkinson ― consiguió decir cuando la risa bajó de intensidad ―, voy a ignorar el comentario que has hecho sobre la suciedad en mí. ¿Sabes el efecto que tiene el sol en la piel? A juzgar por lo pálida que estás, no debes de pasar más de cinco minutos al año al sol ― dijo levantando una ceja, divertida por la confusa expresión en el rostro de Pansy Parkinson ― ¡Sucia! ― volvió a exclamar, divertida, una vez se dio la vuelta y dejó en medio del pasillo a la Slytherin.

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― ¡Al fin apareces! ― Hannah saltó de su asiento para abrazar a su amiga cuando apareció por la puerta del compartimento.

― ¿Qué tal el verano? Me dio mucha rabia que no pudieras venir al Mundial de Quidditch. Te echamos mucho de menos ― añadió Susan, tras abrazar también a su amiga.

Keilee suspiró con envidia mientras se sentaba en el sillón vacío del compartimento.

― ¡No me lo recuerdes! Creo que soy la única de todo el colegio que no ha ido a los Mundiales este año.

―Nah, he oído que Longbottom tampoco ha ido. Y no te perdiste gran cosa.

―Además, te ahorraste el horror que fue la noche que ganó Irlanda. ¡Quemaron mi tienda de campaña con todas mis cosas dentro! A papá le costó horrores sacarnos de la tienda sin accidentarnos. Se quemó el brazo y por poco no son capaces de curarle sin dejar cicatrices...

―Cierto ― añadió Susan ―. Nosotros logramos irnos sin problemas, pero mi tío también tuvo una quemadura bastante grave. En El Profeta han dicho que fue obra de un grupo de búlgaros resentidos por perder el partido y que invocaron la Marca Tenebrosa para que no sospecharan de ellos, aunque me suena demasiado excesivo.

―Ya sé que me dijisteis que estáis bien ― dijo Keilee preocupada ―. Pero, ¿de verdad lo estáis? ¿Y de verdad creéis que fueron los búlgaros?

―Estamos bien ― dijo Hannah ― y no sé qué pensar. Hace un rato Malfoy ha pasado por el pasillo con Crabbe y Goyle hablando de Durmstrang, el colegio de magia búlgaro, diciendo que allí enseñan las artes oscuras y no aceptan a nadie que no sea Sangre Pura. Tal vez sea cierto.

―Bueno, suficiente drama ― dijo Susan ―. Keilee, ¡estás guapísima! Nunca te había visto tan morena. ¿Te han salido más pecas?

Keilee se rio al recordar cómo Pansy Parkinson había intentado hacerla sentir mal por estar morena. ¿De verdad esa chica era tan ilusa que pensaba que no se había lavado?

― ¡Es verdad! ― dijo Hannah ― Qué envidia me das... yo he intentado tomar el sol pero lo único que he conseguido ha sido pasar de blanco nieve a blanco.

― ¡No digas bobadas! ― dijo riendo Keilee, pues su amiga no era tan pálida ― yo creo que es por el sol de España, sinceramente. Y este verano lo he pasado entero en la playa, incluso hice un deporte muggle que se llama Surf.

― ¿Surf? ― dijo Hannah.

― ¡Cómo mola, K! ― exclamó Susan, que conocía aquel deporte ― Es un deporte acuático ― comenzó a explicarle a Hannah ―, te subes en una tabla de pie y pasas por dentro de las olas en el mar.

― Suena peligroso ― dijo Hannah, con espanto.

― ¡Es super divertido! ― dijo Keilee sonriendo ― el verano que viene podéis veniros unos días y lo hacemos juntas.

Pasaron parte de la mañana en el tren contándose entre ellas todo lo que habían hecho durante el verano, hablando de sus amores y desamores, de cotilleos... Un poco de todas las cosas que hablan un grupo de amigas.

― ¡Al fin te encuentro! ― la voz de un alegre Cedric Diggory interrumpió la conversación de las tres amigas. ― he conseguido escapar un rato del resto de prefectos, ¿vienes?

Keilee sonrió y se despidió de sus amigas para seguir a su novio por el pasillo, que parecía llevarla al mismo sitio en el que habían estado el año anterior: el baño del vagón de las serpientes. Cedric le dijo que él entraba primero, y que esperase cinco minutos para entrar ella después y así no levantar sospechas. Cuando iba a dirigirse a la puerta del baño para reunirse con su novio, alguien salió de su compartimento, chocando con ella.

― ¡Draco! ― exclamó ella casi sin querer.

― ¿Qué haces tú aquí? ― le dijo él con la mirada fría, casi evitando mirarla. ¿Por qué ella tenía que llamarle por su nombre? Pensaba que si él no lo hacía nunca, ella habría pillado la indirecta y dejaría de hacerlo, pero no.

El joven príncipe de Slytherin había decidido cuando acabó el curso anterior que no debía acercarse demasiado a la chica Hufflepuff, pues a diferencia de con el resto de estudiantes, Draco Malfoy no disfrutaba haciendo sufrir a la tejona, y eso provocaba en él mucha confusión. No le gustaba sentir cosas que no comprendía y prefería seguir con lo conocido para él: molestar al trío de oro. Por lo tanto, tenía que evitar a esa chica a toda costa.

Keilee observó que el rubio que la miraba con algo de desdén en la mirada había crecido por lo menos treinta centímetros durante el verano. ¡Le sacaba una cabeza entera! Y cuando acabaron el curso medían lo mismo...

―Quería ir al baño, el de mi vagón tenía mucha cola ― mintió rápidamente.

―No vuelvas a usar nuestro baño ― dijo antes de esquivarla y salir del vagón seguido de Crabbe y Goyle, que también parecían haber crecido una barbaridad durante el verano.

Keilee suspiró y entró en el baño, donde un Cedric sonriente la estaba esperando.

― ¿Por qué has tardado tanto? ― dijo agarrando el borde de la camiseta de su chica para acercarla a él y darle un suave beso en los labios.

― Oh, casi me pilla Malfoy ― dijo ella sonriendo ante los mimos recibidos por su novio.

Así como la joven bruja de Hufflepuff había pasado un verano maravilloso al sol y se había puesto morena, también su cuerpo había cambiado bastante – principalmente debido a que la menstruación ya formaba parte de su vida. Había crecido unos centímetros en altura, y desde que se convirtió en "una mujercita", como su madre decía, otras partes de su cuerpo habían comenzado a crecer también, dejando atrás el aspecto aniñado que había tenido el curso anterior.

―Pues menos mal que no nos ha pillado ― dijo él, acercándola más todavía a su cuerpo ―, porque ese chico no tiene ningún escrúpulo en decirle a Snape que un prefecto estaba haciendo cosas indecorosas en los baños del tren.

― ¿Cosas indecorosas? ― sonrió Keilee, alejándose un poco para mirar a los ojos a Cedric ― ¿Estamos haciendo cosas indecorosas?

―Mmmm... ― le dio un largo beso ― Algunos podrían considerarlo indecoroso, sí ― añadió con un guiño, para después darle un suave pellizco en el muslo.

― ¡Cedric! ― exclamó ella entre risas, haciéndose la ofendida ― Soy una señorita, yo no hago cosas indecorosas.

― ¿Ah, no?

Y entonces comenzó una pelea de cosquillas, besos y caricias entre los dos tejones que Draco Malfoy pudo oír a la perfección cuando volvió de molestar a Potter. Sabía de sobra quienes estaban dentro de aquel baño y eso le hizo apretar los puños enfadado. ¡La tejona le había mentido! Quería usar el baño para enrollarse con el perfecto prefecto de su novio. Si Draco no supiera que delatarles ante un profesor no le haría sentir mejor ― ya había comprobado que molestar a esa pecosa le dejaba mal sabor de boca―, esos dos estarían ya restando puntos a su casa.

Así, Draco Malfoy esperó a ver salir al prefecto para asegurarse de que pillaba sola a la chica Hufflepuff.

― ¡Tú! ― dijo entre dientes cuando ella salió del baño.

― ¡Por las barbas de Merlín, Draco! ¡Qué susto! ― la joven dio un buen salto del susto.

Draco se acercó a ella y la metió de nuevo en el baño, cerrando la puerta detrás de él.

― ¿Qué estás haciendo? ― dijo ella levantando las cejas ― Déjame salir, Malfoy.

― ¿Ahora me llamas por mi apellido? ¿Hace falta que te encierre en un baño para que por fin dejes de llamarme por mi nombre? ― siseó él ― No vuelvas a engañarme, tejona. Sé perfectamente lo que has estado haciendo aquí con tu novio ― dijo con repulsión ―. Tienes suerte de que Diggory me caiga bien, porque si no ya estabais los dos expulsados.

Keilee puso los ojos en blanco ante su amenaza.

―Cómo si tú no hicieras cosas peores con Parkinson ― respondió ella mordaz ―. No pongas esa cara, ¿acaso no sabes que tu novia ya le ha contado a todo el tren lo bien que lo habéis pasado este verano?

― ¿Celosa, Martín? ― dijo él diciendo su apellido por primera vez. A Keilee le pilló desprevenida aquello, pues estaba segura de que la serpiente no tenía ni idea de cuál era su nombre ― A Cedric no le gustará saber que te gusta otro, tejona.

― ¡Cállate, serpiente rastrera! ― se enfadó ella. ¡El muy maldito había malinterpretado su silencio y pensaba que estaba celosa! ― No me gustas. Tengo novio y no tengo celos, ¡y menos aún de Parkinson! Su cerebro de guisante piensa que mi piel está sucia ― frunció el ceño.

Draco, sin embargo, estaba divirtiéndose muchísimo. ¿Le había llamado serpiente rastrera? ¡Por fin había conseguido sacarla de sus casillas sin sentirse mal!

― ¿Tu piel sucia? ― repitió, conteniendo una sonrisa que quería escaparse. Pansy era brillante en algunos aspectos, pero pensar que la piel morena de la tejona se debía a suciedad...

― También piensa que otras cosas en mi están sucias. ¿También te tengo que explicar a ti el efecto que tiene el sol en la piel? ― exclamó ella levantando los brazos, desesperada. Pensaba que al menos Malfoy, que junto con Hermione y ella misma, era el mejor de su curso, sabría aquello.

―Creo que lo aprendí de pequeño ― dijo él, levantando un poco su camiseta para que viera un pequeño pedazo de piel arrugada y brillante en su cadera ― Espero que no vuelvas por aquí ― dijo poniéndose serio de nuevo y dejando caer su camiseta con brusquedad, como si acabara de darse cuenta de lo íntimo que era ese gesto ―. Esto es la casa de las serpientes, y has tenido suerte de que os encontrara yo y no otra persona. Considéralo una muestra de gratitud ― dijo señalando su nariz, haciendo referencia al incidente con Hermione del curso anterior, para después salir del baño.

Aquello no había salido como él pensaba. Quería intimidar a la tejona para alejarla de él, y tenía la sensación de que había hecho de todo menos intimidarla. Porque, aunque ella le habló con un tono de claro enfado, pudo ver en sus ojos un brillo de diversión igual que el que debía de haber tenido él.

Justo cuando Keilee iba a salir del baño, Pansy iba a salir de su compartimento. Por algún motivo, no quería que pillaran a la tejona, por lo Draco que actuó rápido y sin pensar. Agarró por los hombros a Pansy para que quedara de espaldas al pasillo y le hizo un gesto con los ojos a la tejona para que se fuera. Pansy debió de ver lo que hacía porque intentó girar la cara, y lo único que se le ocurrió para evitarlo fue besarla. Por suerte pareció funcionar, porque su amiga se olvidó por completo de descubrir qué era lo que miraba él para disfrutar de aquel beso que sin duda Draco no estaba disfrutando tanto.

― Vaya, Draco... no me lo esperaba ― dijo Pansy cuando se separaron.

― Ah, ¿no? ― él levantó una ceja ― Curioso, ya que según decían en el vagón de Ravenclaw llevamos saliendo todo el verano.

Tras decir eso, Draco dejó a una muy avergonzada Pansy fuera de su compartimento, para disfrutar de lo que quedaba de viaje hasta Hogwarts sin que le molestasen más chicas.

Keilee observó todo desde la ventana que separaba el vagón de Ravenclaw del de Slytherin, divertida por cómo Malfoy había avergonzado a Parkinson, aunque con una sensación amarga en su estómago. Definitivamente no le había gustado ver cómo el chico de ojos plateados besaba de aquella manera a la Slytherin, por mucho que él lo hubiera hecho para ayudarla a salir de ahí sin ser vista.

Una vez más, estaba confusa. Draco Malfoy acababa de ser más que amable con ella. Podría jurar que había visto un brillo de diversión en sus ojos cuando ella se burló de su compañera. Draco Malfoy le acababa de ayudar a librarse de un castigo seguro por parte de sus profesores.

Iba de camino a su compartimento cuando escuchó una risa que reconocería en cualquier parte: Cedric.

Se asomó disimuladamente al compartimento del que venía la risa para ver cómo su novio estaba sentado frente a Cho Chang, junto con otra Ravenclaw amiga de la nombrada, riéndose sin parar. Cedric se encontraba con los codos apoyados sobre sus rodillas, explicándole algo que debía ser increíblemente gracioso a las dos chicas, que reían a cada palabra que él decía. Cho estaba apoyada sobre la mesa junto a la ventana, ligeramente inclinada hacia Cedric, con sus piernas rozando las pantorrillas de él.

Lo lógico habría sido pensar que Keilee se murió de celos al ver esa escena, y más sabiendo lo que aquellos dos habían compartido el curso pasado; sin embargo, no sintió nada. Y eso la volvió loca. ¿Cómo podía sentirse tan indiferente al ver a su novio tan cercano a la chica con la que se había estado enrollando cuando necesitaba "aclararse"?