Hola mis amadas y queridas mentes perversas. ¿Cómo están linduras mías? Espero, realmente espero que bien, yo me encuentro de buen humor ¿y por qué? porque pude obtener buenos horarios en la universidad, así que, ese es un buen motivo para estar contenta.
Disclaimer: Ningún personaje que aquí aparezca o sea mencionado me pertenece, todos son propiedad de su respectivo dueño: Yoshihiro Togashi.
Advertencia: Yaoi. Lemon, (+18), Semi-AU, Neko!Killua.
Gon guardó silencio mientras recordaba los momentos más importantes que había vivido junto a Killua, desde que se conocieron hasta el día en que él pudo confesarse.
¡Vaya que si habían vivido muchos momentos graciosos e incomodos!
Pero en su mente, solo aparecían los más significativos para ambos; pensaba en cualquier cosa, solo para no recordar lo que estaba por suceder en unas horas; era consciente de que ya había oscurecido y la medianoche estaba por llegar. Este anteúltimo día, no fue lo que esperaba, si bien mantuvo una enorme sonrisa en su rostro y se aseguró de consentir al mayor, hubo algo en su mente y corazón que le impidió disfrutar cada instante junto a Killua.
Y eso era su temor: el miedo que tenía de no poder verlo nunca más.
—Mañana es el último día.
—S-sí.
—Te ves algo preocupado. ¿Ocurre algo?
—N-no.
—Entonces… ¿Te entristece que sea de esa manera, verdad?
—S-sí.
—Sabes que no puede evitarse.
—S-sí.
Killua suspiró un tanto molesto; por mera curiosidad, había dejado el videojuego para ver si su amo estaría durmiendo, pero se sorprendió de encontrarlo sentado sobre la cama, mirando fijamente la pared más próxima.
—Gon, deja de responder con monosílabas y dime que te sucede con palabras concretas.
El pelinegro apartó la mirada del paredón frente a él, para poder ver durante breves momentos los ojos del albino y luego regresar la vista a su lugar original. —E-e-está bien…—. Al oír su tono de voz, tan ronco y al borde del llanto, aclaró su garganta para poder decir aquellas palabras lo más claro y fuerte posible.
¡Maldita sea! ¿Por qué ahora que quiere hacerse el fuerte… era cuando más se le dificultaba todo?
No quería, ni tenía la intención de preocupar a Killua. ¡Eso era lo que menos quería hacer! Pero todo se le estaba llendo a por la borda. —¡Y-yo…!
—Gon. Si no tomas aire no podrás hablar—. Luego de unos segundos, vio que el moreno había seguido su consejo. «Este niño… hoy en especial se está comportando como un niño pequeño ¿a qué se deberá? » Pensaba al par que veía las respiraciones forzosas y un tanto exageradas. —Ahora si… Gon, ¿qué ocurre contigo?
Ante esa proximidad, un suave tinte rosado se posó sobre sus mejillas; si bien él no podía ver esto, lo sentí. Sentía un repentino calor envolver su rostro por completo. —Eh… y-yo…
—A ti te sucede algo. Estás diferente. Hoy, con todo lo que hicimos, ¿Por qué no me sonríes como siempre? Creí que esto era lo que querías, disfrutar los últimos momentos del contrato hasta mañana… p-pero…—. Sintió un pequeño nudo en su garganta, mas terminó ignorándolo y continuó. —…. ahora, te ves triste, como si quisieras llorar. Si eso deseas está bien, pero dímelo. Dime que quieres llorar y lo haré contigo… no ensucies tu lindo rostro con dolor y menos haciéndolo solo ¿sí?
Todo el autocontrol y la fortaleza del menor decayeron ante tan bellas palabras.
¿Cómo iba a resistir si Killua le hablaba de ese modo?
—Lo siento, estoy a-arruinando todo… no quiero despedirme de ti con lágrimas en los ojos, discúlpame Killua.
—Gon…
Lo interrumpió. —Me duele saber que se termina, que llega nuestro final, y más me duele porque sé que no puedo evitarlo; no puedo hacer algo para que estés a mí lado.
Su propio corazón se oprimió y comenzó a maldecirse por no poder detener la tristeza y los temores de su amo. —Gon…yo no… no quiero que llores…
—Me duele mucho Killua; ¿sabes…? Cuando supe que te amaba, me-sentí tan feliz… y ahora, no quiero que te vayas…—. Sin tener consciencia, acortó la distancia entre ambos. —…n-no me dejes…
Sentir sobre su rostro el aliento del otro ocasionó que su cuerpo se viera envuelto entre sensaciones incontrolables. —Gon…. —dijo su nombre totalmente embelesado por la mirada brillante del moreno.
—S-si te pido que te quedes conmigo… ¿lo harías?
—Yo…
Sus manos liberaron la ajena para terminar recostados sobre los hombros de Killua. —¿Lo harías… por mí…?—. Esa pregunta había escapado sin pretenderlo. Gon se arrepintió y maldijo mentalmente al ver su imprudencia. —Yo Ki-Killua… lo siento. Que tonto, no debería haber dicho eso, olvídalo…
—Sí…
Oír esa respuesta hizo que detuviera sus acciones. Y velozmente, levantó su rostro para encontrarse con una pequeña sonrisa y una mirada azulina que parecía estar brillando. —¿E-eh?
—Si pudiera hacerse me quedaría contigo—. Por cada palabra dicha, se aproximó al cuerpo del menor; pero ante los ojos de Gon, se veía como si el peliblanco estuviera asechándolo. Esperando el momento el momento indicado para saltarle encima.
Tenía la intención de detenerlo, más lo único que pudo hacer fue comenzar a arrastrarse hacia atrás sobre la cama y terminó deteniéndose al sentir que sujetaban su muñeca. —Killua… —murmuró su nombre en un tono que no supo reconocer.
—¿Sí?
—¿Podrías…?—. Con su labio inferior temblando, continuó: —¿Podrías…be-besarme? P-por favor…
No tenía que decir más, ya las palabras estarían sobrando.
Killua asintió con una sonrisa en el rostro, pero esta vez era completamente diferente a las demás.
¿Por qué? No lo sabía, pero sentía que era diferente a las demás: uno de sus dedos, tocó el labio inferior de Gon, notando como éste lo miraba de cerca.
Cada vez más cerca.
Se miran mutuamente con ese aire de confusión, no saben por cuanto tiempo, tampoco les importó. Respira lentamente, una y otra vez, hasta que el anciano encuentro llega y los labios se tocan. Cierran sus ojos, en un intento por deshacer todo lo demás y recomenzar de cero, solo ellos dos.
Las bocas se entreabren con temor, un temor que nunca antes habían experimentado, porque estarían mintiendo si dijeran que este era su primer beso, pero ahora, allí, en ese momento, se sentía como si lo fuese.
En un atrevimiento de su parte, Killua movió su mano libre por encima del pecho ajeno y con suavidad comenzó a empujarlo hasta que quedase recostado sobre el colchón, para luego ubicarse sobre él sin despegar sus labios. Sus pálidas manos acariciaron el cuerpo de Gon por encima de la ropa, desde las piernas, el torso, hasta el cuello y el rostro; una repentina necesidad los invadió a ambos.
Lo deseaban.
El primero en alejarse fue el más pequeño ante el pensamiento de lo que estaba sucediendo, al recordar que todo esto no sería para siempre, porque Killua terminaría lléndose de su lado tarde o temprano. En verdad ¿sería justo estar de así cuando al final del siguiente día tendría que dejarlo ir?
Gon volteó su rostro, negándose a continuar con el beso, y pudo sentir como algunas lágrimas se colaban por sus mejillas, y aunque cerrara los ojos con fuerza éstas no parecían querer dar tregua y continuaban sus caminos.
«No es justo ¡es totalmente injusto! De la única persona que te enamoras… a quien en verdad amas debes dejarlo ir. » Su labio inferior tembló y pudo sentir la intensa mirada del albino sobre su rostro. «No es justo… no quiero que se vaya. No quiero que Killua me deje…»; si debía ser egoísta para tener a Killua a su lado lo haría. Lo sería completamente.
—Ey… no llores. —murmuró contra sus labios con una tenue y pequeña sonrisa en el rostro, a la par que sus manos iban descendiendo por los costados del torso de su amo, levantando un poco la prenda de vestir que lo cubría.
Un sollozo brotó de sus labios. —N-no, no puedo…—. Intentó voltear su rostro, pero no pudo conseguirlo debido a los fugaces besos que el felino depositaba en cada porción libre de piel. —Killua… esto e-es muy triste… no quiero que te alejas de m-mí… —suplicó en un tono lloroso a la par que las lágrimas cristalinas comenzaban a descender por sus mejillas morenas—. No quiero…
Quitó algunas lágrimas con sus pulgares, aunque viera que nuevas volvían a aparecer.
—Gon, mírame. Por favor…—.Cuando las orbes castañas se posaron sobre sus ojos, sonrió con cariño. —Tranquilo, no llores…
—Killua… es tan triste…
—Lo sé. Shhh, tranquilo.
—No puedo…
—Gon vamos, deja de llorar. ¿Sí?—. Sus labios descendieron a un ritmo pausado desde la mejilla de su amo hasta terminar en la garganta, dando un breve mordisco juguetón a la barbilla de éste. —Vamos... hazlo por mí...
—P-pero…
—Ey, escúchame. Te prometo que te volveré a encontrar —dijo en un tono calmad—, volveré a verte. Incluso si me debo alejar de mi Jefe, vendré por ti y permaneceré a tu lado mientras esté libre de dueño temporal… vas a tener que darme un llave de tu apartamento─. Aquella broma hizo que la tristeza en el menor desapareciera. —Te lo prometo.
—¿De verdad?
—Sí…
Quería detener las lágrimas ante la repentina felicidad, pero el temor le jugaba en contra. —¿Y vamos a estar juntos? Ki-Killua…—. Una de sus manos se posó sobre la pálida mejilla derecha. —Porque, si tú me prometes que vamos a estar juntos… creeré en ti.
—Te lo prometo, vamos a estar juntos.
Esas palabras, dichas con tanta confianza y seguridad, fueron suficientes para que Gon creyera que se haría realidad y sin poder controlarlo, murmuró esa frase ocultan en un rincón de su cabeza.
—Te amo…—. Su respiración se alteró, pero procuró tomar todo el valor que tenía en el cuerpo y volvió a repetir esas palabras, una vez más. Una vez más, para que él y el albino lo entendieran. —…te amo…
Estiró su mano y entre sus dedos sujetó el cabello albino para aproximar su rostro, volviéndolo a besar.
Por su parte el mayor no se opuso e intento mantener la cercanía lo más que pudo, podía sentir como el ritmo de su corazón salió disparado al igual que su pulso, pero también, un repentino y cálido deseo lo invadió: quería volver a oír esas dos palabras. Todas las veces que fueran posibles; porque ese niño, había sido capaz de hacer sentir sensaciones que creía ya muertas. Y ahora, en esa oscura habitación, mientras la brisa nocturna se colaba por la ventana junto con la casi imperceptible luz de la luna, le devolvería el favor.
Le haría sentir lo mismo… esa felicidad, la pérdida del miedo, los nervios, la ansiedad, pero sobre todo el cariño.
Todo el cariño que había nacido para él.
Guardaron silencio mientras continuaban rozándose a cada momento, de forma tímida e insegura. Poco a poco, la ropa fue vista como un estorbo para ambos y terminó por ser desecha del cuerpo ajeno, quedando sobre el suelo de algún rincón de la habitación.
¿Sabían hacia dónde se estaba dirigiendo todo ello? Sí, lo entendieron desde el comienzo.
Y no por ello, iban a retener por mucho tiempo los nervios y la ansiedad. Estaban asustados y eso iban a negarlo, un acuerdo silencioso entre ambos, pero había decidido no detenerse.
En medio del beso, y cuando la última prenda había sido retirada, Gon tomó una de las manos de Killua, y con lentitud, hizo que ésta rozara su piel desnuda, dándole a entender que podía hacer lo que quisiera con él.
Al alejarse de aquellos rojizos e hinchas labios, el mayor pudo sentir hasta el mínimo rincón del cuerpo ajeno.
Comenzó por el cuello, dejando allí besos húmedos y alguna que otra marca por sus mordiscos, ganando no solo grititos sino también las risitas nerviosas del menor. Al llegar hasta los botones rozados y erectos, lamió su labio inferior en un gesto de anticipación para luego tomarlos entre sus dientes, morderlos y succionar levemente a la par que su mano jugueteaba con el otro, todo era para deleitar al menor.
Los besos mojados continuaron bajando, su lengua traviesa procuró recorrer cada pedazo de piel hasta llegar a la altura de la pelvis, viendo desde una perspectiva privilegiada como se erguía el miembro de Gon y con sólo su dedo índice rozó la glande, sintiendo las gotas de líquido pre-seminal emergiendo de allí, ganando también un gemido ronco como premio.
Una sola mirada y el asentimiento de cabeza, había bastado para que Killua comenzara con su labor. «Me pregunto si podré hacerlo bien». Sostuvo entre sus dedos la erección, viendo detenidamente como éste dejaba escapar algunas gotas blancas y sin pensarlo demasiado, atinó a atraparla con su lengua. Oí el gritito de sorpresa ajeno solo lo excitó más. «No es la primera vez que lo ha-hacemos, ya lo he tocado antes… y mucho. » Su lengua atrevida recorrió toda la extensión del pene, desde la base hasta terminar en la vulva. «Pero, siento que hoy debe ser especial… tiene que ser especial… más que en otras ocasiones. » Con sus manos separó las piernas del moreno, deleitándose con sus dedos por la suavidad de los muslos firmes, descendió su cabeza para soltar un pequeño soplido y luego comenzar con el oral.
—¡Ah! Killua… Ngh—. Escuchar los gemidos desinhibidos de su amo subió la temperatura a mil y el pulso terminó elevándose por los aires.
Las piernas del moreno temblaban notoriamente pero al ser sostenidas por el mayor, pasaron por desapercibidas. Los espasmos que recorrían cada parte de su cuerpo, eran increíbles y ya muy conocidos para él, y sumando el hecho de que quería más, volvía a esos roces una completa necesidad. Cerró sus ojos con pesadez mientras su boca se abría ligeramente y unos cuantos hilos de saliva entre sus dientes podían apreciarse a simple vista. Un espectáculo del cual solo Killua era capaz de apreciar.
El deseo y la lujuria que carcomían como fuego el cuerpo de Gon, mezclado con las acciones del peliblanco, sus fugaces caricias y las breves miradas compartidas, fueron capaces de hacerle sentir uno de los mejores orgasmos que haya tenido en todo este tiempo.
Pero ambos sabían que no todo terminaba allí.
La espalda del menor se arqueó contra la cama al sentir que un dedo se abría paso en su entrada y comenzaba a embestir a un ritmo acelerado; el dolor no tardó en desaparecer y ser reemplazado por un incontrolable placer, sin embargo, cuando el dígito rozó algo en su interior, no pudo evitar gritar el nombre del felino una vez más.
Esa misma sensación, que hace tiempo había experimentado con su mascota, volvía a parecer: parecía una descarga eléctrica, era como si, Killua hiciera que se desatara en su interior una descarga electica.
Pero no le dañaba, no, era agradable al tacto.
Las manos de Gon dejaron de restringir al muchacho y se fueron a acariciar el cuello delgado del mayor, descendiendo lentamente a sus hombros, para luego permitirse recordar con las yemas de sus dedos toda la extensión de la espalda desnuda ajena; volvió a descubrir su mirada castaña y mantuvo esos orbes fijos en la mirada azulina que demostraba ternura y picardía por igual.
Aun teniendo un manojo de sentimientos, atinó a obsequiarle a Killua una sonrisa nerviosa pero no por ello había perdido el rastro de felicidad.
Antes de que Killua pudiera hacer algo más, recibió un espasmo violento cuando sintió como una mano intrusa descendía desde su pecho y torso hasta la pelvis para por fin llegar a su destino, mordió su labio inferior para callar los gemidos que eran causados por aquella cálida caricia, que estimulaba casi con ternura la cabeza de su pene. Había comenzado con un roce tímido e indiscreto, mas luego terminó por convertirse en un ascenso y descenso que tomaba velocidad pero sin dejar de recorrer la extensión del miembro. Pronto la humedad apareció entre los dedos del pelinegro, pero ello no fue suficiente para detenerlo y mientras éste frotaba más rápido, el albino se apoderó de los labios del joven bajo suyo en un beso hambriento y descontrolado.
Aquel frenesí había comenzado y ya no iba a detenerse; las manos de Gon fueron a la cintura del mayor, en un atentado desesperado de deshacer la ansiedad, sabía que ese momento terminaría llegando y estaba acallando los jadeos y gemidos.
Cada nervio era tan brusco como el anterior. El albino le arrancó otro gemido al ingresar un segundo dedo.
¡Dolía más a cada segundo transcurrido!
Cerró sus parpados con fuerza que casi creyó que se le caerían. Debía ser fuerte, quería ser fuerte y disfrutar hasta la más insignificante sensación… anhelaba recordar cada instante, cada detalle de su tan preciado encuentro.
Dejo su labio inferior entre dientes mientras sentía su pulso acelerarse y su entrecejo se frunció. Él no era una persona que se acobardaba ¡Y mucho menos estando en una situación como esa! Pero ahora, estaba completa e irracionalmente aterrado.
¿A qué le temía? ¡Si estaba a punto de hacer el amor con Gon! Ese fugaz pensamiento lo atemorizó aún más.
«E-es cierto…. estoy a punto de hacerlo con él. » Bajó la mirada y sus mejillas terminaron sonrojándose furiosamente ante la expresión de place absoluto en el rostro de Gon. Al depositar el tercer dedo contra el ano del pelinegro, pudo sentir como éste mecía sus caderas hacia él y soltaba gimoteos y jadeos a la par de sus estremecimientos.
—Killua…
—Gon…
—¿S-sí?
—Vamos a hacerlo…—. El moreno lo miró extrañado. ─Vamos a hacer el amor. —musitó con emoción y sus ojos azules completamente centellantes—. G-Gon, yo... tengo... que...
No fue necesario continuar con la oración, porque el de tez oscura había entendido a la perfección lo que intentaba decirle: ver esa sonrisa, hizo que sintiera que todo había valido la pena.
Lo sostuvo más fuerte haciendo un ligero movimiento de caderas, solo para que sintiera hasta que estado lo llevó, subió y bajó sus manos por la espalda ajena, delineando con ellas las casi imperceptibles curvas de ese cuerpo moreno. Killua supo que era el momento y con el mayor de los cuidados, se adentró en aquella cavidad virginal sintiendo en nudo en su garganta y como las uñas del menor se incrustaban en su espalda. Murmuró contra el oído de Gon palabras cariñosas y promesas de un futuro juntos ¿le estaba mintiendo? El felino no estaba muy seguro, pero creyó que esto sería lo correcto.
El felino de cabello blanco se detuvo sólo unos segundos, respirando pesadamente. Sus manos peinaron esos mechones oscuros que cayeron sobre la frente del moreno, para así poder mirar ése rostro enrojecido y sudoroso. Hundió su rostro bajo la mandíbula del menor y aspiró ese perfume único y especial a la par que depositaba pequeños y fugaces besos sobre aquella zona.
¿Cómo podía tener una fragancia así en su piel? Su amo, sin duda alguna, era muy especial.
Y tener el privilegio de verlo en este estado sumiso, completamente entregado y a su total disposición, era un absoluto privilegio. Un premio de la vida que sólo él disfrutaría; sí. Es verdad. Quizá en un futuro próximo, otras personas puedan sentir íntimamente el cuerpo de Gon, pero ninguno de ellos podrá recrear las sensaciones que aparecen ante la primera vez. Porque todas ellas eran suyas, serían suyas a partir de este encuentro…
Y eso sería para siempre.
—Ki-Killua…—. Pudo escapar de su trance al oír su nombre escapar de esos labios rojizos e hinchados. El albino levantó el rostro de inmediato para encontrarse con la mirada preocupada de su joven amo, quien además tenía un tenue sonrojo en sus mejillas. —¿E-estás bien? —preguntó con ese aire inocente que tanto lo caracterizaba.
Sin poder evitarlo, y ante aquella imagen tan encantadora, sus labios terminaron curvándose en una dulce sonrisa. —Por supuesto ¿Por qué lo preguntas?
—E-e-estás mu-muy callado… ¿he hecho algo mal?
—No Gon… tú nunca harías algo mal.
—E-entonces…—. Su ritmo cardiaco salió disparado ante el solo pensamiento de lo que diría ¡pero que atrevido se estaba volviendo! Y todo por culpa de ese gato «¿Pero qué puedo hacer? Lo amo tanto… que haré cualquier cosa con tal de estar a su lado. » Ante ello, sus labios se convirtieron en una sonrisa cariñosa. —¿P-por qué te detienes? N-no lo hagas…—. Llevó una de sus manos hasta la espalda ajena procurando aproximar ambos cuerpos lo más que podía.
Necesitaba sentirlo de esa forma. De una manera tan íntima y única, incluso si debía "soportar" esos espasmos y corrientes eléctricas una tras otra.
—No… no te alejes. Quiero sentirte, quiero que me sientas, por favor.
Recordar para siempre, lo que era hacer el amor con Killua.
El mayor lo entendió perfectamente y entonces continuó adentrándose en el interior del más joven. El vaivén lento y tortuoso fue reemplazado por un ritmo más acelerado, casi incesante.
Tal pasión había cegado por completo a los dos jóvenes, llegando a límites inimaginables para ellos, y los gemidos, jadeos, espasmos y quejidos, eran la prueba del goce que sentían; el mayor sintió como el cuerpo ajeno comenzaba a tensarse alrededor de su intimidad, dándole una sensación de placer absoluto, tan diferente a como creía que sería, y entre esa sensación, terminó por dar una estocada final con gran fuerza al joven bajo suyo. Mientras que el menor contuvo la respiración tan fuerte como pudo para no pegar el grito, porque justo ahora acababa de liberar la caliente semilla sobre la mano del muchacho, junto cuando un líquido extraño se abría paso en su interior.
Los ojos azules terminaron encontrándose con los castaños a la par que unas tímidas sonrisas aparecían en sus rostros.
Otra vez no eran necesarias palabras.
Cuando el mayor se apartó con cuidado, escuchando un gemido de protesta, se ubicó al lado del menor y éste, en una acción un tanto predecible, se recostó contra su pecho para luego suspirar complacido; Killua rió ante ello ¡Ahora Gon parecía comportarse como un gatito! Y ello terminó por conmoverlo. Llevó uno de sus brazos para rodear el cuerpo ajeno y permitió que sus dedos acariciaran morena, sintiendo una vez más con las yemas la suavidad de ésta; Gon mantenía un tenue sonrojo sobre sus mejillas y estaba seguro, casi seguro, que el albino debía estar peor que él.
—Killua… —dijo su nombre en un tono que no reconoció, sonó tan ronco y diferente, que terminó riéndose por lo bajo ante su propio "error". Terminó por aproximarse más y recostar la mano sobre el pecho desnudo, trazando en él caminos imaginarios que no parecían tener final— ...Killua…
—¿Mmm?
—Gracias…—. Ante el silencio del albino sintió una pequeña molestia. Se acomodó en la cama para poder ver mejor su rostro, sosteniendo uno de los extremos de la sabana contra su pecho para que no pudiera verse su desnudez. —Estás pensando en algo… dilo…. Anda…
—Tú… ¿t-te lo imaginaste…? ¿Imaginaste que sería así?
—C-creo que... fue mejor y por eso te lo agradezco...
—A-ah... p-por… ¿lo dices por…?—. Escuchó que Gon volvió a reírse y eso lo hizo enfurecer. —¿A ti te parece bien lo que me haces? ¡Claro! Mírenlo al señor, se burla de mí ante el primer tartamudeo. Pero te recuerdo que cuando te sucedió a ti, te brinde muchos mimos y cariños… maldito mocoso egoísta… —dijo en tono juguetón mientras envolvía los brazos en torno a la cintura del menor, solo para poder abrazarlo y cuando el menor levantó su rostro no dudó en besarlo con ternura.
—Soy tu amo y yo mando.
—¿Ah sí? ¿Quieres que te haga recordar quien estuvo arriba?
—S-si pero… no siempre será así entre nosotros.
—Si será.
—¡Nop! Porque cuando yo esté arriba, no vas a querer que cambie.
—¡Ja! Eso ya lo veremos…
—S-sí… es verdad… eso ya lo veremos en otro año—. Killua lo miró extrañado. —Q-quiero decir… mañana es el último día…
—No pienses en eso ¿sí?
El pelinegro negó con la cabeza. —No, Killua. Si hay que pensar en ello… ¿sabes? He pensado…
—¿Te dolió?
—Sí… ¡digo! ¡Killua! Tú eres peor de malo que yo; Killua, escúchame… he estado pensando mucho… y bueno… creo que estará bien para mí esperar por un año, solo para vivir un mes junto a ti…un hermoso y maravillo mes junto a la persona que más amo…—. Se sentó sobre la cama y le indicó a su compañero que hiciera lo mismo. —…y lo haré… te esperaré cada año de mi vida, para poder estar contigo… hasta que pueda reunir el dinero necesario para comprarte, aunque esté mal, pero lo haré con tal de tenerte a mi lado…—. Sujetó el rostro del albino para poder rozar con sus pulgares las tibias y rosadas mejillas. —…voy a hacer ese estúpido pago para tenerte conmigo cada año… aunque no esté del todo de acuerdo, pero lo haré por ti…
—G-Gon…
—S-sí. Sí ¡Sí! Sé que es tonto… lo sé, lo entiendo, pero no te voy a soltar. ¡No te quiero soltar! ¿Y sabes por qué? Porque en verdad, te amo mucho… más de lo que puedes imaginar…—. Al ver que el albino negaba con la cabeza continuó. —… y vamos a poder con esto. Tú lo prometiste… y yo ahora voy a creer en ello… no me voy a detener hasta que estemos juntos… y después nos casemos, tengamos muchos hijitos y permanezcamos al lado del otro.
Antes de poder entenderlo, Killua había comenzado a sollozar a la par que algunas lágrimas caían por sus ojos y terminaban estrellándose contra las sabanas que cubrían sus cuerpos.
—G-Gon… —murmuró su nombre ante el repentino miedo que sintió; no supo el por qué, pero sintió terror de que las palabras de Gon no se cumplieran—. G-Gon… ¿Seguro que... será así?
—E-está vez… soy yo quien te promete un mundo mejor… para nosotros dos... —respondió para luego volver a besarlo, siendo recibido con todo el cariño y amor que podría existir.
Por ese momento tan mágico y especial, ambos se olvidaron de la razón más importante en sus vidas. Olvidaron por completo sus misiones, sus preciadas búsquedas y las personas que debían encontrar. Todo ello había perdido sentido al estar en la cercanía del otro. Ahora solo importaban ellos dos.
Y así sería para toda la vida.
Bien, eso es todo por ahora. Nos veremos en el próximo capitulo. ¿Si? Se cuidan y pórtense como quieran. ¡Besos!
Atte: Canciones de Cuna.
