Casi dos semanas y mucha frustracion, el primer lemon de RoM... Tan patetico como el resto de la historia xD Para el siguiente capitulo, otro lemon mas a ver si logro hacer algo bueno en mi vida. Este es el capitulo mas largo que he escrito... y ojala sea el ultimo tan largo xD
Muchas gracias a:
MusicianWish:Perdon, yo tambien soy horrible cuando me desvelo u.u No te sientas sola, no eres la unica amante de los limoncitos (solo lee los reviews desde el principio, pidieron lemon casi empezando la historia xD) Y al final me he desvelado para terminar de escribir esta cosa xD Espero te guste este capitulo. Muchas gracias por tu review, toma, limonada! (?)
arrios18: Aqui traje lemon carajo xD Muchas gracias por tu review.
Lena Silver: XD calmada mujer, te traje limonada pa que le bajes a los sentimientos (y le subas a la pasion 13 (?)), y vaya que pudieron con la putirubia, me sorprende que nadie dijera algo sobre ser rubia en los rvws xD. Como sea, si no recuerdas tu parte del trato, Levi te lo recordara ahora mismo! AHH, COCA COLA Y TORTA!ASDASDDDDA GRACIAS! y gracias por tu rvw tambien *le da el vaso de limonada con afrodisiacos y lubricante. Levi esta muy desesperado 13*
mafia chan: xD la putirubia debio morir! -hasta yo la odie cuando la hice xD- Aikido? wow, eso esta bueno, le hubieses pateado el trasero a esa mujer! Hey, muchas gracias por tu rvw y toma tu limonada (?)
xongui: HOA! xD Todos los que si quisieron golpear a la chica levanten la mano ._./ (?) Hey, muchas gracias por el apoyo, aunque no estoy segura de cuantos capitulos mas vaya a tener esto. Aun asi, te comento que una de mis lectoras me ha pedido escribir un ErenxLector despues de que termine esto y no quisiera hacerle esperar hasta el siglo que viene xD Hey, aqui esta tu lemon 13 *otro vaso con Limonada, afrodisiaco y un pote de lubricante* Muchas gracias por tu rvw!
Yako-chan: xD todas contentas con la paliza a la rubia. Muchas gracias por tu review y toma tu limonada!
Rivaille's wife: xD Gracias por el resumen, ese capitulo estuvo bien drogado xD Ojala este no quede igual de patetico. Muchas gracias por tu review y toma tu limonada con afrodisiaco y algo de lubricante 13
Atzuko-san: *le regala un saco de boxeo con la cara de la putirubia* toma, desahogate con esto. xD *sonrojada hasta las orejas con esos besos y esa frase en frances* Okey okey okey... ./. Me alegro alegrarte el dia (?) Y wow, asi se dice nena, orgullosa carajo (este soy menor de edad, salgase que si me violas te metes en problemas como Levi por pedofila xD) pobresito tu novio (o pobresita tu... o tal vez no (?) 13) y este lemon no es muy detallado ya que decidi mas bien hacerlo estilo fluff, mas tierno por ser la primera vez de Reader-chan (ya que todo el mundo le puso Reader-chan me uno xD) pero planeo un lemon hard para el siguiente capitulo, so don't worry. (TODAVIA ESTOY ESPERANDO MI LEMON DE ERWIN POR LECTOR!) Muchas gracias por tu review, toma tu limonada y... nah, a ti no te doy lubricante 13 13 (wtf que me pasa ./.)
ktty_ccg: El sexo duro contra el muro para el siguiente capitulo, pero por hoy conformense con este mal intento de lemon xD estoy vigilandote por pixiv e.e quiero mas dibujos sexysosos ok? (sexywhat? xD) Muchas gracias por tu RVW, toma tu vaso de limonada, tu pote de lubricante y saca la lenceria sexy, al fin tienes tu follis con levi xD
Tsubasa: Muchas gracias, ojala te agrade este capitulo! Muchas gracias por tu rvw tambien!
Mei Phantomhive: Violencia everywhere xD Y ya luego sabran porque Levi regaño a rayis xD, tambien reacciono un poco mal por el alcohol. Muchas gracias por las palabras lindas *3* y siento mucho lo de tu telefono no vayas a leer este capitulo en el colegio o pasaras pena xD Muchas gracias por tu rvw, toma tu limonada y el lubricante 13
DreamGirl: Jo, odio cuando me pasa eso tambien, por eso tengo a mis historias en favorito para que cuando me pase eso no se me pierdan. AHHH, CHOCOLAAAATEEEEE! *se lo traga* Muchas gracias por tu rvw, toma, limonada fresca y lubricante para la noche de pasion xD
nya: KETCHUP LOL XD Esa esta buena eh! Muchas gracias por tu rvw. Limonada para ti! :3
Miss Writer 04: Recuerda que Reade-chan andaba como una cuba de borracha, por eso se paso un poco -aunque a mi me gusto que la jodiera!- Si, aqui esta tu lemoncito (intento de lemon barato), y para el siguiente, lemonsote 13 Y no, no te pongas como ellos, por dios xD Muchas gracias por tu rvw, limonada y lubricante para ti tambien xD
R.P.D: tengo varias ideas ya para el fic. Y si, la cabeza de Eren rodara por tocar a la princesita del soldado mas fuerte de la humanidad xD
Paloha12314: Ese es el espiritu, carajo! Um, tan solo he logrado hacer esto como lemon, pero Levi nunca dijo que el castigo seria de una sola noche. Pagara bien caro esa escenita en el bar en el siguiente capitulo (si sera lemon hard) y Levi sera feliz xD. Lo unico que puede ocurrir contigo, levi y un sosten es que te lo quite, asi que no, supongo que lo guardare xD *AAAAAAAAAAH, PASTEL Y CAFE DEL ESTARVUCS! (?) -que importa que sea hipster xD- Eh, si terminara lo siento u.u, no pronto, aun me quedan algunas cosas que escribir, pero no creo que llegue a 24 capitulos, 17 tal vez? todo depende ya que tengo el final en mente y ademas que no sera el primer LeviXLector que escriba, pienso hacer un Modern AU tambien junto al ErenxLector y lo que salga. -Y no te aseguro que no vayas a llorar con el ultimo capitulo xD- Intente hacer un buen lemon... salio esta mierda, ni modo, el siguiente sera mejor. Y si, es normal que veas esas mariposas, aparecen por temporadas, en Venezuela llegan a cubrir casas, autos e incluso edificios... yo las odio xD Um, ustedes tendrian que ayudarme con eso de los mejores momentos del fic, puedo hacerlo! Y pinkie pie xD Muchas gracias por tus dos rvw y no manejes despues de beber. Toma, limonada y lubricante xD
Azula Jeager: No llores por favor X'D Gracias por tu rvw!
Gii-chan: ...Quiero mis fics de Levi tuyos ahora e.e gracias por el rvw y toma un vaso de limonada y algo de lubricante porque lo que te viene con heichou esta bueno (?)
Y gracias por darle favorito y a seguir 8D
ACLARANDO CLARESAS CLARAMENTE (?):
"blablabla" son pensamientos
-blblblblaaaa- son dialogos
-_._._._ fue a casa de pedro.- estan diciendo el nombre del lector.
Espero les guste este capitulo!
Disclaimer: Shingeki No Kyojin NO ES MIO, es de Hajime Isayama!
Advertencia: Lenguaje Vulgar (Uuuhh : ), posible OOC (Levi, eres como una cebolla 8D) y Contenido Sexual Explicito (Yo se que ustedes no deberían estar leyendo esto 13)
.
.
.
Abriste los ojos, encontrándote en un lugar obscuro. Una gigantesca águila negra estaba frente a ti, sus alas rasgadas y obscuras como las de un demonio, y con dos enormes ojos grises que te miraban fijamente. Tu corazón latía rápido, e intentaste retroceder lejos del animal, pero un par de fuertes brazos te sujetaron en tu sitio, paralizándote de terror.
-¿A que le tienes miedo?
El ave no estaba más allí. Giraste el rostro, observando por sobre tu hombro el rostro sereno de aquel hombre que te abrazaba contra él. Asustada, hundiste tu propio rostro contra su pecho, sujetándote a su espalda.
-¿Acaso tienes... Miedo de mí?-
Cuando miraste tras su hombro... Fue cuando notaste las alas negras detrás de su espalda.
.
Abriste los ojos de par en par, sobresaltada. Había sido un sueño nada más... Un mismo sueño que te atacaba últimamente, casi todas las noches. Inhalaste pesadamente y obligaste a tu cuerpo a reaccionar, levantándote de la cama para poder salir. Fuiste al baño y te lavaste el rostro, pensando en aquel sueño al terminar y decidir ir a la cocina a buscar algo de tomar y pasar la noche, como otras tantas, en vela.
Eran las tres de la mañana. Mientras paseabas por los pasillos, comenzaste a rememorar ciertas cosas... Como la primera discusión seria que habías tenido con Levi tras aquella desastrosa celebración de cumpleaños, un mes antes.
Aquel "trato" del cual él te culpaba de haber incumplido consistía en que confiaras en él, que le respetaras y que no le hicieras sentirse preocupado o celoso por ti, y en una sola noche habías logrado romper todas esas partes del trato. Ignorándole cuando te advirtió no tomar más que una copa, habiendo hecho que se sintiera celoso al verte bailar descaradamente con varios hombres ante sus ojos, faltándole el respeto y además armando una escena delante de todos los presentes en el bar. La bofetada que te había dado al salir de allí no era nada en comparación al sermón que habías sufrido al día siguiente.
Aun podías recordar cada mísera palabra que te había dicho, y bien habías intentado hacerle comprender tus razones de actuar de esa manera y también le habías devuelto un par de insultos, recordándole que él era en parte responsable por haberse dejado manosear por aquella mujer. Mas él había pisoteado tus argumentos diciendo que él jamás tocó ni uno de sus cabellos pero tampoco podía simplemente empujarla lejos así como así sin que esa mujer armase un escándalo, metiendo en problemas a él y sus demás compañeros, incluyéndote. Al parecer aquella mujer era una especie de molesta pretendiente que había llegado a asustar a otras compañeras de Levi con amenazas y escándalos, por lo cual él intentaba por los medios menos violentos mantenerte lejos de su mira y por ello había fingido no importarle sus actuaciones, esperando que la mujer se aburriera en algún momento y se fuera.
Aquello fue el golpe final a tu orgullo, pues tenía sentido. Era por eso que estaba ignorándola a pesar de que ella intentaba besarle, jamás escuchaste las palabras que cruzaron, no podías estar segura de lo que había pasado entre ellos en esos momentos y sin embargo habías reaccionado de esa manera, empujada por el alcohol y los celos... Pero eras tan orgullosa que simplemente ignoraste aquello y continuaron discutiendo hasta que Levi le dio punto final a aquel debate, imponiéndote un simple y tranquilo castigo por haber desobedecido sus órdenes.
Era paradójico. Primero, durante muchos años, pensabas que nadie jamás lograría doblegarte, castigarte o humillarte como aquellos que te jodieron la vida en tu pueblo natal. Ahora como juegos del destino llegaba ese hombrecito que ni siquiera te había pedido algo más que un poco de confianza y ahora era él por quien serías capaz de arrastrarte con tal de tan solo recibir una caricia, una mísera mirada que aliviara el doloroso frío de tu pecho, aunque fuera momentáneamente. No podías evitar sentirte como una mierda por haberle hecho enojar y ahora por él eras capaz de recibir un castigo que te afectaría de cierta manera a cambio de una "restauración del trato" que habían hecho aquel día de navidad.
Tú tendrías que ceder a su deseo más grande: Volverte su mujer de forma carnal.
Abriste la puerta de la solitaria cocina, tomando una taza limpia y buscando una de las teteras alrededor, consiguiendo solo dos de las tres que normalmente había. Supusiste que, de nuevo, cierto personaje famoso de la Legión la había dejado en su oficina -cosa que ya acostumbrabas a lidiar. Tenías más de un mes sin dormir una noche corrida y a él le pareció un buen momento para olvidar la jarra de té en su oficina-. Suspiraste cansinamente, hiciste tu té en otra tetera, lo serviste humeando en tu taza y saliste de la cocina al pasillo con los ojos cerrados, sintiendo el cansancio pero sabiendo que pegar un ojo a esas alturas de la madrugada seria inconveniente. No habías podido dormir por las pesadillas de siempre, mezcladas con otras nuevas además, ya que no te atrevías ni a poner un pie cerca de la habitación de Levi, esquivándole de todas las maneras posibles, escapando de aquel castigo al cual simplemente le tenías terror tras haberte informado con cierta científica loca de lo que significaba convertirse en una mujer.
Pasaste tu mano libre por tu rostro, volviendo a suspirar con desgano antes de encaminarte a la oficina del Lance Corporal, subiendo las escaleras y cruzando un par de pasillos en silencio. Las noches del comienzo de otoño eran frescas, aunque últimamente te habían resultado particularmente frías. Hoy por ejemplo, caminando descalza por la fría piedra, te era difícil no temblar apenas cubierta con un camisón a las rodillas.
Le diste un sorbo a tu taza de té negro, haciendo mala cara ante el sabor amargo, dulce y la contextura aguada de aquel líquido. No gustabas realmente del té negro, si bien el aroma era agradable, no era tu tipo de bebida preferida, pero lo importante era que habías descubierto que tomarlo te mantenía despierta y eso era muy importante ahora que no eras capaz de conciliar un sueño decente al no poder dormir por lo menos uno o dos días a la semana con Levi. Era inevitable que evadieses de todas las maneras posibles a aquel hombre que te quería castigar, aunque la verdad desearas todo lo contrario.
Te sorprendiste al ver la puerta de su oficina medio abierta, una vela a medio consumir y papeles en el escritorio. Todo estaba ordenado, pero la habitación estaba vacía. Por dios, eran las tres y media de la mañana, él no estaría despierto a esa hora durante esa época, apreciaba unas buenas horas de cálido sueño y dudabas que las perdiese solo para terminar papeleo inútil, así que supusiste que simplemente había dejado las cosas así.
Entraste en la oficina en silencio, encontrando justamente la tetera faltante sobre el escritorio junto a una taza de té frío. El aroma a limpio y a Levi en la oficina se mezclaban suavemente con el fuerte olor del té, haciendo que tu cabeza diera vueltas, sintiéndote cada vez más somnolienta mientras, al asegurarte de que no hubiese nadie más en el lugar, te sentabas en la silla que había en el escritorio y que él utilizaba a diario, dejándote envolver por el ambiente cálido y familiar de aquel lugar, cerrando los ojos y soltando un bostezo. Tenías mucho sueño.
Tomaste un último trago de té y lo dejaste sobre una mesa cercana, tragando mientras sentías aquel lugar cálido y agradable, montando los pies descalzos en el cojín y abrazando las piernas contra tu pecho para apoyar la cabeza contra uno de los apoyabrazos, quedándote dormida al fin.
Los minutos pasaron, y sentiste además, algo cálido y suave que te cubrió los hombros, luego algo mullido que se presionó contra tu frente, sonriendo mientras soñabas que eran los brazos de aquel enano gruñón los que te abrigaban de forma protectora, dándote un beso.
.
.
.
Novia
.
.
.
Un rayo de luz entró por tus parpados, haciéndote fruncir el ceño. Te dolía la espalda a horrores, así que no te quedó de otra que obligarte a ti misma a despertar, gimiendo con los músculos agarrotados por la incómoda posición en la que estabas. Algo suave, cálido y con aroma a limpio se deslizó por tus hombros cuando te levantaste de la silla, girándote para encontrarte con una chaqueta de la Legión que no recordabas haber llevado encima. La vela en el escritorio se había consumido y tu taza de té había desaparecido...
-Ya despertaste.- Casi pegaste un salto de pánico cuando observaste que la persona que rondaba tus sueños y pesadillas durante esos días estaba allí, recostado contra la ventana del lugar mientras tomaba su propia taza de té humeante, una segunda taza (la tuya) en su mano libre. Había ojeras bajo sus ojos y lucía demacrado, como si no hubiese dormido en siglos. Llevando su blanca camisa abierta, dejando ver su pecho amplio y el cabello revuelto, parecía haber salido recientemente de la cama al igual que tú, o mejor dicho lucía como que no había tocado siquiera la cama. Sus ojos grises fijos en ti, derretidos como acero líquido.
Te limitaste a bajar la cabeza, a punto de salir corriendo de alli. -B-buenos...- susurraste, obligada por la cortesía, pero justo en ese momento el reloj dio las cinco en punto y el cielo, antes gris, comenzó a tomar colores. -...Días...-
Levi se mantuvo inconmovible mientras se acercaba a ti, extendiéndote tu taza llena de chocolate caliente en vez de té. ¿Cuánto tiempo había estado observándote dormir en silencio? Te preguntaste, aceptando la bebida con un asentimiento.
-Cuidado, está caliente...- susurró mientras lo llevabas a tu boca, soltando un alarido al sentirlo hirviendo y además amargo... ¡Incluso salado! -...Yo... Me equivoque cuando le fui a agregar azúcar...- agregó aún más bajito, como si le costase admitirlo.
Tosiste repetidas veces, soplando y jadeando antes de dejar la taza de té en el escritorio con el rostro arrugado. Recordaste que Levi era muy, MUY malo en la cocina. Incluso en cosas simples como preparar una bebida parecía tener una especie de maldición, aunque claro, no ibas a arriesgar el pellejo diciéndoselo Sonreíste y tragaste, aguantando la expresión de asco que intentó formarse en tu rostro. -E-está bien... Es un sabor... exótico... S-solo está algo caliente.-
-Tch. Que gustos tan raros.- gruñó. No era la primera vez que él te preparaba algo de comer, tampoco la primera vez que fingías tener gustos raros. El simple gesto de que él te preparara algo de su propia mano resultaba demasiado adorable para ti, aunque luego tuvieses que correr a vomitarlo. De vez en cuando parecía sospechar de tus gustos "excéntricos", pero tú no le permitías concretar sus corazonadas. -¿Que hacías aquí dormida?-
Oh, directo al punto, ¿Eh? Tus mejillas se encendieron ligeramente, apartando la mirada lejos de él, mirando hacia el escritorio con dos pequeñas pilas de papeles. El aroma de Levi se había impregnado a la tela de la silla donde aun estabas sentada y al dormir allí habías sentido que dormías entre sus brazos.
-Solo tuve un mal sueño...- susurraste con pena, recibiendo la mirada serena del Lance Corporal, quien le dio un último sorbo a su té antes de dejarlo en el escritorio frente a ti, haciéndote tensar por su cercanía inesperada.
-¿Por qué no fuiste a buscarme?- preguntó, su aliento con aroma a té erizó la piel de tus mejillas.
-¿P-Por qué? ...S-supongo que no pensé en ello. Jejeje...- fue tu respuesta, sonriendo estúpidamente. "¡Arrinconada!"
Los ojos grises te mandaron una mirada de no creer ni una mierda de lo que decías. Cada vez que tenías pesadillas, corrías a él como una nena asustada. -...Tch. Has estado evadiéndome desde que tuvimos aquella discusión, ... .- tragaste sonoramente, atrapada en sus orbes grises. — ¿Aun estas molesta conmigo?-
Una vocecita dentro de tu cabeza reclamo su error, era él quien estaba molesto contigo, ¡No tú! Debías huir. Sonreíste con creciente incomodidad, mirando a cualquier lado menos directamente hacia él. — ¿D-de que hablas? Dices tonterías.- tomaste la taza de chocolate y te zampaste todo de un par de tragos, aguantando las náuseas con una sonrisa. —S-si me disculpas, iré a llenar mi taza con...-
Habías saltado de la silla y estabas dando media vuelta hacia la puerta, casi sintiendo la libertad cuando una mano sujetó la taza en la tuya, deteniendo tu plan de huida en un segundo.
-No iras a ninguna parte.- ordenó, petrificándote en el acto mientras te arrebataba la taza y la dejaba en el escritorio. Joder, para lo que menos estabas preparada ahora mismo era para mantener una conversación con él, menos cuando habías tomado una posición a la cual habías bautizado como suicida en toda aquella situación incómoda. Pero luego, mientras te ordenaba sentarte en el sillón de nuevo, pensaste que tal vez podrías confirmar la duda más grande de todo aquel embrollo en él que te habías metido. ¿Él acaso te abandonaría de alguna manera si llegabas a negarte a acostarte con él? -Tenemos que hablar.-
Te sentiste tentada a hacer un mal chiste con esa frase. La odiabas. Cada vez que alguien te la decía, sentías ese hormigueo de nervios en la nuca porque sabias que algo malo iba a pasar. Sentada en el sillón, observaste al moreno sujetar su taza de té con su extraña forma de hacerlo, dándose un largo trago antes de relamerse los labios. Estaba dispuesto a comenzar su charla cuando tú te le adelantaste, soltando una frase que sonó ligera y casual, pero que tenía contenido de peso.
-Debo suponer que hablaremos de aquel castigo...- los ojos grises y azulados dejaron ver la sorpresa de su portador. -Si ese es el caso, será mejor que te sientes también... Tendremos una muy buena charla.-
Anonadado, Levi tomó asiento frente a ti en el borde del escritorio. Por un momento recordaste tu primer año en el Cuerpo de Entrenamiento, donde te metías en problemas de vez en cuando por haber golpeado a cierto chico molesto que se metía contigo y tu banda. Te diste cuenta de que esta era tu oportunidad de hablar con Levi de forma civilizada (y no a gritos como lo hicieron aquella mañana tras tu "cumpleaños"), exponerle tus puntos de vista detalladamente, discutir y llegar a un acuerdo como dos adultos... Bueno, un adulto y una adolescente.
-Bien. Seré concisa: En el momento en que pongas un solo dedo sobre mí sin mi consentimiento, te mataré.
...No era justamente eso lo que querías decir... Ni como lo querías decir tampoco.
Levi te miró ahora con el doble de sorpresa en su expresión -Para la cantidad de expresiones que era capaz de mostrar su estoico rostro-. A ti no te quedó de otra que arrastrar tu lamentable barco de idiotez con una cuerda a través de la tierra seca...
-He hablado con Hange-san, ya que mis padres jamás lograron hablarme sobre esas cosas y mi hermana sabia lo mismo que yo hasta hace poco. Terminé hablando con ella sobre eso de tener sexo con alguien... Y tan solo tengo una pregunta para ti...- afirmaste, recobrando tu pose fría, como la de un criminal pesado...
Y tomando aire profundamente...
-¡¿Acaso estas loco?!- le rugiste, haciendo que sus cabellos negros volaran hacia por tu grito. -¡¿Siquiera entiendes que si me acuesto contigo saldré embarazada, pedazo de idiota?!-
Reinó el silencio durante quince largos minutos, mientras tú te obligabas a calmarte. Recordabas aquella charla de Hange como si hubiese sido ayer, una de las charlas más horribles de tu vida. Te había metido en su laboratorio durante una noche entera, explicándote todos los procesos de la Reproducción Humana como si fuesen lo más interesante y hermoso del mundo cuando para ti resultó asqueroso, vergonzoso y aterrador. Al final, habías concluido que, si bien tener sexo con alguien era placentero (eso ya lo imaginabas, no por nada tus amigos también eran medio pervertidos y se contaban sus aventuras contigo presente, pero no lo comprendías.), se corría el riesgo de obtener enfermedades, infecciones... Y de paso un jodido embarazo. Por dios, tenías unos jodidos dieciséis años y tu vida pendía de un hilo siendo un soldado de la Legión de Exploración, tener un hijo a esa edad y en esas circunstancias era inimaginable...
Por todas las murallas... Tenías que compartir fluidos corporales con otra persona... ¡IUGH!
Levantaste la mirada hacia Levi. No concebías además como era posible para él, que era un maníaco de la limpieza, también sentir deseos de compartir fluidos corporales contigo. Mas tus pensamientos se apagaron al ver al Lance Corporal suspirando, al parecer profundamente cansado mientras se pasaba una mano por el cabello, echándoselo hacia atrás antes de que regresara a su sitio.
-Joder...- susurró, cerrando los ojos con pesar mientras apoyaba el codo en su regazo y la frente contra la palma de su mano. —De todas las personas a las que pudiste preguntarle sobre eso... ¿Por qué demonios elegiste a la Maldita Cuatro Ojos de Mierda para que te explicara sobre ello? Incluso Petra o yo hubiésemos sido mucho mejores...-
"... ¿Pero qué...?" -¿Uh?
-... , pedirle a Hange Zoë que te explique algo es como pedirle a un cerdo que te muestre el mundo: ¡Solo veras lo más asqueroso y horrible de la realidad!- explicó mientras te mandaba una mirada cansada. —Sea lo que sea que te haya dicho, no es como tú crees que es.-
-¡Pero ella es una científica!- le recordaste.
-¡Ella está jodidamente loca!- fue su respuesta.
-¡Ella se ha acostado contigo, Levi!
Paralizado, Levi pasó a tener una expresión anonadada por un largo minuto, los ojos grises fijos en un punto en el aire por aquel lapso de tiempo, palideciendo antes de que, repentinamente, reaccionara abriendo una gaveta y sacando un pequeño revolver, los ojos cubiertos por sombras mientras se dirigía a la puerta. "Esa perra..." le escuchaste gruñir justo antes de que comprendieras sus planes maléficos, guindándote de su cuerpo con brazos y piernas para que se detuviera de asesinar a la segunda al mando de la Legión. "¡Piensa en lo que haces! ¿Qué mierda voy a hacer si vas preso de nuevo por mi culpa, jodido matón?". Le recordaste entonces cierto acontecimiento que había ocurrido meses atrás para intentar contenerlo.
Otros quince minutos más y el Lance Corporal parecía un toro bufando tras su escritorio. Apenas habías logrado calmarlo.
—Ella no me dijo nada sobre ti. Solo lo decía porque ella ya es toda una mujer y sabe lo que yo no sé.-intentaste apaciguarle por enésima vez. —Además... el punto no era ese, exactamente.-
Su atención por fin se acumuló en ti, mirándote aun enojado desde su silla ahora mientras tu permanecías erguida a su lado. Tú tragaste sonoramente, carraspeando un par de veces y jugueteando con tus dedos en el camisón que aun llevabas puesto. Este era el punto importante, por el cual te sentías más nerviosa y asustada, estarías haciéndole frente al Soldado más Fuerte de la Humanidad...
-...Lo que quise decir es... Que no me importa si estas molesto conmigo por lo que paso en el bar hace un mes...- susurraste, frunciéndole el ceño a la madera del escritorio. Tu voz sonaba temblorosa dentro de tu cabeza, no estabas segura de lo que decías. En realidad si te importaba, y mucho, que Levi se enojara contigo... -...Hange-san me dejó en claro una cosa. Es mi cuerpo, y se lo entregare a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Y no hay nadie que me obligue a lo contrario... Incluyéndote.-
Él no respondió tras un largo tiempo, haciendote asumir de una vez que él no estaba contento con tu declaración. Aunque la verdad no concebías compartir fluidos con nadie más que con Levi, no podías evitar sentir nervios o miedo a ese tipo de desconocidos. Como fuera, al menos habías hablado claramente con él, como personas civilizadas.
No tenías nada más que decir y tu compañero no parecía querer reaccionar, mirando tu figura como si fueses transparente, así que sin mucho más, te diste media vuelta y caminaste hacia la salida. Era mejor un "aquí corrió" que "aquí fue picada en pedacitos por el Lance Corporal Levi".
-...Eso es todo. Si me permites, en media hora comienzo mi servicio...
Ya estabas sujetando el pomo de la puerta cuando sujetó tu mano en un parpadeo, haciendo que detuvieras tu marcha y te girases hacia él tan violentamente que tu cabello se agito en el aire, flotando a tu alrededor. Fue entonces cuando notaste aquella famosa mirada que Hange había notado ver en él "cuando te veía". Encandilado, como si fueses alguna especie de diosa inalcanzable, incluso para él quien era el más poderoso de la humanidad. Como una mariposa que vuela hacia la luz... Tal vez Levi tenía razón, tal vez Hange en verdad estaba loca.
-Aun no hemos terminado.
Le escuchaste gruñir a tus espaldas justo antes de halar tu brazo, haciendo que te giraras y te estrellases contra él, quien te aprisionó en sus brazos, estrechándote contra su pecho, sujetando tu cabeza para que la hundieras contra su hombro en un abrazo posesivo, tosco... Cálido.
Ese simple gesto, tan burdo y común, fue suficiente para que tu corazón latiera tan fuerte que te hizo jadear mientras los sentimientos abrumaban tu cuerpo.
-Debes ser alguna especie de bruja...- murmuró, apretándote aún más contra si como si tuviese miedo de que escaparas mientras tú te quedabas estupefacta, los ojos abiertos de par en par. —Tch, voy a tener que aclarártelo de otra forma. ... , en el momento en que aceptaste ser mi compañera, aceptaste convertirte en parte de mi propiedad. Odio que los demás toquen mis cosas con sus asquerosas manos, así que debes tener una puta idea de como me sentí cuando esos borrachos de mierda te tocaron mientras bailabas con ellos. Eres mía y de nadie más. Mía. Y como parte de mi propiedad, si he de esperar mil jodidos años a que un día te dignes a entregarte, esperaré con gusto... Pero no dejaré que ningún otro obtenga a la mujer que amo, jamás.-
Tus ojos quisieron salirse de sus órbitas ante la última palabra... "La mujer a la que amo" Él había dicho... Para él, tú eras... -Levi...
-No dejaré que nada ni nadie ademas de ti misma te aleje de mi lado. ¿Entiendes esa mierda? Podemos pelear, incluso matarnos a golpes, pero lo que siento hacia ti es una elección, ya no una simple circunstancia nada más, y elegí que te quiero siempre conmigo. Me gusta tu atrevimiento al decir que ni yo ni nadie podrá elegir sobre ti. Tienes agallas, y sé que eso te llevará lejos... Pero también me molesta que a pesar del tiempo que tenemos en esto juntos, aun seas tan descorazonada conmigo.-
Sujetó tus brazos con sus manos, alejándose de ti un par de centímetros para encararte. Lucía harto, como si ya no quisiera continuar con aquello. Quien sabe que cara pusiste que le hizo entrecerrar los ojos.
- Porqué lo eres, no pongas esa cara. ¿No te habías dado cuenta? Por algo te he puesto Diamant D'Hiver. Es bien jodido llegar al centro de un diamante... Igualmente es bien jodido llegar a tu corazón.- su dedo golpeó ligeramente el lugar en donde tu corazón latió con fuerza al sentir su tacto en tu piel.
Fue entonces cuando comprendiste absolutamente todo, de principio a fin. Alguna vez habías escuchado a algunos compañeros de academia apodarte "Bloque de hielo" aunque tú no lo comprendías. Siempre estabas sonriendo cuando estabas con tus amigos, bromeabas con ellos, llorabas con ellos y sentías lo que ellos sentían. Sin embargo, muy pocas veces compartías tus verdaderos pensamientos con ellos, tan solo te limitabas a apoyar sin pedir apoyo, a ayudar sin ser ayudada. Jamás le dabas prioridad a lo que sentías, y si alguien te preguntaba sobre lo que sentías sobre alguien o algo, sonreías y dabas una opinión neutra, jamás mala o buena, dejando en claro que mientras no te hiciera ningún daño, no te importaría lo que pasara.
Joder... Teniendo en cuenta que habías llamado a Levi un "Ser sin corazón que no le importa nada" en aquella pelea que tuvieron anteriormente, tú estabas en un nivel muy similar. Solo que tu desconfiabas por completo en los demás, pero con una sonrisa cálida en el exterior. Junto a ello, tu actitud orgullosa y altanera, los muros que armabas cuando te sentías amenazada tan solo lograban afectar a Levi, quien a todas estas, con toda su mezquindad, jamás había intentado ocultar su sentir hacia ti. Él realmente te había entregado mucho mas de lo que te estabas dando cuenta en el poco tiempo que tenían juntos, aun corriendo el riesgo de saber que tal vez tu no lo ibas a amar de la forma en la que él lo hacía.
-Sin embargo...- Levi te sacó de tus pensamientos. -También eres muy transparente.-
Tus ojos se encontraron con los suyos, notando como la mirada severa en sus ojos se ablandaba ligeramente.
-Eres muy dura y fría... Pero puedo verlo a través de ti... Esto.- levantó una mano y rozó con suavidad tu mejilla con su pulgar, haciendo que tu pomulo se calentara bajo su tacto y tu mano automáticamente tomara la suya para que no la alejase de tu rostro, como si necesitases sentirle. Sus orbes tormentosas brillaron ante tu gesto. -Puedo ver lo que está en el centro de ti con solo mirarte a los ojos. Sé que me amas y no hay nada que puedas hacer al respecto... Y con el afecto... Viene el deseo.-
Y para comprobarlo, metió sus manos dentro de tu cabello, sujetó tu cabeza en sus manos y te atrajo hacia él, juntando sus labios a los tuyos en un suspiro.
El mundo se apagó para ti. Como si nada más que él importara, un solo movimiento de sus labios fue suficiente para hacer que todo tu cuerpo se rindiera a su merced, obligándote a ti misma a sujetarte de su camisa y así poder obtener suficiente control para al menos mantenerte de pie, suspirando también para corresponder a su beso, tu corazón latiendo a mil por segundo contra tu pecho mientras él rodeaba tu cintura con uno de sus brazos antes de lamer con suavidad tu labio inferior, causándote un estremecimiento de pies a cabeza. Dulce, intenso, vibrante, amable. Después de tanto tiempo sin sentir sus labios, habías olvidado de alguna manera lo buen besador que era aquel hombre, lo pequeña e indefensa que llegabas a sentirte cuando él te tenía en sus brazos. Era vergonzoso, y a la vez no te molestaba para nada. Desde tus padres y tu hermana, jamás te habías permitido sentirte indefensa ante nadie hasta la aparición de aquel que ahora te causaba todas esas sensaciones y sentimientos.
De pronto sentías su beso más profundo. Sus caricias eran más intensas, y su agarre en tu cintura te empujaba contra su cuerpo aún más, como si quisiera dejarte pegada a él por siempre. De pronto las piernas te temblaban como gelatina y apenas podías respirar, tu corazón latía como si hubieses corrido una maratón. Tan solo cuando se separó de tu boca para recuperar el aliento, pudiste pensar con un poco más de coherencia.
-Abre la boca.- le escuchaste decir, separándose ligeramente para poder mirarte a los ojos. Confundida, tú le regresaste la mirada, sin comprender la razón detrás de su orden. Él chasqueó la lengua y sus ojos brillaron, dejándote ver una casi imperceptible sonrisa. -Ven. Te mostrare como es un beso francés.-
Se acercó a tu boca y mordió tu labio inferior con suavidad, halando tu cabello hacia atrás para hacer retroceder tu cabeza y que él estuviese más alto que tú en el momento en que gemiste por su trato brusco, aprovechando que abriste la boca para volver a besarte, deslizando su lengua entre tus labios, invadiendo tu boca, haciendo que tus piernas cedieran cuando la punta de su lengua rozó sensualmente la tuya, un rayo de sensaciones recorriéndote el cuerpo y haciéndote estremecer.
Si bien el té no te agradaba, cuando te hizo probarlo de su propia boca se convirtió en el mejor sabor que habías probado en tu vida, suspirando cuando te atreviste a enlazar tu lengua a la suya, sintiéndolo sonreír ligeramente contra tus labios mientras te incitaba a luchar por la dominación del otro, aprovechando la situación para recostarte sobre el escritorio, lanzando sin querer algunos papeles al suelo. Cada roce húmedo se volvía una ola de sensaciones, arrancándote suspiros que chocaban contra sus labios.
Te sorprendiste al sentir que no solo tú te sentías abrumada por aquello, que el corazón de Levi también retumbaba bajo una de tus manos en su pecho, y que sus propias manos se movían inquietas en tu cintura, acariciándote por encima del camisón con deseo. Rayos, tú también deseabas acariciarle, de pronto ya no sentías miedo de nada de lo que Hange había dicho. Metiste las manos bajo su camisa abierta, sintiéndole estremecer suavemente cuando acariciaste tímidamente su pecho, amplio, fuerte y duro como la piedra.
Lo sentiste comenzar a separarse de tus labios tras unos segundos que se te hicieron eternos, quedándose ambos con la respiración agitada. Ambos habían terminado recostados sobre el escritorio y apenas te dabas cuenta de la comprometedora situación en la que estaban, él encajado sobre tu cuerpo, acariciándose ambos. ¿Qué habría pasado si alguien hubiese entrado y visto a ambos compartiendo babas sobre el escritorio del Lance Corporal?
Sentiste que todos los colores del arcoíris te subían al rostro, empujando débilmente a Levi para que se te quitara de encima aunque unos segundos antes estuvieses contentísima por ello.
-¿Qué pasa?- preguntó, sonriéndote ligeramente sin inmutarse de tus empujones. -Te has puesto muy roja. ¿Acaso olvidaste eso de "decidir cuándo y con quien acostarte"?-
Si un mosquito hubiese querido chupar la sangre en tu rostro, se hubiese muerto achicharrado por el calor que comenzó en él, sonrojándote el doble por el comentario estúpido y apartando la mirada lejos de Levi. Quisiste llamarle idiota, pervertido, tantas cosas... Pero al mismo tiempo estabas tan feliz de volver a tenerle como antes que no te atreviste a arruinarlo.
-...Dije que será cuando yo quiera... No dije que no fuera contigo.
Un rayo surcó los ojos grises, que por un momento se vieron azules como cielos. -Hm... Ya veo.- se levantó de encima tuyo, bajando de la mesa y cerrándose la camisa sin apartar la mirada de ti mientras te sentabas.
El camisón transparenton se te pegaba a la piel y se había deslizado por tus piernas al haber tenido una flexionada, dejando esa pierna prácticamente desnuda a la vista de Levi, cuyos ojos se deslizaron lentamente por aquel paisaje como si fuese un cuadro encantador. Tan solo le faltó relamerse los labios, gracias a dios no lo hizo, sino que simplemente suspiró apartando sus ojos lejos de ti.
-Me alegro... Sin duda sería un placer complacerte... Pero ya sabes, "El hombre propone, la mujer dispone."- la manera en que pronunció aquella palabra te hizo estremecer, mas toda emoción se fue con lo siguiente que dijo. -Pero ahora no puedo proponerte demasiado. Debo irme.-
Tu corazón, que había estado volando por los cielos durante todo aquel tiempo, se desplomó con esa simple frase, bajándote de la mesa de un salto para acercarte a él, cuyo mirar se perdió en el ventanal cercano a la mesa, cruzándose de brazos. -¿Irte?- preguntaste, sujetándote a la manga de su chaqueta como una niña pequeña. A Levi no pareció desagradarle para nada, y en cambio hizo que en vez de la tela, sujetases su mano.
-Voy a estar con un ojo en el culo de Erwin mientras hace algunas diligencias en Sina. Saldremos hoy en la noche. Sera solo una semana... Maldición, si tan solo hubiésemos hecho esto un poco antes.- gruñó, apretando su agarre en tu mano.
-¿Acaso estabas esperando a que yo te buscase?- preguntaste, un poco ofendida.
-No. Estaba esperando el momento en que no estuvieses tratando de evadirme y escurriéndote como una puta comadreja para poder hablarte.- respondió apartando el rostro a otro lado, haciendo que abrieras los ojos de par en par, mirándole. -Creí que aun estabas enojada conmigo por haber peleado.-
No respondiste. La verdad no estabas molesta con él, habías comprendido su punto y Levi había comprendido el tuyo, tan solo estabas asustada de la manera en que reaccionaria cuando, al intentar "castigarte" tú te negases a ser sumisa y te enfrentaras a él.
-Erwin ha dejado una orden. Para dentro de dos semanas habrá una expedición, y dejaran una semana libre para que todos vayan a visitar a sus familiares. Esto estará solo mientras tanto, y Erwin, Hange y yo nos quedaremos aquí...- regresó la vista hacia ti, sereno mientras hablaba. -...Podremos arreglar bien las cosas entre nosotros en esa semana. Y creo que ya tienes una idea a lo que me refiero con arreglar.- agregó cuando notó tus mejillas sonrojarse. -Por cómo has reaccionado con ese beso, pareciera que estas lista para dar este paso... ¿Estarás bien con eso? ¿Crees que podrías esperarme?-
La idea era sin duda tentadora. Una semana sin tener que disimular delante de nadie, una semana estando solos... El precio de tenerle lejos otra semana te resultaba poco en comparación a la tortura de aquel largo meses evadiendole. Asentiste con la cabeza, encogiendo un poco los hombros, aun avergonzada. Dos semanas era poco tiempo...
Aunque no te imaginabas lo realmente poco que era para prepararte mentalmente para convertirte en una mujer... En la mujer de Levi.
.
.
.
Ese día en la mañana tu banda había partido hacia sus hogares, dejándote solamente con algunos superiores en la base. Tu excusa había sido no sentirte muy bien como para viajar hasta Marhjul, aunque supiste que Magnus no había estado muy convencido con ello. Aun así todos se fueron, dejándote melancólica, solo con el consuelo y la expectativa de que, ese mismo día, Levi regresaría.
Tras el tercer día de su ausencia, una carta y una caja de cartón habían llegado bajo el remitente de Levi. Grande había sido tu sorpresa cuando te había mandado aquella carta cuyo contenido preferías no recordar para no avergonzarte, y además anexándole aquella caja que contenía un bonito vestido blanco. Ahora, esa misma caja yacía a un lado de la habitación, mientras que aquel vestido sin mangas se encontraba en la cama, listo para ser estrenado.
No había manera alguna de que algo te preparara para los insoportables nervios y la inevitable ansiedad ante lo que te esperaba en un par de horas. Una parte de ti rezaba desesperada porque Levi terminase faltando a la cita y llegase de vuelta de aquel viaje a las tres de la mañana, cansado y sin ánimos, cuando tú estuvieses de regreso en tu dormitorio y por el quinto sueño además, y así poder evadir la incómoda situación. Pero tu otro lado en cambio no podía esperar por ese momento, habiendo estado muerta en vida durante aquella interminable semana, suspirando como idiota al extrañarle. La simple idea de lo que ambos harían cuando regresara te causaba vergüenza, pero te obligaste a ser valiente, cruzar los dedos y esperar lo mejor... Aunque no supieses que era lo mejor.
Cuando el reloj dio las diez, te diste la ducha más larga de tu vida, limpiando tu cuerpo y depilando metódicamente cada miserable vello hasta que te sentiste como una versión en gran escala de la rata calva que Hange había atrapado una vez en una expedición, sintiéndote extraña al no tener ningún tipo de "capa protectora" que protegiera a tu piel estúpidamente sensible de algún "ataque externo" como tú le llamabas a la cantidad de raspones, cortes y golpes que te metías casi a diario en las piernas. Con la piel enrojecida y desprendiendo aroma a jabón de lavanda tras tanto tallarte, te secaste de nuevo metódicamente y cepillaste tus dientes con un método exageradamente cuidadoso hasta que estuvieron blancos, brillantes y tu aliento casi llegaba a apestar a menta, antes de regresar a tu dormitorio envuelta en una toalla.
Aplicándote crema en el cuerpo para darle una sensación suave a la piel, esperaste a que la pegostosa sustancia por fin se secara antes de usar el perfume "especial" que Hange te había mandado junto con las cartas de Levi, haciéndote estornudar por el fuerte pero encantador aroma mientras te lo echabas por todas partes posibles, pensando después que probablemente dejarías una estela de aroma cuando pasaras. Secaste y peinaste tu cabello lo mejor posible, pero como siempre, inconforme con tu tipo de cabello, lo amarraste en la típica trenza que usabas en los entrenamientos para disimular la melena indomable que tenías, atándolo con un listón rosa. Sin mucho más que algo de labial rojizo para evitar que se resecaran tus labios, miraste el reloj que estaba en la pared junto a tu cama...
-¡Mierda!
¡¿Habías estado una hora en esas idioteces?! ¡¿Cómo?! No tenías tiempo ni de pensarlo. Abriste el cajón de la ropa interior y te pusiste lo primero que encontraste, tomaste rápidamente aquel vestido que Levi te había pedido usar y sin mucho cuidado te lo pusiste junto con un par de zapatillas blancas y guantes antes de salir disparada fuera de tu habitación. Con suerte estarías de regreso en no mucho tiempo, tal vez Levi ni siquiera llegase a la cita a tiempo...
Con suerte. El maldito era puntual.
Cruzaste pasillos y escaleras casi volando, cuando no te quedaban más de cinco minutos para llegar al patio frontal, donde justo en ese instante un carruaje negro se detenía ante las escaleras en donde tú estabas parada, aprovechando para tomarte las rodillas con las manos y recuperar el aliento en escasos segundos antes de que la puerta se abriera.
Solo cuando la emoción de la carrera desapareció, fue el turno de los nervios de apoderarse de ti mientras te erguías de nuevo y Erwin Smith se bajaba del carruaje justo cuando el reloj daba las once y media. Habían llegado sin duda un poco tarde, pero la verdad no es como que tú hubieses llegado a la hora exacta. Tras Erwin, Hange salto enérgicamente desde el mismo carruaje y Levi salió por ultimo con su expresión aburrida de siempre, mandándole feas miradas a Hange, quien parloteaba sobre "Haber comprado más Crepes de crema" antes de que los tres notasen tu presencia, acallándose en un parpadeo.
Erwin abrió la boca ligeramente, Hange se quitó los lentes y se froto los ojos y Levi pareció olvidar mantener su aburrida expresión mientras el gris, el azul y el marrón se fundían sobre tu imagen desde la cima de las escaleras, mirándote los tres con una profunda impresión.
-Por los titanes...- susurró la científica mientras se ponía los lentes de nuevo, comenzando a sonreír ligeramente junto con Erwin, girándose para observar al hipnotizado Levi, quien no parecía poder siquiera reaccionar o respirar mientras te observaba fijamente bajar con cuidado cada escalón, haciendo que tu corazón intentase salir pitando de tu pecho por los nervios. Él había regresado...
-Bienvenidos de vuelta, Hange-Buntaichō, Erwin-Danchō.- sonreíste sinceramente, aun a mitad de las escaleras mientras hacías el saludo de la Legión. -Me alivia que hayan llegado a salvo. ¿Les ha ido bien en su viaje?-
-S-sí. Muy bien. Gracias por la bienvenida.- sonrió Erwin desde su sitio, balbuceando sin darse cuenta. -¿Te hemos hecho esperar mucho?-
-¡Wow, niña! ¡Luces bien en ese vestido!- chilló Hange de pronto, saltando sobre los metros que habían entre ambas para sujetarte y mirarte de todos los ángulos, ignorando la pregunta amable de Erwin. -Joder, tenía mis dudas al haber sido Levi quien lo ha elegido, pero supongo que le debo dinero a Erwin. ¡Nain acertó a la perfección!-
-Te dije que Levi tiene buena vista y buen gusto. No como ciertos cegatones...- el rubio susurró lo último, sonriéndole a Hange que se limitó a hacerle un gesto obsceno con la mano, sacándote una risa. A veces se comportaban como niños.
-La verdad me queda un poco largo.- apuntaste con tu mano la larga cola blanca a tus espaldas, que caía graciosamente por un par de escalones. -Aunque admito que me gusta un poco, es como el que usaría una-...
-Novia...
Justo en ese momento Levi pareció por fin reaccionar, apartando a Erwin rudamente mientras acortaba con pasos lentos la distancia hacia ti, subiendo escaleras antes de también apartar a Hange de su camino, haciéndola tambalearse en las escaleras mientras él subía el ultimo escalón que los separaba. Notaste su apariencia en ese momento, dándote cuenta de que su uniforme era distinto esta vez. Una chaqueta negra con las insignias de la Legión, larga hasta las pantorrillas cubría el resto de su uniforme común, su fiel cravat atado al cuello, pantalones y camisa blancas y sus correas en su sitio, incluso lucía recién duchado y podías percibir el hipnótico perfume que llevaba puesto. ¿Cómo era eso posible con tantas horas de viaje? ¿Cómo era posible que se viera tan... Apuesto?
"¡Debo verme como una idiota! ¡Reacciona!" Te gritaste a ti misma, sonrojándote furiosamente al haber sentido que años habían pasado mientras volvías a mirar esos pozos de acero fundido que te devolvían la mirada como si brillases como un sol, encandilado, pero incapaz de no verte. Con las mejillas arreboladas te obligaste a sonreírle aunque en realidad quisieras meter la cabeza en un agujero, extendiendo un poco tus brazos hacia él.
-H-Hola.- fue lo único que atinaste a decir, observando como Levi acariciaba las palmas enguantadas de tus manos antes de sujetarlas y se montaba en el mismo escalón que tú para tenerte aún más cerca, obligándote a casi rozar tu cuerpo con el suyo. De nuevo el profundo aroma masculino te mareó y su mirada te hizo perderte en los ojos como tormentas, que ahora parecían ser surcados por rayos mientras tú los mirabas.
-Niña tonta. No me digas que has estado esperando bajo este frío todo este tiempo.- gruñó, pero su mirar era dulce aun así.
-Se han retrasado un poco. ¿Paso algo malo allá?- preguntaste, también sujetándote a sus manos. Por supuesto que no ibas a decirle que acababas de llegar.
-Levi no quiso aguantarse de un baño hasta aquí, sino que nos obligó a detenernos en una posada en Trost para bañarse y vestirse.- suspiró Erwin unos metros detrás del hombro del Lance Corporal, quien al haber perdido tu atención pareció despertar, frunciendo el ceño y chasqueando la lengua. Era por eso que lucía fresco como lechuga. ¿Acaso quería lucir bien para su encuentro?
Regresaste la mirada hacia él para buscar una respuesta cuando sentiste sus manos soltarte tan solo para sujetar el pliegue tras tus rodillas y detrás de tus hombro, elevándote entre sus brazos en el aire como si no pesaras más que una pluma. Asustada, pegaste un chillido parecido a "¡¿Qué haces?! ¡Bájame!" Mientras que por inercia rodeabas su cuello con tus brazos para cubrir el instinto de estabilidad y seguridad. ¿Cómo era posible que aquel hombre tan pequeño fuese tan fuerte? Levi tan solo te dedicó otro chasquido de lengua y comenzó a subir escaleras.
-No sabes que dolor de culo fue esta semana. Ahora vamos, tenemos mucho que hacer esta noche.- declaró sin detener su paso ni mirar hacia atrás, pero aun así le habló a su compañera y a su superior. -Erwin, Hange: Si llegan a interrumpirnos, así sea una miserable vez durante esta semana, juro que voy a asesinarlos. Y voy a disfrutarlo.-
Tus mejillas se encendieron ante la medida de tiempo que había utilizado. ¿Semana? No sería capaz de mantenerte una semana en la cama... ¿O sí? La expectación te hizo un nudo en el estómago mientras el terminaba de subir las escaleras y cruzaba velozmente cada pasillo de la base en silencio, tan solo lanzándote rápidas miradas por el rabillo del ojo mientras tu perdías el mirar en algún punto de su chaqueta que volaba tras su espalda.
Cuando por fin llegaron, Levi abrió la puerta de su habitación con una patada, entrando a ella contigo en brazos, como si de una pareja de recién casados se tratase. Te dejó sentada sobre la cama y se dio la vuelta para cerrar la puerta con llave. Tragaste alertada ante el sonido del cerrojo mientras él dejaba dicha llave sobre el buró antes de girarse a observar las condiciones de la estancia.
Tras una semana sin limpieza, había un poco de polvo en los muebles, haciendo al Lance Corporal bufar de rabia mientras se giraba al closet y comenzaba a sacar sabanas limpias y paños atrapa polvo, gruñendo cosas sobre lo jodidamente asquerosa que estaba la habitación. Pareció por un momento recordar que estabas allí todavía, y se giró hacia ti, como un niño que había sido atrapado comiéndose la última galleta, llamándote por tu nombre cuando notó que tú te limitabas a mirar solo el balde y los desinfectantes con quien sabe que cara. Cuando te giraste hacia él, sonriéndole tímidamente, pareció olvidar todo lo que iba a decir.
-Si necesitas ayuda...- le ofreciste, levantándote de la cama y sacándote los guantes mientras te acercabas a él, dispuesta a ayudarle a limpiar aunque eso no fuera lo que tenías en mente para esa noche. Ya te habías acostumbrado a que cuando veía su habitación hecha un desastre, sus prioridades cambiaban. Eran gajes de la relación con un obseso de la limpieza.
Levi, quien sujetaba la mopa/escoba que tu le habías regalado, pareció sufrir de una batalla interna antes de abandonarla de regreso al closet, guardando también el balde y el resto de cosas hasta que solo quedaron las sábanas blancas, suspirando como si de alguna manera intentase controlarse antes de clavarte los ojos encima, recriminándote.
-¿Tan enamorada estas que me apoyas en mis propias locuras?- La manera reprochante en que lo dijo te causó gracia, sacándote una carcajada mientras él bufaba y se limitaba a cambiar las sabanas, susurrando que tú también estabas tan loca como él por ofrecerte a ayudarle.
-Supongo que es parte de ti. Y si te quiero, también me gusta que seas un obseso de la limpieza.- Volviste a sonreír, acercándote a él cuando ya terminaba de poner el cubrecama perfectamente, acabando su labor. Sus mejillas sonrosándose tras tus palabras antes de chasquear la lengua, cruzándose de brazos con la mirada a otro lado.
-Soportaré la jodida suciedad solo esta noche, pero no pienso acostarte en un pozo de polvo.- gruñó, girándose hacia ti, que mirabas con gesto ausente hacia la cama ahora, pensando...
Pronto esa perfecta cama se desharía cuando ustedes dos comenzaran a...Como si las luces se hubiesen encendido, tus mejillas se tornaron rosadas al ver en que dirección estaban yendo tus pensamientos, llamándote a ti misma pervertida, bajando la mirada a tus manos. Te obligaste a respirar profundo para calmarte. Debías lucir calmada si no querías pasar vergüenzas ante Levi... Inhalar, exhalar, inhalar, exhalar, inhalar...
-Estas sonrojándote.- dijo de pronto, sacándote de tus pensamientos. Tus mejillas se encendieron el doble por su comentario, apretando los puños y apartando la vista lejos de él. -¿Estás pensando en lo que haremos en la cama acaso? Pervertida.-
-¡N-no!- le rugiste en tu defensa, apartando la mirada lejos de él, sujetándote la falda del vestido con las manos mientras mirabas la cabecera de la cama como si fuese algo interesantísimo. -E-es que tengo calor. ¡Tú eres el pervertido!-
Por sus ojos surcó un rayo, acercándose hasta ti. Cada vez más nerviosa por ello, bajaste la mirada a tu regazo para no tener que mirarle de ninguna manera.
-Apenas esta comenzando el otoño, y ese vestido dudo mucho que te abrigue.- fue su respuesta, extendiendo una mano para tomarte de la barbilla y hacerte enfrentarle. Apartó sus ojos de tu rostro y la enfoco en tu vestimenta. Nerviosa ante su escrutinio, lo viste acercando su rostro al tuyo a tal punto que su aliento calentó tus mejillas, manteniendo su expresión tranquila, pero sin duda complacida. -Tan solo olvidaste el velo y el ramo. Pareces realmente una novia con ese vestido y esa cara.-
Frunciste el ceño y por el rabillo del ojo miraste a otro lado -Hmpt. Tú fuiste quien me lo compró. Y tú luces como un novio, también con esa chaqueta negra.-
Él levanto una ceja y se miró a si mismo por un segundo, luego regresó a ti y volvió a mirarse. Quisiste decir algo, pero al no conseguir palabras coherentes, te limitaste a mirarle sacando de su chaqueta negra una cajita de terciopelo, regresándote una expresión misteriosa.
-¿Q-que pasa?- preguntaste mientras lo veías cerrarse la chaqueta hasta que solo su pañuelo quedo descubierto en su cuello. -¿P-por qué...?-
No te dejó continuar, sin decir nada abrió la cajita de terciopelo, mostrándote dos anillos, uno hecho de un cristal con una delgadísima línea negra surcando en el centro y otro de un cristal negro a su vez surcada por una delgada línea blanca. Abriste los ojos de par en par y los clavaste en Levi, quien simplemente sacó ambas prendas y dejó la caja a un lado, tomando tu mano izquierda para que sujetaras el anillo negro mientras él tomaba el cristalino.
-¿Que estas...?
-Es improvisado. Planeaba hacerlo luego.- le escuchaste medio gruñir mientras te pasaba y sin ningún recato tomaba la sabana de la cama y la halaba hasta sacarla de allí, tomándola entonces antes de ponértela sobre la cabeza, tal cual como si de un velo de novia se tratase. -Pero ya que me has dado la idea...-
Pestañeaste sin poder terminar de procesar lo que estaba pasando. No pudiste evitar girarte hacia él, sujetando su hombro entre sorprendida y nerviosa. -¿Qué es lo que planeas?-
La mirada relajada del hombre no te transmitió calma. -Se supone que lo que vamos a hacer solo es permitido para los casados. ¿No?-
Tu continuaste observándole confundida, en respuesta. -¡Somos soldados, jamás podríamos...!-
-Me importa una mierda.- fue su tranquila respuesta, sujetando entonces la mano que no sujetaba un anillo, levantándola sin apartar la mirada lejos de ti. Lucía decidido. -En este mundo olvidado por Dios no me queda nada ni nadie que perder. No tengo familia y mis compañeros e incluso tú podrían morir en cualquier instante. Este es el jodido camino que elegí recorrer y no me voy a arrepentir... Pero eso no significa que voy a salir de esta mierda que llaman vida con las manos vacías.-
Sin mucha delicadeza, tomó el anillo de cristal en su mano, mucho más pequeño que el que tu tenías, y lo deslizó por tu dedo anular lentamente hasta que estuvo en su sitio. Sus ojos, que se habían despegado de ti para mirar lo que hacía en tu mano, regresaron hasta que se clavaron en tus orbes, luciendo como dos pozas llenas de plata derretida que te atraparon en un instante, haciendo que te perdieras en ellos mientras hablaba. Sus palabras sonaban, justamente, como votos matrimoniales, toscos, pero sin duda llenos de sentimiento.
-De ahora en adelante, tu serás lo único que tendré que perder. Lo único que tengo que proteger a toda costa y por lo que lucharé hasta mi ultimo aliento.- agregó casi en un susurro, dejando caer tu mano junto a tu cuerpo. Su ceño fruncido ligeramente para darle énfasis a sus palabras mientras tu corazón comenzaba a latir y lágrimas de emoción contenida llenaban tus ojos. -Te juro que exterminare a los titanes para darte un mundo en donde estés a salvo. Por esa causa, viviré.-
No pudiste aguantarlo mucho más. Comenzando a hipar mientras te cubrías la boca con una mano para intentar acallar aquellos tontos sonidos, enjugándote las lágrimas con el dorso de las manos, le sonreíste a duras penas. Eso era tonto, estaba simulando una boda, lo había hecho a propósito, vestirse de negro, darte un vestido blanco, ese par de anillos, el velo improvisado... Él te quería como su esposa... Y, por todo lo jodidamente sagrado, tú lo querías de la misma manera.
-¡Que rayos! Eso suena tan cursi viniendo de ti.- intentaste molestarle aun con algunas lágrimas en los ojos mientras le mirabas. -¿Acaso me estas pidiendo matrimonio o algo así?-
Levi frunció ligeramente el ceño de nuevo, esta vez molesto. -No estoy pidiéndotelo. No es tu elección.- te espetó rudamente, limpiando una lagrima escurridiza con su pulgar, haciendo que abrieras lo ojos de par en par. -Puede que no sea oficial, pero ante nosotros dos, tu ahora eres mi esposa quieras o no. Ninguna maldita persona podrá separarme de ti de ahora en adelante.-
-Loco posesivo...- susurraste, sintiendo ganas de reír. Esa era su manera de demostrar su cariño, de una manera antipática, posesiva y casi dictatorial, pero con un trasfondo tierno, algo torpe y protector.
-Tch. Cállate y ponme el anillo. ¿O prefieres que yo no sea tu esposo?- gruñó, extendiendo su mano hacia ti. No pudiste evitarlo, soltaste una risa mientras tomabas su mano en la tuya, mucho más pequeña, y deslizabas el anillo negro por su dedo hasta encajarlo por completo, cerrando tus manos sobre la de él.
-Entonces nadie podrá separarme de ti tampoco. Serás de ahora en adelante el esposo de una mocosa de dieciséis años y no tienes derecho a réplica. ¿Cómo se siente eso?- bromeaste, palmeando su mano antes de dejarla caer, pero dejaste de sonreír cuando sentiste su mano sujetar los bordes de la sabana que caían junto a tu rostro para hacer que le miraras, acercandote a él, su mirada risueña a pesar de su expresión neutra.
-Nada mal, en realidad.- susurró, sus labios casi rosando los tuyos, haciéndote enrojecer. -Cuando sea un vejestorio polvoriento podre sentirme orgulloso de decir que mi esposa es fuerte, hermosa y joven, y no como las de los otros viejos que serán momias decrepitas.-
Tú sonreíste a duras penas, avergonzada, pero sinceramente, entrecerrando los ojos. -Supongo que yo estaré orgullosa de decir que mi esposo es el Soldado más Fuerte de la Humanidad, el que acabo con los titanes y además es un amargado de mierda y un pervertido de lo peor.-
-Je... Trato hecho.
Fue su respuesta, acortando la distancia entre ambos en un segundo, besándote como si se hubiese estado aguantando por mucho tiempo, rodeando tu cuerpo con sus fuertes brazos para pegarte a él mientras tu sujetabas su chaqueta, rindiéndote mientras ambos profundizaban el beso.
Con una mano apartó la sabana en tu cabeza y la lanzó de regreso a la cama. Luego acarició suavemente tu cabello, dibujando tu trenza hasta que sujetó el listón, soltándolo para que tu cabello quedase libre tras tu espalda mientras lamia suavemente tu labio inferior, causándote escalofríos de deseo. Mordió tu labio, haciéndote suspirar suavemente, cosa que aprovechó para meter su lengua dentro de tu boca, haciéndote emitir un sonido parecido a un gemido cuando su lengua acarició tortuosamente la tuya, haciendo que las piernas te temblaran hasta fallarte, terminando colgada de sus brazos que te sostuvieron, teniendo que inclinarse y tu elevar la cabeza hacia él para que sus labios no se separaran, como si él fuera más alto que tú.
Una sonrisilla recorrió sus labios mientras que con la punta de su lengua luchaba contra la tuya por la dominación, sacándote suspiros y jadeos de deseo creciente. Solo cuando el aire se volvió necesario para ambos, Levi se alejó de tu boca en un jadeo, dejando un delgado hilo de saliva entre sus bocas, haciéndote sonrojar con la mirada intensa que te mandó tras relamerse los labios.
-Ahora que somos Marido y Mujer...- susurró, sonriéndote torcidamente mientras te empujaba sin que te dieras cuenta hacia la pared. -...Tengo derecho a disciplinarte por haber hecho aquel espectáculo en el Petite Mort...-
Tu espalda se estrelló contra la fría piedra y Levi no tardó demasiado en sacarse la chaqueta y lanzarla lejos para poder arrinconarte con su cuerpo, sonrojándote y quitándote el aliento con otro apasionado beso antes de asaltar tu cuello, haciendo que apartaras la cabeza a un lado para dejarle hacer, sacándote jadeos y suspiros cuando comenzó a acariciarte con sus labios y la punta de su nariz, de arriba a abajo, besando, haciendo presión.
Se atrevió a lamerte repetidas veces, haciéndote estremecer contra su cuerpo cálido, y al morderte en donde había lamido, no pudiste contener un gemido que se repitió cuando, tras varias mordidas, succionó tu piel en diferentes sitios, obligándote a sujetarte de su camisa para mantener la cordura.
-Estas temblando...- le escuchaste susurrar tras haber dejado todo tu cuello marcado con chupones, mordidas y rastros de su saliva, dejándote suspirando y jadeando contra él. -¿Estas nerviosa? ¿O solo quieres que comience de una vez?- preguntó, metiendo una mano tras tu espalda, jugueteando con el cierre de tu vestido.
Tus mejillas ruborizadas pasaron de rosa a rojo en un parpadeo, sintiéndote tentada a llamarle pervertido, pero recordando que habías aceptado todo esto. -E-eres bueno besando...- susurraste mientras tu piel parecía volverse aún más sensible por donde él tocaba, causándote una sensación de hormigueo y calor que si bien era extraña, no era para nada desagradable... Como si quisieras que continuara haciéndolo.
-Hmm... Adularme no te va a salvar de mí, ... .- dijo con cierto tono burlón, bajando el cierre y liberando el vestido para que cayese al suelo y lanzarlo hacia la misma dirección en la que su chaqueta había terminado. Sentiste vergüenza, pero sin duda estabas aliviada de al menos llevar algo de ropa interior decente...
-Tch... En verdad debo ser un jodido pedófilo...- le escuchaste susurrar, y notaste como sus ojos comenzaban a opacarse mientras paseaban con parsimonia por tu cuerpo semidesnudo. -Usando ropa interior de niña...-
Te miraste y no pudiste evitar soltar una maldición. En vez de haber tomado los conjuntos que tu tenías guardados por ser muy "de adultos", tomaste los que Petra había comprado para ti en tu cumpleaños, siendo ese tipo de ropa blanca con lazos y encajes por todas partes... La ropa que usaría una niña...
Intentaste cubrirte, pero Levi era mucho más rápido que tú. Sujetó tus manos sobre tu cabeza y apoyó su cuerpo contra ti, haciéndote ahogar un jadeo al sentir su cadera apoyarse contra la tuya, obligándote a pegar la espalda contra la fría pared.
Le sentiste besar de nuevo tu cuello con vehemencia, ordenándote rápidamente que pusieras las manos en sus hombros o si no serías castigada. Ni que tuvieses otra opción, obedeciste, sintiendo entonces sus manos grandes y calientes sobre tu cintura, esta vez sin nada entre ambos. Acarició suave y lentamente las curvas que los arduos entrenamientos te habían otorgado, desde las costillas, la cintura, las caderas y las piernas, subiendo una para engancharla en su cintura y comenzado a frotar suavemente su cadera contra la tuya, dejando tu piel erizada y febril con el paso de su mano, haciendo que sujetaras su nuca para obligarte a no emitir ni un sonido cuando su roce y la sensación de frío y calor en tu cuerpo te hacía estremecer bajo sus manos ásperas.
-...Tch... Estas muy silenciosa...
Posó sus dedos entonces en tu vientre, haciendo que tensaras los músculos de tu cuerpo, moviéndote contra su mano sin siquiera querer hacerlo realmente, tu cuerpo se había movido solo en busca de más caricias, causándote el doble de vergüenza cuando supiste que Levi lo había notado, clavando sus ojos en ti mientras volvía a acariciarte esta vez con toda su mano, haciéndote estremecer, erizar y las piernas fallarte, soltando un sollozo.
—Mucho mejor... ¿Te gusta esto?- preguntó con un dejo travieso en su voz, haciendo su mano bajar y subir por tu bajo vientre con lentitud, sacándote jadeos suaves y haciendo que los músculos de tu vientre se tensasen, tu centro estremeciéndose sin que tú te dieras cuenta, deseoso de algo que no estabas segura de saber que era mientras notabas que de nuevo tu ropa estaba mojada con aquella humedad resbaladiza que salía de entre tus piernas.
Avergonzada, te negaste a responderle aquella pregunta que sonó tan sucia para ti, haciendo que Levi chasqueara la lengua de nuevo, comenzando a pasear su mano hacia arriba...
-Si no me lo dices, tendré que descubrirlo de otras maneras.- Su mano dibujó la curva de tu cintura de nuevo, haciendo que tu cuerpo se tensara y estremeciera, como cuando te hacían cosquillas, pero en ese momento eras incapaz de reírte, bajo la mirada intensa de Levi pues era difícil tener humor. Su mano se paseó traviesamente por tu clavícula, bordeando el encaje del sostén, su respiración comenzaba a agitarse y podías sentir su corazón latir ansioso bajo tu mano mientras sus ojos bajaban de tus labios, por tu cuello hasta posarse en tu escote.
Tardó un segundo en conseguir que su voz sonara firme. -Voy a quitarte esto.- anunció, halando la unión de las copas con su dedo hacia adelante, haciendo que tus pechos se apretaran uno junto al otro. -¿Alguna objeción, soldado?-
Sonrojada, frunciste el ceño mirando a otro lado. Tu dignidad te gritó que no le dejaras, pero aquel nuevo sentimiento de deseo que él había desatado fue más fuerte. -... ¿Por qué querrías verme desnuda?- cuestionaste, sujetando su muñeca con una mano temblorosa. Levi regresó la mirada a tus ojos, observándote por un largo minuto.
-Porqué es parte de tu castigo...- respondió, rodeando tu cuerpo con sus brazos hasta que sus manos estuvieron en tu espalda, haciendo que tu piel se encendiera bajo su toque como si fuesen brazas, más aun cuando la acarició de arriba a abajo con lentitud, delineando tu espina una y otra vez, pareciendo maravillado por lo suave que era tu piel. -Además... Desde aquella vez que te vi pelear contra Lucius White con nada más que vendas en tu pecho... He querido verte sin nada más que mis manos sobre ti...- susurró lo último contra tu oído, haciéndote estremecer tan fuerte que incluso él debió sentirlo, sujetándote a su camisa mientras por fin soltaba el broche de tu sostén, dejándolo caer a tus pies.
Tus dedos se sujetaron con más fuerza a su ropa cuando se alejó de ti, dejando sus manos en tu cintura mientras se daba el lujo de ver tu cuerpo, tan solo cubierto por aquel triangulo de tela que era tu pantie, haciendo que tu rostro se pusiera caliente por la sangre acumulada mientras esos ojos escaneaban cada curva, opacándose lentamente de deseo.
-Mmm...- le escuchaste mascullar, dibujando con su palma tu cintura hasta que rozó la curva de uno de tus senos, haciéndote contener el aliento. -...Parece que me he equivocado en el cálculo.-
¿Vergüenza? ¿Dónde? Una profunda indignación la ahogó, convirtiendo tus manos en puño para golpear débilmente su pecho, enojada. -¡¿Creíste que era plana?! ¡Jodido enano pervert-...!- le rugiste, empujándole sin mucho éxito para intentar cubrirte, pero él acalló tus gritos con sus labios cálidos, robándote la fuerza al atraparte con sus brazos, sus manos empujando tu cuerpo para que tu pecho suave se aplastara contra el suyo, fuerte y duro aún bajo su ropa.
No le costó nada volver a levantarte entre sus brazos, como si le gustase demostrarte su fuerza, caminando hasta la cama para dejarte recostada en ella como si estuvieses hecha de cristal. Se sacó las botas y las medias a patadas como un niño apresurado, haciéndote reír tontamente, olvidando por un momento tu vergüenza, molestia y estado de desnudez ante la intensa mirada gris, que pareció quedarse prendada en tu sonrisa mientras, como uno de esos enormes felinos, se subía a la cama, apoyándose con manos y rodillas para cernirse sobre ti, acercando su rostro al tuyo.
Tu sonrisa se borró, sintiéndote de pronto pequeña e indefensa bajo su presencia. De nuevo tu respiración se hizo entrecortada y tu corazón pareció a punto de estallar mientras Levi sujetaba tu mano, dejándola sobre su pañuelo blanco, acariciando el dorso de tu mano con sus dedos.
-¿No tienes calor?- preguntó, sus ojos burlones mientras su mano regresaba a tu vientre, haciéndote sollozar ante su toque cuando de nuevo sentiste tus músculos contraerse de placer, mas humedad en tu única prenda. Mas tú no te ibas a dejar joder de esa manera, sujetaste su pañuelo aun con las manos temblorosas y los desataste de su cuello, deslizándolo hasta que lograste quitarlo y lanzarlo lejos. Quisiste desabotonarle la camisa, pero apenas pudiste quitarle tres miserables botones antes de que tus manos decidieran que no iban a cooperar, temblando con demasiada fuerza. Gruñiste, y deseaste maldecir un par de cosas, pero Levi detuvo todo intento de hablar con un beso, metiendo su lengua de regreso a tu boca mientras sus manos se deslizaban traviesamente hasta uno de tus senos.
-Ugh...- gemiste contra su boca, sintiendo como si tu cuerpo tuviese mente propia, arqueando la espalda contra su mano, haciendo que tus entrañas vibraran de puro deseo mientras su mano cubría tu pecho, comenzando a masajearlo, apretándolo y pellizcandolo suavemente hasta que sintió el pezón erecto bajo su palma.
-Que bien suenas...- susurró contra tu boca antes de separarse, sujetando el seno sin atender mientras que dejaba un húmedo rastro de besos y lamidas por tu cuello, haciéndote jadear cada vez más fuerte cuando por fin se acercó a aquel pequeño botón rosa, metiéndolo en su boca como si de un dulce se tratara, haciéndote ahogar un gemido y sujetarte de su cabello, revolviéndolo y tirando de él para no seguir soltando aquellos sonidos vergonzosos, reflejo de las intensas sensaciones de tu cuerpo. Sentías mucho calor, tus venas parecían llevar fuego y no sangre y tu mente había perdido la cordura, poniéndose en blanco con cada acción de Levi sobre ti, quien en ese momento usaba su lengua para juguetear con tu pezón, chupando, mordiendo con suavidad, lamiéndolo, hundiéndolo y estirándolo hasta que lo tuvo hinchado y enrojecido por su atención.
De pronto gruñó, hundiendo el rostro en el valle entre tus senos, lamiendo hasta dibujar un camino hasta tu corazón, el cual sentías latir desbocado. Levantó la cabeza y se acercó a tus labios, besándolos con vehemencia mientras pellizcaba tu otro pezón, estirándolo suavemente hacia arriba, sacándote un gemido entre doloroso y placentero.
-¿Esto te gusta también?- preguntó, mordiendo tu cuello hasta que volviste a gemir, arqueando el cuerpo contra el suyo, deseosa de sentirle de alguna manera. Sentiste enrojecerte de pies a cabeza por su pregunta, dándote cuenta de que en verdad te gustaba, que de verdad querías que continuara haciéndolo, pero por tu propia timidez evitaste contestar a toda costa. Jamás aceptarías que aquellas cosas perversas te gustaban para que él se burlase después.
-D-déjame en paz.- gruñiste, preocupándote por el tono de voz que salió de tu garganta. Sonaba suplicante e incitante, como los de esas mujeres que habías escuchado hablar en las zonas rojas de las ciudades. Intentaste removerte de abajo suyo, mas solo lograste frotarte contra él, sintiendo con tu muslo un bulto caliente y grande justo donde estaba su entrepierna. Tragaste duro y sentiste como tu interior se contraía repentinamente, en busca de llenar el vacío que intentabas aliviar al cerrar tus piernas con fuerza. -Levi...-
No le escuchaste responder, irguiéndose frente a ti y dejándote entre sus rodillas mientras, como si hiciera a propósito, desabrochaba sus correas y luego desabotonaba muy lentamente la camisa blanca. Tus manos se sujetaron con fuerza a la sabana cuando sintieron la imperiosa necesidad de tocar su cuerpo, esta vez más intensa que las anteriores. Deseaste dibujar sus pectorales con los dedos, bajar por aquellos músculos definidos en su torso, descubrir si en verdad su torso era tan duro como lucía... Deslizar tus manos en esos dos canales que se perdían bajo el pantalón blanco...
Gemiste de puro y primitivo deseo, sintiendo tu entrepierna palpitar, tus caderas balancearse ligeramente junto con las panties empapadas, cosa que empeoró cuando él arrancó la faja de cuero en su cadera y comenzó a desatar las correas de su pantalón, primero las de su cintura, dejándola colgar junto con las que se conectaban a su torso. Notaste su expresión mientras se desnudaba, te miraba fijamente, los ojos tan llenos de deseo que en vez de grises lucían azules, pareciendo excitado al verte remover bajo él, desesperada y pérdida.
-Y después soy yo el pervertido... Tan solo mírate, debes estar húmeda y lista para mí. ¿Verdad, ... ?- gruñó, su voz ronca y sensual te hizo estremecer mientras él pasaba una mano por aquel bulto que se hacía en sus pantalones, ahogando un jadeo. Su pecho subía y bajaba de forma irregular mientras soltaba el botón del pantalón y bajaba el cierre, dejando ver unos finos, suaves y delgados vellos negros que te hicieron tragar duro, tus mejillas comenzando a tornarse del color del vino. El bastardo no llevaba nada más que pantalones...
-Levi...- suspiraste de nuevo, era lo único en lo que eras capaz de pensar en ese instante. En él. En aquel jodido dios de mitología antigua, tan sensual e irresistible. Apenas podías mantenerte cuerda, comenzabas a desesperarte. -Levi...-
El Lance Corporal no pudo ocultar su sonrisa, mostrando un poco los blancos dientes mientras decidía inclinarse hasta tu cuerpo de nuevo, llenando de besos cada centímetro de tu torso, desde tu estomago hasta tu vientre, sujetándose de tu cintura para hacerte arquear hacia su boca que se hundió en tu piel, haciendo una exquisita presión contra tu bajo vientre, tu interior sintiéndose aún más apretado y desesperado por abrazarse a algo y tu entrepierna palpitando con tal fuerza que te viste obligada a gemir mientras otro poco más de tus jugos brotaba y cierto punto de placer que recordabas haber visto en los libros de Hange comenzaba a sentirse cada vez más sensible, desesperado por atención.
-¡Levi! Quiero...- rogaste, tus caderas frotándose contra él con desespero mientras él continuaba besando, incluso lamiendo tu bajo vientre, como si quisiera torturarte. Te preguntaste lo que querías... Pero solo una frase llegó a tu cabeza, sin siquiera saber que significaba o lo que implicaba realmente. -Tómame...-
Ah. Levi dejó de besarte. Sus ojos ahora azules brillaron como si un enorme rayo los surcara mientras clavaba sus ojos en ti, que solo podías sonrojarte, incapaz de controlar tu propio deseo.
-Pervertida...- susurró, irguiéndose de nuevo, haciendo que gimieras de vergüenza. -Está bien... Voy a complacerte como se debe.- agregó con una sonrisa, y sin mucho parloteo sujetó tus rodillas y las elevó hasta flexionar tus piernas, separándolas a pesar del gemido de incomodidad que soltaste al haber tenido las piernas cerradas de esa manera para no sentir el frío vacío entre ellas. Te sentías expuesta, incomoda y muy apenada.
Él estaba viendo tu ropa interior, y además pudiste ver la sorpresa en sus ojos al notar lo mojada que estaban. -...Joder...- susurró roncamente, haciéndote sollozar. -¿Tanto me deseas? Estas empapada.-
-M-mientes...- chillaste, intentando proteger lo que te quedaba de orgullo, sintiendo a Levi usar un único dedo para dibujar tus labios íntimos sobre la ropa interior.
-¿Me llamas mentiroso? Tch... De verdad quieres ser castigada.- Ahogaste un gemido con todo tu autocontrol, pero al moreno no pareció convencerlo para nada, usando la punta de su dedo para tocar en el sitio más húmedo, permitiéndole a su dedo deslizarse lentamente por todo tu sexo, de abajo a arriba, arrancándote un largo gemido al paso de su tacto. Su dedo estaba caliente y la sensación era tan buena que tus caderas se movieron por inercia hacia él, haciendo que volviese a resbalar, sacándote suaves gemidos.
-Mírate. Aquí la única que tiene un cuerpo perverso eres tú... Mojándose y moviéndose de esa manera lujuriosa.- Deslizando la única prenda que quedaba sobre ti por tus piernas, aprovechando la ocasión para acariciarlas con sus manos de fuego, lanzándola a algún lugar lejano en la habitación. De nuevo volvió a acariciar ahora de abajo hacia arriba, deslizando cada dedo con parsimonia por tus pantorrillas, rodillas y muslos, metiéndose entre ellas para recostarse sobre ti, todo tu cuerpo desnudo ahora sintiendo su peso divino y su calor, y aquel bulto en su pantalón contra tu vientre mientras se inclinaba a besarte, sujetando con su otra mano las tuyas para que volvieses a revolverle el cabello mientras su mano libre acariciaba la cara interna de tu muslo, demasiado cerca de aquel lugar prohibido que tanto anhelabas fuese atendido y que al mismo tiempo tenías miedo de que lo hiciera. Hange lo había dicho, dolía la primera vez, y no querías que doliera.
-No tengas miedo...- le sentiste susurrar contra tus labios. -Prometo que te gustara.-
Su mano se posó sobre tu sexo, haciéndote sollozar e intentar cerrar las piernas, sin éxito al estar una de ellas entre las suyas, bajo su peso. Con sumo cuidado comenzó a frotarte con suavidad, su mano deslizándose gracias a la humedad en tu intimidad mientras separabas las piernas de nuevo, estremeciéndote bajo su cuerpo. Volvió a besarte con pasión, como si necesitase hacerlo para respirar mientras jugueteaba con tus carnes más tiernas, causando que comenzases a retorcerte y temblar bajo su cuerpo, gimiendo cada vez más fuerte cuando encontró un suave botón de placer el cual acariciar. Tus manos se volvieron puños entre sus cabellos, halándolos mientras la sensación exquisita inundaba tus sentidos, mandando descargas eléctricas y suaves espasmos por tu cuerpo.
—¡L-Levi...!- lloriqueaste contra su boca, llevando las manos a sus costados para acariciarle, clavando las uñas en su espalda al colarte bajo su camisa aun medio puesta. De pronto te sentías completamente desinhibida, incapaz de pensar en otra cosa que en obtener más placer, pedirle aún más de aquello tan extraño y tan agradable al mismo tiempo. Sus dedos se movían en círculos sobre aquel punto de carne, de arriba a abajo, de un lado a otro, primero con ternura, luego rápido, alternando la velocidad y haciéndote jadear y gemir de diferentes maneras. Podías sentir una sensación extraña acumularse en tu bajo vientre, tus músculos externos e internos tensándose cada vez más, preocupándote.
-Calma.- escuchaste a Levi susurrar, y su dedo medio se deslizó hacia abajo. Por inercia intentaste cerrar las piernas de nuevo, aprisionándole, pero solo le bastó mandarte una de sus intensas miradas para hacer que reaccionaras. -Si en verdad me quieres dentro de ti, tengo que hacer esto primero.-
Avergonzada, le obedeciste a duras penas, separando las piernas hasta que él pudo deslizar su toque de nuevo, paseándose por entre tus pliegues con ese único dedo, dibujando tu entrada tortuosamente hasta comenzar a introducir su dedo más largo dentro de ti. Gemiste con fuerza ante la extraña sensación de aquel cuerpo extraño, apenas enterándote de que realmente había una cavidad entre esa parte que apenas tocabas para limpiar. Largo y resbaloso, comenzó a abrirse paso en aquel lugar que nadie había tocado jamás, escuchando a Levi jadear suavemente contra tu cuello, siendo el primer sonido de placer que le escuchabas soltar en todo aquel tiempo junto a un juramento ronco, sintiéndote temblar sin control.
-Joder, eres muy estrecha...- medio gruñó, medio jadeó, haciéndote estremecer con el tono sensual de su voz, comenzando a mover aquel único dedo dentro y fuera de ti con lentitud, arrancándote sonidos lujuriosos al ritmo de sus caricias. Se sentía tan extraño, y a la vez tan enloquecedoramente bien que eras incapaz de detener aquellos gemidos o de controlar el movimiento de tu cuerpo, separando y estirando las piernas, sujetando las sabanas con las manos, agitando la cabeza y cerrando los ojos mientras tus caderas se movían sin tu permiso en busca de más placer.
Tu amante se separó de tus labios para clavar sus ojos como una tormenta en tu rostro, sonriendo perversamente al ver tu expresión, haciéndote ruborizar como un tomate maduro mientras continuaba con sus atenciones, habiendo acelerado el ritmo de su mano.
-¿Lo disfrutas, Diamant D'Hiver?- preguntó, recibiendo una mueca de rabia de tu parte.
-¡C-Cállate, pervertido!- le gruñiste, intentando con todas tus fuerzas dejar de hacer esos sonidos vergonzosos. Pero a Levi no pareció gustarle aquello.
-Con que pervertido, ¿Ah?- respondió, sacando su dedo de tu interior, haciendo que gimieras esta vez con pura frustración mientras tus caderas aún se movían como si le incitaran a continuar. Solo entonces te diste cuenta del espectáculo indecente que le estabas dando, gimoteando de nuevo, esta vez avergonzada mientras apartabas el rostro a un lado. -Yo no soy quien gime de esa manera...-
-¡C-calla!- sollozaste entre gemidos, obligándote a ti misma a intentar detenerlos, mordiéndote el labio inferior. Pero a Levi no le costó demasiado esfuerzo ganar en esa lucha, tu espalda se arqueó hasta chocar contra su cuerpo cuando se atrevió a meter un segundo dedo dentro de ti, haciéndote gemir su nombre entre adolorida y complacida cuando lo sentiste dilatar tu apretado interior, que vibró y se estrechó aún más. La sonrisa de Levi se borró con ese gemido, más aun cuando sujetaste sus hombros y denotaste la incomodidad en tu rostro.
-Mierda...- masculló, mostrando un dejo de preocupación al detener la entrada de sus dedos a la mitad. -Lo siento. Eres más estrecha de lo que me imaginaba.-
Tú tragaste duro, cayendo temblorosa sobre la cama. Era incomodo sentir tu interior estirarse así a pesar de haber metido tan solo dos dedos. -¿Es eso malo...?-
Levi pareció aguantar un bufido, dejándose caer junto a tu cuerpo en la cama, enlazando una de tus piernas entre las suyas sin quitar sus dedos de tu entrada, sacándolos solo para volver a masajear tu clítoris, haciéndote mojar de nuevo. -No para mí. Pero si será un problema para ti. Si entrara en ti ahora te dolería como el infierno.-
Comenzabas a preocuparte, si había tenido que meter solo dos dedos dentro de ti para que te doliera, ¿De qué tamaño seria aquello que metería después? La simple idea te hizo estremecer al imaginar el dolor, y al parecer el temor se reflejó en tu expresión, ya que su mirada se volvió aún más intensa sobre ti. Detuvo todo movimiento, alejó su mano de tu intimidad y pronunció tu nombre claramente para que le escuchases. Su expresión era seria, al igual que su voz.
-... ¿Estas segura de que en verdad quieres esto ahora?
Jamás te esperaste esa pregunta. Giraste el rostro hasta observarle, luciendo como un jodido Adonis recostado a tu lado, mirándote con intensidad mientras su cabello caía desordenado sobre su rostro, los músculos de su torso ligeramente tensos y aquella vista sensual de los pantalones desabrochados, dejando ver un poco de los vellos negros en su bajo vientre y aquel bulto grueso oculto bajo la tela que hacía a tu interior arder y temblar, deseoso de aferrarse a algo que llenase el vacío.
De entre todos tus sentimientos, fue el deseo el que ganó la contienda. No eras capaz de pedirle parar, no querías que lo hiciera, querías llegar al final, que te demostrase lo que era hacer el amor con alguien, así que te resignaste a cerrar los ojos y asentir firmemente con la cabeza.
-Quiero todo de ti, todo. Dolor y placer, todo lo que quieras darme... Lo recibiré con gusto. No voy a arrepentirme.- afirmaste, segura de lo que estabas diciendo. Esa noche serias su mujer, pasaras lo que tuvieses que pasar. Ya no se trataba de solo un castigo o de complacer a nadie, sino de una decisión. Él tendría tu inocencia, él sería quien te convertiría en mujer.
Cuando abriste los ojos de nuevo, te encontraste con esa mirada que Levi ponía de vez en cuando, cuando te miraba por demasiado tiempo. Como si estuviese encandilado por una luz que salía desde tu dirección. Quien sabe que habrías hecho o dicho, pero sin duda pareció gustarle mucho.
-Maldita sea. Me estas volviendo loco, niña.- Su voz ronca y gruñona por la excitación te hizo sollozar de puro deseo, y tus caderas de elevaron ligeramente en el aire con un espasmo cuando, sin apartar su mirada de ti, metió lentamente aquellos dedos mojados con tus jugos en su boca, probando su sabor hasta que los sacó de nuevo, esta vez cubiertos de su saliva. Sus ojos ahora obscuros como el carbón con deseo mientras volvían a acariciar tu sexo, como si hubiese descubierto un nuevo juguete. -Te mostrare que existe una muerte exquisita.- jadeó, regresando por fin sus dos dedos a tu interior, esta vez metiéndolos por completo mientras masajeaba tu punto de placer con su pulgar, arrancándote más gemidos que fueron de pura dicha.
Movió sus mano hacia adentro y hacia afuera, dejando tan solo las puntas dentro, hundiendo su mano hasta los nudillos y repitiendo la acción con lentitud, haciéndote temblar cada vez más fuerte cuando de pronto aumentaba el ritmo, inclinándose para llenar de besos tu pecho. Tu cuerpo se había convertido en llamas, sudando, enrojeciendo y ardiendo como si tuvieses una fiebre muy alta, tus paredes internas se apretaron cada vez más cuando Levi aumentó la velocidad de sus movimientos. De nuevo sentías aquel hormigueo y esa tensión exquisita en tu bajo vientre, sintiendo la necesidad de acabar con ello pronto o volverte simplemente loca. Apenas eras capas de respirar, y llegado un momento tu cuerpo comenzó a tensarse como la cuerda de un arco... Tenía que acabarse...
-¡Levi!- lloriqueaste entre gemidos lastimeros. Él se limitó a abandonar tu pecho y justo en el momento en que metía un tercer dedo dentro de ti y movía su mano rudamente, se acercó a tu oído solo para susurrarte una última cosa, su voz ronca y llena de deseo.
-Muere, mi amor.
Entonces todo acabó.
Cerraste los ojos de golpe y agarraste las sabanas de la cama tan fuerte que probablemente se hubiesen rasgado, soltando largos gemidos mientras tus talones se clavaban en la cama y tus caderas se elevaban cuando él sacó sus dedos de tu interior, yendo y viniendo en el aire en un baile instintivo. Sentías todas tus tensiones al fin liberarse, tu piel quemándose exquisitamente mientras tus músculos se tensaban al máximo y tu interior se contraía rápido, fuerte y repetidas veces, más del líquido resbaladizo brotando y mojándote a ti y a las sabanas mientras, tras un largo minuto, de nuevo caías a la cama, hundiéndote en ella entre suspiros y jadeos mientras te veías cubierta por una fina capa de sudor, tu cuerpo relajándose mientras las olas de placer corrían aun por tu cuerpo.
Cerraste los ojos, sintiéndote como si estuvieses en el aire, podías jurar ver luces de colores tras tus parpados y tan solo eras capaz de notar el sonido de tambor de tu corazón que latía ahora a mil por segundo, intentando calmarse al mismo tiempo en que tú lo hacías, dejando caer la cabeza contra tu hombro.
-...Joder...- abriste los ojos a duras penas, respirando con dificultad aun mientras te encontrabas con Levi, quien al parecer había estado presenciando el espectáculo con suma atención. No podías sentir vergüenza en ese momento, te sentías demasiado feliz y ya estabas enrojecida por completo, aunque de estar en otras circunstancias, tu rostro probablemente se hubiese tornado del color del vino ante la mirada voraz de aquel hombre sobre tu presencia. -Eso fue lo más jodidamente erótico que he visto. ¿Qué tal estuvo ese primer orgasmo?- murmuró con voz gutural, lamiendo los dedos que habían estado dentro de ti sin apartar los ojos de los tuyos, que apenas eras capaz de mantenerlos abiertos.
Tú le frunciste el ceño, tardando un minuto en poder conseguir tu propia voz al haber estado gimiendo como loca. Sentías sueño y los parpados te pesaban... -...Estas muy hablador.- dijiste entre suspiros.
Él sonrió al verte somnolienta, apartando tiernamente un mechón de cabello que caía rebelde sobre tu rostro, pegándose a tu frente perlada. -En realidad me gusta hablar demasiado. ¿Cansada?- preguntó esta vez, pero tu sabías bien que no te iba a dejar dormir. Negaste con la cabeza y él te mostró un colmillo en su sonrisa, levantándose de su cómoda posición en la cama antes de arrodillarse ante ti, terminando de soltar las correas en sus piernas, y por último, cuando las hubo lanzado lejos junto con la camisa, bajándose los pantalones...
Lo que viste en ese momento te dio a entender que los libros de anatomía de Hange debían tener información errónea en los dibujos de aparatos reproductores, o que no siempre los miembros de los cuerpos debían tener tamaños proporcionales a sus estaturas... Ah, y que era posible pasar de cansada a excitada en un santiamén si se te ponía al frente al hombre correcto.
Tragaste duro, sintiendo tu boca secarse mientras veías al soldado más sensual de la humanidad completamente desnudo ante ti, mirándole de pies a cabeza mientras él se acercaba a ti, arrodillándose entre tus piernas. Era la primera vez que veías a un hombre así, pero estabas muy segura de que no verías a nadie tan apetecible nunca jamás en tu vida. Te mordiste el labio inferior mientras prácticamente le devorabas con la mirada, deteniéndote de nuevo por unos segundos en aquella parte de su anatomía que lo diferenciaba de ti, luciendo largo, grueso y vibrante, algunas venas brotándose bajo su piel...
-¿Te gusta lo que ves, Diamant D'Hiver?- preguntó con tono sugestivo, llevando su propia mano a su falo y acariciándolo un par de veces con la misma mano que te había acariciado ante tus propios ojos, sacándose un ronroneo y a ti un sollozo de vergüenza y deseo puro. Querías ser tu quien lo hiciera ronronear con tu cuerpo...
Aunque... Eso era enorme... Demasiado.
Fue cuando caíste en cuenta de la realidad. "¡Eso no va a entrar en mí! ¡Para nada!" Chillaste en tu mente. ¡Eso no era igual que dos (o tres) dedos! Tragaste duro cuando le observaste extender una mano hacia ti, sentándose en sus propios muslos en la cama sin apartar su intensa mirada.
-Luces preocupada.- afirmó cuando tomaste su mano y él se encargó de halarte hasta que estuviste arrodillada en la cama, uno frente al otro, ambos desnudos por completo y con el deseo ardiendo en los ojos. -¿Qué crees que pasará ahora?-
La respuesta era obvia, pensaste, apartando la mirada a las sábanas blancas bajo tus rodillas. -...Me vas a romper en dos, probablemente.- balbuceaste, haciendo un puchero antes de recibir una corta carcajada de parte de tu amante, quien extendió sus manos hacia tu cuerpo, posándolas en tu cintura para acariciarte de nuevo, paseando sus manos por tu vientre, erizándote la piel cuando subió lentamente y volvió a masajear uno de tus senos, mirándote como si estuviese adorando tu cuerpo.
-Si no te sientes segura...
-Cállate.- le ordenaste, sonrojándote. No ibas a dar marcha atrás. -¿No se supone que debías castigarme? Estas ofreciéndome perdón.-
Levi no pareció enojarse. Al contrario, sus ojos te miraron con ternura, sujetándote de nuevo por la cintura con ambas manos. -Te ofrezco pensarlo. No pienso obligarte, no cuando es tu primera vez. Vas a recordarlo por toda tu jodida vida, y no quiero que me recuerdes como "El maldito bastardo que se llevó mi virginidad".-
Tú cerraste los ojos, suspirando derrotada. Él aun en estas circunstancias actuaba como alguien mayor y sabio. Incluso amable... Enano bastardo.
-Tch, viejo pervertido. Por eso es que lo hago contigo. Deseo recordarte.- fue lo que gruñiste, inclinándote hacia él para besarle, sorprendiéndole de nuevo. Era la segunda vez que te atrevías a besarle primero, pero jamás parecía enojarse con ello y en cambio sonrió contra tu boca, levantando tu cintura para posicionarte sobre él, poniendo sus piernas entre tus rodillas, abrazándote contra su cuerpo mientras se tomaba su tiempo para corresponder tu beso, hasta que logró arrebatarte el aliento.
-Sujétate de mí. Lo haremos de esta forma.- fue lo primero que dijo tras aquel apasionado beso, mirándote desde su altura. Tú le obedeciste, deslizando las rodillas en las sabanas y bajando las caderas hasta que tu altura disminuyó y la punta de su miembro rozó contra tu intimidad, sintiéndose dura, suave y cálida, como acero caliente cubierto de seda. Ahogaste un gemido que se escapó luego cuando Levi tomó su miembro en una mano y frotó las carnes de tu intimidad con la punta, mojándose en el proceso y haciéndote retorcerte sobre él. Le mandaste una mirada de advertencia cuando por fin se posicionó en tu cavidad, dividiendo tus labios íntimos y presionándose contra la entrada. -Seré amable... Solo esta vez. Por ti.-
Tú asentiste con la cabeza, y cerraste los ojos, apoyando tu frente contra la suya. -Adelante.-
Él susurró un suave e inesperado "J'et aime" bajo su aliento, uniendo sus labios a los tuyos antes de levantar la cadera, comenzando a enterrarse en tu interior.
Chillaste, sus dedos no eran nada comparados a la dureza y el grosor de su miembro, que se deslizó lenta pero fácilmente gracias a tus propios fluidos, pero que aun así hizo a tu interior expandirse para poder recibirle mientras se abría paso lentamente entre tus carnes. Sentiste además dolor cuando algo se rompió dentro de ti mientras escuchabas a Levi gemir roncamente contra tu cuello, sujetando tu cintura con sus manos tan fuerte que probablemente te dejaría moretones, empujando gradualmente su cadera hasta que chocó contra la tuya, sacándote un gemido incomodo...
"Él... Me ha llenado por completo..." Pensaste, abrumada por las sensaciones. Se sentía tan extraño. Dolía, molestaba. Estaba caliente, se sentía rugoso, palpitante y enorme dentro de ti. Apenas eras capas de inhalar y exhalar, abrazándote con fuerza al cuello de tu amante cuando volvió a sentarse en sus tobillos, haciendo que tú te sentaras en su regazo.
-Ya pasó.- le escuchaste intentar calmarte, abrazándose a tu cuerpo como un niño a su peluche y dejando las manos en tu espalda para acariciarla torpemente por debajo de la larga cascada de cabello. -No tiembles así, por Dios... Lo siento, ¿Si? ...Ya no llores...-
Abriste los ojos ante su disculpa, fue entonces cuando lo notaste. Estabas llorando y ni siquiera sabias por qué, temblabas como una hoja entre sus brazos, y si bien no sollozabas las lágrimas caían contra el hombro de Levi, quien hundía su rostro contra tu cuello. Él también temblaba mucho, su cuerpo estaba ardiendo como si tuviese fiebre y continuaba en la misma posición, sin mover un mísero musculo de su cuerpo, casi como si tuviese miedo de hacerlo. Pensaste que dolía, sí, pero no como para ponerse a llorar... ¿Entonces por qué las lágrimas?
Solo cuando las secaste con tu mano, lo comprendiste. Estabas feliz. Estúpidamente feliz. Le pertenecías a Levi ahora... Eras su mujer, y él era tu hombre. Tenías ahora alguien a quien recurrir, alguien en quien refugiarte, alguien que no te abandonaría jamás...
Ya no estarías completamente sola nunca más.
-Maldición, ... , di algo.- le escuchaste gruñir, arañando con la yema de sus dedos tu espalda, desesperado. -Lo que sea, di que soy un enano bastardo o un cerdo asqueroso, pero no te quedes callada mierda. Me pones nervioso...-
No pudiste evitar sonreír egoístamente, sollozando y abrazando sus hombros con fuerza. Él estaba preocupado más por ti que por él mismo. Aun en semejante situación él te tenía en la cima de la lista de prioridades. Aquello, viniendo de alguien como el Lance Corporal Levi resultaba simplemente halagador.
-¿E-estas bien?- fue lo que lograste decirle, la voz ligeramente temblorosa cuando salió de tu garganta, pero con tono sincero, haciendo que el Lance Corporal levantara la cabeza de donde la escondía, mirando por sobre tu hombro. Quien sabe que tipo de expresión tendría.
-¿Que si estoy bien?- soltó tu espalda y sujetó tus brazos, separándote de él para encararte, mostrándote entonces una mirada indignada y preocupada como pocas veces habías visto en tu vida. -¿Eres tu quien pierde la virginidad y me preguntas a mi si estoy bien? ¡¿Acaso eres idi-...?!-
No le dejaste continuar. Te abalanzaste a sus labios, sorprendiéndole como lo habías estado haciendo durante toda la noche, haciendo que abriera los ojos de par en par mientras sentías sus mejillas calentarse contra tu rostro y él no tuvo de otra más que corresponder, gruñendo contra tu boca suavemente mientras ambos compartían un beso francés. Por un minuto ni él ni tú se movieron, tan solo besándose en silencio mientras acariciaba tu cabello en toda su longitud, tu espalda, tu cintura como si quisiera aprenderse de memoria cada textura, mientras tú te acostumbrabas a tenerle dentro, amoldándote a él por un periodo prudente de tiempo.
-Sujétate. Comenzaré a moverme.
Y así lo hizo. Te hizo apoyar las rodillas en la cama como él y comenzó un lento vaivén de cadera, saliendo y entrando de tu interior desde su lugar, arrancándote suaves gemidos de incomodidad que rápidamente se convirtieron en placer, besando tu cuello mientras tú te sujetabas de su espalda, acariciando sus músculos torneados y las pálidas cicatrices de antiguas batallas, probablemente la mayoría contra otros humanos. Su piel se frotaba contra la tuya mientras tú pecho y el suyo se aplastaba uno contra el otro, rosándose con cada movimiento. Comenzó a ronronear y jadear cerca de tu oído, usando sus manos para acariciar tu cintura y luego pícaramente tu trasero, y de nuevo, la sensación de tus músculos comenzando a tensarse y de tu interior apretando a Levi, como si no le quisieras dejar ir, regresó.
-¿Se siente bien?- le escuchaste preguntarte, aumentando el ritmo de sus embestidas, subiendo el volumen de tus gemidos. Se sujetó de tu cintura y movió sus caderas de forma circular mientras te embestía, mandándote una sonrisa torcida al verte estremecer, gemir y sollozar bajo su merced, hundiendo los dedos en la piel de sus hombros fuertes mientras él soltaba un gemido. -Parece que sí... Esos sonidos...-
Los colores se te subieron al rostro mientras él rodeaba tu cintura con uno de sus brazos, sentándose en la cama y estirando las piernas, apoyando una mano tras su espalda en la cama y poniendo tus propias manos en su pecho, sujetándose a tu cuerpo y haciendo elevar tu cadera un par de centímetros.
-Quédate allí. Como intentes moverte por ti misma te castigaré.- te ordenó antes de continuar penetrándote, moviendo su cadera hacia arriba para hundirse por completo dentro de ti, haciendo que saltaras ante sus movimientos y gimieras con fuerza, sintiéndole dilatar tu interior con cada embestida, tus senos rebotando ante su rostro, que hundió entre ellos antes de meter uno de tus pezones en su boca, succionándolo, haciendo que todo tu torso se arqueara contra él, enterrando las yemas de tus dedos en la piel de su pecho.
Levi era en verdad bueno en aquello, parecía reconocer cuando deseabas que fuera más rápido o más lento, manteniéndote en vilo, extendiendo sus momentos unidos y el placer hasta que era imposible resistirse a él o pensar en otra cosa. Incluso podías sentirlo a él, quien en apariencia estaba tranquilo, tensándose y temblando contra ti, su miembro ya enorme comenzaba a hincharse y palpitar aún más, agrandándose y alargándose exquisitamente en tu interior. Sorprendentemente, aquello solo te causó más placer y no te rompió en dos como en un principio habías predicho.
-¿Para ti...- susurraste, extendiendo una mano para apartar un mechón de cabello que caía sobre sus ojos, pegándose a su frente perlada en sudor por el continuo movimiento y el esfuerzo en esa posición. -...Se siente bien?-
Una sonrisa tardó un minuto en aparecer en su rostro, poniendo un mechón de cabello tras tu oreja, juntando tus labios a los de él al agarrarte por la nuca, un beso tierno, nada parecido al apasionado movimiento de ambas caderas que se chocaban ahora sonoramente en busca de placer. Solo tras haberte dejado sin aliento, se dignó a responderte. -Je ne savais... Pas que cela pourrait se sentir tellement bien foutu...-
Te había enseñado suficiente de ese idioma como para comprender sus palabras, haciéndote sonrojar al darle la razón, "No sabía que esto se podía sentir tan condenadamente bien".
Te recostó suavemente sobre la cama sin salir de ti y se acomodó sobre tu cuerpo, haciéndote enganchar tus piernas detrás de su cadera para seguir con sus embestidas, esta vez aún más rápido y salvaje, hundiendo su rostro contra tu cuello donde comenzó a lamer, besar y morder, abrumando tus sentidos con placer: La vista con su cuerpo desnudo, el oído con sus roncos jadeos y gemidos, el olfato con el aroma de su perfume evaporándose en el aire por su sudor, el gusto con el sabor de sus labios y de su boca al besarte... El tacto al tenerle por completo pegado a ti, haciéndote desear fundirte con él hasta convertirse en uno.
Su peso divino en tu vientre te incitaba a mover las caderas al ritmo de las suyas, soltando un gemido fuerte cuando Levi movió su cadera bruscamente contra ti, comenzando una veloz serie de embestidas, haciendo que la cama comenzase a moverse bajo ambos... Comenzaban a llegar al límite del aguante...
-...Maldición...- lo escuchaste gruñir, habiéndose encorvado para besar tu pecho, su cabello goteando sudor sobre tu piel, sus manos sujetándose contra las sabanas probablemente para no llegar a lastimarte. -...Estas apretándome... m-muy fuerte... Así no voy a...-
No pudo continuar, tus gemidos ahogaron sus palabras cuando la tensión en tu vientre se volvió imposible de ignorar. Cerraste los ojos y tus caderas se movieron sin control alguno contra él, haciendo que te mirara con sorpresa, gimiendo roncamente ante la fricción de sus carnes, causando suaves espasmos en las paredes de tu sexo, recordándote la sensación de cuando Levi usaba sus dedos pero esta vez mucho, mucho más intensa... La Petite Mort...
-S-siento... ¡Ah! ¡Y-ya no puedo...!- gritabas entre embestidas, tu interior se cerraba cada vez más a su alrededor. Tu amado Levi se limitó a separarse de ti, apoyándose con los brazos a los lados de tu cabeza.
-Esta bien...- le escuchaste susurrarte sensualmente, empujándose dentro de ti con violencia. -Acaba... Uhg... Con esto, Diamant D'Hiver... Se mía por completo.-
Y debías obedecer a tu superior, por supuesto. Soltaste un último grito de placer, tus talones volvieron a hundirse en el colchón, dibujando un arco tenso con tu cuerpo cuando tus caderas se elevaron contra Levi, tu interior cerrándose fuertemente alrededor de tu amante, abrazándolo repetidas veces mientras tu mente se ponía en blanco y el mundo perdía sentido, olvidando todo, menos el nombre de aquel que te abrazaba contra si...
-¡Levi!
Todo se puso en blanco dentro de tu cabeza, dejando tan solo la imagen de la persona que amabas. Hange había dicho algo sobre los orgasmos, que era la cúspide del placer y no mucho más que eso, recordabas que había descrito el orgasmo femenino como una simple contracción de músculos y el masculino como la liberación de líquido seminal, pero tú sentías como si fueses capaz de tocar el cielo gracias a Levi. Como cuando volabas con tu equipo de maniobras. Él no tardó mucho más en alcanzarte, comenzando a estremecerse con violencia mientras te embestía rudamente antes de soltar un ronco y fuerte gemido con tu nombre en él, saliendo de tu interior justo antes de liberar varios chorros de un ardiente liquido blanquecino sobre tu estómago, desplomándose junto a ti en la cama después, jadeante y exhausto mientras todo tu cuerpo comenzaba a relajarse de nuevo y él aun temblaba como si hubiese un frío terrible.
Ambos estaban agotados y sudorosos, sus respiraciones agitadas como sus corazones. Aun gimiendo suavemente por semejante sesión, te giraste hacia Levi, que se inclinó rápidamente hacia el buró de la cama, tomando de allí un pañuelo de papel que utilizó para limpiar aquel líquido que él mismo había dejado sobre tu vientre, susurrando una disculpa a duras penas antes de volver el papel una bola y lanzarla al pequeño cesto de basura cercano a la cama, recostándose de nuevo a tu lado. Te miraba con los ojos de nuevo llenos de color azul que se paseaban por tu figura desnuda en la cama, pero esta vez brillando como cielos, incluso lucía mucho más joven, mucho más relajado. No sonreía, estaba muy ocupado recuperando el aliento, pero podías sentirlo. Estaba profundamente feliz... Como tú lo estabas.
Al clavar sus ojos en los tuyos tras recorrer tu silueta, te avergonzaste cuando la realidad te golpeo en la cara, gimiendo de pena pura mientras dabas una rápida mirada a su lujuriosa figura desnuda... Ustedes dos acababan de tener sexo. "Hicieron lo suyo" como dirían Lucius y Magnus. La simple idea de que alguien llegase a enterarse de ello te causó el doble de vergüenza, y la cuota aumento al pensar que te había gustado y habías hecho todos esos escandalosos sonidos...
Como un avestruz, arrancaste la sabana de su sitio, escondiéndote bajo ella ante la mirada confusa de Levi, quien tardo un minuto en reaccionar mientras tu apenas le mirabas por el rabillo del ojo al borde de la sabana.
-¿...?- preguntó, levantando una ceja, cerrando la distancia entre ambos en la cama.
-¡Aléjate!- le chillaste, alejándote lo más posible de él. Hijo de puta, ese había sido el castigo que te tenía planeado: Hacerte caer con él en la lujuria. -¡P-pervertido! ¡Me volviste en alguien como tú!- lloriqueaste, enrollándote en la sabana como una oruga.
Levi se limitó a mandarte una mirada incrédula, levantando una ceja tras un minuto de silencio. -No puede ser. Después de semejante follada ¿Aun estas tan cohibida conmigo?- estiró su mano, tomando tu barbilla para que le enfrentases, serio. -Aunque... Ahora que lo pienso apenas si me tocaste... ¿Quieres tocarme? No me molesta.- afirmó entonces mientras un suave rubor llenaba sus mejillas, poniéndote una mano sobre su torso, muy cerca de su...
Tu rostro pasó de rojo a vino tinto en un segundo. Él seguía muy desnudo. -¡Jodido enano pervertido!- gritaste, lanzándole la sabana en la cara. -¡Cúbrete de una vez y cállate! ¡No puedo creerlo! ¡¿Cómo es posible que me haya enamorado de alguien tan horrible como t-...?!-
No le costó absolutamente nada callarte, extendiendo la sabana sobre ambos en el aire y atrapándote rápidamente con sus brazos hasta acurrucar tu espalda contra tu pecho antes de que la sabana terminase de caer, hundiendo su rostro contra tu cabello y enredando sus piernas con las tuyas, haciéndote tensar al sentir cierta parte de su anatomía aun ligeramente dura contra tu glúteo mientras deslizaba sus manos hasta dejar una en tu vientre y otra en uno de tus senos, sujetándote de forma posesiva contra él. Como si quisiera demostrar que solo él podía tomarte de esa forma.
-Tch. Escandalosa.- te gruñó, besando tu cuello al sentirte tensa, relajándote enseguida. Fue cuando notaste lo cansada que te sentías. Tus parpados pesaban, tu mente de vez en cuando dejaba de funcionar... Tenías además muchísimo sueño, por lo que comenzaste a quedarte dormida. Gruñiste, acurrucándote contra él y cerrando los ojos, dejando aun así una mano sobre la que tenía en tu vientre, dibujando con tu dedo aquel anillo negro en su dedo anular. Él aun estaba temblando ligeramente... Como tu.
Tu respiración poco a poco se volvió acompasada.
-...No te duermas aun...- le escuchaste pedirte tras un minuto de silencio, apoyando su barbilla sobre la coronilla de tu cabeza. -Antes dime... Como se dice "te amo" en ese idioma tuyo...-
Aun con los ojos cerrados, exhausta, lograste sonreír sin que él lo viera. Pensaste en un niño pequeño y mimado, exigiendo cariño... Joder, deseaste besarlo mientras le decías "Que lo amabas, mucho".
-Ich liebe dich, Levi... Viel...
Lo escuchaste soltar un "Hmp", inclinándose hacia la mesa de noche para apagar las velas con un soplo, volviendo a acurrucarse contra ti como un imán. Sabías que estaba sonriendo.
-Je t'aime trop, ... .- susurró en respuesta, besando tu hombro desnudo antes de que te quedaras, al fin, profundamente dormida entre los brazos de aquel que "también te amaba".
.
.
.
.
.
.
el vestido: i01. i. aliimg wsphoto/v0/1754176159/Train-wedding-dress-fish-tail-short-front-with-trailing-2014-tube-top-short-princess-design-wedding . jpg _350x350 . jpg
Muchas gracias por leer y perdón por lo MALO y LO LARGO! Por favor, si te gusto, si no te gusto, si lo odiaste, si quieres otro capitulo, si tienes una sugerencia para el siguiente capitulo, si crees que merezco morir... POR FAVOR deja un review, sigue o deja de favorita la historia o a mi, la escritora. Eso me ayudaría mucho.
Kurenai Lukia
