NOTA PREVIA!

Quiero pedirles disculpas a todos, estaba revisando mis "apuntes" sobre este fanfic y noté que no había escrito el final que tenía previsto darle. Así que sepan disculpar mi distracción y relean el final.

Capítulo X: Vocaciones.

–La próxima parada es la nuestra, –le dijo Hermione que se estaba poniendo sus guantes de cuero.

Ginny no le hizo mucho caso. Era su primera vez internada en las profundidades del Londres Muggle y no podía dejar de ver lo que ocurría a su alrededor. Iban en un autobús de dos pisos hasta la casa de los padres de Hermione.

El autobús se detuvo en un semáforo y una niña en la acera la saludó con la mano. Ginny le sonrió y le devolvió el saludo. Entonces la niña se desarmó en risas y salió corriendo a jugar con otros niños.

–¡Vamos, Ginny! –Le insistió Hermione y bajaron del autobús.

El frío del aire de la calle penetró en sus pulmones de repente y se despabiló. Habían llegado a una zona de casas de ladrillo visto, todas eran iguales, todas pegadas y la única vegetación que se veía eran los árboles de la acera los cuales estaban completamente desnudos con un poco de nieve congelada en las ramas más grandes.

–Podríamos haber venido por chimenea… –Se quejó Ginny.

Hermione no le contestó, estaba buscando las llaves en su cartera y avanzaba apuradamente hacia una de las casas. Abrió la puerta sin preámbulos dejando a Ginny firme en el umbral. La casa era tan pulcra y ordenada que sorprendía que fuese tan acogedora a la vez. Parecía que no la habitaba nadie hasta que vio una lechuza en una percha de la cocina.

–Ese es Martin, la lechuza de mi papá. La compró para no perder contacto conmigo –le aclaró ella.

La madre de Hermione dormía en su cama y solo se escuchaba el leve ronquido de su respiración. Ginny de inmediato, se puso a su lado y la observó sin despertarla. Se mordió el labio y la miró a Hermione apoyada en el marco de la puerta que no dejaba de apretarse las manos.

–Voy a necesitar tu ayuda con los hechizos, – susurró, –yo puedo encargarme del resto.

Hermione se acercó con la varita lista en la mano. Ginny tomó la varita que le habían dado en el hospital para que pudiera practicar. –A la cuenta de tres gira la varita en un círculo perfecto en sentido horario y di "baleno."

–Baleno, –repitió Hermione para asegurarse de que su pronunciación fuese correcta. Ginny asintió.

–Uno…, dos…, tres.

Y las dos invocaron el encantamiento que produjo una bola de fuego del tamaño de una quaffle. Estaba suspendida en el aire, flotando por encima de la cama de Anne Granger.

Ginny guardó su varita y tomó la bola en sus manos.

–No te preocupes. No me quema. –Le aclaró a Hermione que aun seguía con la varita en su mano, lista para apagar cualquier incendio.

Ginny procedió a moldear el fuego como si fuese una masa. Luego de darle la forma que estaba buscando, como si fuese una verdadera escultora, la apoyó en la cabeza de la madre de Hermione e inmediatamente la masa penetró la piel lisa de la frente.

Ginny carraspeó y se frotó su sien.

–Ahora debemos esperar…

Ginny se sentó en el suelo, contra los pies de la cama donde yacía impasible la madre de Hermione. Su amiga la copió y la empezó a llenar de preguntas sobre el procedimiento que estaba llevando a cabo.

–En La Florinda tenía que probar que muchas pociones medicinales funcionaran como era debido. Este encantamiento es ideal. Penetra el organismo y detecta enseguida las diferentes zonas enfermas o en proceso de sanarse. ­–Su voz era apenas un susurro mientras hablaba, y lo que dijo después casi no se oyó. –Es ilegal en Inglaterra.

La reacción de Hermione fue la esperada, se espantó a tal punto que se puso tan pálida como su madre y comenzó a recitar los artículos de la ley donde figuraban las consecuencias de utilizar esa clase de encantamientos.

Lo cierto era que solo los hechizos que provocaban daños irreversibles tanto en las personas que lo invocaban como en aquellas que las recibían eran considerados ilegales por el Wizengamot del Reino Unido.

–¿Cómo pudiste, Ginny? Sabes que no estás en condiciones…

–Te estás olvidando que quien realmente lo invocó fuiste tú. –El rostro de Hermione perdió el poco color que le quedaba. –¡No te pongas así! –Le dijo sonriente. –Es tonto que sea ilegal… solo vomitarás cuando todo termine.

–¿Y mi mamá?

–Tu mamá no notará ninguna diferencia.

El color retornó al cutis de Hermione, resopló enojada e indignada por haber sido engañada así. Ginny quiso reírse de su suspicacia, pero sabía que no era lo más adecuado.

–¿Has tenido noticias de Harry?

Ginny hizo una mueca. Esa pregunta era la venganza de Hermione por haberla timado y no haberle dado los detalles de lo que iba a hacer antes de haberlos hecho.

–No, –contestó con sequedad y una finalidad que no pasó por alto ante la expresión inquisidora de Hermione.

–¿Tres semanas sin noticias?

–¿Ron no te ha dicho nada?

Hermione negó con la cabeza tratando de ocultar su propia preocupación.

–Ya está empezando a actuar, –dijo Ginny volviéndose al lado de Anne Granger.

Una pequeña esfera de fuego se desprendió desde el estómago y se elevó hasta llegar al techo. Hermione la seguía con la mirada esforzándose por ver la lógica detrás de este proceso, completamente hipnotizada por el intenso color púrpura que el fuego había adoptado al dejar el cuerpo atrás. Otra esfera se desprendió y subió en tímidas espirales, esta era de color verde agua y provenía del pecho. Le siguió una idéntica desde el lado derecho del abdomen. La primera esfera que había salido comenzó a gotear, como la cera de una vela. El líquido se derramaba sobre la cama dejando grandes charcos de una sustancia viscosa.

–¡Maldita sea!. ¡Tráeme todas las toallas que tengas! –Vociferó Ginny. Pero Hermione seguía observando atentamente las esferas. –¡TOALLAS!. ¡HERMIONE!. ¡AHORA!

La otra se despabiló y obedeció al instante.

En ese momento estallaron las pequeñas bolas. El líquido viscoso que antes era fuego chorreaba en cada rincón de la habitación. Las tres mujeres estaban completamente empapadas y las toallas no alcanzaron a absorber toda la secreción. Hermione rápidamente puso todo en orden con unos cuantos "Detergeo" y "Fregotego" y luego preparó té de bergamota para Ginny que no dejaba de sudar.

La madre de Hermione no se había inmutado durante toda la operación y aun seguía descansando en el cuarto.

–Está grave… –Le dijo Ginny pasándose papel higiénico por la frente para secarse las gotas de transpiración. –San Mungo no acepta muggles, pero estoy segura que te pueden ayudar.

Hermione permanecía ensimismada, solo respondía con movimientos leves de su cabeza como para darle la impresión a Ginny que estaba escuchando todo lo que le decía. Habló cuando finalmente cerraron la puerta de la casa y caminaban con lentitud a la parada del autobús.

–¿Entonces la pócima que me dieron no funcionó?

Lo cierto era que la pócima que le habían vendido no era "mala." Sin embargo los muggles no siempre reaccionaban de la misma manera y probablemente había hecho que empeorara. Pero Ginny se limitó a decirle que no había logrado nada con darle esa pócima.

Mala idea.

Hermione resbaló en una baldosa que estaba cubierta por una delgada capa de hielo y calló de bruces en la acera. Ginny trató socorrerla y calló en su propio trasero. En otras circunstancias Ginny hubiese considerado que estaban en posiciones muy graciosas, pero Hermione no se movía.

–¿Estás bien? – No había respuesta.

¿Qué podría hacer ella en el medio de Londres muggle si Hermione perdía el conocimiento? Se mordió el labio suprimiendo la sensación de pánico.

–¿Hermione?

Ginny intentó voltearla para poder verla mejor.

–Soy una estúpida, –hipó su amiga y ella suspiró aliviada. –Mi mamá va a morirse, no voy a poder ver de frente a mi papá, y… – se atragantó con su propio llanto, –y Ron me va a odiar.

–¿No hablaste con Ron? Hermione, pensé que ya lo habías hecho… –Le dijo a la vez que la ayudaba a ponerse de pie.

–¿Y qué le voy a decir?. ¡Ay!. ¡No sé! Hace mucho que no encontramos el tiempo como para hablarnos.

Ginny estaba perdiendo la paciencia.

–Vayamos a tu casa. Me tienes cansada con tus vueltas. Debes decírselo…

Hermione sufría por dentro y Ginny tenía ganas de darle unas cuantas bofetadas para que su amiga reaccionara como sabía que Hermione Granger tendría que reaccionar. Tenía que entrar en razón.

Pero… ¿Quién era ella para criticar?

Llegaron rápidamente, fueron primero en autobús muggle y luego a pie, al edificio de Hermione en el callejón Diagon. Ginny quería entrar, pero a último momento decidió que no lo haría. No le parecía adecuado intervenir. Después de todo, ellos ya no eran los testarudos adolescentes de Hogwarts. Al menos eso esperaba ella.

Se saludaron. Ginny trató de desearle suerte y, en vano, intentó dar alguna excusa válida para regresar a su casa. Aunque no tenía por qué hacerlo, y de todas maneras su amiga no tenía la mente puesta en la conversación.

Ginny se sintió aliviada cuando la dejó. La verdad era que al estar tan cerca de la casa de Harry se vio tentada a ir allí. Pero no quería admitírselo a Hermione. Si no, Hermione le daría vuelta al asunto y dejaría de sentirse lo suficientemente culpable como para hablarle a Ron y concentrarse en la culpa que debería sentir Ginny por su situación con Harry. Cuando lo que realmente importaba en ese momento era que Hermione continúe siendo el centro de toda culpa. "Bueno…, solo por este momento," pensó Ginny.

Sus pies comenzaron a avanzar cada vez con mayor velocidad. Subieron las escaleras salteando escalones hasta el quinto piso. Allí, detrás de la puerta azul, donde vivía Harry, su corazón se detuvo. Todavía estaban las velas de la noche en que habían hecho el amor en el suelo de la sala. Se apoyó contra la puerta, se deslizó lentamente hasta el suelo y se abrazó las rodillas.

Sintió que le ardían los ojos mientras que un nudo se formaba en su garganta y le dificultaba la respiración.

Habían pasado más de tres semanas desde que hicieron el amor, tres semanas desde que se habían peleado y tres semanas desde que Harry se había ido a una tonta misión por su estúpido trabajo. No había regresado aun. No le escribió ni una notita. No… nada.

Y aun sentía su piel ardiendo con el contacto de los dedos de Harry, sus labios firmes sobre los de ella, los gemidos de placer de ambos de aquella noche tan lejana y tan vívida en su mente.

Una lágrima rodó en su mejilla y cayó en su pierna. La miró un rato hasta que su mente quedó entumecida. Eso la ayudó a recomponerse momentáneamente.

Caminó decidida hasta el balcón de la sala y con mucho esfuerzo asomó el cuello para ver el balcón que pertenecía al apartamento de Ron y Hermione. No se veía absolutamente nada que le diera algún indicio de cómo iba la pelea.

Después, llena de timidez, fue al cuarto de Harry y se tiró en su cama, hundiendo su cara en los olores que desprendía la almohada. Estuvo así un buen rato tratando recordar por qué se habían peleado tanto antes. Intentaba recrear las escenas en su cabeza y nada tenía sentido.

Ginny se volteó, ahora miraba el techo blanco que la envolvía como una sabana. Tomó aire y llegó a la conclusión que la aterraba la idea de no estar con Harry. Pero siempre se veían empecinados a separarse, y siempre era por culpa de ellos mismos. ¿Por qué lo hacían? Era tan exasperante que ya no sabía qué hacer consigo misma.

Reconoció que Harry no siempre era el perfecto caballero, pero sí se preocupaba más que nadie por ella. Y, todo este tiempo en el que ella ahora admitía haber estado comportándose fuera de sí, él se mantuvo a su lado y siempre la persiguió para intentar comprenderla. ¿Entonces por qué a último momento decidió irse?. ¿Por qué tuvo que dejarla sola?

No quería llorar. Estaba cansada de sentirse tan mal de sí misma. Igualmente lo hacía; y hacía ambas cosas: llorar y sentirse patética.

Se despabiló cuando escuchó que alguien entraba al apartamento. En seguida se puso de pie y se frotó los ojos con la esperanza que no se notara que había estado llorando. No podía creer que Harry justo había regresado. Contó hasta tres y varias veces tomó bocanadas de aire para juntar coraje y enfrentarse con él. Se alisó su túnica y se dio ánimos para ir hasta la sala.

Pero no era Harry.

Su hermano mayor inmediato estaba en el sillón, con sus botas embarradas sobre la mesa baja, una botella del mejor Whisky de Fuego de Escocia y la mirada perdida en la chimenea que ardía e iluminaba la sala. Ginny se preguntó cuantas horas habían pasado ya que era de noche.

Ginny carraspeó y Ron sorprendido, la notó por primera vez.

No se dijeron nada. Él le ofreció un vaso colmado con la bebida alcohólica y ella lo tomó en sus manos y se sentó a su lado para beberlo lentamente y estremecerse con el calido fuego que le provocaba en su interior.

Ron ya había consumido la mitad de la botella cuando comenzó a hablar.

–Hermione me robó dinero, –resopló divertido. –Lo más gracioso es que de todo lo que yo creí que me estaba ocultando jamás me imaginé algo así.

–Harry no quiere que yo sea auror, –le dijo ella. –Lo más gracioso es que le discutí defendiendo mi decisión de serlo… y la verdad es que no quiero serlo.

Terminó lo que quedaba de Whisky de su vaso y le quitó la botella a Ron para servirse más.

–Eran ahorros para comprarnos una casa, así empezábamos nuestra propia familia. Algo así como La Madriguera, pero no tan rústico para que ella no se sienta tan fuera de lugar. Aunque me dijo que no le molestaba si era rústico. ¿Puedes creer que Hermione quiere cinco hijos?

–Detesto la idea de ser auror. Me resulta interesante, pero sé que para serlo… –sacudió la cabeza. –¡Estoy cansada de las artes oscuras!

–Yo ya estuve viendo varias casas… Solo necesitábamos pedir un préstamo a Gringotts. Y ahora no creo que nos concedan nada, seguro ya estamos en la lista negra de los duendes.

–Ya tengo suficiente dosis de artes oscuras en mi vida. No necesito más. Quiero algo diferente.

–Diferente. Sí. Hermione hace rato que se comportaba diferente. Nunca creí que se arriesgara tanto con el dinero.

–Quiero que Harry regrese.

Ron parpadeó y le sonrió a su hermana.

–Harry te necesita, –le dijo él. –Es miserable y más que fastidioso cuando no está contigo. No sé qué yuyo le darás para que cambie tanto.

–Últimamente solo lo ayudé a ser más miserable. Por eso se fue. –Le confesó ella ruborizada, en parte por el alcohol, en parte por estar soltando tanto la lengua con su hermano. Aunque Ron estaba haciendo lo mismo. Y se sentía bien.

–Harry se fue porque yo era el miserable que no sabía qué le pasaba a Hermione. Le pedí que fuera en mi lugar. Le supliqué, mejor dicho. –Se sirvió más whisky. –Harry no podría ser miserable contigo, no importa cuanto lo maltrates el idiota te adora. Es enfermante al punto de querer vomitar de solo verle la cara de tonto enamorado que pone cada vez que piensa en ti. ¡Es repugnante!

Ginny intentó reírse pero solo logró emitir un confuso sonido

–La idiota soy yo.

–Sí, también eres una idiota. Definitivamente sí.

Bebieron un poco más en silencio. Se escuchaba el crepitar de las brasas y la respiración de Ron.

–¿Qué pasó con Hermione?

–La eché del apartamento. –Dijo con una voz agonizante. –No pude controlarme… –Suspiró en resignación sabiendo que se había excedido.

–¿No estás molesto?

–¿¡Qué pregunta estúpida es esa?!. ¡Claro que estoy molesto!. ¡Me molesta cuando no entiende que puede confiar en mí para hablar de estas cosas!

–¿Y el dinero?

–Al carajo con el dinero, sé vivir perfectamente sin dinero.

–¿Entonces por qué no estás con Hermione?

Ron pausó para terminar de beber el whisky.

–Porque estaba controlando mi temperamento. –Replicó con obviedad. –Y… porque me pareció raro que mi hermana favorita estuviera en la casa de su novio con los ojos más rojos e hinchados que vi desde que ella tenía 11 años.

Ginny finalmente se rió.

–¿Tan mal estoy?

Ron le hizo una mueca y se puso de pie.

–Voy a buscar a Hermione, seguro que está con sus padres… –rezongó.

Ron le dio un beso en la mejilla y Ginny le devolvió una sonrisa a cambio. No recordaba cuándo había sido la última vez que había estado tan cómoda con Ron.

–Cuídate, –le dijo él antes de cerrar la puerta.

αβγδεζηθικλμνξοπρςστυφχψω

Por enésima vez Ginny fue al Ministerio al que ya le tenía un desprecio irracional. "¿Cómo haría Harry para venir a trabajar aquí cada día?" se preguntó ella. "¿Y Ron, su padre, Percy, Hermione…?" Suponía que era un tema de perspectivas, ella no trabajaba allí. Aunque sí era trabajoso acabar de una buena vez con sus asuntos personales.

Había pasado la noche anterior en el apartamento de Harry tratando de darle algo de sentidos a esos asuntos. Pero no logró mucho. Su madre estaba entre preocupada y enojada por no haber estado esa noche en La Madriguera, sin embargo, y por eso Ginny estaba verdaderamente agradecida, no le dijo nada. Fue a trabajar al local en Ottery St. Catchpole como lo había estado haciendo desde hacía unos cuantos días ya. Por momentos se aburría al extremo, y por ratos se entretenía con las cosas que las viejitas del pueblo contaban; como la vez que su madre había ido a ver por primera vez a La Madriguera, o la vez que su padre tomó clases de manejo en la escuela muggles de conductores.

Pero ahora estaba en el Atrio del Ministerio con la esperanza de encontrarse con la hermana de Mark. No era ninguna tarea fácil. Los inefables eran indetectables, y la única forma de contactarse con ellos era cuando ellos lo querían, o fuera del horario errático de sus trabajos. Y nadie sabía cuáles eran sus horarios y mucho menos cómo contactarlos…

La tarjeta que le había dado Mark Sloan era la única razón por la que la gente del Ministerio se molestaba en buscar a esta inefable. Pero ya había perdido la cuenta de las veces que había ido a buscar a Isabella Sloan y en el mismo tono respetuoso que ella había solicitado verla, le decían que no estaba. Se estaba cansando de insistir, y ya estaba empezando a creer que el sueño extraño que había tenido no era verdaderamente importante.

Entonces una mujer diminuta la llamó por su nombre completo. Traía una enorme carpeta llena de pergaminos y sin decir una sola palabra le señaló que la siguiera. Ambas bajaron ya no sabía cuantos subsuelos para adentrarse a otro mundo; entraron al Departamento de Misterios. Ginny recordaba la habitación circular con bastante precisión. La mujer abrió una de las puertas y continuaron caminando por otro pasillo hasta que empezó a escuchar un coro y la luz se tornó azulada. Siguió avanzando detrás de la mujer, pero en cuanto vio que había un río de verde se paró en seco. Estaban en un sitio con la replica exacta de su sueño.

–¿Qué es esto¿Dónde estamos?

La mujer siguió sin responder. Se sumergió en el río como si estuviese bajando escaleras y cuando reapareció, el río, el coro la luz y todo lo demás se transformó un una ordinaria oficina como el resto de las oficinas del Ministerio.

–Mi nombre es Isabella Sloan y esta es la recamara de los sueños. El lugar donde estábamos antes es donde reside Sofía de Milo…

–La primera fanal, –completó Ginny estupefacta.

–¿La conoce entonces? Hace varios años que no se contactaba con nosotros.

Ginny tragó saliva y no se movió de su lugar esperando a que la mujer continuara su explicación. Sin embargo Isabella Sloan se sentó y no dio señales de que fuera a hablar.

–¿Qué quiere decir con eso?. ¿Ustedes están en contacto con esa organización?. ¿Saben lo que me están haciendo por culpa de ellas? –Por cada pregunta que hacía, Ginny daba un paso al frente con extrema ansiedad.

–Sofía de Milo hace 100 años que no se comunica con nadie. Las fanales, la sociedad que ella fundó, perdió contacto cuando una vidente de nuestro departamento predijo el fin de las fanales por manos de la misma fundadora. La profecía fue destruida hace unos cuantos años por usted misma y sus amigos… –Hizo una pausa para mirar con desdén a Ginny que no pudo evitar sentirse de lo más incómoda bajo esos ojos acusatorios y penetrantes tan similares a los de Mark. –Se armó una gran disputa interna y los distintos grupos de fanales del mundo perdieron contacto entre sí.

Ginny no sabía a qué prestarle su verdadera atención. ¿Cómo era posible que existieran más grupos de esas mujeres locas?

–¿Cómo que estaban en contacto con Sofía de Milo¿Cómo saben todo esto?

–Las fanales son una sociedad que se remonta a la antigüedad, señorita Weasley. En todo el mundo trabajan para mejorar la magia. La fundadora de las fanales se refugió en el mundo de los sueños, por eso estamos aquí. Y por lo que veo…–carraspeó, – me da la impresión de que Sofía se ha vuelto a poner en contacto nada menos que con usted, la que han llamado en Sudamérica la reencarnación de Sofía de Milo.

La mujer la estudió esperando ver la reacción de Ginny.

–Y supongo que usted cree toda esa sarta de mentiras y basura…

–¿Si lo creo?. ¿Para qué necesito creerlo si usted está aquí? No necesito creerlo cuando ya lo sé.

Ginny cerró sus puños y la miró entre enojada y confundida. Decidió callarse porque temía perder la paciencia y no sacarle nada de información.

–Como inefable tengo un deber hacia el Ministerio: me piden que investigue misterios. Mi función principal es estudiar el mundo de los sueños. No es tan complicado como parece pero sí pertenece a un área del conocimiento que es constantemente cuestionada. Por lo que no importa cuánto se descubra, existe gente escéptica que jamás comprenderá el verdadero valor de lo que estudiamos aquí.

"Antes de que me dejaran a cargo de la recamara de los sueños, mi maestra me había contado la historia de las fanales. Existen veinte recamaras como estas en todo el mundo. Hay tres en Europa; una es esta, hay otra en Italia y la otra está en Polonia. Cuando hay más de una de las recamaras activadas a la misma vez, estas sirven como portales entre sí. Mi maestra me obligaba a dejar la recamara donde está Sofía de Milo al menos una hora cada día en caso de que reapareciera. Nunca vi a nadie, excepto las veces que veíamos otros inefables en otras recamaras.

"Hace cinco años sucedió algo inesperado. Por primera vez nos pusimos en contacto con la recamara de La Florinda.

Isabella pausó y luego hizo una extraña mueca al ver que Ginny se había tensado con el conocimiento.

–No había inefables en esa recamara, eran todas fanales y explicaron que se había concretado el regreso de Sofía de Milo y que se encontraba entre ellas. No informaron nada más. Si mi maestra me había enseñado algo sobre las fanales era que las que estaban en Sudamérica eran las más peligrosas. Tenían demasiada influencia con los gobiernos, tenían control absoluto sobre muggles, y para empeorar la situación, ahora te tenían a ti. La única fuente de conocimiento abstracto a la magia antigua de la fundadora.

–¿¡ Y no hicieron nada?!. ¿¡Sabe cuánta gente estuvo sometida ante ellas?!. ¡¿Sabe cuánto que hemos padecido por su culpa¡CASI MUERO!

–Tu muerte hubiese sido la mejor alternativa. Pero por suerte tú te encargaste de esas fanales ¿no es así?

–No. Aun están tras mí.

–Así es. Por eso se te acusa de cuanto delito imperdonable…

–¡Y aquí está usted con toda esta información!

–No puedo ayudarte en eso.

–¡ENTONCES PARA QUE CARAJO ME LLAMO!

–Lamentablemente como inefable no puedo intervenir en los asuntos de la justicia, precisamente por las mismas razones que las fanales no deberían entrometerse con los poderes políticos. Pero nunca fue mi intención ayudarla en este tonto juicio. –Le dijo sacudiendo una mano frente a ella. –Nos llegó su examen vocacional y junto a la Oficina del Potencial de este departamento pudimos descifrar el resultado.

Ginny continuaba exasperada por todo lo que le había dicho ya. Resopló y se cruzó de brazos esperando a que prosiguiera.

–Una inefable. Eso indica su examen ¿Y quién mejor para el puesto que la reencarnación de Sofía de Milo para unirse a nuestro equipo?

–NO-SOY-LA-REENCARNACION-DE-NADIE. –Masculló cada palabra reprimiendo su enojo.

La pequeña mujer solo parpadeó y le hizo una mueca con suficiencia.

–Está bien, No es la reencarnación de nadie. –Le dijo con fingida resignación. – De todas maneras… ¿estaría interesada en ser una inefable?

Ginny no podía sacarse la exasperación de encima. Intentó pensar con objetividad solo sobre la propuesta. Pero por más que lo reflexionaba, su mente regresaba al hecho de que había gente que conocía su realidad y no estaba haciendo absolutamente nada para ayudarla. Quizá ella podría realizar esos cambios en ese Departamento… Quizá la idea de ser una inefable no era tan ridícula. Sin embargo nunca se le había ocurrido que podría ser considerada para un puesto allí. Definitivamente era algo que tendría que consultarlo con su padre. El podría guiarla un poco.

–Supongo que antes de tomar una verdadera decisión querrás saber un poco más sobre lo que hacemos. –Isabella Sloan se sirvió un poco de agua y bebió un poco. – Ser inefable es como ser una fanal… o un científico mágico, si prefiere la analogía; nos dedicamos a revelar los misterios de este mundo. ¿Sabe cuál es la principal diferencia entre los tres? Las fanales no tienen respeto alguno sobre las leyes de los pueblos, son una anarquía absoluta y no están controladas por nada excepto ellas mismas. Sus investigaciones pueden traer grandes frutos, pero usted ya sabrá los altos costos que debieron pagar. Los inefables tenemos leyes y aceptamos la autoridad del Ministerio. Por otro lado, los científicos muggles tienen la teoría que desarmando la naturaleza en partes menores van a poder comprender cómo funciona y así van a poder tomar control de ella. El problema es que la naturaleza no funciona como un rompecabezas estático y los muggles están muy perdidos… Son como inefables discapacitados –agregó con tal menosprecio que Ginny se sintió ofendida por el comentario y la miró a Isabella con más antipatía. –Nosotros tenemos un conocimiento más basto sobre cómo funciona todo. Sabemos cómo unir las piezas de ese rompecabezas, y por ende podemos hacer algo tan simple como un hechizo reparo…

Isabella miró el reloj y se acomodó en el suelo en posición de flor de loto para comenzar a meditar.

–No quiero aburrirla con estas cosas. –Ginny no le dijo nada, simplemente la observaba de pie. Aunque no quería admitírselo a esa mujer, le resultaba bastante interesante lo que le estaba explicando. – Tiene tiempo aun para pensarlo bien y todavía debe demostrar su inocencia en Sudamérica. En caso de que no pueda salir bien del juicio… bueno, todo esto habrá sido en vano.

–¿Usted es una fanal? –preguntó Ginny rápidamente porque veía que ya era su hora para marcharse.

–No. –Contestó aspirando aire y cerrando sus ojos. –Mi maestra lo era, fue invitada apenas se recibió de Hogwarts. Hay muchas fanales en toda Europa, la mayoría trabaja como inefables y tienen simposios anuales para intercambiar sus ideas y descubrimientos. Por el momento están todas muy entusiasmadas porque te unas. ¿Pero qué mejor que estés aquí en Inglaterra? No me hubiese molestado en contactarte de ningún otro modo. Y más sabiendo que muchas de las fanales están dispuestas a lo que sea por tenerte…Ahora si me disculpa, debo hacer mi trabajo.

Entonces la inefable tomó una gran bocanada de aire y comenzó a entonar un extraño cántico.

Ginny se retiró de la Oficina y como pudo salió del Departamento de los Misterios con máspensamientos en su cabeza de los que jamás creyó poder soportar. Sus pies la llevaron al piso donde trabajaba Hermione, pero ella no estaba allí. En el pasillo estaba el agente Thompson junto a señor robusto, de la misma altura que ella y con una barba hirsuta. Ginny lo miró a este último con sospecha.

–Este es el señor Aurelio Cruz, de la Fuerza de Investigación Conjunta de Latinoamérica, será quien la escoltará a La Florinda para su audición en la corte. –Le dijo Thompson sin siquiera saludarla. Se veía contrariado y, al igual que ella, miraba molesto al señor Cruz.

–Pero si aun no puedo... –tragó saliva. –El sanador Sloan seguro le habrá informado...

–Sí, sí, ya lo sabemos, –interrumpió Thompson. –Pero el señor Cruz ya ha logrado "presionar" a algunos funcionarios en el Ministerio.

–A más tardar, el domingo podremos ir a Buenos Aires y allí podemos arreglar su audición. –Le dijo el señor Cruz con un perfecto acento extranjero.

–¿El domingo?.¿Este domingo?– preguntó ella con incredulidad al señor Cruz quien cada vez le parecía que se iba encogiendo más y más. –¡Pero eso es pasado mañana!


Nota de autora

Si llegaron a leerlo todo, los felicito de corazón. Este capítulo me volvió loca y solo la posición de flor de loto logró que avanzara en él. Se las recomiendo… hasta Isabella Sloan la usa!

Prometo que a partir del próximo capítulo las cosas se pondrán bastante agitadas.

POR FAVOR DEJEN REVIEWS!!

Saludos