Los personajes no me perteneces, son de la increíble J. K. Rowling :)
Capítulo X
Hermione despertó cuando el sonido del pitido del tren sonó, al llegar a Paris. Afuera había un día precioso, digno para pasear con quien uno quiere. Sin embargo, en las circunstancias en que se encontraba, eso no sería posible. Miró hacia donde estaba sentado Malfoy, notando que el rubio no estaba en su asiento. Bufo, ¿guardaespaldas se creía? Sí, claro.
Cuando se levantó de su asiento, se mareó. Odiaba esa sensación, le pasaba cada vez que dormía en un tren. Se tambaleó un poco, llevándose una mano a la frente en acto de reflejo y agarrándose con la otra del asiento de adelante. Malfoy apareció con velocidad supersónica, sujetándola para que no cayera.
A veces se preguntaba si el rubio realmente era humano.
-¿Estás bien? – preguntó preocupado, aún rodeándola con sus brazos.
-Sí, suéltame – contestó secamente, deshaciéndose del agarre de él. Porque a pesar de que se sentía increíblemente cómoda en esa posición, seguía molesta con él. Su malestar se fue, así que se dispuso a sacar su maleta del compartimento en el techo.
Draco simplemente se volteó a hacer lo mismo que ella, golpeándose por dentro, por arruinar esa pequeña paz que se había formado entre ellos los días anteriores. Cuando su maleta estuvo en el asiento, escuchó que alguien le hablaba a Hermione, en un tono que fácilmente lo molestó.
-Déjeme ayudarla, señorita – dijo un insignificante joven muggle, de cabello oscuro y ojos miel, quien le sostenía a Hermione una sonrisa seductora.
-Gracias – le dijo ella, mientras dejaba que el joven la ayudara. Cosa que lo enfureció.
-Vaya, esto está muy pesado – comentó el joven - ¿trae piedras?
Hermione rio, claramente encantada y divertida con el inútil. ¿Quién iría a pensar que Draco Malfoy estaría celoso? Se suponía que eran las chicas quienes lo celaban a él. Quería decirle al inepto muggle que desapareciera de su vista, pues ella le pertenecía. Pero simplemente no podía hacerlo, pues lo último no era verdad.
Aunque la castaña no notó obviamente su enojo, pues como un gran maestro de la Oclumancia, él sabía ocultar muy bien sus sentimientos. Una máscara de frialdad yacía sobre su rostro.
-Libros, algo parecido – respondió Hermione, con un tono divertido. Tomando su bolso, comenzó a seguir al joven por el pasillo del tren, para ir a la salida, sin siquiera mirar o esperar a Draco.
-¿Primera vez que viene a Paris?
-OH, no, pero hace mucho que no venía – comentó recordando cuando había ido con sus padres años atrás. – Es realmente bueno volver.
-Es una ciudad muy romántica – Draco, quien venía un par de metros más atrás, al escucharlo, quiso ir a estrangularlo. ¿Quién se creía ese imbécil para insinuársele así? OK, eso no lo dejaría pasar. Por Merlín que haría algo.
Caminó rápidamente hacia Hermione, tomándola de la mano y acercándose a su oído, permitiéndole de esta manera, aspirar ese exquisito aroma floral que lo volvía loco.
-Cariño, vamos a llegar tarde, mejor apresurémonos – le dijo con un tono seductor, pero dulce a la vez, desconcertándola al instante.
Hermione quedó en un estado ausente, procesando lo que acababa de ocurrir, por lo que apenas se despidió del joven muggle, cuando Malfoy la arrastró fuera del tren. Una vez fuera, él la soltó bruscamente, y comenzó a caminar hacia la salida de la estación. Quería alejarse lo más rápido posible de todos esos estúpidos muggles, aunque no lo diría en voz alta, sino ella se enojaría más.
Cuando la chica salió de su ensoñación, empleando toda su fuerza para llevar su maleta y correr hacia él, lo alcanzó para reclamarle.
-¿Quién te crees que eres, Draco Malfoy? – Preguntó enojada - ¿Qué fue eso?
Draco se volteó hacia ella con una lentitud increíble, y la miró con una ceja levantada, como si la considerara una loca.
-Te estaba cuidando – comentó con simpleza.
-¡No me estaba haciendo nada! ¡Sólo conversábamos!
-OH, claro, - ironizó -, escucha Granger, no tenemos tiempo para que estés coqueteando con un muggle común que no conoces.
-No debería importarte con quien coquetee y con quien no – dijo ella, aunque en el fondo tenía el loco deseo de que le importase. Pero obviamente él jamás se lo diría.
-Tienes razón, no me importa – mintió Draco con un tono frío y sin sentimiento, ocultando todas las emociones que corrían por su interior en ese momento -, pero como ya dije, no tenemos tiempo para eso. Estamos demasiado expuestos aquí a cualquier ataque.
Hermione gruñó, mientras atravesaban la puerta de salida de la estación. El lugar estaba a varias cuadras de la Torre Eiffel, por lo que había dos opciones, tomar un taxi, o aparecerse. Él obviamente tomó la decisión primero, por lo que la tomó del brazo, para esconderse detrás de una columna, y se aparecieron en el parque del Campo de Marte, a unos cien metros de la Torre.
-¡¿Estás demente o qué?! – Preguntó ella - ¡Pudo habernos visto alguien!
-Nadie está pendiente de los demás– contestó. Malfoy se volteó para caminar hacia la gran construcción, pero al no sentirla que lo seguía, giró el rostro para mirarla. Granger batía con su maleta para poder llevarla, seguro no le había puesto ningún hechizo para alivianar el peso, y ahora en frente de tantos muggles, jamás lo haría. Rió por la poca ocurrencia de la castaña y caminó hacia ella para ayudarla – Granger, dame eso – dijo, estirando la mano.
-No necesito tu ayuda, Malfoy. Gracias – dijo lo último con sarcasmo.
-No seas tonta, apenas puedes con ella. – Sin embargo ella lo ignoró, y cuando logró levantar la valija, siguió caminando, dejándolo solo parado. Draco rodó los ojos, no podía ser que fuera tan terca, por lo que con sumo cuidado, sacó su varita y encogió el objeto.
-¡Malfoy!
-Sólo intentaba hacerla menos pesada – rió. Le encantaba verla así, con sus mejillas sonrojadas debido a la molestia. Aunque debía admitir que tenía ganas de comerle la boca.
-Repito, no necesito tu ayuda. No te hagas el caballero conmigo -. Draco volvió la maleta a su tamaño normal, aunque de inmediato ella la encogió nuevamente.
-Eres una infantil.
-Mira quien lo dice.
-Por favor, no pensé que fueras tan rencorosa – comentó él, tratando de ganársela de nuevo - ¿qué pasó con todo tu discurso de las segundas oportunidades y de ser amigos?
-Te di una segunda oportunidad, Malfoy, pero la perdiste hace unas horas. Ahora, hazme el favor de no hablarme.
Harry caminaba por el Callejón Diagon, dirigiéndose hacia Sortilegios Weasley donde se encontraría con Ginny. Aunque su cabeza estaba en otro lado, pues el Ministro le había informado que Hermione era el blanco principal de los mortífagos. Debía reunirse con su novia rápido, para así volver al ministerio y enviar un grupo de vigilancia secreta hacia la castaña.
Cuando por fin llegó a la tienda, se encontró de frentón con Ginny, quien conversaba con nada más y nada menos que Justin Finch- Fletchley.
-¿Justin qué haces aquí? – Preguntó mientras el temor porque algo le ocurriese a su mejor amiga aumentaba – Se suponía que irías con Hermione.
-Hermione esto, Hermione aquello, - dijo la pelirroja hastiada – Harry deja…
-Ginny, basta, esto es importante – comentó el moreno con voz autoritaria, silenciándola de inmediato -, Justin, contéstame.
-Iba a ir con ella a Paris, Harry – dijo el ex Hufflepuff – pero de último momento me dijeron que iría alguien más.
-¡¿Quién te dijo eso?! – La voz de Harry demostraba la preocupación que sentía en su interior y Ginny pudo ver que algo grande ocurría para que estuviese así.
-El Ministro.
-¿Está en su oficina?
Apenas Justin asintió con la cabeza, El Elegido tomó a su novia de la mano y salió rápidamente de la tienda. Debía llegar rápido al ministerio, para hablar con Kingsley lo antes posible. Guió a Ginny por el callejón Diagon hasta el Caldero Chorreante, para luego aparecerse fuera de los baños de entrada del ministerio.
-¡Harry ¿qué ocurre?! – preguntó la pelirroja, mientras entraban al lugar.
-Hermione está en peligro.
-Ella no…
-Ginny por favor, deja tu rencor hacia ella – pidió el muchacho mientras iban en el ascensor. Por suerte nadie más los acompañaba -, interrogamos a los mortífagos que la atacaron el otro día, y confesaron que ella es su principal objetivo. Está en graves problemas, y si fue sola a Paris…
Harry estaba a punto de tener un ataque nervioso ahí mismo, Hermione era como su hermana, no podía permitir que algo le ocurriese. Ginny por primera vez en mucho tiempo cayó en cuenta de lo que estaba pasando. Se había estado comportando como una idiota, no era así como se trataba a una mejor amiga. Hermione estaba en peligro, y no sabía qué haría si la perdiera también a ella.
-Harry, relájate, seguro Kingsley la envió con alguien de confianza – trató de calmarlo, colocando ambas manos en las mejillas del moreno -. No le pasará nada.
-Ya ni siquiera te importa lo que pase con ella – comentó triste.
-Te equivocas – dijo -, Hermione es mi mejor amiga, solo estaba resentida porque debido a lo que pasó con Ron, ya no podríamos ser hermanas… Si es posible, viajaré esta noche a Paris para reunirme con ella y…
-¿Y perderte a ti también? – Indagó retóricamente Harry - Los mortífagos que están sueltos no tendrán piedad de nadie para conseguir lo que quieren – el ascensor se abrió en el piso de su destino -, veamos qué dice Kingsley.
Caminaron, mejor dicho, corrieron por el pasillo hasta la oficina del Ministro, quien no tardó ni diez segundos en dejarlos pasar. Pudo notar en la pareja el tinte de desesperación e inquietud que sentían, y les propuso tomar asiento para que se calmaran.
-¿Quién fue con Hermione? – preguntó Ginny inmediatamente.
-Draco Malfoy.
Los ojos de ambos jóvenes se abrieron debido a la impresión y sus corazones latieron rápido por los problemas que podía llevar ese viaje.
-¡¿Qué?! – dijeron al unísono, ganándose un suspiro de parte del Ministro.
-Jóvenes, no se preocupen, tengan confianza en él.
-¿Usted se está escuchando, Ministro? – Cuestionó Ginny – Malfoy se encargó de hacerle la vida imposible a Hermione por años…
-Pero también salvó su vida hace unos días, señorita Weasley – afirmó Kingsley, recargándose en su asiento -, y me atrevo a decir que la señorita Granger no tendría mejor protección.
El Ministro rió para sus adentros por su comentario. Claro que Draco arriesgaría su vida por mantener a Hermione a salvo, de eso no había duda. Ya lo había hecho muchas veces, en esta ocasión no sería diferente.
-Kingsley ¿por qué tienes tanta confianza en él? – Preguntó Harry – Tal vez si me dijeras la razón, podría compartir tu opinión.
-Solamente puedo decirles muchachos, que Draco mostró ser alguien opuesto a lo que aparentaba.
-¿Acaso ahora adora a los hijos de muggles?
-Harry, dale una oportunidad.
Pero ni Harry ni Ginny parecían dar su brazo a torcer. Estaban totalmente convencidos de que en Malfoy no podían confiar a ciegas como lo hacían el ministro y Hermione, pues el rubio se había encargado de demostrarles que no era parte de los buenos.
-OK, tendré que darles pruebas – el hombre abrió el cajón derecho de su escritorio, y buscó entre los papeles que tenía ahí guardados, ese testimonio que lo había hecho creer en Malfoy. La carta que Dumbledore le había dejado antes de morir revelaba que el chico los había estado ayudando en la guerra, siendo un doble espía como Snape.
Les tendió el pergamino y la pareja se dispuso a leer la perfecta e inconfundible caligrafía del difunto director de Hogwarts, impresionándolos cada palabra ahí escrita.
-Imposible – dijo Harry al terminar – vi los recuerdos de Snape, en ellos jamás salía Malfoy.
-Los modificaron, Harry. Draco Malfoy fue un doble espía en la guerra y nadie nunca lo supo.
Draco Malfoy, con su caminar elegante y su porte de modelo, atraía la atención de casi todas la mujeres que rondaban por el lugar, a quienes les sonreía de forma irresistible o les lanzaba un guiño coqueto, volviéndolas locas con su gesto. No podía evitar pensar que sólo lo hacía para molestarla, y si era así, lo estaba consiguiendo. ¿Quién se creía que era? ¿El rey del mundo? Estúpido, engreído, y mujeriego. Hermione no quería admitir que estaba hirviendo de celos.
-¡Ya deja de coquetear con todo el mundo y apresúrate! – le gritó la castaña, quien lo adelantó y se puso frente a él para llamar su atención.
-¿Celosa, Granger? – Preguntó Draco en un tono tan coqueto como su mirada, mientras se acercaba a ella en un paso terriblemente sexy.
Hermione lanzó un sonoro gruñido mientras se volteaba y continuaba su camino hacia la torre, tratando de ocultar el temblor en sus piernas, provocado por el rubio. Y cuando estuvo de espaldas a él, Draco no pudo evitar recorrerla con la mirada, pasando la vista por cada una de sus curvas y deteniéndose en su trasero. No hizo nada por reprimir el gesto de lamerse los labios.
-¿Qué esperas? – le preguntó ella, volteándose cuando no escuchó que la seguía - ¡Apresúrate!
Rió, ella se había sonrojado por lo que le había dicho antes. ¿Eso debía ser un avance, no? Con tres zancadas se situó a su lado, tomándola fuertemente de la cintura, y acercando su boca a su oído, para susurrarle.
-Si quieres podemos aparecernos arriba de la torre para llegar más rápido – sugirió, recorriendo con su nariz el cuello de la castaña, provocándole un escalofrío que no pasó desprevenido por el ex-mortífago.
-Malfoy, suéltame – pidió en voz baja, tratando de convencerse ella misma que era eso lo que quería.
-¿No querías que mi atención cayera en ti, Hermione?
Ella se tensó, aunque al mismo tiempo sintió que se derretía, al escuchar su nombre salido de los labios del rubio, de esa forma tan dulce y sensual. ¿Cuándo la había llamado así? Nunca, jamás en los diez años que se conocían.
-Suéltame – rogó, con el último aliento de dignidad que le quedaba.
Draco miró sus labios, y luego sus ojos, dándose cuenta de que a ella no le era tan indiferente como pensó todo el tiempo. Pero antes de que todo ocurriese, decidió que aún no era el momento de avanzar, debía ganarse su confianza de nuevo. Por lo que se separó de ella, la tomó de la mano y la arrastró rápidamente hasta la Torre Eiffel.
Hermione por su parte, no se recuperaba aún. Estaba metida en su mundo, dejando que él la guiara, sin mostrar objeción. Subieron en el ascensor hasta la planta más alta del monumento, juntos y con las manos unidas todo el tiempo. Arriba, muy poca gente había, debían ser unas cinco o seis personas, que estaban esperando el ascensor para poder bajar. Entre ellos, una pequeña niña rubia de ojos grises, rasgos muy Malfoys.
-Ustedes hacen una muy bonita pareja – les dijo, antes de correr con su madre, que la llamaba para abandonar el lugar.
Hermione se sonrojó, llegando a parecer un tomate, y Draco simplemente sonrió ante el inocente comentario de la pequeña. La castaña se soltó rápidamente de él, alejándose, sintiendo un vacío al no tenerlo cerca. Caminó hasta la barandilla, donde podía ver la hermosa ciudad de Paris, que comenzaba a iluminarse por las luces nocturnas.
-Esto es increíble – comentó Draco mirando la ciudad al igual que ella.
Hermione simplemente asintió, y se dirigió hacia donde estaba la entrada al mundo mágico. Batió su varita, comprobando que la pared frente suyo, al igual como pasaba en el Caldero Chorreante, se abriera, pero dejando ver otro ascensor, por el cual bajarían a la Avenida Golden Wand.
Holaaa! Sé que me odian por dejarlas tanto tiempo esperando, pero... bah, no quiero darles escusas, saben que es por la universidad y falta de tiempo...
El capitulo es corto, lo sé, pero Draco comienza a descubrir que Hermione no es de piedra ante sus encantos jejeje, si, en mi opinión, nadie podría resistirse. ¿Ustedes creen que ella logrará perdonarlo? No se preocupen, su momento llegará, pero deben esperar un poco. Él debe ganarse su confianza de nuevo.
Bueno, quiero agradecer a todas las que comentaron, me agregaron a favoritos y alertas. GRACIAAAAAAAS. Háganme saber que les pareció el capítulo, cualquier reclamo, grito, amenaza (ok eso no xd), alabanza (jejeje, ya si, eso me gustaria jijiji) bienvenidas son jiji.
Nos vemos en el próximo capítulo, que espero sea pronto :)
Besoooooooooos
MRS Taisho-Potter
PD: Les dejo mi Tumblr, principalmente Dramione :) es convictsofmyheart. tumblr. com (quiten los espacios) xoxo
