Capítulo 10
El Príncipe
Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi y TOEI Animation Co., Tokio, 1976. Usados en este fic sin fines de lucro.
A la mañana siguiente Candice despertó como en una nube, aun sintiendo los labios de Terry sobre los suyos. Había pasado la noche tan emocionada que casi no había podido dormir. Lo único que deseaba era volver a verlo, a sentirlo. No sabía cómo se comportaría cuando lo tuviera frente a ella, pero estaba segura que sabría qué hacer.
Esa fue la mañana que tardó más tiempo en elegir su outfit. Había pensado en un estilo hipie folk la tarde anterior, sin embargo, hoy lo consideraba no muy buena opción porque quería lucir femenina y muy chic para Terry, así que la prenda multicolor fue a parar al rincón de su closet, después sacó un crop top que estilizaba su figura al combinarlo con unos skinny jeans, pero no… esa no era la imagen que deseaba para esta mañana. Encontró un vestido entallado color marfil de una firma de diseñador famoso y lo combinó con un elegante abrigo en color rosa millennial, se calzó unas bellas botas color vino y soltó su cabello. Se maquilló tan natural como pudo y se dirigió a la sala donde sería la primera clase del día. Ni siquiera esperó a sus amigas. En unos minutos estaba caminando entre nubes, atrayendo la mirada de varios caballeros más que por su outfit: por su bella expresión en el rostro. Se le veía radiante y segura, contagiaba su actitud, algunos habrían querido abordarla, pero la figura de cierto caballero se los impidió.
Sin anunciarse, Terry la tomó de la mano y la atrajo hacia él delicadamente, no quería exponerla, pero deseaba dejar claro que esa joven no estaba disponible. Besó con dulzura sus labios, sin permitirse perder el control y luego confesó en su oído.
-Me parecía que jamás amanecería. Necesitaba volver a verte – y ahí estaba esa voz de terciopelo, ese masculino y refinado acento que la enloquecía. Candy sitió que el piso se movía al mismo tiempo que percibía cómo todos los colores subían a su rostro.
-Terry – ella le sonrió emocionada. Era imposible pensar en otra cosa que no fuera lo que estaba sintiendo.
Una voz familiar entonces sacó a la pareja de su idilio.
-Terry G. Granchester y Candice White Andrew – los muchachos no necesitaron mirar para reconocer el origen de la voz.
-¿Sí, hermana Grey? – respondió Terry, sin soltar la mano de Candy.
-Será mejor que vayan a su clase o llegarán tarde.
-Sí, hermana – fue lo único que respondieron ambos.
Candy tuvo el instinto de separar su mano de la de Terry por respeto al estricto código de conducta del colegio, pero él la aprisionó con mayor fuerza. Tomó caballerosamente el hermoso bolso escolar de Candy y la abrazó.
-Vamos, amor – le dijo mientras lanzaba una sonrisa con un reto de divertida malicia a la monja.
Candy se puso pálida y solo atinó a caminar envuelta en el abrazo de Terry.
-¿Hermana Grey? – peguntó una de las antiguas maestras de Candy – ¿Cómo es que no les ha llamado la atención? ¿Qué pasaría si se repitiera la experiencia por la que abandonaron el colegio?
-Eso no sucederá, hermana. Creo que aprendieron la lección. La monja los miró alejarse. En su rostro había incluso cierto alivio, quizás la deuda del colegio con esa pareja al final podría saldarse.
oOoOoOoOoOoOoOoOoOo
Cuando Terry y Candy llegaron a la sala de estudios la clase estaba por empezar. Ya todos estaban reunidos. Tomaron sus lugares junto al resto de los primos de Candy y prestaron atención a cada una de las palabras del catedrático. Él había preparado un examen interactivo para el final de cada una de sus sesiones: El grupo tenía que responder desde sus computadoras o teléfonos cada una de las preguntas mientras que ésta se desplegaba en el proyector. Al finalizar el examen de la primera sesión ya todos sabían cuál era su calificación automáticamente.
Neal y Archie estaban felices porque habían obtenido altos resultados. La clase era de administración y sabían a la perfección cada respuesta porque ambos habían sido entrenados por el tío William. Para Stear no fue tan sencillo, ya que usualmente se enfocaba solo en la mecánica y había desperdiciado valiosas horas de aprendizaje en el consorcio. Candy y Annie definitivamente apenas pasaron con el mínimo puntaje, mientras que Terry y Patty se habían quedado en la media.
-No te preocupes, Candy – le dijo Terry – este es un curso muy intensivo, sinceramente, yo creo que mientras pasemos las asignaturas será suficiente, es muy complicado aprender en unas cuantas semanas lo que debimos aprender en tres años.
-Terry, en realidad no es lo que aprendimos en tres años. Cuando nos colocaron en grupos lo hicieron tomando en cuenta las clases que interrumpimos. Solo estudiaremos los dos últimos años.
-Bueno, eso no es muy consolador para mí – replicó Candy cabizbaja.
-Yo te ayudaré, Candy – Terry la tomó en sus brazos y con sumo cariño levantó el mentón de la joven para besarla dulcemente en los labios.
Todos sus amigos guardaron silencio; fue prácticamente sepulcral. Se miraron unos a otros con la confusión en sus rostros. El sonrojo maravilloso en el rostro de Candice les gritaba que era feliz, aunque se daban cuenta que estaba corriendo peligro. Todos eran de la idea de que Candy se merecía ser amada totalmente, no como una segunda opción y de hecho, el primero en pensar de tal forma era Terry.
-Terry – Candy solo atinó a esconder su rostro en el pecho de Terry, temía mirar a sus amigos.
Sin embargo, la actitud de Terry era diferente, él no temía mirarlos. En sus ojos había una especie de desafío, aunque no hacia ellos, sino hacia la situación que estaba viviendo. Descubrió las interrogantes en cada uno de los rostros de los Andrew y de las amigas de Candy y la aferró con más cariño hacia él.
Stear miró condescendiente al aristócrata, lanzándole una muda advertencia, luego, con sus ojos detuvo cualquier posible pregunta que se estuviera gestando en el grupo de amigos.
-Ven, Candy. Necesitamos hablar – Terry guio a Candy hasta una de las mesas periqueras esparcidas a las afueras de la cafetería, no muy lejos del grupo. Casi todos, debido al clima, preferían estar dentro de la cafetería, así que podían hablar en privado en ese espacio al aire libre. Hizo que Candy se sentara y luego se paró frente a ella encerrándola en sus brazos, la silla era tan alta que el rostro de Candy quedaba justo a la altura de los bellos zafiros de Terry.
Los amigos no escuchaban la conversación; tomaron otra mesa periquera a una distancia prudente para disfrutar de un buen café antes de la siguiente sesión.
-¿Pero cómo se atreve a hablarle de amor si no es un hombre libre? – Archie estaba realmente preocupado.
-Archie, eso no nos corresponde, lo único que podemos hacer es apoyarlos.
-Pero, ¿qué pasará con Susana? – preguntó Annie, tratando de mirar en dirección opuesta y modulando su voz.
-¿Pero quién piensa en Susana? ¿Acaso no pueden ver el brillo en los ojos de Candy? – replicó Stear.
-Claro que lo vemos, sin embargo, no quiero que Candy sufra – Patty estaba preocupada por su amiga – ya una vez Terry eligió a Susana – se atrevió a remarcar.
-Escuchen todos – Stear estaba resuelto – Susana no es asunto nuestro. Lo que a nosotros debe interesarnos es Candy y si ella es feliz, deberíamos apoyarla.
-¿Pero qué pasará si él la hace sufrir de nuevo? – insistió Archie, obligándose a mirar su taza de café.
-Entonces ahí estaremos nosotros también – dijo Stear – si ella está dispuesta a arriesgarse, entonces la apoyaremos y, si de alguna manera las cosas no salen bien y ella vuelve a sufrir, ahí estaremos nuevamente para ella.
-No quiero que sufra de nuevo – Archie no podía olvidar el peso del cuerpo desvanecido de Candice en sus brazos cuando fue por ella al aeropuerto en aquella noche invernal.
-Archie – por primera vez habló Neal – Si Candy quiere arriesgarse o no, es cuestión solo de ella. Es una chica lista, confía en ella. Seguro va a sopesar todo antes de tomar una decisión.
-Pues a mi me parece que ya la tomó – dijo Annie en medio de una pícara risilla como una invitación a sus amigos para mirar hacia la pareja.
Los muchachos levantaron la vista y vieron a la pareja charlando muy íntimamente. Terry había depositado un beso discreto en los labios de Candy y ahora le hablaba tan cerca que su voz era apenas un murmullo. Candy tenía sus manos acunando el rostro de Terry y lo miraba con adoración absoluta. De pronto ambos comenzaron a sonreír de tal forma que contagiaron de felicidad a sus amigos, incluso Archie no pudo evitar sucumbir ante el encanto que Candy irradiaba cuando estaba con Terry. Ya había cedido una vez, y podría volver a hacerlo si ella brillaba siempre como lo hacía ahora mismo.
-Seguro que Terry se encargará de Susana, confiemos en él. Si Candy lo hace, hagámoslo nosotros también – solicitó Stear.
Los muchachos ahora correspondieron a las sonrisas que la pareja les dirigía mientras se abrazaban casi tímidamente. Nunca habían visto a Candy y a Terry emanando tanta felicidad. Terry no sabía qué hacer, era obvio que sabía que la felicidad se le salía por los ojos y veía las mismas reacciones en su pecosa, pareciera adivinar que sus amigos estaban disfrutando de verlos en tal estado, sintiendo sus mejillas arder por el sonrojo. Candy escondió su rostro en el pecho de Terry y él escondió el suyo en los rizos dorados que tanto había extrañado.
Todos volvieron a la sesión con una enorme sonrisa. Pareciera como si cada uno de ellos comprendieran que, ya que las cosas debían estar exactamente como ahora se encontraban, entonces el destino había movido sus invisibles hilos. Era lógico que Candy y Terry debían estar juntos, habían sido cruelmente separados y, había que aceptar que solo cuando estaban juntos podían deleitarse con la mejor parte de cada uno de ellos.
Terry les permitía ver una sonrisa sincera, relajada y jovial, dejaba a un lado su pose de completa defensa, sus ansias de rebeldía, su desesperación continua, para abrirse sinceramente; mientras que Candy dejaba de ser la chica fuerte que todos miraban para permitir que alguien cuidara de ella. Con Terry, Candice se refugiaba, permitía que la dirigiera; eso era algo nuevo para sus amigos. Candy siempre había ido y venido a sus anchas, sin embargo, con Terry presente, ella tenía una figura que velaba por ella y lo permitía emocionada.
Cuando la última clase terminó, Terry se despidió del grupo.
-Tengo algo importante que debo hacer. ¿Les parece bien si salimos esta noche a divertirnos un poco?
Todo el grupo guardó silencio. Nunca se habrían imaginado una invitación grupal de Terry Grandchester, de hecho, él mismo estaba sorprendido de haberse atrevido a lanzar semejante invitación. Sin embargo, sabía cuán importantes eran ellos para Candice y no quería arrebatarla de su grupo, quería que ella supiera que él estaba dispuesto a encajar entre ellos.
-¿Lo tenemos permitido? – sopesó Patty.
-Claro que sí. Podemos salir. Es fin de semana, así que podemos regresar hasta antes de la primera clase del lunes – respondió Neal –. Elisa me llamó, quiere decirme algo importante, vino a Londres. Me pidió que no hiciera compromiso porque desea que pasemos juntos el fin de semana. Antes de responder tuve que preguntar en dirección y fueron ellos quienes me explicaron que podremos salir hoy por la tarde y regresar hasta antes de la primera clase del lunes.
-¿Entonces te veremos hasta el lunes por la mañana, Neal? – preguntó Stear.
-No lo sé – se encogió de hombros – trataré de volver el domingo por la noche.
-¿Entonces, tú veras a Elisa? – el tono de la pregunta de Terry sonó más bien como si le quitaran un peso de encima, él iba precisamente a su departamento para ver si ella necesitaba algo, pero si Neal se vería con ella, quizás no debería aparecerse por ahí.
Todos los miraron con cierto recelo. Todos comprendieron ese alivio en su tono. Como si le hubiese cedido su responsabilidad. Terrence, obviamente no dio explicaciones, solo sonrió de manera retorcida mientras que asía a Candy hacia él.
-¿Qué les parece si no s vemos en un par de horas en la caseta de vigilancia? – propuso.
-¿Pero no dijiste que tenías que salir para hacer algo importante? – replicó Candy.
-No. Acabo de decidir que prefiero estar contigo – Terry tocó con su dedo la nariz respingada de Candy a modo de broma, ocasionándoles a todos una sonrisa; desconocían esa faceta tierna y juguetona del actor.
Unos minutos después, en el cuarto de Candice, las chicas se preparaban para salir a divertirse. No acostumbraban a salir de noche a lugares con ruido estruendoso y se preguntaban qué sería lo que harían.
Annie no pudo evitar ser indiscreta, quería indagar en los sentimientos de Candy, porque aunque sonreía radiante delante de Terry, ahora que estaban a solas se mostraba preocupada y hasta taciturna.
-¿Candy, estás bien? Me parece que has estado muy silenciosa desde que nos despedimos de los chicos.
-Estoy bien – fue la respuesta, que se acompañó con una mueca que trataba de ser una sonrisa.
-A nosotras no puedes mentirnos, Candy – seguro estás preocupada por Susana, pero como siempre, no quieres preocuparnos – reclamó Patty – siempre prefieres cargar sola con tus pesares.
La joven rubia agachó la cabeza mientras que cerraban sus verdes ojos como avergonzada.
-Me parece que estoy siendo mezquina.
Hubo un breve silencio, mientras que sus amigas buscaban el comentario apropiado.
-Bueno – Patty sonrió delicadamente – a mi también me parece que estás siendo mezquina – había una sonrisa acompañando sus palabras, no deseaba lastimar a Candy.
-¡Patty! – se escandalizó Annie – se supone que debemos animarla.
Candy no supo qué responder, se sentó en la silla más cercana y mantuvo su rostro avergonzado.
-¿Recuerdas que solías decir que soy un diccionario viviente, amiga? – Patty se puso de rodillas delante de Candy para mirarla a los ojos y con ternura limpió una lágrima que corría por las mejillas pecosas –. Mezquino: Falto de generosidad, honestidad y lealtad.
-Patty … - sólo un susurro salió de los labios de Candy, un susurro lleno de pesar.
-Y quiero felicitarte por ser mezquina hacia Susana. Porque hoy estás permitiéndote ser generosa, honesta y leal hacia ti y hacia la persona que más amas: Terry – Patty hizo una pausa para obligar a Candy a mirarla –. Es verdad que lo que Terry y tú están haciendo es egoísta hacia Susana. Es verdad que es deshonesto porque le están mintiendo y es verdad que es desleal porque están faltando a una promesa. Tienes razón. ¿No te parece que estás siendo demasiado cruel para juzgarte? Mira el contexto, Candy. Yo sé que lo has visto y por eso te has atrevido a darte una oportunidad con Terry. ¡Por Dios, Candy, míralo! ¿Se parece a aquél actor de carpa de quinta que viste?
La joven pecosa ni siquiera se atrevía a mirar a su amiga, estaba sollozando. Lo único que hizo fue negar con su cabeza.
-Candy, yo no conocía a este Terry que tengo frente a mí. Y mira que lo conozco desde que éramos unos niños pequeñitos y nuestros padres nos llevaron al San Pablo. Terry es un hombre mejor cuando está contigo y tú te conviertes en una mujer espectacular cuando él está cerca. Deja de pensar en Susana y por favor, piensa más en ti y en Terry.
Patty sacudió a Candy tomándola de los hombros.
-Ya se lo dejaste. Ya desapareciste de sus vidas. Ya pasó tiempo suficiente para que Susana lo conquistara y lo hiciera feliz, pero no puede. Es imposible, el corazón de Terry ya está ocupado.
-¿Candy, qué te ha dicho Terry al respecto, qué hará con Susana?- interrumpió Annie.
-Él me pidió que le permita solucionarlo. Que no me interponga. Dijo que si yo lo hubiese esperado en el teatro para hablar aquella noche, él y yo habríamos encontrado juntos la forma de corresponder a Susana por lo que hizo. Me reclamó por haberme adelantado. No quiere que esta vez yo intervenga. Dijo que él arreglará las cosas, me pidió que confié en él.
-¿Y qué crees que va a hacer? – Annie deseaba que Candy sacara todo lo que tenía dentro de ella para poder ser feliz.
-Supongo que hablará con Susana.
-¿Y tú qué sientes?
-Me da pena. No quiero que sufra.
-Candy, eso está mal. Tú no quieres que nadie sufra y quieres solucionarnos la vida a todos, aunque eso te haga sufrir a ti. Eres mezquina contigo misma.
-Me estoy interponiendo en una pareja. Eso no es correcto.
-¿Cuál pareja? ¿Ellos están casados? Porque si están casados, entonces, Candy, déjame decirte que debes retirarte de inmediato – la voz de Annie sonó autoritaria.
-¡No! ¡Claro que no están casados!
-¿Lo ves? Terry no está casado, ni está enamorado de ella. Él te ama. Solo te ama a ti. Estaba con Susana para corresponder a su sacrificio, pero las cosas están saliendo peor. Ni tú, ni Terry, ni Susana, son felices. Toma esta oportunidad que la vida te da, toma a Terry y luchen defender lo que sienten.
-No sé cómo hacerlo sin sufrir. Nunca me he puesto sobre nadie.
-Candy, nuestra felicidad es solo responsabilidad de nosotros. Tú no puedes hacer nada. Sé feliz y deja que Susana busque su propia forma de ser feliz – sentenció Patty, que había guardado silencio –. Lo que sí debes pedirle a Terry es que hable con Susana lo más pronto posible. Por lo pronto, debemos apresurarnos, vamos a ponerte muy bella porque el hombre que amas está más guapo que nunca.
-¡Patty! – por fin una sonrisa se dibujó en los labios de Candy.
-¿Qué? ¿A poco no podemos mirar? La verdad es que tu Terry está hecho un bombón.
-La verdad es que Patty tiene razón – los colores estaban en el rostro de Annie – Terry Grandchester es guapísimo, ¿no me digas que no te has dado cuenta, Candy?
-¡Claro que lo sé! Lo que pasa es que siempre estamos tan estresados que no podemos disfrutar uno del otro.
-Pues ya es hora de que disfrutes, ¿no lo crees? – Annie se llenó de valor y desabrochó los dos últimos botones de la blusa de Candy – y creo que es hora de que él también disfrute – le sonrió con picardía y complicidad –. Déjalos así, él lo agradecerá, te lo aseguro. Son solo dos botones, no es que le estés mostrando todos tus encantos. Luces sexy y atractiva sin gritarle "quiero todo contigo esta noche".
-Candy, prométeme que te olvidarás de Susana esta noche. Prométeme que disfrutarás con Terry, ambos se lo merecen – le pidió Patty mientras le lanzaba una bella chamarra imitación piel, de Dior, que se ajustaba perfecto al cuerpo de la joven.
Para sorpresa de las tres chicas, los caballeros esperaban por ellas justo a la puerta del edificio de señoritas. Dijeron que no querían que caminaran solas hasta la caseta de vigilancia, así que trajeron el auto de Terry para recogerlas. Los encontraron charlando muy amigablemente y eso emocionó mucho a Candy, sobre todo.
A los tres se les fueron los ojos antes las señoritas que venían a su encuentro. Todas estaban guiando unas pequeñas maletas porque pasarían el fin de semana fuera y llevaban elegantes neceseres en sus manos, además de sus bolsas.
-Permíteme Candy – Terry se adelantó y tomó el neceser de las manos de Candy – ya sabes que hace tiempo me he dado cuenta que eres una chica – le sonrió con nostalgia.
Ella no pudo responder, estaba hipnotizada por el buen gusto de Terry para vestir, por sus movimientos, por su voz. No pudo evitar sonrojarse mientras lo veía abrir el maletero.
-Cierra la boca, Candice, te dije que disfrutaras de Terry, pero estás exagerando – se burló Patty.
El grupo no pudo evitar una sonora carcajada ante el arrebatador sonrojo de Candy. Terry la abrazó y ella escondió su rostro en su pecho.
-Es que pareces un príncipe – le dijo con inocencia.
-Bueno, en realidad, Terry es un príncipe, ¿No lo sabías, Candy? ¿En qué mundo vives?
-¡Cof, cof! – Terry casi se ahoga ante el comentario de Patty.
-¿Qué pasa, Terry, acaso no le has dicho a Candy quién eres realmente en la nobleza inglesa? – exclamó con falso reclamo.
-Patty, eso no es importante, no creo que a Candy le interese – se justificó.
-Claro que le interesa, eres hijo del más alto noble inglés. El Duque de Granchester es el heredero al trono y tú eres su primogénito. Y ya que los títulos nobiliarios de par en Reino Unido son por vía masculina, entonces, tu título es el de "Príncipe". Todos tus hermanos pequeños son príncipes, lo que pasa es que tú has sabido esconderte de la prensa y casi no te mencionan. Ahora tienes el título de "Su Alteza Real el Príncipe Terrence de Grandchester" pero, cuando te cases, serás "Duque de Sword" con todos los títulos subsidiarios que con conlleva.¿Por qué no le has dicho a Candice que algún día serás Rey?
-Porque nunca lo seré – era claro que a Terry le molestaba hablar de eso, sin embargo, vio la mirada asombrada de Candy, vio que estaba pálida, seguramente necesitaría alguna explicación –. Les prometo que otro día hablaremos de ello, pero por favor, hoy solo soy Terry y quiero divertirme con mis amigos.
El grupo trató de tener una tarde normal. Terry condujo su auto con Candice como copiloto, Stear y Archie se turnaban para conducir el auto que su tío usaba cuando estaba en Londres y que George les había enviado cuando lo solicitaron.
-Terry… - la voz de Candy sonó insegura.
-Candy, lo sé, debí habértelo dicho – era increíble cómo Terry había adivinado los pensamientos de su pecosa.
-¿Por qué no lo hiciste?
-¿Quieres ser reina, Candy? – la pregunta era de sincero interés. Solo por ella podría aceptar su responsabilidad. Así que trató de que su tono de voz fuera de importancia.
En otro momento, Candice habría contestado de inmediato que no, que nada de eso le interesaba, sin embargo, ahora, sabiendo que la probabilidad de que Terrence ostentara una corona algún día era muy grande, prefirió quedarse callada. ¿Qué debía responder? ¿Qué sí? ¿Por qué, si en realidad no le interesaba? ¿Debía responder que no? ¿Era eso justo para Terry? ¿Él había nacido para ser rey, y debía renunciar a ello solo porque a Candice no le interesaba, de hecho, le aterraba?
El joven parecía adivinar los pensamientos de su novia y trató de consolarla.
-Candice, no te tortures con eso. Hace tiempo que yo ya he decidido abdicar.
-No, Terry – ella se sintió culpable.
-Candice, no es por ti. Es por mí. No quiero ser rey jamás. Aunque mi padre se empeña en que el trono debe ser mío y a pesar de que sabe de mis intenciones.
-¿Por qué quieres abdicar, Terry?
-¿No te parece lógico? Mi padre nunca me ha escondido, sin embargo, tampoco me ha incluido jamás en su vida familiar u oficial. Y no es que yo muera por vivir con la Duquesa de Grandchester y mis hermanos, lo que habría querido es tener un padre.
-Terry…
-Si mi padre no ha cumplido sus responsabilidades conmigo, yo no tengo por qué cumplir mis responsabilidades con mi familia. Papá jamás ha aclarado quién es mi madre. Cuando se casó con la Duquesa de Grandchester ella adquirió el título, eso significa que mi madre jamás portó esa distinción ¿puedes adivinarlo? Aunque soy hijo legítimo y mi nombre aparece segundo en la línea de sucesión al trono, yo no lo quiero. Es por mi sangre noble que mi madre no pudo criarme. Por tres años mamá fue princesa, una duquesa, sin que el pueblo británico lo supiera. Ella es una actriz y en aquel momento eso era una afrenta para la familia real. Papá se casó y divorció en secreto. Mi trato de "Su Alteza Real" es algo que nunca me ha interesado, la prensa poco sabe de mí, de mi origen y como nunca estoy en los eventos, mi imagen les preocupa poco. La Duquesa de Grandchester ha contribuido, por supuesto, se ha empeñado en que el pueblo me olvide y vea a sus hijos como los siguientes en la línea de sucesión.
-Ellos te amarían, Terry. Si tuvieran la oportunidad de conocerte, te amarían – insistió – tanto como te amo yo – dijo trémulamente.
De pronto sentía que había recuperado a Terry para perderlo de nuevo, también por sus responsabilidades, ¿Porque… qué pueblo querría una reina sin orígenes?
-Candy, no me interesa el trono. Prefiero casarme contigo – dijo tomando su mano sin dejar de mirar el camino.
-¿Qué quieres decir?
-Según el Acta de Unión, ningún sucesor al trono debe ser católico, incluso, no debe casarse con alguien católico. Es histórico: Para asegurar que ningún católico ocupe el trono. Cuando me case contigo seré excluido. Punto.
-Terry…
-"Terry, Terry, Terry…" es lo único que has dicho, Pecosa.
-Siento que apenas te conozco – confesó, como buscando dentro de sí el Terry que ella siempre había visto. Sus ojos estaban tristes.
Terry giró el volante con violencia y estacionó el auto con brusquedad. Sus ojos brillaban extrañamente. Sin decir más abrazó a Candice como aferrándose a ella:
-Candy, tú me conoces mejor que nadie – dijo con desesperación – no necesito ningún reino, ningún título, nada, solo quiero estar contigo – soy solo Terry. Contigo soy solo Terry – insistió.
-Terry, tengo miedo de no estar a tu altura.
-Vamos, pequeña pecosa, eres mejor que muchas nobles que conozco.
-¿Lo dices en serio?
-Por supuesto, ya te iré poniendo al corriente. No seas tonta. Estoy orgulloso de ti. Hablaré con Susana. Lo que más deseo es que todo el mundo sepa que "Su Alteza Real el Príncipe Terrence de Grandchester" está enamorado de la más bella joven y es correspondido.
La última frase la dijo con tal gracia que Candice no pudo evitar sonreír. Buscó sus labios y los besó con delicadeza.
-Te amo, Terry.
-Y yo a ti, Candy.
Un auto comenzó a tocar el claxon detrás del auto de la pareja mientras que sus tripulantes se reían de ellos.
-¡Cielos, Candy! Olvidamos que tus primos venían tras de nosotros.
-¡Cierto!
El teléfono en el auto de Terry comenzó a sonar. Candy respondió con el altavoz.
-¿Stear?
-Terry… ya suéltala. Casi haces que choquemos – al fondo las risillas acompañaron el mensaje.
-Lo siento, ya casi llegamos – Terry llegó a una hermosa residencia cerca de Westminster, a pocos metros de que el auto entrara el hermoso enrejado con el escudo de armas de los Grandchester se abrió. Terry detuvo su auto y un vigilante con un bello uniforme se acercó ceremonioso.
-Su Alteza – saludó esperando instrucciones.
-Algunos amigos han venido conmigo, conducen el auto que me sigue – instruyó amablemente. Dejaremos aquí los autos, vamos a caminar por el barrio.
Terry ayudó a Candy a salir del auto mientras que sus amigos hacían lo mismo. Un flash de cámara fotográfica irrumpió sin aviso justo cuando Terry depositaba un beso casto en los labios de Candice.
-Pronto entenderás por qué prefiero abdicar – le dijo Terry al oído.
El grupo comenzó a buscar al paparazzi y lo encontró arriba de un árbol.
-Será mejor que nos vayamos, espero que sean buenos para caminar – Terry sonrió divertido.
-¿Caminar? – Archie hizo un gesto de frustración.
-Por supuesto, elegante. Nada como caminar en una noche de invierno con la chica que amas. Además, no caminaremos mucho.
Los chicos se dispusieron esa noche a caminar y a divertirse como nunca. Subieron al Ojo de Londres y contemplaron el atardecer abrazados en grupo. A las 21:53 presenciaron la ceremonia de las llaves de la Torre de Londres, cenaron algo cerca del Parliament Square y a las 24:00 se aseguraron de estar cerca del Big Ben para escuchar su sonido. Todos estaban exhaustos, a pesar de que habían pasado la tarde en una zona muy reducida de Londres. Se sentaron a contemplar los botes turísticos que navegaban el Támesis todavía, algunos de ellos con fiestas bulliciosas.
-Creo que deberíamos volver – invitó Terry, mientras se deleitaba en el delicado peso de Candice descansando sobre su pecho.
-Es una lástima que la tarde se haya terminado tan pronto, Londres es hermoso en época navideña. Cuando estábamos en el punto más alto del Ojo no sabía hacia dónde mirar primero – dijo Annie mientras se levantaba de la banca para comenzar a caminar.
-Tienes razón, Annie. Londres es hermoso – Archie por primera vez se atrevió a abrazar a su novia. Su hermano lo contempló orgulloso. Sabía que estaba haciendo un esfuerzo por ser feliz.
-¿A dónde vamos? No hicimos ninguna reservación – apuntó Stear.
-No necesitan reservaciones. No me ofendan. Yo los invité a salir. Se quedarán en mi casa.
-¿Pero… y qué dirá la Duquesa? – se preocupó Patty.
-No dirá nada. Mi relación con mi padre ha mejorado mucho. Estoy seguro que estará feliz de saludar a Candy y a los nietos del Conde de Andrew.
-¿Estás seguro, Terry?
-Por supuesto, estoy seguro. Lo llamé cuando dejamos los autos en casa. Está feliz de recibir a mis amigos. Está despierto porque hay un viejo amigo de visita, dijo que jugarían billar por mucho rato para ponerse al día.
-¿Y qué haremos mañana? – preguntó Archie –. Me pareció maravillosa la tarde de hoy. Estaba muy cansado y no me apetecía un lugar estruendoso, pero quizás mañana podríamos pensar en algo más divertido.
-Sí, podríamos pensar en un lugar de moda por la noche. Y en la mañana, podemos ir al hipódromo – dijo Terry.
El grupo de amigos caminó en parejas. En realidad no se habían alejado del palacio de Grandchester, la caminata duró poco tiempo, siempre seguidos del paparazzi y su cámara.
Tal como lo había expresado, en el palacio Grandchester el Duque esperaba con entusiasmo a su primogénito. Esta era la primera vez que hacía el papel de padre, jamás había hecho una fiesta para su hijo, nunca había recibido a sus amigos, tampoco había tratado a ninguna de sus novias, pero se esmeró por ser un buen anfitrión.
-¿Así que este es Terry, el príncipe que se niega a ser rey? – dijo el desconocido, con una voz y un acento que para nada ofendieron a Terry – déjame por favor, tomar tu mano – era como si ese hombre estuviese saludando a su héroe. Soltó el taco con el que jugaba al billar y caminó hacia los recién llegados
-Déjalo en paz, Gerald, dice mamá que si lo presionamos será peor, yo aún guardo la esperanza de que tenga un milagro de lucidez y acepte su responsabilidad.
-Bueno, es que tu mamá desea que su mejor nieto esté en el trono, pero él tiene cosas mejores qué hacer con su vida – sonrió con cierto orgullo paternal y Terrence se sintió adulado.
-La psicología inversa tampoco funcionará, señor… - advirtió Terry.
-¡Y además es listo! – el desconocido tomó su mano mientras se presentaba –. Yo soy el Duque de Gerald. Un viejo amigo de tu padre.
-Terry, mis padres acaban de dar el título de Duque a mi amigo. Ya te contaremos su historia.
-Terry – dijo el Duque de Gerald – no permitas que este viejo te convenza de hacer algo que no quieres. Tu padre tuvo que hacerlo porque no tuvo hermanos, sin embargo a él tampoco le agrada la idea de ser rey. Afortunadamente tú sí tienes hermanos que pueden tomar y desean el trono.
-¿Que mi padre tampoco quiere ser rey? – el joven miró a su padre con escrutinio.
-Gerald, creo que has hablado demasiado – el duque de Grandchester cambió de tema – ¿Así que estos son los nietos del Conde de Andrew?
-En realidad, nuestra abuela era su hermana – explicó Stear – nosotros somos Alistear y Archivald Cornwell Andrew – los caballeros extendieron la mano.
-Entiendo; entonces ustedes son hijos de Jane – dedujo.
-Hermosa, muy hermosa. ¿La recuerdas, Richard? Siempre con su prima, Rosemarie – el duque de Gerald dio un codazo al duque de Grandchester y los colores se le subieron al rostro.
-Otra vez hablado de más, Gerald. Eso fue hace muchos años y no creo que a estos jovencitos les agrade pensar en los corazones que rompieron su mami y su tía cuando eran unas adolescentes.
-Creo que el que ha hablado de más ahora has sido tú, padre – le advirtió Terry sonriendo.
-Es verdad, lo siento – el Duque de Grandchester miró hacia las señoritas que sonreían ante la escena –. Señorita Andrew, es un placer volver a verla. Bienvenida.
-Padre – Terry tomó a Candy de la mano y la acercó al duque de Grandchester –. Padre, Candy ha aceptado ser mi novia – declaró de tajo.
-¿Tu novia? ¿Terry? – el Duque de Grandchester supo de inmediato que realmente a su hijo no le importaba heredar el trono. Se sintió algo decepcionado pero su amigo salió al rescate de la situación.
-Es un placer, señorita Andrew. ¿Ha dicho, "Candy"? – el Duque de Gerald se acercó a Candy y, sorpresivamente, la estrechó en sus brazos. La joven, cuyo corazón era bondadoso, se sintió cómoda, extrañamente cómoda con el caballero cuyo gesto era totalmente paternal –. Ha dicho Candy, Richard – para cuando el Duque de Gerald miró hacia su amigo, sus ojos estaban rojos y emocionados.
-Así es, Gerald – Richard miró a su hijo como rogándole por su ayuda.
-Ella es mi novia, la señorita Candice White Andrew, es hija de William Albert Andrew.
-¿Su hija? ¡Pero si William es un chiquillo! – exclamó imprudentemente.
-Gerald, una vez más, hablando sin sentido – lo reprendió su amigo.
-Lo siento, lo siento, lo siento señorita Andrew, no debí – Candy sintió temblar al caballero y le sonrió con dulzura, sus ojos misericordiosos se posaron en los verdes ojos del Duque de Gerald. El pobre hombre se quedó sin aliento, pero sin poder desviar la mirada de la pequeña joven que aún tenía en sus brazos y se negaba a liberar.
Terry se sintió incómodo y decidió ir al rescate de su novia.
-Ellas son las señoritas Patricia O´Brien y Annie Brighton.
-Mucho gusto – las señoritas hicieron graciosas reverencias ante los caballeros.
-Estamos exhaustos, padre, voy a llevar a mis amigos a sus habitaciones.
-Claro, Terry. Su equipaje los está esperando.
El grupo de jóvenes salió del cuarto de juegos del palacio sin decir palabra alguna. Cualquier cosa que pudiera salir de sus labios les parecía una imprudencia. El más alto noble inglés les había permitido asomarse a la intimidad de su relación con su mejor amigo y había sido una sorpresa.
-¡Pero qué te pasa, Gerald! ¿Acaso quieres asustar a mi invitada?
-Claro que no. No sé qué sucedió. Esa joven… fue imposible no abrazarla.
-Por favor, Gerald, no me digas que te gusta la novia de mi hijo – le reprendió con severidad.
-No digas tonterías Richard.
-Pues trata de tener cordura, te comportaste como un loco.
-No fue mi intención. ¿Crees que la asusté?
-Espero que no. Mi hijo la adora, no me perdonaría ninguna injuria por pequeña que fuera hacia ella.
-Pues muy linda. Me recuerda a Rosemarie. Supongo que William hizo de las suyas siendo muy pequeño… pero muy pequeño.
-No seas tonto, Gerald. La joven fue adoptada. La encontraron recién nacida en un orfanato y William, más que un padre, ha sido un amigo y protector para ella.
-Entiendo. Qué gran corazón el de ese joven. Y qué gran corazón el tuyo, que no pusiste inconvenientes a la elección de tu hijo.
-Ni lo digas. Me ha costado mucho aceptarlo. Aunque la joven es una chica excepcional, ama a Terry y no precisamente por sus títulos.
-Pues si la joven es adoptada, parece que ahora sí has perdido toda esperanza de que tu hijo ocupe el trono algún día.
-Lo sé – la expresión del Duque de Grandchester era de tristeza.
-Richard, apoya a tu hijo. No lo culpes. Tú querías hacer exactamente lo mismo: Abdicar para permanecer con Eleonor.
-Shhhh… - no hablemos aquí de eso, Gerald.
-Solo dime que lo apoyarás. Al final de cuentas, si tu hijo es rebelde, lo heredó de ti.
-Por supuesto que lo apoyaré, hablaré con mis padres cuando el momento llegue. Por lo pronto no es necesario, aún me quedan muchos años por vivir. Terrence seguirá encabezando la lista de sucesión mientras que yo viva. Después, ya él dirá – el Duque de Grandchester sonrió con cierta perspicacia.
-Algo estás tramando, Richard. Te conozco – su amigo le sonrió con complicidad.
-Nada. Solo creo que he encontrado la forma para que por fin Terry empiece a cumplir con sus deberes reales.
-Eres astuto, estoy seguro de que tu plan funcionará.
A la mañana siguiente unos fuertes pasos se escucharon en el pasillo principal del ala habitacional del palacio. Era el Duque de Grandchester que llevaba un periódico en la mano y buscaba a su hijo con urgencia.
-Terry, levántate de inmediato, tenemos que hablar – el joven se sobresaltó con la voz de su padre, estaba tomando una ducha y escuchó cuando la puerta del baño se abrió.
-¿Qué sucede, por qué entras así?
-¿Terry, ya leíste el periódico?
-Padre, nadie de mi edad lee el periódico. Nos enteramos de las noticias de otras formas.
-Pues eres tendencia en Twitter y en Facebook – le dijo –. Lee.
Terry apenas pudo enredarse una toalla y salió de la regadera para sentarse en un cómodo sillón dentro del cuarto de baño. Su padre estaba sentado frente a él esperando por su reacción.
Terry no dijo nada. Se quedó helado sopesando la noticia. Era una revista de esas de escándalos de celebridades.
-Siempre he estado en la obscuridad, no sé por qué ahora se preocupan por mi – espetó molesto.
-Si la prensa inglesa se entera de tu supuesto compromiso con la señorita Marlowe, te harán pedazos, a ti y a la señorita Andrew – el rostro del Duque de Grandchester era de total seriedad.
-Tengo que llamar a Susana – Terry se levantó para buscar su teléfono.
-De ninguna manera, Terry – le advirtió su padre –. Si quieres casarte con Candy, tendrás que mantenerte muy alejado de la señorita Marlowe.
-No puedo, padre, le debo demasiado.
-Escúchame. Yo saldaré la deuda que tienes con ella. Tú no puedes volver a hablarle. Si realmente amas a Candy, manténganse ambos alejados de ella. Soy tu padre y te voy a proteger.
-Papá…
-Tranquilo, hijo. Lo primero que haré será hablar con Sir William para pedirle la mano de su hija. Lo único que enloquecerá al pueblo, será la noticia de una boda real. En un tiempo prudente anunciaremos el compromiso.
Cuando Candice se enteró de los planes sintió que la tierra se movía.
-¿Boda? – repitió una y otra vez, como queriendo comprender todo.
-Sí, Candy. ¿Acaso no estás enamorada de mi hijo? ¿Quieres que otra se lo quede?
-Pero… Susana.
-¡Candy! – las voces de sus amigas le reprendieron.
-No será una boda rápida. Deben cumplir con ciertos protocolos, con muchas apariciones en público. Por el momento solo deben verlos juntos. Disfrutando de su noviazgo con mi aprobación.
-No lo sé, todo esto es muy rápido.
-En realidad no es rápido, Candy. Hace tiempo que esto debió suceder, por favor, acepta ser mi novia ante el mundo.
-¿Tú estás de acuerdo? ¿Crees que esto es lo mejor? Apenas es nuestro segundo día juntos.
-Ven aquí, pecosa – Terry se apartó un poco del grupo con ella de la mano.
-¿Qué quieres que hagamos, Candy? ¿Qué propones? En un par de horas Susana despertará con la noticia y verá nuestras fotografías. ¿Quieres que esperemos su reacción?
-Sí. Terry, por favor – Candy se sentía realmente mal por el dolor que le causarían a Susana.
Terry la atrajo hacia él con ternura infinita. Ambos supieron que era así como deseaban estar siempre. Sus pensamientos eran los mismos, sus memorias volvieron a aquéllas terribles escaleras del San José. Candy se estremeció.
-No tengas miedo, pecosa. Esta vez no te dejaré ir. Te lo prometo – ambos estaban llorando. Recordar su despedida era algo que les dolía a ambos demasiado. Temblaban ante la idea de volver a vivir el mismo dolor. Se limpiaron las lágrimas mutuamente. Detrás de las lágrimas estaban sus tristes sonrisas.
Stear se acercó a la pareja con su teléfono celular en la mano y con una sonrisa de apoyo.
-Terry, es Albert – le dijo con cierta burla – creo que te van a pedir cuentas.
Terry tomó el teléfono de Stear y se llenó de valor para responder.
-Albert – Terry se secó las lágrimas. Lo último que deseaba era que su amigo dudara de que podría cuidar de Candy.
-Terry, pon el altavoz, necesito escuchar a Candy.
-Aquí estoy, Albert.
-¿Candy, sabes lo que estás haciendo?
-Lo sé.
-¿Eso es lo que quieres? ¿Ya sabes exactamente quién es Terry?
-Sí, lo sé. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Creí que lo sabías, que lo deducirías por tu cuenta.
-¿Terry, tu padre sabe quién es Candy? No quiero que ella sufra.
-Sí, Albert, mi padre lo sabe y está de acuerdo con nuestra relación.
-¿Él está de acuerdo, estás seguro?
-Sí, Albert.
-¿Y tus abuelos?
-¿Mis abuelos? ¿Qué pasa con ellos?
-No te vayas por la tangente, Terry. Sabes a qué me refiero.
-No he hablado con mis abuelos, pero mi padre ha dicho que dejemos todo en sus manos. Estoy seguro de que él intercederá por nosotros.
-Terry, Candice es mi hija adoptiva. Tiene derecho a todos mis bienes en la misma proporción que Stear y Archie mientras que yo no tenga descendencia. Por favor, hazle saber eso a tu padre. Ella es una joven digna, su fortuna es tan grande como la tuya, Terry.
-¿Por qué me dices eso, Albert? No es necesario.
-Sí lo es, la prensa se la comerá si creen que es una arribista. Su origen saldrá a la luz, lo mejor es que sean sinceros y lo digan desde el principio.
-Creo que mi padre opina lo mismo, está aquí con nosotros y lo veo afirmar.
-¿Qué sucederá con Susana? ¿Candy, estás segura? ¿Podrás ser feliz?
-¿Albert, qué pasa contigo? Pareciera como si quisieras desanimarla.
-De ninguna manera, pero conozco a Candy tanto como tú y sé que esto le está doliendo mucho.
-¿Albert, por qué no estás aquí? – Candy no pudo esconder su angustia.
-¿Quieres que vaya, pequeña?
-Claro que quisiera que vinieras, pero Terry está conmigo, no te preocupes. Estaremos bien. Trata de entender lo que hago, por favor.
-Candy, sabes que yo fui el primero en decirte que habían hecho lo correcto con respecto a Susana, pero los he visto sufrir a ambos, sé cuánto se aman. Me consuela saber que ninguno de ustedes buscó el contacto con el otro. Ha sido la vida que se empeña en reunirlos y, si así es como debe ser, entonces cuentan conmigo –. Albert guardó silencio un poco pero luego sentenció –: Terry, cuida mucho de Candy, por favor, es muy delicada, aunque se haga la fuerte. Stear, Archie, no dejen a su prima a merced de la prensa. Si ustedes la respaldan será más fácil para ella. Asegúrense de estar cerca de ella tanto como sea posible.
Un par de horas después, en Nueva York, Susan explotaba con la noticia que leía: "Terry, príncipe de Grandchester por fin aparece y se pasea en Londres de la mano de la heredera de uno de los clanes más poderosos de Escocia".
OOoOoOoOoOoOoOoOoOo
De mi escritorio: Pues aquí está esta nueva entrega. La verdad me divertí mucho escribiéndola. La idea no es nada descabellada, no vayan a empezar a preguntarme de cuál fumé :D Sucede que basé mi teoría en las líneas de Terry para Neal y sus amigos cuando defiende a Candy en el San Pablo, en el anime: "Ya veo, soy el hijo del más alto noble inglés". Así que me puse a investigar y sucede que encontré que el más alto noble inglés es el hijo de los reyes. No hay ningún noble con mayor importancia que el heredero al trono. Y Terry Grandchester es su hijo, por cierto, su primogénito. Me puse a leer sobre la línea de sucesión y averigüé que el primogénito del Duque es el segundo en la línea, ese le corresponde a Terry. El título del hijo del Duque heredero al trono, posee el título de Príncipe y tiene tratamiento de "Su Alteza Real".
Nos leemos pronto. Elisa volverá a escena con su pequeña hija… ¿Qué es lo que realmente hace el señor García en Londres?... Ta-ta-ta-tan. :D
Malinalli, 19 de marzo del 2018. Torreón, Coa, Mex.
