Bueno, este cap salió un poco de la nada, no estaba en la planificación pero creo que terminó quedando bien. Puede que sea mi favorito :)
De nuevo, muchísimas gracias por las reviews, nunca pensé que podía llegar a gustarles tanto. En cuanto tenga un poco más de tiempo prometo leer los fic de todos.
Diclaimer: Glee no me pertenece, al igual que sus personajes. Todos son propiedad de Troll Murphy :)
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Finn le sostuvo la mano durante las cuatro horas de la exitosa operación. Se la sostuvo cuando, unas horas después, pudieron entrar a ver a su padre en la pequeña habitación del hospital. Todavía se la sostenía cuando volvieron a cenar a la casa de los Hummel-Hudson, y sólo se la soltó durante el rato que Amy y Rachel armaron un rompecabezas. Mantuvo sus manos unidas toda aquella noche, cuando ambos volvieron al hospital para cuidar a Hiram, y las enfermeras comenzaron a especular si estaban o no casados. Le sostuvo la mano cuando se encontraron con Sam Evans en la gasolinera, y éste le preguntó a Finn si Amy era hija de ellos dos. Finn contestó que sí sin titubear, y Rachel le devolvió un apretón tan fuerte que casi le quiebra las falanges a la mitad. Se soltó de su mano un par de horas, que fue lo que le costó armarle una fiesta de cumpleaños sorpresa en conjunto con Amy, Carole, Kurt y Blaine, y volvió a tomarla de la mano cuando, al bajar esa noche del auto después de haber pasado el día en el hospital, le ordenó que se tapara los ojos hasta llegar al interior de la casa. Rachel se soltó de él sólo porque tomarlo de la mano ya no era suficiente. Le hundió la boca de un beso enfrente de todos, con Kurt y una recién llegada Mercedes haciendo ruidos molestos, y con los ojos de Amy clavados en sus rostros.
- Este es para ti, porque ahora eres mi mejor amiga de veintinocho años.- le dijo Amy, una vez que se sobrepuso del asombro de verlos besarse, entregándole un colorido dibujo. Rachel tuvo que contener el llanto en cuanto lo vio: la niña había dibujado a Finn en un traje de príncipe muy estrafalario, y se había retratado a si misma como una especie de hada que volaba sobre ellos. Rachel se encontraba al lado de Finn, con su vestido y maquillaje de Elpheaba, y Amy había garabateado un "te quiero" con su torpe letra infantil.
- Es hermoso, Amy. Ven aquí.- le ordenó, abrazándola muy fuerte.
- Yo no tuve tiempo de comprarte nada.- se lamentó Finn, claramente apenado.
- Ya me has dado regalos suficientes por varios cumpleaños.- le murmuró ella, tomándolo nuevamente de la mano para guiarlo hasta la sala, en donde toda su familia los esperaba.
- oo –
Hiram fue dado de alta dos noches antes de Navidad, y Kurt consideró que no hacer una fiesta era un delito (aún cuando los Berrys no celebraran la Navidad en sí misma). Durante esos dos días los tuvo a todos, incluyendo a los padres de Blaine que ni siquiera habían terminado de asentarse, cortando papeles, poniendo adornos y preparando aperitivos. Finn y Amy estaban quedándose con los Berrys, para que Blaine y su familia estuvieran más cómodos, y Amy ya había encontrado en Leroy y Hiram otro par de abuelos que la consintieran. Aunque Rachel disfrutaba de las fiestas, las reuniones y la familia, extrañaba pasar tiempo a solas con Finn, y eran pocos los momentos que lograban robarse, escondiéndose de Amy y de las garras del planificador Kurt. Así que en Nochebuena, cuando todos fueron a dormirse con los estómagos llenos de la típica comida de esas festividades, Rachel se deslizó de su cama (que compartía con Amy) hasta el pequeño sofá cama en el que Finn estaba durmiendo. Le tapó los labios con una mano, para que éste no gritara, mientras se metía entre las sábanas.
- Hola.- le murmuró Finn, en cuanto reconoció el pequeño cuerpo que se amoldaba al suyo.
- Al fin logro tener un momento contigo.- dijo ella, apoyándose en su propio codo para darle un beso húmedo y dulce. Finn se lo devolvió, tratando de expresarle así cuánto la había extrañado. Estaba comenzando a meterse realmente en el beso cuando Rachel se separó.
- Por muy excitante que sea hacer eso en el sillón de mis padres, con ellos y tu hija durmiendo en la parte de arriba, esta noche no sucederá.
- Tu eres la que viene a las dos de la mañana a mi sofá cama y me dispara con toda su sensualidad.- se quejó él, tratando de besarla de nuevo.
- ¿Crees que soy sensual?- le preguntó, con un tono juguetón en la voz que hizo que Finn tuviera que poner todo su empeño en no dejarse llevar por aquél ardor que lo invadía de la cintura para abajo. No le contestó con palabras, si no que más bien prefirió volver a besarla y esperar que aquello que se estaba preparando allí debajo le respondiera su pregunta. En cuanto sintió los labios de Rachel curvarse en una sonrisa contra los suyos, se volteó para quedar por encima de ella, y comenzó a besarle la zona del pulso, sintiendo sus pequeñas manos acariciándole la parte baja de su abdomen. Finn se separó, para recostarse a su lado, sintiendo como Rachel le echaba una mirada asesina.
- Por muy excitante que sea hacer esto en el sillón de tus padres, con ellos y mi hija durmiendo en la parte de arriba, esta noche no sucederá. Tengo miedo de que entre Santa por la chimenea y nos encuentre jugueteando con los regalos antes de lo permitido.- bromeó, rodeándola con un brazo para atraerla hacia sí.
- Buena metáfora, Hudson.- murmuró ella, aun ofendida.
- Hey, las metáforas son importantes, ¿no lo crees?- agregó él, logrando que Rachel se olvidara de su enojo y se acercara más, enterrando su rostro en el cuello del muchacho.
- ¿Cómo crees… cómo crees que serán nuestros hijos? ¿Has pensado en eso alguna vez? - le preguntó, después de un buen rato sin hablar.
- He pensado en eso desde ese día en que te prometí que iban a ser judíos. Aunque, pensándolo mejor, creo que Kurt hará lo imposible para que celebremos la Navidad.- respondió, ganándose un pequeño mordiscón de parte de Rachel.
- Eso hasta que descubra que en el Hanukka celebramos ocho noches. No va a poder resistirse. Y, de todas formas, ¿qué tiene que ver Kurt con todo esto? - dijo ella, volviéndose a ofender.
- Nada. Era sólo una broma.- se defendió él.- Lo que trato de decirte es que no importa cómo sean, serán nuestros. De nosotros dos. Serán producto de la combinación del amor que nos tenemos y de la increíble forma en que lo hacemos. No puede salir mal.- le explicó.
- Espero… espero que sean amables como tú. Y que tengan tu sonrisa. Y tu nariz.- murmuró Rachel, pasando su dedo índice por el rostro de Finn.
- Espero que tengan tu talento, y tu pasión. Y tus ojos. Tus ojos son hermosos.- agregó él, girándose un poco para verla a la luz de la luna.
- Y quiero tener más de uno, al menos uno de cada uno, porque sé cuán horrible es ser hija única y no quiero que Amy pase por eso. Tener una niña sería genial, porque serían muy amigas y hablarían entre ellas y me ocultarían todo, y yo les enseñaría a vestirse y a maquillarse. Y podríamos tener un varón, o varios, así tu les enseñas a jugar al Football y a hacer cosas de hombres, y…- Rachel no pudo finalizar, porque Finn le hundió la boca de un beso en cuanto oyó todos los planes que ella tenía para ellos, para él, para su hija y su familia. Olvidó por un momento que era Nochebuena, que no estaban solos, que el sillón hacía ruido, y se concentró con todas sus fuerzas en hacerle saber cuánto la amaba.
- No hay nada, nada en el mundo mejor que saber que me has elegido a mi para esta tarea. Para ser el padre de tus hijos.- le dijo, con la voz cargada de emoción, en cuanto tuvo la fuerza para despegarse por unos segundos.
- Yo creo que, después de todo, estamos a mano.- le contestó ella, volviendo a besarlo. Ambos pensaron, antes de dormirse, que amarse ya no era suficiente. Que debían inventar un nuevo tipo de palabra para aquello que ocurría entre ellos.
- OO-
- Papá, quiero abrir los regalos. Despierta, despierta, ¡DESPIERTA!- gritó Amy, saltando sobre los dormidos cuerpos de Finn y Rachel, y logrando que éste soltara un gruñido.
- ¿Habrá una jaula para ponerte entre todos esos regalos?- bromeó Finn, mientras Rachel se movía un poco en la cama, sin despertarse.
- Hiram y Leroy dicen que no podemos abrirlos hasta que ustedes despierten, y quiero hacerlo ahora, así que ¡hazlo!- le ordenó, poniéndose las manos en la cintura. Finn la miró extrañado.
- ¿Desde cuándo te comportas así?- le preguntó, regañándola.
- Perdón.- murmuró la niña, acercándose para darle un beso en la mejilla.
- Así está mejor. Tu prepara las cosas, que Rachel y yo vamos en un segundo.- le ordenó, dándole una palmadita en el trasero de forma amigable.
- Es igual que tú. Con un beso arregla todo.- dijo Rachel, con voz somnolienta, desde las profundidades de las sábanas.
- Es igual de persuasiva que yo asi que, si no te levantas en treinta segundos, vendrá corriendo a arrastrarnos o a amenazarnos con un cuchillo.- le explicó, recibiendo como respuesta un almohadón en la cara. Finn hizo uso de su fuerza para sujetar a Rachel de la cintura, cargándola sobre su hombro, hasta la sala de estar en la que el resto de la familia los esperaba.
- Les dije que lo lograría.- dijo Amy a los dos hombres, con una mueca que demostraba una clara autosatisfacción.
- Buenos días a todos, y Felíz Navidad.- dijo Finn, recibiendo la taza de chocolate caliente que Leroy le tendía y sentándose en uno de los sillones. Rachel lo imitó, y se sentó a su lado, dejando que él la abrace.
- Muy bien, Amy, trae aquél regalo que es para ti y tu padre.- le indicó Hiram, señalando una caja envuelta en un papel brillante.
- ¡Guau, Hiram, esto es demasiado!- dijo Finn, mirando con asombro la cámara de video que los Berrys le había regalado.
- Descuida. Nosotros sabemos cuán útiles son esas cuando tienes una hija hermosa y talentosa como la tuya.- dijo Leroy. Amy les dio un beso a cada uno en la mejilla, y repartió sus regalos, que consistían en unas galletas que ella y Kurt habían preparado.
- Éste es de Amy y mio para ti.- dijo Finn, entregándole a Rachel un envoltorio plateado. Esta dejó el suéter que sus padres le habían regalado para desenvolverlo. Se encontró con los rostros de ellos tres sonriendo alegremente, sobre el fondo de un brillante castillo inflable. El portarretratos de plata en el que Finn había puesto la foto estaba lleno de unas pequeñas estrellas doradas. Rachel le dio un beso, en forma de agradecimiento, y Amy soltó una risita.
- ¡Hazlo otra vez!- pidió, mientras aplaudía entusiasmada. Finn sonrió, guiñándole un ojo a Rachel, antes de volverla a besar.- ¡Otra vez, otra vez!
- ¡Pero si aún te falta abrir mi regalo!- dijo Finn, entregándole a Amy una pequeña cajita roja. La niña la abrió con cuidado, sacando el pequeño prendedor plateado de adentro.
- ¡Es otro pingüino para mi brazalete!- gritó, acercándose hasta su padre para que éste se lo colocara.
- ¿Ves que tiene allí? –preguntó éste, señalándolo.
- Es… una estrella dorada. ¡Es Rachel!- contestó Amy, tan entusiasmada que hacía casi imposible para Finn ponerle el brazalete de regreso. Rachel no dijo nada: se quedó por un rato mirando los tres pequeños pingüinos que colgaban de la muñeca de Amy, pensando en qué momento había ocurrido todo eso. En cuanto sintió la mano de Finn tomar la suya, por millonésima vez en esos días, hizo una nota mental de memorizarse todas las festividades judías, católicas y budistas del mundo. Si todas iban a ser como esa, ¿porqué limitarse a una sola creencia? De seguro Kurt encontraría un tema para cada fiesta.
