Llanto
El cuerpo de Draco no soporto más tensión, los recuerdos que salían hacia la castaña, y la enorme carga emocional que supuso rememorarlos, la enorme cantidad de alcohol en su sistema lo hicieron colapsar, cerró los ojos y la conexión se cortó.
Todo giro alrededor de ellos y se encontraron de nuevo en la habitación del Slytherin, sorprendentemente solo habían pasado varias horas y despuntaba el amanecer, se encontraba paralizada por la intensa experiencia, dentro de su sangre bullían mil sentimientos encontrados, asombro tristeza, duda, indignación, pena y un entendimiento férreo y una ternura infinita como el océano… debía ir a la biblioteca a investigar el inusual comportamiento del pensadero pero la condición física de Malfoy exigía su inmediata atención, Hermione atrajo hacia si su varita y levito al rubio a su propia habitación, al colocarlo en la cama se dio cuenta de que estaba ardiendo en fiebre y le quito la camisa los zapatos y los calcetines, lo cubrió con la sabana y con un movimiento de varita le acorto los pantalones dejándolos como short para refrescarlo fue al baño se lavó las manos y en el corte de su mano puso unas gotas de esencia de díctamo y la herida se cerró al instante, llevo consigo una jofaina, unas toallas y llevo el frasquito antes usado, limpio la herida de la mano del joven e igual que en ella la herida se reparó al instante.
Era sábado así que no había problema por las clases, mientras pasaba la toalla por el torso del joven, se percató de las líneas de cicatrices que lo atravesaban, años y años de sufrimiento marcados en la piel… la castaña sentía como comenzó a crecer su enojo y maldecía internamente a todos aquellos que le habían causado daño.
Nunca había estado tan cerca de él, y lo observaba críticamente las líneas firmes y afiladas de su cara, su nariz perfecta, el color platino de su pelo, inconscientemente paso su mano por el cabello de él, se sentía suave, como seda liquida, el color de su piel blanco como de fino mármol, y su cuerpo fibroso, moldeado como para ser admirado, era puro musculo, pero se le notaba que estaba desmejorado, unas finas ojeras violáceas bajo sus ojos, y un aire infinito de tristeza.
Lo sucedido en el pensadero la tenía intrigada, jamás había leído o escuchado que ese objeto se comportara de esa manera, había sentido el dolor del joven, cuando se suponía que solo podías observar los recuerdos.
Poco a poco la fiebre del joven remitió, y de puro agotamiento la castaña se quedó dormida sentada y apoyada en la cama con sus manos muy cerca del rubio.
Dentro de la inconciencia Draco sentía unas suaves y gentiles manos acariciarlo, y curarlo con suavidad hacía mucho tiempo que no sabía lo que era la ternura dirigida hacia él, solo dureza y dolor habían sido sus compañeras de camino. Había enterrado dentro de sí cualquier atisbo de emoción o debilidad. Se había enseñado y obligado a sí mismo a rechazar cualquier manifestación interna o externa de sentimiento, una máscara pétrea e inaccesible era su manera de enfrentarse al mundo. Se sentía tan devastado después de esta maldita guerra, lo único en lo que pensaba era en dejar de vivir, tan dolorosamente se sentía el respirar.
Parpadeando para enfocar la mirada, vio a la castaña dormida cerca de él, la toalla todavía húmeda descansaba en su frente, por lo que supuso que había tenido fiebre, pero lo que lo tenía absolutamente extrañado era que fuera precisamente ella, aquella persona que más había herido en el pasado, denigrándola e hiriéndola con todo el peso de su desprecio estuviera en ese instante cuidándolo a él, a su más encarnizado enemigo.
Después de la guerra pensaba que lo único que tendría de ella seria rechazo y desprecio, o en su defecto, indiferencia.
Recordó que la noche pasada había encontrado unas manzanas verdes en el mueble que separaba los cuartos, y en ese instante entendió que había sido ella la responsable.
Agradecía que hubiera testificado en su favor en las audiencias de juicio pero estaba tan absorto en su pena que no tuvo un pensamiento más hacia ella.
Ahora que lo recordaba, después del juicio las únicas noticias que había leído se referían San Potter o a la Comadreja pobretona. Nada de ella, como si se la hubiera tragado la tierra.
Observándola vio que había crecido, sus rasgos eran armoniosos y dulces su piel delicada y sus pestañas espesas, y esa maraña de cabello ahora caía sedosa y suave enmarcando su rostro.
Recordó con nostalgia como había amordazado a su corazón siendo más niño, al prohibirse sentir cualquier cosa hacia ella, así se habían evitado muchos problemas y ahora eso no tenía por qué cambiar, ya lo había hecho su norma de vida.
Recordaba vagamente la noche pasada, recorrió con la vista el lugar donde se encontraba y para su sorpresa se encontró en la habitación de la Gryffindor.
Un poco mareado volvió a cerrar los ojos y justo en ese momento la castaña se despertó asustada, y al creerlo dormido suspiro, suavemente quito la toalla y toco su frente con sus dedos, ya no había más fiebre y respiro aliviada.
Se sentía adolorida por la postura poco natural en la que había dormido, pero no se arrepentía, después de haber entrado en la memoria del rubio se sentía demasiado incomoda en cómo abordar el tema, ¿se molestaría? ¿Volvería a ofenderla desdeñoso y arrogante como siempre?
¿Por qué me ayudaste? Nadie pidió tu lastima Granger, la voz dura y siseante del joven la tomo totalmente por sorpresa.
Hermione entendió que la agresión era su manera de manejarse en el mundo, noto que no fue ofensivo, solo duro en sus palabras y decidió responderle suavemente y con humor - ¿y que me acusaran de tu muerte? No gracias, paso.
Esa respuesta lo descoloco totalmente y solo acertó a intentar sonreír de manera ladeada como acostumbraba, pero el amago de sonrisa fue muy breve.
Sin abrir los ojos por lo mareado que estaba, y por Merlín, como odiaba sentirse débil, hablo tenia dentro un hastió terrible del mundo, de su vida de esa maldita guerra que lo había dejado solo en el mundo y sin medir la amargura de sus palabras solo soltó, -no sé cómo llegue aquí, no recuerdo mucho, pero haznos un favor a ambos y la próxima vez que me veas así, solo pásame de largo y déjame morir, le harías un enorme favor al mundo con un maldito exmortifago, y mierda de sangre pura menos en el mundo-.
Hermione sintió como la tristeza y la ira irradiaba del cuerpo del joven hombre que tenía enfrente, y toda su humanidad y compasión se volcaron en él, y con voz muy suave como si estuviera consolando a un niño pequeño le susurro – ¿ya lloraste tu pena, Draco? Un nudo enorme se formó en la garganta del rubio y las miles de lágrimas que había contenido tras años y años de ingente dolor, y el tono de voz lleno de dulzura término de romper el dique de contención de los sentimientos del rubio.
Hermione toco suavemente la mano de Draco y en un fluido movimiento este jalo hacia si a la castaña y acunándose en el pecho de la chica comenzó a llorar, no con ese sonido musical que hacen las mujeres, sino con ese llanto profundo, desgarrador y duro con el que lloran su pena los hombres.
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MARUVTA ¿ya me abandonaste? Te extraño
Alejandra Diaz, mil gracias por comentar espero que te guste este capítulo.
Damalunaely mil gracias, espero que sigas disfrutándolo.
Y mil gracias a todos aquellos que lo siguen!
