Disclamer: los personajes no me pertenecen, obviamente... sino a la maravillosa S. Meyer... la historia es completamente mía XD


CAPITULO IX

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El silencio se extendió en la habitación más de lo necesario mientras ambos se miraban como si no se conocieran en lo absoluto, lo cual era verdad –de cierta forma-.

-explícame, por favor- soltó Edward de pronto, clavando sus ojos en los de Isabella con total atención, con la sangre bombeando velozmente a través de sus venas –he vivido… demasiado tiempo con esto…

Isabella miró sus manos antes de atreverse a comenzar lo que deseaba explicar, porque no sólo era su historia para ser contada, involucraba a uno de sus mejores amigos.

-Jacob había estado intentando contactarse conmigo después de que le dieron el primer diagnostico- comenzó ella, su voz baja pero controlada, como si estuviese tratando que sus emociones no se desbordaran con pura fuerza de voluntad – y yo había estado demasiado ocupada para prestarle atención a sus llamadas y mensajes… por un minuto pensé que sólo quería decirme de nuevo lo que sentía por mí- negó un par de veces, el dolor trasluciéndose en sus palabras, a pesar de sus intentos. Edward no tenía muy claro qué tenía que ver Black en el asunto, pero terminaría de escuchar aquella historia de una vez por todas -. Evidentemente ese no era el motivo… y mientras eso sucedía, Emmett estaba buscándome para algo diferente…

"Creo que pensé un momento que me estaba volviendo loca, con los preparativos de la boda y Jacob y Emmett llamándome y mandándome mensajes todo el tiempo… pero eran mis amigos… así que concerté una cita con cada uno esa semana. Primero vi a Jacob, quien me felicitó por la inminente boda, me decía lo bella que me vería en la iglesia, con mi vestido y las flores…- Isabella arrugó la frente con un ceño y tragó audiblemente –parecía que se estaba despidiendo, así que le pregunté lo que ocurría y me dijo que estaba muy enfermo, que tenía que irse a vivir a Londres donde había encontrado un especialista en el tipo de tumor que él tenía… no iba a estar el día de la boda.

"Lloré por él los siguientes tres días, intentando descubrir una forma de hacerlo sentir mejor… Y luego tuve que ir a ver a Emmett, acababa de terminar una relación con una modelo, cuyo nombre no recuerdo…- ella frunció los labios, convirtiéndolos en una línea delgada –ese era el punto central de nuestra discusión ese día: él acababa de terminar con otra buena mujer y no podía darle a nadie argumentos firmes al respecto…

"Y luego él me lo dijo: me dijo por qué terminaba con todas ellas…

-¿cuál era el motivo?- y aunque Edward ya se lo estaba imaginando, no quería dejar ningún detalle fuera de la luz, no ahora.

-Emmett dijo que estaba enamorado de mí- Isabella se dejó caer contra las cobijas, apretando de nuevo la frazada entre sus dedos, evitando por un momento su mirada y luego volviéndola a fijar en él -, que ninguna mujer con la que había estado desde que me conocía parecía ser suficiente… dijo algo como que ninguna se me comparaba… y me besó…

Y Edward lo supo justo es ese momento, justo ahí; no podía culpar a McCarty de haber hecho eso, no podía culparlo sabiendo que no había nadie como Isabella, que ninguna otra mujer era siquiera comparable… como tampoco podía culparlo de ser tomado por un impulso tan simple, cuando había estado batallando contra una igual o mayor todo el tiempo que había pasado últimamente con ella. Sin embargo, podía odiarlo, podía sentir celos y censurarlo, después de todo era su prometida en aquel tiempo.

-…- Isabella suspiró al ver las muy diversas emociones transitar en el rostro de Edward y agradeció que Jacob estuviese dormido, tanta tensión no podía ser buena para él -… como fuera, me besó y yo… no lo detuve…

-¿por qué no lo hiciste?

Edward había esperado sonar frío y distante, pero había acero en sus palabras, algo letal y nada amable.

-porque es mi amigo- contestó, como si fuese lo más obvio del mundo -, no importaba lo que creyera sentir por mí, lo conozco desde hace años y… estúpidamente pensé, que si hablaba con él después de que se sacara esa idea de la cabeza y pudiera escucharme, un beso no tendría importancia…

-¿un solo beso?

Él recordaba el beso, o al menos se decía que lo recordaba; podía ver los labios rosados de Isabella pegados a los de Emmett y su cuerpo incrustado al de él. No tenía idea de si habían estado así por mucho tiempo, porque salió corriendo de ahí, pero recordaba la sensación cuando los vio, lo extraviado y furioso que se sentía.

Sí, un maldito beso podía significar demasiado.

-sólo pensé que… Emmett comprendería y tú jamás lo sabrías y después de tres días nos casaríamos y todo ese lapsus de Emmett quedaría en el pasado; pero me citaste, me gritaste y me botaste.

El silencio se prolongó de nuevo, las palabras cobrando sentido poco a poco, ocupando algunas lagunas en los hechos que se conocían, oscureciendo algunos recuerdos, trayendo nuevos datos de los que no se tenía ni idea… no era del todo agradable, pero era preferible a la eterna tensión que había reinado entre ellos desde que se habían reencontrado.

-¿me dirás ahora si ese fue el motivo por el que terminaste conmigo?

Edward se dio cuenta de que se la había pasado jugueteando con sus manos todo ese tiempo, cuando levantó la cabeza para poder observar de frente a Isabella; lo veía con el rostro pálido –y no era sólo a causa de su estado de salud-, los ojos chocolates clavados en él, todas sus dudas reflejadas ahí, como un libro abierto para ser leído por quien lo deseara.

-creí habértelo dicho: jamás perdono y…

Ella afirmó lentamente, aferrándose de las barandillas de la camilla fijando sus ojos en la pared frente a ella y parando sus palabras con un simple gesto de mano; Edward pudo escuchar el modo en que su respiración se aceleraba y comenzaba a convertirse por breves instantes en suaves sollozos. Suponía que tenía que dejarla, pero no encontraba el modo de salir de ahí, no era correcto simplemente salir corriendo después de todo eso… no podía.

-pasé todo este tiempo preguntándome, pensando qué podría haber hecho para haberte provocado de ese modo- murmuró Isabella, las palabras perdiéndose entre los pequeños sollozos, hipidos y jadeos –todo este tiempo quebrándome la cabeza, intentando comprender cómo fue que terminamos tan mal y ahora… -negó con la cabeza y se limpió una lagrima que se le había escapado, rodando por su mejilla –no sé cómo sentirme con esto.

-lo siento, Isabella.

La verdad era que no podía encontrar más palabras, él tampoco estaba seguro de cómo se supone que debía sentirse con aquella información, con la visión de que todo lo que pensó que pasó, no había sucedido así… Dios sabía que ni siquiera podía pensar en otra cosa coherente que decir.

Se levantó del lugar que ocupaba y caminó hasta colocarse a su lado, le acarició la mejilla quitándole otra lagrima y la sintió estremecerse –ni siquiera podía verlo a los ojos-, se inclinó hasta sentir la suave piel de su sien contra su frente, respiró el suave aroma de su perfume –que se perdía un poco con el efluvio del hospital- y le tomó el rostro con una mano para girarla y encararla, para que no pudiera evitar su mirada.

-de verdad lo siento…- le soltó con voz rasgada por el sentimiento, por la marea de emociones que estaban luchando por ocupar algún lugar en su cuerpo –de verdad lo siento.

Y lo decía en serio. Lamentaba el modo garrafal en que había estropeado la vida de ambos.

Los orbes cafés de Isabella mostraban el mismo grado de confusión, era más que evidente que ninguno sabía qué se suponía que seguía ahora.

-lo siento, lo siento, lo siento tanto…- murmuró, sosteniendo su mirada, esperando que ella lograra ver la verdad ahí. Lo sentía por ella, por él, por lo que iban a ser juntos, por su bebita, por las palabras que le gritó, por lo que había pensado de ella, por lo que había estado haciendo para intentar olvidarla –lo siento, lo siento…- por el tiempo que les había robado a ambos, por no haber confiado en ella –sólo puedo decirte que te amaba demasiado, tan dementemente y desesperadamente, que tenía miedo de perderte y creí… pensé que lo había hecho… no es excusa, ni justificación, ni siquiera es algo medianamente pasable… pero es cierto.

En cuanto las palabras salieron de su boca las sintió muy hondo, eran la verdad que había venido vislumbrando desde que la había vuelto a ver: no sólo había sido demasiado verla con otro, imaginarla con otro… era todo el hecho de que había sentido por ella cosas que no podía evocar por nadie más y que pensó haberla perdido, no haber sido suficiente. Sí, había sido un golpe certero a su ego y cayó herido; pero había sido peor el golpe que había recibido su corazón.

Qué maravilloso descubrir que tenía un corazón cuando este caía hecho pedazos.

Pero ahora… No. No podía haber más ahoras, ni mañanas. Ya no. Su tiempo había sido aquel y lo había dejado derramarse entre sus manos.

-diablos, Bella… te amé tanto que terminé por arruinarlo todo.

Por un largo minuto lo único que se escuchó en la habitación fueron los suaves sollozos de Isabella, el holtier marcando sus palpitaciones y las voces de personas transitando a su alrededor en el hospital; quizá también los coches afuera y el sonido de claxons y lluvia y truenos. Fue todo demasiado intenso en ese momento.

Isabella suspiró y Edward lo sintió chocar contra su piel, tuvo que cerrar los ojos con tal de no mirar sus labios y perderse ahí. No era el momento, ni el lugar… y jamás volvería a serlo.

-adiós, Bella- le dijo, pasándose la lengua por los labios repentinamente resecos y besó su mejilla.

Tal vez demasiado cerca… sintió perfectamente la piel de la comisura de sus labios contra los suyos, la suave curva de su boca, la carnosidad que había memorizado hacía mucho…

Y luego ella se giró –sólo un poquito-, lo suficiente para sentirlos de lleno, sus labios contra los suyos y fue todo lo que necesitaron para que el calor los ahogara; sólo era consciente de que había pasado demasiado y ahora podía besarla, podía danzar de nuevo con ella de esa forma.

Fue un beso dócil, dulce, sutil y suave; estaban volviendo a encontrar aquella llama que antes los incineraba de forma tan completa. No hubo nada más allá de aquel roce de labios y lenguas, nada más que un dulce intercambio que habían extrañado y añorado tanto

Un leve quejido en voz aguda y de bebé los trajo de vuelta a la realidad, a una que resultaba difícil y dolorosa.

-no.

El susurro de Bella le dijo a Edward todo aquello que ya sabía. El indulto había terminado, aquel encuentro furtivo fue algo que le había robado al destino, algo que no merecía… porque Isabella encontraría algo mejor que él, ya lo había hecho una vez, volvería a hacerlo.

Edward afirmó y, acariciando de nuevo su mejilla, se alejó de ella.

-adiós, Bella- repitió y salió de la habitación, decidido a salir también de su vida.

Cuando se encontró con Alice en la sala de espera, le pidió que esperara por el médico de Isabella, que le había dicho que la darían de alta ese día; su hermana aceptó y aprovechó para subir a visitarla.

Duró una hora o así para que los tramites se completaran, así que se lo paso pensando en lo que acababa de ocurrir, en la mirada velada de Isabella cuando dejó la habitación, las mejillas sonrojadas y el cabello que había sentido tan suave entre sus dedos.

Hombre, tenía muchos problemas ahora, tenía que obligarse a olvidar lo tersa que era su piel entre sus dedos y el suave sonido de su respiración chocando contra su rostro; también debía olvidar el modo en que la quiso y la forma en que la trató… o quizá, sería bueno que eso no lo olvidara, estaba seguro de que no podría encontrar a alguien como Bella, pero no cometería los mismos errores.

Alice salió de la habitación lo suficientemente tarde como para que los amigos de Jacob llegaran al lugar y todos los pagos y papeles estuviesen preparados; también tuvo que pedirle a su hermana que acompañara con Emily a Bella en su casa, hasta que Emmett llegara. La parte buena es que ella estuvo encantada y él podía estar seguro que ninguna de las dos la dejarían sola, por si necesitaba algo.

Después de dejar todo eso arreglado, la tarde se la pasó en la oficina, arreglando los detalles de un nuevo complejo que deseaba abrir en la India y los desperfectos que habían ocasionado los incidentes de las pasadas semanas; por fortuna en el trabajo todo iba avanzando bien, lo que era un alivio comparado a cómo se sentía.

Salió de ahí tan pronto y cayó la noche y se sintió lo suficientemente agotado como para caer redondo en su cama; estaba seguro que ese sería su modo de vida ahora si no quería tiempo para pensar en Isabella, tenía que encontrar una forma de siempre estar ocupado y no darle tiempo a… todo el remolino de sucesos y sentimientos que tenía ahora para que arraigaran en él.

Estaba esperando el elevador cuando escuchó una cadencia a sus espaldas que conocía perfectamente; suspiró internamente al oír sus pasos acercársele, seguros y constantes, felinos.

Sabía que Victoria no se quedaría fácilmente satisfecha con la forma en que la había dejado el otro día para ir al hospital, pero también había tenido la esperanza de que hubiese encontrado un nuevo entretenimiento y lo dejara respirar un poco y reponerse.

-Edward…- le susurró al oído tan pronto estuvo a su alcance -¿dónde has estado?

Miró los pisos iluminarse conforme el elevador continuaba subiendo y, sin embargo, le pareció que estaba demasiado lejos.

-he estado ocupado, Victoria, ¿qué quieres?

Vio su ceño fruncirse un poco en el reflejo de la puerta cromada del ascensor, formando una arruga extraña en su piel siempre perfecta y suave. Y eso le hizo suspirar de verdad, rogando porque el aparato funcionara más deprisa y llegara pronto.

-¿Victoria? Edward, no he sido Victoria desde la primera vez que te escurriste en los camerinos de mis modelos para encontrarte conmigo en esa pasarela en París.

Él recordaba bastante bien el incidente, un montón de bellas mujeres en la pasarela atrayendo la atención del mundo le pareció la mejor tapadera cuando había decidido escurrirse tras bambalinas y buscar a Victoria; lo había hechizado rápidamente al verla entrar antes de que todo hubiese empezado, con su alta y estilizada figura y ese cabello rojo que parecían salvajes llamas.

Sip, podía recordarse yendo ahí y encontrar un cálido refugio entre sus piernas esa noche… y otras muchas más. Sin embargo, ese no era un día en el que deseara perderse en esos muslos exquisitos; podía estar todavía más dañado que en el momento en que la había buscado después de terminar con Isabella, pero ahora sabía que no podría haber nada más así de nuevo.

Estaba seguro de que no habría modo de superar este nuevo dolor, ni en las piernas de Victoria, no en las de nadie.

-supongo que tienes razón… Victoria.

Ella refunfuñó bajo su aliento, pero incluso así pudo escucharla; la estaba molestando, eso era evidente, pero no la quería alrededor justo en ese momento.

-entonces, ¿qué pasa?- le preguntó de nuevo Edward, intentando zanjar ese problema rápidamente para poder ir a su piso, darse una ducha y dormir… o quizá antes se ahogaría en licor, esa era una buena idea.

Victoria se le acercó más, jugueteando con sus dedos, haciendo líneas con sus uñas en su espalda.

-lo único que quiero es algo de tiempo contigo- le dijo al oído, con aquella cadencia que siempre le despertaba hormigueos por dentro –como siempre.

-y con todo aquel que te lo permita, Victoria- su voz sonó completamente razonable y monótona, y sin embargo, Victoria soltó un siseó furioso entre dientes.

-eso jamás te ha molestado antes, ¿me vas a decir ahora que quieres algo más exclusivo?

La observó cruzarse de brazos a su lado y el brillo furioso en sus ojos.

¿No podía ver, simplemente, que no tenía ni ganas ni tiempo para hacer eso? Ni siquiera podía reunir la energía suficiente para hacer –o evitar- una escena.

-no me importa con quien duermas, Victoria.

-entonces, ¿a qué ha venido ese comentario?

-no lo sé… hablemos después- aprovechó que el timbre anunciando que el elevador acababa de llegar sonó y, tan pronto se abrieron las puertas, entró en el espacioso ascensor.

Con lo que no contó, fue con que Victoria Wolf no comprendía la palabra "no" cuando se le había metido algo en la cabeza; había esperado que le diera un respiro, pero eso, obviamente, no iba suceder en un futuro cercano. Ella se deslizó hasta colocarse a su lado y le pasó los brazos por el cuello, amoldando su figura contra él.

Decir que, milagrosamente, había olvidado lo tentadora que era su figura, lo deliciosa que sabía su piel o lo bien que la sentía bajo él, habría sido mentir descaradamente; había pasado mucho tiempo en su cama como para que ese conocimiento se le saliera de la carne tan pronto.

Pero todo era diferente.

Cuando el perfume de Victoria le llenó los pulmones y ella comenzó a besar su cuello, su cuerpo se estremeció y reaccionó como siempre, su cuerpo pugnó por envolverla entre sus brazos y tomarla contra una de las paredes del elevador, rápida y furiosamente –como le gustaba hacer con ella-; pero su mente… oh, su mente estaba tan lejos de ahí…

Su mente no estaba en las curvas plenas de Victoria, ni en el fuego que era su cabello, ni siquiera en la forma en que comenzaba a frotarse contra él; no, cada pensamiento que cruzaba su mente en ese instante estaba concentrado en la habitación de hospital donde había dejado a una mujer que no sólo era hermosa, era inteligente, valiente y una superviviente.

Así que sí, su cuerpo bien podía estarse poniendo caliente; pero todo lo demás sabía que necesitaba más que unos buenos senos y muslos, y definitivamente Victoria no era suficiente.

Al momento en que sintió le lengua de Victoria metiéndose en su boca, Edward tuvo que moverse –y rápido- antes de que comenzara a sacarse la ropa o algo similar. Agarró sus muñecas con la fuerza necesaria para alejarla sin que se cogiera de él como una lapa.

-esto no va a pasar, Victoria.

La aludida se vio, realmente, desconcertada; sus ojos más abiertos de lo normal y una arruga cruzando su frente.

-¿por qué no?- tomó los bordes del cuello de su camisa y sonrió coqueta –Siempre hemos sido malditamente buenos juntos en la cama.

-justo ahora no tengo ganas de follar, Victoria- soltó, quitándose las manos de encima -. Gracias por la oferta.

-¡debes estar bromeando!- chilló ella, dando un paso hacia tras y dándole una mirada envenenada –Deje plantado a mi nuevo modelo James por venir contigo, ¿y me dices que no me deseas?

-eres una mujer hermosa, Victoria, más allá de lo apetecible y…- Edward negó con la cabeza, era la primera vez que hacía algo así, negarse ese tipo de placeres no era lo suyo –sé que no es algo común para ti, pero no te quiero en mi cama, ni hoy… ni en un tiempo, bastante largo.

El timbre del ascensor volvió a sonar, avisando que ya se encontraban en el lobby; Edward pasó por un lado de Victoria y salió de ahí, queriendo deshacerse de la sensación de que ella no le dejaría en paz fácilmente.

Sus días y horas las pasó viajando de nuevo, ahogado entre las obligaciones en los otros hoteles, las nuevas contrataciones de alto nivel, los contratos que cerraba para asociarse con otros hoteleros de renombre, un montón de papeleo para la compra de un nuevo terreno en medio de la nada en la India y… trabajo, mucho trabajo. Al menos, el suficiente para caer rendido ante una cama y no tener más energía para pensar en nada.

Él sabía que Emmett había ido con Bella casi tan pronto que Alice tuvo que quedarse en otra de las habitaciones de huéspedes sin querer dejar a su amiga tan rápido –según ella tenían muchas cosas en las que ponerse de acuerdo-. También sabía que ella y el bebé estaban bien, gracias a las llamadas que su hermana le hacía y con las que lo mantenía al corriente.

Era –de cierta forma retorcida- feliz así, siendo consciente de que la vida de Isabella volvía a avanzar, de que no estaría sola jamás y todo podría comenzar a resolverse para ella.

A él, obviamente, le tomaría más tiempo –como siempre- poder superar todo lo que hizo con su vida en esos dos años, desde haber dejado a Isabella hasta reencontrarla y conocer toda la verdad. Así que estaba bastante seguro de que seguiría tomando vuelos tan pronto pisara tierra a cualquier complejo en el mundo donde se le requiriera y, después, viajaría más y trabajaría más, hasta que la sensación de dolor y malestar terminara.

Estaba cerca de su complejo en la isla Fuerteventura, corriendo con la brisa del mar golpeando su rostro y la arena acoplándose bajo el paso de su trote, cuando escuchó el sonido de su celular en su pantalón.

Llevaba ahí una semana y agradecía poder escapar de la realidad como él podía hacerlo, teniendo un montón de sitios a los cuales ir a meterse; pero incluso ahí, tenía trabajo por hacer. Así que contestó, esperando escuchar la voz de Mallory dándole las nuevas, malas o buenas, noticias y su siguiente parada.

-¿qué pasa?- respondió al tercer tono, deteniéndose bajo la sombra de una palmera.

-Edward, casi pensé que no podría encontrarte…

La voz de su hermana lo sacó de balance, no esperaba hablar con ella hasta esa noche, que era cuando ella acostumbraba llamarle, antes de la cena para ella y un poco más temprano para él. Se pasó una mano por la frente y arrugó la frente.

-no esperaba tu llamada, no a esta hora.

-lo sé, ah… ¿podrías volver a Londres?

-¿qué?

-que si puedes… eto… ¿volver a Londres?

Bien, que su hermana le pidiera regresar no era poco corriente, siempre le pedía verlo pronto, no importando dónde estuviese trabajando; pero que no hablara claro era diferente.

-¿qué pasa, Alice?

-ah, nada… no gran cosa de todos modos, pero… eh, Emmett debe volver a Estados Unidos, ya ha estado más de un mes aquí y está teniendo problemas con algunos de sus clientes y…- escuchó el suspiro de Alice y se la imaginó, dejándose caer en un sofá –bien, Rosalie, la amiga de Bella, ¿te acuerdas de ella?

-sí, la recuerdo…

-bien, pues ella está terca en venir aquí, pero los doctores aún no quieren que viaje, ¿sabías que tiene algunas costillas rotas?...- Alice estaba divagando, mucho. Así que Edward supo que algo no muy bueno para él venía, casi podía sentirlo –entonces Emmett también quiere ir a ponerle algo de sentido común y yo… pues tengo que viajar a África, la asociación me necesita y…

-Alice, ¿por qué no vas al grano de una buena vez?

-tienes razón… no sé por qué simplemente no te lo digo para que me grites y ya…

-Alice, estás divagando de nuevo…- Edward resopló y esperó mientras su hermana respondía, observando los primeros turistas transitando por la playa, con el horizonte tintándose de rojo y naranja, por el amanecer.

-oh, sí… bien- la escuchó tomar aire y soltarlo de pronto -. Emmett y yo queremos que cuides a Bella mientras alguno de los dos vuelve.

-¿quieres que haga de niñera?- no era esa realmente la pregunta, la cuestión era mucho más profunda y mucho menos mezquina y no era sólo una. ¿Quieres que me reencuentre con ella? ¿Quieres que le duela de nuevo? ¿Me quieren cerca de nuevo? ¿Ella está dispuesta a volver a verme después de tan poco tiempo? Porque yo estoy roto aún y no he podido reunirlas partes suficientes sin caerme en pedazos a sus pies.

-Edward- Alice gruñó algo que no escuchó -, mira sé que no será fácil para… ninguno, pero ni Emmett ni yo queremos dejarla sola, no después de la cesárea y el desgarro que tuvo… sabes que aún está débil y no queremos simplemente dejarla con Emily, que tiene que cuidar de la casa y…

-está bien- soltó antes de que Alice soltara toda cantidad de razones por las que debería ir.

Sabía que debía ir, sabía que le necesitaban ahí; pero eso también resultaba duro, porque no había forma en la que estuviera cerca de ella sin sentir todo lo que sentía.

Al menos había tenido un mes medianamente tranquilo, era momento de enfrentarse a los demonios de sus acciones y volver a la realidad.

-bien, Alice… pediré que alisten mi avión y estaré ahí pronto.

-gracias, Edward…

-sólo espero que esto no sea una mala idea- dijo y colgó.


bn, no sé cuanto tardé... me he rendido ante la fuerza del universo, sólo espero ke no haya sido demasiado y ustedes aún kieran leer la historia u.u

así ke, espero les haya gustado el capi y haya valido la pena de la espera...

agradezco infinitamente cada rw, alerta y favorito (awww... las amo, sólo x eso) y lecturas fantasma x igual... algunas me han felicitado x la historia y me echan muchas porras como escritora y a ellas, sólo les kiero decir: muchas gracias, son mis vitaminas ahora ke estoy escribiendo mi tesis... sí, ustedes me dan energía ;)...ah, y no, no me siento mal al leer ke mi historia parece una novel de kiosco, a mi tmb me gustan ^^...

una chica me preguntó cada cuando publico y eto... ahm, me gustaría dar fechas exactas, pero cómo saben, mi tiempo escasea :S y actualizó en cada oportunidad ke tengo, ke me enkntaría ke fuese mucho más.

en fin... gracias y espero les guste ^^

besos y mordidas:

clarisee