Capítulo 10: Intentando conquistarla

Entornó los ojos, más que por enojo, era una infinita rabia lo que sentía en su interior. Por supuesto que no iba a creerle ni una mísera palabra... estaba segura de que aquel hombre era un total desconocido para ella y que no decía más que incoherencias... ¿Cómo se atrevía a llegar como si nada y a... besarla así como así... además de decir semejantes cosas como que ella era su novia desde quien sabe cuanto y quien sabía si era verdad o no?

—Usted es un mentiroso.—fue lo único que contestó con aquel destacado enojo en su cara.— No quiero volver a oír semejante cosa.

Kouga rió divertido y se encogió de hombros, lo que perturbó más a la chica.

—Estas equivocada, no puedes pedirme eso, Kagome, somos pareja desde hace años... tu me querías, lo único que cambia es que no lo sabes.

—¡Entonces si es verdad ya no quiero serlo!—exclamó enrojeciendo de rabia y vergüenza.

Inesperadamente, el hombre optó por negar con la cabeza seriamente.

—No aceptaré tu negatividad, se que estas confundida y te entiendo. Te daré un tiempo para que lo pienses mejor.— Kouga la observó con cierto cariño y superioridad mientras su curiosa cola de lobo se movía con gracia.— Hasta entonces.

Abrió los labios para replicar, aunque sus palabras murieron en su garganta al ver como él seguía su camino, dirigiéndose hasta la puerta de entrada de SU mansión. Frunció el seño, irremediablemente molesta ¿Y ahora que hacía entrando allí como dueño del lugar? Kouga abrió una de las puertas dobles para pasar y perderse tras ella a causa del vidrio que la adornaba al cerrarla. A los pocos instantes, volvió a abrirse para dejar pasar a su amiga quien miraba disimuladamente hacia atrás con una pequeña sonrisa, seguramente saludando al "desconocido".

—Estaba buscándote, Kagome.—comentó dirigiéndose a ella, aún sin borrar esa jovialidad de su rostro.— Me preocupé al no encontrarte dentro, creí que habías tomado un caballo y que habías ido a cazar al pobre de Inuyasha.

No le respondió absolutamente nada, sino que apretó las manos en puño recordando las palabras sin sentido y el beso que había recibido por parte de aquel hombre, aún preguntándose quien en su sano juicio se trataba.

—¿Por qué esa cara?—preguntó su amiga con duda.—¿No estas a gusto con la llegada del Joven Kouga?

Kagome miró a Sango con sorpresa, cierto, su nombre era Kouga... Kouga... ya lo había oído antes... sabía que ella misma se lo había contado... ¿Cuánto hacía ya? ¿Dos días?

"Sango se acercó más a ella y le señalaba todos los presentes uno a uno.

Bueno... Aquel anciano que esta sentado junto a Mioga se llama Totosai. Es el técnico de esta casa, aunque también es herrero así que le sirve de mucho al amo.—Luego, sus ojos castaños se dirigieron a los tres que estaban sentados frente a Miroku Totosai y Mioga.— Esos tres son los asistentes de los dos huéspedes de esta casa. El del fondo es Hadgui, el mapache de Miroku.—Kagome noto cierta sequedad en la voz de Sango al pronunciar su nombre.— Y los otros dos son Ginta y Hakkaku, asistentes de Kouga.

Kagome observó a los dos últimos jóvenes con detenimiento, ambos tenían peinados raros y vestían como cualquier plebeyo, aunque le llamó la atención aquel segundo huésped, el cual no había visto y quien no se encontraba en aquel lugar.

No creía que en esta casa viviera tanta gente.—comentó Kagome a Sango quien sonrió.—¿Y que hay de ese otro huésped?

Generalmente tomamos como "huéspedes " a amigos a quienes el amo invita a su casa. Aunque el Señor Kouga no es un amigo muy cercano del amo, sino que llegó un día y él y el amo charlaron a solas en el estudio, luego de eso, el amo lo anunció como el huésped aunque Kouga también trabaja ayudando a Mioga a adiestrar a los caballos y a los perros. Lo único que se de él es que fue al pueblo hace un par de días.—contó animadamente.— Supongo que se tomará un tiempo ahí puesto que fue a visitar a sus familiares allá. Yo opino que el señor Kouga es mucho mas amable que aquel otro huésped del amo... —entornó los ojos mirando a Miroku con cierto desprecio.— Miroku es un aprovechado y un mujeriego. Según lo oí hablar, ninguna mujer se le escapa de las manos y ahora parece que yo soy su próxima presa, pero no pienso caer bajo él."

—Ho... si, Kouga... —susurró por lo bajo a lo que Sango también escuchó.

Era cierto... ahora se acordaba, Kouga era el segundo huésped de Inuyasha, pero ayudaba a Mioga con los animales... Llegó a preguntarse como era posible que Inuyasha, si es que era tan "fiel" en sus palabras al decir que la amaba, dejara vivir bajo su mismo techo a un hombre que andaba por ahí diciendo que ella era su novia... no cabía en su cabeza tal razón... era descabellada aún... había tantas cosas que no sabía... y la mayoría de las respuestas reposaban prácticamente en el único hombre que esa mañana se había ido de esa casa por unos cuantos días.

—¿Paso algo malo?—insistió Sango.

Kagome suspiró, recordando su enojo anterior que volvió a invadirla con solo recordar el por qué.

—Claro.—admitió con sequedad.— Ese hombre es un aprovechado y atrevido.

Su amiga frunció el seño, incapaz de entender de que estaba hablando su amiga.

—¿Pero que dices? Kouga es una persona muy amable y atenta...

—Dijo que soy su novia, eso no me parece amable ni atento de su parte para alguien que recién lo conoce como yo.—dijo tras una risa sarcástica.— También se atrevió a besarme... no hay derecho...

Sango llevó una mano a su boca, aunque su grito se ahogó apenas sus dedos rozaron sus labios. La miró muy sorprendida, claro que de eso no sabía absolutamente nada, debía ser mentira... ¿De qué estaba hablando?

—¿Estas segura de eso?—preguntó la sirvienta.

—Si, pero no lo entiendo, yo no recuerdo haberlo visto en mi vida... además... si Inuyasha sabría lo que esta diciendo sobre mi, no creo que lo dejara vivir aquí.

—Tal vez Inuyasha no está enterado.—opinó Sango.

—Tu me dijiste que esa vez que Kouga llegó, él e Inuyasha tuvieron una charla.—acotó su ama aún con aquella seriedad.

La chica palmó su cabeza con suavidad.

—Cierto.—luego, sus ojos la miraron con atención.— Pero no se nada del asunto. No creo que lo sepa nadie más que ellos dos.

Kagome volvió a suspirar, esta vez derrotada.

—Seguramente...

—¡Mira, ya salió el sol!—exclamó Sango.

La chica volteó la cabeza para observar el paisaje, era verdad, la lluvia había parado ya dejando que aquel astro dorado se asomara por algunas nubes ya dispersas en el cielo. Los rayos dieron de lleno en sus caras lo que produjo que ambas se hicieran sombra con sus manos. La sirvienta sonrió mientras se ataba el cabello en una coleta alta, producto del calor que comenzaba a invadirlas.

—Será mejor así, odio los días húmedos.

Su ama no respondió nada, no quería decir que pensaba lo contrario, pero realmente no es que no le gustaran, solo que... lo que había sucedido el día anterior le había dejado marcada una visión positiva acerca de esos días fríos y húmedos en los que su cuerpo necesitaba un calor excesivo que ciertamente había recibido en una de esas oportunidades.

El resto del día se preocupó de esquivar a Kouga cada vez que lo veía, intentaba masivamente no encontrarse en la misma habitación que él y podría decirse que logró hacerlo durante lo que concluyó del día. Ya caída la noche, antes de dormir, justamente tuvo la mala suerte de cruzárselo en uno de los pasillos al dirigirse al baño para tomar una ducha antes de dormir.

—Es tarde, ¿No crees?—opinó el hombre con una sonrisa.

—Si, eso creo.—aclaró de manera cortante, sin mirarlo a la cara.

—Bueno, mejor no te retrasaré. Buenas noches.

Depositó un pequeño beso en su mejilla antes de desaparecer por una de las esquinas del pasillo, dejándola otra vez de piedra, con una sensación de vergüenza recorriendo su cuerpo entero. Se procuró negar con la cabeza con rapidez para apartar todo pensamiento molesto sobre ese hombre... por supuesto que no estaba siendo amable... solo tenía planes macabros que ella no sabía... ¿Y si Kouga intentaba lo mismo que Naraku, usarla? Frunció el seño, no iba a permitirlo, no iba a permitir nunca más que alguien osara usarla otra vez.


—Hace demasiado calor en este maldito lugar... —se lamentó mientras se hacía viento con una hoja de papel.

—Keh! Tu querías venir, ¿O no es así?—le reprochó Inuyasha dándole la espalda en su cama y cubriendo sus orejas con su almohada para dejar de escucharlo.— Te has lamentado toda la noche, y los ronquidos del viejo Mioga no ayudan en nada... no me han dejado dormir ni un solo minuto.

Miroku entornó los ojos a su amigo con cierto recelo.

—No tenemos la culpa de que seas un híbrido con tímpanos desarrollados.

—Ya cierra el pico... —refunfuñó clavando sus garras en la tela de la almohada.— Y no vuelvas a llamarme de esa manera si no quieres sufrir de verdad.

Su amigo suspiró y siguió ventilándose. La atmósfera caliente de aquel hotel lo estaba matando de calor y de asfixia... ni siquiera el aire entraba por aquella pequeña ventana. Sus ojos vagaron hasta su mesa de noche donde reposaba su reloj, faltaba poco para que volviera a amanecer, habían llegado el día anterior y solo habían tenido tiempo de comprar algunos víveres y de rentar un cuarto para los tres (cabe incluir que Mioga los había acompañado). La lluvia había cesado dejando una ola de calor atacarlos, ahora no sabía a ciencia cierta que prefería, o una helada o la ola de calor...

Inuyasha entornó los ojos dorados, lo único que podía ver ahora en ese momento era la pared de cal junto a su cama, por supuesto que no había podido descansar nada, pero además de los ruidos molestos de sus compañeros, también lo atacaba el remordimiento y la intriga. Llegó a preguntarse toda la noche que habría pasado en la mansión... esperaba que Kagome no hubiera hecho ninguna locura mientras él no estaba... ya que conociéndola... apostaba a lo que sea que debido a su intolerante orgullo, había sufrido de un ataque de rabia si no exageraba mucho... seguramente enterarse que él se había marchado sin ella y sin siquiera avisarle la había hecho enojar.

También se preguntó como estaría ahora, después de la hipotermia y sobre lo que había pasado... a lo mejor ella aún no había superado el "Shock" sobre su confesión, después de todo lograba entenderla... Tal vez Kagome no se esperaba eso... tal vez él había sido demasiado apresurado y...

La almohada que cubría su cabeza se le fue arrebatada con rapidez, despertó de su ensueño y volteó con fastidio hasta Miroku quien había sido el autor del "robo".

—¿Ahora que?—inquirió con fastidio, fulminando con su mirada a su amigo.

—Si realmente estuvieras cansado habrías dormido sin importarte los ruidos...¿En que estas pensando realmente?—arqueó una ceja.— ¿En la señorita Kagome, tal vez?

Supo que tal vez había dado en el blanco puesto que el de ojos dorados había permanecido notoriamente callado. Observó con cautela como los ojos de este lo miraban con algo de enojo primero antes de desviarse, aceptando que él estaba en lo cierto.

—Estoy preocupado por ella, eso es todo.

—La extrañas... —argumentó su amigo tras un suspiro.— pero la separación por unos días te refrescará la cabeza... créeme... también a ella... cuando regreses seguro que la señorita Kagome correrá a tus brazos felizmente.

—No estoy seguro si felizmente pero correrá a mí para matarme... —sugirió con una amarga risa entre dientes.— No la conoces bien... es muy orgullosa... su enojo no se pasará así como así...

Miroku llevó una mano a sus cabellos para despeinarlos levemente mientras meditaba, no tardó mucho puesto que luego sonrió demostrando que algo había surcado su mente, y así era.

—¿Qué te parece si esta tarde llamas y preguntas como anda todo por allá? Y aunque Kagome no sea quien atienda, cualquiera de allí puede anunciarte como anda su estado de humor. A lo mejor te conformarás en que ella está bien y si está o no enojada aún.

—Vale la pena intentar... —opinó el medio demonio, demostrándose a gusto con la idea. Debía admitir que a veces, tenía mucha suerte en tener a un amigo de mente brillante.


Luego de echarle una larga mirada al clima por si había mejorado, se ocupó de su preciado ramo de flores de cerezo por si necesitaba cambiarles el agua. Era raro, pero ahora sentía que con la aparición de Kouga, su mente había olvidado casi por completo la ausencia de Inuyasha, era como si todo el día anterior solo hubiera estado pendiente del hombre aquel, pero ahora que veía las flores, volvía a recordar a su "salvador" y a su agoniosa ausencia, aunque esta vez, sentía que el enojo había disminuido.

Caminó sin prisa hasta bajar por las escaleras, no tenía planeado nada para esa mañana, por lo que pensaba ir sin rumbo fijo por el lugar hasta encontrar algo, a lo mejor le sería útil a Kaede ayudándola en la cocina, por lo que se decidió a dirigirse hacia allí, pero en cuanto puso un pie en el suelo del living para comenzar su rumbo, paró en seco al divisar un trío de personas hablando en el centro de la sala, aparentemente asuntos serios y uno de ellos era aquel huésped del cual tenía una muy mala impresión.

En cuanto su corazón se calmó un poco, se dirigió a paso apresurado para escapar de allí cuanto antes sin ser vista por "él", pero se dio cuenta de que era demasiado tarde cuando uno de ellos pronunció su nombre y de inmediato todos se voltearon a ella.

—Ha... Kagome... veo que vas con prisa... —comentó Kouga con un leve tono de burla en sus palabras.

Ella le dirigió una mirada de hielo para demostrarle que no estaba nada a gusto con su presencia allí, lo peor fue cuando Kouga volvió a acercársele, tomó una expresión endurecida, intentando parecer distanciada y "huyó" de allí para esquivarlo. No quería hablar con él, tampoco quería que se le acercara. Sin darse cuenta, tomó un rumbo que no supo cómo se le había ocurrido, pero encontró una puerta de madera antigua y entró por ella, intentando al menos esconderse de él. Sus ojos examinaron lo que parecía una bodega con varios alimentos y bebidas, era bastante amplia y poseía varios pasillos y secciones hechos con cajas y recipientes. La puerta se abrió tras ella, produciendo que su corazón volviera a paralizarse de súbito.

—¿Ya has pensado mejor las cosas?—inquirió arqueando una ceja.— Parecería que no, porque sigues editándome y escondiéndote como una cobarde...

—¿Y en qué debo pensar?— habló en un tono bajo, casi en un susurro para que nadie los escuchara.— No tengo nada que pensar sobre ti.

—Si no mal te acuerdas, tu eres mi novia, Kagome, solo espero que pienses bien las cosas. Me perteneces hasta que yo diga lo contrario.

—Ser tu novia no me hace tu pertenencia. Yo no soy de nadie.—lo enfrentó, volviendo a experimentar esa sensación de repulsión y rabia hacia él.

Kouga frunció los labios levemente molesto, alzó los ojos irritado aún y suspiró. Se irguió un poco más mientras se cruzaba de brazos, tomando una posición de superioridad otra vez.

—¿Se puede saber por qué estas así? Solías ser más dulce, Kagome... —comentó.— ¿Tanto desprecio me tienes?¿O es que estas prestándole atención a alguien más aparte de mí?

Se mordió el labio irritada, así que además de perseguirla y acosarla, también le hacía reclamos fuera de contexto... era un descarado... ni siquiera lo conocía ciertamente... Aunque al pensar sus palabras seriamente, no fue capaz de responderle absolutamente nada, lo primero que llegó a su mente fue la imagen de Inuyasha y un curioso anillo que había guardado por años. No pudo evitar agachar la mirada algo turbada aún, haciendo un esfuerzo para no pensar en él ni en nada que lo relacionara, no era el momento ni el lugar...

—Por tu cara veo que si...

El demonio-lobo dio un par de pasos adelante acortando la distancia entre sus cuerpos, rozando su pecho con el suyo, su mano alzó el mentón de la chica para que pudiera mirarlo a los ojos, aquellos azules resplandecientes y, esa vez, intimidantes.

—Dime quien es.—demandó con voz seca.

Se mordió los labios con más fuerza, por supuesto que no iba a decirle lo que quería saber, estaba segura que si debía responder algo, Inuyasha estaba de por medio, pero no iba a hacerlo, no quería meterlo en un problema que no tenía nada que ver con él.

—Ya se... no me lo digas... —susurró Kouga arrastrando las palabras.— él no esta aquí... ese infeliz... ¿Verdad? Ese mal nacido de Inuyasha...

Entreabrió los labios para replicarle que no se trataba de él, aunque no fue capaz de hacerlo, sería mentirle ¿Pero que importaba? Kouga le estaba mintiendo a ella también, porque no le creía ni una palabra sobre su noviazgo...

—¿Qué... harás... ?—fue lo único que pudo decir bajo la opresión de su respiración acelerada tras sentir como el cuerpo de Kouga aprisionaba el suyo contra uno de los estantes.

El aludido entornó los ojos por unos segundos mientras una pequeña sonrisa se formaba en su rostro, casi macabra.

—Ya entiendo... estas preocupada por él, eso significa que es cierto... ¡Ese traidor te enamoró, no tiene perdón!

—¡Pregunté que harás con él!—exclamó Kagome alzando la voz para que le respondiera.

Kouga, quien ahora parecía molesto, intentó calmarse tras respirar hondamente, luego volvió su atención a Kagome quien anhelaba una respuesta y pronto. Por lo que no la hizo esperar, aunque en vez de darle una respuesta, acercó su boca a la suya, los pocos milímetros que los separaban.

Su mano aferró su cintura con fuerza, empujando su cuerpo a estar más apegado al suyo para obligarla que ella separara sus labios reacios y ahondara su beso, su otra mano libre aferró una de las muñecas de ella y la obligó a que rodeara su cuerpo, tras su espalda a lo que, se sorprendió ya que ella se dejó domar por él al conseguir que abriera sus labios para que él pudiera besarla con más libertad que antes, lo que no desperdició esa dichosa oportunidad.

¿Por qué?¿Por qué esto le pasaba solo a ella? Quiso retener las ganas de llorar, podría decirse que Kouga le recordaba a Naraku, era la segunda vez que la besaba inesperadamente y casi a la fuerza, no pudo evitar que su cuerpo temblara como una gelatina al comprender eso. Ese demonio lobo la besaba de una manera que estaba segura, Inuyasha nunca se atrevería, o no se había atrevido aún. Puesto que la forma de Kouga era compulsiva, salvaje, como si quisiera devorarla cada vez más a cada instante; Mientras que Inuyasha había sido más suave con ella, más tolerante con sus labios "inexpertos" que jamás había sido besado antes... claro que también había llegado a ahondar su beso, pero no había dejado de parecerle suave, como si él pudiera hacerla subir hasta las nubes cada vez un poco más... todo lo contrario a Kouga...

Kouga sujetó ambas mejillas de la chica y se separó un poco de ella, mirándola apenas entre sus ojos entrecerrados, definitivamente Kagome estaba esquivando su mirada otra vez, estaba ruborizada hasta la raíz del pelo lo que logró sacarle una pequeña risa que, al oírla, esta lo miró con confusión.

—No tengas miedo.—la tranquilizó.—Lo único que intento es que vuelvas a amarme como antes y me ocuparé de que ese perro no interfiera más entre nosotros.—anunció con un toque animado.—Si hay algo que conozco de Inuyasha, es que él odia que lo rechacen... será divertido ver su cara...

—¡No... te atrevas a decirle nada que...!—comenzó a advertirle mientras le demostraba una expresión de amenaza.

Él la calló con un suave "shhh", luego se irguió completamente y la soltó no sin antes volver a besar sus labios con un beso corto y rápido. Se alejó de ella y le dio la espalda para caminar hacia la puerta, dispuesto a marcharse.

—¡Kouga...!—lo regañó Kagome cerrando sus manos en puño al no encontrar la respuesta a su reclamo de hacía tan solo unos instantes.

El hombre también frunció el seño, aún dándole la espalda, la observó por sobre su hombro durante unos momentos.

—Inuyasha sabe muy bien a que estaba jugando, él te enamoro a propósito ¿Qué no lo ves?

Observó la cara de desconcierto que Kagome le dirigía, por lo que suspiró con pesadez y salió de allí traspasando la puerta, ella jamás lo comprendería... ese asunto era entre Inuyasha y él.

En cuanto Kouga desapareció, ella agachó la vista dolida, incapaz de comprender a que se refería y sobre lo que haría ahora que sabía lo que ella sentía por Inuyasha, su corazón aclamaba a gritos que intentara detener a Kouga... ¿Qué pensaría hacer? Rogaba porque no ocurriera ninguna disputa entre ellos... tal vez él pensaba mentirle como estaba haciendo con ella... Ahora recordaba que Kouga había dicho algo... "Si hay algo que conozco de Inuyasha, es que él odia que lo rechacen... será divertido ver su cara..." No había otra explicación... armaría un cuento que tal vez Inuyasha le creería si es que se dejaba llevar... ¿Y si le creía?¿Y si dejaba de quererla de esa manera que él decía? Su pecho se oprimió de solo pensar en la cara de Inuyasha y de su reacción luego... Tenía que hacer algo para impedirlo... en cuanto volviera de su viaje, se encargaría de ser la primera en recibirlo y alertarlo de todo... eso haría...


Si en el apartamento hacía un calor terrible, peor era la temperatura de la calle principal donde parecía haber encendida una hoguera bajo sus pies descalzos. Se cruzó de brazos mientras endurecía su expresión, intentando resistir así la quemazón, volvió a refunfuñar por lo bajo cuando otro demonio, esta vez bastante grande, se interpuso en su marcha, relentizando su paso que se hacía más tortuoso a cada segundo.

—Maldición... esta es la parte que no me gusta cuando venimos... me estoy asando...—comentó rodeando al Youkai con Miroku y Totosai delante.

—Pero debes conformarte con eso, Inuyasha. El aori que te dio tu padre es el mejor atuendo que puedes usar en este lugar, al menos parecerás más normal y desprevenido que vestido con ropas de humano.—intentó consolarlo su amigo con una sonrisa.

—Pero esta ropa es ridícula... hace demasiado calor como para usar esta cosa... —le dio unos tirones a su chaqueta roja para quitársela dejando al descubierto otra más debajo, pero de color blanco.— Es un infierno... además no tengo nada en los pies... me estoy quemando... al menos tu usas sandalias...

Su amigo sonrió con algo de burla .

—Soy casi un moje ¿Recuerdas? Mi abuelo fue mi mentor y ahora estoy usando sus conocimientos para mi beneficio ¿Quién atacaría a un monje y a una pulga?

Los ojos irritados de Inuyasha se dirigieron al pequeño individuo que saltaba sobre el hombro de su amigo, el sirviente que, gracias a las habilidades de Miroku, se había convertido en una curiosa pulga.

—Que seas un monje no tiene nada que ver que uses sandalias... ¿Y yo que? Por si no sabias, el asfalto esta caliente y quema.

—Ese traje no vino con zapatos, además ¿Alguna vez has visto demonios que usen calzado?—inquirió Miroku con un cierto aire distado mientras se alejaba de él para seguir su camino.

Inuyasha separó los labios para contestar de manera afirmativa, claro que había visto y varios, es más, los había contado pensando en la suerte que tenían... Suspiró y siguió caminando tras su amigo durante todo lo que duró la tarde, hasta que sintió que el suelo comenzaba a enfriarse bajo sus pies, lo que le produjo un alivio inimaginable.

Mientras volvían. Cada uno cargaba unas cuantas bolsas con víveres en cada hombro, los ojos de el medio-demonio vagaron por la recepción del hotel donde se hospedaban, el lugar era bastante acogedor, debía admitir. Miroku detuvo su camino junto a la recepcionista, una apuesta demonio con apariencia de mujer humana, mientras le entregaba a Inuyasha sus respectivas bolsas para que él las sostuviera por un rato. Se mantuvo unos cuantos minutos en una larga charla con ella que incluía variadas risas por parte de ambos. Inuyasha entornó los ojos y le propinó un ligero puntapié a su amigo en su pierna para que se dejara de coqueteos y acabaran con su trabajo de una vez, por si no se había dado cuenta, las bolsas pesaban, y mucho.

—¿Hace falta semejante brusquedad?—preguntó Miroku con algo de enojo mientras se sobaba su pierna.

—Date prisa.—lo alentó entre dientes.

—Ho... si... —Él volvió a la recepcionista con una sonrisa seductora.— Dígame... ¿Hay un teléfono por aquí? Necesitamos hacer una llamada a larga distancia.

El hanyou movió sus orejas un poco al oír ese comentario, no supo como pero sintió como si el peso de los víveres disminuyera al recordar a Kagome y la posibilidad que se le había presentado de hablar con ella, a lo mejor Miroku si tenía razón con uno de sus tantos comentarios: "Cuando te importa alguien, siempre te olvidas de lo demás"

La mujer les señaló una cabina en una de las esquinas, Inuyasha no se hizo rogar, le arrojó las pesadas bolsas a Miroku y se dirigió junto al teléfono con una velocidad bastante exagerada. Tomó el tubo del aparato y marcó el número de la mansión, el irritante pitido de espera resonó en su cabeza llegando a hartarlo tras pasar unos pocos segundos sin responder.

—¡Por Kami, hay cinco teléfonos en la casa y nadie contesta ni uno! —gruñó frunciendo el seño, comenzando a impacientarse.

Finalmente ell pitido cesó y alguien pronunció un fomal "Buenas Tardes", era una voz masculina, a lo mejor se trataba de Totosai, por lo que habló con normalidad.

—Hola, con la mansión Higurashi ¿Verdad?

—Si...

La voz de quien lo recibía cambió un poco luego de oirlo hablar, aunque pasó eso por alto, ahora estaba más contento que antes, de tan solo imaginar que oiría noticias de Kagome lo hacía olvidarse hasta del mundo entero, desde que había llegado no había dejado de preguntarse por ella, la extrañaba demasiado.

—Quisiera hablar con Kagome.—pidió, intentando parecer apurado en el asunto.

—Lo siento, pero no puedo hacerlo, Inuyasha.

Frunció el seño extrañado, por lo que recordaba, no había mencionado que se trataba de él, además... ¿Cómo no era posible que hablara con ella? Lo embargó la preocupación, sus manos comenzaron a sudarle de puros nervios de tan solo imaginarse algo que podría estarle sucediendo a Kagome.

—¿Por qué... no?—preguntó, anhelando la respuesta.

—Ella no desea hablar contigo, bestia.

—Esa voz... ¿Kouga?

El tono que su interlocutor había usado para responderle, y ese sobrenombre eran particulares de ese lobo sarnoso que vivía también allí ¿Cuándo había regresado a la casa? ¿Y por qué no le permitía hablar con Kagome?

—Exacto.—él rió.— Lamento desilusionarte, pero Kagome no quiere saber nada de ti ahora. Está destrozada porque la dejaste sola, eso no se le hace a una mujer...

—¿Dejarla sola? ¡Si tan solo me fui por asuntos importantes!—exclamó perdiendo la calma.

Aún no lograba entender como había llegado a tener tan mala suerte en que se hubiera ido justo en el mismo tiempo en que Kouga había llegado a la casa...

El hombre al otro lado del teléfono chasqueó la lengua.

—No te hagas problema, yo me estoy ocupando de que ella se mejore, parece recordarme, Inuyasha... ¿Puedes creerlo? Recordó quien soy y lo mucho que me amaba... esta tan feliz ahora... y me alegro de ser yo el producto de su felicidad.

Inuyasha apretó los dientes, irritado. No podía creer lo que le estaba diciendo... pero si Kouga... Kagome tenía amnesia, apenas recordaba ciertos puntos de su vida... no podía creer que recordara su romance infantil con aquel lobo...

—No se te ocurra tocarla... —lo amenazó, su voz se asemejaba con la de un animal defendiendo lo suyo.— Tu no tienes ninguna razón por la cual estar con ella... Si me entero que te atreviste a herir sus sentimientos...

Kouga rió de una manera sarcástica.

—Eres un hipócrita, Inuyasha ¿Tú mismo estas hablando de usarla? Tú eres el que la quiso alejarla de mi mediante tus truquitos amorosos... Pero te aseguro de que por más que lo consigas, jamás lograras enamorarla como ella ahora me ama a mi... Jamás sentirás lo que es que Kagome te bese con esa pasión cuando esta enamorada...

Su corazón se aceleró en su pecho de tan solo oír sus palabras, cerró su puño con fuerza, volviendo a clavar sus garras en su palma, maldijo mil veces a Kouga y hasta llegó a recriminarse a sí mismo lo estúpido que había sido en confiarse en que, si se iba, Kagome iba estar a salvo y bien...

—¿Te atreviste a... besarla...?— preguntó, aunque más bien fue casi como una orden el que se lo respondiera. Podía sentir su sangre hervir pos sus venas como si fuera un veneno que recorría su cuerpo entero ¿Qué era esa sensación? No creía conocerla, pero estaba seguro de que se trataba de un odio infinito hacia Kouga.

—Claro— anunció el demonio como si fuera lo más obvio del mundo.— No ha sido solo una vez, por eso te lo digo, cuando ella te corresponde, es casi indescriptible la sensación que te hace sentir.

No dijo nada, no era capas de responderle. Tuvo el deseo de volverse en ese mismo momento a la mansión y estrangular a Kouga con sus propias manos, no le importaba si lo llamaban asesino, pero la desesperación por hacerlo lo estaba matando...

—Te quedaste mudo, bestia.—argumentó Kouga con fanfarronería.— ¿Es que realmente estas enamorado de mi novia?

—En cuanto llegue a la casa... —comenzó a amenazarlo, haciendo un gran esfuerzo por contenerse a no gritarle y decirle todo lo que se le había atragantado a la garganta.

—En cuanto llegues a la casa ella ya no querrá saber nada contigo.—lo interrumpió el demonio.— Antes de cortar ¿Quieres dejarle algo dicho?

Inuyasha rió con zarcasmo.

—Dile que no se fié tanto de tus inventos... y que la amo... pero de igual manera se que no se lo dirás.

Entornó los ojos, volviendo a sentir un infinito rencor... Kouga estaba allí, con su entera dispocisión hacia Kagome... solo rogaba que, cuando llegara él a la casa, todo siguiera casi como siempre... imaginar a Kagome en los brazos de ese demonio sería un martirio... sabía que no lo soportaría...

Sus manos comenzaron a borbotear sangre, sus garras se habían enterrado en su carne sin darse cuenta, pero no le importaba. La llamada había sido cortada y el pitido del telefono volvió a hacerse presente, aunque Inuyasha permanecía inmovil aún, incapaz de creer su pésima suerte... Todo deseo positivo que había tenido al pensar que tendría la oportunidad de oir la voz de Kagome de había desvanecido...

Miroku se dirigió a su encuentro en cuanto divisó su cara, casi asimilada con la de un verdadero demonio enfurecido.

—¿Qué tienes?— preguntó tomándolo por los hombros.

Inuyasha alzó sus ojos dorados y encendidos a su amigo, quien lo observó pasmado al resivirla.

— Kouga... ese maldito... me traicionó... le había hecho jurar que lo dejaría permanecer unos meses en la manción con la condición de que no abriera su boca para contar su asunto infaltil con Kagome...

—Ho... ya veo... —fue lo único que se limitó a decir el hombre con cara de pena.— No te preocupes, ya veras que cuando regreses, podrás aclarar todo.

Inuyasha negó con la cabeza lentamente, sintiéndose un condenado por dentro.

—Kouga ya empezó su juego... creo que Kagome no quiere ni verme... parece que ahora ya encontró a alguien en quien fijarce... y lo recuerda, por eso esta enamorada de él.

Volvió a presionar sus puños con fuerza, abriendo otra vez sus heridas. Miroku arqueó una ceja, al el estado de nerviosismo y enojo en que su amigo estaba solo le encontraba una respuesta.

—¿Estas celoso de Kouga?—inquirió con un tono divertido en su voz.

—¿Celoso?—repitió Inuyasha.—Keh! Yo no estoy celoso.

—Como digas...

Miroku solo sonrió, sin agregar nada más recordando ese famoso dicho "a los locos hay que darles siempre la razón, aunque no la tengan".

CONTINUARÁ.


Primero que todo lamento la tardanza por el capi anterior pero la verdadera causa fue q el fanfiction no m anda u.u y por lo tanto no puedo subir los capis, por suerte tengo a una amiga de confianza que lo hace por mi, te debo mucho Yamile =) gracias de verdad.

Segundo, espero que este capi sea de su agrado y agradezco los reviews que, como dicen, son como "mi pago" por escribir, al igual q todos los escritores.

Creo que eso es todo, y espero que lo disfruten jaja nos vemos hasta la proxima semana, aunque advierto que desde ahora no sabre bien que pasara porq mis clases comienzan y... u.u

Un saludo y como siempre, perdonen las faltas ;)