Capítulo X
-Acorralando a la Bestia-
1:00 pm.
Hace más de 3 horas que Ash despachó a los agentes Rocket…
El camino a Vermilion City transcurrió sin ningún contratiempo y Ash llegó a la ciudad más pronto de lo que tenía planeado. Viendo que aún el gimnasio permanecía cerrado (El Teniente Surge tomaba un pequeño descanso hasta las 2), el entrenador decidió ir a buscar un lugar en donde poder pasar la noche, y de paso un lugar en donde pudiera comer.
Tal parecía que todo marcharía según lo planeado, pero ni siquiera el nuevo Ash era capaz de poder ver que dentro de unas horas, cientos de soldados del Equipo Rocket le pisarían los talones cuales cazadores a una peligrosa bestia.
Dentro de una tienda de libros que Ash pasó de largo junto con su Raichu, se encontraba una mujer de pronunciados rizos rubios que se encontraba leyendo una revista (o al menos eso quería pretender). Después de que el siniestro entrenador pasó por el inmenso ventanal de la tienda, la chica conocida como la Agente 009, levantó la vista para asegurarse de que el muchacho no la estaba viendo y habló a través de un micrófono oculto en su oreja izquierda:
—El blanco se mueve con dirección hacia el Hotel Vermilion Sky —habló por el micrófono la agente.
—Compañía moviéndose hacia Vermilion Sky...
En el techo de uno de los tantos edificios de Vermilion City, se encontraban otros 2 agentes del Equipo Rocket observando con sus binoculares:
—Me parece demasiado despliegue de fuerza para atrapar a un mocoso —dijo un hombre de constitución fuerte con una voz ronca y de pelo verdeazulado.
—Puede que te parezca ridículo, Butch, pero el Señor Milenio ya nos advirtió que este muchachillo es cosa seria. ¿O acaso no te parece prueba suficiente el hecho de que mató a 6 de los nuestros, junto a sus pokémon, sin ningún recato de conciencia? —le reprendió su compañera rubia y de una belleza casi similar a la de la difunta Jesse (con la diferencia de que ella es 3 años menor que la occisa).
Antes de que Butch le pudiese contestar algo a Cassidy, los dos se vieron interrumpidos por una nueva voz que les hablaba por sus micrófonos:
—Atención. El blanco se dirige a su posición en Vermilion Sky.
—Aquí Cassidy —contestó la muchacha llevándose una mano al oído izquierdo para contestar a aquella voz—. Listos para entrar en acción en cuanto tengamos la orden.
—Afirmativo, agente Cassidy. Las compañía se encuentran en 2 calles paralelas a su posición. En cuanto el blanco esté cerca, tienen autorización para atacar.
Lejos de Vermilion City en algún lugar del Bosque Viridian, Giovanni Milenio se encontraba en una gran sala llena de grandes pantallas y tableros electrónicos: el Centro de Operaciones del Equipo Rocket. Giovanni presidía todos los movimientos sentado en una plataforma por encima de los demás trabajadores.
—Todo está listo mi señor —habló con voz solemne un hombre de unos 20 años mayor que Giovanni, de pelo cano y la misma mirada maligna de Giovanni—. Los agentes esperan la orden de atacar.
—Me gustaría que fuera todo en el mayor anonimato posible —respondió Giovanni con voz impasible desde su cómodo asiento de terciopelo—. ¿Cuál es el rango de posibilidad que tenemos de hacer esta operación de forma limpia?
—La probabilidad es de un 15%, señor Milenio —respondió un joven que se encontraba tecleando datos numéricos en su monitor.
—Con lo inestable que es el objetivo, es muy probable que se desate el caos entre los civiles —corroboro aquél señor canoso.
Giovanni se quedó pensando unos segundos hasta que finalmente dijo:
—¡No importan los costos! ¡Ese entrenador será mío hoy! ¡Que comience la Operación "Cacería"!
Las calles de Vermilion City estaban tan llenas de vida esa tarde. Nada parecía que arruinaría aquella bella cotidianidad. Sin embargo los pokémon que se encontraban en aquella calle de frente al hotel a donde se dirigía Ash no pensaban lo mismo.
Los pokémon, al igual que los animales comunes, pueden ser capaces de sentir en el aire la aproximación de algún desastre. Es por ello, que en toda la calle se empezaron a manifestar en diversos pokémon esa necesidad de alejarse del lugar lo más pronto posible. Varios Meowth, Pidgey, Snubull y otros tantos pokémon de ambientes urbanos empezaron a alejarse del lugar rápidamente, provocando el desconcierto de varias personas. Fue aún mayor ese desconcierto cuando algunos de los pokémon que acompañaban a las personas también se empezaban a mostrar inquietos y les gruñían a sus confundidos dueños, rogándoles porque abandonaran el lugar lo más rápido posible.
Ash y Raichu no fueron ajenos a este comportamiento de los pokémon a su alrededor. Raichu entonces volteó a ver a Ash y este simplemente levantó la vista al cielo, al tiempo que en su rostro se dibujaba aquella sonrisa demencial que usó cuando murió Charizard…
"Por fin… El juego va a comenzar…"
Nadie supo como ocurrió, nadie lo pudo ver venir… Súbitamente, de un lado de la calle se produjo una intensa explosión que provocó entre las personas confusión y pánico. Para hacer más terrorífica la situación, una segunda explosión se vio del otro lado de la calle y esta vez el pánico fue general. Todo mundo empezaba a correr; hombres, mujeres, niños y pokémon trataban de salir de allí lo antes posible…
—¡¿Qué haces allí parado, niño?! ¡Corre! —le gritaba a Ash un hombre de unos 45 años que trataba de sacar a su familia de allí.
Pero Ash no se inmutó. Se limitó a observar a su Raichu, quién inmediatamente se había colocado en posición de combate, esperando las órdenes de su amo y, al mismo tiempo, esperando a que se disipara el humo levantado por las explosiones.
Cuando el humo se levantó y no se encontraba en la calle ni un alma (salvo Ash), aparecieron ante el entrenador cientos de soldados Rocket apuntándole con varios rifles de diversos calibres. Ash solo se limitó a sonreírles y aplaudir burlonamente, para después decirles…
—Vaya, vaya. Milenio se superó a sí mismo esta vez. ¿No les parece muchachos?
—¡No te burles mocoso! —le rugió un agente Rocket musculoso— ¡Tenemos órdenes de capturarte con vida! ¡No me tientes y me hagas violar esa orden!
—Muy bien. Si de verdad me quieren capturar…
Raichu lanzó un poderoso Impac-trueno contra las 2 compañías del Equipo Rocket, con devastadores resultados…
—¡PUES TENDRÁN QUE LUCHAR PARA LOGRARLO!
Los Rockets que sobrevivieron a la descarga, se levantaron y el grito del jefe de las compañías no se hizo esperar:—¡ABRAN FUEGO!—.
Pero Ash fue más rápido que los Rockets, y antes de que se dieran cuenta, él ya había convocado a su Alakazam y le ordeno que levantase una gigantesca barrera psíquica que detuvo las balas. Los Rockets no pudieron evitar vaciar sus cartuchos y el maligno Ash, aprovechando la oportunidad convocó a su Nidoking y a un imponente Venasaur para ordenarles:
—¡Nidoking arrojales Ácido! ¡Venasaur, tú usa tus Hojas Navaja! ¡Sin piedad!
Los pokémon rugieron ante las despiadadas órdenes de su dueño, y cada uno arrojó sus ataques en contra de los Rocket. Los gritos de dolor y agonía no se hicieron esperar. A algunos Rockets que les caía el ácido, chillaban de dolor al ver como el líquido verdoso les quemaba la piel y la cara, mientras que otros más aullaban horriblemente cuando las hojas navaja de Venasaur les cortaban extremidades, empezando a sangrar copiosamente.
El agente Rocket, horrorizado de ver como sus hombres caían uno por uno ante el enfermo Ketchum, se escondió detrás de un cubo de basura y se llevó una mano a la oreja derecha para hablar por radio:
—¡Código Rojo! ¡Código Rojo! —gritaba el Rocket en medio del caos de la batalla— ¡Estamos perdiendo muchos hombres! ¡Necesitamos refuerzos! ¡Repito! ¡Necesitamos refuerzos!
En la Base de Operaciones Giovanni Milenio apretaba los puños y los dientes, furioso al oír (al igual que todos los trabajadores) la terrible masacre que estaba provocando ese niño.
—¡Señor! ¡¿Cuáles son sus órdenes?! —le gritó desesperado el Sub-Comandante.
—¡Qué se apresuren las compañías 2 y 4! ¡Y quiero que envíen a 4 escuadrones de Operaciones Especiales al lugar! ¡Ese mocoso no se saldrá con la suya!
—¡Aquí la Agente 009! ¡Estoy en camino con las compañías 2 y 4! —se escuchó la voz de la chica llamada Domino, en la sala.
—¡Butch y Cassidy aquí! —se escucharon las voces dobles— ¡Empezaremos el ataque de apoyo para ganar tiempo!
—¡Domino, Butch y Cassidy! ¡Deben de mantenerse alejados de ese muchacho! ¡Dirijan los ataques desde posiciones seguras pero no se muestren al enemigo! —gritó Milenio.
En el techo del segundo edificio de donde se encontraba la batalla, Butch y Cassidy dieron la orden de atacar a la compañía que tenían detrás de ellos. Ahora con un nuevo grupo atacando desde el techo, Ash le ordenó a su Alakazam que los rodeara a todos en una burbuja protectora con el fin de evitar cualquier ataque de cualquier lado. A continuación, Ash liberó a un Magmar y le ordenó un lanzallamas al techo para obligarlos a retroceder…
La batalla se estaba prolongando y las fuerzas estaban parejas. Por cada 25 Rockets que Ash derrotaba, por llamarlo de esa forma, aparecían 50 más dispuestos a reducir al entrenador a cualquier costo. Cuando las fuerzas especiales de los Rocket, vestidos con exoesqueletos especiales y armados con ametralladoras FN P90, hicieron aparición en la batalla; poco a poco los Rocket iban ganando ventaja. Viendo que esta era una batalla en la que difícilmente podría ganar, Ash entonces ordenó a su Nidoking que provocara un Terremoto para desestabilizar a sus atacantes y poder darle oportunidad de escapar. Una vez que los Rockets se encontraron confundidos por el terremoto desatado por su Nidoking, Ash convocó de vuelta a sus pokémon (excepto a su Alakazan) y junto con su Raichu, salieron corriendo dentro de un callejón.
—¡El blanco está escapando! ¡Repito! ¡El blanco se nos escapa! —dijo el agente Rocket que había luchado contra Ash en la radio.
—¡No lo pierdan! —bramó Giovanni furioso al oír esa noticia— ¡No lo dejen escapar!
—¡Aquí la Agente 009! ¡¿Hacía donde se mueve el blanco?! —habló Domino.
—¡El blanco se encuentra a 10 metros al oeste de su posición! ¡Intenta alejarse de la zona de ataque!
—¡Copiado! ¡Encontraremos al blanco y lo neutralizaremos! —respondió de forma confiada la chica Rocket.
—¡Que Butch y Cassidy sigan a ese muchacho! —ordenó Giovanni rápidamente— ¡Asegúrense de llevarlo donde Domino!
—¡A la orden, señor! —respondieron los aludidos al unísono.
Mientras tanto Ash y sus pokémon, Raichu y Alakazam, se encontraban corriendo por una pequeña calle detrás de los edificios mayores, con la esperanza de eludir a sus perseguidores. Para la buena suerte del entrenador, el caos de las explosiones y la batalla contra los Rocket se había extendido hasta toda el área del centro de la ciudad. Miles de personas corrían a todas direcciones con el fin de alejarse del área metropolitana lo antes posible.
Ash aprovechó esa ventaja sin pensarlo. Tras regresar a su Alakazam a la pokébola y asegurar a Raichu en su hombro, el entrenador se mezcló entre la multitud y se dirigió a las afueras de la ciudad. Desafortunadamente, no contaba con que la agente Domino había llegado al lugar. De nueva cuenta, el pánico fue general…
—¡Ríndete ahora mismo, muchacho! —le gritó Domino mientras detrás de ella se colocaban en posición de ataque decenas de Rockets.
Ash iba a repetir la misma táctica del Impac-trueno de su Raichu pero detrás de él, aparecieron Butch y Cassidy al mando de otros muchos soldados Rocket. Esta vez, Ash estaba rodeado…
—Ríndete, niño —le ordenó Cassidy—. Se acabó el juego. Ya no tienes a donde ir.
Ash solo miró a los dos lados en donde tenía Rockets apuntándole. Por un momento consideró volver a llamar a su Alakazam pero la otra agente, Domino, le gritó como adivinando lo que pensaba hacer:
—Un movimiento en falso y te matamos aquí mismo, mocoso.
Cayendo en cuenta de que no tenía sentido seguir luchando, Ash se llevó las manos hacia la nuca y se puso de rodillas, esperando a que se lo llevaran preso. Butch le hizo la seña a un soldado Rocket de que lo asegurara para llevárselo. El soldado avanzó con cautela y con su arma apuntándole en todo momento. Tras asegurarse que Ash no impondría resistencia, le golpeó la cabeza con la culata de su rifle para dejarlo inconsciente y poder llevárselo.
A lo lejos, una chica pelirroja que tenía su pelo suelto y estaba vestida con una chaqueta y pantalones de jeans, observaba con asombro como una camioneta negra se llevaba a Ketchum de la ciudad. Después de asegurarse de que no había ningún Rocket, se fue detrás de esa camioneta en su bicicleta.
