FIC TERMINADO, EN MEMORIA DE TITO.

A quien llevo en mi corazón y quien estuvo conmigo durante la realización de este y otros fics.

Descansa en paz, mi bellísimo ángel negro de ojos amarillos como el sol.



X CAPÍTULO FINAL

EL VALOR DE SEGUIR


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Kardia de Escorpio iba enfadado hacia la Casa de Piscis.

—Albafica —gruñía a punto de entrar a la Casa de Acuario.

Estaba dispuesto a golpearlo, el muy maldito lo había arrojado a las escaleras del Templo de Aries cuando sabía que al estúpido bobalicón que la custodiaba no tenía miramientos para echarle agua fría cuando lo veía con resaca y durmiendo en las escaleras de la primera casa.

Shion ya le había advertido lo que le haría si volvía a quedarse dormido ahí pero Kardia nunca creyó que hablase en serio.

Dado a que durante algunos días se la pasó durmiendo, con la misma ropa sobre su cama en Escorpio, hoy ya se sentía con las suficientes fuerzas para ir y encararlo antes de hacer cualquier otra cosa. Incluso por encima de la idea de darse un baño y es que Kardia no iba a impresionar a nadie, sólo iba a golpear al idiota de Piscis.

«Es la última vez que lo invito a algún sitio» se prometía molesto. Él quería hacer su buena obra del día invitándole una cerveza y Albafica le pagaba dejándolo botado en las escaleras.

Pero ya vería.

Buscó a Dégel con la mirada al llegar a la Casa de Acuario pero no lo encontró así que fue a la cocina, necesitaba comer algo y ya que él no tenía nada en su alacena… iba a tomar algo prestado de su amigo, por una fruta Dégel no moriría de hambre, ¿o sí? Pero muy para su pesar, ahí en la cocina lo vio con una mueca en su cara que Kardia no pudo descifrar.

—¿Qué diablos haces? —preguntó el Santo de Escorpio al verlo cortar pedazos de fruta y poniéndolos en un plato—. Mmm, ¿es para mí?

—No, para mí —respondió otro hombre al cual Kardia conocía bien.

—¿Qué diablos hace usted aqu…í? —preguntó Kardia sorprendido por ver al padre de Agasha con un bebé en brazos.

En shock, Kardia miró a su compañero concentrado en su tarea y luego volvió al hombre.

—De acuerdo… esto me tiene sorprendido.

Ignorándolo, Dégel echó pedazos de manzana junto a otros de mango en el plato y se lo entregó al hombre.

—Gracias —suspiró el señor—, ¿la leche ya está en su punto?

—Falta poco.

—No lo olvide, mitad de leche y…

—Mitad de agua y muy poco de azúcar —respondió haciendo caso omiso a la cara que Kardia tenía.

—Bien —miró al bebé y sonrió—. Bebé, el abuelo debe comer. Dejaremos descansar a tu mami un rato, ¿de acuerdo? No soy fan de darle leche de vaca a un bebé pero una vez no le hará daño. Vamos, pequeño, cuando despiertes seguro tendrás hambre.

Ante la asombrada cara de Kardia, el Santo de Acuario se giró hacia la pequeña hoguera que tenía específicamente para cocinar y levantó la tapa de una olla oscura, la leche de vaca apenas estaba calentándose pero según las órdenes del hombre esta debía hervir por un rato antes de apagarla y dejarla enfriar un poco para el consumo del infante.

—¿Cuánto tiempo dormí? —preguntó sacado de circulación.

—Por el olor que llevas —tapó la olla y se levantó mirando a Kardia—, yo diría que por lo menos una semana. Lárgate y báñate, apestas.

—Sí, sí, lo haré cuando me digas en qué momento embarazaste a la florecita —preguntó casi indignado—, ¿sabías que el pobre de Albafica por poco se muere al dejarla y tú vas y…?

Antes de que terminase de hablar una cuchara golpeó su nuca. Albafica estaba atrás de él con una cara de pocos amigos.

—¡Tú! —gruñó Kardia señalándolo—. ¿Sabes lo que me hizo el maldito de Shion cuando me encontró tirado sobre las escaleras de Aries?

—No lo sé ni me importa —le dijo con esa molesta indiferencia suya, luego miró a Dégel—. ¿Están aquí?

—Dijo tu suegro que estaría cerca de la entrada, está desayunando.

—Gracias.

Al verlo marcharse, Kardia abordó de nuevo a Dégel.

—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Cómo que suegro? ¿Y de dónde salió ese bebé? ¿Es un bebé cierto?

—¿Qué otra cosa puede ser?

Kardia lo sostuvo de la ropa y lo agitó.

—¡Espera! ¡Dime qué demonios pasa!

Dégel lo miró irritado, luego se llevó una mano a la nariz para tapársela.

—Suéltame y vete a bañar —le gruñó—. Debo vigilar la leche del bebé.

—¡No pude haber dormido tanto! —exclamó agitando a su amigo—, ¡exijo respuestas!

—Buenos días. Señor Dégel, señor Kardia —saludó Agasha tallándose los ojos y bostezando—, iré a encontrarme con mi padre. Con permiso.

—Ve —le dijo Dégel quitándose de encima las manos de Kardia—. ¿Quieres relajarte? Te explicaré todo pero deja de romperme los nervios que no he podido dormir en varias noches.

Ahora que lo veía, Dégel tenía unas delicadas manchas oscuras alrededor de sus ojos.

Calmándose, Kardia se sentó a escuchar el relato de todo lo que había pasado. La enfermedad de Agasha, el padecimiento de Albafica al tratar salvarla, la visita de la diosa Afrodita (la cual seguía preocupando a Dégel) y su llegada al Santuario la noche anterior.

Al terminar Kardia estaba con la boca abierta, Dégel le dio un manotazo para hacerlo despertar.

—Ehhh —articuló anonadado hasta volver en sí mismo otra vez—. ¿Estás diciéndome que la florecita estaba embarazada de Albafica y que por poco se muere ayer, y que fue ayer cuando precisamente la diosa Afrodita bajó del Olimpo para extraer al bebé de su cuerpo antes de que el veneno que el bebé heredó de Albafica la matase y es por eso que ahora hay un recién nacido en tu Templo? —preguntó rápido procurando simplificar todo.

Viendo que en efecto había resumido toda la historia en una sola pregunta, Dégel asintió viéndolo con agotamiento. Siendo claros, el Santo de Acuario prefería estar entrenando en Siberia en ropa interior que estar cuidando al bebé.

No es que odiase al niño pero ser tío no era lo suyo, además, Kardia se moriría de la risa si se enterase de los constantes ataques de pánico que sufrió Dégel por la madrugada al ver que el niño a veces hacía movimientos raros con la boca y las manos. Mejor ni hablemos de la histeria silenciosa que lo atacó cuando lo miró por varios minutos y juró que no estaba respirando.

—No puede ser amigo mío. ¡¿Sabes lo que eso significa?! —con una sonrisa se levantó de golpe tomando a Dégel de nuevo por la ropa, éste lo apartó de un manotazo otra vez—. ¡Significa que Mū, Camus y Milo tendrán un compañero! ¡Ya van cuatro y ya veremos si Hasgard tuvo suerte buscando sucesor en América!

Dégel arqueó una ceja.

—¿Milo?

—Ah no te lo había dicho. Sí, Milo es mi aprendiz; es un niñato muy fuerte, mira estaba un poco reacio al respecto de ser niñera, pero el mocoso me agradó. Estoy seguro que será digno.

Dioses, qué buena noticia… más niños. Pero Dégel se moría por querer dormir un poco.

—Se ve que esto te tiene muy agotado, ¿estás bien? —preguntó Kardia preocupado.

—Sí… sólo… —miró la olla y escuchó que ya debía apagar el fuego cosa que hizo sin esfuerzo usando su cosmos—, quiero dormir.

—¿Necesitas ayuda?

—¿Qué dije la última vez sobre mi cocina? —preguntó Dégel destapando la olla dejando que se escapase el vapor acumulado.

Ni aunque el Tártaro vea la luz del día dejaré que vuelvas a intentar tocar algo de aquí… o algo así —remedó Kardia usando el tono intelectual de Dégel pero en esta ocasión no consiguió irritarlo—. Debes estar hecho puré para no querer golpearme.

—Te golpearé después de haber descansado.

Negando con la cabeza, Kardia dejó a su colega hacer lo que sea que tuviese que hacer para ir a visitar al nuevo integrante de la familia. Pues eso era lo que consideraba que eran todos y cada uno de los Santos Dorados.

—Hey, aquí está el nene —alzó la voz al ver a trío. Albafica lo miró fastidiado, por su lado Agasha le sonrió.

El señor Lander por la madrugada fue visitado por Albafica, para la sorpresa del caballero, encontró al hombre sentado en las escaleras que dividían Piscis y Acuario. Una vez ahí platicaron prácticamente de lo mismo que la noche en la que el padre de Agasha se enteró de todo.

»¿Y qué pasará con eso de hacerla sufrir? —acorraló Lander esperando impaciente la respuesta de Albafica, la cual llegó rápido.

»Mientras viva, mi prioridad será hacerla feliz.

Lander y Albafica pactaron tratar de conocerse más y forjar una relación sana padre-hijo no sólo por el bien de Agasha, sino para el bebé también cuyo nombre había mantenido pensativos a ambos hombres.

»No se me ocurre nada —admitió Lander—, fue la madre de Agasha quien eligió su nombre.

»Jamás he nombrado a nada ni a nadie en mi vida.

La parte buena de eso fue al menos tenían algo en común de lo qué charlar.

Agasha, desde la entrada del templo y con su hijo en brazos, el cual ya estaba durmiendo luego de haberle amamantado, pensó en lo bien que se veían juntos. Los hombres que ella amaba.

»Pido que le des a ese bebé un nombre en mi honor. —En un principio ella había pensado que la melodiosa voz femenina que escuchó hablando con Albafica había sido parte de un sueño, pero no fue así.

Entonces, ¿cómo habría de llamar a su pequeño?

La chica, con varias opciones en la cabeza, se acercó lento y con una sonrisa hacia el dúo. Cuando los llamó su padre rápidamente tomó al bebé y Albafica le puso su capa encima de los hombros, luego la reprendió por haber salido de la cama si aún se veía cansada.

»Tengo una idea para su nombre —les comunicó—, si les parece bien quisiera dar mis opciones.

Ignorándola, el padre de Agasha le pidió retirarse a cambiar, a Albafica le pidió acompañarla y él dijo que iría con el señor Dégel para mantener al bebé en cuidados mientras ellos se aseaban.

Dado a que Albafica aún no estaba seguro si la diosa Afrodita había dejado sin secuelas a Agasha luego de extraer al bebé prefirió mantener sus manos alejadas del cuerpo de ella. Para Agasha fue un tanto cómico oírlo desde afuera del baño preguntándole si estaba bien.

»Puedes pasar si quieres —incitaba burlona, aguantando la risa, sabiendo que él no estaba seguro de hacer nada con ella en una pequeña piscina cuya agua fluía bastante bien y siempre parecía estar a una temperatura perfecta.

En el proceso tocó su vientre y no vio cicatriz alguna, como si no acabase de expulsar a un bebé por obra de los dioses. Sus pechos se habían hecho más grandes y pesados, sus pezones daban comezón y sabía exactamente por qué había pasado eso. Su cabello curiosamente también había cambiado un poco, parecía más grueso y un tanto más largo, la piel de sus manos y piernas se sentía más suave. Rayos como había deseado que Albafica pudiese verla y tocarla.

Lamentablemente tan pronto como ella abandonó la ducha pasó él de largo sin preguntarle nada, ni siquiera la miró. Lejos de ofenderse Agasha se rio quedamente al saber que si lo obligaba a sentir cuántas tallas había parecido aumentar su busto no bajarían con su padre en toda la tarde.

Pero ella se equivocaba, en definitiva él se dio cuenta qué tanto había crecido Agasha de su pecho. Ayer por todo lo ocurrido no había caído en cuenta de nada, pero al verla salir con una sola toalla rodeando su cuerpo pudo mirar, sediento, dos grandes bultos sobresalir de la prenda que le impedía admirar su belleza.

Tuvo que hacerse cargo de todo peligro de hacer el ridículo enfrente de ella mientras se bañaba. Se complació a sí mismo lo más rápido que pudo imaginando cómo sería llevarse al menos uno de sus pezones a la boca y succionarlo hasta dejarlo completamente rojo; el recuerdo de la sensación gloriosa de hundirse en ella hasta la funda y de sus eróticos gemidos lo ayudaron a alcanzar el alivio.

Una vez que el asunto estuvo resuelto pudo salir y encarar a Agasha quien usaba una toga de falda larga.

Con los ojos entrecerrados Albafica miró que su pecho se marcaba con fuerza.

»Lo siento, creo que creció un poco —dijo ella alzando las manos antes de que él optase por buscar una capa vieja para ella. Arrojándosela—. ¿No planeas ponerme esto, verdad?

»¿Planeas mostrar cuánto te ha crecido el pecho en frente de todo Caballero Dorado que te vea?

Decidida a picar su lado celoso, Agasha jugó sucio.

»Claro por qué no —le sonrió pícara apretando los pechos con los brazos, acentuándolos más.

Para su desgracia, Albafica también tenía sus trucos y su frialdad no se limitaba tan sólo a las peleas contra espectros.

»Hazlo y te juro por Zeus que yo bajaré a Rodorio con solo los pantalones puestos.

»Ja, no hay valor —se burló Agasha pensando en que él bromeaba, después de todo la palabra "exhibicionista" jamás ha podido ser unida a él.

La burla se le borró de la cara cuando lo vio desprenderse de su camisa. ¿Cuáles eran las posibilidades de que Agasha captase la atención de los Santos Dorados y cuáles eran las posibilidades de que Albafica no lo hiciese con las solteronas de Rodorio?

La balanza no estaba favoreciéndola a ella si Agasha tomaba en cuenta que incluso con la armadura puesta Albafica levantaba miradas lujuriosas hacia su persona mientras que los Santos Dorados hasta ahora parecían verla a ella como a una niña.

»No lo harás… no eres capaz… —tartamudeó tragando saliva.

La mirada de él no estaba dudando cuando caminó por de lado de ella para ir a la salida de Piscis.

¡Espera! ¡Espera! ¡Está bien! ¡Usaré la maldita capa pero ponte ya la estúpida camisa!

Lo sostuvo de los brazos, al detenerse ella chocó contra su espalda. Debido a la sensibilidad que había adoptado Agasha soltó un pequeño gemido a lo que Albafica dijo:

»Ponte ya la capa —dijo con voz ronca.

Conociendo ese tono de voz Agasha prefirió hacerlo rápido para luego bajar hasta Acuario y encontrarse con que el señor Dégel estaba siendo visitado por el señor Kardia. Luego de saludar, Kardia se fue rápido a Escorpio para asearse mientras Dégel llamaba a algunas doncellas que pudiesen ayudarles con el desayuno.

Al estar todos juntos en la mesa que había en el pequeño comedor de la Casa de Acuario, Agasha suspiró al terminar sus alimentos y viendo al resto sin intenciones de detenerse.

—Disculpen, ¿ya puedo decir cómo desearía poder llamar al bebé? —preguntó Agasha recibiendo al niño de su padre luego de que este se hubiese cansado del brazo.

—Adelante —dijo Lander recibiendo un vaso con agua.

Agasha miró a su hijo dormir y luego a Albafica.

—Quisiera llamarle Urian.

—Mmm, curioso —dijo Kardia sin dejar de devorar el pedazo de pan en sus manos, bebiendo leche de vaca—. Un nombre consagrado al titán Urano, el padre de Afrodita.

—No conozco nombres para niños que estén consagrados a ella —informó Agasha luego de deshacerse los sesos buscando y buscando alguno que le gustase más que Urian pero no encontró nada—. Así que pensé en uno que pudiese relacionarse, además de que siempre me ha gustado ese nombre. ¿Crees que la diosa se moleste? ¿Tú qué opinas? ¿Tienes otro nombre en mente? —le preguntó a Albafica, este negó con la cabeza.

—No sé si a Afrodita le guste pero yo no tengo objeciones.

—Tampoco yo —se oyó la voz de la diosa atrás de Kardia quien al girarse y verla saltó en su sitio.

El padre de Agasha por poco dejó caer el vaso de agua y el señor Dégel la miró alerta.

—Tranquilos, sólo quería hacerle una última visita al pequeño Urian antes de irme. Psique me necesita y no puedo dejar a mi niña sola sin mis sabios consejos —desapareció y reapareció al lado de Agasha y el bebé, al verlo le dijo a Agasha—: Tus miedos serán reales.

—¿Qué? ¿Qué miedos? —preguntó espantada.

—Será guapo cuando crezca —le guiñó el ojo, sonriendo burlona—. Posiblemente vaya a ser hasta más guapo que su padre.

—¿Seguimos hablando de un niño? —se atrevió a preguntar Kardia una vez fuera de su impresión por la exuberante belleza de la diosa—, es decir, mírenlo a él. ¿Se puede ser más guapo y no ser una niña?

Afrodita se rio.

—Por supuesto que se puede —le dio un último beso al bebé en la frente y desapareció como llegó.

Kardia borró todo rastro de humor de su cara y miró a sus colegas.

—¿Desde cuándo es posible aparecer y reaparecer a voluntad adentro de las Casas del Zodiaco?

Se supone que debido a la poderosa voluntad de la diosa Athena nadie, ni dios, ni hombre, podría jamás atravesar las Casas del Zodiaco mágicamente, por mucho que lo intentase. A menos claro que dicha aparición haya sido permitida por la deidad… o fuese mucho más fuerte que la propia Athena.

El ambiente pensativo del grupo se hizo añicos ante el despertar de Urian, el cual anhelaba atención por parte de su madre. Entre quejidos, el niño rebuscó en el pecho de su madre.

Todos los caballeros en la mesa giraron las cabezas al entender qué era lo que el bebé quería.

Agasha se rio con un leve sonrojo en sus mejillas por la consideración, se descubrió el pecho y acomodando a Urian por debajo de la capa; una vez logrado eso les dijo:

—Pueden voltear ya, les aseguro que no se convertirán en piedra —bromeó sacándole una carcajada a Kardia.

—Quizás en piedra no, pero en añicos quién sabe —siguió el chiste seguido de un comentario irónico—, como ya sabes que el padre no es nada celoso.

En esta ocasión hasta Dégel soltó una débil risa. Albafica no dijo nada, simplemente miró el bulto bajo la capa de Agasha y se preguntó muchas cosas, todas sus dudas iban cargadas de pena y miedo.

—Relájate —le dijo Lander a su lado, Kardia y Agasha bromeaban entre ellos con respecto a que seguramente Urian tendría suerte si no heredaba el malhumor permanente de Albafica—. Todo ha sucedido demasiado pronto pero aprenderán —aseguró—, estoy convencido de que Agasha y tú serán buenos padres.

Albafica deseaba tener esa misma seguridad. Ni siquiera sabía cómo cuidarse a sí mismo, mucho menos a otro ser vivo que técnicamente dependería al 100% de él. Agasha no se mostraba temerosa, pero sus manos al temblar decían lo nerviosa que estaba, tal vez más que él.

—Ayúdense a superar este reto —el señor Lander se levantó de la mesa y fue hasta Agasha para poner una mano sobre su hombro—. Recuerda que después tienes que sacarle el aire —dijo lento para que todas sus palabras llegasen a la cabeza de su hija.

Ella le sonrió.

—Ya lo sé, podré hacerlo. ¿Verdad, Urian? —por obvias razones Urian no respondió—, está de acuerdo.

Gracias a que Kardia se había encariñado con Urian apenas pudo verle la cara mientras dormía, al caer la noche todos en el Santuario ya estaban al tanto de todo.

Sí, incluso del romance que habían estado sosteniendo Albafica y Agasha. Los primeros en visitar la Casa de Piscis con las intenciones de visitar a la pareja y Urian, fueron Sasha y el Patriarca. Ambos tuvieron la oportunidad de cargar al infante y dar sus respectivas bendiciones.

Agasha se sintió sumamente honrada por la visita de la diosa y su Ilustrísima, dejó que ambos rezasen para el bienestar de Urian y al final le permitiesen a ella y al niño quedarse en el Santuario junto a Albafica. Este por supuesto les agradeció a ambos por el gesto.

Sasha no lo dijo abiertamente, pero se sintió maravillada por el cambio que logró captar en el espíritu de su guerrero.

Más tarde llegaron Sisyphus y Regulus, este último ya casi sin aliento al contemplar a Agasha junto al bebé en la cuna que el señor Lander pudo comprar apenas se vio en el tiempo de hacerlo.

—Wow… es demasiado pequeño —musitó Regulus acercando su dedo índice para tocar la manita de Urian, al rozarla la quitó rápidamente—. Siento que lo romperé —se rio nervioso ante Agasha, quien negó con la cabeza riendo también.

—Estoy segura que no lo harás.

—¿Pero y qué tal si sí?

Sisyphus quien salió un rato a tomar aire fresco con Albafica le confesó un secreto.

—Nunca creí que de todos en las Doce Casas fueses tú uno de los pocos en sentar cabeza —no hubo burla ni ironía en su voz. Pero Albafica pudo percibir un sentimiento más allá, ¿nostalgia? ¿Tristeza?—. Felicidades, Albafica.

—Gracias, Sisyphus —fue lo único que pudo decirle al de Sagitario.

Qué la luz y la sabiduría de Athena te sonrían siempre a ti y a tu familia —recitó como último antes de emprender marcha a su propia casa.

Albafica no era un experto en sentimentalismos ni tampoco era muy intuitivo, pero no era ciego y desde que vio un sentimiento tormentoso en los ojos de Sisyphus al contemplar a Urian en los brazos de Agasha con él a su lado, Albafica supo que el Caballero de Sagitario guardaba un secreto. Quizás algo más oculto y prohibido que su propia relación con Agasha. Si era así, entonces Sisyphus tenía problemas aún más gordos que los de Albafica.

—Ojalá llegue el día en el que los dioses te sonrían también a ti —pidió Albafica en latín sintiendo la presencia de Regulus acercándose.

—¡Mira, mira! Le caigo bien —decía el joven Caballero con Urian en brazos; el chico no tenía su armadura puesta lo que era un gran alivio a la hora de acomodar al bebé.

Albafica lo miró acunar a su hijo con una sonrisa. Entonces pensó en las palabras de Kardia.

»Somos como hermanos.

Rogaba porque Kardia no se equivocase. No es que Albafica fuese supersticioso ni que pensara siempre en negativo, pero las incontables anécdotas oscuras que se contaban con respecto a los hermanos nacidos en el Santuario le daban escalofríos, una prueba clara de la veracidad de ello eran los actuales gemelos de Géminis y el largo historial del pasado de todos los Santos que protegían esa Casa.

Géminis. Porque no importaba si el gemelo no aparecía en el momento o si el caballero no recordase o supiese tener uno; el gemelo aparecería sí o sí y siguiendo la ya temida maldición de su estrella ambos hermanos estaban destinados a enfrentarse, por los siglos de los siglos.

Albafica en el fondo no creía que su destino fuese el más miserable si lo ponía en la mesa junto a los de sus colegas; Regulus por ejemplo había seguido los pasos de su padre Ilias y ahora llevaba la Armadura de Leo, pero de raras veces sonreía cómo lo hacía ahora. De raras veces se le había permitido ser un niño ya que el pobre, había sido reclutado demasiado pronto para aceptar su destino.

—¿Y a dónde se fue Sisyphus? —preguntó Regulus tratando de localizar a su tío, Albafica le dijo que él tuvo algo que hacer y se marchó—. Aw, qué mal. Ni siquiera cargó a Urian.

El joven de Leo regresó con Agasha pues Urian despertó y empezó a llorar al no tener a su madre con él. Se quedó por un tiempo corto antes de tener que ir a atender sus propios deberes, al poco tiempo aparecieron otros caballeros a ver el milagro. Algunos curiosos al no creer que hubiese un bebé nacido de la chica de las flores y el Santo de Piscis.

»¡Entonces sí era cierto! —exclamó Tenma de Pegaso gritando como si hubiese visto una segunda cabeza en el infante, Yuzuriha de Grulla lo miró molesta y Yato de Unicornio le dio un golpe en su nuca.

»Idiota —le dijo él.

Agasha se divirtió mucho con las visitas que iban y venían, haciéndola olvidarse por un buen rato que estuvo a punto de perder a Albafica y su propia vida. Urian dormía otra vez cuando el señor Dohko y Shion, los últimos en visitarlos, se marcharon para dejarlos descansar.

—¿Estás bien? Has estado muy callado todo el día —le preguntó Agasha a Albafica, abrazándolo por la espalda, estando ya en la habitación de ambos—. Es decir, tú ya eres callado… pero no lo has sido tanto —bromeó.

Después de cenar, habían acomodado la cuna de Urian del lado de Agasha y aunque en un principio pensaron en dejarlo dormir en ella, al final optaron por mantener posiciones como la noche de ayer, dejándolo bien cubierto en medio de la cama y protegido por ambos.

Después de varios días de probando las llamas del infierno quemándolo vivo, Albafica por fin pudo respirar a gusto sintiendo el sol cubriendo su rostro con una nueva esperanza.

Sonriente, tomó las manos de Agasha con las suyas y dio un suave apretón.

—Estoy bien —le respondió, girándose para acariciar su rostro—. Gracias por estar conmigo.

Agasha sonrió.

—No tienes por qué agradecerme —ella llevó sus manos al rostro del él e imitó las caricias—, venga, hay que dormir.

Albafica asintió conteniendo las furiosas ganas de besarla, ella estaba cansada y él aunque no había peleado contra ningún enemigo (¿podría contarse a sí mismo?) se sentía agotado. Además, ya tendría mucho tiempo para demostrarle lo mucho que la adoraba, valoraba y respetaba; ambos merecían un largo sueño.

Los dos se acostaron con cuidado, se miraron a los ojos en silencio por un corto rato antes de que Agasha cayese dormida.

—Descansa —suspiró él cerrando sus ojos también.

O eso hasta que Urian les recordó que el descanso no iba a llegar a ellos cuando cayese la noche… tampoco iba a dejarlos dormir en paz por mucho tiempo. El bebé lloró con fuerza, los padres se levantaron rápido. Necesitaba un cambio de pañal. Agasha hizo lo mejor que pudo como le había indicado su padre, sin embargo Urian seguía llorando.

Intentaron muchas cosas, ninguna efectiva. El bebé no tenía hambre, se encontraba limpio y por mucho que Agasha lo meciese no paraba su llanto. Cansado y lo suficientemente desesperado por ayuda, Albafica bajó rápido hasta Acuario donde el padre de Agasha dormía en un tapete grueso con cobijas en medio de la cocina.

Lander, soñoliento y preocupado por Urian acompañó al Caballero hasta Agasha quien ya estaba rogándole al bebé porque le dijese qué era lo que tenía.

Cuando el señor lo oyó rápidamente dedujo que el niño tenía calor por las cobijas y por el clima. Ordenó a Agasha traerle ropa ligera mientras él lo mecía.

Santo remedio.

Urian paró con lentitud su llanto al sentirse más fresco; al quitarle la ropa Lander también notó que el niño se había rozado, no fue nada grave, el señor Lander sólo les dijo que mantuvieran fresco su entrepierna y evitasen hacerlo acalorarse de nuevo. Mañana buscaría un poco de sábila para ayudar con esa rozadura.

Esa noche, Albafica y Agasha durmieron sólo dos horas antes de volver a despertar de sobresalto de nuevo. En esa ocasión Urian tenía hambre.

Sí, ser padres no iba a ser sencillo, pero harían el intento.

—FIN—


Aclarando un punto importante: falta epílogo y un OMAKE ESPECIAL!

Bueeeno, ¿y qué tal les pareció? Debo confesar que... bueno, a decir verdad como ya he aclarado antes en mi página de Facebook que no suelo ver a Afrodita como el hijo de Albafica. No sé, no puedo verlos como padre-hijo a diferencia de otros personajes de la serie original y TLC como Kardia y Milo. Aunque en un principio se me ocurrió emparentar a Afrodita y Albafica acá... bastante pronto deseché la idea,

No sé jaja, simplemente no puedo.

¡Espero que el fic les haya gustado! A mí en lo particular me encantó compartirlo y ver cómo una vez más era apoyada por esta amable comunidad.

¡Gracias!

Básicamente el fic ya terminó. Los dos capítulos extras los subiré pero este fic quedará como que "ya terminó", porque efectivamente este es el final. ¡FINITO! Pero no teman, subiré los episodios extras que faltan.

Ahora, como sabrán, voy a darme un pequeño tiempo con esta saga. Pasaré efímeramente de TLC a la serie original con la pareja: Milo x Shaina, con un fic que... como dije cuando hice la votación para seleccionar el fic que deseaban leer primero... tiene una similitud con este. ¡Estoy segura que lo notarán desde el inicio! ¡Lo sé! 7u7

¡LUEGO DE ACABAR ESE FIC! Volveré a TLC con mi otra cuenta, la cual les pido que sigan: Sagas de Adilay. Ahí publicaré las próximas entregas de "Decretos Divinos". Si les gustó "Milagrosa Piedad", con la pareja de Albafica y Agasha; entonces les pido que visiten la próxima entrega donde también tendrá su participación.

Ahí publico también mi otra mini-saga "Black Zodiac" donde básicamente hago pedazos a nuestros queridos santos, tanto física como emocionalmente. ¡Por favor, dénle una oportunidad!

¡Gracias por acompañarme en esta pequeña aventura!

¡Muy pronto el epílogo y el omake sorpesssssa! ¡Espérenlos! 7w7

Gracias por sus comentarios a:

MJ Keehl, dianix96, AngelElisha, y Cristal-Libra.


¡Muchísimas gracias por seguirme en esta historia!

¡Lo aprecio con el corazón!


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)


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