Al salir de la oficina del Hokage, Naruto estaba caminando en las nubes. Mañana estaría oficialmente casado con la mujer más bella del mundo y nadie podría separarlos. Sin embargo la euforia solo le duro un minuto, pues toda la villa estaba decorada de acuerdo a su humor rimbombante y llena de color. De pronto un escalofrió recorrió su espalda, hoy era el aniversario de la derrota del kyübi a manos del cuarto; hoy, por lo tanto, era su cumpleaños.
Corriendo lo más rápido posible mientras usaba un potente henge no jutsu para transformarse y pasar desapercibido, mientras corría despavorido hacia el monumento de los Hokages. También hizo un clon y lo desapareció para que el clon que estaba con Hinata pudiera avisarle donde estaría para que ella no fuera al departamento durante el festival.
Hinata corrió hacia su cuarto sin detenerse, sabía que su querido Naruto no demoraría mucho dando su informe y quería estar bonita para él. Hoy era el festival y aunque ella nunca lo había visto en los años anteriores; soñaba con que ese año podrían pasear juntos y divertirse como personas normales, una pareja sin ninguna preocupación ni ningún secreto.
Mientras sacaba su ropa para ver que se pondría decidió que lo mejor sería empacar todo de una vez. Cuando estaba terminando de empacar, Hanabi entro sin siquiera tocar. Sin hacerle el menor caso, Hinata, sello sus maletas en un pergamino y continúo recogiendo sus armas para empacarlas también.
-¿te vas a alguna misión?- pregunto la pequeña prodigio de la familia, fastidiada porque no la tomaba en cuenta.
-algo así…- le respondió sin dejar de guardar sus cosas, ignorándola. Una vez que termino, Hinata levanto los ojos y al ver que su hermana seguía allí le pregunto: -¿Querías algo, Hanabi?-
-¿A dónde vas?- le pregunto, plantándose frente a ella impidiéndole el paso.
-no tengo porque decírtelo- respondió Hinata. Dándole la espalda, termino de guardar lo último que quedaba sobre su mesa y a acomodar los pergaminos en una pequeña mochila. Con todo empacado, solo quedaba cambiarse para su cita. Pero su hermana seguía allí, golpeando el piso con su pie de forma insistente. Harta de sus majaderías, decidió echarla de su habitación. Antes de que Hanabi pudiese defenderse, Hinata le propino 15 golpes es rápida sucesión, quitándole el aire, tirándola fuera de su habitación y noqueándola. Cerró la puerta y se cambio de ropa. Después de ajustarse una blusa tipo corsé con las tiras plateadas que se ajustaban en el frente y verse en el espejo decidió a través de la nube roja que empañaba su rostro que lo mejor sería llevar su chaqueta encima.
Ni bien acomodo su chaqueta cubriendo su atuendo, Hanabi comenzó a golpear la puerta tratando de abrirla, mientras gritaba: -¡YO SOY LA HEREDERA DE ESTA CASA Y DEBES RESPONDER MIS PREGUNTAS O IRTE DE ESTA CASA Y NUNCA VOLVER!-
Hinata simplemente salió por la ventana sintiéndose libre por primera vez salto por la ventana planeando nunca volver.
Algunos techos más allá, la flor que llevaba en el pelo se transforma en un clon de Naruto.
-Hinata…- comenzó el clon tomando sus manos –debes ir al monumento de los Hokages, a la cima del tercero…-
-¿no teníamos una cita para comer?- pregunto ella
-la comida puede esperar, debemos escondernos antes de que el festival comience, no deben vernos…- dijo el clon casi al borde de la histeria. Después de la cantidad de años que lo había observado a la distancia, Hinata sabía que Naruto no era dado a la desesperación, ni al nerviosismo que ahora exhibía. Fuera lo que fuera que pasara era muy grave para él.
-está bien- respondió –transfórmate nuevamente y vámonos- saltando los techos de aldea, se alejo a toda prisa de la fiesta que comenzaba.
Mientras esperaba a Hinata, en la cima de la cabeza del tercer Hokage, recordaba el día en que se dio cuenta que la amaba. No era en líneas generales una historia feliz pero decidió compartirlo con ella. Mirando como ondeaba su cabello negro mientras se acercaba a él; rogo al cielo que nadie los encontrara y dio gracias porque ella lo amaba. Era la primera vez que no pasaría su cumpleaños solo.
Cuando ella llego, el de inmediato la llevo hacia el ojo derecho de la escultura donde un sello ocultaba la entrada a una caverna que el mismo tercero hizo para que él se escondiera en días como estos. Solo alguien con el chacra del kyübi era capaz de encontrar la entrada e ir a través de la pequeña abertura, hasta una pequeña cueva donde estarían seguros.
La última vez que estuvo allí… no, aun no era tiempo de internarse en esos oscuros recuerdos.
Ni bien atravesaron el umbral, Naruto sello la entrada. Prendió un par de lámparas y la condujo dentro de la montaña, hasta una cueva natural con una pequeña cascada que esta escondía. En la antesala acomodo el futon, que allí había, hasta hacerlo más acogedor para ambos. Tomo las manos de su dulce futura esposa y le dio un casto beso lleno y amor y tristeza. Tomados de la mano la guio hasta su improvisado lecho y suspiro… era tiempo de contarle su triste historia:
-Hinata, te preguntaras porque estamos aquí escondidos mientras los demás festejan. Veras… hace años un día como hoy, cuando el cuarto Hokage encerró al gran zorro dentro de mí; fue el día que nací y el día que fui maldito. Sé que esa no era la intención del cuarto, pero esa es la verdad. Si bien en un inicio el orfanato de la aldea me acogió como a muchos otros cuyos padres perecieron en la pelea para contener al kyübi; pronto una de las guardianas supo exactamente que sorpresa guardaba en mi interior. Felizmente no recuerdo mucho de esos años, nada hasta que cuando tuve casi 4. Un día de festival como hoy lo que era malo, se convirtió en una pesadilla.- escuchando como la tristeza empañaba sus palabras; Hinata, poco a poco se coloco de manera que toda la espalda de Naruto se apoyara sobre su pecho y su cabeza reposara junto a su corazón. Dándole el apoyo que sabía que necesitaba pero que jamás pediría-
-La responsable del albergue me llevo a un callejón oscuro y me dijo que la esperara pero ella no regreso, en su lugar una horda de ebrios y enojados aldeanos fueron por mí. Recuerdo el dolor de los golpes y es escozor que producen los cuchillos al cortarte. Como el dolor se cuela en tus sentidos, aislándote de todo lo mas hasta que es todo registras, antes de que el frio entumecimiento anuncie que tu conciencia escapa como agua entre tus dedos- Sus palabras no eran más altas que un susurro y lentas lagrimas surcaban su rostro mientras revivía los horrores de su pasado, que aun no podía olvidar.
-Se que no morí porque el kyübi me sano, pero no sane bien y los doctores del hospital tomaron gran placer en enmendar los errores de una sanación equivocada. Cada día reparaban un hueso distinto, a veces rompiéndolo varias veces hasta que quedaba como debía ser. Recuerdo como las enfermeras tomaban la manguera de incendios y con ella me bañaban cada vez que el Hokage venía a ver mi progreso. Lavando con al agua helada la sangre las lagrimas y todo lo demás…
pero al año siguiente, me sacaron del mismísimo hospital solo para después de apalearme regresarme de vuelta a las manos de los matasanos esos. Una vez que estuve lo suficientemente bien hui…- una carcajada llena de orgullo escapo de sus labios, a pesar de sus lagrimas.
-Les tomo una semana, a un escuadrón AMBU, encontrarme claro que ya había pasado casi un mes desde que había escapado. Vivía en uno de los laboratorios antiguos de Oroshimaru, tú sabes esos que se encuentran por las alcantarillas. Descubrí que a pesar del olor era la única forma segura de moverme por la ciudad. Pero finalmente me hallaron y el tercero, en vez de regresarme al hospital o al orfanato, compro para mí lo que ahora es nuestro departamento. Sin embargo estaba muy ocupado y ningún ninja quiso ayudarlo conmigo. Estaba solo y cuando tenía que salir normalmente me perdía, sobre todo cuando salía a conseguir comida. Trate de dejar un rastro de cosas pero la gente las cambiaba de lugar y a veces pasaban días hasta que podía regresar a casa. Uno de esos días fue que me encontró el dueño de Ichiraku. Me vio llorando y me pregunto que si tenía hambre y me dio a comer la cosa más deliciosa del mundo: un plato caliente de ramen me dijo que me quedara y cuando cerró la tiendo me llevo a casa. Durante las siguientes semanas iba por mi temprano por la mañana llevaba con él a la tienda. Me enseño todos los caminos para ir de su tienda a mi casa y me dio de comer se hizo mi amigo. El me contaba cuentos sobre los grande ninjas de la aldea. Fue él quien me inscribió en la escuela para ninjas y siempre me animo a pesar de mis constantes fallos…- aunque su voz se quebró a pesar de la sonrisa que iluminaba su rostro y las lágrimas que lo surcaba; las que Hinata seco, sin interrumpir su historia
las bromas pesadas en realidad comenzaron porque muchos profesores se negaban a enseñarme. Salvo Iruka sensei en realidad no tuve ningún otro maestro las jugarretas eran para probar todo lo que aprendía mientras escapaba de toda la guardia.
Pero las cosas se pusieron feas antes de mi primer examen para convertirme en gennin. Varios jounin y algunos ambus se enteraron de mis ambiciones y decidieron que debía morir. En los bosques que rodean la escuela; esa la tarde cuando estaba practicando fue emboscado por más de 20. Me ataron con cables y cada uno me apuñalo al menos cinco veces y mientras yacía en un charco de mi propia sangre ahogándome sin poder respirar, incapaz de desmayarme; pues me habían colocado un jutsu que usan con los prisioneros que han de torturar para poderlos mantener despiertos sin importar lo que suceda. Rogué morir, sin embargo allí permanecí viendo mis heridas sanar hasta que Iruka me encontró a la mañana siguiente.
Después de ese incidente intente muchas veces quitarme la vida mi último intento fue después de fallar el examen por segunda vez.
Era el día antes de mi cumpleaños y la ciudad se alistaba para celebrar. Mientras todos celebraban con sus padres o lloraban con ellos yo me senté en el columpio viendo como mi única posibilidad de ser respetado se me iba y que al día siguiente como todos los años recibiría una paliza por algo sobre lo que no tenía control alguno. Decidí que no lo soportaría más. El cortarme las venas no funcionaba porque sanaba muy rápido aunque lo había intentado por alguna razón, ahogarme no funcionaba y los chicos de la academia habían probado que enterrarme vivo, tampoco servía. Así que cuando el día acababa y sol me ocultaba de los ojos de los AMBU que me seguían siempre desde el incidente del primer examen salte desde la cabeza del cuarto. Parecía apropiado en el momento ya que él me condeno que él me liberara. Tres días yací entre los espinos y los matorrales al pie de esta montaña. Ese fue el mejor cumpleaños que tuve. Dormí todo el día y mire a las estrellas de noche mientras mis huesos soldaban y nadie me golpeo, apuñalo ni hirió por ser el carcelero y la cárcel del kyübi…- las palabras se agotaron y finalmente los sollozos se abrieron paso por su garganta y por primera vez en su vida alguien consoló a Naruto mientras lloraba hasta que sus ojos no dieron mas y el cansancio lo venció. En el dulce abrazo de Hinata pudo al fin saber lo que sienten los niños pequeños en el consuelo de sus madres.
Era la primera vez que Naruto dejaba salir todo el dolor que guardaba dentro, toda esa impotencia que durante años lo corroyó.
Hinata solo lo abrazo y lo acuno contra su pecho. A pesar de las lágrimas silenciosas también corrían por sus mejillas, determinación brillaba en sus ojos blancos. Juro que de ahora en adelante ella cuidaría de él. Sabía que el trabajo que tenían los separaría de vez en cuando y que ambos se verían forzados a hacer cosas que no deseaban. Sin embargo haría todo lo que estuviese en su poder para que nunca más estuviese solo y que jamás volviera a estar triste. Juro que pondría su felicidad primero y hacerlo feliz siempre que estuviese en su poder.
Cuando todas las lágrimas cesaron, exhaustos ambos se durmieron en los brazos del otro.
Parado sobre el mirador, Apa, la rana, recordaba la última vez que había visto a Naruto en ese mismo lugar dos años atrás: después de traer a Jiraiya para que Tsunade lo curara. Después de que este lo obligara a liberar el chacra del kyübi hasta las cuatro colas, Naruto perdió el control y lo ataco dejándolo muy mal herido. El joven ninja estaba en esa misma colina cuando lo invoco con lágrimas en los ojos le entrego dos cartas, una para cada una de los sannin y le dijo –esta vez encontrare una manera de morir, llevándome al kyübi conmigo, por favor explícales que soy demasiado peligroso para esta tarea. Diles que mi regalo para ellos es morir. Estoy seguro de que alegraran de que ya no los moleste más. Diles que fueron buenos conmigo y que por eso les doy gracias pero que ahora ya no es necesario que gasten su piedad en mí, hay otros que lo merecen más que este engendro fallido…-
Sus palabras aun ahora lo llenaban de ansiedad. Esa noche estuvo a punto de perder al chico. De no haber sido por Gamabunta y mucho alcohol ciertamente no habría podido convencerlo de que no se quitara la vida esa noche o en los meses venideros. Ahora se acercaba el tiempo de cumplir la promesa que mantenía con vida a ese chico y a pesar de la desazón que sentía había dado su palabra y debía cumplirla.
N.A: sorry por la demora. espero que les guste y el siguiente cap, sera un lemon de esos a los que los tengo acostumbrados.
gracias
