Obviamente Shingeki no Kyojin no es mío, es del señor, señorísimo y señorosomo Hajime Isayama.
Capítulo 10.
-¿Qué es la vida, Mikasa?... Es el Sol, la Tierra, las personas, las sonrisas, las miradas, los animales... la vida es una rueda que está siempre en movimiento, hace que las personas se muevan, caminen, lloren, rían y se tropiecen en el camino. La vida es respirar y mirar el cielo recostado bajo la sombra de un árbol. La vida es un regalo que se nos fue otorgado para tomar experiencias, es un todo y es un nada. Es un punto efímero del mundo que, como todo, se acaba. Es la muestra del amor de dos personas, un proceso que se lleva a cabo desde tiempos milenarios. La vida es azar también, capaz de poner situaciones complejas en nuestro camino sin aparente explicación. La vida es sorpresa. Es mirar al frente y regalar abrazos y saludos. La vida es motivación. Un impulso que te incentiva a mirar siempre al futuro de forma positiva... la vida eres tú también.
Miró sus ojos verdes con intensidad ante su afirmación. Su sonrisa amable la hacían sentir rara, y el brillo de su cabello rubio la enceguecía. Luci era hermosa, y sus palabras de motivación la aturdían debido a su profundidad y a su inspiración al momento de soltar un párrafo como aquel. Ella solo era una niña, pero se sintió mejor al escuchar palabras como aquellas.
Sintió una caricia en su cabeza y la miró con el ceño fruncido.
-Y si la vida es tan maravillosa como dices, ¿Por qué se acaba? ¿Por qué mis padres decidieron dejar de mirar el cielo debajo de la sombra de un árbol? ¿Por qué ya no podrán mirar al frente y abrazarme y darme besos?... ¿Por qué yo sigo aquí y ellos no, si se supone que soy vida también?.
Luci la miró atentamente, sin saber que decir por un momento. Era cierto, si le decía sus pensamientos a una niña de nueve años de esa forma, lo mas normal era que ella preguntara cosas como esas. Soltó un suspiro y comenzó a pensar la respuesta a su pregunta, cuando la obtuvo la miró con paciencia y su voz dulce invadió la habitación de la menor.
-Porque la vida se le es otorgada a las cosas en el planeta para que aprendan, para que vean cosas increíbles, para que sientan cosas nuevas. Todo en el mundo es efímero, Mikasa, todo se acabará algún día. Llegará un momento en el que las estrellas se apagarán definitivamente, en el que el Sol dejará de brillar, en el que la humanidad soltará su último suspiro de existencia, porque así como se nos bendijo con vida, al ver que ya hemos tenido experiencia en este mundo, no nos queda mas remedio que partir para reunirnos con nuestros antepasados en el cielo.
La vida es polvo, Mikasa. Bajo la presencia de un mínimo soplo de aire, esta se extingue como la llama de una vela; es por eso que siempre te digo que debes vivir como si este se tratase del último día de tu existencia. Esa noche no moriste porque el destino así lo quiso. Mikasa, tienes cosas pendientes que hacer, formarás parte de un futuro del que solo tú puedes ser consciente, solo tú puedes tomar las decisiones que determinarán lo que quieres para tu vida. Solo tú eres quien puede forjar tu propio camino.
-O-
Mikasa parpadeó un par de veces en la misma posición en la que se hallaba al momento de llegar a la casa de Carla. La miró con fijeza, transmitiendo todo su entendimiento a través de sus ojos hipnotizantes, comunicándole que ya había descubierto sus estrategias por medio de su expresión estoica, y advirtiéndole lo que pensaba hacer por su fruncimiento de labios y su rostro levemente ladeado. Ya no estaba dispuesta a seguir siendo la tonta de quien todos se burlasen. Ya estaba bueno de ser la feliz y despreocupada Mikasa. El demonio en su interior había despertado de nuevo y con mas fuerza que antes; ahora amenazaba con arrasar todo a su paso como si se tratara de la lava de un volcán.
La nieve a su espalda no parecía ser tan fría en comparación con su mirada, y eso alarmaba de sobremanera a Carla. Sus ojos perforándola con fiereza digna de una leona le advertía que ya habían sido descubiertos y que la chica rubia que estaba a su espalda corría un enorme peligro. Si tan solo Eren se diera cuenta de todo aquello, si tan solo pudiera él estar allí para detener todo lo que se aproximaba, pero él estaba en el interior hablando con Historia -o al menos eso rogaba ella-, no estaba al tanto de lo crítica que se había tornado la situación. Mikasa era letal, demasiado según su hijo. Fácilmente podía acabar con ella en un abrir y cerrar de ojos, pero no lo hizo, solo se dedicaba a mirarla, con esa expresión aterradora.
Una punzada en su pecho le supo a remordimiento, a dolor y a frustración. Al principio no estuvo de acuerdo con aquello, pero pronto accedió porque era un caso de suma importancia, y su hijo estaba involucrado en todo. Sabía lo egoísta que se estaba portando, Mikasa era una chica que había sufrido mucho siendo muy jóven, y ella estaba clavando mas la estaca en su lastimado y magullado corazón. Sus errores habían hecho que esa muchacha la mirara como lo hacía, y estaba dispuesta a morir en sus manos si eso la hacía sentir mejor. Pero nada de eso sucedió. Mikasa ni siquiera se tomó la molestia de acercarse a ella mínimamente, pero el tono que empleó en su voz fue tan filoso como las hojas de sus katanas.
-Bueno Carla ¿Qué te parece si entramos? No te mentí cuando te dije que hace frío -mencionó con sequedad y sin dejar ninguna emoción surcando sus ojos-.
Carla tragó duro y se hizo a un lado mecánicamente. Mikasa entró en la estancia y se despojó del sobretodo al sentir el agradable calor de la chimenea en el ambiente y lo dejó en el perchero junto a la puerta, volvió a encarar a Carla y llevó su dedo índice a sus labios, diciéndole con el gesto que callara. La mujer obedeció sin oponerse y sus ojos comenzaron a lagrimear ante la situación que estaba viviendo. Mikasa volvió a darle la espalda -tratando de no romper la firmeza que había impuesto en ella- y caminó como un alma silenciosa hacia la sala, donde estaba Eren e Historia besándose calmadamente.
Al mirarlos sintió un profundo dolor y odio en su pecho. La ira comenzó a subir a su cabeza y dio gracias a todos los santos por haber tenido un entrenamiento digno, además de varias horas de meditación para relajar la mente junto al enano. Caminó en silencio hasta el sofá que estaba detrás de la pareja y se sentó cómodamente, sintiendo la mirada llorosa de Carla puesta en su nuca. No despegó sus ojos oscuros de los labios que se movían con calma y cariño frente a ella, los labios de Eren acariciando los ajenos con un mimo indescriptible, tratando de llevarle calma con ese gesto a la rubia que mantenía abrazada firmemente de la cintura. Se cruzó de piernas y llevó su mano hasta su bota derecha donde reposaba tranquilamente su arma plateada, la sacó de su escondite y escuchó un jadeo prácticamente inaudible proveniente de la boca de Carla, luego, con la otra mano rebuscó en una de las bolsas que tenía sujeta en su mano desocupada y sacó uno de los trozos de pastel para llevárselo a la boca y degustarlo con falso deleite.
Quién diría que hace mas o menos media hora ese postre le había parecido divino, y ahora no le encontraba sabor alguno. Eren despegó su boca de la de la mujer y chocó su frente con la de ella.
-Todo va a estar bien, ¿De acuerdo? No voy a permitir que nada malo te pase -le prometió en voz baja-.
La "niña" asintió y lo abrazó por la cintura. Mikasa frunció un poco el ceño y siguió admirando la "hermosa película" que se llevaba a cabo frente a sus ojos. De pronto sintió asco de sí misma. Ese hombre la había besado a ella cuando anteriormente hacía lo mismo con esa asquerosa Reiss. Se mordió el labio con increíble fuerza para no dejar escapar un grito ni las mil maldiciones que morían por salir de su boca. Un ruido a su espalda le advirtió que Carla se había hecho notar, así que los protagonistas de la hermosamente patética escena frente a ella se separaron de inmediato y quedaron en shock al verla allí, sentada como si nada, con un pastel en su mano izquierda y una pistola en la derecha. Hermosa bienvenida.
Mikasa observó como cada músculo del cuerpo de Eren se tensaba y como Historia abría sus ojos azules desmesuradamente al notarla allí.
-¿Qué tal, Eren? ¿Te diviertes? Porque yo sí -le dio un mordisco a su pastel y luego abrió los ojos con exageración y negó con la mano que tenía el arma-. ¡Oh, no se preocupen por mí, continúen con lo que hacían que no pienso estorbarles de ninguna manera!.
Una mezcla de todas las emociones existentes pasó por el rostro de Eren, desde el pánico y el asombro, hasta la vergüenza y la pena, pero Mikasa solo se dedicó a comer. El miedo era latente en el hermoso rostro de la chica rubia que cada vez mas se escondía detrás de Eren. Mikasa se sintió asqueada ante su terrible debilidad, ante su miedo y cobardía. Definitivamente iba a divertirse con ella.
-¿Qué estás haciendo aquí, Mikasa? -preguntó Eren tratando de entretenerla para que no cometiera una locura-.
Mikasa tragó y lo miró.
-¿No es obvio? Vine a visitar a Carla y le traje un trozo de pastel. Pensé que sería bueno acompañarlo con un poco de café con leche. ¿Quién hubiera dicho que tú también te encontrabas aquí... y con semejante compañía?.
Miró a Historia como si se tratara de un depredador cazando a su presa e hizo que un estremecimiento se elevara por su columna vertebral, seguido del erizamiento del vello en su nuca. Historia casi pudo verla agazapada de forma felina en su asiento, casi pudo notar el brillo maligno extendiéndose en sus ojos con rapidez, y casi pudo sentir el sabor de la venganza y las ganas de sangre que sus hermosas facciones asiáticas dejaban ver sin censura. Tenía miedo de esa mujer, de su arma sostenida con soltura en su mano, de la advertencia que reinaba en sus ojos y del falso tono amistoso en su voz. Mikasa Ackerman era peligro puro en todos los sentidos.
Eren miró a Mikasa a los ojos, encontrándolos mas vacíos de lo que los había visto el día que la vio por primera vez. Sentía su corazón retumbando en sus oídos sin compasión y se maldijo por no haber tomado mas precauciones al momento de actuar. Ahora no solo Historia, sino también su madre y él mismo corrían peligro por su estupidez. Deseó con todas sus fuerzas que el Comandante Erwin entrara por esa puerta y los ayudara en esa situación, pero nada de eso sucedió. Pasaron unos cuantos minutos y Mikasa se cansó de solo observarlo, así que se puso de pie y comenzó a caminar por los alrededores de la sala, admirando una que otra vez algunas fotos que estaban en la repisa apoyada a la pared.
-¿Saben? Siempre pensé que me tomaría mas tiempo encontrar a algún Reiss, pero no fue así... ¡Irónico, no! La mismísima hija de Rod, el cerdo mayor, vino hasta mi con los brazos abiertos, exigiéndome matarla con sus ojos llenos de inocencia y pánico. Algo realmente cursi para mi gusto.
Eren sintió las manos de Historia temblando mientras sostenía su camiseta con fuerza. Su mandíbula estaba tensa al igual que el resto de su cuerpo, pero no se movió ni un milímetro. Desgraciadamente no sabía que tan peligrosa podía llegar a ser Mikasa al momento de actuar.
La pelinegra lo miró y exclamó con soltura:
-¡Vamos, cielo, relájate! No pienso hacerles nada ni a Carla, ni a ti... mi único objetivo es la chica.
-No pienso dejar que la lastimes -afirmó con firmeza-.
Mikasa le lanzó una mirada envenenada y se llevó un nuevo trozo de pastel a los labios.
-No estás en las mejores condiciones para tratar de detenerme -contestó con dolida burla-.
Eren apretó los puños y Mikasa siguió viendo las fotos de la repisa, hasta que se detuvo en una en específica. Dejó el pastel en la mesa de madera y tomó el portarretrato con su mano vacía. Cuando hubo apreciado bien la imagen, se las mostró a los tres con una sonrisa ladina en sus labios.
-Si que se esmeraron en su actuación, ¿eh?. Carla, deberías convencer a tu hijo que sea actor en vez de policía... aunque tú también trabajas de maravilla. Me tragué tu personaje de mujer compasiva y madre sustituta por completo. Felicitaciones.
Carla sollozó con fuerza y se cubrió los ojos con sus manos. Mikasa la miró con un pellizco de culpa, pero luego la desechó rápidamente. Esa mujer era peor que ella en esos momentos. Eren frunció el ceño y le espetó con acidez:
-Pero no solo fuimos nosotros quienes decidieron jugar este juego, Mikasa, tú también querías tener información sobre la policía, información a parte de la que ya tenían con su infiltrado. Prácticamente estamos a mano.
Mikasa dejó la foto en su lugar y se rascó la punta de la nariz. Luego embarró la punta del arma en la crema del pastel y se la llevó a los labios distraídamente.
-Si, tienes razón, aunque yo no fui tan perra como para querer engatusarte y revolcarme contigo para sacarte algo de información. De esa parte sucia del juego te encargaste tú.
Lo miró con un arrebato de ira y por su gesto Eren supo que estaba dolida, mucho mas de lo que todos pensaban. Mikasa suspiró y luego volvió su inexpresividad reinante.
-¿Y sabes qué fue lo peor? Que caí en tu juego, que me enamoré como una adolescente y que pensé por un maldito momento en dejarlo todo, estaba decidida a renunciar a Kenny y a Levi y a su intento inútil de sobrevivir. Estaba dispuesta a cruzar al otro lado del mundo si era necesario, con el único fin de estar contigo... ¡Hasta le puse seguridad a tu madre para que los Reiss no la dañaran mientras yo estaba aquí! Corrí con todos y cada uno de los riesgos que abarcaba mi presencia en tu hogar, y todo fue en vano. La engañada fui yo. ¡Yo fui la maldita niña inocente en el juego de Erwin! Porque, vamos a estar claros, todo esto es demasiado perfecto para que lo hubieses planeado tú.
Mikasa caminó hasta el sofá y volvió a sentarse, tratando de no mirara a Historia porque si lo hacía, le daría un balazo en los sesos. Tomó su arma con ambas manos y la observó como si nunca hubiera visto una igual.
-Mikasa -trató de hablar Carla esta vez pero la chica la ignoró deliberadamente-.
-De nuevo todos se unen en un complot para hacer sufrir a la niña llorona. De nuevo, todos buscan capturar a la mas débil. De nuevo caí en la decepción y la traición.
Se mordió el labio, tratando de no llorar frente a ellos y mantenerse firme como llevaba haciéndolo desde que llegó. Eren aflojó un poco la tensión de la mandíbula y un golpe con la misma potencia de un meteorito lo golpeó en el pecho. Mikasa era una chica vulnerable, sensible y traumada. Siempre teniendo que huir del dolor y de la maldad de la gente y ahora había caído de nuevo en el abismo de la tristeza. Se sintió miserable, la peor basura del mundo por hacerla sufrir de aquella manera. La engañó y la enredó en sus planes para conseguir información, cuando lo que ella había hecho desde que la conoció fue preocuparse por Carla y por él y enamorarse hasta el punto de querer dejarlo todo. Era un maldito miserable.
Y lo peor de todo era que quería a esa mujer, de verdad, un poco mas que a Historia, pero la quería. Mikasa sonrió falsamente.
-Definitivamente soy un imán para el dolor, ¿Verdad?. Todos vienen directos hacia mí para hacerme daño, para obtener algo a cambio o para simplemente hacerme sentir... no, para no hacerme sentir nada. Por eso nunca puedo permitirme confiar en nadie mas que no sean Kenny, el enano o Ethan ¡Y por supuesto, mi querida Luci!. Ellos si son mi familia. Son los que siempre se han preocupado por mi de verdad, ja, ja.
Se pasó una mano por el pelo y una delgada cicatriz quedó a la vista de todos. Mikasa se llevó su dedo índice a la herida y les sonrió.
-¿Quieren saber como me la hice realmente? Fue con una katana -Historia jadeó y Carla sollozó, Eren solo la miró-. La hice el mismo día en el que me ordenaron sacarte información como modo de auto-castigo por el daño que te haría. El enano me detuvo antes de continuar con mi labor.
Otra punzada en el pecho y Eren la miró con sus ojos comenzando a cristalizarse. No podía verla así, dolía, dolía mucho. Cuanto hubiese dado para que ella no pasara por todo aquello, cuanto hubiera dado por rechazar la orden de su superior cuando le pidió que hiciera todo aquello. Ahora no solo la había hecho sufrir, sino también lo hacía con su madre y con él mismo. Historia dio un paso al frente y Eren la detuvo al ver que quería acercarse mas a Mikasa.
-Mikasa... yo... yo no soy la mas indicada para hablar aquí, pero...
-Cállate zorra, si no quieres que te vuele los sesos ahora mismo -comentó sin verla-.
Carla lloró con mas fuerza y Mikasa le lanzó una mirada -que por un microsegundo demostró disculpas- y se acercó a ella, la tomó del codo y la ayudó a levantarse del suelo.
-Deja de llorar, dije que no te dañaría ni a ti ni a Eren. Por desgracia no suelo tener ganas de eliminar a la gente que amo, a pesar de que sean unos malditos traicioneros.
La sentó en el sofá y le extendió el trozo de pastel que quedaba en la otra bolsa.
-Cómelo -ordenó-. Te aseguro que no está envenenado.
Carla tomó lo que le extendía y obedeció su orden solo para no sentirse tan miserable. Mikasa miró la hora en su reloj de muñeca, mismo que le había regalado Levi la última vez que lo vio, y escuchó una voz que salía desde el aparato.
-¡Mika, malas noticias! ¡Los perros de los Reiss van para la casa de Carla Jaeger, posiblemente para buscar a la hija de Rod que se encuentra allí! ¡Saben que estás allí y van dispuestos a eliminarte! Kenny y el joven Rivaille no tardarán en llegar.
Mikasa abrió los ojos con sorpresa y cruzó una mirada con los que estaban en la sala. Eren se acercó a ella y Mikasa se alejó para poder hablar por su reloj.
-¡Ethan en dónde estás! -fue lo único capaz de preguntar-.
-¡No te preocupes por mí, yo también estoy a punto de llegar!... Mikasa por favor, aguanta cielo.
Y sin decir nada mas, la conversación se cortó. Soltó una maldición y Eren la tomó de los hombros.
-¡Mikasa debes irte de aquí ahora mismo! -ordenó con la preocupación nadando en sus ojos verdes-.
-¡No! No pienso irme y dejar que los demás se encarguen de todo... ¡Y no me toques con tus manos infestadas de la esencia de esa asquerosa Reiss!.
Eren la soltó de inmediato y se pasó una mano por el pelo con frustración. Carla se había desmayado e Historia parecía de piedra debido al miedo que sentía por ver lastimados a Eren y a su madre. No quería que les pasara algo a ellos, eran como su familia. Mikasa suspiró para calmarse un poco. Debía tener la cabeza fría, sino haría cualquier estupidez. Necesitaba sus katanas, no podía hacer gran cosa con esa arma sin municiones para cuando se le acabaran. Miró a Carla y luego a Eren.
-No te preocupes, no dejaré que les pase nada. Juré que los protegería con mi vida si era necesario, y yo nunca rompo mis promesas.
Se giró y cuando iba a salir de la casa para esperar a sus oponentes y a sus aliados, Eren la detuvo sosteniéndola por el brazo con firmeza, la hizo girar y la besó con urgencia en los labios, sin importarle que a un metro de distancia se encontraba su "novia". Mikasa se separó algo sorprendida y aturdida y luego de mirar un no se qué en los ojos de Eren, salió de la casa.
-O-
-¿Estás segura de que Mikasa Ackerman se encuentra en el interior de esa casa? -preguntó un hombre trajeado con voz increíblemente aguda mientras miraba un punto fijo en la pantalla de su tablet-.
La mujer le dio un fuerte golpe en la nuca y el hombre soltó un quejido, la miró de mala manera y ella solo se cruzó de brazos.
-Por supuesto, ¿Por quién me tomas, imbécil? Ahora dame mi pistola -le ordenó-.
El hombre le dio lo que pedía y ella la miró en su mano con deleite, con añoranza y con una sonrisa extendiéndose cada vez mas en sus labios.
-Mierda, hace tiempo que no veía a mi niña conmigo. Ya la extrañaba.
El cuartel de los Reiss estaba desolado, a excepción de ellos dos que se encontraban mirando la pantalla de la tablet que el hombre mantenía sujeta entre sus manos. La hermosa rubia se cambió aquella falda que parecía un mantel ante sus ojos y se colocó a cambio un pantalón de cuero negro, unos mitones y una chaqueta de cuero del mismo color sobre una camisa de tirantes blanca. Se amarró el cabello en una coleta y pintó sus labios de un color rojo sangre que la hacía resaltar mas de lo que ya lo hacía.
Cuanto había extrañado todo aquello, desde su antigua ropa, hasta su verdadero hogar. La puerta mecánica frente a ellos se abrió y por ella entraron seis hombres -armados hasta los dientes-, siendo guiados por uno mas pequeño, panzón y con bigote. Rod Reiss había engordado mas de lo que recordaba.
El hombre se acercó a ellos con una sonrisa de oreja a oreja y miró el aparato tecnológico que tenía Liam en su mano. Le pareció un cerdo desagradable, con esa mirada idiota y esa nariz grande y sudorosa como el resto de su cara. Lo odiaba hasta cierto punto, pero lo prefería a él antes que a los Ackerman, de eso estaba segura.
-¿Ya encontraron a la mocosa de Kenny? -preguntó con emoción y con sus ojos brillando como si de un niño con juguete nuevo se tratara-.
Liam giró el rostro para mirarla y luego de intercambiar una mirada de aprobación, asintió con la cabeza hacia su jefe.
-Si señor. Según nos han informado, Mikasa Ackerman se encuentra en la casa de los Jaeger junto a la señorita Historia.
Rod se llevó el dedo índice a su barbilla y se dio leves golpesitos con el, haciéndose el interesante, y luego de un minuto de "pensar", ordenó con una sonrisa.
-Vallan a buscar a mi hija... y por supuesto, maten a todos los que estén en la casa -sus ojos brillaron con más intensidad y luego miró a la rubia-. Y con respecto a la pequeña zorrita... no quiero que quede rastro alguno de lo que una vez fue un cuerpo.
-¡Si, señor! -gritaron los guardaespaldas antes de dar media vuelta y salir de allí para buscar refuerzos y cumplir la orden de su jefe-.
La rubia se tensó por un momento al momento de pensar en Mikasa. Carraspeó y luego negó con la cabeza. ¡Basta de sentimentalismos! Si, era una lástima que la mocosa muriera, pero ese era su trabajo y nada podía hacer al respecto. Al menos sabía que les daría pelea a esos mal nacidos y eso, de cierta forma, la consolaba hasta cierto punto.
Rod la miró al escuchar su carraspeo y luego se golpeó la frente como si se le hubiese pasado un detalle por alto.
-¡Es cierto, casi se me olvida! -se acercó a ella y la tomó de ambas manos con delicadeza y con una sonrisa arrogante en el rostro-. Gracias por tus deliciosas contribuciones en todos estos años de trabajo, querida Luci.
Luci se soltó de su agarre con brusquedad y guardó su arma en el interior de su chaqueta de cuero.
-Es mi trabajo, no lo olvides -contestó sin mirarlo-.
-Si, lo sé, y como tu trabajo es servirme, tengo una orden para ti en especial; encárgate personalmente de la mocosa, desmiembra sus brazos y piernas, luego córtale la cabeza y tráemela. ¿Podrás hacerlo, verdad?.
Luci se detuvo un momento de su trabajo y se quedó mirando el suelo. Ese hombre era deplorable, era incluso peor que Kenny. La estaba probando, la estaba analizando para comprobar que no era una doble espía. Su corazón latió con fuerza bajo su pecho y sus manos comenzaron a temblar.
¡Si, Luci, ya lo sé, yo también te quiero!.
Te digo que entre Carl y yo no hay nada. Cuando tenga novio te lo diré.
Oye, Luci... gracias por todo...
¡Corre Ethan, Luci ya llegó y tus emparedados no están listos!.
Mikasa. Su voz dulce y aniñada la atormentaron, pero nada dejó ver en su expresión. Acomodó su chaqueta y miró al cerdo frente a ella.
-Si, lo haré.
Y sin decir o agregar nada mas, salió del cuarto y se dirigió al exterior del cuartel para cumplir con su orden. Sus ojos verdes se cristalizaron y se permitió dejar escapar unas cuantas lágrimas.
Mikasa.
-O-
Ethan tomó dos Colt .45 1911del estante en el que guardaba sus armas, algunas balas y pasó su mirada por unas granadas que reposaban junto a las pistolas, cogió dos y salió corriendo del cubículo armado. Había un gran revuelo en el cuartel, los soldados corrían de un lado a otro con sus metralletas en sus manos y los empleados de las oficias de investigación se acercaron a él, gritándole que los Reiss comenzaban a estar peligrosamente cerca de la casa de Carla. Hizo oídos sordos y los apartó a todos de un empujón. No podía perder tiempo con ellos ahora.
Su corazón retumbaba en sus oídos frenéticamente y sus manos comenzaron a temblar ante el miedo. Mikasa estaba en grave peligro y lo único que tenía para defenderse era una simple pistola sin municiones de repuesto. Apretó la mandíbula con fuerza. Pasó como un rayo por los pasillos del cuartel y abrió el cuarto de quien consideraba su hija, se aproximó al escritorio que se hallaba frente a la cama y tomó las dos katanas que reposaban con calma sobre ella, salió de nuevo y se dirigió al exterior, donde lo esperaba su camioneta negra. Salió del ascensor de cristal y dio tropezones con varios soldados, miró a todos lados y cayó en la cuenta de que no había visto a Luci desde hace un rato, se acercó a una chica con bata blanca que estaba cerca y la tomó del hombro para que lo mirara.
-Cuando veas a Luci, infórmale de todo lo que está pasando, ¿si?.
No esperó a que le contestara, ya sabía que ella le obedecería. Salió de la puerta del árbol y volvió a correr para llegar a la camioneta, abrió la puerta del conductor y se deslizó en el interior del auto, metió la llave en su lugar y dio un giro brusco para que encendiera la camioneta. El motor dio un rugido furioso y pisó el acelerador, haciendo que los neumáticos chirriaran. Se puso en marcha inmediatamente hacia la capital, con una velocidad que nunca antes había utilizado. Sus nudillos se tornaron blancos ante el firme agarre que mantenía en el volante y su rostro comenzó a sudar a pesar del frío que causaba la nieve. Debía llegar. Mikasa lo necesitaba.
-O-
-¡Señorita Mikasa!.
La mujer giró el rostro ante el llamado y se encontró de frente con uno de los guardias que habían colocado allí para cuidar a Carla. Habían dos mas que corrían hacia ella con preocupación en sus ojos, dando algunos traspiés a causa de la nieve. Quien había gritado había sido Björn, un hombre de cuarenta años, rubio y de ojos verdes, como casi todos los europeos. La tomó de los hombros ejerciendo cierta presión sobre ellos y habló con una rapidez tan increíble que casi no pudo entenderlo.
-¡Recibí un llamado de Kenny, dijo que los Reiss se acercan aquí! ¡Tardarán mas o menos cuarenta minutos en llegar!.
Mikasa asintió y puso una mano en su hombro para tratar de calmarlo. Si ella se mostraba exaltaba, terminaría asustando a los demás, así que se dejó ver serena y con voz natural le contestó.
-Ya lo sé. Ethan me lo comunicó justo ahora.
Björn asintió, de acuerdo y se pasó una mano por el pelo.
-¡¿Qué debemos hacer?! -preguntaron los demás hombres cuando por fin llegaron hasta ella-.
Mikasa los miró a todos y una brisa fría meció su cabello negro.
-Estén en guardia, no se despeguen de sus puestos iniciales. Traten de no ser vistos por ellos cuando lleguen. Dejemos que solo me vean a mi y que crean que estoy sola, pero algo me dice que quien les informó sobre mi estancia y mi conocimiento de los Jaeger fue un infiltrado de los nuestros, así que deben saber que ustedes están por los alrededores.
Björn la miró con el ceño fruncido y dio un paso hasta ella.
-¿Y cómo sabe que se trata de un espía infiltrado en el cuartel?.
Mikasa lo miró a los ojos y luego vio como los otros dos hombres la observaban con duda.
-Porque si no fuera así, ¿Cómo iban a saber que yo estaba sola aquí, sin armas para defenderme y sin la supervisión de Kenny o Levi? Desde que empezamos a trabajar en esto, Kenny y el enano han estado dando vueltas por aquí, o incluso lo ha hecho Ethan, pero ¿Por qué se decidieron a atacar justo cuando no estaban ninguno de ellos en sus puestos?. Es algo sospechoso, ¿no?.
Al caer en cuenta de ese detalle, los hombres abrieron los ojos con sorpresa y negaron con la cabeza, enojados. ¿Un espía entre ellos? ¿Quién podría ser? Después de todo lo que hacen los Ackerman por sus soldados, siempre viendo que no pasen peligros mayores, ¿Aún se atreven a traicionarlos?. Mikasa los miró a todos con falsa tranquilidad y habló lo mas normal que pudo.
-Tratar de adivinar quién es el traidor es algo inútil ahora. En este momento debemos centrarnos en proteger a los Jaeger hasta que lleguen los refuerzos.
Björn frunció los labios y la miro con fijeza por un momento.
-Pero en el interior de la casa se encuentra Historia Reiss, podemos usarla como rehén y así no llegaríamos a mayores con ellos.
Mikasa negó con la cabeza.
-No, esa mujer no le importa en lo mas mínimo a Rod, lo único que quiere de ella es que continúe con el legado familiar de seguir cazando a los Ackerman. Si la tomamos como rehén, no haríamos nada, ellos seguirán atacando hasta verme muerta.
Un silencio colectivo se formó en los presentes. Los soldados encubiertos la miraron con admiración y decisión. Esa mujer demostraba tanta firmeza en los momentos mas graves que no hacía mas que aumentar sus ganas de luchar por ella, por su nombre y por su seguridad, por verla de nuevo, sobreviviendo y caminando al frente con la barbilla erguida. Mikasa les sonrió y con una seña de su mano les ordenó que se fueran a sus puestos.
Cuando estuvo sola, soltó un suspiro. Todo se estaba complicando mas de lo planeado. Por suerte sus hombres estaban armados y podían defenderse con naturalidad, pero ¿qué podrían hacer cuatro personas contra un grupo, probablemente de seis o más, armados hasta en las bolas? Si bien en el pasado había vencido a treinta hombres en un combate cuerpo a cuerpo, ahora era distinto puesto que ellos estaban armados con lo mejor que podía existir en el mundo de las pistolas o revólveres, y a su espalda se encontraba Carla, a quien quería proteger a toda costa. Tan solo un movimiento en falso y todo se iría al infierno. La puerta de la casa se abrió y del interior salió Eren con expresión seria y con la funda de su arma colgada en su cintura, se situó a su lado y miró al frente.
-Así que no mentías cuando dijiste que pusieron espías por los alrededores.
-No me gusta mentir con las cosas serias -contestó sin mirarlo-.
Eren la observó de reojo y suspiró, haciendo que una nube de vaho saliera de sus labios. La nieve caía lentamente y muchos copos se quedaban prendados en el cabello de Mikasa, haciendo que el blanco pálido contrastara perfectamente con la melena azabache. Hasta en ese momento crítico, Mikasa se veía hermosa.
-Lo siento, Mika -susurró sin dejar de mirarla-.
Mikasa no contestó ni se inmutó ante su comentario. Sus disculpas quedaron rondando en el ambiente frío y Mikasa alzó el rostro para ver el cielo. Recordó que esa misma mañana se había visto repasando sus fantasías de niña, entre ellas la existencia y la muerte humana a través los copos de nieve. La muerte llega con el invierno y se lleva las vidas de las personas para volver a caer el año que sigue junto a las nuevas existencias. Posiblemente, ese día se irán muchas vidas humanas de vuelta al cielo nevado.
-O-
Luci se sentó en el puesto trasero del auto negro que era manejado por uno de los soldados de los Reiss. Estaba mas seria de lo normal y sus labios le dolían por mantenerlos fruncidos tanto tiempo. Estaba aturdida, nerviosa y con nuevos sentimientos encontrados. Prácticamente había criado a Mikasa y ahora debía ser ella quien acabaría con su existencia, con su ser, y de la peor manera, la mas sanguinaria e inhumana.
¿Sería capaz de hacerlo? ¿Podría eliminarla sin dudarlo? ¿Podría ver a Ethan a la cara como si nada después de eso? No, no podía. Ella también era débil, esa niña le había implantado ese sentimiento en su cuerpo y ahora se estaba mostrando en todo su esplendor. Mikasa se había metido en cada poro de su piel, aún cuando trató de que no fuera así. De verdad intentó no encariñarse con ella, lo intentó con todas sus fuerzas, pero todo su trabajo fue en vano. Mikasa la envolvió con su tristeza, con sus ojos vacíos y con esas sonrisas que muy pocas veces le dedicaba. Mikasa era como su hija, como su hermana pequeña, y ahora debía matarla, llenarse las manos con su sangre y verla dejar de brillar como una estrella extinta.
Recordó el día que llegó a su vida, con su vestido deshecho, lleno de barro y roto de forma salvaje. Su cabello enmarañado y con algunas ramitas en él, algunos raspones y moretones en su cuerpo y las rodillas magulladas y ensangrentadas. Recordó la sensación que sintió al tomarla de la mano por primera vez, la calidez que emanaba de ella y que se apoderó de su sistema sin quererlo. La primera vez que la hizo reír -de verdad- por haberla cachado tomando botanas de la nevera a escondidas para llevárselas a Ethan. Todos esos momentos se convertirían en simples recuerdos, recuerdos que la atormentarían hasta el último día de su vida. Mikasa la seguiría como un fantasma y la arrastraría de los pies hasta el infierno cuando estuviera durmiendo. Y estaba dispuesta a correr el riesgo.
"Luci, ¿Qué es la vida?."
Miró por la ventanilla del auto y observó como poco a poco se acercaban a la casa de Carla Jaeger. Detrás de ellos estaba otro auto, cargado con mas hombres que se encargarían de darle fin a la vida de la mas pequeña de los Ackerman.
Ese día lloverían gotas de sangre y se impregnarían en el suelo blanco cubierto por la nieve como si de un lienzo se tratara.
-O-
Levi conducía la moto como un lunático, esquivando los autos con maniobras peligrosas y veloces. Kenny, a su espalda, trataba de no caer al pavimento mientras sostenía su sombrero. Escuchó como rechinaba los dientes con ira y se descubrió en la misma situación.
Solo un mínimo descuido al momento de vigilar a la mocosa y se hallaban metidos en todo ese lío. ¡Demonios!. La casa de Carla estaba lejos del cuartel y fue una suerte que la moto ya estuviera arreglada y que pudieran usarla para llegar a la ciudad, porque sino se verían envueltos en la peor de las circunstancias. Ese día debían llegar a tiempo para salvarla, no podían permitirse otra muerte de un Ackerman, y menos de la mocosa. Si algo le llegara a suceder a Mikasa, Levi jamás se lo perdonaría, y estaba seguro que lo mismo pensaba Kenny.
Esquivó un auto y escuchó una maldición a su espalda. Sentía el peso de sus armas en el interior de su saco y esto lo hacía sentir mas seguro. Pasó por alto la luz roja del semáforo y siguió manejando con dirección puesta al frente. Se extrañó al no verse rodeado de policías desde que había comenzado a manejar, pero no le importó, ellos serían un estorbo mas.
Frunció el entrecejo con mas ahínco que de costumbre mientras su pelo se removía con insistencia hacia atrás. La calle estaba resbaladiza por la nieve recientemente retirada del camino y eso le dificultaba tener el control completo de la moto. Soltó una maldición y sintió un escalofrío. El frío era demasiado fuerte para su gusto.
Esquivó un nuevo auto y aceleró aún más.
-Aguanta, mocosa.
-O-
Los autos se detuvieron justo frente a ellos y Mikasa se tensó de inmediato. Eren frunció el ceño y sostuvo con fuerza su arma, atento a cualquier movimiento de sus enemigos. Las puertas se abrieron y salieron cuatro hombres, uno de ellos dio un paso al frente y demandó con voz ronca.
-Denos a la Señorita Historia en este instante.
Mikasa ladeó una sonrisa y miró el cabello del hombre, que estaba teñido de color verde.
-Me temo que ella ya no se encuentra en este mundo, pero si quieres te reúno con esa perra en este mismo instante -contestó con burla, tomando su arma con firmeza para que no se le cayera al suelo-.
Los que estaban allí se tensaron y Mikasa miró como acercaban sus manos lentamente a sus sacos.
-Eres una maldita perra mentirosa, Ackerman -contestó con los dientes apretados y la mandíbula tensa-.
Mikasa sonrió con sorna e hizo una leve reverencia.
-Muchas gracias... aunque si mis palabras fueran falsas, el hecho de que me faltara una bala en mi arma sería bastante extraño dada la situación en la que estamos, además del notable silencio que reina en todo el lugar.
El hombre soltó una risita divertida y contestó.
-Podrías haber guardado esa bala en tu bolsillo, querida, además, Jaeger es policía, nunca se prestaría para una de tus "matanzas" y mucho menos frente a su madre. Tratar de engañarme con tus mentiras es imposible. Eres solo una mocosa.
Mikasa sonrió y devolvió su ataque verbal con una soltura envidiable.
-Por si no lo sabías, querido Eren es mi amante desde hace muchos años. ¿Acaso no te habías enterado de que teníamos un infiltrado en la policía? Ha hecho un increíble trabajo, ¿no crees?.
Mikasa le lanzó una mirada de adoración al hombre a su lado y Eren solo le siguió el juego, sonriéndole con arrogancia, sin saber muy bien que intentaba hacer la mujer. Entonces el hombre de cabello verde se tensó por completo y Mikasa reanudó su charla.
-Matarla fue satisfactorio. ¡Debían haberlo visto!. Lloraba y clamaba piedad con esos ojos azules suyos. Temblaba como un cachorrito con frío, y su ropa, ese sobretodo precioso, quedó totalmente arruinado a causa de su sangre asquerosa escurriéndose por él -se colocó un mechón de cabello detrás de su oreja y agregó-. Quería que dejara de pensar, ya sabes, las rubias no lo hacen, son todas idiotas, pero entonces me dije ¿Por qué no hacer que su corazón deje de latir, justo como lo hicieron con mi madre? Y he de admitir que me impresioné ante la idea de tomar su vida con forma de una venganza maravillosa. Escuché sus gemidos hasta que su miserable vida abandonó su cuerpo -lo miró con una sonrisa psicópata en el rostro que le erizó los vellos de la nuca a Eren- ¿Crees que dejaría pasar la oportunidad de matar a un Reiss con mis propias manos? No, nene, estás muy equivocado. Aunque pienso que la maté demasiado rápido, tenía que haberla hecho sufrir mas.
Miró como abría desmesuradamente los ojos y sus labios formaron una fina línea. Uno de los dedos del "hombre verde" se movió casi imperceptiblemente y reaccionó antes que Eren, tomándolo de la cintura y arrojándolo al suelo segundos antes de que el tiroteo comenzara. Eren la miró con frustración y le dijo en voz baja:
-¡¿Por qué mierda les mentiste?!.
Mikasa cargó el arma con sus balas y contestó aún inmersa en su trabajo.
-Porque tenía que provocarlos. Necesito que comiencen a gastar sus municiones para mantenerlos entretenidos hasta que lleguen mis refuerzos y poder actuar como se debe.
Eren comprendió inmediatamente sus intensiones y asintió con la cabeza, complacido. Giró y trató de abrir un agujero entre las piedras para poder ver al exterior. Mikasa llevó su reloj a sus labios y presionó un pequeño botón que se hallaba a un extremo de éste.
-Ethan, ya han llegado los Reiss y comenzaron a disparar. ¿Sabes si Kenny y Levi tardarán mucho?.
La voz preocupada de un hombre se escuchó por sobre el sonido de las balas chocando contra los muros de piedra.
-¡¿Ya llegaron?! Mierda. No te preocupes, nena, llegaré dentro de cinco minutos mas con tus armas. Trata de aguantar. Y con respecto a Levi y a Kenny, deberían haber llegado ya. Iban en la moto.
Mikasa asintió, complacida ante su respuesta y se emocionó al escuchar que llevaba con él sus katanas. Solo debía resistir un poco hasta que llegaran Levi y Kenny.
-De acuerdo, ten cuidado, Ethan, la carretera está resbaladiza.
-No te preocupes por mí, Mika. ¡Preocúpate por ti! Voy a matar a esos desgraciados apenas llegue.
Mikasa sonrió sin poder evitarlo y cortó la comunicación con Ethan. Eren la miró de soslayo y disparó a un punto fijo, dando justo en el blanco.
-¿Alguien importante? -preguntó con molestia disfrazada de curiosidad-.
-Así es.
Mikasa se levantó y disparó tres veces, dándole fin a la vida de tres hombres, se agachó de inmediato y miró como Eren tomaba su lugar. Él era bueno.
-Es como mi padre -explicó sin saber muy bien porque lo hacía-.
Eren pareció relajarse un poco y luego se dejó caer a su lado, jadeando levemente. No aguantarían mucho mas si seguían así. El ruido de unos neumáticos chirriando ante el contacto con el suelo los alertaron. Sonaron varios disparos y Mikasa se asomó un poco para ver de quién se trataba. Sonrió al ver a Levi corriendo hacia ella, siendo cubierto por Kenny que disparaba como si no hubiera un mañana. Al llegar, Levi se arrodilló a su lado y le dio un chaleco antibalas para que estuviera protegida.
-¡Tardaste mucho, maldito enano! -exclamó deshaciéndose de su camisa sin importarle que el frío era infernal o que estuviera su primo y Eren frente a ella-.
-Cállate, mocosa de mierda. Puedo asegurar que llegamos menos de cinco minutos después de los Reiss.
Mikasa le sonrió y le dio un beso en los labios, ante la sorpresa de Eren que se había quedado estupefacto, pero Levi parecía acostumbrado a ese gesto.
-Gracias, enano.
Él solo le sonrió imperceptiblemente y Mikasa terminó de colocarse el chaleco, volvió a ponerse su camisa y tomó las pistolas que Levi le extendió. Cruzó una mirada con su primo y éste suspiró, tomó otra arma que guardaba en su tobillo y se la dio a Eren.
-Siéntete afortunado, no hago esto por nadie.
Eren le lanzó una mirada moribunda y tomó el revólver de mala gana, luego miró a Mikasa de forma acusadora y ella solo se encogió de hombros.
-Le tengo mucho aprecio -contestó como si nada-.
Eren soltó un bufido y luego se pusieron de pie al mismo tiempo para reunirse con Kenny. Eren nunca llegó a siquiera imaginar que se encontraría en una situación como aquella: luchando junto a los que consideraba sus enemigos para salvarse el pellejo, pero la vida es endemoniadamente irónica. Kenny los miró acercarse y aprovechó el relevo para cargar de nuevo sus armas.
-¿Qué tal, Kenny? Hace tiempo que no te veo -saludó Mikasa parándose frente a él y disparando al hombre que tenía en la mira-.
-Estás metida en un buen lío, mocosa de mierda. ¡¿Qué rayos hacías aquí el día en que todos estaban de descanso?!.
Mikasa sonrió y no contestó, no era necesario, ese era su recibimiento y estaba feliz por verlo de nuevo. Caminaron al mismo tiempo que disparaban hasta llegar a un auto que se hallaba estacionado en la calle y lo utilizaron como escudo. Debian alejar los disparos de Carla. Mikasa miró hacia arriba y una cabellera rubia la distrajo por un momento. Se quedó helada en el mismo lugar y frunció el entrecejo mientras volvía a ver el punto en el que se hallaba su distracción momentánea. Frente a ellos se encontraba Luci vestida de negro con un arma en cada mano, disparando en su dirección con el rostro serio.
-Luci -susurró-...
Levi frunció el entrecejo y miró hacia el punto en el que se hallaban los ojos de Mikasa, abrió los suyos propios al descubrir a la rubia moviéndose con soltura entre los hombres de los Reiss y disparando con destreza hacia ellos. ¿Acaso Luci era la traidora que habían buscado desde hace algún tiempo? No lo podía creer, esa mujer estaba con ellos desde que él era un mocoso. Rechinó los dientes y soltó un bufido mientras miraba a Mikasa. Obviamente se hallaba en shock y se juró que mataría él mismo a esa arpía por hacer que la chica sufriera nuevamente. Salió detrás del auto y corrió con rapidez hacia ellos, buscando dispararle a su blanco, pero parecía que los demás hombres se oponían a esto, ya que se metían en su camino, haciendo que se convirtieran en sus víctimas sin poder evitarlo. Así que ella era el premio gordo, ¿eh?.
Otra camioneta llegó y por ella salió Ethan disparando sin compasión hacia cualquiera que distinguiera como enemigo. Mikasa lo miró y sintió que volvió al presente al ver como los soldados de los Reiss se dirigían hacia él al identificarlo como otra amenaza letal. Apretó la mandíbula y salió de su escondite con el corazón palpitándole desenfrenadamente. Dio un par de acrobacias para esquivar las balas que se dirigían a ella y cruzó una mirada con Luci, que la tenía en la mira. Llegó hasta Ethan y tomó sus katanas, las desenfundó con violencia, dejando caer las vainas al suelo, y las extendió a cada lado de su cuerpo. Sus ojos inyectados en sangre -y el picor de éstos ante las ganas de llorar ante un nuevo golpe bajo- no dejaron de mirar a quien consideró su hermana mayor, midiéndola, retándola e invitándola a siquiera dar un paso al frente para despedazarla.
Hasta Luci le había visto la cara de idiota. No se lo iba a perdonar, no iba a perdonarle el hecho de que estuviera allí, de pie con armas en mano, mirándola fijamente, preparada para matarla. Ya estaba harta de ser la débil, y si tenía que matar a esa mujer, lo haría con tal de que su honor volviera. Sintió un mal sabor en la boca con solo pensarlo, pero ya lo había decidido. O moría ella, o moría Luci.
Ethan también localizó a la mujer de cabellera rubia y quedó estático, mirándola con la boca abierta. Mikasa le dio un fuerte codazo en el estómago que lo hizo reaccionar y luego corrió hacia su futura víctima. Luci sintió como si su corazón se abriera al verla tan decidida a acabarla, Mikasa era su niña y la fiereza que demostraba su rostro la hirió. Estaba orgullosa de ella. Se había transformado en una mujer. Sonrió con tristeza y soltó dos lágrimas al apuntarle con su arma.
Mikasa soltó un alarido de dolor y no dejó de correr. Sintió como Ethan iba detrás de ella, cubriéndole la espalda. Ya no sabía quien era, no sabía que hacía allí, no sabía cuando todo su mundo se vino abajo y lo descubrió falso. Siempre fue una mentira. Siempre fue una mentira. Lloró, lloró con fuerza acompañada de Luci.
"Luci, te quiero..."
"¡Vamos Luci, solo es un sándwiche!
"Luci, ¿Me quieres? ¿De verdad lo haces o solo me tienes lástima?"
"¡Luci, ayúdame! Tengo sangre entre las piernas... ¡¿Luci qué hago?! ¡Moriré desangrada!".
"Luci, ¿Qué es la vida?".
Sollozó con fuerza mientras miraba como la sangre ajena cubría la inmaculada nieve, como los cuerpos sin vida caían a su paso, como miraba con el rabillo del ojo el momento exacto en el que la vida escapaba de los ojos de los hombres que apuñalaba con sus katanas. Parecía un robot, el arma que siempre fue siendo controlada por el sentimiento de traición, por el dolor indomable que se extendía desde su pecho. Luci. Luci. Luci. ¡Luci!.
Cortó la cabeza de un hombre frente a ella y la sangre ajena cubrió su rostro con un salpicón. Las navajas de las katanas estaban teñidas de rojo, mientras que la sangre se escurría por ellas hasta gotear en la nieve del suelo. Finalmente, llegó hasta la mujer que la había traicionado, que la había dañado hasta no soportarlo. Luci lloraba igual o más que ella, su rostro lucía afligido pero su determinación, su decisión no cedió ante ella. Tenía un trabajo que cumplir y Mikasa era su objetivo.
Se retaron con la mirada, ajenas a lo que sucedía a su alrededor, ajenas al grito que lanzó Kenny al ser herido, a la maldición que soltó Levi, al llamado de ayuda que pedía Eren por una radio y a los disparos sin fines que salían de las armas de Ethan. Solo eran ellas. Como el primer día, Mikasa lucía sin vida, derrotada y con la ropa rota y manchada, mientras que Luci se miraba despampanante, como siempre. Sus ojos verdes capturaron los suyos y ambas sollozaron. Luci subió su arma y Mikasa se puso en guardia.
"... la vida eres tú también".
Un hombre se acercó peligrosamente a la espalda de Mikasa, dispuesto a darle el golpe de gracia, pero ella lo sintió aproximándose, giró rápidamente sobre su propio eje y le corto ambos brazos con un rápido movimiento de sus manos, luego apuñaló su corazón y, con la katana hundida en su pecho, dio un giro de trescientos sesenta grados, sacó su arma y su rostro volvió a mancharse de sangre para finalmente cortar la cabeza de su enemigo. Miró como aquel miembro de su cuerpo rodaba por el suelo hasta detenerse en su pie. La nieve ahora estaba cubierta de chorros rojos en distintas direcciones. Un poco mas lejos divisó el cuerpo sin vida de Björn y de sus hombres. Sintió un nudo en la garganta y miró a Luci nuevamente. Si iba a morir allí, prefería que fuera a manos de ella que de los Reiss, los asesinos de sus padres, y que era invierno, para subir al cielo con el resto de los copos de nieve caídos ese día.
La mano de Luci temblaba mientras sostenía su arma, pero sus ojos no parpadearon ni por un instante.
-Te quiero, Mika -le susurró-.
-Yo también, Luci.
Luci subió su arma hasta donde estaba la cabeza de Mikasa y con un último sollozo, tiró del gatillo. Mikasa cerró los ojos y de fondo escuchó el grito de Levi, Ethan y Eren siendo opacado por el sonido del disparo. Sintió un viento frío cruzando a su lado y abrió los ojos al notar que se trataba de un cuerpo. El resto pasó en cámara lenta.
Un hombre había corrido hacia ella y se había interpuesto entre Luci y Mikasa, haciendo que la bala impactara directamente en su corazón. Mikasa abrió los ojos y su boca formó una O perfecta mientras miraba como el cuerpo caía al suelo con una sonrisa surcando sus perfectos labios. Una sonrisa dedicada a ella. Sus ojos azules sin vida y su cabello arenoso moviéndose al compás del último movimiento que su cuerpo realizó hasta finalmente deshacerse entre la nieve y la sangre acumulada en el piso.
Ethan había muerto.
-O-
"¿Por qué preguntas eso Mikasa?"
"Porque quiero saber el porque del final de todo".
"Hum... con que es eso... la vida es lo que tú prefieres que sea. Si dices que es respirar hasta que el último suspiro de existencia salga de tu boca, entonces es eso. Si dices que es degustar un sádwiche hasta que se acabe, entonces eso es. La vida es lo que tú quieres que sea, Mikasa. Pero algo es cierto: la vida es muy corta, demasiado para mi gusto, así que tienes que disfrutar de ella al máximo".
"¿Tú la disfrutas, Ethan?".
"Mi existencia es llevadera contigo a mi lado, y eso es suficiente para mí".
-O-
N/A:
T-T T-T ¡Maté a Ethan!... no me maten ustedes a mi, por favor.
Dios, odio y amo este capítulo, de verdad. Ethan llevaba muerto en mi mente desde que la historia comenzó y estaba ansiosa por escribir este capítulo ¿se nota por el largo?. Estoy que lloro, sin mentir, me dolió, me dolió mucho acabar con mi papi seisi, pero esto es algo que iba a pasar tarde o temprano.
¡Luci es una perraaa! ¡Traidora de mierdaaa te matareeee! xD. No digo nada mas, porque si lo hago voy a soltar muchos detalles del siguiente capítulo, así que hasta aquí llego.
Quiero que me dejen sus comentarios sobre como les pareció el capítulo, ansíooo leerlos, saber sobre sus dudas y sobre como piensan con respecto a la historia -si no lo hacen, juro buscarlos en sus casas y arrastrarlos de las patas cuando duerman hasta que se caigan de sus camas-.
Dejé un beso extraño entre Levi y Mikasa allá arriba. Lo hice porque -quería xD- su relación es muy estrecha, como lo coloque en otro capítulo, ¡Pero eso no quiere decir que son pareja!. Su beso es como el que le das a tu hermano menor en los labios antes de dormir (?) (yo no lo hago, pero mi mamá si, y mi papá lo hacía conmigo cuando era mas pequeña), así que no armen mucho revuelo por ello. ¡Solo fue un piquito!.
¡Bueno ya!, me voy, esto se está extendiendo mucho y quiero seguir con el otro capítulo.
¡Nos leemos pronto, lo prometo!.
Katy0225
