N/A: Y pues… regresé! Después de un enoooooooooooooooooooooorme tiempo ya volví, y esta vez sí voy a cumplir con lo que falta.
No pienso escribir aquí demasiado, no voy a excusarme por la ausencia… Pero quiero darles las gracias por los comentarios y por su apoyo.
Debo darle gracias especiales a sakuragaby, que ha pasado todo este año insistiendo para que actualice, y pues, esto va dedicado para ella, sobretodo porque esta semana fue su cumpleaños y ajá... Gracias, reverenda pasmada!
Y sin más preámbulo, el capítulo!
LOS PERSONAJES DE SAINT SEIYA PERTENECEN A MASAMI KURUMADA.
UNICAMENTE LA HISTORIA ES DE MI PROPIEDAD.
-IX-
Seiya volvió a suspirar, Shiryu volvió a negar con la cabeza y Hyoga volvió a cambiar la posición en la que estaba sentado. Todo simultáneamente, como lo habían estado haciendo desde que Ikki había entrado al despacho de Kido con Nozomi. Trataban de digerir la información que recién adquirían, recordando una y otra vez las cartas que habían leído, el mensaje que Shun les había dejado.
Los tres sabían que algún dios se estaría riendo de la desgracia de todos; seguramente les parecía gracioso que su amigo tuviese que haber visto algunos de los más dolorosos momentos de sus vidas, recordando a través de la muerte sus heridas más profundas y sintiéndolas como propias, viviéndolas como cuando ocurrieron, sin dejarle cambiar nada… Solo observar impotente, molesto, triste. El mismo Shun lo había dicho; una sensación de dolor e impotencia le recorrió cuando tuvo que dejar a aquella mujer en las frías aguas de Siberia, cuando aquel grito desgarrador brotó de su garganta después de aquel suicidio, cuando tuvo que observar a aquellos hombres que pudo llamar maestros y cuando tuvo que reconocer un frío cadáver en la morgue. No podía dejar de sentirse intranquilo, molesto, al recordar cómo había matado y resucitado a un amigo, cómo había asesinado a su compañero de entrenamiento, como había esparcido sangre con sus manos por toda la tierra. No podía dejar de confundirle la vaga imagen de una mujer de largos cabellos negros, o aquella mujer de mirada de chocolate.
Pero cuando volvía a ser capaz de pensar como él, de manejar su cuerpo, el de aquel joven que se había visto obligado a soportar todo aquello, no podía dejar de sentirse culpable. Había entrado sin autorización a los momentos más difíciles y oscuros de sus amigos, y por ello pedía perdón.
Las cartas se parecían tanto en esos aspectos, y todos lo sabían sin siquiera abrir la boca y comentar algo. Era como si los tres supieran qué contenía la carta del otro, y los tres supieran sobre qué meditaban. Porque sí, que su amigo hubiese vivido tantas cosas de sus vidas, que incluso diese detalles de aquellos recuerdos, era sorprendente y doloroso. Pero lo que les mantenía pensando era el último párrafo de la carta, donde Shun había comentado algo sobre un plan de los dioses que les beneficiaría, pero no daba mayores detalles al respecto. Y por lo que habían entendido, sería Ikki quien les comentaría lo que sucedía con Nozomi.
Mientras tanto el susodicho no salía del despacho, donde solo se escuchaban las rítmicas respiraciones de tío y sobrina, uno al borde del colapso, la otra dormida tranquilamente en uno de los tantos sofás que había en la habitación. El mayor estaba sentado detrás del escritorio de caoba que ahora pertenecía a Saori, su cabeza entre sus manos mientras hacía un esfuerzo sobrehumano para no romper a reír, no quería despertar a Nozomi ni hacer que los demás llegasen corriendo a ver qué pasaba. No quería soltar otro sonido que no fuese su respiración, temía terminar arruinando la calma que hasta ahora había alcanzado. La risa que tenía atorada en su garganta era irónica, cargada de tristeza y dolor. ¿Por qué él debía saberlo todo? ¿Por qué justamente la única persona que no quería que supiera nada sobre su pasado debía haber visto sus recuerdos más profundos?
Comprendía que su hermano no tenía la culpa de nada, pero en verdad le dolía el quedar con su alma completamente desnuda ante la persona que más necesitaba que le viese como alguien fuerte, como alguien en quien confiar. Y no solo le dolía, sino que lo que estaba allí escrito lo confundía, le impactaba.
Pasó nuevamente las páginas del cuaderno, admirando los dibujos que su hermano había hecho (interesándose muy poco en lo que allí estaba escrito para que los demás lo leyeran), observando detenidamente los retratos y paisajes que entre las páginas se encontraban. Sus favoritos eran tres: un paisaje helado, con un océano casi congelado y un barco a la deriva; el retrato de perfil de quien quería pensar era su madre, con aquella mirada llena de paz que creía recordar, sosteniendo a un pequeño en brazos; y el último, el boceto de un bebé en la cuna, aparentemente dormido, con una pequeña mano en su cabeza, como acariciándola.
En la siguiente hoja de este último dibujo se encontraba la carta que su hermano había escrito, y la leyó una vez más, creyendo que a más veces la leyera, más cosas entendería… Tuvo que contener de soltar nuevamente la risa seca ante su pensamiento.
Ikki:
Supongo que a ti es al que más disculpas debo pedirle, dejándote de último para leer lo que está aquí, pero entiende que eres al que más le escribí, y estoy seguro que vas a ser el que más tiempo te lleves pensando después, más si consideramos que leerás esto más de dos veces, tratando de comprender mejor las cosas al repetir lo que aquí dice una y otra vez, algo que espero puedas realizar, porque creo que la persona que más me importa que entienda las cosas que aquí escribo eres tú, hermano.
Ser el contenedor de Hades fue algo muy difícil para mí en todos los momentos. Cuando descubrí qué era y por qué era aquello, cuando tuve que luchar contra una fuerza que me sobrepasaba en poder, cuando la Guerra Santa terminó, durante el coma, durante todos estos años… sé que eres consciente de ello, viviste conmigo muchos de esos momentos. Sin embargo ciertos eventos ocurrieron mientras me encontraba en coma o mientras dormía, las pesadillas sobre el Inframundo me perseguían, convirtiendo los ratos en los que cerraba los ojos en torbellinos de gritos, pestilencia, muerte, dolor y una especie de luz negra, que generaba que el caos dentro de mi mente se hiciera más y más grande, así que cuando se me presentó un sueño diferente, la ilusión de aquel lugar cambiante, y en éste se me ofreció un trato que me permitiría soñar otras cosas, no dudé en aceptar lo que allí se me proponía.
Pero para que entiendas por qué acepté morir ahora de tan buena gana debes saber cómo funcionaban los sueños: me adentraba en la piel de ustedes, de mis compañeros de batalla, en momentos en que la muerte se les había acercado, fuera alguien cercano a ustedes, fuera alguien por quienes se sintieran culpables, fuera alguien a quien ustedes habían matado, fueran (incluso) ustedes mismos los que hubiesen entrado y regresado a los dominios del que trató de poseer mi alma.
Y me sentía mal, hermano, me sentía como basura al pensar que había hurgado en memorias que ustedes no querían mostrar, me había apoderado de eventos de su historia que les había marcado, había visto algo que no debía ver. Sin embargo el ver tus recuerdos de la misma manera en la que tú los viste me ayudó a entender mejor qué hay dentro de tu cabeza, por qué tienes ciertas actitudes, la razón de tus cotidianos escapes… pude comprender tantas cosas que no me dijiste y, aunque me sienta mal al escribirlo y revelártelo, me pareció algo bueno. Ahora no me parecía que te excusaba frente a las personas, más bien estaba ahondando en los sentimientos que tenías, aunque no me lo dijiste nunca.
Estoy seguro que ahora te preguntas qué tanto sé, y he de confesarte que mientras escribo esto sé mucho más de ti, de tu historia y de nuestra familia de lo que tú crees saber, pero como soy un buen hermano te comentaré lo que descubrí. (¿Ves por qué debías ser el último? Vas a estar aquí un buen rato).
Sé que recuerdas poco de la vida que tuvimos por tan poco tiempo en aquella casa pequeña, solo tres personas que vivían con lo justo y necesario. Me duele saber que el recuerdo más conciso que tienes de ese tiempo es la noche que tuvimos que salir huyendo debido al incendio que comenzó a destruir nuestro hogar, el que ahora comprendo fue provocado por los servidores de Hades en un intento de recuperarme, buscando dejarme sin madre ni hermano desde pequeño para que ellos pudieran criarme sin mayores problemas.
Sin embargo mamá te despertó a mitad de la noche, justo cuando el incendio empezaba a expandirse, y te hizo salir conmigo en brazos, diciéndote que debías esperarla frente la estación de policía más cercana.
El instinto materno me sorprende aún ahora, pues fue justo cuando saliste del edificio en llamas que los dioses gemelos realizaban una barrera para que nadie saliera de allí.
Después nos encontramos con Pandora, quien consiguió manipular tus recuerdos, consiguiendo que a través del colgante la conexión con Hades nunca se perdiera, permitiendo que al final nuestras almas se trataran de unir. Y aunque al día de hoy tú te sigues culpando respecto a que nunca me separara del dios, pues no pudiste evitar que me marcaran con la frase Your Ever, aunque no tuviste la culpa de nada. No puedo decir "te perdono por eso, hermano", porque no hay nada que perdonarle al niño de dos años que no pudo enfrentarse a una deidad por el simple hecho de que era demasiado grande para afrontarla.
Pero en ese momento poco importaba el futuro lejano, solo debíamos llegar donde mamá nos había indicado. Y lo conseguiste, nos llevaste a un lugar donde nos atendieron y buscaron con quién dejarnos, sin resultados, por lo que terminamos en el orfanato de la fundación de Kido, a comenzar con el tema de ser piezas de ajedrez para los dioses: ir a una de las islas a entrenar para ganar una armadura y poder servir a Atena y, por ende, tener que separarnos. Decidiste cambiar lugares conmigo, decidiste que irías a la Isla de la Reina Muerte, y en un principio pensé que jamás sabría lo que te pasó allí para que volvieras tan diferente, por qué las cosas habían terminado así. Sin embargo ya llegué a entenderlo todo, tal vez no de la manera más adecuada, pero sí, lo vi y lo viví. Ese contraste de búsqueda de odio por parte de tu maestro y la esperanza y aprecio que aquella chica llamada Esmeralda podía mostrar, pasar cuestionando los métodos del hombre que quería volverte más fuerte mientras la chica rubia curaba tus heridas, el amor que a la larga terminaste sintiendo… Y lo que ocurrió después. El sacrificio que ella hizo por ti, pero que sólo generó que el odio se apoderara de ti y que la esperanza desapareciera de tu vocabulario. Y esos momentos eran una mezcla de dolor, de tristeza y enojo, aunque también me sentía tranquilo al saber que alguien te cuidó a tal grado que no pudiste olvidarla, y me alegraba por ti al ver cómo poco a poco tratabas de superarla.
Cada vez que desaparecías ibas a la Isla de la Reina Muerte, alargando la despedida con Esmeralda, dejando muchos recuerdos en aquella cumbre de a poco, hasta que terminaste dejando ir aquel recuerdo, justo cuando la batalla contra Hades estaba comenzando. Y ser el Contenedor en ese entonces no fue fácil, pero tampoco lo fue sentir todo tu dolor y desesperación cuando te enteraste quién era y tomaste la decisión de pelear contra el mismísimo dios del Inframundo para liberarme del tormento.
Lo más difícil de sentir tu historia a través de mi propia piel fue el pensar todo lo que tú pensaste, considerar que eras el peor hermano del mundo por todo lo que hiciste a su debido tiempo, o bien por las cosas que dejaste de hacer, cuando suponías lo peor respecto a lo que me ocurriría, porque después, al despertar y mirarte en la cama del hospital o vigilándome después de una pesadilla sabría que no podía solo soltar un "no te preocupes, hermano", porque no entenderías, porque no podría explicarte cara a cara lo que pasaba, porque ni yo lo entendía bien. Así como tampoco entendía por qué también podía entrometerme en la vida de Hyoga, Seiya y Shiryu, o porque las pesadillas eran tan peculiares y realistas.
Por mucho tiempo me pregunté aquello, hasta que una noche no soñé nada que tuviera que ver con el Inframundo o la muerte, sino que soñé con un lugar tan cambiante donde se me presentó la madre de gracias y desgracias, ofreciéndome un trato para detener las pesadillas, un plan que ayudaría a que la Esperanza, una de sus hijas, regresara encarnada a la Tierra para ayudar a los humanos.
Sin embargo Nyx* estaba teniendo dificultades para liberar a su hija de la caja de Pandora, por lo que se acercó a mí, el que seguía teniendo una parte del alma de Hades, pues buscaba hacer lo mismo con Espis: conseguir que una parte de la diosa de la Esperanza encontrara un contenedor entre los seres humanos para poder liberar parte de su poder en el mundo, y esperaba que aquella chica que llevaría la parte del alma de la diosa fuera también su hija. Lo que la diosa de la noche buscaba era que yo, en calidad de contenedor de un trozo del alma de Hades, engendrara con ella la que sería la representación de la esperanza que podría ayudar a Atena.
En un principio me negué, pero la diosa me vendió el proyecto de una manera en la que todos, incluidos ustedes, saldrían ganando, incluso yo: de a poco el alma de Hades iría desapareciendo, permitiendo así que Espis se alojara primero en mí y luego, cuando el momento llegara, pasar al cuerpo de la que sería mi hija. El problema era que mi alma ya estaba, hasta cierto punto, combinada con la de Hades, por lo que cuando la porción del espíritu de Espis estuviera completo en mi cuerpo, yo me quedaría sin alma propia, hasta el momento en que tuviera que pasarle el alma al contenedor, cuando quedaría vivo, pero en estado vegetativo. Entonces decidí que debíamos hacer ciertos cambios con el proyecto: yo debía morir. Nyx me vendría a traer con su hijo, Thanatos, al momento de hacer el depósito del alma (¿podría llamarlo así?)y entonces yo moriría tranquilo, estando seguro que ustedes continuarían con lo que había comenzado por medio de alguna carta que les dejaría.
Pero las cosas no se dieron como yo esperaba, y al final terminamos así, terminé peor de lo que esperaba terminar, les causé también problemas a ustedes… Y ocurrió el problema con Nozomi cuando tú la viste por primera vez, aunque yo estaba casi seguro que serías tú el que no aceptaría a la niña; la diosa me había dado a entender que habría alguien que rechazaría a la esperanza debido a su pasado, pero que era necesario para que se quedara para siempre en él. Y pues parece que así fue.
Puedo apostarte que, donde sea que estés leyendo esto, Nozomi está contigo, en la misma habitación. Y me alegra tanto que haya alguien que la cuide y la proteja, como si ya no fueras caballero de Atena, como si fueras el compañero de Espis.
Sin embargo el plan para Nozomi no es ni generar una guerra Santa ni ser aliada en alguna, así que deja de preocuparte por ello. Lo único que buscan los dioses con liberar a la Esperanza es ayudar a los humanos, como si aquello fuera a cambiar la percepción que muchos tienen ahora de la humanidad y pudieran volver a utilizarlos.
Por mucho que me duela admitirlo, estoy casi seguro que mi hija no provocará un gran impacto en la vida de todo el mundo. La verdad, mientras para ustedes la situación mejore, yo me doy por pagado. Solo… no le digas eso ni a ella ni a los demás.
Respecto a decir… Va a llegar un momento en que Nozomi comience a tener recuerdos de la diosa, pensará ciertas cosas como lo haría Espis… como si hubiera otra persona dentro de ella. Por favor, explicale qué sucedió, por qué lo hice, y qué pasará con ella. Al fin y al cabo eres su tutor legal, hermano.
Te agradezco por todo desde ya…
-Shun.
Y allí estaban otra vez las ganas de reír… Había visto su pasado, había vivido aquellas ridículas emociones encontradas, había vuelto a ver parte de su infancia… Le había explicado cosas que no sabía de su infancia. ¿Acaso no era el hermano mayor el que estaba en la obligación de contar la historia familiar? ¿Acaso su hermano no debía molestarse por todo lo que le hizo en vida? ¿Acaso iba a aceptar así como así todo lo que había pasado? ¿Acaso esperaba que estuviera conforme con lo que decidió hacer con su vida?
Sabía que la carta no era precisamente emotiva, simplemente era su hermano diciéndole "Sé cosas que no querías que supiera, perdón por eso, pero ahora siento que conozco mejor. Ah, e hice un pacto con los dioses para que mi hija sea la esperanza… No te enojes". Y no se había molestado, simplemente quería reír secamente, irónicamente.
Y lo hizo. Cuando por fin comprendió por qué su hermano había dejado a su hija bajo su cuidado rió. Cuando entendió que aquel niño al que tantas veces en el pasado tuvo que defender se había convertido en alguien que se atrevía a tomar decisiones como aquella, rió. Y cuando las lágrimas salieron de sus ojos… siguió riendo seca e irónicamente, sin dejar de ver el dibujo del bebé dormido.
N/A: Y pues... sip, terminó. Aunque falta el epílogo, por lo que... espero que se pasen nuevamente por el final de esta historia!
Espero hayan disfrutado el capítulo del regreso y quieran seguir leyendo mis vómitos textuales.
JURO SOLEMNEMENTE QUE ESTA VEZ SI VOY A ACTUALIZAR COMO DIOS MANDA!
LOS EXTRAÑE MUCHISIMO! Gracias por todo y nos leemos pronto!
F. Rui-chan.
