Capítulo X
Era ya de noche cuando el Expreso empezó a disminuir la velocidad y decididamente habían pasado muchísimas cosas. Una señora viejísima había pasado con carrito lleno de extrañas golosinas y chocolatinas y Rose y Albus habían querido comprar una cosa de cada para que Jake lo probase todo. Luego habían sacado las varitas y sus tres amigos le habían hecho algunas demostraciones, aunque Jake no consiguió más que chispas. Le vieron algo derrotado, pues no era la primera vez que le surgían dudas acerca de sus capacidades mágicas.
-A todos los hijos de muggles les pasa al principio-le había dicho Albus consolándole.
-No a todos, a mi madre no le pasó -continuaba Rose.
-Tu madre es un caso especial, Rose. Pero de verdad, no te desanimes. Nosotros hemos crecido rodeados de magia, y tú hace unos meses… ¡todavía no sabías ni que existía!
Derek, que sabía mejor que los dos primos las pericias por las que Jake había tenido que pasar para acabar allí, se quedó callado.
Cuando el Expreso se hubo parado definitivamente, les acogió una estación iluminada levemente con farolas. Rodeando la estación parecía que se extendía un pueblo, solo visible por las luces de las calles y, arriba, coronando todo el paisaje, un gran castillo negro se alzaba.
-Supongo que ya lo habrás adivinado, eso es Hogwarts -dijo Albus cuando hubieron bajado su equipaje, tan asombrado que no podía apartar los ojos.
- ¡Dejad los baúles en la estación! ¡Dejad los baúles a la vista y en la estación! ¡Los alumnos de segundo o más que se dirijan a la izquierda y los de primero conmigo! -el que gritaba era el hombre más grande que Jake había visto nunca. Llevaba el pelo largo y la barba aún más y vestía kilos de ropa.
- ¡Hagrid! -Albus corrió a abrazarle, aunque no lo consiguió demasiado.
- ¡Albus! Que alegría tenerte por fin aquí… y ¡Rose! ¡Ya solo faltan dos Weasleys! -luego continuó con lo suyo- ¡Los equipajes fuera, en la estación! ¡Los de primer curso conmigo!
Poco a poco un grupo de unas treinta personas se acercó a Hagrid. El resto de los alumnos ya se dirigían al camino que les habían indicado.
- ¿Veis las barcas que hay ahí al fondo? Caben cuatro personas por barca, id colocándoos. Os aseguro que os gustará llegar a Hogwarts así, es una tradición. Y las mejores vistas del castillo son sin duda las que hay desde el lago. ¡Adelante pues!
Luego, mientras los que estaban más cerca se iban subiendo, Hagrid se acercó a los primos otra vez.
-Albus, Rose, me gustaría que vinieseis conmigo hoy. -parecía visiblemente emocionado de haberlos visto- Si no es mucho problema separaros de vuestros amigos -dijo eso último mirando a Derek y a Jake.
-No, claro que no -dijo Derek. -Nosotros vamos por nuestra cuenta, no os preocupéis. -Y los dos empezaron a dirigirse al lago, buscando alguna barca que estuviese vacía. La única libre a esas alturas, sin contar la de Hagrid, era una que estaba ocupada por dos personas, un niño y una niña. Derek y él se subieron.
Los ocupantes de la barca tenían un aire extraño. Ambos llevaban el pelo largo y suelto y no parecían participar de la alegría generalizada que se vivía por todas partes.
-Hola -dijo Jake, sin poder dejar de mirarlos. Derek, era extraño en él, no dijo nada. Por supuesto, no obtuvieron respuesta.
Las barcas empezaron a moverse y nada más hubieron girado un poco, el castillo en todo su esplendor quedó visible. Jake oyó los sonidos de admiración provenientes de algunos de sus compañeros.
- ¿Como te llamas?-le preguntó la chica a Jake con una voz más melodiosa de lo que esperaba
-Jake Green- susurró Jake, algo intimidado.
-Tu nombre de verdad -gruñó el chico en voz exageradamente alta.
-Jake Green -repitió Jake gritando como él y mirándole a los ojos. Las chicas raras le asustaban, pero los niños gruñones eran su especialidad. -Y vosotros qué, ¿sois de una especie de secta o algo así? -Jake pudo notar como Derek, aterrado, le decía con el codo que parase.
-No vuelvas a dirigirnos la palabra, sucio muggle. -gruño el chico otra vez.
-Te vas a enterar, es… es….escreoguto de mierda -gritó Jake intentado recordar el insulto que había recibido de aquél retrato en la mansión Malfoy. Nada más decirlo se lanzó contra el chico. La intención de Jake era la de tirarle al lago, pero el chico se resistió al primer empujón, así que decidió tomar medidas más drásticas y le empujó con tanta fuerza que los dos cayeron al agua.
Siguieron pegándose en el lago y, como Jake había caído encima, le fue fácil mantener al chico a raya, que en realidad estaba más preocupado por respirar que otra cosa. Cuando consideró que le había pegado lo suficiente intentó agarrarse al bote y subir pero su contrincante no dejaba de agarrarle y se volvían a caer al agua. Las cosas encima del bote no iban mejor, porque Derek y la chica habían empezado a pegarse también, y daba la impresión de que ella se las apañaba mejor que él. Por supuesto, ellos también acabaron en el lago.
Al poco rato apareció Hagrid y les subió a todos al bote sin apenas hacer esfuerzo.
- ¡En tantos años como profesor nunca había visto semejante barbaridad! -Gritaba totalmente fuera de sus casillas. Soltaba tanta saliva con cada palabra que Jake, pensó para sus adentros, habría estado mejor en el lago. - ¡Jamás! ¡Ni siquiera los gemelos Weasley! ¡Ni siquiera Sirius Black! ¡Por las barbas de Merlín! -Hizo una pausa en la que no dejó de mirarlos a los cuatro. - ¿Cómo os llamáis? -Inquirió más tranquilo.
Derek contestó por Jake y él, cosa que él agradeció infinitamente. Albus y Rose les miraban preocupados desde el bote de Hagrid.
- ¿Y vosotros? -le preguntó a la extraña pareja. Respondió la chica.
-Yo soy Harriet Collingwood y él es mi hermano Darragh, y él -acusó a Jake -nos ha atacado primero.
-Hagrid -dijo Albus, y cuando él se hubo girado, le dijo algo al oído. Los dos hermanos se miraron serios. Jake estaba empezando a tiritar.
-Vosotros dos -dijo el gigante dirigiéndose a los Collingwood. Estaba algo más sereno tras las palabras de Albus -conmigo en el bote. Y vosotros cuatro juntos -luego se quitó el abrigo y se lo dio a Jake y Derek. Era tan grande que servía de sobra para cubrirles a los dos.
Los botes se pusieron en marcha otra vez. Jake notó que todos se habían detenido al mismo tiempo y que en ese preciso momento ellos se llevaban la atención de los treinta alumnos de primer curso.
- ¿Les conocíais? -preguntó Jake todavía tiritando.
-En el mundo mágico todos nos conocemos más o menos. -Respondió Albus- Las cosas que ha hecho la familia de esos dos…No te las puedes ni imaginar, Jake. Son gente horrible.
- ¿Y tú lo sabías cuando nos subimos a la barca? -le preguntó a Derek
-Pues claro, tío, pero no me atrevía a decirte nada. Dicen que su madre les ha enseñado magia negra desde antes de que supiesen caminar. -Mirándolos, la verdad, no costaba creerlo.
-Ya te dije yo en el Expreso que ese Darragh es un asesino en potencia, -siguió Rose- pero no os dejéis engañar por la dulce voz de Harriet, ella sí que es un monstruo.
- ¿Y qué le dijiste a Hagrid? -siguió preguntando Jake, que se había acomodado junto a Derek para entrar antes en calor.
-Le dije que son los hijos de Herstia Carrow, no hace falta decir más. No os castigará a vosotros, tranquilos. Todo el mundo sabe que ellos siempre tienen la culpa.
Siguieron avanzando, ya quedaba muy poco para llegar a su destino. Los primeros botes estaban a punto de tocar tierra.
-En realidad, yo tuve la culpa. Yo empecé. -dijo Jake. No arrepentido, eso no, sino simplemente como información.
-Algo habrán hecho ellos -sentenció Albus.
Los primos tuvieron razón. Cuando hubieron llegado a tierra, un hombre de pelo canoso se abrió paso hasta Jake y Derek y con un golpe de varita les secó la ropa. No solo les secó, sino que de repente entraron en calor.
- ¿Estáis bien? -les preguntó con una voz amable -Rubeus me ha comunicado ya lo sucedido. Espero que el incidente no fastidie totalmente este importante día. -Cuando ellos hubieron asentido se dirigió hacia los mellizos Collingwood, que estaban siendo vigilados por la atenta mirada de Hagrid. -Vosotros, conmigo. -Dijo con voz autoritaria. Los tres se alejaron hacia el castillo. Todo el mundo les miraba alejarse y se oían algunos cuchicheos.
-Ahora nos dirigiremos a la puerta principal de Hogwarts. ¡Seguidme todos! -Volvió a gritar Hagrid y luego les hizo una señal a ellos cuatro para que se acercasen.
-Jake y Derek, ¿cierto? -preguntó con voz decidida pero más amable que antes.
-Así es, señor -respondió Derek.
-No hace falta que me llames señor. Todavía no soy tu profesor. Puedes llamarme Hagrid. Siento haberos gritado antes, no sabía quiénes eran ellos. ¿Me contaríais que sucedió? Así Hamsley no tendrá que molestaros durante el banquete.
-Llamaron a Jake sangre sucia y luego se lanzaron contra nosotros. -Quien hablaba era Derek- Estaban tan rabiosos que nos caímos del bote y por más que intentásemos volver a subir, nos volvían a tirar. La verdad, temí por nuestra vida -Jake miró extrañado a su amigo, quien había puesto un tono de voz que no conocía. Nunca había pensado que Derek pusiese mentir con tanta facilidad, aunque, ahora que lo pensaba, llevaba mintiéndole toda la vida sobre la existencia de la magia.
-Lo que suponía -dijo Hagrid. Para entonces habían llegado a las famosas puertas, que se empezaron a abrir poco a poco.
El interior del castillo era tan alucinante que Jake se quedó con la boca abierta, y no fue el único. Realmente parecía un castillo medieval, de esos que aparecen en las películas. Supo desde que puso el pie en el suelo del castillo que aquél sería su hogar.
…
El lugar más alucinante de ese castillo, Jake podía afirmarlo sin haber visto el resto, era el gran comedor. Todavía no habían entrado, pero la puerta estaba abierta, y podían ver perfectamente como el resto de alumnos se iban sentando en cuatro mesas enormes. Hagrid, en ausencia del subdirector, que era el hombre que se había llevado a los mellizos Collingwood, les explicó que cuando fuese el momento deberían entrar en fila de uno y quedarse quietos donde él les indicara.
-¿Estas bien? -le preguntó Scorpius cuando se hubieron parado. Jake le indicó que se moviesen un poco para tener más intimidad. Albus y Derek les miraban extrañados y Rose parecía bastante cabreada.
-No demasiado -susurró Jake para que nadie le oyese -Osea, no por lo de los Collingwood. -No quería que Scorpius creyese que era un debilucho. -Creo que tenías razón sobre Derek. No es tan buena persona como creía. -hizo una pausa y, al ver que Scorpius no decía nada siguió -Lo que pasó en el bote fue culpa mía, hemos mentido. -Rose, todavía flipando, parecía estar a muy poco de acercarse y cortar la conversación.
-Tienes que aprender a controlar ese genio, Jake. -Se lo dijo serio pero con cariño. -Igualmente no les viene mal que les castiguen, a esos dos. Son lo peor. -Curiosamente, Scorpius y el resto de sus amigos coincidían en eso.
-No sé a qué genio te refieres, pero yo no tengo nada que controlar- le ladró a Scorpius.
-A ese mismo. -continuó Scorpius sin molestarse - Mira, ya entramos.
Jake adelantó un poco para ponerse entre Albus y Rose. El primero le miraba interrogante y Rose se había propuesto no mirarle.
-Tío, qué haces hablando con Malfoy. Su familia es tan peligrosa como los Carrow. O peor, porque los Malfoy son inteligentes. -Jake tuvo la sensación de que Albus no estaba enfadado porque pensaba que bastaba con contarle eso para cortar su amistad con Scorpius.
-Albus -le dijo al oído mientras empezaban a entrar en el gran comedor -Scorpius es un buen tío. Él ha sido el primer mago en confiar en mí. Él y su padre. De verdad, no son mala gente.
-Luego -gruño su amigo.
Cuando se hubieron parado todos en fila india, la profesora McGonagall se levantó de su asiento, que se encontraba en el centro de la mesa de profesores. Les miró a todos seriamente y luego se acercó a un atril que había colocado en el centro del comedor, justo delante de la mesa de profesores.
-Os iré llamando por orden y os iréis colocando el sombrero. -señaló a un sombrero roñoso y arrugado que había encima de un taburete -No os olvidéis de quitároslo y dejarlo en el taburete una vez os haya asignado a vuestra casa.
-Kristen Amery – una niña peinada con dos trencitas se acercó al taburete y se colocó el sombrero. La chica era tan pequeña, que el sombrero le cubrió toda la cabeza.
-¡Raverclaw! -pronunció ante sorpresa de Jake el sombrero. La mesa de Raverclaw empezó a aplaudir y la recibieron con multitud de saludos.
-Candence Bardley -se trataba de una niña rubia muy mona que llevaba un enorme lazo rosa en la cabeza.
-¡Gryffindor!-gritó el sombrero nada más le hubo tocado el lazo. Igual que había sucedido, la mesa de Gryffindor aplaudió su llegada.
Los hermanos Collingwood, que habían llegado justo a tiempo para su selección, fueron colocados en Slytherin. Y así fueron desfilando una serie de niños y niñas cuyas caras aún no reconocía. Una tal Faith Bellamy fue a Gryffindor, Ada Crabbe a Slytherin y a Raverclaw fueron otras tres chicas más y dos chicos antes de que llamasen a Jake.
Cuando hubo oído su nombre, Jake se acercó al taburete intentando conservar la serenidad. En realidad estaba muy asustado de que el sombrero ese le mandase, en vez de a cualquier casa de esas, a su propia casa alegando que había un error y que él no era mago.
El sombrero se quedó callado un buen tiempo. -Lo único que tengo claro es que Hufflepuff no. -se volvió a quedar callado y luego continuó. -No parece que tengas un gran entusiasmo por estudiar, mejor Raverclaw tampoco. - Jake estaba a punto de estallar.
-Mmm… complicado, mmmm…Creo que en Slytherin podrás encontrar mejor tu camino. -Jake miró a Albus. No tenía ni idea de si estaba oyendo lo que decía el sombrero o no. Albus le intentaba decir algo con las manos. Por suerte, Jake lo entendió antes de que fuese demasiado tarde.
