Antes que nada, ni Digimon, ni sus maravillosos personajes ni su impresionante historia me pertenecen.

Espero que la disfrutéis leyendo tanto como yo disfruto escribiendo. Acepto cualquier comentario, valoración y crítica siempre que sea constructiva, con buena intención y desde el respeto.

Estaré encantada de leeros y responderos.

Esta historia no sigue exactamente la misma historia que Tri, aún así espero que le deis una oportunidad.

Nos vemos y nos leemos :)

-Capítulo 9-

Joe

Hacía un par de horas que se habían adentrado en la selva. Desde el enfrentamiento ocurrido en la playa, nadie había dicho ni una sola palabra. Era algo normal, desde que habían llegado al Digimundo habían vivido emociones muy fuertes.

El encuentro producido con Ken horas atrás, había terminado de minar el ánimo de sus compañeros.

"Debemos averiguar que sucede aquí. Es todo muy extraño."

Gomamon lanzó un sonoro ronquido. Todos llevaban a los digimon en brazos para que pudieran descansar después de haberles dado de comer, ya que la batalla les había dejado exhaustos.

Joe observaba en silencio a sus compañeros. Casi podía adivinar lo que se le pasaba por la cabeza a cada uno de ellos. Era lo mismo que le preocupaba a él.

"Tenemos miedo, estamos asustados."

Pensó en cómo irían las cosas por la Tierra. Tuvo una idea para poder iniciar una conversación con los demás.

-¿Cómo creéis que estará Meiko?- preguntó.

No obtuvo respuesta. Mimi aceleró el paso y se puso a su altura.

-Seguro que mejor que nosotros. Ella tiene una cama en la que dormir, un baño en el que hacer sus necesidades o bañarse, ropa, maquillaje…- cuando Mimi empezaba así, no había quien la aguantara.

Automáticamente se arrepintió de haber intentado sacar un tema de conversación. Aunque, pensándolo bien, Mimi tenía algo de razón con respecto a Meiko.

"Yo también echo de menos mi cama y estudiar por las noches".

-¡Esperad!- dijo deteniéndose de golpe.

Mimi, que aún seguía hablando, lo miró ofendida.

-¿No me estabas escuchando?- preguntó en tono agudo.

Los demás miraban a Joe desconcertados.

-¿Qué pasa, Joe?- preguntó Tai.

-Meiko.- respondió Joe.

-¿Qué pasa con ella?- preguntó Matt impaciente.

-Se supone que mañana se reúne con nosotros. ¿Cómo lo haremos?

En ese momento sus amigos cayeron en la cuenta de aquello a lo que se refería, habían olvidado por completo que se reuniría con ellos más adelante.

-Es cierto.- añadió Kari.- Si llega al mismo lugar que nosotros y Digimon Emperador la encuentra…- dijo sin terminar la frase.

-Podría llegar a correr mucho peligro.- dijo Sora.

-No había pensado en eso.- dijo Tai.

-Habrá algo que podamos hacer.- añadió Joe.

Observaron a Koushiro, ya que si alguien podía encontrar alguna solución; era él.

-Estoy intentando pensar.- dijo en voz baja.- Sólo se me ocurre una opción, que creo que podría ser factible.

-Dinos.- dijo Matt.

-En realidad, es algo bastante sencillo. Se trataría de mandarle las coordenadas exactas del lugar en el que nos ubiquemos. Podemos enviárselas al profesor Nishijima. Él las introducirá en el ordenador y Meiko aparecerá en el lugar en el que nos encontremos.

-¿Funcionará?- preguntó Tk.

-Estoy convencido al noventa por ciento de que sí.- respondió Izzy.

-Bien, por probar no perdemos nada. - dijo Tai.

Yamato

Su viaje a través de la selva no les estaba aportando nada positivo. Aún no habían encontrado ninguna pista ni rastro que pudiera llevarles a sus amigos. Por el camino habían encontrado un par de cuevas, que exploraron hasta el final sin encontrar nada.

"Es inútil, en esta isla debe haber cientos de lugares como los que Kari nos ha descrito. Encontrarlos va a ser muy complicado".

Estaba abrumado, todos lo estaban. Las cosas estaban siendo más complicadas de lo que parecía en un principio.

Tai intentaba mantener el ánimo del grupo, pero no lo conseguía. Ni siquiera Sora ni Koushiro parecían animados.

Se acercó a Tai y apoyó una mano en su hombro.

-Quizás deberíamos empezar a plantearnos dónde pasar la noche. Está atardeciendo.

-Tienes razón.- corroboró Tai.- Hoy ya hemos andado bastante.

Finalmente decidieron establecerse en un claro ubicado cerca de un lago de agua caliente que habían encontrado los digimon.

Mimi estuvo celebrando aquel hallazgo dando saltos de alegría.

-¡Genial! Esta noche dormiremos limpios.

Decidieron bañarse por turnos, para que siempre hubiera alguien vigilando. Mimi decidió que las chicas fueran las primeras en bañarse. Aparecieron todas con bañador y toalla.

-¡Ni se os ocurra mirar!- amenazó Mimi.

-Llevamos bañador, Mimi.- dijo Kari.

-Y no es la primera vez que nos ven en bañador.- añadió Sora.

Sora tenía razón. La última vez que había visto a sus amigas en bañador o biquini había sido dos o tres años atrás. Era más que evidente el cambio físico que habían experimentado desde entonces.

Yamato no podía dejar de mirar a Sora. Un par de años atrás estaba mucho más delgada y plana. Ahora era más alta, tenía un cuerpo cuidado y estilizado.

"También tiene más pecho.", pensó mientras sus ojos se posaban en la delantera de su amiga. No pudo evitar imaginar una escena en la que ambos se bañaban juntos.

"Podríamos haber hecho grupos mixtos", pensó resignado.

Notó un ligero codazo en sus costillas y salió de su ensimismamiento. Takeru le miraba con una sonrisa.

-Deja de mirarla así. Se va a dar cuenta.- le dijo en voz baja.

Matt enrojeció de golpe. Tai también se había dado cuenta.

-¿Qué pasa Matt? ¿Qué estabas mirando?- preguntó en voz demasiado alta.

Todos le miraban con curiosidad. Su sonrojo aumentó considerablemente. Se acercó a Tai y le puso una mano en la boca, para que dejara de decir cosas que le avergonzaran. Tai entonces reparó en Sora y observó a su amiga de forma descarada.

"Como Sora le pille, le mata…"

Le dio una palmada rápida en la espalda, lo suficiente fuerte para que dejara de comerse a Sora con la mirada. Tai le fulminó con la mirada y le devolvió el golpe.

Ambos se golpeaban sin mucha fuerza, pues se lo estaban tomando como un juego. No se hacían daño el uno al otro.

-Son como críos.- dijo Mimi con un suspiro.

Los demás asintieron dándole la razón. Las chicas se marcharon al lago mientras ambos seguían con su pelea fingida. El resto de chicos miraban la escena atónitos.

Mimi

Suspiró con profundidad cuando sumergió su cuerpo por completo en el agua caliente. El agua estaba exquisita. Pudo apreciar en el rostro de sus amigas que ambas pensaban lo mismo que ella.

-Que suerte hemos tenido al encontrar este lugar.- dijo Kari con una sonrisa.

-Sí.- corroboró Sora.- Menos mal que hemos sido las primeras en entrar. Los chicos son unos brutos y dejarán esto hecho un desastre. Por no hablar de que estoy segura de que Tai se meará aquí dentro.

Todas rieron ante aquel comentario.

-No sé.- dijo Mimi.- Creo que Tai preferiría hacer otro tipo de cosas.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Kari.

-¡Venga ya! Sora, ¿no has visto cómo te miraban?

-¿A mí?- preguntó la aludida.

-¡Pues claro! Primero Matt y luego Tai. Han sido muy descarados.

Sora enrojeció violentamente.

-No es nada malo.- dijo Mimi.

-No me he dado cuenta. Estaba pensando en todo lo ocurrido.

Mimi ladeó la cabeza y miró a su amiga con cariño.

"Lo peor es que tiene razón, Sora nunca se fija en estas cosas. Por eso tarda tanto en darse cuenta de ciertas cosas."

Ella en cambio se fijaba en todo, era muy observadora. Había visto la reacción de sus dos amigos. No le extrañaba, Sora había pasado de parecer un niño a convertirse en una mujer atractiva. Su pelo del color del fuego siempre llamaba la atención. Era alta y tenía un cuerpo desarrollado gracias al deporte que practicaba.

"Ella no se da cuenta de la impresión que causa".

Mimi no llamaba tanto la atención. Pero sabía de sobra que era atractiva. Conocía que puntos de su cuerpo debía potenciar y cuáles no. Su piel blanca y su pelo castaño eran sus rasgos característicos.

En el terreno sentimental Mimi siempre había tenido pretendientes.

Había visto como Joe apartaba la mirada en una muestra de respeto y vergüenza hacia sus compañeras. Takeru las había observado sonrojado y había seguido escribiendo en el cuaderno que siempre llevaba detrás.

Matt y Tai sólo habían tenido ojos para Sora y Koushiro sólo había tenido ojos para ella.

A Mimi le había gustado como Izzy recorría su cuerpo con la mirada, dejando de prestar atención al ordenador. Algo que no se conseguía fácilmente.

Sonrió ante aquel pensamiento, le gustaba la manera en la que le había mirado.

Kari miraba a ambas amigas con una sonrisa.

-Vaya cosas tenéis. Como si eso fuera lo más importante.

-Aún eres muy joven para estas cosas.- dijo Mimi mientras se lavaba el pelo.

-Tengo 14 años, tampoco nos llevamos tanto.- dijo mientras le salpicaba con agua.

-Es verdad. Ya sabes lo que es el amor.- dijo en tono dramático.- ¡Que rápido crecen!

Las tres empezaron a reír, ante la mirada estupefacta de las digimon. A Mimi le gustaba hacer reír a sus amigas, no quería que fuera un viaje de preocupaciones.

Koushiro

Después de casi una hora, había conseguido enviar las coordenadas al profesor. El email había quedado así:

Hola,

Os envío las coordenadas de nuestra ubicación. De esta manera Meiko aparecerá directamente en el lugar en el que nos encontramos. La hora de encuentro sigue siendo la misma.

Las cosas por aquí no están muy bien.

¿Qué tal todo por la Tierra?

Envío el mensaje sin revisarlo. Se frotó la sien con la mano, estaba cansado y le dolía la cabeza.

Alguien se sentó a su lado.

-Vaya, un email un poco seco. Yo le hubiera puesta algún tipo de despedida o emoticono.- dijo Mimi con una sonrisa.

Tenía el pelo mojado y se había cambiado de ropa. Llevaba unos vaqueros, una camiseta de tirantes rosa y una rebeca gris.

"Siempre está guapa…", pensó mientras se sonrojaba.

-¿Hace mucho que habéis terminado?- le preguntó.

-Un buen rato. Los demás han dicho que no viniera a incordiarte.- dijo mientras se colocaba una diadema.- Como si incordiara alguna vez.

Koushiro sonrió nervioso. Mimi tenía siempre buenas intenciones, pero era torpe y a veces terminaba metiendo la pata.

-No molestas. Ya he terminado.

-Pues ya puedes ir al agua. Los demás ya han entrado.

-Sí. Necesito relajarme.- dijo mientras se ponía de pie.

-Koushiro.

Le sorprendió que Mimi le llamara de aquella manera. Tenía el rostro ensombrecido, sin la sonrisa que la caracterizaba siempre.

-¿Qué sucede?

-No tienes que soportar la carga tú solo.

-¿A qué te refieres?- preguntó confuso.

-Me explico fatal.- dijo mientras se rascaba la nariz.- Las cosas del ordenador solo las haces tú. Se que a veces puedo resultar molesta y no soy de gran ayuda, pero si me enseñas algunas cosas puedo manejar yo el ordenador.- añadió.- No quiero que termines tan cansado.

A Izzy aquello le conmovió. Era algo que nunca le habían planteado. Ninguno de sus amigos le había dicho que quería aprender. No le importaba cargar con eso, él era un experto con el ordenador, pero era cierto que agotaba mucho.

Dudaba que pudiera enseñarle todo lo que debía conocer en tan sólo unos días. Podría enseñarle algunas nociones básicas.

"Coordenadas, lecturas de mapas, datos, descargas e inserción de datos. Podría funcionar".

-¿No te parece bien?- preguntó en voz baja.

-Me parece una idea genial. Después de cenar empezamos la lección.- le dijo con una sonrisa.- Estoy seguro de que serás una gran alumna.

-¡Genial!- dijo dando palmas.

Abrazó a Koushiro. Se apartó con cuidado y le miró con una sonrisa pícara.

-Por lo que puedo oler, ese baño es urgente.

Enrojeció de golpe y miró el suelo avergonzado.

-Sí. Me voy al agua.- dijo mientras se despedía con la mano.

Mientras iba hacia el lago sintió que su humor había cambiado considerablemente.

Takeru

La cena no había sido precisamente un festín. Comieron algo de fruta y unas latas de carne enlatada. La carne estaba asquerosa, pero tampoco podían ser exigentes.

-¿Nadie quiere lo que queda?- preguntó Tai mientras miraba con recelo la carne que quedaba.

Todos negaron con la cabeza. Comió sin miramientos la carne que quedaba y sonrió satisfecho.

Poco después de cenar prepararon infusiones calientes para todos. Esa noche refrescaba bastante. Observó a Mimi e Izzy, que llevaban más de una hora apartados en una esquina mirando el ordenador de Koushiro. Él le explicaba con paciencia algunas cosas y, de vez en cuando, Mimi le hacía alguna pregunta.

-¿Qué están haciendo?- preguntó Joe.

-Ni idea.- dijo Tai mientras bostezaba.

Kari se había envuelto en una manta y hablaba con Gatomon mientras observaba la hoguera fijamente.

-Está preocupada.- dijo Patamon mientras se acomodaba a su lado.

-Lo sé. Yo también me he dado cuenta.- dijo mientras tapaba a su amigo.

Matt tocaba la armónica a su lado. Interpretaba la canción que siempre había tocado en el Digimundo. Takeru cerró los ojos para escuchar la melodía. Cuando tocaba la armónica se acordaba de todo lo que habían vivido.

Sacó su libreta y empezó a escribir de nuevo. Era algo que le ayudaba a sentirse mejor. A veces escribía pequeños relatos sobre sus amigos o sus propios sentimientos.

Izzy y Mimi se sentaron poco después con ellos.

-¿Ya habéis terminado de hacer manitas?- preguntó Tai con una sonrisa.

Mimi le sacó la lengua.

-Hemos oído la armónica y hemos querido unirnos a vosotros. ¿Qué os pasa? Estáis apagados.

-Está siendo una situación complicada.- dijo Kari.

-Sí. Está siendo todo muy extraño.- añadió Gabumon.

-Yo estoy algo asustado.- dijo Patamon.

-Chicos.- dijo Mimi con una sonrisa.- Debemos cambiar la actitud. Cuando éramos más pequeños salíamos adelante siempre. ¿Sabéis?- dijo mientras se abrochaba la rebeca.- Es del Digimundo donde guardo parte de los mejores recuerdos que tengo.

-Pienso igual que tú.- dijo Kari.- Hasta que os conocí pensaba que era una niña enferma y débil. Que no podría tener amigos o que no sería capaz de hacer nada.

-Yo siempre había pensado que era un chico raro. Prefería estudiar que salir a jugar. Vosotros hicisteis que me sintiera apreciado.- dijo Joe.

-Sigues siendo raro.- dijo Tai. Todos lo fulminaron con la mirada.- Sin embargo, nos has ayudado mucho, precisamente por ser como eres.

-Pues yo jamás olvidaré el día en el que Tai, Joe, Agumon y Gomamon estuvieron cantando para intentar despertar a ShogunGekomon.- dijo riendo.- Sus berridos se oían por todo el castillo. ¡Qué manera de cantar!

Los cuatro aludidos se sonrojaron ante el comentario de su amiga. Los demás reían con ganas.

-Menos mal que llegaste tú y lo solucionaste.- dijo Palmon mirando con adoración a Mimi.

-Lo sé. Menos mal que alguien aquí canta bien.

-Pues yo recuerdo el día en el que Patamon y yo conocimos el lugar donde nacen los Digimon.- dijo Tk.

-Y el País de los Juguetes.- añadió su hermano mayor.

Miró a sus amigos y no pudo evitar sentirse mejor.

Un rato después sortearon los turnos de guardia. El sería el último en hacer turno junto a Joe. Se despidieron y sacaron sus sacos de dormir. Takeru vislumbró una figura en la oscuridad que observaba la luna.

"Kari"

Sabía que su amiga seguía preocupada por algo, decidió dejar que pasara tiempo con ella misma, por si era eso lo que necesitaba. Cerró los ojos e intentó dormir.

Sora

Koushiro, Tai y ella eran los primeros en realizar la guardia. Los tres bebían café para aguantar mejor despiertos.

Tai observaba el cielo taciturno. Izzy en cambio, estaba actualizando la información sobre la base de datos que tenía del Digimundo.

Observó a Piyomon con preocupación. Temía que todo aquello terminara afectando a los digimon.

-Suéltalo.- dijo Tai.

Le miró sorprendida. Koushiro levantó la vista del ordenador y los observó a ambos.

-¿Qué quieres decir?

-Vamos.- respondió Tai.- Es evidente que algo te preocupa. Apenas has pronunciado cuatro palabras.

Sora emitió un largo suspiro. "Me conoce demasiado bien."

-Supongo que lo mismo que nos preocupa a todos.

-¿Qué vuelvan a infectarse?- preguntó Izzy.

-No. Me preocupa más que terminen obedeciendo a Ken. No sé que pudo hacerle a Veemon para que terminara actuando a sus órdenes.

-Tienes razón. No nos recuerda.- dijo Tai cabizbajo.

-Sora.- dijo Koushiro.- Es algo que no creo que podamos predecir ni, mucho menos, evitar. Iremos viendo como se suceden las cosas.

Miró a Izzy con admiración. Había dicho la verdad, por más que doliera. Tai lo miraba asombrado.

-Vaya, tienes palabras para todo.- le dijo dándole una palmada en el hombro.

-Gracias, supongo. No es que yo no piense en ello. Todo lo contrario, me fastidia no poder obtener respuesta.- dijo cerrando el ordenador.- Pero no puedo estar todo el tiempo preocupado por eso.

-Tienes razón.- coincidió Sora.

Volvió a reinar el silencio entre ellos. Tai observó a sus amigos preocupados.

-Voy a contarte algo Sora.

Ambos amigos miraron a Tai con curiosidad.

-Cuando Datamon te secuestró, no era capaz de pensar en otra cosa que no fueras tú. Eras y eres mi mejor amiga pero, hasta ese momento, no me di cuenta de lo mucho que te apreciaba.

Sora se sonrojó ante aquella declaración. Habían hablado alguna vez de aquella situación, pero Tai no había sido tan sincero como lo estaba siendo ahora.

-No podía pensar en los demás, no podía pensar en protegerlos o en tomar decisiones. Mi prioridad era recuperarte lo antes posible. Tuve mucho miedo.

-Tai...- murmuró Sora.

- Con esto quiero explicarte que no debes preocuparte en una única cosa. Estamos juntos en esto y nos apoyaremos y ayudaremos pase lo que pase.- le dijo con una sonrisa.- Si les hubiera pasado algo a los demás cuando intentaba rescatarte, no me lo hubiera perdonado nunca.

Sor asintió.

-Ambos tenéis razón. Debemos ver que sucede.

-¡Así me gusta!- dijo Tai.- Necesito ir a mear, vuelvo en un momento.

Dejó a ambos amigos solos. Sora notaba que aún estaba sonrojada.

-No te lo ha contado todo.- dijo Izzy.- No tiene nada que ver, pero mereces saberlo todo. Cuando Datamon os secuestró, Tai se culpabilizó. Realmente creía que podría haber hecho algo pasa salvaros. Es la única vez que lo he visto llorar.

A Sora se le aceleró el corazón. Tai nunca le había contado eso.

-No tenía ni idea.

-Ya me imagino.- dijo Izzy con una sonrisa.- Eso quitaría la imagen de líder inquebrantable que tenemos de Tai.

-Sí.

-Nunca se lo he contado a nadie.

-Antes de atravesar la reja electrificada dijo que en el otro lado se encontraba uno de sus grandes tesoros.- dijo Agumon.

Sora se sonrojó al ver que Agumon había estado escuchando toda la conversación. Un tenue calor inundó su estómago. Esbozó una sonrisa.

-Gracias por decírmelo Agumon. Ahora aprecio aún más a Tai.

"Uno de sus grandes tesoros." Se repitió a ella misma.

Recordó la cara de felicidad que puso Tai cuando volvieron a encontrarse. Pese a haber estado asustada, supo en todo momento que Tai la rescataría.

-¡Ey!- dijo Tai uniéndose a ellos.- ¿De qué hablabais?

Agumon observó a su compañero con curiosidad.

-De recuerdos.- se acercó a Tai con cuidado.- Tai, ¿puedes darme algo de comer?

-Ya te vale.- respondió el aludido mientras se sentaba al lado de Sora.- Toma, sólo tengo esta chocolatina encima.

-¡Mi favorita! ¡Gracias!

Se acercó a Piyomon y Tentomon, quienes se habían despertado hacía poco. Compartieron la chocolatina entre los tres. Koushiro volvió a sumirse en su particular mundo tecnológico.

Sora observó a Tai con cariño. No dejaba de imaginarse a un niño de 11 años haciendo todo lo posible por salvar a su amiga.

Tai la miró y le dedicó una enorme y preciosa sonrisa. Sora apoyó la cabeza en el hombro de su amigo. Un gesto espontáneo y lleno de cariño.

Notó como su amigo se ponía rígido, pero no hizo ningún ademán de moverse. Le acarició la cabeza a Sora con cuidado. En esos momentos volvían a ser los mejores amigos, sin ninguna otra preocupación sentimental.

"Algún día seré yo la que te cuente lo importante que eres para mí".

Meiko

Observó de nuevo el email que el profesor Nishijima le había enviado de parte de Izzy.

"No puedo creerlo, mañana estaré de nuevo con ellos.", pensó con emoción.

Tenía muchas ganas de verlos a todos. También estaba preocupada, necesitaba saber como estaban las cosas por allí. El mensaje de Izzy había sido bastante escueto.

Volvió a repasar su mochila de arriba a abajo. No quería dejarse nada. Meicoomon dormía plácidamente en su cama.

Se acercó con cuidado y le acarició el pelaje con suavidad. Durante unos segundos el cuerpo de su amiga se pixeló por completo.

Meiko se levantó sobresaltada.

-No puede ser. Otra vez no…-dijo asustada.

Si Meicoomon volvía a estar infectada, podría suponer un peligro para sus amigos. Lo más sensato sería que ambas se quedaran en Japón y esperaran su regreso.

"Necesito ir. Yo también quiero ir y ayudar en la búsqueda de los otros niños elegidos."

Meditó durante unos instantes.

-Lo he decidido, iremos igual.

Sabía que aquello era un riesgo, ya que podría terminar infectando a los demás digimon. Si eso sucedía, se volverían en su contra. Sin embargo, Meicoomon se había pixelado apenas unos segundos. No tenía porqué estar relacionado con la enfermedad que les había afectado la última vez.

"Puede ser que lo que esté sucediendo en el Digimundo haya repercutido en Meicoomon. Puede que no deba preocuparme."

Decidió no darle más vueltas al asunto. Mañana debían levantarse temprano para reunirse con sus amigos. Se acostó en la cama y abrazó a Meicoomon.

No pudo evitar sentirse culpable.

Davis

Despertó completamente empapado en sudor. Estaba todo a oscuras. Aquello le desconcertaba, pues no sabía si era de día o de noche.

"¿Qué hora será? ¿Cuánto tiempo llevaré aquí encerrado?"

No pudo evitar pensar en sus otros amigos. La criatura que lo visitaba, la cual nunca había podido ver, le había dicho que Ken, Yolei y Cody también estaban en la misma situación que él.

La rabia recorrió todo su cuerpo. Pensar que sus amigos podían estar heridos en lugares como en el que él se encontraba sin poder hacer nada le hacía sentirse impotente.

Ni siquiera sabía nada de Veemon. El primer día que llegó a aquella celda oscura estaba con él.

-Saldremos de aquí, Davis.- le había dicho Veemon.

Por más que lo intentaran, no lograron que Veemon evolucionara.

-No te preocupes, ya pensaremos algo.- le dijo Davis para animarle.

Ese mismo día, aquella criatura se llevó a Veemon.

-No vas a necesitarlo más. A mi me será más útil.

Fueron las únicas palabras que le dijo. A continuación hizo desaparecer a Veemon, dejando a Davis sólo y triste.

No dejaban que muriera, pero lo mantenían débil. Le daban tres comidas escasas al día y agua. Olía muy mal y se notaba más delgado. A veces hablaba solo para no terminar volviéndose loco.

-Encontraré una solución, debo hacerlo.- se decía.

-Tienes un aspecto deplorable.- le dijo la criatura. Apareció sin hacer ruido, cosa que molestaba y asustaba a Davis.

-Déjame salir, tal vez así pueda poner solución.

-¿Crees que soy imbécil?- le dijo con desprecio.- Aquí es donde quiero que estés.

- Por lo menos muéstrate. Quiero saber quien o que eres.

-Como desees.

La criatura chasqueó los dedos y un haz de luz le envolvió. A Davis casi se le para el corazón al ver a aquella criatura.

No era humana, pero tampoco parecía un digimon. Era un ente oscuro con unos enormes ojos rojos. Le mostró una enorme sonrisa con dientes largos y afilados. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

-Me alegra asustarte.

-No me das miedo.- dijo con seguridad.

-No te creo. Percibo tus sentimientos.

-¿Por qué nos estás haciendo esto?- preguntó.

-Verás, necesito a vuestros digimon. Y con vosotros aquí atrapados, puedo asegurarme su control total.

"¿Control total", aquellas palabras no le gustaron nada.

-Sí. Tenéis digimon poderosos y los necesito para alcanzar el plan que me he propuesto.- dijo mostrando su macabra sonrisa.

-¿Qué plan?

-Eso no te importa. Una vez haya conseguido mi objetivo, podré mataros sin miramientos. No te preocupes.

-No dejaré que lo hagas.- dijo enfadado.

-Ya veo. ¿Y cómo piensas evitarlo?

Davis se sintió abatido, ese monstruo tenía razón.

-Puedo sentir como te rindes poco a poco. No te preocupes, dentro de poco tendrás compañía. Aún faltan dos de tus compañeros. Sus digimon también los necesito.

A Davis se le heló la sangre.

"Takeru y Kari", pensó.

-Ni se te ocurra hacerles nada.

-Eres bastante molesto, ¿lo sabes?

Davis se levantó enfurecido. No quería imaginarse a ese monstruo haciendo daño a Kari.

"Si le hace algo…"

-No deberías preocuparte tanto por ella. Saben que estáis aquí y no han venido aún a buscaros. No sois importantes para ellos.

-Eso no es cierto.

-Juzga tú mismo.

En la mente de Davis se formaron unas imágenes. En ella podía ver a los primeros niños elegidos sentados frente a una hoguera mientras reían, daba la sensación de que no había nada que les preocupara.

-No… ¡No es cierto!- dijo con tristeza.

-Tu corazón dice otra cosa. Está siendo una charla muy entretenida, pero debo marcharme. Siento dejarte de nuevo acompañado únicamente por la oscuridad.

La criatura desapareció y también la luz que había iluminado la estancia durante unos instantes. Por lo poco que había podido ver, se encontraba en una celda. Detrás de la criatura, había unas escaleras.

"Deberían llevar a la salida".

Golpeó la celda con todas sus fuerzas, pero estaba demasiado débil para hacer esos esfuerzos. Pensó en sus amigos y le embargó la tristeza.

"Puede que lo que diga es cierto. Llevo mucho tiempo aquí y nadie ha venido a buscarme. Puede que no signifique nada para ellos."

Empezó a llorar con todas sus fuerzas. Davis era una persona con una personalidad arrolladora y positiva. Pero estaba demasiado cansado y sentía como sus fuerzas decaían día a día. La soledad le afectaba mucho y empezaba a pensar que terminaría muriendo.

"Veemon. ¿Qué te están haciendo?"

Cerró los ojos con fuerza, intentando encontrar una respuesta a todo aquello que estaba sucediendo.

"¿De verdad no les importo?".