Antes que nada, mil gracias por sus reviews.. Me animan a seguir escribiendo y a darle más y más a esta historia. Espero que siga siendo de su agrado.
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Apenas estaban terminando de comer la sopa cuando la puerta se abrió. Candy comía bajo el escrutinio de Archie que le había pedido que se terminara todo, pero comía con demasiada lentitud y al sentir que alguien entraba sintió su corazón latirde prisa, anhelante, pero tampoco era él y se reprochó a sí misma sentir un poco de esperanza..
La figura de George, que visiblemente cansado les daba un saludo cordial y se disculpaba por interrumpir la comida, se hacía presente. Preguntaba por Albert, pero nadie le supo responder si acaso pensaba bajar a comer. El hombre meneó la cabeza con decepción. Ya temía que de un momento a otro le sobreviniera algún colapso por malpasarse casi todos los días.
La empleada le preguntó si deseaba que le sirviera y él asintió, disponiendo a sentarse en un lugar opuesto al de la cabecera de la mesa. No habían terminado de servirle la sopa cuando la puerta que había quedado entreabierta se volvió a abrir. Fue de un modo brusco, que produjo el sobresalto de Candy y la sorpresa de todos los demás. Ahí estaba él, con su mirada fija al final del comedor.. Con los labios apretados hasta casi dejarlos blancos. Su camisa era una de distinto color a la que un rato antes Candy le viera y traía las manos apuñadas.
- Espero que disfruten la comida -les dijo con falsa amabilidad sin perder la vista de su objetivo inicial-. George, necesito hablar contigo. -dijo hosco. George tan solo enarcó las cejas sabiendo que el plato recién servido se habría de enfriar si se ponía de pie. Albert se notaba mucho más que serio.. si podía decirlo bastante enojado. Entonces George soltó un suspiro y disculpándose, se puso de pie para salir tras él.
Fue cosa de segundos, y si antes Candy se sentía inapetente, verlo tan enfadado la asustó y perdió por completo las ganas de comer. Así lo había visto esa mañana en el hospital. No entendía el por qué de su actitud y al igual que Archie estaba estupefacta.
Quiso ponerse de pie e ir tras él para de una buena vez confrontarlo, pero la mirada de Archie la hizo dudar.
- Habrá tenido algún problema debido al trabajo.. -murmuró él, pero Candy no creía que fuese eso así que negó para sí misma. Qué rayos le estaba pasando?
Fuera de ahí, en la biblioteca, George se tuvo que enfrentar a la mirada casi asesina de Albert. Caminaba de un lado a otro tratando de encontrar como calmarse, pero no dejaba de verlo.
- Sucede algo? -le preguntó tranquilo, como si no advirtiera en él ningún gesto amenazador.
- Hace cuantos años me conoces George?
- Toda la vida..
- Y con toda la vida que me conoces, qué pensabas que iba a hacer al ver a Candy aquí?
El hombre, tímido, se encogió de hombros. - William.. Si hubieras visto la cara de esa muchacha preguntando por ti...
- Expresamente te lo dije: Requería que vieras por su seguridad.. Te pedí que le arreglaras lo de una mensualidad, que vieras por que estuviese bien.. No necesitaba venir hasta acá! Has visto los reportes? Te ha dado por leer los diarios? Maldita sea George, la has traído a la boca del lobo sin necesidad! Yo no puedo apartarme de aquí, pero estaba tranquilo sabiendo que ella estaría bien allá!
(De algo sirvieron las artimañas de Eliza al cerrarle la entrada a las clínicas importantes, que Candy había quedado descartada del programa de envío de enfermeras a Francia, Italia e Inglaterra... después de todo, ya había terminado sus estudios sobre técnicas quirúrgicas, y con ello se suponía ya tenía el conocimiento necesario para ser enfermera militar.)
- Pero quería verte, hablar contigo, la muchacha se fue para Chicago buscando respuestas y Archie le había dicho que estabas acá!
- Entonces me dices que no vino por él?- y lo miraba fijamente al preguntarle.
- Por el joven Archie? -preguntó confundido- Desde luego que no!
La mirada de Albert cambió apenas un poco, pero seguía todavía con una actitud de enojo.
- Se tiene que ir de aquí.
- Sin hablar contigo? Por favor William, ha sabido que si no aceptaba la mensualidad le quitarías el apellido, ella necesita saber por qué. O acaso has hablado con ella?
Albert negó.
- Me la topé en el hospital y me puse tan furioso.. -evitó decir que se marchó tras haberla visto abrazada de su sobrino-.. Pero ese no es el caso. Ni Londres ni toda Inglaterra es un lugar seguro para ella. Ya es suficiente saber que tú viajas de allá para acá tan seguidamente.
- Pero has debido hablar con ella de esto.
- Sabes que hará Candy al saber de mis motivos para estar aquí? Se va a querer sacrificar, tal y como siempre lo hace! Ella debía estar en el Hogar de Pony, en Lakewood, en Chicago, ¡en donde fuera, menos aquí!
- Entonces habla con ella. No se irá sin una explicación.
- Tendrá que hacerlo y tú te vas a encargar de ello!
- William.. Basta ya de que te cierres a ti mismo y a ella también.. Por qué no le dices qué motivos tienes para estar aquí? Se te está yendo la vida.. No duermes, no comes, todas tus horas te dedicas a trabajar y cuando no lo haces te encierras en tu habitación para no abrirle a nadie. La servidumbre ya tiene miedo de llamar a tu puerta. Tú no eres así.
- Qué quieres que te diga? Tengo un deber aquí. -explotó, ante la mirada sorprendida de George.
- No me digas eso del deber, estás huyendo y eso no es de caballeros..! ¿Desde qué momento creíste que ibas a poder recuperar el patrimonio de la familia en éste país? Has hecho gastar al consejo más de lo que realmente crees que puedes recuperar. Las propiedades las siguen reclamando para el uso militar, las inversiones ya no te han dado dividendos considerables.. tus lejanísimos familiares no van a dejar de ir a pelear si son convocados.. Por algo son ingleses!
Has querido pretextar que el deber te tiene aquí, pero solo estás huyendo. Y puedes encerrarte en esa habitación hasta que la guerra acabe, así pasen veinte años, pero eso no impedirá que sepas que la vida debe de seguir.
- Escúchame bien George, no me importa que debas hacer, pero quiero a Candy fuera de Inglaterra ésta misma semana. Y en cuanto mi cuñado esté mejor, te harás cargo de que ellos también se vayan. Yo no puedo volver hasta que encuentre al último de mis familiares y a mis amigos los pueda sacar de aquí.
- No podrás conseguir que sean disculpados de seguir en la guerra...
- Lo haré porque son los únicos que quedan de la familia de sus padres y la ley les debe de brindar ese privilegio.. No pueden acabar con un par de familias... y yo voy a ver porque así sea.
- Basta ya de fingir ser el héroe, William. Si ellos aman a Inglaterra, van a morir por ella. En el momento que los saquen de las filas van a reclamarte que hayan dejado a sus regimientos solos.
- Fue una promesa hecha a sus padres..
- Pero no has podido hacer nada todavía. -y George suspiró con un poco de tristeza.- Sé que los aprecias y que tú mismo padeciste hace más de año y medio por un trauma parecido, pero han sido diferentes circunstancias. Ellos escogieron estar allá. Y volviendo a lo de Candy, debes de decirle a la muchacha lo que sientes por ella de una buena vez... Decirle que es la razón principal de que te hayas marchado.. Abrir los ojos y darte cuenta de que fuera de las aburridas fiestas que hacen aquí y a las que nunca asistes, tu misión en este país no tiene trascendencia. No te cierres. Si pensaras que has venido para salvar el patrimonio de los Andley, aparte de a tus amigos, lo mínimo que harías es conectarte con la gente adecuada que se vive la vida en esas fiestas.
- Un puñado de millonarios festejando mientras miles se van a la guerra para sufrir escarnio y perder su vida... No comparto esa forma de pensar. -dijo con desprecio.
- Pues si me permites decirte, querido muchacho, no vas a poder sostener tu estadía aquí ante el consejo si no empiezas a rodearte de ese "puñado de millonarios" y hacer crecer las arcas del corporativo a la brevedad mientras realizas tu labor social.
Y se encaminó detrás del escritorio para sacar un sobre de un cajón y de golpe dejarlo sobre él.
- La próxima fiesta organizada por el Conde.. ésta vez será mejor que vayas.
Albert maldijo para sus adentros. En nada le interesaba regodearse enfrente de un montón de viejos de que también tenía dinero y mucho. Con todo gusto preferiría irse a internar en el zoológico, dándole alimento a los monos que en otro lugar, así vistiera con la ropa más sencilla y dejara de lado todas sus comodidades.
Muchos de los hombres de negocios al saber que la guerra era inminente habían trasladado sus cuentas e inversiones, habían preferido irse a vivir fuera del país, pero todavía había muchos que ostentando grandísimas fortunas y títulos nobiliarios, habían escogido por honor o lo que fuera, quedarse en Inglaterra.
Aunque la fiesta en cuestión la organizaba un conde, era de los pocos que se habían quedado por motivos más del orden político que del social.
El Conde Lloyd George de Dwyfor era un respetado político liberal inglés. Lo había conocido en una reunión debido a que desde un año antes dirigía el Ministerio de Hacienda y ese año había sido nombrado Ministro de armamento. Estaba muy bien relacionado y era la segunda vez que lo invitaba a alguna reunión, la cual no iba a realizarse en su casa sino en la comodidad de un hotel, el más imponente de Londres y en uno de sus salones más caros.
George le había reclamado su inasistencia a aquella fiesta, pero fue el día que Meredith (sabiendo que había regresado a Inglaterra) averiguó el lugar donde vivía y muy desvergonzadamente se le plantó en su casa. Se puso a llorar casi a sus pies, le aseguró que su vida con Roberth era un infierno. Que después de 4 años ni siquiera había llegado a un compromiso.. Que se había dado cuenta de que su felicidad estaba al lado de él, "su" William.
A poco estuvo Albert de reírse en su propia cara, pero estaba tan descontrolado también por lo de Candy que temió ser demasiado cruel. La ignoró, la muchacha casi lo hace caer por causa de haberle sujetado de las piernas, la ayudó a levantarse y le pidió que abandonase la casona sin aceptar más explicaciones.
No sabía si había sido el sonido chillón de su voz o el que se sintiera harto, pero el desagrado de una o de ambas cosas le trajo un dolor de cabeza descomunal y dejó a Meredith llorando cual magdalena en el salón mientras él se iba a encerrar a su recámara con llave.
De ese modo se perdió la primera fiesta, aunque le causaba desagrado pensar que iba a asistir, sabía que de cien personas que asistieran, el conde era pieza clave para solucionar los problemas que le aquejaban y le ayudarían a realizar su cometido.
- Entonces dime William... Cuando vas a hablar con ella? Está mas pálida que nunca, vino por que quiere que le expliques qué ha pasado. ¿Dónde ha quedado el amigo que ella siempre ha esperado de ti?
- Supongo que ni eso podemos ser.. -dijo con amargura.
- Te va a odiar si no le explicas nada.
- Y si le explico se sentirá traicionada también! -y se agarraba los cabellos preso de dolor y desesperación- ¿Es que no entiendes? Interferí entre ella y Terry por causa de mi terror por perderla! Le fallé a un amigo y me porté como el peor de los egoístas al negarle la felicidad con él! -y quiso golpear el escritorio pero su mano estaba tan lastimada que lanzó un grito de dolor. Entonces George tomó cuenta de que la mano de Albert estaba roja e inflamada. Trató de ayudarlo, pero se lo impidió. - Y para colmo yo de idiota me hice ilusiones George.. Creí que ella podía sentir algo por mí y no fue así... Necesito que se vaya, no tengo cara con que mirarla porque si lo hago no voy a resistir y voy a terminar diciéndole que estoy enamorado de ella y no podré soportar su lástima o que sienta que me debe tanto que me acepte solo por eso. -y dicho eso, aunque jamás lo había hecho delante de él, Albert comenzó a sollozar. Su amigo estaba devastado y no sabía de qué modo reconfortarlo, pero no tendría que hacerlo: salió de la biblioteca a toda prisa y seguro que a encerrarse en su habitación.
El relato de Albert lo conocía perfectamente George. Terry había tratado de acercarse a Candy y él le había pedido que no lo hiciera, argumentando que Candy nunca soportaría que por su culpa Susana se hiciera daño a sí misma tal y como lo había hecho una vez antes. No podía basar su felicidad en la desgracia de otra.. y aunque Candy realmente sí pensaba de esa manera, tuvo temor de que su amor por Terry fuese más grande y que al ver su regreso se rindiera a él.
No debió haber hecho eso, pero ya estaba desesperado. Y no paraba de reprochárselo a sí mismo. Por eso se alejó hasta que supo que Neal quería casarse con ella y tuvo que enfrentarla de nuevo. Sólo que en ese entonces le había notado distinta. Supo que había sufrido por haberla dejado sola, pero tontamente lo atribuyó a que lo quería. Y aunque Albert estuviera seguro que Candy no sentía nada por él, George ya lo estaba dudando. Y dudaba aún más porque había visto a Candy en esos días en el barco demasiado triste y melancólica... ella no era tampoco así.
Entonces, encogiendo de hombros, decidió salir de la biblioteca para ir con rumbo a la cocina para tomar hielo en algún recipiente; aunque sabía que a Albert le debía doler la mano horriblemente, seguro que le dolía mucho más el corazón. Quizá su intromisión fuese tomada como una traición de su parte, pero en ese momento George se dijo a sí mismo que iba a tener que actuar en favor del muchacho y se prometió a sí mismo ponerse a pensar en ello toda la tarde... algo debía hacer para aclararlo todo.
