Título: Todo no es para siempre

Pairing: Chris x Jill / Helena x Leon

Disclaimer: Resident Evil no me pertenece todos sus derechos son de Shinji Mikami y de CAPCOM, yo sólo fangirleo un poco

Notas:

Negrita: Diálogos entre los personajes

Cursiva: Flash Back

Negrita con cursiva: Diálogos en Flash Back y citaciones

Capítulo 10: Amor y Odio (1 Parte)

Sentía como todo el dolor desaparecía, abrió aquellos ojos verdosos intentando ver el final de ese océano tan profundo donde se encontraba. Alzó la mano intentando llegar hasta arriba pero, ¿Qué importaba? Seguro que nadie la echaría de menos, estaba completamente segura de que el silencio y el suave susurró de aquellas burbujas que salían de su boca era la mayor calma que podría experimentar.

"Todo estaba bien"

Volvió a cerrar los ojos dejando de intentar alcanzar la vida que tan lejos se le quedaba…

- Helena… ¡Hermana!

Abrió los ojos con cierta pesadez encontrándose maniatada volviendo a sentir ese fuerte dolor en sus muñecas, enfrente de ella podía ver a su hermana, la llamaba, le pedía su ayuda con desesperación.

- D-Deborah… - Miró a la chica viendo ese sonrojo en sus mejillas debido a aquellos llantos en silencio. Volvió a forcejear echando su cuerpo hacia adelante, como intentando llegar a ella.

- ¡No puedes morir! ¡Te necesita!

- ¿Necesitarme? Eres tú la que necesita mi ayuda… - Susurró un poco grave intentando que las palabras salieran de su boca.

Deborah se levantó de la silla con aquel pequeño jadeo, intentando aguantar las ganas de llorar como podía, pero le resultaba imposible. Alzó la mano hacia la cara de su hermana y la miró dolida.

- No puedes morir así… Tú no eres así…

- Tranquila… Volveremos a estar juntas como antes – Sonrió levemente intentando confortarla.

- No… - Negó con la cabeza poniendo su otra mano en la otra mejilla de su hermana - ¡Vive! ¿Y la pequeña Deborah? ¿Dejarás que llore como yo?

- ¿La pequeña Deborah? – Abrió los ojos de repente viendo ahora a su pequeña con una sonrisa en sus labios.

- Mami yo sé que eres fuerte… - Dijo con ternura con sus manos escondidas en su espalda- Sino… ¿Nos defenderemos con la pistola no?

- Deborah…

El apartamento de la Harper había quedado en penumbra al ocultarse los últimos rayos de Sol, la pequeña se encontraba delante de la puerta del baño con una pistola de juguete en una de sus manos.

- ¿Mami? – Tocó a la puerta. Hacía mucho rato que su madre no había salido de la bañera ¿Y si algún zombi de los que hablaba la había atacado mientras se daba un baño? Deborah frunció un poco el ceño asustada. Se inclinó intentando llegar a la manivela, cuando abrió vio que el agua de la bañera mojaba el suelo, sus pequeñas zapatillas rosas se mojaban y con temor retrocedió. - ¡Mamá!

Su corazón parecía que iba a salirse de su pecho, con el valor que su madre le había trasmitido en más de una ocasión se decidió a entrar, cuando movió un poco más la puerta vio cómo su madre estaba desnuda en brazos de una mujer de pelo negro. Por un momento su respiración pareció pararse y corrió hacia ellas.

- Mamá…. – La movió un poco intentando hacerla reaccionar - ¿Qué te pasa? – Miró a su muñeca ensangrentada retrocediendo un poco – N-No… No he sido mala… Yo no he sido…

- Deborah – Susurró Ada acariciando su pelo cuidadosamente – Escúchame, mamá se pondrá bien ¿De acuerdo?

- Se va a morir… Su sangre está por el suelo… - La niña rompió en llanto, parecía como se desgarraba la garganta, su madre con la que había intentado pasar todo el tiempo de su vida estaba ahí… Y ni siquiera sabía si respiraba. Su pecho subía y bajaba fieramente y sus gritos hicieron que el espejo se hiciera añicos.

- No es el momento para ver los efectos secundarios de ese colegio de monjas – Cogió a Helena entre sus brazos y noqueó a la pequeña, no era el momento de titubear, la vida de la castaña estaba en peligro ya que su corte no dejaba de sangrar…

Por más que hubieran pasado unas semanas no era capaz de levantar cabeza, recordar los desgarradores gritos de Jill aún hacía que su piel se erizara, la impotencia y el nerviosismo se hacían con su cuerpo y no podía evitar salir a la puerta de la B.S.A.A y fumarse uno que otro cigarro para intentar recomponerse ¿Es que nunca podría ser feliz? Al parecer eso no era posible para él… Había perdido a compañeros, amigos y ahora a la mujer de su vida… ¿Cómo demonios podía pensar en levantarse si su vida era una mierda?

- Dan… - Susurró mirando al cielo. Su hijo era todo lo que tenía en aquellos momentos y ni siquiera había sido capaz de ir a verlo tras lo sucedido ¿Se acordaría de él? Eso era lo que se preguntaba cada día…

- Capitán ¿Se encuentra bien? – Miró hacia atrás viendo a su nuevo compañero de reojo.

- Sólo fumaba… ¿Alguna novedad sobre Jill?

- No, pero hemos encontrado Ada Wong en el hospital, al parecer una ex agente de la D.S.O casi se suicida mientras estaba a solas con su pequeña y ella la llevó allí.

- ¿Ex agente de la D.S.O? – Se giró tirando la colilla al suelo conforme le miraba – ¿No será Helena Harper, verdad?

- Sí… Creo que era Harper, capitán.

Apretó con fuerza los dientes mientras daba un puñetazo a la puerta ¿Qué pretendía? ¿Perder el derecho de estar con su hija para siempre? O más bien… ¿Qué demonios estaba pensando el imbécil de Kennedy?

- Tengo que ir a verla… Volveré en unas horas ¿De acuerdo?

- No se preocupe capitán, le mantendremos informado.- Chris se limitó a asentir yendo hacia su coche ¿Por qué las cosas se estaban complicando de aquella manera? Metió la llave y se dispuso a conducir hacia el hospital, era lo único que podía hacer por el momento. Cogió su teléfono sin despegar los ojos de la carretera, no consideraba que fuera su momento de morir.

- ¿Chris? ¡Ya era hora de que me llamaras! ¿Es que no te importa tu hijo? – Gritó la pelirroja desde el otro lado del teléfono, parecía bastante frustrada.

- Claire no te he llamado para que me la líes, no es el mejor momento.

- ¿Qué ha pasado? – Su voz se tornó más seria mientras que de fondo se escuchaba al pequeño balbucear.

- Jill ha sido secuestrada por Carla – Dijo con angustia en sus palabras – Y por si fuera poco Helena ha intentado suicidarse y está en el hospital.

- ¿Qu-Qué estás diciendo? – Se quedó callada durante unos segundos intentando asimilar las palabras de su hermano como podía - ¿Leon sabe algo de esto?

- No lo sé, pero si Helena ha hecho esto por él, juro que le mataré. – Dio un puñetazo al volante – Encárgate de ese imbécil, yo voy al hospital.

- Está bien, Chris…

Debía admitir que odiaba los hospitales, sólo le recordaba lo hipócritas e impotentes que podían ser los médicos en su trabajo. Conforme caminaba por uno de los largos pasillos del hospital con su móvil en mano recordó el día del nacimiento de Dan, cómo aquellos imbéciles se lo habían hecho pasar mal y como le habían sentenciado con un "No podrá haber un segundo hijo si desea que su mujer viva"

- Este mundo cada vez está más podrido – En su móvil podía ver el número de habitación de la castaña, esperaba que al menos su mejora hubiera sido buena en aquellos días, lo último que le faltaba era ver como alguien bastante querido para él se moría.

Abrió la puerta un tanto ansioso deseando ver el aspecto de la Harper, cerró la puerta tras de sí y caminó un poco por la habitación. Lo que vio le perturbó el corazón, allí se encontraba más pálida de lo normal con su muñeca vendada y el suero puesto en su mano contraria.

- Helena… - Susurró acercándose a ella para acariciarle la mejilla.

- Vaya, esperaba que Leon fuera más rápido que tú – Sonrió la morena colgada de la ventana con su garfio – Hacia mucho que no te veía, Chris.

- No te echaba en falta – Frunció el ceño molesto - ¿Cómo está?

- Por suerte la traje a tiempo, parece que las palabras de Leon fueron demasiado duras para ella.

- Sabía que había sido por su culpa… Ese estúpido Kennedy – Gruñó sentándose en el filo de la cama – Me alegro de que al menos pudieras traerla a tiempo.

- Parece que nuestra última integrante al grupo te resulta más interesante que tu mujer ¿No es así? – Sonrió algo divertida.

- Eso no es asunto tuyo… Jill fue secuestrada por Carla hace unas semanas y no tenemos ni una mínima pista.

Ada cruzó sus piernas en el marco de la ventana con total naturalidad, la idea de que fuera un séptimo no le asustaba en absoluto, era tan libre que parecía que por más que cayera al vacío siempre volaría.

- Está con Wesker – Se cruzó de brazos – Al parecer a tu mujercita se le da bien soportar virus en su cuerpo, es un buen recipiente.

- No puede ser… ¿Ahora Wesker? ¿Es que esto no va a acabar nunca?

- Jill es la única persona que no mutará por más que tenga el virus en su cuerpo – Hizo una pequeña pausa para ver la confusión en su rostro- El virus C – Inferno no consta de que sea como una plaga sino que el recipiente sea fuerte para destruir el mundo.

- ¿Sabes dónde está, no es así?

- Es posible que lo sepa, pero no me suelo hablar con mis copias baratas – Sonrió dejándose caer al vacío sin ningún miedo, había cosas que debía averiguar, especialmente de cierta pequeña…

Era imposible con aquella mujer descubrir todo lo que podía planear su ex superior, suspiró y miró a la chica. Acarició su mejilla nuevamente con temor y cariño acumulado. No podía dejarla morir… Se había convertido en una persona muy importante… Demasiado…Se acercó a sus labios lentamente…

- No puedes morir ¿Me has oído? – Se acercó lentamente a su oído – Esperaré por ti… - ¿Qué demonios estaba diciendo? ¿Por qué esa insistencia? En el fondo lo podía saber, Jill y Helena eran muy diferentes. La Valentine prefería ayudar a los demás antes que su propia vida mientras que la Harper su prioridad era su familia, y aquello último había hecho que le atrajera de esa forma. No podía culparse por ello… Era lo que ansiaba que Jill tuviera…

Podía escuchar a la perfección como su pecho subía y bajaba con fiereza, aquel lugar estaba oscuro, tanto que ni siquiera podía ver sus manos ¿Dónde demonios estaba? Tragó un poco de saliva caminando a tientas agarrándose la cabeza adolorida.

- Esto no pinta nada bien – Susurró la Valentine sin entender nada de lo que pasaba. No parecía haber ningún obstáculo delante de ella, por lo que siguió caminando hasta una sala de control donde ya había estado (O al menos eso pensaba)

- Tus sentidos siguen estando tan agudizados como siempre – Sonrió el rubio sentado en un sillón de cuero negro que había delante de los monitores.

- No sé quién eres… pero ¿Qué me estás haciendo? ¿Qué quieres de mí?

- Dejemos las banalidades – Se levantó acercándose a ella en un solo paso, acarició su cuerpo con una de sus manos y la miró – Te han traicionado Jill

- ¿Traicionarme? – Le miró sin comprender. Cuando él se echó a un lado pudo ver en los monitores como el Redfield se acercaba a la chica tanto que pudo atrapar sus labios. Ese era el hombre que le había dicho que era su mundo, aquel que era su marido… Se llevó la mano al pecho, le dolía… Demasiado… ¿Por qué estaba haciendo aquello? ¿No le había dicho que la amaba? Unas lágrimas cayeron de sus ojos grises sin poder contenerlas.

- No te necesita... Eres demasiado independiente y esa chica es más sumisa… Olvídalo Valentine… No eres la única…

La ahora rubia se llevó las manos a los oídos no quería escuchar más, cerró los ojos, algunos recuerdos fugaces se paseaban por su mente como si se rompieran, como si todo fuera una mentira… y para ser más idiota, no podía dejar de llorar.

- Es hora de despertar ¿No lo crees? – Wesker la aferró a su cuerpo, sintiendo su llanto en su pecho. Sus gritos se escuchaban por toda la sala de control, aquel dolor se volvía en rabia… En odio… ¿Por qué lloraba por alguien tan indeseable? No lo merecía… - ¿Quieres hacerle daño? – Susurró a su oído con cierta sutileza. – Destruye la B.S.A.A…

Ella se limitó a asentir, sus ojos se tornaron rojizos, no titubearía, ni aunque quisiera podía hacerlo…

Continuará:

¿Destruirá Jill la B.S.A.A llevaba por el dolor de la traición?

¿Qué esconde la pequeña Deborah?

¿Leon se enterará de todo esto?

¿Y qué pasará entre Chris y Helena?