Disclaimer: Rurouni Kenshin y sus personajes pertenecen única y exclusivamente a su autor: Nobuhiro Watsuki. ¡Ojalá Soujiro, Sanosuke, Enishi y Kenji fueran míos! X3
Sumario: POST SERIES Kenji, con Sanosuke, Enishi y Soujiro, está de camino a Kyoto. Por el camino comprende que es necesario conocer mejor a sus compañeros…
Entre el hoy y el mañana
Capítulo Diez: Emociones turbulentas
"¡Ara (52)!" Exclamó Soujiro con una gran sonrisa mientras alargaba la mano y cogía uno de los palos que soportaban el pescado. "Creo que esto ya está hecho, no cree¿Yukishirou-san¿Sagara-san¿Himura-san?" Girando la mano para comprobar que, efectivamente, el pescado estaba listo para ser comido, se lo alargó a Kenji con una sonrisa amable. "Tenga, Himura-san, hoy no ha comido mucho."
Kenji, sacado bruscamente de sus pensamientos, alargó la mano y cogió la comida ofrecida torpemente mientras miraba al hombre. "A-Arigatou." Dijo mirando a un lado incómodamente. Soujiro asintió y cogió el suyo al ver que los demás ya se habían servido. Hubo un silencio mientras todos se alimentaban.
Sanosuke tenía un mal sabor de boca y pese a tener hambre –él siempre tenía hambre– simplemente no tenía apetito. Esa era la primera noche que pasaban fuera desde que salieron de Tokyo para ir hacia Kyoto. El hombre recordaba muy bien las palabras y las advertencias de Yahiko que no hacía falta que se las hubiera dicho, pero sabía que lo había hecho con la mejor de las intenciones. Habían pasado tan solo una noche en la casa porque al día siguiente ya habían salido a caminar hacia su nueva destinación.
Después de su charla sobre Kenji y su nuevo destino, y cuando éste ya había hablado con su madre sobre el tema –pero nunca reveló lo que se había hablado y no le extrañaría a ninguno que nunca lo dijera–, habían estado los cuatro hablando con la mujer que se había estado reponiendo y con la presencia de su hijo y su amigo parecía haber recuperado gran parte de su energía. Sanosuke no podía quitarse de la cabeza que esa sería, probablemente, la última vez que viera viva a la mujer, a la chica que siempre sería su hermanita menor en su corazón de hermano mayor desertado. Pero había echado los malos sentimientos atrás, habían aprovechado esos momentos al máximo y pese al dolor, Sanosuke supo que siempre recordaría esa velada que en el pasado era tan ordinaria. Era, por decirlo de alguna manera, la noche que le separaría definitivamente de su adolescencia, la línea que cruzaría no por voluntad propia, sino por voluntad del tiempo y la naturaleza humana. Esa noche rompería su vida pasada. Gran parte se la había llevado al ver partir a Kenshin en el barco a Yokohama, pero ahora, cuando echó el primer paso fuera de la casa tras observar la figura durmiente de Jouchan, sabía que se había acabado del todo.
"Cuida de nuestro hijo, Sano… cuida de mi Kenji." Le dijo Kaoru antes de que el agotamiento pudiera con ella y se fuera a dormir. Él, mudamente, mientras la cubría amorosamente con las mantas, asintió y se lo juró por su vida. Ella asintió feliz. "Sano…" Le había dicho cuando salía del aposento, lágrimas orgullosas corriendo por sus mejillas. "Sé feliz… encuentra tu felicidad… Sano… vuelve a Megumi…" Así se lo prometió…
Habían tenido que irse al amanecer siguiente por órdenes de Saitou. Sanosuke no dudaba que ese cabrón supiera de la condición de la mujer que Battousai como él siempre la llamaba, y sabía que probablemente, si Saitou había dicho que se fueran tan rápidamente, era porque no quería que su nuevo Battousai se replanteara la decisión. Y efectivamente, Kenji no tuvo tiempo de hacerlo. Sanosuke dudaba seriamente si Kenji sabía de la verdadera gravedad de la condición de su madre y no sabía si Jouchan se lo habría dicho o no –no le extrañaría… pero no sería propio de ella– pero el chico no daba muestras de saberlo. ¿Lo sabría? No quería preguntárselo, algo le decía que lo aconsejable era ignorar esa curiosidad… Suspiró.
Seta y Yukishirou habían llegado hacia el atardecer y les habían informado sobre la decisión de Saitou pero se habían quedado al margen de Jouchan. Yukishirou se había mostrado nervioso cuando supo que ella estaba despierta, y Seta pareció notarlo porque dijo que estarían quietos en esa habitación y que, si había cualquier cosa que se esperaba de ellos, que les avisaran, por favor. Seta probablemente sabía de qué iba la cosa y de por qué el hombre no quería verla aún. Yahiko mencionó que si Yukishirou quería decirle alguna cosa más –una disculpa que se merecía– a Jouchan, esa era su última oportunidad. Yukishirou permaneció callado.
Kenji, mientras tanto, recordaba las palabras de su madre y sus recomendaciones, sus deseos para él, pero no se permitía divagar demasiado. No era idiota. Podía ser un crío, tal y como decía Misao-san, podía aún no haber madurado, como diría Megumi-san; pero no era idiota. Sabía que ésa era la última vez que vería a su madre, al menos, viva. Y se lo había replanteado en serio quedarse a su lado hasta su muerte, pero Okaasan sólo había sonreído y le había dicho que no era el destino de un muchacho como él quedarse con una mujer moribunda –él protestó, pero no sirvieron de nada–, que su destino era otro, el destino de un hombre grande, el destino de alguien fuerte. Le había dado una meta: debía superar a su padre, debía ser un hombre aún mejor y mayor, porque ése era su papel, su potencial… el orgullo de ella. Él lo juró solemnemente y vociferó altamente que cumpliría el destino que le había marcado ella. Ella había estado tan orgullosa…
Y aún así se había arrepentido. Porque quería estar a su lado, quería estar con su Okaasan… pero ella le había animado. Incluso a sabiendo de quién iba acompañado, de Sanosuke y de dos criminales que trataron de matar a su padre y uno incluso a ella, ella le había dicho que eso era una cosa pasada, que no debía juzgarles por quiénes habían sido sino por su presente, y ella les había perdonado a los dos sin verles o hablar con ellos. Únicamente les había perdonado y cuando Kenji le preguntó cómo era posible que lo hicieran con tanta facilidad ella rió suavemente y le dijo: "Kenji, hijo, me casé con el hombre más bueno y amable del mundo… y era Hitokiri Battousai".
"… No hace falta." Dijo de pronto Kenji haciendo que todas las miradas se concentraran en él, pero él tenía una expresión decidida y severa, muy parecida a la de Yahiko, y eso divirtió a Sanosuke que seguía amargado.
"¿Eh¿Nani, Himura-san?"
"Vuestro pasado." Dijo dejando de lado el pez y apoyando su barbilla en la mano. "No hace falta saber quiénes fuisteis ni qué hicisteis, porque ahora sois como sois." Se encogió de hombros y vio que Enishi lo miraba seriamente y Soujiro sorprendido.
"Esa mujer que te inculcado ese pensamiento." Musitó Enishi. Kenji y Sanosuke iban a protestar, pero se dieron cuenta de que en ningún momento había sido agresivo con su memoria.
«Tal vez… tal vez lo que pasó hizo que Enishi se arrepintiera…» Se preguntó el adolescente. "Sí, y creo que tiene razón." Miró a los dos. "Así que no hace falta que me contéis nada… si no queréis."
"¿Si no quieren?" Preguntó Sanosuke alzando una ceja.
Kenji se encogió nuevamente de hombros. "Bueno, siempre he pensado que no está mal conocer a la gente. Yahiko-sensei dice que es importante conocer el pasado de la gente pero no juzgarla, porque en eso consiste, básicamente, el Kamiya Kasshin, en saber leer a tu adversario y conocerlo sin juzgarlo equivocadamente, saber distinguir la línea de lo que fue el pasado de tu adversario –o cualquier persona– y de lo que es en el presente. En cambio, el Hiten Mitsurugi te permite conocer las emociones y la persona interior, y si les conoces mejor, más fácil es comprender sus sentimientos." Dijo cogiendo otro pescando y bufando para no quemarse.
Sanosuke sonrió. "Eres un buen chico." Kenji le fulminó con la mirada, sus mejillas encendidas. "Has aprendido bien la filosofía de tus padres."
"Che. No es difícil." Musitó Enishi con voz grave.
Soujiro estuvo callado, reflexionando esas palabras y preguntándose si podría ahora que había oído eso, contarles su verdad. Himura-san era, definitivamente, distinto a su padre, Himura-san Kenshin era amable, gentil… y Himura-san Kenji más frío y calculador… pero en el fondo eran lo mismo.
"Ese cabrón mató a mi hermana." Ahora era Enishi el centro de la atención. Él gruñó, apretando fuertemente los puños y enviando una mirada de mil demonios al fuego mientras cogía su segundo trozo de pescado.
Mientras contaba lo le pasó ante los ojos crecientes de sorpresa del mocoso, Enishi iba reflexionando. Era verdad que siempre había odiado de algún modo a Kenshin, le había odiado profundamente por arrebatarle a su adorada hermana Tomoe, le había odiado desde el instante en que veía como la sonrisa de Tomoe había crecido desde la última vez que la vio. «No es junto…» Había pensado. ¿Por qué alguien como ese chico podía hacer feliz a Tomoe¿¡POR QUÉ? No era justo… Pero mientras lo contaba a la vez había tenido tiempo de reflexionar… no únicamente había contado sus momentos más oscuros en los que se alimentaba de carne humana cruda, sino que a la vez había estado reviviendo los momentos más felices al lado de la mujer que siempre admiraba y que siempre se le aparecía en sueños. «Oneesan… ¡NAZE DA?». Y había hecho lo posible por hacer de la vida de Kenshin Himura un infierno… había dañado a todos los que se atrevían a sonreír al asesino de su adorada hermana… y había hecho creer que había matado a la madre de ese chico que era una copia de quién más odiaba en el mundo, había hecho que Battousai se arrodillara a sus pies pidiéndole que le matara si eso permitía que le perdonara… pero esa mujer, Kam— Himura Kaoru, tan parecida pero a la vez tan distinta a Tomoe, le había protegido con su cuerpo. Como hubiera hecho su hermana. Y su hermana, con esa cara triste y ojos casi lagrimosos, le había mirado… decepcionada. Y únicamente se sintió en paz cuando Tomoe le sonrió, que fue cuando cogió su diario entre sus manos y se fue…, apartándose de la vida del hombre que había desgraciado la vida a Tomoe y la suya… pero que había hecho feliz a su hermana.
Soujiro lo observaba con una expresión triste y eso le irritaba, pero a la vez le afectaba de manera no negativa. Se habían conocido tiempo atrás en circunstancias que no quería recordar que involucraban la cárcel y ese cabrón, Saitou. Al principio su relación había sido desastrosa, no por parte de Soujiro, sino por la suya propia, pero el joven nunca dejaba de insistir. Pensar que la única vez que le había hecho un mínimo caso era cuando, en una batalla de rebeldes que se rebelaban contra el gobierno y al que habían sido enviados por Saitou, era cuando Soujiro quedó herido en el estómago y tuvo que quedarse cuidándole… podría haber dejado que se muriera, claro que sí, pero no lo hizo porque temía que si cerraba sus ojos… Oneesan le miraría mal o peor, tristemente. Cuando Enishi no pudo evitar la tentación, le preguntó por qué demonios insistía en ser amigo de él si siempre le trataba mal y el Tenken le había dicho que alguien le había dicho (descubriría más adelante que era Battousai) que uno debe buscar la verdad y él había descubierto que no debía perder la esperanza. Cuando descubrió que era conocido y que admiraba a Battousai estuvo sin hablarle otras muchas semanas, pero Soujiro seguía insistiendo y finalmente comprendió que el alma de Tomoe estaba turbada.
Compartieron no únicamente tiempo. Un día Soujiro se puso melancólico, era un día de lluvia y esa noche habían compartido sus pasados y descubrieron que por algún motivo, por diferentes que fueran, se comprendían. Era como un hermano menor. Ahora, al menos, su presencia no le molestaba… tanto.
Kenji lo miraba con los ojos muy abiertos y él chasqueó la lengua, indicando que no le gustaba que le miraran tan intensamente. Sanosuke lo observaba con sorpresa y otra emoción… «Debo estoy volviéndome idiota si no soy capaz de ver lo que piensa este imbécil.» Pensó Enishi amargamente.
Hubo un largo silencio y finalmente Kenji carraspeó. "Ya veo." Dijo.
Enishi le fulminó con la mirada. "¿Nada¿No vas a darme lecciones morales? Como hizo Battousai…"
Kenji lo miró. Enishi se sorprendió al ver que no era la mirada agresiva ni molesta que se esperaba, sino una mirada serena, como la de un hombre maduro que responde a las situaciones que le ponen delante sin inmutarse. "¿Para qué? Lo pasado, pasado está, Okaasan tenía razón. Además…" Esta vez sí que frunció el ceño. "YO NO SOY MI PADRE." Dijo firmemente.
«Es curioso como no se ha inmutado ante el relato de Yukishirou-san y se molesta tanto cuando le comparan con Himura-san…» Pensó Soujiro divertido. Soujiro quiso decir que Yukishirou-san no era tan frío ni tan arrogante como se pensaban, pero sabía perfectamente bien que esos comentarios airaban a su compañero que no soportaba que hablaran de él como si no estuviera presenta, y menos aún que dijeran cosas buenas. "Himura-san Kenshin era un hombre formidable… pero también tuvo muchos enemigos, de eso estoy seguro." Miró al cielo y por primera vez percibió de lo tarde que era.
Sanosuke lo miró escépticamente y asintió. "Muchos enemigos, sin duda."
Soujiro tosió levemente, sintiéndose aludido. "Es tarde, pero no me importa contar mi historia…"
Kenji alzó la mirada, interesado y atento, y asintió. Enishi gruñó como diciendo que le daba igual, pero el pelirrojo persistió. Sí que era verdad que no les juzgaría y que no les preguntaría porque no le importaba si eran como eran, pero lo cierto era que sentía mucha curiosidad. Hace un año, pensó el chico, ni se hubiera molestado en preguntar, pero no podía evitar sentirse curioso por los dos criminales que tenían tanto que ver con la vida anterior de su madre y la de su difunto padre.
Enishi observó a Soujiro mientras contaba su propio pasado; su familia (pese a no entrar en detalles), Shishio Makoto, su encuentro doble con Kenshin, su duelo, su derrota, su nueva búsqueda de la verdad… su fracaso… y Enishi agradeció que no mencionara su encuentro ni cómo llegaron a conocerse ellos dos –prefería mantener eso en privado–. Enishi había vivido una milésima parte de lo que era la vida de Sou… ¡Había sido él quién había construido y vendido el Rengoku NA1 a Shishio! Sabía lo duro que era para su compañero revivir sus años de infancia y adolescencia y lo avergonzado que se sentía por sus crímenes (pese a haber sido manipulado, Soujiro seguía llamando a su maestro 'Shishio-sama' porque, como le dijo una vez «Pese a lo que pasó…, él me acogió y me protegió a su modo, le debo la vida y mi respeto»), por lo que para Sou, revivir esos hechos era duro. Sinceramente, si él se había enterado, había sido casi gracias a un milagro, pues lo único que le inducía a pensar que había algo macabro en él era su extraña sonrisa. la voz de Soujiro nunca perdió su falso ánimo, palabra por palabra, pero había un leve, casi imperceptible, temblor en sus manos.
Enishi tenía la sensación que Soujiro era el único con el que se podía llevar bien. Eran casi opuestos, sí, uno era la oscuridad más profunda, el enfado más violento y la venganza más sanguinaria, mientras que el otro era una falsa luz, un supuesto contento y una dura redención. Pero se entendían bien. Los dos sufrieron los suyo y había un sentido de empatía silenciosa y mutua con el que, extrañamente, se sentía bien. Sabía, pese a que –NUNCA– lo admitiría, que los dos se equilibraban armónicamente. ¿Romperían esos dos esa armonía? Le molestaba pensar que sí, pero no quería saber que había llegado a un punto en que dependía de Tenken…, nunca, pese a ser compañeros, se había permitido ser más que eso; Enishi no veía a Soujiro como amigo. No. no era su amigo.
Al terminar el relato y las reflexiones silenciosas de Enishi a lo largo de éste, hubo un profundo silencio. Soujiro seguía sonriendo, pese a parecer más bien que hiciera una mueca a sonreír.
"¿Y por eso sonríes todo el tiempo? Ahora nadie te puede hacer daño y las aprendido lo que son los sentimientos¿ne?" Preguntó Kenji, serio, sus intentos ojos índigo fijos en el ex-Tenken.
"Maa, maa… sí que pocas personas podrían herirme… pero llevo tantos años sonriendo que no me siento cómodo si no lo hago."
"Este imbécil…" Interrumpió Enishi. "No sabe nada sobre los sentimientos."
«Tú tampoco pareces ser un genio…» Vino el pensamiento ácido de Kenji.
"¡Ahahahahaha!" Rió Soujiro. "No sea tan malo¡Yukishirou-san!"
"Estarías al borde de la muerte y seguirías riendo…" Gruñó Enishi. "Total, para lo que me importa…"
"¡Mou! Yukishirou-san… ¡No sea tan cruel!"
Kenji interrumpió esa 'conversación'. "¿Y cómo os conocisteis?"
Hubo un silencio. Soujiro miró a Enishi. Para él, la historia no era ninguna mala o embarazosa o nada de lo que estar avergonzado, pero para Enishi, ése era un tema realmente molesto. Así que contestó antes de que su violento compañero pudiera hacerlo. "Esa historia, Himura-san, mejor la dejamos por ahora. Es tarde y tenemos que salir al alba para llegar cuanto antes a Kyoto." Enishi le miró molesto, pero que se mantuviera callado era una buena señal. "Además, hace largo rato que Sagara-san está dormido."
Kenji alzó una ceja y comprobó, exasperado, que, evidentemente, su cuarto compañero de viaje estaba profundamente dormido. «Por eso estaba tan silencioso.»
Porque el pelirrojo no sabía que la noche anterior Sanosuke no había pegado ojo por culpa de las palabras de advertencia tan duras de Yahiko. El "Saitou le está convirtiendo en otro Battousai… pero bajo su cuidado" le impedía dormir.
Sanosuke no debería haber usado la mano derecha, pero había un instinto que no había aprendido a controlar aún que le impulsaba a atacar con esa mano si le atacaban por detrás. Ah, Megumi se enfadaría, pero no le cabía duda de que le cuidaría. Esa mujer era un cielo… un cielo tormentoso, pero un cielo. Trató de flexionar la mano pero un dolor agudo le interrumpió… Megumi lo mataría. Llamó a la puerta de la clínica y esperó unos momentos.
En unos instantes apareció la figura del viejo Genzai. "Ah, Sanosuke¿qué tal estás?" Le preguntó el doctor amablemente y dejándole pasar. "Ay dios¿Qué te has hecho en la mano?" Exclamó mirando la masa de huesos y carne ensangrentada.
Sano, que se había acomodado en la sala de espera, sonrió culpablemente. "Una pelea… ¿está Kitsune-onna?"
Genzai rió afablemente y asintió. "Está con un paciente. Te aviso que vayas con cuidado… no anda de buen humor." Sano gimió y Genzai rió.
"Ah, Genzai-sensei¿tenemos un paciente?" Preguntó una voz de una sala. Sanosuke sonrió culpablemente al ver a Megumi aparecer con un hombre apoyado en su hombro y con la pierna vendada. Pasó su mirada cansada (como siempre, tenía pesadas ojeras bajo los ojos y su cabello caía por mechones sueltos de su pañuelo blanco en la cabeza) por Sanosuke y frunció duramente el entrecejo al ver que su mano estaba en condiciones pésimas. "… Muy bien, cuide su pierna y venga a visitarme en dos días para cambiar las vendas. Normalmente iría yo, pero estos días ando especialmente ocupada con la epidemia de gripe…" Dijo ayudando al médico con dos muletas –un par de tres que tenía–. "No apoye nunca el pie y si le duele mucho, tome esto…" Le dio un sobre con medicina. "Mézclelo con té y tómelo mientras esté caliente. "Y si puede, mantenga la pierna elevada."
"Arigatou Gozaimasu, Sensei." Dijo el hombre de una cuarentena de años, sonriendo ante la amabilidad de su doctora. "Arigatou Gozaimasu."
"¡Douzo, douzo! (53)" Dijo ella cariñosamente mientras ayudaba al hombre con los soportes, dejando a Sanosuke maravillado por cómo una mujer con tan mala leche podría ser tan afable con sus pacientes. Después de unos momentos más, el paciente cogió el truquillo a las muletas y se fue cojeando, su precisión ligeramente torpe, pero bastante buena. Megumi le había ofrecido acompañarle a casa pero al final eso lo hizo Genzai, pues éste le dijo que la única que podía tratar a Sanosuke era ella.
Después de que se fueran pasaron unos momentos. Sanosuke no sabía si debía interrumpir, pero su mano no había dejado de sangrar y le estaba empezando a doler mucho… "Aah… Kitsune-onna…"
"¡BAKABAKABAKABAKABAKA¡¡TU ESTUPIDEZ NO TIENE REMEDIO¡¡ERES DE LO PEORERES LA PERSONA MÁS IMBÉCIL QUE HA CRIADO ESTE MUNDO!" Le gritó ella cerrándole la puerta a las narices.
Sanosuke parpadeó y luego se enfadó. ¡Ella era una médico! Su deber era cuidarle¿¡no? Además… ¡Qué derecho tenía a insultarle? "¡O-OE¡¡KITSUNE-ONNA!"
Tras unas discusiones acaloradas a través de la puerta de papel (que Sanosuke podría haber abierto igualmente con la mano izquierda, pues tenía mucha más fuerza que ella pero no lo hizo porque… porque no… no se le había ocurrido); Megumi hizo lo propio de ella: se tragó el orgullo y curó al que la necesitaba.
Y
siempre, siempre había sido así.
Kenji recordaba haber ido a Kyoto con su familia cuando era pequeño; si no recordaba mal, la primera vez había sido cuando él era un crío de seis años y no recordaba mucha cosa. Lo que sí le venía en mente era a Misao-san y a Aoshi-san en el templo y hablando con Okaasan y Otousan sobre cosas que él, como pasa siempre cuando se es un niño pequeño, no comprendía. Misao-san había sido muy buena con él, le había tomado en brazos, le había hecho cosquillas, le había mimado hasta que se durmió, le dio de comer, jugó con él… Y recordaba a Aoshi como al hombre frío que le daba miedo. Claro que años después, cuando seguían visitando en Kyoto o ellos iban a Tokyo, llegó a comprender que Misao-san era una mujer de impulsos… a los diez años, un día estuvo siendo igual de dulce que como la recordaba, igual de acaramelada, pero al día siguiente se despertó hecha una furia y le castigó a cuatro horas de entrenamiento seguidos con los Shuriken. Claro que gracias a ella sabía como apuntar con los Shuriken (lo que no significaba que se le diera bien), pero entonces le había parecido un castigo… En cambio, Aoshi-san era más bien un hombre monótono…, no es que fuera frío e insensible, pero sí que era cerrado y no contaba cosas sobre sí mismo si no hacía falta, pero eso no le hacía un hombre malo como había concebido su cabecita de seis años.
Sanosuke hablaba de Misao-san y de Aoshi-san con una familiaridad que le daba escalofríos. Más que nada porque si él no añadía el –san en el nombre de Misao ella se enfadaba y le lanzaba Kunai's, y Aoshi… bueno, no se imaginaba llamarle de otro modo.
Enishi no escuchaba, simplemente iba delante como acostumbraba a hacer si no se quedaba atrás. Soujiro escuchaba con mucho interés y reía de las cosas que recordaba Sanosuke o las opiniones de Kenji sobre cómo demonios un bloque de hielo pudo casarse con una comadreja que se persigue la cola (eso hizo que Soujiro riera a carcajada limpia). A Sano casi se le dislocó la mandíbula cuando se enteró de que estaba embarazada y no pudo evitar hacer un comentario que hizo que tanto Kenji como Soujiro se ruborizasen vivamente.
Kyoto no había cambiado mucho desde la última vez que fue (el año pasado) y se preguntó si el viejo Seijurou XIII estaría allí haciendo potes de cerámica y también cómo iría el Aoya. Llegaron bastante tarde, hacia el atardecer, y percató que dos de sus compañeros (Enishi y Soujiro) habían aminorado el paso y tenían miradas indescriptibles. Kenji incluso les había pillado echarse una mirada de comprensión entre el otro, pero decidió no preguntar. En algún momento, mientras andaban hacia el Aoya, recordó que gran parte de sus vidas había pasado allí: Soujiro había peleado con su padre en Kyoto y la hermana fantasma de Enishi estaba enterrada allí. Sanosuke pareció comprender lo mismo, porque en ningún momento sacó el tema.
"Ese Aoshi Shinomori es de lo peor." Comentó Sanosuke suspirando frustrado y pasando una mano por su mata de pelo. Al oír eso, Soujiro dejó de caminar, su sonrisa parecía plastificada. "No me digas que pensabas que hablábamos de otro, Seta." Le dijo con una sonrisa pícara, sacando del hombre petrificado un asentimiento torpe con la cabeza. Kenji les miraba confundidos.
"Shi- ¿Shinomori-san… ka?" Preguntó el espadachín con una mueca de dolor.
"Sí." Contestó Sano. "No sé si querrá matarte aún, Seta." Le dijo, travieso, haciendo que Soujiro palideciera.
"¿De qué habláis¿Conoces a Aoshi-san, Soujiro?" Preguntó Kenji con el cejo ligeramente fruncido, molesto por todo ese secretismo.
Soujiro carraspeó. "Err… sí… bien…" Pero no dijo nada más durante el resto del viaje. Cuando finalmente encontraron el Aoya, Soujiro estaba tan tenso que parecía querer imitar el andar de los patos y Enishi, harto de ver a su compañero comportarse como un inútil, gruñó cabreado y le hizo la zancadilla al espadachín para que recobrara la compostura pero Soujiro únicamente dejó escapar un grito de sorpresa y cayó estrepitosamente.
"¡Ah! Itte (54), itte… ¡Mou, Yukishirou-san!" Exclamó. Sanosuke se puso a reír, llamando la atención de quién pasara por ahí. Kenji se ruborizó. ¿Vergüenza ajena¿Por su torpe amigo o su llamativo amigo? Soujiro se levantó del suelo cubierto de polvo, pero al menos ya no estaba tan tenso.
"Imbécil." Le espetó Enishi, cabreado. "Deja de hacer el papanatas, seguro que ese gilipollas ni te recuerda."
Kenji iba a comentar que Aoshi-san era de las personas con mejor memoria que conocía, pero se calló, no queriendo poner más nervioso aún a Soujiro, no si no hacía falta. Pero alguien ya se lo dijo por él. Una voz grave apareció detrás de los cuatro, una voz fría y severa. "Me temo que se equivoca, Yukishirou. Seta. Sagara. Kenji."
Únicamente Kenji reconoció esa voz y se giró para ver que, efectivamente, allá estaba Aoshi-san mirándoles con una de sus miradas más severas, con sus dos ojos alargados y oscuros; su rostro era alargado y tenía facciones duras pero redondeadas como el de un hombre maduro de los cuarenta y dos años que tenía. Su cabello negro era corto pero tenía el flequillo largo; si bien era atractivo, su edad era aparente en las pocas canas que tenía y las bolsas bajo los ojos, aunque estaba lejos de no resultar atractivo pues según lo que recordaba Kenji, Misao-san siempre se quejaba a voz de grito que mil mujeres trataban de seducirle (en vano, después de todo, ella era la única que había derretido un poco de ese bloque de hielo). Llevaba puesto un traje occidental, de aquellos que él ya estaba acostumbrado a ver pero que no le convencía (para él no había nada más cómodo que un gi y un hakama). Normalmente llevaría esa extraña gabardina beige, pero ya empezaba a hacer calor. Lo que rompía con su seriedad era que sus manos, enguantadas con un material blanco y caro, portaban el cubo de madera para tofu con cuatro trozos en él.
Soujiro palideció. Enishi gruñó (¿se habrían reconocido, se preguntó Sanosuke). Sanosuke hizo una mueca. Kenji sonrió desafiadoramente.
"¿Podemos quedarnos?" Le preguntó el líder de los antiguos Oniwabanshu, sin pelos en la lengua. Aoshi no mostró ninguna reacción facial y durante unos segundos estuvo en silencio.
"A… ¡Ahahahahaha!" Rió Soujiro con una mano detrás de la cabeza. "¡Cuánto tiempo, Shinomori-san¡Me alegro de ver que está bien!"
"Sí, Tenken." Soujiro hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa, pero falló.
"¡AAAAHHHHH!" Vino un grito que provenía del interior del restaurante. "¡AHÍ ESTÁS, MALCRIADO¡¡GANKO (55)¡¡GANKO!" Kenji reconoció enseguida esa voz y por acto reflejo agachó la cabeza a tiempo de esquivar seis kunai's que apuntaban a su frente.
Todos giraron la mirada para ver a una mujer con cara de enfado; Misao-san tenía treinta y dos años, pero aparentaba bastante menos. Sus ojos habían empequeñecido con el tiempo, pero seguía seguían siendo más grandes de lo común, su inusual color verde tan expresivos como los de una niña. Sus facciones, más maduras, seguían conservando algo de su redondez y su cabello, largo, estaba recogido en una larga trenza. Su estómago estaba grande y redondo y gritaba al público que ella era una mujer embarazada pero de momento no tenía en el rostro la estampa de la maternidad. Kenji, al verla, recordó que Okaasan le comentó hacia varios meses que Misao-san era incapaz de tener hijos, pero unos años antes, cuando la Shinobi cogió una severa depresión, Megumi-san fue a verla y le hizo una operación que salió inesperadamente bien; pero como era posible que tuviera complicaciones a última hora, durante los dos últimos meses de embarazo, Megumi-san le había dicho que se quedaría con ella; pero para eso quedaba aún un mes, pues estaba de seis.
"¡Ya te has vuelto a escapar, maleducado!" Le gritó lanzándole más kunai's que apenas esquivó. El único que no abría la boca del «shock» era Aoshi-san, demasiado acostumbrado a ese panorama.
"¡NO, NO ES VERDAD!" Gritó Kenji. Realmente, Misao-san era de las pocas que hacía que perdiera la compostura… claro que, con su mal genio… especialmente desde que estaba embarazada… el milagro era cómo Aoshi se había mantenido sereno.
"¡Ah¡¡Misao-chan! Lo que dice Kenji-kun es verdad, acabo de recibir una carta de Yahiko-kun diciendo que vendría con unos invitados…" Dijo la voz de Omasu, apareciendo por la puerta. Sanosuke recordaba a las otras dos Shinobi, pero no muy bien… ésa debía de ser la que siempre iba con el cabello corto y recogido, la mediana de las tres mujeres… pues si era así… entonces no había cambiado mucho.
"¡Ah…¡Omasu-chan!" Exclamó Misao-san al oírla y luego miró a Kenji, sacó la lengua como una niña pequeña y dijo, "Gomen…, pensé que te habías vuelto a escapar."
Kenji no dijo nada, únicamente apretó los puños y en esa situación ultra-embarazosa, rojo hasta las orejas.
"Ara… ¿Kimi-tachi wa dare ka? (56)" Le preguntó al resto.
Sanosuke, con una gota de sudor recorriéndole la cara, miró a la ya-no-tan-cría Misao Makimachi (¿ahora Shinomori?). La recordaba bien; sí, era la cría que vestía de manera provocativa y pegaba a quién se lo dijera, la hiña hiperactiva que era más fiel a Aoshi que un perro al amo, la que hacía un excelente dúo dinámico con Yahiko… esa chica… ¡vestía con un yukata rosa con sakura's y un fénix estampados!
"Cría asquerosa… ¡me has olvidado!" Gruñó bajo el aliento, pero Misao debió de haberle oído de inmediato lanzó dos decenas de Shuriken que esquivó (por poco, pero esquivó).
"No te he olvidado, TORI ATAMA, únicamente te dejaba para el último..." Le dijo acercándose peligrosamente. "¡Y vosotros¡¡IDIOTAS!" Dijo girándose hacia los otros dos, que la miraban atónitos, Soujiro cada vez más pálido. "¡Quién que esté bien de la cabeza vieja con un Tori Atama y un Ganko?"
"Misao." Interrumpió Aoshi, mirándola severamente. Ésta inmediatamente se serenó y le miró con la sonrisa más dulce y acaramelada posible y, ciertamente, parecía otra persona. "Esos dos son criminales."
Misao ni se inmutó, pero tampoco dio señas de haberles reconocido. "Ah, pero Tori¿no te dijo Kaoru-chan que nosotros ya nos hemos retirado?" Preguntó, sorprendida.
"Es que no venimos a entregarles… vienen con nosotros." Explicó Kenji pacientemente, tratando de no mostrar su profunda exasperación (pues no sería bien recibida).
"¡KENJI, CRIMINAL¡¡¡Ya le decía yo a Kaoru-chan que no te criaba bien!" Y tan rápido como acusaba a Kenji, volvió a apuntar su dedo índice al pecho de Sanosuke, golpeándolo con fuerza y haciendo que un hombre hecho y derecho como él retrocediera torpemente. "¡Y tú CÓMO lo permites¿¡Y encima te unes a una banda criminal¡¡Seguro que habéis engañado a Kaoru-chan y en realidad sois todos unos CRI-MI-NA-LES!"
"¡O-OEEE¡¡ITACHII (57)!" Se quejó el hombre finalmente encarándose. "¡NO vamos a detenerles¡Y AHORA no son criminales¡Estamos con ellos por motivos de TRABAJO!" Le gritó.
Misao parpadeó, sorprendida y confusa. "Aaahh… Necesito té, no puedo con estos tontos." Dijo entrando en la casa y abanicándose con la mano, exasperada. "Omasu-chan¿podrías hacer té?"
Saitou frunció el entrecejo, molesto, porque en el momento en que se levantaba para irse de una vez por todas (y, de paso, llamar por teléfono a su mujer para comentarle que tal vez regresaría ese mes –porque ella también tenía teléfono, así lo había dispuesto él para casos como ése); justo entonces TUVO que entrar uno de sus malditos subordinados y decirle que tenía una llamada extremadamente urgente de Hokkaido. A regañadientes –ante el cual el oficial se apartó de su camino rápidamente– fue hasta la sala donde estaba el teléfono. En realidad ya sabía quién era.
¿Qué otro gilipollas se atrevería a llamarle a la hora en que plegaba –y también, en la que estaba de peor humor– y encima decir que era extremadamente urgente?
Sólo existía en el mundo un gilipollas así… o dos, contando a Seta… y tal vez tres con Sagara.
"¿Qué coño quieres, Chou?" Preguntó asqueado.
:Otro asesinato, aquí, en Hokkaido. Dos ejecutivos de los importantes… con estos dos, ya son 21 en la lista.:
Saitou gruñó, realmente irritado. Ya tenía suficiente con tener que completar un papeleo inútil e interminable, y ahora encima tenía que hablar con un imbécil. "Vaya."
¡VAYA Exclamó Chou, alterado.
"Sí, 'vaya'. ¿Qué demonios pretendes, Chou¿Que te diga cómo debes actuar en tal caso¿Que te guíe por los procesos?"
La voz en la otro línea gruñó, :Saitou, pedazo de cabrón¡sabes perfectamente bien que si no te lo digo inmediatamente me bajarás el sueldo: Eso era cierto, pero estaba más irritado de lo normal por el incidente que había ocurrido antes, esa mañana, temprano.
"Ch. Pues avisa personalmente a esos cuatro."
¿Eh¿Cuatro¿Quiénes:
Saitou quería pegar a algo o a alguien. "ELLOS."
¿Eh¿Pero no decías que estaban en Kyoto¿Eh¡¡EEEH—:
Saitou
colgó. «La vigésimo-segunda víctima…
¿eh?» Pensó mientras cogía un papel de
su bolsillo, leyéndolo con ira y asco, un sentimiento con el
que estaba familiarizado a sentir pero no a expresar… «Con
que yo seré la vigésimo-segunda víctima…
¿eh?»
NA1. He estado buscando por los manga y no he encontrado el nombre, así que he tenido que no me ha quedado más remedio que recurrir a la memoria… espero no estar equivocada, jaja.
52-. Ara: Exclamación de sorpresa¡Vaya!
53-. Douzo, do itashimashite: De nada.
54-. Ittai, Itte: ¡Duele!
55-. Ganko: Cabezota.
56-. Kimi/Anata-tachi wa dare ka: ¿Vosotros quiénes sois?
57-. Itachi: Comadreja.
Notas de Autor: Éste es el capítulo que más me ha costado escribir de todos. He estado casi dos semanas sin escribir absolutamente NADA porque estoy muy centrada en mi novela original (que ya va siendo hora de que escriba algo así). Bueno, finalmente lo he escrito y espero que los demás no sean tan complicados…
Lo que menos me ha costado ha sido describir los sentimientos y las emociones de Enishi y de Soujiro, pero debo mucho al momento de inspiración y mi amor por estos dos. Y lo que más me ha costado… pues… a partir del flashback de Sanosuke, fue allí donde me quedé sin palabras. Pero bueno, estoy bastante contenta con el resultado final.
En el próximo episodio: Plan de Shinobi. (Recién llegados a Kyoto, los cuatro protagonistas deben formar un plan porque el proceso se ha acelerado… Y Houki Atama no trae buenas noticias.)
NOTAS DE AUTOR 2: Normalmente, hasta ahora, antes de postear un capítulo, siempre solía tener dos o tres por adelantado… Pero me temo que me he quedado durante varios meses encallada en el undécimo capítulo. ¡Espero poder encontrar una musa que me anime a escribir pronto…!
