Beckett había perdido la comunicación con Castle y eso no podía ser bueno. Al menos ahora sabía a donde ir para poder tener una pista sobre su paradero. En todo el tiempo que llevaban trabajando juntos, nunca había tenido que preocuparse porque le ocurriera nada malo a Rick. Durante mucho tiempo había creído que era un pesado y que quería librarse de él cuanto antes. Pero en los últimos meses, había empezado a verlo de otra forma.
No había querido decirle nada, sobretodo para no subirle el ego, para no escucharle decir que no podía vivir sin él y esas cosas que siempre le sacaban de quicio, pero que en el fondo le gustaba escuchar.
Ahora estaba realmente preocupada por él, intentando no imaginarse la terrible idea de perderlo, de que realmente pudiera morir por no haberle protegido como debía. Ahora ya sabían quien era el hombre que intentaba matarlo. Pero podía ser ya demasiado tarde.
"No es demasiado tarde. Rick estará bien, no va a ocurrir nada." Se dijo a si misma mientras evitaba atropellar a ninguno de los transeúntes que trataban de cruzar y haciendo giros imposibles para no llevarse por delante coches y motos que hacían sonar sus claxons.
No le importaba, había cosas más importantes en las que pensar y Castle sin lugar a dudas era una de ellas. Nunca se había preguntado cuales eran sus sentimientos, pues hasta que había comenzado ese caso, ni siquiera se había planteado tener realmente algún tipo de sentimientos hacia Castle.
No podía decir que estuviera enamorada de él, pues hacía mucho tiempo que estaba segura que no estaba enamorada de nadie. Pero con el tiempo había descubierto que le caía bien, que sus bromas ya no le parecían pedantes, sino que le hacían gracia, que su forma de ser ya no era irritante, si no que le parecía ciertamente simpático y agradable y ya que no podía negárselo a si misma, Rick Castle le parecía realmente atractivo.
Continuó conduciendo, pensando en todo lo que había ocurrido en los últimos meses y como el último caso había cambiado radicalmente su relación con Castle. Por primera vez desde que lo conocía, lo había visto asustado y por primera vez había sentido que él la necesitaba de verdad.
De repente, había visto a Castle como un ser débil, no como el gran escritor que le ayudaba a solucionar los casos, sino alguien que realmente la necesitaba a ella, que estaba en apuros y que se estaba apoyando en su amiga para salir de adelante. Un padre que se preocupaba por su hija y por su padre y que lo estaba pasando mal desde que Ryan había terminado en el hospital, por culpa del hombre que quería hacerle daño a él.
Por mucho que había creído lo contrario, Kate se estaba dando cuenta que Castle tenía realmente sentimientos y que estaba asustado. Pero ahora, lo que más le preocupaba a ella, era que su amigo estaba en peligro y que si no llegaba a tiempo para salvarlo, podía morir y eso nunca se lo perdonaría Beckett.
Por eso siguió conduciendo sin apartar el pie del acelerador, con la mente puesta en su amigo, por el que poco a poco, estaba desarrollando unos sentimientos más allá de la amistad.
- o -
Ryan despertó por fin en el hospital. Había pasado casi un día completo inconsciente y por mucho que Esposito había querido seguir en el caso, tanto Beckett como su jefe, le habían dicho que se quedara en el hospital. La novia de Ryan no estaba en la ciudad y todavía no le habían podido decir lo ocurrido, por lo que él era el único que estaba a su lado, cuando por fin el policía abrió los ojos.
"¿Nos hemos muerto ya?" Dijo Ryan con un hilo de voz.
Le dolía todo el cuerpo, por lo que supuso que todavía seguía vivo. Intentó moverse pero las costillas fracturadas no se lo permitieron y tuvo que quedarse como estaba. También le dolía el brazo y al mirarlo vio que lo tenía vendado.
"Estás en el hospital. ¿Cómo te encuentras? Te llevaste un buen golpe."
"No recuerdo nada, sinceramente no se lo que ocurrió. Se que el coche venía hacia mi y luego nada." Esposito sonrió, le hacía gracia como su amigo trataba de hacerse el fuerte con él, cuando sabía que estaba muerto de miedo.
"No tienes porque hacerlo."
"¿De que estás hablando?"
"Vamos tío, ¿Cuánto tiempo llevamos juntos? Son muchos ya y se que no es fácil asustarte. Pero si te ocurre algo, ya sabes, si necesitas hablar, estoy aquí para lo que necesites."
Ryan bajó la mirada, no quería demostrarle a su amigo que tal y como Esposito había visto ya en sus ojos.
"Creí que ese tío nos iba a matar, nunca creí despertarme en un hospital. Tuvimos suerte, supongo."
"No quería matarnos. Creo que se trataba más bien de un aviso. Es Castle a quien quiere ver muerto." Esposito dejó de hablar, no quería decirle a su amigo las últimas novedades sobre el caso, pues no quería ponerle nervioso.
"¿Qué ocurre?"
"Nada, es sólo que el caso parece un poco más complicado de lo que creíamos en un principio."
Ryan miró a su amigo, no se podía creer que esperara hacerle creer lo que acababa de decir. Se quedó callado, con la mirada fija en Esposito, esperando a que decidiera contarle la verdad.
"Vale, te lo diré, pero nada de preocuparte."
"Creo que ya me estoy preocupando, pero gracias por intentarlo de todas maneras. ¿Qué es lo que ocurre?"
"Beckett me acaba de llamar, dice que ese psicópata tiene a Castle."
"¿Cómo? ¿se puede saber que estás haciendo aquí?"
Ryan intentó incorporarse, pero de nuevo el dolor en las costillas no se lo permitió. Protestó, no tanto por el dolor en su cuerpo, sino por la impotencia de no poder nada por ayudar a sus amigos.
Esposito puso la mano sobre el pecho de su amigo para que dejara de moverse y se sentó a su lado en la cama.
"Se que es duro. ¿Crees que es fácil para mi quedarme aquí? Pero me quedo contigo, porque eres mi amigo, te conozco hace demasiado y no iba a dejarte solo. Beckett puede solucionarlo, es la mejor y Castle… no me extrañaría mucho que se liberara él o que lo soltara por hablar demasiado."
Los dos amigos sonrieron a un mismo tiempo.
"Nunca has sido un buen mentiroso, por eso ninguno de los sospechosos se creen que seas el poli malo. Siempre se me ha dado mejor a mi amenazarles." Ryan suspiró, por más que intentaba que no se le notara en realidad le dolía todo el cuerpo y más ahora que los calmantes estaban dejando de hacer efecto.
Movió el brazo herido pero el dolor se apoderó de él un segundo más tarde.
"¿Podrías dejar de hacerte daño?" Esposito trató de sonar molesto con su amigo, aunque más bien estaba preocupado por él. Por mucho que lo intentes, no vas a conseguir levantarte de esta cama. Se nos llevó un todoterreno por delante, podríamos estar muertos, tu podrías haber muerto porque te empeñaste en conducir y me salvaste la vida."
Esposito se levantó, se había prometido no sacar el tema, pero sin querer lo había hecho y ahora tan sólo deseaba poder echar el tiempo hacia atrás y que su amigo lo olvidara.
"¿Qué ha sido eso? ¿Qué es lo que acabas de decir?"
"Nada olvídalo."
"No, no vengas con esas. Tu has dicho que me conoces muy bien, pues creo que yo también te conozco y se como piensas. Así que no me vengas con que tu eres el que deberías haber conducido ayer y que deberías estar en esta cama."
"Pero es cierto."
"No, no lo es. Quise conducir y no porque supiera que iba a terminar aquí, fue cuestión de suerte." Los dos se quedaron callados, pues Esposito quería decir mucho, pero su amigo no le iba a dejar. "Así que olvídate de eso y en cuanto llame la jefa dime lo que ocurre con Castle."
Esposito asintió y se volvió a sentar en el sillón que había junto a la cama, con la mirada puesta en la nada, pensando que estaría haciendo en ese momento Beckett.
- o -
Castle despertó de pronto. No recordaba lo ocurrido, pero por el dolor de cabeza, supuso que le habían golpeado. Miró a su alrededor, no tenía ni las más remota idea de donde se encontraba, todo estaba oscuro y notaba una gran humedad a su lado. Se dio cuenta que podía oler al mar, por lo que supuso que por fin lo habían dejado en los muelles.
Intentó levantarse, pero no pudo hacerlo, le habían esposado a una tubería demasiado bien sujeta al suelo, como para liberarse. Lo volvió a intentar, pero todo lo que consiguió fue hacerse daño a si mismo en la muñeca.
"Mierda. ¡Hola! ¿Hay alguien ahí?"
Durante unos segundos no escuchó nada, pero de repente una voz resonó por toda la nave.
"No te esfuerces Castle, aquí estamos solos tu y yo."
"¿Qué es lo que quieres de mi? Pensaba que tu intención era matarme, pero si todavía me mantienes con vida es porque quieres algo más."
Una sombra se movió cerca de donde estaba Castle, pero no pudo verle la cara, pues en seguida desapareció.
"¿Matarte? No quiero que sea tan fácil. Al fin y al cabo, ahora mismo te has convertido en un cebo magnífico. Lo fuiste para dejar en el hospital a ese poli amigo tuyo y lo serás para matar a tu querida policía. Creo que, gracias a ti, le he cogido el gusto a eso de matar."
"¿Quieres matar a Beckett? ¿Por qué? Ella no te ha hecho nada."
Una risa volvió a resonar por todos lados, por lo que Castle no pudo saber de donde provenía.
"El mundo entero me ha hecho algo. He dado todo, mi imaginación, mi arte, mis libros, lo he dado todo al mundo y el mundo me ha devuelto fracaso tras fracaso. Quiero venganza. Creía que todo acababa contigo, pero entonces me di cuenta que cuando te matará a ti, tu amiga la policía vendrá tras de mi y no quería ir a la carcel por hacer justicia por algo que me habéis hecho. Quiero ser libre y para eso tengo que quitar a todos los que me persigan. Empezando por esos dos polis amigos tuyos y siguiendo por tu compañera."
"Deja en paz a Beckett."
"Lo siento, pero creo que ya está en camino. Será divertido ver cuando se da cuenta de que rescatarte a ti no será más que una trampa. Al menos moriréis lo dos juntos. Será muy romántico, como de novela. Tal vez escriba un libro al respecto." Volvió a reirse entre las sombras. "Tendría su gracia, pierdo mi vida y mi trabajo por tu culpa, pero me vuelvo a hacer famoso con el bestseller sobre el asesinato de un escritor de éxito. Eso si que sería justicia."
Un ruido sonó a lo lejos, el sonido de una puerta abriéndose.
"Mira tu amiga ha llegado, vamos a empezar la fiesta."
"¡No, Beckett, no! ¡Es una trampa!"
No pudo decir más, pues una mordaza apareció de la nada y fue colocada sobre su boca. tiró con fuerza de las esposas que lo tenían atrapado, pero fue en vano. Acababa de llevar a Beckett a una trampa sin quererlo y no podía hacer nada para evitarlo.
