Los personajes no me pertenecen :)

Capítulo 10

Fugaku

La muerte de Haruka derrumbó los días de júbilo.

Fugaku había estudiado administración, al cumplir los veintiocho logró colocarse en una importante empresa de bienes raíces, un empleo bien remunerado que le exigía viajar constantemente. Así conoció a Sari, tenía treinta y nueve años, ella laboraba en las sucursales de la cuidad vecina.

Al conocerla Diego tenía dos hijos, Itachi de nueve y el pequeño Sasuke de apenas un año, la chica de treinta y dos años ingresó en su cómoda oficina; Fugaku la miró con detenimiento, era bastante atractiva, tenía los ojos verdes y el pelo rizado, le recordó a Mikoto en segundos, también morena.

No recordó cuantas veces había pasado la noche con ella, Sari le mostró la brillantes que ya no encontraba al posar sus ojos en los de Mikoto, la seguía amando, amando a sus preciosos hijos. Aun así, el caos cotidiano y el carácter constantemente depresivo de su mujer le irritaba, con Sari Fugaku encontró el oasis de tranquilidad, plenitud y placer, que hace tiempo no compartía con Miri (como aun la llamaba en los días buenos). El divorcio le pasó muchas veces por la cabeza, jamás lo concretó.

Cuando Haruka surgió en el mundo todo cambió, Mikoto experimentó una súbita mejoría, actuaba como si estuviera bajo efectos del éxtasis, siempre alerta y sonriente, volvía a ser amable, tierna y amorosa, con su marido, con los niños, a pesar de años de relación, Fugaku abandonó a Sari.

Los mejores años familiares fueron cortados violentamente con la muerte de su integrante más importante, Hari.

Diego se sumergió en la indiferencia, pasaba cada vez menos tiempo en casa, sólo volvía cuando la policía llamaba, con noticias siempre desalentadoras sobre el culpable impune.

Una velada en casa de Sari, Fugaku se movió en la cama despertándola, la mujer suspiró y le acarició el rostro.

-Sé que extrañas a tu hija- susurró Sari, una nueva relación nació entre ambos, cinco años sin verse, después del funeral de Haruka, Fugaku la llamó, ella le aceptó sin reproches, como su amante, como lo que fuera, recogiendo los trozos de aquel hombre destrozado que llamaba amor de su vida.

-Extraño mi familia- completó él mirando el techo, ausente.

-Quizá sea hora de empezar de nuevo-propuso Sari enarcando la ceja –Ven a vivir conmigo-

-No puedo abandonar a Itachi y Sasuke- excusó Fugaku moviendo la cabeza-¿Qué dices? Es imposible-

-O te quedas con ellos, o sobrevives, esa es la cuestión- respondió la desnuda mujer mayor, acomodando sus largos mechones ondulados y despeinados.

Fugaku lo supo, vivir los días, las noches tras esas paredes, percibiendo el rostro desencajado de Itachi, la cara demacrada y llorosa de Sasuke y menos constante, la faz inexpresiva de Mikoto, pasando los días esperando volver a la clínica. El ambiente hostil de la casa solo fue constantemente roto por la presencia de Amaya, la niñera de los chicos, vivaz y joven les hacía mimos, Itachi la odiaba, su ilusionada apariencia le parecía totalmente fuera de lugar. Sasuke, en cambio, la adoraba.

Con cada día, la vida escapaba de Fugaku, sentía salir por los poros todo rastro de su esencia, Fugaku Uchiha ya no era más. Ahora una especie de ser no muerto le sustituía, apenas comía, dormía pocas horas diarias, adelgazó varios kilos en solo algunos meses.

Decidió aceptar, tras pensarlo horas y horas empapado en llanto, hizo un par de valijas sencillas, llevó a Sasuke al colegio como todos los días, le besó la frente como casi nunca pasaba, le regaló una sonrisa lastimera, el niño se abrazó a su pecho por algunos segundos.

Al volver a casa Itachi aún estaba ahí, falto a clases, posiblemente por tercera vez en la semana, el hijo pródigo, convertido en un chico sombrío, sin ningún interés por la vida futura.

Fugaku miró a su hijo mayor por unos instantes, el recuerdo del día de su nacimiento invadió su mente, rememoró su rostro bello con los pequeños ojos cerrados, la increíble dicha al cargarlo por primera vez.

Los ojos se le inundaron de nuevo, giró el rostro para evadirse, Itachi lo vio fijamente, entonces lo supo, jamás volvería a verlo.