Disclaimer: APH no es mío, pertenece a Hidekaz Himaruya.

Título: Obsesión

Palabra: Amor

Personajes: Dinamarca&Suecia

Advertencias: Amor obsesivo, sangre y violencia. Bad!Denmark. Uso de los nombres humanos de Suecia (Berwald) y Dinamarca (Mathias). Ligera mención de SuFin y DenNorge. Basado en "El baño de sangre de Estocolmo".

OMG! La primera vez que escribo este tipo de historias con varias parejas implicadas (?). Me siento realizada xD ¡Perdón por la tardanza! Pero la escuela me está absorbiendo más de lo que esperaba D: Aún así, ¡muchas gracias por sus reviews! Espero y disfruten de este drabble. Perdón si los personajes me quedaron un poco OoC, trataré de seguir mejorando.

Disfruten la lectura~.


Obsesión

Sonrió, de aquella manera encantadora y tranquila que llegaba a estresar a Noruega de vez en cuando (o tal vez siempre).

Contempló con aire divertido cómo las casas ardían a su alrededor, cómo la sangre manchaba todo a su paso, cómo las personas corrían y gritaban por su vida. Sonrió aún más al contemplar cómo su ejército masacraba a toda esa gente; a la gente que provenía del país que ahora se encontraba a sus pies, herido e indefenso.

Se agachó para contemplar el rostro del sueco. Estaba perdido en algún punto del fuego, lleno de sangre y con una mueca de consternación total y sorpresa. Dinamarca soltó una risa un tanto divertida, mientras que sujetaba el mentón de Suecia con una mano y lo obligaba a que lo mirase fijamente. Al mirarlo de aquella manera (tan débil, tan cansado, tan vulnerable), comprendió porqué el finlandés se había fijado en él.

— Mira a tu pueblo — le dijo, pero el sueco no despegaba su vista del fuego —. Mírate, Berwald — susurró, usando su nombre humano. Ahora el representante del país sueco lo miró fijamente, y por un momento el danés pudo ver un destello de odio y resentimiento hacia su persona en los ojos turquesa de su prisionero —. Nada de esto hubiese ocurrido si tú y Finlandia se hubiesen quedado en mi casa…

— Er's un inf'l'z — siseó Suecia, cansado, pero con odio impregnado en cada sílaba que pronunció.

— Yo no te enseñé esas palabras — Dinamarca hizo un puchero con la boca, fingiendo estar dolido. Su rostro se volvió serio de un momento a otro, mientras que una pequeña sonrisa burlesca comenzaba a nacer en sus labios —. Aún están a tiempo de regresar a mi lado, Sve. Tú y Finlandia. Ambos serán perdonados, y pronto volveremos a ser una familia…

— T' y y' jam's f'mos f'milia — gruñó el sueco, mientras que fruncía el ceño y trataba de levantarse en vano del suelo lleno de sangre. Sangre de su gente, de sus pobladores. No de la gente del danés ni de otro país. Suyos.

Dinamarca también frunció el ceño al ver aquella mirada retadora que le lanzaba el sueco, y por un momento, sintió como su corazón se contraía de dolor. Él que le había dado todo al rubio, él que lo había cuidado desde pequeño, él que le había compartido su cultura… él, que le había amado más que cualquier otra persona (sí, se atrevía a decir que lo amaba más que el finlandés, o más de lo que amaba al noruego); sólo deseaba que el sueco volviese a estar a su lado, cómo hace tiempo, ¿qué acaso era mucho pedir?

Al parecer sí. Odiaba pensar o escuchar que el sueco quería separarse de él. De independizarse, de hacer su propio reino y estar fuera de su familia. Y Dinamarca no lo iba a permitir. No le importaba si debía de romperle brazos y piernas a Berwald; él se encargaría personalmente de que Suecia estuviese a su lado, para siempre.

— Te lo pregunto una vez más, Su — murmuró de manera cariñosa, mientras que le enterraba prácticamente las uñas al mentón del rubio, quien simplemente se dedicó a fulminar al danés con la mirada —. ¿Regresarás a mi lado?

Suecia bajó la mirada, a pesar de que Dinamarca seguía poniendo presión en su quijada. Rió un poco y lo volvió a mirar, esta vez con una mirada retadora y burlesca. Dinamarca se quedó petrificado en su sitio al ver su rostro.

— N'nca seré t'yo, Mathias — escupió con odio el nombre humano de el representante de la nación danesa, sin perder la sonrisa —. Ent'nde d' una v'z q' yo s'ré libre, h'gas lo q' h'gas.

Dinamarca soltó el rostro del sueco, quien dejó que su cabeza cayese contra el duro suelo lleno de sangre (estaba cansado, lo admitía, pero aún así no perdía su sonrisa retadora), mientras que se levantaba rápidamente de su sitio (aquellas palabras lo pusieron de pie como si hubiese sido impulsado por un resorte). Fulminó con la mirada a Suecia, quien yacía inconsciente en el suelo a causa de las heridas y por la pérdida de sangre, y sintió como un sabor amargo inundaba su paladar y cómo algo extraño apretaba con fuerza su corazón.

— Bien — dijo, con la voz entrecortada a causa del nudo que se había formado en su garganta —. Haz lo que quieras, Sverige, pero esto no se quedará así. Te lo prometo — y dicho esto, le lanzó una última mirada llena de resentimiento al sueco, para luego darse la vuelta y caminar hacia sus tropas.

Los gritos de dolor y las llamas seguían inundando las calles del viejo mercado; la sangre seguía derramándose entre las baldosas del suelo, recorriendo cada centímetro de la vieja Estocolmo; pero esto sólo era un recordatorio.

Un recordatorio de lo que pasaría si dejabas a Dinamarca.