Sacro Imperio empuja un poquito a Prusia, pasando al lado de él, removiendo la capa y asomándose al pasillo con curiosidad... porque él nunca ha estado en una boda y... la música suena especialmente imponente y este parece ser un movimiento político importante (lo que eso signifique) y... ehm... Italia va a desfilar por el pasillo.

Italia toma aire al final del pasillo, tras las puertas, mira a su hermano de reojo y le sonríe antes de dar el paso al frente y dejar que se le vea empezando a andar lanzando flores al ritmo de la música, en cuanto ve la cabeza de Sacro Imperio se sonroja un poquito y le sonríe coquetamente.

Sacro Imperio se sonroja MUUUUCHO más de lo que de por sí ya estaba por la conversación con Prusia, mira hacia arriba de reojo para ver si le mira y se esconde un poco en la capa del albino sin dejar de observar fijamente a Italia. Tiene un escalofrío, mezcla de la música y lo bonita que se ve con ese vestido y la sonrisa... le ha mirado y...

Prusia la da un codacito, más por buena fortuna que porque se esté enterando de algo realmente.

Codacito que ocasiona que se sonroje más, mire hacia el techo, carraspee y se pierda unos cinco segundos de Italia echando flores, nuncatelovaaperdonar. Cuando pasa justo por delante de él se vuelve a esconder en la capa.

Italia se detiene solo un momento a su lado, fingiendo no poder tomar suficientes flores y vuelve a sonreírle.

Sacro Imperio debe estar a punto de tener una hemorragia en la cara de lo rojo que está. El... en ese momento ve a la bonita Italia con alitas de ángel y todo. Para él, hay un rayo de luz que desciende sobre su cabeza y se ve completa y absolutamente angelical. (Luego llaman ridículo a Inglaterra).

Finalmente Italia apresura el paso en los últimos metros porque la mirada penetrante de Austria está casi perforándole el cesto.

Y Sacro Imperio asoma la cabeza, mirando a Italia en los últimos metros, al Rey y a Austria al pasar junto a él, dedicándole una suave y sonrojada... vamos a decir "sonrisa", que es más bien una gran mirada de azoro entre las joyas, el traje, los polvos y toda la parafernalia de bodasobrecargadaaustriaca que trae encima. Abre la boca impresionado.

Italia suspira con eso, sonrojándose un poquito también al llegar junto a Austria, este no desperdicia para echar una mirada de advertencia al niño alemán porque la verdad es que está realmente nervioso con todo esto y por eso está mucho más intransigente.

Sacro imperio carraspea y da un pasito atrás acojonado con la mirada del austriaco palideciendo un poco (en realidad se lo agradece) prometiéndole mentalmente que definitivamente NO va a mover un pelo fuera de lo establecido (así de fuerte fulmina Austria con sus miradas). Traga saliva y se va a sentar a la silla porque... ehm... Austria (que es el que le interesa, claro, no Italia) ya pasó a su lugar.

El austriaco toma aire con profundidad tratando de serenarse, mira a la puerta buscando a Romano que tiene uno de esos momentos de... NO voy a... quiero... querría caminar, pero... no quiero caminar porque... *pánico* mientras mira las arras en la mano.

Estúpida boda de mierda, él ni quería venir, mucho menos llevar las putas arras. Y además TODOS están aquí y la música es tonta, como todos... como el estúpido Signore Austria y todos los demás. Hace un mohín y se cruza de brazos cuando sale su hermano delante de todos, teniendo esa sensación de pavor en el estómago... luego sale Austria y empieza a ver que la situación de tener que caminar por ahí es inminente. ¿Y si dijera que perdió las arras? Nadie puede casarse sin arras... ¿O sí? Vacila cambiando de pie y da un saltito con un acorde grave del órgano sintiendo la presencia de Austria en su cabeza.

Austria... que le había acusado de... Algo con España. Austria, que le había llamado solo un sirviente, Austria que sabía, estaba seguro, SEGURO que si perdía las arras le mandaría al otro lado del país a vivir solo. Se estremece un poquito mirando otra vez las arras y queriendo lanzárselas en la cabeza a España y a su estúpida idea de casarse con alguien así de... ¡ASÍ!

Al notar que el siguiente en salir tarda un poco, Prusia se gira a mirar también a la puerta a sabiendas que señorito le debe estar dando un colapso.

Austria efectivamente está pálido con ganas de vomitar pero con una cara de palo que no se aguanta pensando que Romano va a estar limpiando suelos hasta el día del juicio final y que va a barrer TODA la arena de castilla.

Romano siente una mirada absurdamente penetrante desde el otro lado del pasillo y por un instante... por solo un instante, siente que tiene cierto PODER sobre Austria. Esta es SU venganza por lo que le hizo en la sacristía, por torturarle. Le mira fijamente solo por un par de segundos pensando "podría echarte a perder tu boda si quisiera" (o al menos eso piensa, iluso él... no le tiren sus sueños, que a algo debe aferrarse), se humedece los labios.

Las dos castillas... y cuando acabe ira a barrer la toscana entera... y luego le quitará TODAS las piedras a los Alpes. TODAS. UNA A UNA. Incluidos los suizos... "Ja, Spanien, le dispararon una flecha a la cabeza, una pena, yo le dije que tuviera cuidado".

Romanito fulmina a Austria y sonríe levemente de lado cuando considera que ya ha dejado claro su punto. En un momento de iluminación piensa que España... había dormido con él y le había dicho que no dejaría que le hiciera nada malo (Romano aún no conoce bien los límites de Austria...) así que quizás con esto... y por la cara que traía el austriaco parecía ser así, se diera cuenta que él también tenía cierto podercillo y tendría también cuidado. Se siente un poco mejor después de semejante epifanía personal, vacilando un instante y dando solo un pasito hacia Austria.

Prusia sigue observándole y saber que con solo eso Austria no va a ir de vientre las próximas dos semanas le hace decidir que el pequeño italiano le cae bien... para cuando recuerda que dijo el español sobre él en el confesionario, se abalanza un poco sobre su hermano.

—Estos italianos son todos unos seductores, ¿eh?

—Eh... Was?! Nein! —reacción de Sacro Imperio mirando a Prusia con los ojos muy abiertos. ¿comosabeyonoledijeseguroyasabe?

—Sí hombre, sí míralos.

—NosedequemehablasyoestoyviendoaÖsterreich

—De los italianos, míralos, la chiquilla esa de las flores que no para de mirarte y el otro que anda ahora por el pasillo.

—¡Sí para de mirarme! —sisea el Sacro Imperio revolviéndose en su lugar mirando a Romano de reojo y tratando de quitarse a Prusia de encima.

Romanito levanta la nariz, entrecierra los ojos y de la manera más digna posible camina leeeeeeentamente por el pasillo, casi como se arrepintiera a cada paso.

Austria entrecierra los ojos en una declaración de guerra sobre cuantos más castigos le va a añadir a cada paso que da. Claramente Romanito va a estar castigado hasta el apocalipsis. Aun así por alguna razón en esta ocasión siente que vale la pena.

Veneciano mira a su hermano y le sonríe cuando por fin llega junto a ellos. Romano le sonríe a Veneciano y levemente a Austria poniéndose en posición.

Austria vuelve a fulminarle mientras desfilan el resto de nobles que forman parte del cortejo hasta que por fin toca el turno de la reina, Francia y España.

Francia sonríe, apretándole la mano a España, mirando a toda la iglesia. Está contento... pese a todo, pese a la prohibición y pese a la calamidad de cuñado que se va a echar a la bolsa, España parece estar súper volado con Austria lo cual le hace sentir más tranquilo... Insistimos... pese a todo.

España sonríe y tomado de un brazo de Francia y del otro de la reina, hace algún comentario para hacerles reír y rebajar los nervios, vistiéndose con su más radiante complemento al personarse frente a Austria al otro lado del pasillo, a quien de repente, se le pasa un poco el dolor de estómago y se sonroja levemente.

Francia se ríe cuando cambia la música a una más profunda que indica claramente que es momento de que la reina desfile. Le aprieta un poco más el brazo al español, sonríe, mira a Austria y piensa que el cabrón se ve bastante bien (aunque él hubiera elegido otro traje). Empieza la larga procesión hasta el altar con Francia haciendo un esfuerzo por no actuar de manera protagónica, buscando un poco entre el público y sin querer, ciertas cejas pegadas a una cabeza de pelos despeinados.

Que no encuentra porque están adecuadamente escondidas al final del todo disfrutando de esto como un absoluto placer culpable por el hecho de estar viendo a ese idiota francés entregar a la persona de quien (según él) está enamorado desde siempre (es decir, España) a ese otro hombre austriaco por quien el inglés siente una gran oleada de afecto en estos instantes. (Porque alguien debe sentir algo de afecto por Austria también a ratos)

Como el inglés, aunque de una manera un poco más consciente a nivel de admitirse a uno mismo las cosas, la belleza del hombre rubio casi y solo casi capaz de eclipsar hoy al novio no pasa desapercibida para Prusia.

Finalmente, sin que el francés pueda encontrar a su objetivo, llegan al altar. España entrega a la reina con el protocolo especificado y los gestos de rigor y de igual manera Francia, del brazo de España, se acerca al despampanante (Suiza insiste que de haberse caído al agua se va al fondo DIRECTO con tanta piedra/oro/cosas) Austria cerrándole un ojo.

Está vez, lo siento, Austria apenas si le nota, embobado con el español.

Francia le da un beso suave a España en la mejilla susurrándole un "Papa estaría orgulloso de ti", antes de soltarle con una sonrisa enorme y los ojos llenos de lágrimas porque estos latinos lloran hasta con la novela de las tres. Cosa que hace que EVIDENTEMENTE a España también se le humedezcan los ojos... Italia considera este asunto conmovedor.

—Cuídalo mucho —pide Francia al austriaco antes de hacer la reverencia de rigor, un poco menos pronunciada, pero no menos pomposa, sonriéndole. Austria le mira de reojo un instante antes de seguir también todos los movimientos protocolarios.

Romano que está atento a la escena de Francia con España y nota el gesto de Italia y la cara de "awww", pensando por un instante realmente en qué diría el abuelo Roma de esto. Hace un poco los ojos en blanco con los ojos lagrimeantes de ambos, aunque amenaza con ponerse el mismo leeevemente sentimental, pero termina por decantarse en hacer los ojos en blanco cuando escucha el "cuídale mucho" por parte de Francia.

En un momento dado, inevitablemente la mirada de España se vuelve a él y Romano se sonroja un MONTÓN mirándole solo un segundo antes de apartar la mirada. Apretando los dientes y tragando saliva, otra vez con ganas de lanzarle las arras en la cara y salir corriendo (ah, qué pasionales son...) El español suspira y sonríe riéndose de sí mismo, negando con la cabeza antes de volverse a Austria.

La ceremonia es laaarga y protocolaria, con un montón de música muy bonita... pero después de un rato Romano, Veneciano (y Sacro Imperio Romano) ya están mareados con el incienso que menean para acá y luego menean para allá, y la voz del padre en latín, y los coros y toooodas esas cosas... que además Romano sigue un poco mareado con los remanentes de la bebida de ayer mezclados con lo poco que desayunó hoy. Para cuando se levanta con las arras está un poco en ese estado de semi estupor en que casi se tropieza con las colas del vestido de la reina.

Veneciano consigue ayudarle para no caerse despertándose de repente, mientras España recita en su cabeza el presente de subjuntivo del verbo caer, la lista de los reyes godos, los ríos de sus tierras, mira a Austria de reojo pensando de nuevo en lo guapo que está y todo lo que le va a hacer esta noche, repasa los presupuestos del próximo trimestre, se acuerda de esa canción tan bonita que cantaba esa gitana de la playa... Mientras Austria sigue con obsesión insana las palabras del sacerdote para asegurarse que no se deja ni una.

Al levantarse a entregar los anillos, Francia vuelve a revisar la iglesia de arriba a abajo, nuevamente en busca de las horrendas cejas, así como quien no quiere la cosa y está vez, parece que a lo lejos cruce la mirada con ellas y la sonrisa altanera que las acompaña.

Cosa que le distrae desde luego, parpadeando un poco e irguiéndose más a toda su altura hasta que el carraspeo del padre le saca del idilio dándole los anillos a España como estaba planeado, volviendo a sonreír y a pasarse una mano por el pelo, arreglándose el traje. España también sale de su estupor agradeciendo el carraspeo, sonriendo y siguiendo con el proceso estipulado.

Para cuando al fin intercambian anillos y votos (Francia llora otro poco, pero él no se entera), el padre habla por un largo periodo de tiempo desde ahí arriba en el púlpito y el resto de actos protocolarios y diversas piezas musicales terminan, el propio Sacro Imperio, que tan habituado está a las funciones públicas y tan adulto se siente y capaz de comprender todas las cosas impropias de su edad, está cabeceando un poquito en su asiento.

Mientras Prusia, el adulto, lleva más de una hora con su sombrero puesto impidiendo a Hungría ver gracias a él y a las plumas que lleva de lo aburrido que está. Ella pelea diciéndole que es de mala educación llevar sombrero en la iglesia *coscorrón*.

Suiza vacila oculto en a azotea de una de las casas vecinas desde donde tiene mejor perspectiva de la carroza que les va a llevar al convite parado en la puerta de la iglesia. Traga saliva, frunce el ceño y apunta con el arco y una flecha. Podría matarle en cuanto se suba y se siente si quisiera... Podría matar a España en vez de a él. A saber lo que interpretaría. Tira de la cuerda, aguza la vista y respira tratando de bajar sus pulsaciones y calmarse por el amor de dios.

La flecha saaaaale volando y se clava en el centro del respaldo izquierdo del asiento de acuerdo a la perspectiva de Suiza, quien piensa que de haber estado el imbécil sentado ahí y por el ángulo de inclinación, seguro la flecha se le habría clavado en la boca. Frunce el ceño y se agazapa aún sin estar seguro de quererse quedar a ver la reacción cuando salgan de la ceremonia para ir al convite de celebración y recepción.

Todo el pueblo que se ha congregado a las afueras de la iglesia recibe a los nuevos esposos con sendos aplausos y vítores. El cortejo nupcial completo se monta en carrozas que los llevan al palacio para la recepción encontrando gente a todo su paso que les llena de flores. Hasta Romanito, que está de un humor de perros, se alegra un poco con tanta algarabía.


Las diferencias EVIDENTES entre latinos y sajones: sus formas de manejar el drama ¿no crees? ¡Un abrazo para Suiza! (y un yogur para Austria)