Otro cap^^ espero poder actualizar la semana que viene, aunque no sé si podré :(

Nanda21: es tan difícil que Kat muera que la gente acostumbra a decir que no puede morir, aunque yo creo que después de meses de huída, embarazada y herida, es posible que muera. Otra cosa será que Erik permita que ocurra ;)

Roonie: siiii Cherik al poder xD

stephanierogers: sip, en Caja de Pandora aprendimos de dónde venía Kat, ahora toca Orya ^^ un poco agridulce la historia, pero acabará bien

Kat volverá a aparecer muy pronto después de este cap, pero ahora...


Cap. 9

27 de Enero de 1973

Sobrevolando España

Erik decidió hacer las paces de la única forma que se le ocurrió. Arrastrándose de madrugada por medio avión buscando las piezas de ajedrez y llevando el tablero montado hasta Charles.

Su amigo, su hermano, estaba sentado en el mismo lugar que horas antes, vaso en mano. Alzó la mirada cuando posó el tablero y Erik se estremeció al ver la expresión herida de su mirada.

-¿Una partida? –probó- Como antaño.

Charles frunció el ceño y miró a otro lado.

-No estoy de humos para juegos.

Erik suspiró, pero no desistió. Bajo la atenta mirada de Logan, le quitó la botella de whiskey que casi había vaciado él solo y disimuló sirviéndose un vaso él mismo.

-Hace diez años que no tomo un trago de verdad –comentó. Se sentó a bebérselo en el reposabrazos del asiento de detrás de él, pensando qué demonios quería que le dijera. Porque probablemente, todas las cosas de las que le acusaba eran ciertas. Salvo una- Yo no maté al presidente.

Charles ni le miró.

-La bala hizo una curva, Erik –suspiró. Erik tuvo ganas de ponerle en pie y zarandearle, a ver si veía el mundo real de una maldita vez.

-Porque intentaba salvarlo. Me detuvieron antes de conseguirlo.

-¿Por qué ibas a querer salvarlo?

-Porque era de los nuestros.

Casi pudo ver el sentido común que generalmente se le atribuía a Charles volviendo lentamente a su cabeza. Suspiró y negó suavemente con la cabeza.

-Debes tomarme por idiota. Siempre dijiste que vendrían a por nosotros.

-Nunca pensé que usarían el ADN de Raven y Orya para ello –reconoció Erik, recordando lo que le había comentado Logan mientras limpiaba. Charles se iluminó al oír el nombre de Raven, aunque esa misma expresión se ensombreció cuando dijo el nombre de Orya.

-¿Cuándo viste a Raven por última vez? –preguntó.

-El día que me fui a Dallas –explicó Erik, sentándose frente a Charles. Como antaño.

-¿Y cómo estaba?

-Fuerte. Motivada. Leal.

-Digo –Charles le fulminó con la mirada. Era evidente que esa no había sido la respuesta que esperaba- Cómo estaba.

-Te echaba de menos, pero… Se las ingenió para mantenernos unidos. Sin ella nos hubiéramos matado unos a otros en dos semanas, pero Raven se las ingenió para convertirnos en algo remotamente parecido a una familia. Entendí porqué te importaba tanto. Deberías sentirte orgulloso de ella; está ahí fuera, luchando por nuestra causa.

-Tu causa –corrigió Charles- La chica que yo crié no sería capaz de asesinar.

Ahí estaba probablemente la única razón por la que Raven le había seguido. Quería a Charles, pero la estaba ahogando. Raven necesitaba un hermano, no un padre, y Erik no sabía cómo metérselo en la cabeza a su amigo.

-Tú no la criaste, os criasteis juntos. No podía ser siempre una niña, por eso se marchó –intentó explicárselo.

-Si se marchó porque tú te metiste en su cabeza –siseó Charles. Erik bufó.

-Ese no es mi poder. Sólo eligió.

-Y ahora sabemos a dónde nos lleva esa decisión –los ojos azules de Charles parecían estar atravesándole de lado a lado- Van a asesinar a Trask, las van a capturar… Y después nos va a aniquilar a todos.

-No si la encontramos primero. Si cambiamos la historia mañana…

A Erik le dio un vuelco el corazón al ver la expresión descorazonada de Charles. No podía verle así, no podía soportarlo, más siendo culpa suya. Todo era culpa suya.

-Lo siento, Charles. Siento todo lo que pasó, de verdad.

Charles se incorporó y se frotó las piernas, pero no dijo nada. La mente de Erik empezó a funcionar a toda velocidad, tal vez aquel tipo de Manhattan seguía allí, tal vez seguía con el negocio… Intentaría localizarle. Era lo menos que podía hacer por Charles, y mucho menos de lo que querría poder hacer.

-Has dicho "las" –comentó, intentando cambiar de tema- ¿Hay alguien con Raven?

-¿No lo sabes? –preguntó Charles. Erik negó con la cabeza y su amigo miró hacia otro lado, apretando la mandíbula- Orya está con ella.

Aquello no tenía sentido. Logan le había dicho que usarían el ADN de Orya, pero… Orya estaba con Charles, ¿no? ¿Qué demonios hacía en París, con Raven? ¿Qué demonios había pasado en esos once años?

-No está contigo –preguntó, o más bien afirmó. Charles rehuyó su mirada y aquello le confirmó a Erik que algo gordo había pasado- ¿Qué ocurrió? No me cabe en la cabeza que la Orya inocente y optimista que conocí te dejara tirado para ir a defender nuestra causa.

-Ya no es exactamente la Orya que conociste, Erik. Once años es mucho tiempo –Charles se pasó las manos por el pelo en un ademán lleno de estrés y preocupación- Pero bueno –dijo con ligereza, cambiando de tema a propósito- Yo tampoco esperaba ver a Katrina haciendo bocadillos para un adolescente, y ahí está.

Erik realmente quería saber qué había pasado con Charles y Orya, pero Katrina le importaba aún más. No tuvo tiempo de abrir la boca antes de que Charles se le adelantara.

-Los tres están bien –dijo, sonriendo ligeramente. Parecía dispuesto a ignorar que la conversación anterior había tenido lugar- Imagino que no habrás podido hablar mucho con Peter, pero es un chico increíble, mucho más listo de lo que aparenta. Protege a Kat ante todo, parece que esté atento a todo lo que le pueda hacer daño.

-En el aeropuerto apenas cruzamos dos frases. Me dijo textualmente "Te vuelvo a ver cerca de mi madre y no acertarás a ver de dónde te vienen los golpes. Ah, y lo mismo va por mi hermana. ¿Ha quedado claro? Bien. Feliz vuelo" –repitió Erik, observando cómo Charles reía entre dientes, algo más animado.

-Creo que Kat no les ha contado nada de nada y ellos se han compuesto su propia historia de lo que ocurrió –comentó- Katrina estaba un poco paranoica al respecto de dejarle venir, aunque viendo lo que pasará, no puedo decir que la culpe.

-¿Y Wanda?

-No estaba por la casa. Logan dice que está de campamento con el colegio. Se suponía que volvía el día 23, pero han alargado la excursión. Parece una buena chica. Y si es como su hermano, será prácticamente una superdotada.

-¿Cómo es? –Erik sentía curiosidad.

-Sólo he visto una fotografía –comentó Charles- Es muy guapa. Tiene el cabello largo y castaño, más oscuro que el tuyo. Es más bien pálida, no sabría decirte si tiene pecas o no… Y tiene tus ojos, Erik. Calcados a la perfección. Era un poco escalofriante, la verdad.

Erik se reclinó sobre el respaldo, complacido. Charles le acababa de describir con exactitud a Edie Lehnsherr en su juventud, salvo los ojos. Su madre había tenido los ojos castaños, algo que había hecho un poco más difícil su situación ante unos nazis que esperaban que todos siguieran el prototipo de pelo rubio y ojos azules. Erik, en cambio, había heredado los ojos metálicos de su padre, y se alegraba de que algo de Edie y de Jakob residiera en su hija.

-También tiene un piercing.

-¿Que queeeé?

Erik parpadeó, sorprendido, y volvió a centrarse en la conversación. ¿Qué demonios hacía su hija con un piercing? ¿Dónde? ¿Por qué? Pensó que Charles estaba de broma, pero al verle se dio cuenta de que no.

-En la nariz, tranquilo –añadió su amigo, riendo entre dientes- Una anilla pequeñita, aquí.

Se palpó la parte lateral de la nariz y Erik resopló, un poco aliviado.

-¿Por qué Katrina le ha permitido hacerse un agujero en la nariz? –preguntó sin entenderlo en absoluto.

-Kat tiene un piercing en el ombligo, creo recordar –Charles sonrió ligeramente- No creo que esté en posición de impedir que Wanda se haga uno en la nariz.

-¿Cómo está ella? –ahora era el turno de Erik de preguntar. Charles miró hacia otro lado por un segundo, como reorganizándose las ideas, pero no dejó de sonreír.

-Físicamente, bien. Está viviendo con los chicos en una casa a las afueras de Washington, la comparte con una chica joven y su hija. Se ha hecho profesora de alemán, aunque creo que eso ya lo sabes…

-Peter me dijo que… Que estaba con otro –le interrumpió Erik, abordando la parte que más ansiedad le producía- Que era evidente que no le quería, pero que estaba con él. ¿Qué demonios ocurre entonces?

-Entre tú y yo, creo que ese tipo, sea quien sea, se parece en algo a ti. No habría otro modo en que Katrina estuviera con él, porque no ha dejado de quererte, Erik. Cuando se enteró de que eras tú al que íbamos a liberar se conmocionó tanto que incendió sin querer un sillón. Tendrías que haber visto sus ojos, fue como si el resto del universo hubiera desaparecido, como si nada más le importase. Quiso venir al momento y me costó, pero logré que se quedara en casa.

-Claro, porque después de meter a mi hijo adolescente en medio, es más sensato dejar a su madre en casa –bufó Erik. Se sentía bastante aliviado al saber que Katrina seguía sintiendo lo mismo por él (no es que quisiera dudar de ella, pero… Joder, que la había dejado tirada once años. Entendería que hubiera pasado página, por mucho que le doliera) aunque le escamaba bastante todo el asunto del otro tipo. Tenía ganas de mantener una conversación civilizada con él…

Charles suspiró.

-Yo sólo le hago caso al tipo que viene del futuro –dijo, señalando a Logan, que aparentaba dormir- ¡Sabemos que estás escuchando, Logan! El caso es que tenía lógica. No me niegues que si hubiera venido Kat aquello se hubiera convertido en una matanza apenas la apuntasen con una pistola.

-¿No lo harías tú por Orya? –preguntó Erik, alzando una ceja.

Charles sonrió tristemente.

-Yo por Orya me ponía frente a la pistola sin dudarlo ni un segundo.

Hubo un par de segundos de silencio en los que Erik pensó que Charles iba a decirle lo que había pasado. Dos segundos de duda. Pero Charles carraspeó bruscamente, terminando el vaso y recolocándose en el asiento.

-Hace mucho que no juego –comentó. Erik bufó ligeramente, prometiéndose retomar la conversación en otro momento.

-Te daré ventaja –comentó, como si nada. Charles le miró con una expresión que prácticamente gritaba "¿Estás de coña?". Erik sonrió con diversión y cogió su vaso- Así estaremos más igualados –bromeó.

-Mueve tú primero.

No se lo tuvo que decir dos veces. Erik no movió un músculo, pero desplazó un alfil metálico una casilla hacia delante.


Residencia de Katrina Maximoff, Washington DC.

Katrina se levantó de la mesa del desayuno apenas escuchó el timbre. Prácticamente corrió hacia la puerta y cuando la abrió, soltó un gritito emocionado al ver a su hijo delante de ella.

-¡Pietro!

Normalmente le llamaba Peter. Él mismo se lo había pedido, decía que era una historia muy larga de explicar cuando la gente preguntaba por qué tenía un nombre con toda la pinta de ser soviético. No por nada estaban en medio de la Guerra Fría, después de todo. Pero nunca había podido convencer a su hermana de que hiciera lo mismo, y a Katrina de vez en cuando se le escapaba.

Se lanzó a abrazarle al mismo tiempo que Peter cruzaba el escaso medio metro que los separaba a toda velocidad. Chocaron con un golpe sordo que dolió un poco, pero a Katrina no le importó. Se puso de puntillas y abrazó a su hijo con todas sus fuerzas, llenándolo de besos y comprobando con las manos que estaba bien, que no estaba herido y que todas sus extremidades permanecían en el sitio en el que se suponía que debían estar. Peter soltó una risita y tuvo que inclinarse para besarle en la frente.

-Tranquilos, señoras y señores, el único e inimitable Pietro Maximoff está aquí –bromeó. Se quedó unos segundos balanceándose sobre sus pies mientras Katrina le revolvía el pelo con cariño, pero al instante se vio de nuevo arropada por sus brazos y notó su aliento en la oreja- Yo también te he echado de menos.

Se le saltaron las lágrimas de alegría. Su niño, su niño estaba en casa de nuevo. Estaba en casa, estaba bien… Y seguramente había conocido a su padre.

Se había encontrado con Erik.

¿Alguno de los dos se había dado cuenta de que eran padre e hijo? ¿Había visto Erik algo de sí mismo en Peter? ¿Un comentario fuera de lugar de Erik había hecho sospechar a su hijo? ¿O simplemente el vínculo de la sangre se había hecho presente? La gente decía que la sangre no hacía la familia, y así era, pero se puede sentir que tu sangre está en otra persona. Katrina lo había notado con su madre, lo había notado con su hermana. Tuvo ganas de preguntar, pero supo que no era el momento cuando vio a una adolescente medio escondida detrás de Peter. No una adolescente cualquiera, sino Margaret Carter hija, con una blusa roja, una falda muy corta y unas botas altas.

-¿Margaret? –preguntó. La chica arrugó la nariz, pero Peter le pasó un brazo por los hombros y la arrastró junto a él, sonriendo.

-Mamá, te presento a Meg. Teletransporta cosas. Meg, te presento a mamá. Crea cosas. Tampoco envejece.

Katrina parpadeó, sorprendida, mientras Meg se sonrojaba ligeramente. Nunca hubiera pensado que la chica pudiera ser como ellos… Ni se le había pasado por la cabeza. Y allí estaba. ¿Pero cómo Charles había ido a reclutar a dos adolescentes? No le entraba en la cabeza.

Bueno, en realidad sí. Ella había tenido diecinueve, después de todo, sólo dos años más que Peter. Y su hijo era listo, y fuerte, pero a su lado Meg parecía tan indefensa…

-¡Bueno, pero no os quedéis ahí plantados, pasad! –Katrina sonrió ligeramente- Entrad a desayunar, debéis tener hambre.

Peter no se lo hizo repetir dos veces y desapareció en el interior de la casa llamando a Darcy a grito pelado. Sin embargo, Meg se quedó en la puerta, balanceándose ligeramente sobre las puntas de los pies. Katrina la miró con curiosidad y la adolescente sonrió ligeramente.

-Peter estaba demasiado ocupado amenazando a su padre para que no se acercara a ti, pero no es tonto. Antes o después se dará cuenta –comentó, mirándola con simpatía- Por cierto, profe, no espere demasiado de mi último examen… No fue demasiado bien.

Le dirigió una sonrisa de disculpa antes de que Peter reapareciera rápidamente y la arrastrara al sótano. Katrina parpadeó, sorprendida, pero sonrió ligeramente. Por supuesto que Peter amenazaría a Peter… Eran así de parecidos. Tanto que a veces dolía. Sonrió ampliamente, sin estar muy segura de por qué, y pasó a la cocina a preparar al desayuno.


Sobrevolando Francia.

-Yo por Orya me ponía frente a la pistola.

La frase de Charles seguía rondando la mente de Erik, incluso horas después. Estaba amaneciendo y pronto llegarían a París, donde encontrarían a Orya. Tenía que saber lo que había pasado.

-Charles –susurró- Chaaaaarles.

-¿Sí?

-¿Estás despierto?

-Creo que la respuesta a esa pregunta es bastante evidente, amigo mío.

La risita de Charles resonó en la oscuridad del avión. Las ventanillas estaban completamente cerradas y estaban todos tirados por los sillones, menos Hank, que parecía estar sobreviviendo a base de latas y más latas de Pepsi. Logan roncaba sonoramente, pero era evidente que Erik no fue el único que no había podido dormir. Tomó aire antes de hablar, porque sabía que, una vez más, le haría daño.

-¿Qué ocurrió con Orya?

Hubo unos segundos de silencio, tan tenso que Erik pensó que Charles no contestaría. Sin embargo, escuchó un suspiro.

-Fue hace un año. Hacía ya bastante tiempo que usaba el fármaco de Hank… Fue cuando empecé a hacerme adicto a él. Beber, fármaco, beber, fármaco, eso era toda mi vida –suspiró Charles. Erik le escuchaba atentamente, sin perder detalle de lo que decía. Se veía que le estaba costando horrores contarle aquello, y, qué demonios. Él había causado esa situación, se lo debía- Pasé por delante de uno de los espejos del pasillo, me vi… Pensé "¿Qué está haciendo Orya con un tipo como yo?". Ese día fue uno de los malos, ya estaba bebiendo incluso antes de la comida. Cuando me vi en el espejo estaba borracho. Se me ocurrió que tenía que alejarla de mí, que no se merecía estar en mi casa consumiéndose a mi lado. Que ya me había dado diez años y que no podía pedirle más. Así que cuando entró en la habitación…

Golpeó algo que provocó un sonido chirriante.

-Joder –dijo, y era extraño que Charles maldijese- Estaba preciosa. Es decir, siempre está preciosa, pero aquel día era diferente. Se había arreglado, se había hecho un montón de trencitas en el pelo y se lo había adornado con cristalitos, como el día que la conocí. Más tarde Hank me dijo que había ido a preguntarme si me apetecía salir a cenar. Yo sólo la vi, allí, mirándome como si aún fuera el viejo Charles. No quise condenarla a una vida amargada conmigo, así que la hice marcharse.

-¿Cómo…?

-Lo más bonito que le dije fue fulana y buscavidas, Erik –gimió Charles- Y lo peor fue que me creyó. Tendrías que haber visto su cara, estaba destrozada… Yo la destrocé. La escuché coger algo de su cuarto, caminar por el pasillo y abrir la puerta. Un portazo y… Se acabó. La Mansión se quedó sumida en un silencio horroroso. Y me di cuenta de que acababa de alejar a la única persona que aún creía en mí.

Erik tuvo ganas de ponerse en pie, agarrar a Charles y empezar a darle bofetadas una detrás de otra hasta que su cerebro volviera a funcionar como es debido. ¿En qué demonios había estado pensando? Bueno, más bien no había estado pensando, eso era evidente. Ahora entendía por qué Orya estaba con Raven, porque Charles le había roto el corazón. La había apartado de su lado y ella le había creído, seguramente por la misma razón por la que si Katrina decidiera dejarle, él no se sorprendería. Porque tenía claro que después de todo lo que había hecho en su vida, estaba lejos, muy lejos de merecerla. Y aún así, todavía le quería. Después de dejarla once años con los hijos que él había tenido con Magda.

Hacía muchísimo que no pensaba en Magda.

Magda Eisenhardt había sido una gitana alemana de etnia romaní que de alguna manera se las había ingeniado para escapar de los nazis, de los campos y del exterminio. Al contrario que su familia. Eso fue probablemente lo único que les había unido, lo único que les había hecho cogerse cariño (porque ahora que realmente estaba enamorado, ahora que realmente daría todo por una persona, sabía que eso no había sido amor). Ambos estaban más solos que la una. De todos modos, decidieron casarse en un arrebato de ilusión por un futuro que se les antojaba libre de persecuciones hacia los suyos.

Qué inocentes habían sido, dos jóvenes casándose tras un año de conocerse. Erik había tenido veintisiete años y por unos meses, había olvidado a Shaw. Olvidó su misión al conocer a alguien que podía llegar a entenderle, alguien a quien también le habían arrebatado cruelmente a su familia, alguien a quien quería poder agarrarse. Emigraron a Ucrania porque escucharon que allí las cosas iban mejor, que había más trabajo. Erik usó una pequeña parte del oro que había ido recuperando a lo largo de los años para comprar una pequeña casa y encontró trabajo como albañil, pero cometió un error. Sostuvo en el aire una viga metálica que había estado a punto de llevarse por delante a uno de sus compañeros de trabajo. Una buena acción, una de las pocas que había llevado a cabo en su vida, pero que inició un incendio de rumores y cotilleos. Rumores sobre experimentos durante la Guerra, sobre gente con habilidades… Especiales. Gente a la que no querían cerca.

Erik salió de la obra lo más rápido que pudo para volver a su casa y encontrarse con el verdadero incendio. Nunca supo quién lo había provocado, aunque tampoco hubiera sido muy difícil averiguarlo. Durante su trabajo en la obra había destacado; trabajaba más rápido y de forma más eficiente ayudándose de sus poderes para facilitar la tarea, y eso le había creado enemigos. Uno de esos enemigos fue el que prendió fuego a su casa. No sabía si Magda estaba dentro. El fuego devoraba el tejado y la fachada extendiéndose a las casas contiguas. De ellas salían familias y trabajadores, tan humildes como ellos, luchando por salvar algo del fuego.

Una pequeña multitud de personas observaba el fuego sin hacer nada, muchos eran obreros de la obra. Seguramente el culpable estaba entre ellos. Erik perdió el control. Antes de que se diera cuenta, todo lo metálico que había a su alrededor estaba saltando por los aires y dirigiéndose a los que observaban el fuego. Por suerte habían apartado a las mujeres y los niños del fuego, porque entonces Erik hubiera visto a su madre y a sí mismo muriendo varias veces en esas personas. Pero observó sin inmutarse cómo morían aquellos hombres que de nuevo habían destrozado su vida. Escuchó pasos detrás suya, escuchó la voz horrorizada de Magda, su carrera desesperada por alejarse de él. No había intentado retenerla, porque en apenas medio segundo todo volvió a cobrar sentido en su cabeza. Magda podía entender parte de su vida, parte de su dolor, pero era como ellos. Temía y odiaba lo que no entendía, no intentaba ver más allá. Era como ellos, todos eran como ellos.

No había sabido que estaba embarazada, ni siquiera se le había pasado por la cabeza que pudiera estarlo. Había pasado dieciséis años de su vida sin saber que tenía dos hijos, sin saber dónde habían estado o cómo había sido su vida, si habían estado bien, mal, si habían sufrido o si se habrían visto obligados a huir de alguien. Le había parecido detectar un leve acento sokoviano en Peter, así que suponía que Magda había intentado volver a Alemania pero sólo había conseguido llegar a Sokovia, donde habrían nacido los chicos, pero ¿cómo habían llegado a América? ¿Cómo los había encontrado Katrina?

Katrina. Santo dios, esa mujer era una santa. Prácticamente la había dejado tirada en Cuba y ella después había criado a sus hijos como si fueran suyos. Cualquier otra en su lugar les habría odiado por ser hijos de otra mujer, les habría apartado de su lado y no hubiera querido saber nada de ellos. Pero Katrina les había adoptado como suyos, les había cuidado y les había dado todo su amor. Ese instinto protector que se veía en Peter y ese ansia de defender a su madre de cualquier cosa que pudiera hacerle daño no aparecían así como así. Venían del amor más puro, un amor que sólo podía dar una madre.

No sabía qué había sido de Magda, pero si había abandonado a los chicos, y por muy cruel que sonase, en cierto modo se alegraba. Porque así habían conocido a Katrina, así habían tenido una madre de verdad. Y nada más que por eso, sospechaba que si les preguntaba a los chicos, le dirían que había merecido la pena.

-Logan me dijo que las torturarían.

-¿Qué?

-Aparte de sus genes, querrán obtener de ellas toda la información posible. De ti, de mí, de Kat… De todos. Ellas se negarán hasta el final, pero seguirán… Haciéndoles daño para que se lo cuenten todo. Y sonará muy egoísta, pero no sé si podré soportarlo, Erik. No sé cuánto más voy a aguantar todo esto.

Charles parecía estar completamente derrotado cuando dijo eso, y la mente de Erik empezó a funcionar a toda velocidad. Tenía que protegerle. A él, a Kat, a Orya, a los gemelos y a todos los que pudiera. Y tenía un plan en marcha, algo que eliminaría el problema de raíz y protegería a todos para siempre. Algo que de todas formas haría daño a Charles a un nivel que Erik no sabía si podría soportar. Pero tenía que intentarlo.