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Hola, mi semana difícil se ha prolongado, pero hoy quise publicar a la hora que fuera...
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Jueves 1 de Mayo, 1851, Día de la Gran Exposición
II
«Después de caminar por toda Picadilly Circus Levi no pudo encontrar nada que le diera una pista para seguir su búsqueda y tuvo que desistir, anduvo por calles y techos, en ningún lado encontraba nada, y tratando de buscar el aroma a combustión que identificara que habían quemado el rastro de Hanji lo encontró en cada calle vista, lo habían hecho para despistarlo.
La mañana llegó a nosotros hasta encontrarnos en el Hyde Park Corner donde veíamos hacia los árboles de verde fulgurante, algo de niebla y la obra de Paxton asomándose con su estructura de metal forrada de cristal.
Desde el techo de un edificio Levi miraba hacia la zona de la Gran Exposición serio y con un enorme pesar acumulándosele en los ojos de los cuales con la luz ahora veía eran verde olivo.
—Está amaneciendo —recalqué, el sol asomándose, abriéndose como una línea entre la oscuridad y la claridad que iba iluminando la ciudad cual una frontera que avanzaba entre dos medios distintos el uno del otro.
Levi miró directamente hacia el sol, sacó su reloj de bolsillo para ver la hora y luego movió la caratula que podía sacarse girando en el punto que se sostenía, giró entero el reloj, detrás había algo sostenido entre dos pernos, lo sacó mirándolo entre la luz que iba subiendo directa del astro en la línea de planos. Era una pluma blanca de la misma clase de las que Sir Arlert había guardado de Hanji, esta no debía pertenecer a su esposa.
—Erwin —empezó a decir—, si puedes escucharme sabes que debo hacer esto y que nunca ha sido su culpa
Me quedé viéndolo seguro de sus palabras, el reloj despuntando un brillo en el pulido oro de la caratula.
Una gran nube despejó el cielo y el sol nos dio alcance, solo que en esta ocasión no vi llamas en Levi y este, cerrando los ojos, respiró profundo guardándose el tiempo en el bolsillo. Soltó un gran suspiro preocupado y saltó desde el edificio en el que nos encontrábamos a otro. Distinguió algo a lo lejos y permaneció mirando a la distancia. Algo había dicho, declarado o clamado para que la maldición del fuego se detuviera en él. No encontré palabras para preguntarle y me callé las dudas. Lo más importante era nuestro limite para recuperar a Hans de las manos de Lord Leonhardt y sus socios.
—Si volviéramos a mi casa podría preguntar si mi padre ha regresado o si se sabe algo de él
—No. Grisha en una mujer no confiaría, aún en la propia
—¿Una mujer?
—La clase de mujer que se queda en casa
El insulto segregativo lo sentí un golpe por mi madre, sin embargo pensándolo mejor si quisiera hablar sobre Platón con ella quizás la plática no sería tan interesante cómo para haber provocado un recuerdo apreciativo en Sir Arlert tal y cómo él había sido de descriptivo respecto a Hanji.
Al pensar en esto recordé a Sir Arlert y a Armin, en cómo hacía unas horas habíamos estado en su suite hablándonos sobre el paradero equivocado de Hans antes de quitarse la vida. De nuevo me inundó el pesar.
—Arlert —pronunció Levi, quizás sacado de mis pensamientos —debemos ir a casa de Sir Arlert
Tratando de mostrarme más seguro tomé vuelo en el techo del edificio que Levi había dejado y salté, logré alcanzar el otro lado tropezándome pero de pie lo más pronto posible. Mi muestra de agilidad y temeridad se vio opacada por mi torpeza, no obstante Levi no me miró mal sino que parecía haber aceptación en su mirada.
—No esta mal para ser tu primer salto
Me sentí bien al ser reconocido por él, después extendió su mano hacia mí, la estreché, y cuando tomó de repente la tela de la levita que usaba me llevó a saltar de nuevo a bajar a tierra firme, mi grito fue al menos un poco menos alarmante comparado con la primera vez que lo hizo.
Tomamos un carruaje, el primero se vio cedido a una dama que con suma coquetería nos habló en francés, una de esas damas francesas a la que Levi le respondió en su idioma, pero cuando ella intentó coquetearle este se vio rechazándola con cortesía. Había extranjeros por las calles, de todas partes para la inauguración.
Nosotros nos dirigíamos a la dirección contraria, nos alejábamos del Crystal Palace, su sola mención enfermaba a Levi, asumiéndose que no era por el evento sino porque su esposa iba a formar parte de ella como un espécimen recién encontrado.
Lo vi recargar la cara en el dorso de la mano mirando de nuevo por la ventana. Mi mirada sobre él era una mezcla inquisitiva de asombro e indagación, él lo sabía.
—Hanji está enamorada de tu especie. Los ha admirado durante siglos, más allá de lo que tu civilización puede contar…
Su voz me fue tranquilizadora.
—¿Por qué te casaste con ella si está prohibido…?
—No lo sé… tal vez porque me enamoré de su soberbia ingenuidad. No te puedo decir que la quise desde el principio, intenté matarla un par de veces
—Matarla…
—No te dejes sorprender, no fuimos amigos ni colegas, nuestras especies son enemigas—. Lo tomó como lo más normal del mundo—Sin embargo matar a un ángel antiguo es penado de peor manera que a uno de alas blancas
Su activa habla no pudo evitar emocionarme.
—¿Hay ángeles de alas blancas?
—Sí
—¿En qué se diferencian?
Levi movió los dedos casi como si tuviera una moneda en ellos.
—¿Estás seguro sobre querer saberlo?
—Si… —empecé a dudar ante su voz de tanto misterio —si quiero
—Podrías uno de los pocos mortales que supieran tanto de lo que se supone no existe
Los ojos olivo me miraron con aburrimiento. No quería ceder a la ignorancia, aguardaba paciente a que hablara. Cedió a mi determinación. Explicó la diferencia entre una raza y otra.
—Sus alas son castañas, un color salvaje e impuro para los ángeles. Así como hay pieles blancas en tu mundo, cabellos rubios y ojos de colores claros así hay ángeles y demonios. Los ángeles de plumaje negro están extintos, fueron los primeros en aparecer, según las viejas historias fueron los que se volvieron diablos, por eso existimos los demonios, por perder las alas… Hanji es un ángel castaño, los castaños son antiguos y misteriosos, a veces no soportan el mundo ni su existencia más pesada y aborrecible que la de los otros, suelen dejarse morir por inanición. Poseen cualidades que los blancos "puros" se jactan de dominar pero nunca demuestran su maestría: curación, adivinación, premonición. Los ángeles castaños que quedan son pocos. Hanji a veces puede leer el espectro de la materia, tu mundo le produce tanta curiosidad que no sabe contenerse, por eso fue presa fácil para los avaros...
Las palabras de Pixis no dejaron de merodear en mi cabeza, Píramo y Tisbe, Píramo y Tisbe. Dos enamorados. Juntos. Prohibido.
—Pero si tú eres un demonio…
Levi me miró cómo si no fuera el estúpido asno ignorante que me creía.
—Por eso nos escondemos aquí, entre humanos. En Yorkshire para ser más precisos. El imbécil de Leonhardt siguió a Fubar para encontrar a Hanji, así la capturaron. Ya no quería resguardarse en nuestra casa, había pasado años sin usar sus alas… —me miró con rencor —Nos escondemos porque un ángel y un demonio no deben unirse, y ella es mi esposa. Nos matarán en cuanto nos descubran, por eso vivimos entre ustedes, parias en un lado, ermitaños del otro. A donde vayamos correremos peligro, ella no puede salir a las calles cómo yo, apenas cabe entera en un carruaje, ha tenido que ver con amargura la civilización emergente desde lejos, esa es su carga, su pesar mi sufrimiento…
No pude reanudar la conversación después de su mirada, esos eran los ojos de un hombre enamorado que teme perder a quién más ama. En algún lado de mi corazón pude entenderlo.
Llegamos a la casa de Armin, vimos la presencia de Scotland Yard, bajamos, ellos se estaban retirando despedidos por el mayordomo de los Arlert. Bajamos una calle antes caminando despacio aguardando a que se perdieran entre la gente. Una vez estuvieron lejos doblando la esquina nos acercamos.
Vimos algo curioso en la entrada hacia la puerta de la casa de Armin, sobre un trofeo de ornamentación descendió al vuelo un ave, una corneja de pecho blanco que nos graznó. Levi se detuvo en las escaleras viendo al pájaro que se movió en sus patas y volvió a graznar esta vez a él. El demonio levantó la mano, había en una de sus patas atada con un cordón una rama, llevaba la hoja de una planta. Laurel.
Levi me miró con un atisbo de cuestionamiento, mi mirada de curiosidad. Guardó la hoja en su bolsillo y seguimos a la puerta. El ave se marchó con la misma naturalidad que descendió.
El mayordomo nos vio de mala gana y nos guió con Armin que estaba con su prima en el salón aún recuperándose por lo que habíamos visto con su abuelo.
Sentado en la sala derrotado, la cabeza recargada en la mano, penando en silencio, Annie a su lado estaba sosteniendo su mano tranquilizándolo.
—Armin
Al subir la cabeza no le complacía por completo ver a Levi a mi lado.
—Eren...
—¿Cómo te encuentras? —me acerqué. Armin trataba de ocultar lo que le pasaba pero no podía, cómo me encontraba frente a él dejó que me arrodillara y lo viera a la cara, me devolvió la mirada y entendió que lamentaba todo lo que había pasado y aún faltaba por ocurrir.
Lloró, sujeté sus manos y lo acompañé en su dolor. El quería ser fuerte y hacía su mejor intento por serlo. Era difícil. En su ropa aún quedaban restos de sangre de su familiar.
Levi caminó hacia nosotros.
—¿Tu padre ya sabe sobre Sir Arlert? -le preguntó despacio a la señorita Leonhardt.
Annie negó sentada en su silla.
—Nadie ha sabido nada de él
—El mayordomo
—¿Archibald?
—Ha sabido de tu padre en las últimas doce horas, vino un chico con un mensaje preguntando sobre ti
—No nos dijo nada
—No tenía motivo, una vez regresaron se preocupó. Leonhardt le pidió algo, estaba en su despacho
Annie le miró, sabía por donde iba lo que estaba diciendo.
—Debo entrar a sus habitaciones
La rubia le sostuvo los ojos.
—Haz lo que necesitas. Libérala
Levi salió por la puerta.
—¿Dónde está Mikasa? -pregunté. La que menos quería que preguntara por ella era Annie.
—No estaba aquí cuando regresamos —susurró su primo por ella.
—¿Y porqué dejó su cuchillo tanto aquí? —señalé tomándolo de la mesa, había una nota abajo. Me miró tomarlo. El cuchillo era una reliquia de su familia traída desde Japón.
—No lo sé…
La nota era de Mikasa, estaba escrita al revés en letras mayúsculas de una caligrafía cargada para confundir al que la viera, un truco que le había enseñado y era común entre Armin y yo desde que éramos niños para mandarnos mensajes privados. El objetivo era escribir todo junto, separado decía:
"SÉ'DE'ALGUIEN'QUE'CONOCE'A'LORD'LEONHARDT'IRÉ'A'BUSCARLA'EN'LA'CAFETERÍA'DEL'TITÁN'SU'NOMBRE'ES'HITCH" y dibujado un signo de venus indicando su género como una chica al lado del nombre de su pesquisa.
—Mikasa fue sola a la Cafetería del Titán, tiene información —me puse de pie yendo a buscar a Levi. Los primos me miraron extraño.
Me dirigí a las escaleras. Arriba Levi estaba tocando el escritorio de Sir Arlert, o al parecer, pasando las manos a menos de media pulgada de la superficie de las cosas.
—Levi
—Se trata de Mikasa —se ocupaba en lo suyo, estaba acostumbrándome quizás a que leyera mi mente todo el tiempo.
—Es sobre una chica llamada Hitch
—Una acompañante contratada para convencer a otro imbécil de Leonhardt de unirse a su proyecto para exponer a Hanji —sacó de un cajón un paquete de papeles. De entre ellos buscó un par de documentos, unos de embalaje—. La trajeron en tren
—¿Esta chica no podría tener información?
—Tanto cómo haya sido su amante. Eren —volvió conmigo—, ¿Sientes algo por Mikasa?
—¿Mikasa? —intenté razonar la pregunta inesperada.
—Ella está enamorada de ti
Intenté también no reaccionar a eso si ya lo sabía porque me era incómodo. Levi siguió hablando.
—El problema es que no te habías dado cuenta de que querías a Annie hasta que la viste con Armin —me quitó el cuchillo de Mikasa bufando con el contacto del metal—. Hitch —masculló —esa idiota esta protegiendo a un criminal —sintió los recuerdos de Mikasa a través de su cuchillo olvidado.
No volvió a acusarme por las mujeres de mi vida y por la mirada que puso supuse que el siguiente que iría a morir sería del que estaba hablando tan mal.
Al salir de regreso a la Cafetería del Titán Levi iba intentando meditar cómo era que habiendo estado ahí hacía un par de horas no había visto algo más solo por no haberse interesado en ver las imágenes en las mentes de las "acompañantes" del lugar, mujeres que en el exterior parecían damas respetables pero en un sitio de puros caballeros no eran liberales sino un negocio encubierto de ganancias aceptables. Lo que más le ocupó a Levi fue encontrar el túnel que nos llevara bajo tierra, no se interesó en lo que había en la superficie ni en los clientes del local.
Levi Ackerman había tomado algo de la casa de Armin, una bufanda roja que me pasó.
—Úsala, nadie debe ver tu rostro si estás conmigo
—Pero nos vieron en el hotel buscando a Sir Arlert... -la recibí.
—No estábamos en la habitación cuando llegaron, y si Scotland Yard preguntara nos verían a menos de un minuto del disparo pidiendo un carruaje fuera del hotel, y el recorrido de su suite hasta la calle es de más de dos minutos y medio a paso normal
Su cálculo le dio la razón. Yo no sabía a qué velocidad él era capaz de moverse. Hice caso omiso a todo lo que dijo y me puse la bufanda, recordé que esta era de Armin y si no de su madre, había una fragancia desconocida impregnada.
En cuanto llegamos Levi saltó a entrar en la cafetería y se dirigió a un barista, ya sabía perfectamente a dónde ir, con quién ir y qué hacer.
—Estoy buscando a Hitch
—No ha venido en toda la semana, ya no está disponible —trataba el empleo de la chica cómo algo de lo más común del mundo. Escuchando al trabajador yo aún me resistía a creer que Hitch, alguien de las personas que no conocía en la cafetería que no fuere de mi circulo de amistades, fuera a ser una prostituta.
—Yo sé lo que es Hitch, y el negocio que tenemos es entre ella y yo -dijo Levi.
El barista le miró extrañado, le creyó y le entregó una dirección.
—Ha estado enferma, o eso fue lo que mandó decir, por eso ha faltado. Suerte señor
De nuevo salimos a la calle a tomar otro carruaje hacia la dirección dada.
—Una prostituta de Whitechapel, ¿por qué esto no me sorprende? —arrugó Levi la nariz, en cuanto a visitar Whitechapel yo tampoco me encontraba emocionado. La mayoría de los londinenses sabíamos que de no ir a los lugares más pobres y degradados de la ciudad se incluía mantenerse lo más lejos posible de Whitechapel.
Conforme el carruaje avanzaba el cochero empezó a ponerse nervioso y Levi se tuvo que hacer de palabras con él y ofrecerle más plata para que continuara, le amenazó con golpearlo y así siguieron. Llegamos a un edificio donde habían varios indigentes afuera mirándonos, la sensación era sumamente incómoda. Para tranquilizarle Levi le pasó un arma al conductor que se sintió más presionado.
Nos hicimos paso preguntando, Levi evitaba todo contacto físico y se tapaba constantemente la nariz, había un aroma asqueroso y rancio en el aire que me hacía apreciar la fantasmal fragancia de la bufanda con ahínco.
—Buscamos a Hitch Dreyse -preguntó Levi a donde sus pies lo llevaron.
Un hombre anciano y gordo en el piso porque no tenía piernas, señaló con sus guantes sin dedos y rotos hacia una puerta, a ella acudimos a tocar. La cabeza de Hitch se asomó al pasillo y luego medio cuerpo. Iba vestida humildemente —todo lo contrario a cómo la recordaba en la Cafetería del Titán codeándose con un hombre con el que platiqué una sola vez pero no recordaba su nombre sino su cabello corto como el de un monje de monasterio.
—¿Sí?
Levi le miró severamente, parecía haberlo planeado todo.
—Busco a Nile Dawk
Hitch le sonrió libertina y con unos ojos lascivos. No quería ni imaginar lo que Levi debía estar viendo en su cabeza.
—¿Para qué si se puede saber?
—Es un trabajo que solo él puede realizar
A Hitch se le marcó una vena en la frente, entró a su casa por ropa un poco más abrigadora diciendo que nos guiaría. Pese a que Levi hubiera preferido que no subiera al carruaje nos llevó un par de calles más adelante desmejorándose el panorama, más pobreza, prostitutas e indigentes, solo para indicarnos un tugurio peor al que habíamos llegado a buscarla bajando a mostrarnos el camino.
Levi la veía tan mal que creí que iría a matarla, no daba buena espina en ninguna manera posible. En la puerta elegida Hitch tocó, se tardaron en abrir porque se escuchaba adentro que no estaba solo y que su compañía era de una mujer.
—¡Nile! Abre estúpido, te tengo trabajo -dio de tumbos a la entrada.
Nile maldijo adentro, Levi tensó la mandíbula.
—Mikasa dijo que estaría en la Cafetería del Titán, no la vi ahí —interrumpí preguntándole a nuestra guía. Hitch me sonrió coqueta.
—Mikasa es aburrida y muy oliental querido, todo lo que veas en ella puede ser mejor conmigo
Me sentí aversivo con ella. Nile venía a abrir, tendría toda la pinta de proxeneta.
—Eren—. Me llamó la voz de Levi a mirarlo cómo me tenía acostumbrado porque algo estaba pasando y no era bueno—: Este sujeto raptó a Mikasa
Mi impresión abrió de más mis ojos y en cuanto la puerta empezó a ceder Levi la derribó de una patada tirando a Nile al piso. Sonó el grito de la prostituta adentro, el grito de Hitch afuera, y Nile estaba inmóvil amenazado por el revolver de Levi hacia su frente, todo, en un segundo».
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