A la que se queje por el capitulo que es corto, le doy un castañazo! Son 33 paginas de Word! Me hicieron quemar los dedos, la pobre Bellatrix (mi notebook) aun averiada con su dientito flojo (agradézcanle a Moreno, o como a mi me gusta, putéenlo en todos los colores, por su coto a las importaciones en Argentina, ya que no hay insumos para poder arreglarla, ha dado lo mejor de si. Y yo con el problema de mi viejo y todo, he terminado este extenso capitulo.

Para mi es mas de lo mismo, espero que para ustedes tenga algo de significado! Jeje. Ya saben, ES LO QUE HAY, y aunque enrevesado en cuanto a las ideas, se deja leer…

Agradezco a las que hacen huelga de hambre para que actualice… pobres, aunque ya deben estar en línea para el próximo verano!

Ahora si, les dejo el capítulo. Si en algún pasaje le falta la letra G a una palabra, no soy yo, es mi notebook y su dientito flojo…

Capítulo 9

Realmente no podía creer donde se encontraba esa mañana.

Después de avisar a Ron que no iban a encontrarse como habían quedado la noche anterior a trabajar, él había respirado profundamente, uno dos, diez veces y se había levantado de su acogedora cama para dirigirse con pies de plomo al baño a darse una ducha caliente y vigorizante. Si en algún punto de su tan ordenada existencia, alguien le hubiera dicho que se estaba preparando para una audiencia con "la Reina Madre," alias Lily Potter, se le hubiera reído en la cara, y luego lo hubiera escupido. Ja, él, el más prometedor auror salido de la academia en los últimos años. Él que nunca requería la ayuda de ninguno de los más grandes magos de la era moderna, estaba allí, sentado en la muy perfumada y femenina salita de su madre, jugando nerviosamente con uno de los almohadones bordados y llenos de volados, esperando que su madre se dignara a verlo. Ah, y la muy desgraciada se estaba haciendo rogar. Ya llevaba más de una hora, aguardando pacientemente que ella lo recibiera. Si al menos, le hubiera invitado a desayunar.

Dejó el almohadón a un lado y comenzó a hacer ruido con la boca. Tomó el almohadón y lo aplastó violentamente para colocarlo luego detrás de su espalda. Merlín, su madre se lo estaba haciendo difícil. Tuvo que soportar la actitud petulante de su padre cuando el elfo le abriera la puerta de su casa. Y ahora, la elfina traía el té. Maldición, su madre estaba por hacer su entrada triunfal. Y él, que tenía todo un monólogo lo más convincente para que su madre le ayudara, ahora que la elfina se arrastraba servil a sus pies, y le brindaba la taza, él no estaba muy seguro de que su discurso fuera a servirle. Su madre era demasiado inteligente y suspicaz… y aunque él fuera súper inteligente, no tenía nada de suspicacia, y jamás había convencido a su madre de nada. Solo su padre podía lograrlo, y solo cuando le prometía vaya a saber qué en su dormitorio, ella cedía. Le dio un escalofrío, imaginándose a sus padres teniendo intimidad… Tragó saliva para evitar una arcada, otro escalofrío. Merlín, si su madre no aparecía rápidamente los pensamientos iban a consumirlo. Más si estos pensamientos se basaban en su madre y su padre haciendo cosas, que sus hijos no debían imaginar. No, definitivamente se convenció que sería mejor para él pensar que sus padres no tenían sexo… "mis padres no tienen sexo… nunca, nunca, nunca, nunca…" se repetía, tapándose los oídos y meciéndose hacia adelante y hacia atrás, con los ojos cerrados. Así lo encontró Lily, cuando se decidió a atenderlo. Se detuvo ante la puerta y carraspeó, pero Harry estaba tratando de evitar esos pensamientos de su madre desnuda y jadeando en brazos de su padre, y no la escuchó… Carraspeó más fuerte. Harry abrió los ojos y se sorprendió tanto de ver a su madre embarazada, que como todo idiota que era no tuvo la mejor idea que hacérselo saber.

- Diablos, estás hecha una vaca…- dijo mirando su vientre redondeado, que aparecía debajo de un vaporoso vestido. Lily lo miró y sin emitir palabra dio la vuelta y comenzó a salir de la sala, con muestras de estar ofendida con su hijo - ¡No, mamá, no te vayas! – ella se detuvo – mamita linda… lo siento… - dijo acercándose y abrazándola por la espalda. – yo… es que hace tanto tiempo que no te veo…. – le dio la vuelta y la miró a los ojos – discúlpame... – la abrazó – te necesito… - la soltó- ¿puedes escucharme al menos?

- Estás a esto de que te mande a la mierda… - dijo refunfuñando, y soltándose de su hijo se dirigió hacia un silloncito y se sentó para tomar el té. – agradece que estoy famélica, porque si no te juro que te dejo que te las arregles solo, para lo que sea que necesites mi ayuda. – lo miró – y sí, estoy gorda… - se metió una masa en la boca. - y mierda que voy a hacer dieta… tengo dos parásitos que fagocitan cada cosa que me meto en la boca… ¡y son dos, DOS! – chilló – así que no me vengas a decir que…

- Mamá… - dijo sentándose y comiendo una masa con crema – te pido que me perdones… - sonrió – hace tiempo que no te veo… y bueno, tienes que entender que ver semejante… - dijo haciendo un aspaventoso movimiento de brazos como dibujando un enorme balón en el aire. – como te digo, parece que hace años no nos vemos…

- Solo fueron dos semanas… - dijo chasqueando la lengua, dando a entender que su hijo exageraba.

- Pero esos parásitos crecen rápido… - ella se acarició el vientre y sonrió – y tú te ves tan hermosa… tus ojos tienen otra tonalidad, se ven más brillosos… tu pelo, parece de terciopelo, y contra el sol tiene una tonalidad tan cálida… casi como un atardecer otoñal en la campiña inglesa… simplemente perfecto…- suspiró. ella se acomodó el cabello rojo, detrás de la oreja - y tu piel… - le acarició la cara – ¡wow… parece seda!

- ¡Déjate de joder! - dijo riendo y dándole un golpe en la mano – solo lo dices para que te ayude en lo que sea que necesitas mi ayuda – lo miró - ¿de qué se trata? – él bajó la cabeza – ¿quieres que le diga a tu padre que te aligere el trabajo en el cuartel?

- No, no tengo problemas laborales, mamá – se levantó y comenzó a caminar de un lado al otro de la sala – es algo más… - hizo una mueca con la boca y se mesó el cabello dejándolo endemoniadamente desordenado – en realidad, es… - suspiró y cerró los ojos - necesito que me ayudes a conquistar una chica…

- ¿Qué? – dijo con la boca abierta - que tú quieres… - Harry asintió completamente colorado – quién…

- Madre... – dijo tratando de calmarse un poco, y ella sin esperar nada, pegó un chillido y aplaudió.

- ¡No! No me digas… – dijo riendo y tomándose el estómago abultado – ya se de quien se trata… ¡MILLICENT BULLSTRODE!

¡NO! – dijo asustado – Millicent… madre, hice lo imposible por no salir con ese trol, y a ti se te ocurre que puedo… - resopló - no, no es Millicent Bullstrode... es alguien completamente diferente, gracias a Merlín…

- Entonces, no se quien… - dijo ella haciéndose la tonta.

- Mamá, sabes quién es…

- Te juro que no tengo idea… – Harry arqueó una ceja, como dándole a entender que no creía el papel de su madre. Ella se encogió de hombros, y tomo un sorbito de té.

- Ginny…

- ¿Qué Ginny?

- Ginny, Ginny Weasley… - ella abrió la boca incrédula – la chica que llevé a la fiesta de beneficencia, y a almorzar a casa hace unas semanas… - ella asintió – ¿ahora la ubicas? – dijo irónico.

- Si no me lo dices, no tenía idea de quien hablabas…

- Ay mamá, no te hagas la tonta… - dijo resoplando – has tratado de meterme hasta por los ojos a Ginny, desde el momento en que la conociste – ella bufó – he tenido sospechosos que mienten mejor que tú, y te aseguro que les he sacado una buena confesión…

- ¿Que yo he querido emparejarte con esa muchacha? – dijo haciéndose la inocente – ¡estás equivocado! – dijo bebiendo un sorbo de té y mirando hacia la ventana.

- Mamá… - dijo serio – eres mi madre y conozco perfectamente tu modus operandi… – ella lo miró, simulando estar ofendida – invitaste a Dean Thomas a ese almuerzo de beneficencia, para que conociera a Ginny… y sé que tu esposo te dio los datos de ese imbécil…

- ¿Por quién me tomas?

- Por mi madre… - dijo sonriendo – la misma elucubradora que ha tratado de buscarme novia desde que cumplí los dieciocho años. –ella bebió más té y luego bufó – y sé que papá te recomendó a Dean Thomas porque ambos sabían que, el candidato de Ginny debía ser alguien que interactuara conmigo y, tu sabías muy bien que tarde o temprano ese idiota iba a hacer alarde de su conquista… - agregó casi mordiéndose los labios. – y tengo a Ron rompiéndome las pelotas con…

- Cuidado con la boca, hijito… - dijo frunciendo la boca - como tu madre te ha enseñado, hablar bien, no te cuesta ni una mierda… - se miraron y luego comenzaron a reír.

- Aun así, he entendido esto de la "Guerra fría" de la que he sido víctima.

- ¿Tú, una víctima? – dijo ella riendo – quiero ver el día en que tú, en algún momento de tu vida, vas a ser la victima hijito… - lo miró fijamente y él le devolvió la mirada con la misma intensidad. Esmeralda contra esmeralda, el mismo tesón reflejado en las pupilas, las cejas arqueadas casi simultáneamente en el mismo ángulo. La única diferencia era el color que las enmarcaba. Las rojas borgoñas cejas de Lily, contra las duras y azabaches de su hijo – víctima del amor… - y tomó un sorbo de té sin dejar de mirar a Harry, por encima del borde de la taza.

- Pamplinas…

- Si, pamplinas – dijo secamente – la misma plamplina que te hace humillarte ante mí, para que te ayude a conquistar a Ginny.

- No quiero conquistarla… - dijo ceñudo y cruzando los brazos frente a su pecho. – ya la conquisté… solo quiero…

- ¿Reconquistarla?

- Bueno… - dijo carraspeando – yo, entiendo que no es bueno que el hombre esté solo…

- ¡Al fin! – dijo haciendo loas al aire - ya caíste tú. Aún tengo esperanzas con tu padrino.

- Burro viejo no aprende nuevas mañas… - dijo sonriendo – a Sirius le gusta tener lo mejor de…

- Cuando sea viejo y decrépito, no habrá chicas lindas para seducir… solo tendrá enfermeras eficientes, que quieran cambiarle el pañal de adulto…

- Madre… - dijo haciendo cara de asco.

- Es la verdad… - dijo seria – pero volviendo a ti, me alegra que te hayas enamorado de…

- No… - dijo parándola en seco – no estoy enamorado de Ginny… - su madre lo miró decepcionada – solo me gusta… y bueno… - se puso colorado – soy hombre y ella… ella…

- ¿Te pone cachondo?

- Madre, hay cosas que no tendría que estar hablando contigo… - ella arqueó las cejas - porque eres mujer y mi madre… - dijo más rojo. Ella chasqueó la lengua – Y tampoco puedo hablarlas con mi padre, porque en vez de ayudarme se la pasa burlándose de mí… - bufó- ni hablar de Sirius, y Remus en verdad no está en condiciones… - se golpeó las piernas con la mano – pero no tengo más remedio acudir a ti, porque…

- Resumiendo querido, porque si sigues poniendo excusas, voy a tener a mis hijos aquí, y tú no me has dicho lo que quiero escuchar.

- Sí, bueno… - suspiró y colorado la miró - Ginny me pone a mil… - dijo tomándose de un trago el resto del té.

- Querido… - dijo acercándose y abrazándole – eso es un paso importante para ti… el primero de una serie de pasos que te llevará a…

- No mamá, no me llevará a nada mas – dijo serio – me gusta, no tengo intenciones de tener una relación seria y a largo plazo con ella… solo quiero estar bien, por el momento, y sin que por ello…

- Desistas de tu gran ambición de ser el jefe de aurores más joven de toda la historia de mundo mágico – Lily terminó la frase en tono monocorde.

- Exacto…

- Quieres que Ginny solo sea un divertimento pasajero… - dijo en tono de reproche – alguien que te divierta, y con la que pases un rato sin tener ninguna responsabilidad por lo que ella pueda sentir por ti.

- Dicho así es…

- Lo más asqueroso que podías pensar… -dijo levantándose – no puedo ayudarte… Ginny es una chica muy buena, y no se merece que la ilusiones y luego la botes para…

- ¡Quiero que sea mi novia, Okay! – dijo ya cansado – ¡Y definitivamente no la quiero con Dean! - su tono subió una octava de tono y pensó, "y definitivamente la quiero lejos de su polla de hierro" – la quiero conmigo… no sé si voy a… - la miró - mamá, no sé qué va a depararme el futuro, pero si tengo algo con ella, te aseguro que Ginny va a ser la primera en saber qué es lo que realmente espero de la relación… nada más y nada menos.

- Eso es injusto para ella…

- Es lo que puedo brindar en este momento madre – dijo lacónico – si ella lo entiende bien… pero quiero que me ayudes a acercarme a ella.

- ¿No quiere ni verte?

- No quiere ser ni mi amiga, ni meros conocidos… - bufó – que sea la hermana de Ron me está matando también – ella lo miró sin entender – Es por la cofradía de… - resopló – Ron cree que no es leal entre aurores que uno de nosotros salga con su hermana… - dijo algo desanimado.

- Habla con Ron… - dijo seria – dile qué te sucede…

- Va a matarme… - dijo apagado - Ron no razona cuando se trata de Ginny…

- Ron no razona y punto. – dijo ella sonriéndole, y tratando de acomodarle el cabello de la frente, aunque este gesto escondía una caricia – Pero creo estar segura cuando digo que ante la desgraciada eventualidad de que su hermana salga con hombres, Ron estaría más tranquilo si alguien a quien conoce desde pequeño, y esté seguro va a protegerla y quererla tanto como él, salga con su pequeña hermanita.

- ¿Tú… tú crees?

- ¡Claro! – dijo tranquila y dándole una palmadita en sus manos, tratando de infundirle confianza – hay una refrán muggle que lo asegura… "Más vale malo conocido…"

- ¿Vas a ayudarme? – dijo en un tono tan lastimosos que Lily sonrió.

- Está bien… - dijo abrazándolo – voy a ayudarte…

- Gracias, mamá – dijo contento – yo sabía que tú no te ibas a negar…

- Pero déjame decirte algo hijo… – tomándolo de los hombros, lo obligó a mirarla – no juegues con esa muchacha… ve a ella con la verdad, no la tomes por tonta ni a la ligera… que ella decida qué tipo de relación tengan. Y no cometas la estupidez de encerrarte en tu trabajo, porque te aseguro que si la evitas y la alejas de ti, ella va a cansarse y cuando te des cuenta, será demasiado tarde y la habrás perdido para siempre.

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Quizás si fuera otra mujer, y no Lily Potter, ya la hubiera mandado a la mierda. Pero lamentablemente era Lily Potter, el torbellino pelirrojo que se movía de aquí para allá a su alrededor, mientras no paraba de farfullar vaya a saber qué. Y Ginny sabía por qué no le prestaba atención a las palabras. Eran sus ojos. Los ojos de aquella mujer tenían que ser prohibidos, o al menos tener un cartel que diga "el mirar estos ojos, puede ser perjudicial para su tranquilidad emocional." Ella tenía la misma expresión que el gato de shrek, cuando pedía algo, y el tono verde esmeralda que parecía brillar ante la súplica, era tan parecido al brillo de los ojos de Harry cuando estaba a punto de… Sacudió la cabeza tratando de borrar esa mirada especial. Harry no merecía ni un segundo de sus pensamientos. Harry había sacudido su mundo con solo una mirada, unida a esa sonrisa de lado que hacía cuando algo le parecía gracioso. Y tampoco podía olvidar ese movimiento que hacía cuando acomodaba sus anteojos. Y su lengua cuando recorría ávidamente su… ¡Aghhh! ¡Menos mal que había jurado olvidarlo! Solo la mirada de Lily podía traer esos recuerdos… suspiró y trató de concentrarse en lo que tenía en frente. Harry era cosa del pasado. Ahora tenía a Dean… suspiró otra vez resignada. Dean no era ni la sombra de Harry. Dean era muy lindo, apuesto, atlético… todo lo que ella hubiera esperado. Pero desgraciadamente Dean había llegado tarde… Harry había llegado y copado todas las bases… ni siquiera podía soportar que Dean la abrazara. Ni mucho menos que le diera un beso. Si seguía así, Dean no iba a durar mucho. Tampoco le importaba. Dean era bueno para pasar el rato… y despedirlo en la puerta del edificio. Harry en cambio, y aquí sonrió, era un chico que pedía a gritos que lo secuestraran en una habitación, y una vez atado y amordazado a la cama, pasar el tiempo divirtiéndolo una y otra, y otra, y otra vez… suspiró. Lástima que ese chico en particular, no quería absolutamente nada con ella. Mucho menos diversión. Solo trabajo, trabajo y trabajo… ambición y más trabajo. Nada de vida. Una mierda de vida, se corrigió.

Los ojos de Lily la miraron expectantes. Ginny sonrió ante la inquisidora mirada de su acompañante y luego miró alrededor. Lily la había citado en un apartamento sobre la tienda de madame Maulkin, en el callejón Diagon. Era una suerte de estudio, lleno de gruesos y pesados cortinados de color borgoña, que descansaban a los costados de unos inmensos ventanales. Las otras paredes tenían colgadas distintas telas de color blancas, y había muchos muebles, predominantemente, sillones, sofás y chaise longue, diseminados estratégicamente por todo el espacio. No era una conjunción de muebles sin sentido. Al parecer estaban en una especie de estudio de arte, más precisamente un estudio de fotografía, a juzgar por las fotos que adornaban una de las paredes que no tenía telas colgadas. La chimenea de mármol blanco le daba el calor a la estancia. Ginny volvió a mirar a Lily interrogante. Debía haberle dicho que no… debía haberle informado que esa tarde, miró su reloj pulsera, mejor dicho dentro de dos horas, tenía reunión con la selección inglesa de Quidditch y que debía aparecer al norte de Inglaterra, en el estadio de los Appleby Arrows, lugar donde se llevarían a cabo los entrenamientos, y que si seguía allí sentada, apenas tendría tiempo de volver a su casa por la escoba. Y llegar tarde al primer entrenamiento, la iba a confinar al banco de suplentes de por vida. Pero al parecer, Lily quería hacerse la misteriosa, y estaba sentada en una cómoda silla, tomando una apetitosa taza de té. Estaban en ese lugar desde hacía media hora, y aun no tenía idea de la razón de esa visita. Para bien de ella y de su futuro, sería mejor que apurara la cuestión, porque si no tendría que olvidarse de los mundiales de Quidditch del año siguiente. Y ser una espectadora privilegiada, desde el banco, no era su sueño.

Ginny tomó un sorbo de té y ya cansada de esperar, dejó la taza en una mesita. Se acomodó en el mullido sofá. Carraspeó dos veces, tratando de llamar la atención de Lily, pero esta estaba demasiado interesada en comerse todas las masas que acompañaban con el té. Merlín si esa mujer seguía comiendo muy pronto iba a tener que rodar para desplazarse. Debía ser un rasgo característico de las embarazadas comer como si mañana cerraran por tiempo indeterminado las tiendas de alimentos o en su defecto, que al día siguiente iban a imponer dieta estricta para todo aquel ser viviente que camine o se desplace sobre la tierra. Más allá de eso, sonrió al darse cuenta que ahora la señora Potter sería una digna rival de todos sus hermanos, en especial de Ron, a la hora del almuerzo o cena. Ron seguramente perdería, porque la señora Potter, tenía en su mirada esmeralda, una intención depredadora, sobre aquel incauto que ose comerse el último panecito que quedara en la mesa. Sonrió, y ella le devolvió la sonrisa… Maldición, tenía la misma sonrisa de costado que tenía su hijo. Quizás Harry Potter era la viva imagen de su padre James, pero en cuestión de carácter, actitud y gestos, era igual a su madre. Y a juzgar por la sonrisa, la mirada y la posición en la que estaba sentada, iban a estar en este lugar para rato. O al menos hasta que la señora Potter se decidiera a hablar. Lily suspirando, dejó la taza, y se acomodó la falda del vestido, y delicadamente acarició su vientre. Ginny sonrió enternecida por ese movimiento. Ojala ella tuviera la suerte de tener un hijo… un hijo de cabellos negros y ojos… sacudió la cabeza. No era el tiempo y mucho menos el lugar para soñar imposibles. No quedaría bien llorar a moco tendido frente a Lily Potter.

- Lamento hacerte perder tu tan preciado tiempo Ginevra…

- Ginny… - dijo ella sonriente – llámeme Ginny. Ginevra lo hace ver todo tan formal… e impersonal entre nosotros.

- Si, Ginny entonces – dijo aplaudiendo una vez y sonriendo complacida – quisiera poder encontrar en ti a una amiga.

- La tiene Señora…

- Dime Lily…

- Bien Lily… - dijo sonriendo – tiene usted... – Lily la miró – tienes en mí una amiga.

- Gracias Ginny – dijo acercándose y sentándose a su lado en el sofá – ya entiendo por qué no me senté aquí en principio… - bufó – no sé cómo diablos voy a levantarme de aquí con esta enorme panza…

- Yo voy a ayudarla, no se preocupe – volvió a mirar el reloj –Seño… Lily, lamento tener que decirte que no tengo mucho tiempo… tengo entrenamiento dentro de muy poco y aun…

- Oh, no te preocupes, solo te entretendré unos minutos y…

- ¿Que estamos haciendo aquí? – preguntó intrigada.

- Ay linda… - dijo tomándole la mano – cuando tú te propusiste para ayudarnos en la fundación, me pregunté cómo podríamos utilizarte – Ginny arqueó las cejas incómoda - en el buen sentido de la palabra…

- Claro, entiendo… - dijo tratando de sonreír pero en verdad quería gritar de la exasperación, preguntándose qué le iba a pedir su "nueva amiga." – en el buen sentido de la palabra…

- Exacto – sonrió – y por eso estamos aquí…

- Exactamente… ¿cómo va a ser la utilización que de mi hagas?

- Exactamente… - carraspeó – Tu sabes que algunas de las damas de la fundación, son hijas de muggles, como mi caso. Y estábamos pensando en hacer algo grandioso para recaudar fondos para los niños...

- Huérfanos de la guerra – dijo Ginny. Lily asintió – sí, y ya le dije que para lo que fuera necesario, contara conmigo.

- Gracias, Ginny… -dijo ella con los ojos aguados – sabía que podía contar contigo.

- Perfecto… pero aun no me dice por qué estamos aquí.

- Bien… - carraspeó – Nimphadora, que tiene su padre hijo de muggles, vino la otra noche con una noticia de unas mujeres de un pueblo de Inglaterra, todas muggles claro, que tuvieron la idea de hacer un calendario, para recaudar fondos para la compra de un sofá, en la sala de oncología de su hospital…

- Qué bueno… - dijo ella temerosa. Conocía la historia de "las chicas de calendario," y luego se alarmó. Esas mujeres se sacaron fotografías desnudas… ¡DESNUDAS! Oh Merlín, si Lily venía con la idea de ponerla en bolas para juntar dinero, estaba muerta. Sus hermanos pondrían el grito en el cielo, a Ron le daría un sincope, su padre, se quitaría los anteojos y nerviosamente los limpiaría hasta romper los cristales… y su madre… su madre… jadeó al imaginarse los gritos de la enojada Molly Weasley… - un calendario para recaudar fondos… - agregó nerviosa.

- Si… - dijo contenta – ¿no es genial?

- Genial… - dijo apagada.

- La idea surgió entonces de tu madre…

- ¿Mi… mi madre? – preguntó incrédula. Ahora si no entendía nada. Que su madre la ofreciera para un calendario sexy, era algo que en su vida podía pensar. – mi madre me propuso para un calendario… - respiró profundamente tratando de serenarse – ¿mi madre quiere que haga fotos desnuda para un calendario? – y de pronto se puso tan roja de la vergüenza que casi se confundía con el tapizado del sofá.

- Desnuda… - dijo Lily, y luego ella se puso roja. – ¡Oh no querida! – agregó, al tiempo que Ginny volvía a respirar – ¡no, nada de desnudos! – rió – con lo conservadora que es la sociedad mágica tratar de venderles un calendario de chicas con poca ropa… - la miró – no es que tu no estés en condiciones de hacerlo… - rio nerviosamente al tiempo que trataba de abanicarse con la mano y deshacerse de sonrojo.

- Entonces, ustedes quieren hacer un calendario - dijo Ginny ya recuperada, y alejando de su cabeza su imagen de diosa desnuda, siendo venerada por un fiel seguidor de cabello negro y ojos verdes.

- Sí. – dijo sonriente - La idea, fue que debemos hacer un calendario con una persona muy famosa. Y de la selecta elección nos hemos decantado entre dos. – miró el reloj, y bufó ofuscada – la otra persona al parecer tiene cosas que hacer… y no ha llegado, esperemos que se digne a llegar pronto. – agregó en un tono demasiado amenazante, para ver de Ginny.

- Oh… - dijo también mirando el reloj – ¿y se irá a tardar mucho? porque debo irme rápido si quiero llegar a tiempo en mi primera práctica de la selección.

- Oh Ginny, - dijo apenada – la verdad es que vamos a tener que empezar a hacer las pruebas fotográficas solamente contigo… - chasqueó la lengua – no quiero ocasionarte problemas en tu profesión, querida… - tomó la campanilla y un elfo apareció de repente – dígale a Monsieur Creêvet, que estamos listas para la prueba de luces – el elfo asintió y despareció.

- ¿Cuál va a ser la temática de las fotos?

- ¿Disculpa? – dijo apretando furiosamente las teclas de su teléfono – estoy mandándole un mensaje de texto para que no se olvide de venir hoy… - sonrió – no podré el resto de la semana, debido a que tengo que hacerme unos estudios en San Mungo.

- ¿El embarazo va bien? – preguntó preocupada.

- Claro – dijo acariciándose el vientre otra vez – solo son algunos estudios de rutina…

- Me alegro… - ambas sonrieron.

- ¿qué me habías preguntado, querida?

- La temática del calendario… - ella arqueó las cejas sin entender – cuál es el tema de las fotos…

- Ah… - dijo sacando una agenda – hubo dos ideas… - leyó rápidamente – una era convocar a casi todos los famosos y sacarles una foto vestidos como personajes de la historia del mundo mágico… o con criaturas mágicas – miró a Ginny – por eso de la igualdad y la cooperación mágica entre todas las criaturas y Bla, bla, bla… – sonrió – y A mí se me ocurrió hacer un calendario por año con una celebridad, y que el primero sea con personajes de cuentos de hadas muggles…

- Cuentos de hadas muggles… - dijo - no tengo la suerte de haber leído ninguno de ellos.

- ¡Esa es la idea! – dijo contenta – cuando vean tus espectaculares fotos en el calendario, los magos y brujas, intrigados, querrán saber de qué se trata cada personaje…

- ¿Y?

- Y correrán a comprar las historias que nosotros editaremos con el mismo fin – dijo cerrando la agenda y sonriendo con suficiencia.

- Una muy buena estrategia de marketing… - dijo Ginny observando que su nueva amiga no cabía en sí misma de la satisfacción - creas la expectativa, y luego das el golpe…

- ¿Te interesaría ser nuestra primera celebridad en realizar las fotos?

- Si es en mis tiempos libres…

- Oh, tendremos todo el año para realizar las fotos… solo serán doce, una por cada año.

- Bien, no tengo problemas, solo me gustaría que… -la puerta se abrió de repente, y por ella apareció un joven no tan alto, de cabellos rubios y de andar desgarbado. A Ginny se le hizo conocido, pero no podía saber de dónde lo conocía. Solo atinó a levantarse y colocarse junto a Lily, que también se levantaba, pero no con tanta agilidad que Ginny, y sonriendo le daba la mano al joven, que con una educación digna de una lord inglés, tomaba la mano de la señora Potter y la besaba con respeto.

- Ah, Monsieur Creêvet…- dijo ella extasiada - ¿cómo está usted?

- Profundamente complacido de verla Madame… - dijo sonriendo. Lily miró a Ginny.

- Monsieur Creêvet, permítame presentarle a una muy buena amiga… seguramente la conocerá de los periódicos…

- ¿Ginny Weasley? – dijo incrédulo el joven – ¡no puedo creerlo! - se acercó y la abrazó – ¿no te acuerdas de mí?

- Monsieur Creêvet… yo no he tenido el placer de conocerlo… - dijo ella contrariada por la actitud del joven.

- Vamos, - dijo risueño - ¡fuimos compañeros en Hogwarts! ¿Acaso ya lo olvidaste?

- Yo no tenía un amigo que era un loco por la fotog… - lo miró detenidamente y cayó en la cuenta de por qué le resultaba conocido. Recordó un pequeño muchacho rubio, que andaba completamente extasiado por un joven de cabellos negros y que todo el tiempo cargaba una cámara de fotos… - ¿Colin Creevey? – este asintió – ¡por Merlín, Colin! - chilló abrazándolo. – no te veo desde… desde… - sus ojos se aguaron y volvió a abrazarlo.

- La batalla de Hogwarts… - dijo también con los ojos aguados.

- Pensé que tu…

- Fue mi hermano Denis… - dijo algo triste.

- Oh, - solo dijo – ¿y ahora te haces llamar Monsieur Creêvet? – sonrió con ternura.

- Parte de mi estrategia de mercado – respondió – nada mal para un simple hijo de lecheros…

- Siempre fuiste bueno con la fotografía, Colin. – dijo ella tomando sus manos - aunque siempre sospeché que serías cronista del Profeta.

- ¿Entonces, ustedes se conocen? – dijo Lily un tanto contrariada.

- Fuimos muy amigos de Hogwarts y también compañeros de casa… - dijeron ambos y volvieron a reír – juntos organizábamos el ejército de Dumbledore…

- Ah… - dijo desilusionada. Lily pensó que ese muchacho podía ser un nubarrón en la intención de su hijo. Al parecer ellos se llevaban muy bien. Demasiado.

- ¿Así que tú vas a ser la musa del calendario? – dijo Colin sonriendo.

- Al parecer si… – dijo ella aun sin soltar la mano de su amigo.

- ¿Qué tienen en mente? – dijo Colin, alejándose y acomodando un par de lámparas y pantallas que le confirieron al telón blanco de una pared la iluminación adecuada.

- Personajes de cuentos de hadas muggles... – dijo Lily entusiasmada – queremos que le hagas a Ginny unas fotos de prueba…

- Personajes de cuentos de hadas... – dijo tocándose su pequeña barba candado – tienen suerte de que sea hijo de muggles… sonrió – cualquier fotógrafo no sabría captar la esencia de las historias.

- Por eso recurrí al mejor… -dijo Lily – pero sabes que…

- Si, se cuál es el motivo de este proyecto… -dijo Colin – y por todos aquellos familiares que han perdido un ser querido en la guerra, yo donaré mi trabajo y tiempo…

- Gracias, Señor Creêvet… digo señor Creevey.

- Lo hago por mi hermano… - dijo con la voz un tanto quebrada. carraspeó y miró a las mujeres - además la publicidad me traerá clientes… - miró a Ginny – voy a hacer de ti una diosa. – ella sonrió. El estiró la mano – ven… déjame ver si tengo que ajustar la intensidad de las luces… - Ginny se acercó y se puso frente a las luces, parpadeó un segundo hasta acostumbrarse al brillo y luego enfocó la vista hacia el frente donde Colin acomodaba su cámara de fotos – eres perfecta – el flash de la cámara, casi la cegó, pero sonrió y comenzó a jugar como solían hacerlo Luna, Colin y ella, en los jardines de la escuela e inventaban poses para que su amigo les tomara fotografías– como siempre pelirroja, la cámara te ama… - se alejó de la cámara – me gustaría probar con algo.

- ¿Qué tienes en mente? – Colin no le respondió. Llamó a la elfina y esta apareció

- Acompaña a la señorita hasta el vestidor… -Ginny arqueó las cejas – y dale el traje de la reina de la nieve… maquíllala como sabes, y arréglale el cabello, que parezca una llamarada de fuego que derrite la nieve – Ginny sonrió y acompañó a la criatura.

- ¿Crees que el calendario tendrá éxito? – Preguntó Lily y Collin la miró - digo, es un emprendimiento del que dependen muchos sueños que se harán realidad…

- Señora Potter – dijo Colin – He visto a Ginny hacer milagros con solo una mirada… -sonrió – tenía a todos los alumnos de la escuela locos por ella… - se alejó para volver con un carrete de película. Abrió la cámara y la cargó – Espero que tenga en cuenta hacer muchos de esos calendarios, porque Ginny se venderá como pan caliente… - Lily sonrió.

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Harry no supo en qué momento, acomodó su escritorio, dio instrucciones precisas a Ron sobre la investigación del asesino de aurores, soportó que su amigo le recitara el repertorio completo de insultos, incluidos los sinónimos inventados a lo largo de toda su amistad; avisó a su padre, no pidió permiso, solo avisó que se largaba, insultó a Sirius que como siempre se burlaba de él, tomó su abrigo del perchero a la carrera, y salió del cuartel de aurores. Todo en exactamente tres minutos. Y si contaba que estuvo en la calle en cinco, eso podría catalogarse como record mágico.

Había perdido toda la mañana esperando que su madre, desde el momento que aceptara ayudarlo a reconquistar a Ginny, le avisara cuando sería la ocasión; pero su madre desde hacía varios días no daba señales de vida. Así que ahí estaba, una mañana más, molesto con Lily y con todo lo que pasaba a su alrededor. No se había concentrado en absoluto con el caso del asesino, y había desperdiciado tiempo en pensar en qué haría cuando la pelirroja volviera a su lado. Los datos aportados por las chicas aquella noche en el bar, no habían arrojado resultados exactos. Eso lo tenía también cabreado, pero al menos habían dado un paso. Ron y él habían revisado cientos de archivos buscando algunos sospechosos que encajen con el perfil que manejaban, logrando resumir la lista de mil a ciento cuarenta y cinco. Pero aun no tenían nada concreto. Estaban dando vueltas sin sentido, y el desgraciado se estaba burlando de ellos.

Cansado de leer tantos pergaminos, arrojó todo y se largó a comer. Y ahí Ron le dio la noticia que terminó por sepultarlo en la desazón. Dean había vuelto y desde el momento que pisó suelo inglés salía con su pelirroja. Dejó la comida a medio terminar, y bebió un sorbo de agua, cuando vio a Dean Thomas, entrando y pavoneándose con todo su atlético cuerpo. Se había acercado a saludar a su, según él, "hermano Ron," y había conversado un par de cosas, e insinuado que con Ginny había pasado todo, lo que trajo como resultado que el pobre idiota, se encontró hechizado y golpeado por las manos de Ron… Claro que no podía culpar de todo lo sucedido a su amigo. Él mismo había sido el autor de la peor, aquella que efectuara una hora después del almuerzo, cuando Dean decidiera bañarse para sacarse la enorme cantidad de salsa que le arrojara Ron en la pelea. Harry completamente furioso, había puesto una poción en el jabón del pobre auror , que le achicaría su poderosa polla de hierro… sonrió, el efecto le duraría como tres días, y la polla le quedara del tamaño de un balín de metal; pero al menos no volvería a escuchar sus increíbles proezas en la cama con la pelirroja. Y eso le daría un tiempo para que Dean no pudiera verla. Si era verdad que ellos intimaban... Sacudió su cabeza buscando la manera de alejar ese pensamiento que lo único que lograba era sacar lo peor de él.

Pero ahora tenía la oportunidad. Su madre le había pedido en la mañana que fuera a un estudio de fotografía en el callejón Diagon porque tenía algo que ofrecerle. Por supuesto, él no iba a correr a la primera. Lily lo había hecho sufrir días sin noticias, y ahora quería que lo acompañara a vaya saber qué locura. El trabajo unido a la venganza a Dean Thomas, le llevó el tiempo y ni se acordó de la cita. Pero ahora, al tiempo que se ponía el abrigo y corría por el atrio del ministerio, sonreía. Su madre le había mandado un mensaje de texto que decía, que "si no llegas en diez minutos, perderás la oportunidad de encontrarte con cierta pelirroja. Mueve tu culo, ya! XOXO." Obviamente no lo pensó dos veces.

La puerta de calle del misterioso local, estaba pintada de rojo y el cartel que había en él le hizo fruncir el ceño… "Monsieur Creêvet, fotógrafo de estrellas." Se preguntó qué es lo que querría su madre con Ginny y él en ese lugar, pero sin perder el tiempo, tocó la campanilla. Un elfo, muy bien vestido le hizo una reverencia y lo acompañó por una estrecha escalera hacia el piso superior. Al llegar, le indicó una puerta al final de un corto pasillo. Detrás de la puerta reconoció la voz de su madre, e instantes después la de Ginny, pero con ellas había una voz masculina, un tanto entusiasmada. Decidió entrar sin tocar, y cuando había dado tres pasos, y corrido una cortina que separaba la estancia principal de una especie de pequeña antesala, se quedó con la boca abierta. Hubiera jurado que sintió un hilo de baba recorrer desde su boca hasta la barbilla, no pudo corroborarlo, porque lo que veía le había quitado algo la movilidad de los brazos. Y estuvo seguro que si no tendría los anteojos, los ojos se le hubieran salido de sus cuencas. Delante de una especie de cortinado que simulaba perfectamente un territorio cubierto de nieve, estaba Ginny, con una vaporoso vestido de seda blanca, con una enorme cantidad volados de organzas y tules transparentes, que le daban cuerpo al vestido, y que estaba bordado con miles de, al parecer copos de nieve de color plata, que brillaban al tiempo en que ella se movía. Su cabello no era la cascada lacia que adornaba su espléndida espalda, y rozaba su cintura. Le habían batido el cabello para que pareciera una mata rebelde y le habían esparcido polvo de hadas, que le daba un brillo no solo al cabello, sino a su cara. Delicadamente maquillada, lo único que se destacaba del rostro era su apetitosa boca, de un rojo rabioso. Sus pecas estaban casi indetectables, bajo unas rozagantes mejillas. Estaba tan hermosa, que Harry aun alucinado por semejante aparición, no se dio cuenta que seguía caminando, y babeando, por lo que no vio la mesa con las tazas de té y las masas. El estruendo hizo que todos se dieran vuelta para ver que ocurría.

Ginny, que estaba completamente enfrascada en posar naturalmente para las fotos, levantó la mirada, y al ver a Harry, perdió el equilibrio y cayó al suelo, levantando una polvareda de nieve artificial blanca. Casi se ahoga, no solo por la impresión. Lily sonreía ante la reacción de ambos jóvenes. Colin, trataba de ayudar a una Ginny bastante ruborizada a levantarse, y los elfos, trataban de componer el estropicio que su hijo había hecho. Sintió lastima por su hijo. Aun con la cara completamente roja, no dejaba de pedir disculpas sin dejar de observar obnubilado hacia el escenario donde la reina de hielo, completamente derretida por la presencia de su príncipe, trataba de mantener el garbo y la indiferencia, pero a juzgar por el rubor de la cara, estaba fallando estrepitosamente. Harry, una vez que terminó de acomodar una taza en su correspondiente platito, se acercó hacia ellos y trató de componer una sonrisa. Su madre, le dio un beso, y le sacudió el azúcar espolvoreado por toda la manga del abrigo.

- Llegas tarde... – murmuró Lily y Harry le dedicó una sonrisa. – por lo que empezamos sin ti.

- ¡Oh por Merlín! – dijo Colin soltando a Ginny que cayó de culo, nuevamente sobre la nieve – ¡no puedo creerlo! – tomó la cámara – ¡Harry Potter! - apuntó la cámara y gatilló – Hola Harry… soy… - un fogonazo de flash cegó sus ojos, y recordó al joven. Como no recordarlo si lo había sufrido durante toda su estancia en Hogwarts...

- Colin Creevey… - dijo una vez que el joven, con la boca abierta, bajara la cámara. Harry aprovechó para darle la mano – hace tiempo que no te veo… - le sonrió – encantado de verte… - sonrió de compromiso.

- ¡Te acuerdas de mí! – dijo aun ruborizado.

- ¡Claro! – dijo sonriente y respirando ya con tranquilidad - eras mi fan número uno en la escuela…

- Tengo varios álbumes de fotos llenos de ti – acotó el joven.

- Me hiciste llegar algunos luego de la batalla de…

- ¡Hogwarts, si! – chilló de emoción. Ginny blanqueó los ojos, aun tirada en el suelo.

- Te agradezco los recuerdos…

- Yo te agradezco a ti, por no romperme la cabeza por joderte tanto en la escuela.

- Bueno todo es muy lindo, pero no debemos perder el tiempo – dijo Lily ayudándolo a sacarse el abrigo – Ginny no tiene mucho tiempo porque debe irse dentro de media hora… - Harry miró hacia el escenario blanco y vio una nube de gasa y organza intentando levantarse del suelo.

- ¿Ginny...? Oh, Ginny, deja que te ayude… – dijo acercándose. Ella farfulló una maldición y se quitó parte de la organza el vestido que había cubierto su cabeza. Lo miró furiosa, y como no pudo pararse por sus propios medios, no tuvo más remedio que aceptar la mano que él le tendía. El solo roce de los dedos la hizo suspirar y temblar, y recordar… Harry era tan suave a la hora de las caricias, sus dedos parecían pétalos de rosa, plumones al tacto… más que acariciar, incitaban a la pasión y…

- Gracias… - dijo secamente, tratando de alejar los recuerdos. Pero lo miró a los ojos y volvieron tan fuertes y dolorosos como el golpe de una maza. Tragó en seco – ¿qué haces aquí?

- Yo… - trató de decir algo, sin dejar de mirarla a los ojos, pero era inútil. Aquellos ojos castaños, eran tan hipnotizantes que lo dejaron mudo. Merlín, si de lejos estaba hermosa, de cerca era imposible describir la sensación que ella le causaba. Era una especie de hechizo que ella le lanzaba, y le agarrotaba todo el cuerpo... menos una zona estratégica que si se le ponía rígida, pero más que por el frío, por el calor de la sangre que se acumulaba allí… carraspeó para evitar más bochorno.

- Mi hijo es la otra celebridad elegida para el calendario, de la que te comenté, Ginny… – dijo Lily tratando de sonar lo más angelical posible, pero a Harry le parecía que tenía tanto de angelical como una orca cuando se tragaba una foca.

- Si, yo soy la celeb... ¿Disculpa?- Dijo él girando la cabeza como la chica del exorcista. Miraba a su madre con tanta rabia. Y al verla sonreír comprendió. Pedirle su ayuda no iba a salirle gratis. Su madre iba a cobrarle su intervención por el resto de su desgraciada vida. – ¿dijiste calendario y fotos?

- ¿No te lo dije? – preguntó Lily acomodándole el cabello y la tiara de diamantes a Ginny.

- ¡Pues… no! – dijo Harry acercándose – me dijiste que…

- Necesitaba tu ayuda… - lo miró y le hizo señas hacia Ginny – y creo que tú me dijiste que hiciera lo que creía conveniente para la empresa, ¿no? – maldita sea, su madre tenía razón, pero él jamás se hubiera imaginado que ella sería capaz de meterlo en semejante brete. Ella sabía más que nadie que él odiaba la exposición. Y encima tenía que soportar a Colin Creevey, que seguía tomando fotos a lo loco. – además todo esto es…

- Por los huérfanos de la guerra – dijeron a la vez Ginny y Harry. Estos se miraron y comenzaron a reír. – lo siento Lily… – agregó Ginny – es que me parece que voy a tener que dejarlos…

- ¡No! – dijo Harry tratando de parecer enérgico, pero sonó un tanto desesperado. Carraspeó para quitarse el tono aflautado de la voz, y la miró – digo… te ves bien con el traje de la reina de la nieve…

- ¿Cómo sabes que es la reina de la nieve…? – solo preguntó.

- Mi madre me contaba cuentos de hadas muggles… - dijo rojo. Ginny sonrió enternecida. Miró a Lily que miraba con adoración a su hijo y se preguntó cómo se vería ella contándole los cuentos de Beedle el Bardo, a un niño con el cabello negro y los ansiosos ojitos verdes de su padre… No… tenía que olvidarse de esa imagen en especial. Miró a Harry que le devolvía la mirada ansiosa y brillante. No, también debía olvidarse de esa mirada en especial. – y apenas te vi, supe que eras la reina de la nieve…. y así, de hermosa como tú, me la imaginaba… - la miró de arriba abajo, recorriéndola con los ojos con avidez, tanto que Ginny acusó un tenue escalofrío, que se instaló en la zona media del cuerpo. ¿Era eso un ramalazo de deseo? Merlín, no podía creer que solo una mirada de Harry le podía provocar semejante excitación. – estás hermosa… bueno, - carraspeó – no es que no te veas hermosa siempre… - la miró a los ojos - solo que hoy te ves, fascinantemente hermosa… - Ginny refunfuñó molesta y decepcionada de sí misma, porque cada palabra que Harry decía ella las interpretaba como una invitación a la claudicación total. Respiró hondo una y otra vez para serenar sus pensamientos. Harry no iba a hacerla sucumbir por dos estúpidas frases demasiado trilladas dichas por un estúpido insensible que lo único que quería era salirse siempre con la suya y no comprometerse con nada ni con nadie más que con su carrera.

- Si, bueno... – se acomodó el vestido y luego miró a Colin – ¿ya terminamos aquí?

- No… - dijo Colin acercando una chaqueta de príncipe y dándosela a Harry. Este sin que pudiera hacer nada, observó sin inmutarse como su madre le ayudaba a colocárselo - falta que el príncipe se ponga en la foto. – Harry la miró de manera beatífica, y se encogió de hombros, como dándole a entender que se relajara porque si no, esto iba a tardar mucho. Pero ella no era de las que se iba a relajar, menos con él respirando el mismo aire y ocupando el mismo espacio. Se sacudió la falda y dio un paso.

- Lamento no poder quedarme… - dijo Ginny ya cansada – pero se me hace tarde y tengo que marcharme… - miró el reloj. Aún faltaba una hora para el entrenamiento, pero estar al lado de Harry sesenta minutos, tres mil seiscientos segundos, sería un tormento. Escuchar su voz, verlo caminar, moverse, posar… Suspiró. Sentir sus manos en su cuerpo, sus besos en los labios, su lengua inquieta y caliente incitando, conquistando territorios por nadie nunca recorridos, sus jadeos, sus gemidos, aquella sonrisa de satisfacción cuando en el espasmo final, él… no, volvió a sacudir su cabeza, ¡Harry solo la estaba mirando! Y lamentablemente ella tenía que soportar que su memoria fuera selectiva…. Selectivamente empecinada en recordar sus momentos íntimos. ¿Por qué no recordaba, la desgraciada, los momentos donde él la echaba de su vida y la trataba como mierda de perro que ensuciaba su zapato? Carraspeó - tengo que llegar a tiempo al estadio de los Appleby Arrows para…

- ¿Estás pensando en cambiar de equipo? – dijo Harry, levantando la cabeza para que su madre le prendiera los últimos broches de la chaqueta.

- No – dijo bajando del pequeño escenario y cuidando de no resbalarse con la nieve artificial – es que allí entrena la selección…

- Ah… – su madre le pasó un peine chillón por el pelo – madre… - farfulló.

- Si, tienes razón – suspiró.- es imposible arreglarte ese estropicio… - él sonrió. – Lily miró a Colin – ya está listo...

- Quédate donde estás Ginevra… - dijo Colin – ¿quizás una escena de amor? – Lily asintió y Harry sonrió socarronamente. Ginny estuvo a punto de poner el grito en el cielo, pero Harry la interrumpió.

- En la reina de la nieve no hay escenas de romance… - la miró – la reina es la mala del cuento. Congela todo… en síntesis no vive, ni deja vivir. – Ginny miró a Colin y luego se fijó en su vestuario.

- ¿Soy la mala del cuento? – solo atinó a preguntar.

- Así parece… - dijo Harry acercándose – ¿dónde me quieres Colin?

- Abraza a la reina desde atrás… y luego apoya tu cara en su hombro desnudo, y tu otra mano, que se pose en su cintura… y mírala con devoción. – frunció la boca – aunque creo mejor que si le besas el mentón…

- ¡Ni de coña! – dijo Ginny dando un salto - yo me voy… - y sin decir nada salió rápidamente. Harry miró a su madre, y ella se encogió de hombros.

- Madre… - dijo apenas en un susurro y desesperado – ¿qué hago?

- Utiliza tu ingenio para…

- ¿Sacamos las fotos? - preguntó Colin impaciente.

- No – dijo seco – no voy a participar de ese calendario.

- Y entonces… - Colin sonrió y miró hacia donde había desaparecido la pelirroja – ahhhh…. – dijo sonriendo - puedo ser de ayuda, si quieres…

- ¿Cómo?

- Bueno… - sacó la película de la cámara y lo miró – habrá momentos en que tendremos que usar locaciones naturales... – miró a Lily – y necesitaremos extras para darle un enfoque a la foto. – Harry sonrió – ¿puedo contar contigo? – Harry se sacó como pudo la chaqueta adornada y tomó su abrigo.

- Cuenta conmigo… - saludó a su madre y a Colin y salió presuroso. Bajó en un salto las escaleras, y abrió la puerta. El frió le dio de lleno en la cara, y contuvo un suspiro. Iba a ser muy difícil reconquistar a esa pelirroja. Sacó un pirulí del bolsillo y comenzó a chuparlo. Mal momento para dejar de fumar, se dijo. Los nervios lo estaban consumiendo. Tenía que buscar la manera de estar con ella, hablarle, interactuar, verla, sonreírle, y si todo salía como esperaba, hacerla su novia. Aún faltaban varios escollos. El principal que ella le dirigiera la palabra. Y el segundo el imbécil de Dean Thomas… mordió el caramelo de forma cónica con rabia. Lo segundo no iba a ser problema. Quizás Ron podría ayudarlo. Pero que ella se ablandara lo veía absolutamente difícil. Suspiró. La vio salir presurosa, con sus jeans azules elastizados, sus botas cortas de tacón negras y su pequeño tapadito que apenas le tapaba el culo… ¡Merlín, que culo monumental que tenía! Tan duro, tan perfecto… tan apretable. Suspiró. Iba a ser difícil, pero como que se llamaba Harry Potter que no iba a ser imposible. Mordió por última vez el pirulí y se tragó el dulce. Casi se ahoga pero no importaba. Ella valía la pena. Se acercó desde atrás, casi sin hacer ruido, y carraspeó de tal forma que la hizo gritar del susto. Ginny, tratando de serenar el golpeteo furioso de su corazón, se dio vuelta, y lo miró con rabia.

- ¿Qué diablos crees que haces? – dijo a punto de darle un golpe en la cabeza. Como era alto solo le dio el golpe en un brazo – ¡casi me matas del susto idiota!

- Lo siento… - dijo sonriendo – no pensé que estuvieras tan distraída…

- Pues sí, lo estoy – dijo seria – tengo demasiadas cosas en la cabeza…

- ¿Quidditch, no? – dijo sonriente y pagado de sí mismo. Ginny frunció la boca.

- No... al menos no solo Quidditch – dijo y luego lo miró a los ojos y levantó un dedo enguantado y con la otra mano comenzó a contar dedo por dedo – Está la selección, las Arpías, el bendito calendario de tu madre… y también tengo a Dean.

- ¿Dean? – dijo con la boca tan apretada que casi se corta la boca con los dientes - ¿continuas con esa estupidez? - preguntó molesto.

- Pues para mí no es una estupidez… - dijo sonriente – es el chico con quien salgo. Y es atento, caballero...

- ¿Dean, caballero? – rio – perdona que me ría, porque no existe una oración simple donde la palabras Dean y caballero estén juntas… - la miró – más que nada, si supieras lo que cuenta de ti y tu relación…

- ¿Qué estás tratando de decir? – dijo molesta – ¿o mejor dicho que diablos estas queriendo inventar?

- Yo, nada… y no son inventos… - dijo sacando otro pirulí y metiéndoselo en la boca - sólo escucho... vivo en el cuartel de aurores y…

- No es que no sepa que tu vida se circunscribe al extraordinario cuartel de aurores... – dijo con ironía – pero no quiero escuchar lo que tengas que decirme de Dean. No te permito hablar mal de Dean en mi presencia… - rugió.

- Ron sabe… y por eso, se peleó con él hoy…

- ¿Qué le hizo? – preguntó alarmada.

- ¿No se te hace tarde para el entrenamiento? – Preguntó inocentemente y quiso dar la vuelta para marcharse. – que te vaya bien…

- ¿Dime qué carajo le hizo Ron a Dean? – dijo tomándolo del brazo e impidiéndole la marcha.

- Nada… - suspiró –solo le puso los puntos sobre las ies…

- Hablaré con mi hermano – dijo seria – ¡en cuanto a ti, no te metas en mi relación con Dean!

- Oh, perdona, pero no está en mi mente meterme en tu "grandiosa relación con Dean! – dijo acercándose molesto - ¿acaso ya te acostaste con él?

- ¡Qué te importa!

- Pues… pues… - balbuceó - ¡solo quiero entender qué diablos le ves a ese imbécil patea pollas!

- ¿Patea pollas?

- ¿Ya le viste el bulto? - preguntó molesto - ¿se lo tocaste? – y luego la miró alarmado – oh… no me días que no solo se lo tocaste sino que también se lo…

- ¿Qué diablos estás tratando de insinuar? – farfulló rabiosa.

- ¡Yo no insinúo nada! Solo estoy repitiendo lo que ese imbécil dice... – la miró – al menos yo no ando ventilando lo que hice contigo.

- ¡No te atrevas a insinuar que Dean es tan poco hombre para ventilar nuestros asuntos! – chilló toda colorada.

- Ginny... no me grites… – dijo suspirando – yo solo quiero tratar de que nos llevemos mejor…

- ¡No puedo llevarme bien contigo! – dijo a punto de darle una paliza. Merlín, como la sacaba de quicio! La obligaba a ser ruda, mal educada, peleona… Harry sacaba lo peor de su personalidad.

- ¿Por qué? - dijo molesto – eres la amiga de mi mejor amiga, la hermana de mi mejor amigo… - la miró – ¡quiero ser tu amigo!

- Y yo no quiero ser tu amiga.

- ¿Entonces qué es lo que quieres de mí? - se acercó y la arrinconó contra una pared – dime lo que deseas de mí y yo te aseguro…

- No seas tan idiota… – dijo empujándolo y saliendo de esa situación que la mantenía alterada, pero no de la rabia, sino de la excitación. – ¡lo único que puedes asegurar tu es cuando vas a ser jefe de aurores y cuanto vas a trabajar en ello!

- ¿Y eso es un pecado?

- ¡Claro que no! – dijo molesta – ¡lo que es un pecado es que te olvides de tu vida por ello!

- Tengo un objetivo fijo… quiero ser…

- Se lo que quieres ser... – dijo tomando su bolso que en el jaleo había caído al suelo – ¡te encargas de gritarlo a los cuatro vientos! Así que no hace falta que lo recalques, cada vez que te veo.

- Solo quiero… - la miró y respiró entrecortadamente – Ginny yo… yo quiero que seas mi novia – Ginny soltó el bolsito de la impresión.

- ¿Qué?

- Lo que oíste – dijo rojo - quiero que seas mi novia… - la miró a los ojos – tu dijiste que yo te gustaba…

- Sí, pero… - dijo colorada - ¿qué tiene que ver…?

- Yo… - suspiró y miró hacia el suelo – tú también me gustas…

- Disculpa, no te escuche…

- ¡QUE ME GUSTAS!¿ Okay? – chilló – y quiero que seas mi novia…

- ¿Y crees que porque lo gritas voy a aceptarte?

- Bueno… - la miró – ¡la verdad es que así lo espero!

- Que acostumbrado que estás a que las cosas se hagan a tu manera… - dijo mordiendo la rabia.

- Si, lo estoy… soy hijo único, el nene de mi mamá… la luz de los ojos de Lily Potter… - la miró divertido - ¡qué esperas, soy Harry Potter! – dijo sonriendo de costado y Ginny casi cayó en sus redes… casi, porque le dio un golpe en la cabeza con su bolso. – mi madre dice que con solo pararme en medio del ministerio, logro lo que quiero.

- Pues esta vez no será así…

- Ginny – esta siguió caminando – estás siendo terca… e ilógica…

- ¿Yo estoy siendo terca e ilógica? – preguntó – ¿quién es el que me echó de su casa luego de hacerme el amor, porque no quería compromisos y ahora se empecina en ser mi novio?

- Tú… ¡tú fuiste la que me sedujiste! – dijo molesto – no me eches la culpa de todo a mi… no tengo la culpa de que me hechices con tu… tu…

- Tienes razón… pero ese día en tu casa, yo te dije que…

- No me dijiste nada… tu no me dijiste que yo te gustaba ese día - argumentó Harry.

- Por Merlín, tuvimos sexo dos días seguidos… ¿pretendías que te dijera que me gustabas con palabras? – lo golpeó – ¿el que me entregara a ti, siendo virgen, no te daba una puta idea? –

- ¡Si! - dijo molesto – bueno, no, no me di cuenta… ¡los hombres no pensamos con la cabeza cuando estamos cachondos! – suspiró – y después de lo que pasó en mi casa, me mandé una cagada, y entiendo que quieras matarme – la miró – lo siento, no funciono bien ante la presión… después no tuve tiempo de enmendarme… no me diste tiempo. Cuando reaccioné ya te habías ido.

- ¿Yo no te di tiempo? – chasqueó la lengua – eres tan hipócrita… Tu no me diste tiempo, ¿lo recuerdas? me echaste de tu casa y de tu vida... – lo miró – y ahora que estoy lo mejor con un chico que se interesa por mi… y quiere tener una relación seria conmigo a largo plazo, apareces y te crees que puedo cambiar de opinión con solo un pestañeo de tus ojos. ¿Todo para ti tiene que ser fácil, no? Digo, te apareces y quieres que sea tu novia, asi simplemente con chasquear los dedos… y yo tengo que decir que si a todo lo que tu propones… ¿pero por cuanto tiempo Harry? ¿Cuánto tiempo vamos a pretender ser una pareja?

- ¿Qué importa el tiempo? – dijo serio – olvídate de lo que te propongo y volvamos a tu pretendida duradera relación con Dean… ¿acaso eres adivina o tienes la bola de cristal para saber cuánto va a durar lo tuyo con Dean? ¿Eres una excelente adivinadora que tienes la certeza de saber cuánto vas a vivir? ¿tienes de seguridad de que vas a ser feliz con lo que deseas o tienes?

- No, no la tengo. ¡Pero tengo la certeza que ambos, Dean y yo, vamos a poner de nuestro empeño para que dure el tiempo que dure! – le escupió – en cambio contigo nunca tendría certezas… solo me atendría a lo que tú quieres de la vida, y de lo que eventualmente podría representar en la tuya. – lo miró – ¿acaso tú tienes la certeza de que serás completamente feliz cuando logres lo que deseas? – él miró al suelo – ¿y después de eso que? ¿Con qué te obsesionarás, que dejarás de vivir por ese objetivo?

- No lo sé- dijo – tampoco estoy pensando en este momento en mi trabajo, y no sé qué puede depararme el futuro, no sé cuánto de duradero sería esto, si tuviéramos una relación, pero al menos tendríamos una… - y luego agregó – yo quiero tener una relación contigo. Sé que fui una mierda, y ya te pedí perdón, ¿qué más tengo que hacer, Ginny?- se acercó – dime y lo haré…

- Ya no hay nada que puedas hacer… ya es tarde. - se iba – lamento hacerte perder el tiempo. Seguramente tienes trabajo que hacer… - lo miró – adiós, Harry. Me gustaría que lo que acabas de decirme fuera cierto… lamentablemente, por lo que se de ti, no te creo nada. – y luego desapareció.

- ¡No te creas que me voy a quedar quieto y resignarme! – le dijo a nadie en particular – ¡no vas a deshacerte de mí tan fácilmente… Tú y Dean tienes los minutos contados! – la gente que pasaba a su lado lo miraba extrañado - ¡voy a valerme de las cosas más ruines para alejarte de él… y como que me llamo Harry Potter vas a ser mía! –miró a una mujer que lo miraba como si estuviera loco- ¿y usted que mierda me ve?

- Mi esposo comenzó así… hablando solo… - dijo ella sonriendo – y terminó en San Mungo.

- Pues esa mujer… ¡esa maldita pelirroja va a llevarme al hospital de locos…! ¡DE LOCOS!- y sin decir más despareció.

- Ah, los jóvenes y el amor – dijo la viejita y siguió caminando por el callejón.

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La carta de triunfo podría ser positiva a o negativa a estas alturas, pero desgraciadamente no tenía otra que jugársela. Harry estaba tan nervioso que prefirió no tomar nada, mientras esperaba en las tres escobas la llegada de su amigo. Ron podía ser dinamita en estado puro cuando se trataba de su hermana, pero Harry en estos momentos estaba más allá del bien y del mal. Ginny quizás no sea la mujer de su vida, quizás no estaba entre sus planes para un futuro a largo plazo, pero aunque tuviera como primer objetivo ser el mejor auror y con eso el jefe más joven en la historia de la magia, no era necesario que pasara por todo el proceso solo. Y Ginny era perfecta como compañía.

Sus relaciones pasadas habían sido un tanto esporádicas y sin ninguna duda no habían significado nada. Habían sido solo eso, relaciones sin importancia, y tan pasajeras que en algunas ocasiones se había olvidado hasta de los nombres y los rostros. Alguna vez había pasado el bochornoso momento de encontrarse con alguna chica del pasado y ni siquiera recordarla. Ellas desaparecían ofuscadas o desilusionadas por el triste papel que habían interpretado en su vida, y él sonreía y seguía con su vida. Ninguna de ellas fue importante. Solo un momento de sano esparcimiento, pero nada más. Y maldita sea el día en que le pidió ayuda a Ron y él sugiriera a su hermana. Maldito sea Ron y su idea tan distorsionada de Ginny, que la hizo ver tan poco atractiva que él había aceptado la cita. Y había perdido la cordura desde el momento que la vio entrar y caminar hacia él de aquella forma tan femenina e insinuante... con ese movimiento de caderas, tan pero tan incitante e hipnotizador, que se sintió desde un primer momento como la tonta serpiente encantada por la música que emanaba de ese armonioso cuerpo de mujer. Y, cual serpiente atontada por las mañas femeninas, había sucumbido.

Ella era tan diferente, tan distinta a las otras, que merecía el sacrificio y los golpes que su amigo seguramente iba a darle. Así que a esa hora de la noche, estaba allí, sentado, bebiendo una cerveza de manteca, y deseando que su amigo lo ayudara… la quería en su vida como sea… Golpeó la botella de cerveza en la mesa. Merlín, no podía estar tan desesperado por una chica. Era tan corriente como las demás, tan… no, no era justo con Ginny cuando las comparaba con las otras. Las otras podían ser un viaje en tren, rápido y seguro, fácil de tomar y luego bajarse sin ninguna secuela más que de aburrirse y querer estar en otro lado en lugar de perder el tiempo, en lo que duraba el recorrido. Ginny, en cambio, era un viaje de en la más hermosa escoba, en un día de viento furioso. Al momento en que ponías las manos sobre ella, y levantabas vuelo entre sus brazos, te zarandeaba de un lado al otro y te descontrolaba hasta el pensamiento. No, estar con Ginny se asemejaba a un viaje en traslador: intenso, desconcertante, durante el mismo te estiraba, te succionaba, hacía que tu realidad quedara distorsionada, por el tiempo que durabas en sus brazos, y luego te tiraba al suelo, completamente desubicado, agotado y con las tripas revolucionadas… si, era una locura pensar que la vida con Ginny podía ser tranquila. Ella era distinta a todas con las que había salido. Ni siquiera fue igual a las otras cuando cometió la estupidez de terminar con ella. Recordaba a Cho. Ella lloró como una Banshee cuando le dejara, y que decir de Romilda… una bruja de armas tomar... y la chica del departamento ejecutivo mágico… a esa la tuvo que mandar al sanador cuando lo amenazó con matarse si no salía con ella. Y la otra, que no recordaba el nombre, pero en la cama era terrible, y por la que tuvo que pedir una orden de restricción para que no se le acercara… y las del mundo muggle, liberales y fáciles de olvidar como a él le gustaban… ninguna podía llegar a la altura de su sexy pelirroja, plantada en la vida para matar o morir por lo que quería y a pesar de que él la había tratado de la peor manera, ella se mantenía estoica... y la muy desgraciada lo estaba haciendo sufrir como la mierda, rechazándolo y haciéndole probar de su propia medicina… o pero una vez que la tuviera en sus brazos y bajo su dominio, esa mujer iba a saber quién era el que movía los hilos de esa relación. Ella iba a saber quién era el que decía la última palabra. Sonrió.

Estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando su amigo se sentó a su lado y le golpeó el hombro de una palmada, sorprendiéndolo de tal manera que el grito que pegó fue cualquier cosa, menos masculino. Ron lo miró serio y comenzó a reír.

- No sabía que estabas estudiando canto…

- ¡Qué dices idiota! – dijo – ¡casi me haces escupir la cerveza!

- ¿Te asusté? – dijo burlón

- No, me tomaste desprevenido – Ron arqueó las cejas ante esa respuesta. – gracias por venir…

- ¿Qué sucede...? tu llamado me tiene desconcertado – dijo Ron - saliste temprano esta mañana del cuartel y no volviste… - lo miró – y ayer saliste tan a la carrera que bueno… ¿encontraste algo con respecto al asesino?

- No, Ron... – suspiró - ni una puta pista… nada.

- Algo te sucede…

- Dean Thomas, eso me sucede… - dijo creyendo que solo lo decía en su mente, pero al parecer y por la cara de su amigo, lo dijo en voz alta.

- ¿Qué?

- Nada- tomó un trago de cerveza. Ron le bajó la mano de un golpe y lo miró.

- Nada una mierda… - dijo – qué te pasa con Dean…

- Es un imbécil... – dijo mirando hacia la camarera nueva, que muy coqueta se paseaba entre las mesa moviendo sus caderas, al compás de la música. – ¿han cambiado las cosas por aquí, no? Recuerdo que a ti te gustaba Madame Rosmerta, y aunque a mí no me gustaba, la vieja estaba buena – silbó – pero ahora las chicas no sé qué comen, pero están… Cuando estábamos en Hogwarts, no se veían ejemplares así…

- No me cambies de tema… - Harry miró a Ron – ¿qué te sucede Harry? - preguntó – hace días que te veo raro. Miras a Dean… como si tuviera la peste.

- ¿Cómo conquistaste a Hermione? – le preguntó y ron se sorprendió por la pregunta. Entrecerró los ojos tratando de recordar, y más que nada tratando de adivinar para que lado iban los pensamientos de Harry.

- Bueno, es algo que hasta el día de hoy me pregunto… - sonrió - pero la verdad es que la conquisté siendo yo mismo…

- Merlín con el tremendo olor a medias sucias que tienes en los pies, es un milagro que te quiera… - dijo riendo.

- Si… - rio – y eso que en algunas ocasiones no me baño.

- Eres repugnante… - dijo Harry.

- Sí, pero a ella le gusta mi olor a macho…

- Merlín, por qué estamos hablando de esto…

Tú me preguntaste… algo que me intriga, porque tú nunca quisiste saber los pormenores de mi relación con - Hermione… - lo miró – por esto de "es mi hermana Ron…" – Harry bajó la cabeza afligido.

- Ron… me gusta tu hermana… - dijo en seco, y cerró los ojos esperando el cabezazo, el golpe en la boca, y el hechizo que le rompiera los huesos. Suspiró y abrió lentamente los ojos para ver a su amigo con la boca abierta y la botella de cerveza a medio camino de sus labios.- me gusta mucho tu hermana…

- Harry…

- Si, lo se… - lo miró – mandé a la mierda la puta cofradía...

- Quien mierda piensa en la puta cofradía… - dijo Ron – ¿acaso existe?

- Entre tú y yo… - lo miró – sonabas tan seguro…

- Solo fue una mierda para sacar del medio a Dean – dijo serio.

- Lo que me lleva al problema de todo esto – farfulló Harry.

- Mi hermana sale con Dean… - dijo Ron y luego lo miró sorprendido - ¿Por qué no le dijiste que te gustaba cuando saliste con ella?

- No importa que tu hermana me guste… - dijo bebiendo con rabia la cerveza – porque ahora está emperrada con Dean – lo miró – ¿Ron, no te molesta que me guste tu hermana y que quiera…? – se encogió de hombros – Merlín esto es complicado…

- No es tan complicado si te gusta Ginny – Harry lo miró - ¿qué? Mejor tú que el imbécil de Dean… -dijo bebiendo – al menos tú no serás tan idiota de ir orgulloso a decir frente a todo el cuartel que le metes la mano bajo la falda…

- ¿Ese idiota está diciendo que le mete la mano bajo la falda? – dijo con una rabia poco contenida. – ¡dímelo, porque si es así, tiene los días contados!

- No creo, pero solo quería saber cuál era tu reacción… - sonrió – realmente te gusta.

- Idiota – refunfuñó – ¿crees que si no me gustara lo suficiente, estaría aquí, confesándotelo a ti, el hermano más celoso de todo el mundo mágico?

- Contéstame algo, con total sinceridad… - dijo Ron. Harry asintió – Es algo que me hace ruido en la cabeza y no me ha dejado descansar preocupado… - se acercó para que nadie escuchara - ¿En verdad ella te metió lengua en la boca y te pellizcó el culo, cuando salieron? – Harry suspiró.

- Sí, pero debo confesar que yo también… - Ron lo miró ceñudo – bueno, pero que conste que ella metió la mano primero, yo le seguí la corriente… y nos besamos, mucho…

- Intercambio de fluidos… - Harry lo miró rojo - ¿hubo intercambio de fluidos Harry?

- Ron… - dijo abochornado.

- Te repito, ¿Hubo intercambio de fluidos?

- Si, hubo intercambio de fluidos…

- ¿Qué tipo de fluidos?

- ¡Ron!

- Contéstame, si quieres que te ayude…

- Saliva…

- ¿Le metiste la lengua en la boca?

- Si, Ron, le metí la lengua en la boca, y ella a mí en respuesta…

- ¿Besa bien? – Harry suspiró recordando.

- Como los dioses… - sonrió

- ¿Te tiraste a mi hermana, Harry?

- Ron… - lo miró – si así fuera no te lo contaría…

- Vuelvo a preguntártelo, ¿hubo intercambio de fluidos de otro tipo, además de la saliva?

- No, Ron… - Su amigo sonrió satisfecho ante la respuesta y se llevó la botella a la boca – principalmente porque usamos condón… - la cerveza que escupió Ron le bañó la cara a la muchacha del bar. El pelirrojo con las orejas rojas de vergüenza, trató de limpiarle la delantera a la chica, ella le quitó la mano ofendida.

- Lo… - tragó casi al punto de ahogarse – lo lamento… - ella se secó la cara - realmente lo siento. - La muchacha se fue y Ron miró a Harry. – ¡Y tu… eres el colmo! ¡Hace instantes, me acabas de afirmar que no te acostaste con ella!

- Yo no te lo afirmé, ni tampoco lo negué… simplemente te dije que si hubiera pasado, no te lo contaría, pero no puedo pedirte ayuda con la mitad de la verdad… - lo miró – Lo siento Ron, se cómo te sientes respecto a Ginny, pero te juro que no pude evitarlo… ¡tu hermana me invitó a tomar café! – agregó desesperado.

- Ella odia el café… ¡no tiene café en su casa! – dijo mesándose el cabello.

- Aja, - lo miró – ahora entiendes… - Ron pidió otra cerveza, y miró a su amigo. Carraspeó, para llamarse la atención.

- Cuando…

- La fiesta de beneficencia…

- Cuántas veces…

- Ron… - dijo abatido.

- Dime cuántas veces… - dijo ya cansado con las vueltas que le daba su amigo. Harry bufó.

Yo llevaba un condón, pero solo por las dudas… – Ron asintió y Harry miró hacia la barra, completamente rojo, avergonzado. Suspiró –pero ella tenía una caja llena en su mesa de noche – Ron jadeó – y creo que usamos más o menos tres más…

- Merlín... cuatro… ¡cuatro! – dijo Ron – conociendo a mi hermana estaba decidida a…

- Si, creo que estaba muy decidida… Mucho… - dijo Harry con una sonrisa ladina

- ¡Es mi hermana, idiota, sujeta los pensamientos libidinosos!

- Me gusta Ron, y ella no quiere ni verme… - dijo abatido.

- Bien… - dijo serio - Si tanto te gusta ¿por qué no se lo dices?

- Porque… ya se lo dije y en vez de aceptarme, me mandó a cultivar calabazas… - dijo en un tono lastimoso – dice que sale con Dean, porque es un chico atento… que le encanta lo caballero que es… y que espera que sea el hombre de su vida… ¡una mierda de tipo es lo que es! Y ella no se da cuenta…

- ¿Dean, caballero? – dijo Ron – Si mi hermana cree en esa ilusión, definitivamente es una idiota… basta saber el tipo de calzoncillos que se pone… con snitches y escobitas… es un infeliz inmaduro.

- El punto es que tengo las de perder con ella. – dijo Harry – perdí los nervios al día siguiente y… no la traté muy bien que digamos. – lo miró – nunca me he arrepentido tanto en mi vida de haber dicho lo que le dije, como cuando ella me miró a los ojos, asintió sin derramar una lagrima, dio un portazo y se fue…

- Estás enamorado de mi hermana – dijo Ron, mirándolo serio y dándose cuenta de lo fuerte que eran los sentimientos de su amigo por su hermana. Si hubiera imaginado que arreglarle una cita a Ginny con su mejor amigo iba a tener ese resultado, lo hubiera hecho mucho antes… su vida sería algo más tranquila con su hermana al lado de Harry. Sonrió.

- No, solo me gusta… - dijo – le pedí que fuera mi novia… no te imagines algo más… - lo miró – tu sabes que no puedo… ante una mujer y mi carrera, tu sabes quien lleva las de perder…

- Sí, pero le pediste que… - dijo sorprendido – ¡tú nunca pides a las chicas que sean tus novias! Solo te acercas, las rodeas, las conquistas y les dices adiós…

- Ginny es diferente… – Ron lo miró sospechosamente - y si bien tengo una meta en la cabeza, no es necesario que las cosas sean tan radicales… soy un joven, que además del trabajo tiene que tener otras cosas en la cabeza… aun soy joven y quiero divertirme. – lo miró – Ginny es divertida y diferente a todas las otras chicas…

- Si, esa loca es el alma de nuestra familia.

- Y le pedí que sea mi novia, pero no cede…

- Si en verdad le gusta Dean…

- ¡No le gusta Dean! – golpeó la botella en la mesa con rabia – ¡yo le gusto! Por eso no entiendo que sea tan terca… ¡Sale con ese energúmeno con el solo propósito de cabrearme!

- ¿Cómo lo sabes?

- Intuición de auror… - dijo serio – y además ella me lo dijo, cuando la acompañé la otra noche a su casa.

- ¿No te aprovechaste de ella, verdad?

- No, Ron… la besé… no de la forma que lo hice, la noche en que… fui tierno, pero ella me paró en seco, y me dijo que a pesar que le gustaba, ella tenía su vida y no estaban ni cerca de coincidir con la mía...

- Ginny quiere formar una familia y tener hijos antes de cumplir los treinta. Tiene la idea de familia que mamamos de nuestros padres… no quiere tener un batallón de hijos como mi mamá, pero quiere al menos cuatro… las mujeres son tan fantasiosas con eso de la casita feliz…

- ¿Por qué tan joven? – dijo molesto – las mujeres muggles, hablan de formar familia recién cuando cumplen los treinta… son profesionales que se dedican a su carrera y luego… ¿Por qué Ginny no es así?

- Será porque ella no es muggle… ¡yo que sé! – dijo encogiéndose de hombros – las mujeres quieren tantas estupideces… a veces ni las entiendo… - agregó contrariado.

- Nadie las entiende, amigo – dijo sonriente – sino explícame, de todos los chicos elegibles tu hermana escoge para formar su proyecto, a un imbécil que no sabe mantener los calzoncillos puestos más de un día… va a ponerle los cuernos, si es que ya no lo hace…

- Voy a ayudarte… - dijo Ron – y voy reclutar a Hermione…

- No Ron, por favor, no le digas a ella – dijo alarmado – Hermione suele darle a las cosas cierto cientificismo, que hace que algo simple, se complique considerablemente… - Ron asintió – además ella es amiga de Ginny, y no quiero ponerla en la disyuntiva.

- Está bien... será lo que tu digas – dijo serio – voy a ayudarte, no sé cómo, pero cuenta conmigo y mis hermanos.

- Gracias, tengo a mi madre de apoyo logístico.

- ¿Tú le pediste ayuda a tu mamá? – dijo sorprendido. Harry asintió – ¿Tan desesperado estás?

- Así, pues… – suspiró – ¿algo en mente?

- Solo hechizar a Dean y mandarlo a Alaska… a cuidar osos polares – rieron.

- Buena idea… - lo miró. – Ron – su amigo lo miró – Quiero ser novio de Ginny, pero no sé dónde va a llevarnos esto. – Ron asintió - yo tengo una meta en la cabeza y hasta que no la cumpla…

- Te entiendo… - dijo ron – Solo voy a pedirte algo…

- Lo que sea. – contestó.

- Si ella te acepta, no le prometas el cielo y la tierra – Harry asintió – no la ilusiones con un futuro juntos y felices. Que ella sepa que es lo que esperas tú de esa relación.

- Sí, eso voy a hacer. – dijo seguro – no voy a cometer esa estupidez. Ginny no se lo merece.

- Porque una sola cosa voy a aclararte… – Harry lo miró y tembló, por primera vez desde que fuera amigo de Ron, pudo ver su costado protector – si la haces sufrir, un poco, solo un poco, no voy a amenazarte con mis hermanos… - lo miró por el costado del ojo mientras bajaba la botella de Cerveza – yo y mis manos nos ocuparemos de ti… y no va a gustarte, Harry… eso te lo prometo.

- Ron…

- Una sola lágrima que derrame Ginny por ti, y eres hombre muerto. – Harry solo atinó a beber la cerveza callado. Sabía que no eran solo palabras. Viniendo de Ron eran una declaración… una promesa que debía tener en cuenta de ahora en adelante.

###

"Que estoy haciendo yo en este lugar de locos." Pensó Ginny cuando sola en la mesa del bar muggle, tenía que observar avergonzada como su acompañante, el auror Dean Thomas, estaba en el pequeño escenario, y micrófono en mano, estaba destrozando una canción al parecer romántica, y la señalaba dedicándole su interpretación. "Merlín trágame tierra… jamás en la vida he pasado tanta vergüenza… Dean cree que va a ganar puntos ladrando como Fluffy el perro de tres cabezas de Hagrid… pobre tipo." Sonrió cuando el joven le mandara un beso a la distancia. No podía creer lo imbécil que era. Bebió un poco de su vaso de gaseosa muggle, lo único que había valido la pena esa noche. Desde que Dean la fuera a buscar a su casa, nada había salido como ella deseaba. La película que fueran a ver, era, como no podía ser de otra manera, de guerra. Y como siempre, Dean se comparaba en fuerza y heroísmo con el protagonista. Ginny solo lo miraba y asentía sin decir nada. ¿Acaso el muy tonto no se daba cuenta que era un personaje ficticio? ¿Que todo lo que el héroe hacía estaba completamente coreografiado? Ella en sus primeras salidas al mundo muggle había cometido la estupidez de enamorarse de Viggo Mortensen cuando lo viera, esgrimir la espada con tanta soltura y se hiciera cargo de todos los enemigos al tiempo que moría de amor por la elfina. Afortunadamente Hermione le había dicho la verdad. Y ella desde ese momento, había dejado de gritar como una posesa cuando al pobre Viggo arremetía contra el enemigo. Suspiró. Que ingenua era. Afortunadamente ahora entendía el papel de tonta que hacía con solo ver a Dean, cantando, y señalándola con su dedo, lo que hizo que un reflector le diera de lleno en la cara, y todo el mundo la mirara. Algunos con pena, otros completamente divertidos.

- Y ahora, para terminar... – algunos aplaudieron acaloradamente - le dedico esta hermosa canción para mi diosa de fuego… - le tiró un beso – Ginny, eres una diosa, que merece ser alabada día a día…

- Por Merlín que pedazo idiota… - susurró ella, con una sonrisa forzada en sus labios, y dándose cuenta que el pobre Dean no colmaba sus expectativas. Encima el reflector le daba de lleno en la cara haciéndola transpirar. Agradeció nuevamente levantando el vaso de gaseosa, y al parecer entendieron la seña, porque el haz de luz giró furiosamente hacia la cara de Dean mientras comenzaba la música. – solo espero que sea una canción corta, porque no voy a soportar sus gañidos mas de dos minutos.

- "Si me dices que si, piénsalo dos veces; puede que te convenga decirme que no. si me dices que no puede que te equivoques; yo me daré a la tarea de que me digas que sí.
si me dices que no dejare de soñar y me volveré un idiota, mejor dime que no y dame ese si como un cuenta gotas. dime que no, pensando en un sí y déjame lo otro a mí. Que si se me pone fácil, el amor se hace frágil y uno para de soñar. Dime que no…" –
Ginny gimió de dolor de oídos al sentir los agudos, que parecían chirridos de un serrucho.

- Yo que tu, le doy el gusto y le digo que no… - el susurro tan cerca de su oído le hizo estremecer el cuerpo, y cerró los ojos. Conocía esa voz, y ese susurro junto al oído le hacía recordar otro momento, otro lugar… otra satisfacción. Carraspeó y se dio vuelta, para caer derribada ante la mirada esmeralda que había añorado desde la última vez que lo había visto en aquel callejón. Y maldijo. Harry estaba de pie, a su lado mirando divertido hacia el escenario donde Dean estaba más concentrado en seguir la letra que en observar hacia su cita. Harry… estaba estupendo con el jeans ajustado, y el suéter de cuello alto verde oscuro sobre una chaqueta de terciopelo negro. Tragó saliva y luego dio un pequeño sorbo a su bebida.

- ¿Qué haces aquí?

- Hola Ginny – dijo y sin esperar invitación se sentó a su lado. Demasiado cerca. Tanto que su pierna rozó el muslo femenino, haciéndola sentir un espasmo en el estómago. Ginny reconoció esa sensación. Era excitación por el hombre que tenía al lado. Aun así, no quiso hacerlo notar. Con toda tranquilidad, corrió el muslo, y se separó un poco, pero Harry volvió a hacer le movimiento y la miró fijamente, como retándola a que se alejara. Ella acusó recibo y le dijo con la mirada que no iba a retroceder, él sonrió y bebió de una botella. – mi primo Dudley es asiduo de este bar, y me pidió que nos reuniéramos aquí… acabo de llegar y te vi, y vine a saludarte. - miró hacia el escenario – vaya, Dean cree tener dotes artísticas… – sonrió burlón - alguien debería decirle que el esfuerzo es innecesario – Ginny lo miró preguntándose cuál era el sentido de esa declaración. Si no tenía sentido que Dean cantara y punto, o no tenía sentido que le dedicara a ella una canción… no iba a conquistarla nunca. Ella miró a Dean. Lo malo es que Harry sea cual sea la interpretación de la frase, tenía razón. – canta como un perro con catarro… - y con una increíble parsimonia, tomó un bocadillo del plato que estaba en la mesa y comenzó a masticarlo lentamente, y a mirarla de soslayo. Ella no pudo aguantar más la risa. El rio acompañándola.

- No debería estarme riendo de su esfuerzo – dijo ella.

- No deberías estar jugando con él – dijo Harry – no es justo para él.

- Yo no juego con él – dijo molesta – no sé por qué crees eso – Él se acercó lentamente, apenas deteniéndose a centímetros de su cara, y la miró a los ojos. Se acomodó los anteojos tal como a ella le encantaba, cosa que la hizo suspirar.

- ¿Estás segura?

- Si… - él se enderezó cuando Dean, quiso hacer un falsete y falló estrepitosamente – Yo no le he dicho que… - bufó – solo estamos conociéndonos…

- ¿Cuánto más se conocerán? ya llevan casi un mes… - la miro – si eso no es noviazgo… - encogió de hombros.

- ¿Merlín, que no puede bajar del escenario?

- Está tratando de conquistarte… solo que está fracasando. – Ella lo miró – primero, tú no eres muggle, y no entiendes el significado de esa canción. Cualquier bruja inteligente, puede tomar con literalidad lo que te pide, que le digas que no.

- ¿Y esa canción tiene otro significado?

- Claro – ella esperó la explicación – pero no voy a decírtelo… no le voy a allanar el camino a Dean.

- Harry…

- Sigo queriendo lo mismo Ginny…

- Tu primo…

- Ya va a venir... – dijo suspirando – necesita dinero …

- Entonces por qué no te vas… y lo esperas cerca del baño… - él se acercó sin dejar de mirarla, carraspeó respiró profundamente.

- "Vengo a encontrarte, para decirte que lo siento… tú no sabes lo adorable que eres…" - Ginny se sorprendió de escucharlo. Harry le cantaba una suave canción y para desgracia de Dean, y de ella misma, tenía una voz armoniosa. Nada espectacular, pero a oídos de ella, era bella, e invitadora. Suspiró. Él no tenía derecho a ser, hermoso, sexy, y encima cantar bien…

- Harry

- "Tuve que encontrarte, decirte que te necesito. Y decirte que fui yo quien te alejó. – se acercó al oído y le susurró las palabras - Dime tus secretos, y hazme tus preguntas…Oh Volvamos a empezar…"- Ginny cerró los ojos y maldijo al desgraciado cuando la punta de su lengua le rozó el lóbulo de la oreja.

- Harry – dijo casi en un jadeo. Abrió los ojos – no… - lo miró y vio su lengua mojarse los labios. Y estuvo a punto de sucumbir a la caricia que de repente comenzó a sentir en su muslo. ¡Merlín, él la estaba seduciendo en frente del chico con el que supuestamente salía! Y cuando recordó a Dean, se dio cuenta que el público aplaudía rabiosamente, y cayó en cuenta que ya no había más alaridos enviciando el aire. La gente aparentemente agradecía que su cita había dejado de aullar, y se acercaba rápidamente a la mesa. Cuando llegó, se paró en seco, y miró con rabia a Harry que le sonreía indolente mientras bebía de su botella. Luego Dean miró a Ginny que estaba completamente colorada, mirando el plato de bocadillos.

- Potter… - dijo con asco.

- Hola Thomas…

- ¿Qué haces aquí?

- No pasando vergüenza como tu… - dijo burlón. Dean se puso rígido

- No estaba pasando vergüenza, estaba mostrando mis dotes artísticas...

- Bueno, deberías ver que desde aquí se notaba que no estabas mostrando tus dotes, estabas dando lastima... – miró a Ginny – ¿no es verdad Ginny? – ella reaccionó con rabia y lo miró con ganas de matarlo.

- No, la verdad es que estaba disfrutando de lo que escuchaba… - Harry sonrió petulante y Ginny tuvo ganas de darle un golpe en la boca… después de besarlo, claro.

- ¿Te ha gustado mi canción?

- Le ha gustado… - dijo Harry, contestando por ella. Ginny resopló ofuscada por su actitud – tanto que va a hacerte caso… va a decirte que No.

- ¡Harry, ya basta! – dijo ella dándole un golpe, luego miró sonriente a Dean – perdona a Harry, como es amigo de mi hermano se cree con derecho a protegerme como su pequeña hermana...

- Nadie que viera tu culo, te vería como una hermana… - Dijo comiendo otro bocado. Ginny aulló.

- ¡HARRY! – chilló abochornada, y él sonrió. – te estás comportando como un guarro…

- Muy guarro... – dijo mirándola y moviendo sugestivamente las cejas – soy culpable… tú lo sabes – dijo en un susurro que solo Ginny escuchó y que Harry supo que ella lo había escuchado, a juzgar por el color escarlata que tiñó sus pecosas mejillas. – ¿te hace calor Ginny?

- No… - dijo secamente.

- Pues no parece, de repente te has puesto colorada… - Ginny llevó instintivamente las manos a sus mejillas y al sentirlas calientes y ver la sonrisa divertida de Harry, le dio una patada en las pantorrillas por debajo de la mesa – touchê… - dijo sobándose el tobillo.

- ¿Qué haces aquí? – dijo Dean y se sentó. El locutor del bar dijo que la noche de karaoke estaba cerrada. Harry aplaudió.

- Gracias al cielo… soportar otro perro ladrando, no estaba en mis planes de esta noche. – los miró – están buenos estos bocaditos… ¿quieren más? Yo voy a pedir más… - llamó al mozo.

- Queremos que te vayas... – dijo Dean.

- Que modales... – dijo y miró a Ginny – y luego me llamas guarro a mí…

- La verdad es que Dean tiene razón… - el teléfono de Harry sonó. Y él sin darse por enterado de las protestas de los presentes, atendió – Estoy hablando contigo, Harry… - arguyó, pero el levantó la mano a Ginny para indicarle silencio y ella obediente, cerró la boca.

- ¡Hola! – miró a los dos acompañantes – Ah, Dudley… no, no sabía tu número, no te tengo como contacto… aja… mmm… si, así es… ya es hora – resopló - no vas a venir… Okay – sonrió – no, no voy a quedarme solo… estoy con amigos así que no voy a aburrirme – rió – sí, entiendo… la vez que enganchas una chica y que no tienes que pagarle… ¡vete a la mierda! – más risas, y luego cortó – disculpen, mi primo, que no va a venir a nuestro encuentro – llegó el mozo con el pedido – ¡perfecto! - los miró – ¿gustan?

- ¡Lo que queremos es que te largues! – dijo Dean.

- ¿Por qué tan molesto, Dena? – dijo mordiendo un bocadito – ¿Acaso te duele la garganta por estar mostrando tu arte? – y rió – yo que tu no vuelvo a cantar… a menos que lo haas en la calle, pidiendo limosna.

- Eres…- Ginny adoptó su actitud hostil – ¡al menos él sabe demostrar sus intenciones… con el canto!

- Linda, yo no demostraría mis intenciones cantando…-la miró y volvió a mover las cejas sugestivamente – si sabes a lo que me refiero.

- Si, ya lo sabemos – dijo Dean – ¿no tienes un importante caso que resolver? – Harry se puso serio.

- Bueno, si – dijo – pero al menos voy dando pasos hacia dilucidarlo – lo miró – ¿tú ya averiguaste quien es el que explota inodoros? – Dean se puso rojo.

- Está difícil – dijo – pero al menos yo no me ando pavoneando con ser el auror más prometedor del cuartel.

- Porque nunca lo has sido – dijo riendo Harry – y yo no lo hago tampoco, los demás hablan por mí.

- Solo porque tu padre es el jefe y tu padrino el director de seguridad mágica…. – dijo burlón – si yo tuviera aliados así, estaría…

- ¡Barriendo calles, porque eres tan inútil que ni con la ayuda de esos aliados ibas a destacar en lo que haces!

- ¡Retráctate! – dijo Dean, saltando y poniéndose de pie, e hizo el ademán de sacar la varita.

- Baja eso Dean. Estamos en un bar muggle, lleno de muggles... – dijo Ginny, tomando la mano de Dean – no cometas el error…

- Si, hazle caso a tu amiguita… - dijo Harry con una voz demasiado baja - y de paso, vete a la mierda… - lo miró con rabia – Dena… - Agregó. Dean odiaba que cambiaran su nombre con el objeto de feminizarlo.

- ¡Por qué no te vas, al fin y al cabo esta es una salida de dos y tú no estabas de invitado a ella!

- Yo me voy cuando que me dé la gana… - dijo casi gruñendo – y la verdad es que vine al bar, ¡no estoy causando ningún disturbio así que no tienes derecho a pedirme que me vaya de aquí!

- Pero si tengo derecho a decirte que te vayas de esta mesa… - abrazó a Ginny – mi chica y yo queremos estar solos – Ginny abrió los ojos sorprendida y alarmada miró a Harry. Este al ver que la chica se tensó al oír a su compañero, la agarró de la cintura y la acercó a él.

- Tu chica… - rió – yo no estaría tan seguro… de que fuera tu chica y de que quiere estar a solas contigo… - Ginny blanqueó los ojos. Ya no aguantaba a estos dos. Si seguían así, iban a ponerse a delimitar su territorio como hacían los perros. Se levantó del asiento y los miró a ambos indistintamente.

- Saben, me cansaron con su estupidez extrema… - miró a Dean consiente de que no debía alargar más ese suplicio. Aun cuando no quisiera nada con Harry, no estaba bien que ilusionara a Dean para nada – Escucha Dean… yo…- el teléfono de Dean sonó y él atendió rápidamente. Ginny lo miró y este se puso serio de repente. Pidiendo disculpas se alejó de la mesa.

- ¿Qué llamado inoportuno, no? – dijo Harry mirando a la nada – digo, justo cuando ibas a librarte de él…

- No estás ayudando... – dijo molesta y se sentó – estás… estas – lo miró – ¿por qué me haces esto Harry?

- Ya te lo dije – bebió de la cerveza y la miró – "Eres para mí, desde que te vi, no te dejo de pensar… y es que tanto miedo de volverte a amar..." – le sonrió de costado y ella jadeó.

- Deja de cantar… me pones nerviosa – dijo con la voz temblorosa. Con cada palabra cantada, Harry se acercaba un poco más y nuevamente tenía sus labios cerca de su oreja. La tibia respiración le hacía cosquillas que le recorrían el cuerpo, y la humedad de su aliento, era una velada invitación al éxtasis total, que seguramente viviría en sus brazos si ella dijera que sí. Tragó saliva, recordando fervorosamente, no caer en las redes… - no creas que con un par de frases, vas a ablandarme… - él sin que ella viera la intención, le besó el cuello debajo de la oreja, haciéndola estremecer y suspirar.

- ¿No? – dijo y comenzó un derrotero de besos, hasta el mentón – yo creo… – ella se separó y lo miró.

- No voy a ser otra vez la tonta que soporta que la traten como una basura… ya te lo dije – bebió lo poco de gaseosa que le quedaba – no tengo intenciones de…

- Ayer te llamé... – dijo serio

- No voy a estar atendiendo tus llamados… no tenemos nada que hablar… - lo miró.

- "Tú me tienes olvidado, no respondes mi llamado, no eches tierra a la palabra, me condenas a la nada, no me entierres sin perdón…" – cantó y ella estuvo a punto de sonreír…

- No vas a cejar en tus intentos... ¿verdad? – él sonrió

- Ni un solo minuto… - se acercó – ¿quieres que te siga cantando?

- No… - Dean volvió a la mesa. – ¡DEAN!

- Si, Ginny… - dijo serio – escucha linda, tengo que irme… acaban de darme un caso… - miró a Harry – quieren que esté en el ministerio en quince minutos… - la miró – realmente lo siento.

- Entiendo – dijo sentada – no te preocupes…

- Si quieres…

- Yo la acompaño a su casa – se apresuró Harry a decir. Ginny miró alarmada a Dean, pidiéndole que no la dejara asola con Harry. Si seguía con esa actitud de conquistarla, no iba tardar mucho en plantar la bandera de la victoria en su cuerpo… suspiró y trató de sacarse de la cabeza cualquier imagen de Harry desnudo y clavando algo en su cuerpo.

- No… - dijo nerviosa – no es necesario…. Yo… yo…

- Deja de balbucear – dijo Harry – siéntate y nos iremos dentro de unos minutos, déjame terminar los bocaditos…

- Realmente lo siento pequeña... – Harry bufo cuando Dean le tomó la mano dándole un suave beso. Ella sonrió y miró a Harry exultante. Harry en cambio sin que Dean lo viera, se metió los dedos a la boca y simuló una arcada. Ginny aunque no quería sonrió. – pero el deber…

- Por favor Dean, déjate de hacer el hombre araña… tampoco es que vas a eliminar el crimen organizado esta noche – sonrió burlón – ¿acaso hubo otra explosión de inodoros? – preguntó y vio que había acertado cuando Dean se puso rojo.

- Vete a la mierda – miró a Ginny – te llamo en la semana…

- Está bien – le dio un beso en la mejilla. Y con una expresión de pena, vio salir a Dean del bar. Luego miró a Harry que indolente, estaba comiendo los bocaditos y pidiéndose otra cerveza.

- ¿No viniste en auto verdad? – este asintió - entonces te aconsejaría que dejes de beber…

- Es cerveza sin alcohol…

- Ahhhh... – dijo mirando hacia nada.

- Ginny…

- No quiero hablar – lo miró seria – solo voy a esperar que termines y luego me vas a llevar a mi casa, y hasta la próxima vez que te vuelva a ver - dijo todo de corrido para que los nervios no la hicieran tartamudear. Harry la miraba detenidamente y luego la observó de arriba abajo – ¿que, que me ves?

- Recién ahora me doy cuenta…

- ¿Qué?

- Que no te vistes demasiado atrevida cuando sales con Dean… - Ginny tomó un bocadito y se lo metió a la boca, para no tener que contestarle. Tampoco iba a confesar que se vestía sexy solo cuando salía con su hermano o cuando estele arreglaba citas que ella quería descartar. – ¿Por qué?

- Que te importa…

- A mí me gusta cómo se te marca el culo cuando te pones esos monos tan… - fingió un escalofrío. – tú sabes el efecto que tienen en mí.

- Parece que te vendieron cerveza adulterada – él la miró – solo así puedo entender las pelotudeces que estás diciendo.

- Tienes un culo de campeonato… y tu cuerpo entero…. – volvió a hacer que tenía un escalofrió y Ginny no aguanto mucho y comenzó a reír…

- ¡Ya basta! – dijo colorada – vas a traumarme tanto que no volveré a ponerme un mono en mi vida…

- Esa es la idea… - dijo sonriendo de costado. Ginny suspiró. – o al menos que no te lo pongas nada más que para m completo placer… - la miró – ¿vas a hacerme rogarte mucho tiempo?

- Harry… - él le pidió que se callara un rato, para escuchar la canción que sonaba en el bar. – oh, amo esa canción…

- ¿La conoces? – dijo ella prestando atención…

- Claro – tarareó un poco la música y luego la miró - "Nadie dijo que era fácil, es tal vergüenza para nosotros el separarnos. – Ginny abrió los ojos al escuchar a Harry cantar tan afinado - Nadie dijo que era fácil, Nadie dijo jamás que sería así de difícil. – la miró a los ojos y luego le acarició un mechón de cabello rojo que había caído rebelde sobre la mejilla - Oh, llévame de nuevo al comienzo."

- Es una bonita canción… - solo dijo.

- Si, - se acercó – supongo que es una manera de decir, lo siento… - le tomó la mano y la besó, pero para Ginny fue tan diferente la reacción de su cuerpo a lo que sintió cuando Dean, la besara. Harry quemaba la piel, y derretía la voluntad. – y también es un manera muy bonita de decir… comencemos desde cero. – La lengua se deslizó entre los dedos, incitándola, y esperando una respuesta fijó su mirada esmeralda en su cara.

- No vas a dejar de insistir hasta lograr lo que deseas... – él sonrió mientras se levantaba y dejaba el dinero en la mesa. Ella se colocó el abrigo sin su ayuda y esperó a que él se pusiera su chaqueta…

- Hay una canción, que me ayuda a contestarte… - ella arqueó las cejas expectante y el rió – "no voy a dejar de intentarlo…porque creo en los milagros…" – Ambos rieron por la ocurrencia, y salieron a la calle. Ninguno de los dos dijo nada, el tiempo en que duró el viaje. Harry miraba pensativo hacia el camino, como si nada ni nadie pudiera distraerlo. Como si todo el tiempo su cabeza maquinara estrategias, no solo para trabajar, sino para todos los ámbitos de la vida. Analizando a la distancia la noche pasada, Ginny no tuvo que convencerse mucho para saber que Harry había dirigido la salida desde el momento en que se acercara a la mesa. Dean lamentablemente había pasado a un segundo plano para ella, por no decir que había desaparecido completamente. Harry tenía el don de hacer desaparecer a cualquiera que estuviera a su lado. Acaparaba el oxígeno, el espacio, los sonidos… todos los sentidos estaban pendientes de cualquier cosa que hiciera Harry, y lamentablemente Ginny dejó de pelear contra los imposibles. Ginny se sentía, tratando de evitar a Harry, como el quijote, peleando contra los molinos de viento, e intentado la epopeya de ganarles. Una tarea de por si imposible. Volvió a mirarlo y él concentrado en el tráfico hizo un gesto de turbación. Fue en ese instante que Ginny se dio cuenta que nunca le ganaría a ese molino… y supo también, que aceptar como amigo a Harry sería bueno para su salud mental… aunque su cuerpo y su alma y más que nada su corazón, anhelaban otra cosa, era a lo único que podía aspirar sin terminar lastimada. No quería un amigo, querían un hombre que fuera reciproco a la hora de entregar su cariño. Pero tampoco debía ser tonta. Amar a Harry era una cosa, pretender que él la ame, otra muy diferente… dolorosamente distinta. Por el momento iba a dejar que la cosa fluyera por el lado de la amistad. Sonrió con picardía. Y cada vez que se vieran recordaría siempre ponerse esos monos que a él lo perdían.

Harry estaba más que pendiente del camino, de cada uno de los movimientos que Ginny hacía. Ella estaba demasiado tensa a la hora de entrar en su auto, cosa que entendió porque él estaba también tan tieso que si lo tocaban se rompería en pedazos. No era para menos. Era el perfume, maldita sea, había olvidado el fuerte y dulzón olor a jazmines que ella usaba, y debilitaba su voluntad, y que había empezado a sentir apenas quedaran encerrados en el habitáculo. Había olfateado algo de él cuando le besara la oreja, pero era casi imperceptible con tantos aromas y olores en el bar. Ahora, ese maldito perfume te estampaba contra la realidad que había dejado de lado antes de verla con Dean. La deseaba. Pero aunque la necesidad imperiosa de tenerla en sus brazos era fuerte y devastadora como un huracán, sabía que no debía apurar las cosas. Antes de salir se dijo con fiereza "condones afuera", y había dejado los que llevaba habitualmente en el bolsillo en la mesa de noche. Ella necesitaba tiempo para confiar en él, y Harry no iba a ser tan tonto de perder la oportunidad de compartir tiempo con ella por la debilidad de la carne. No, esta vez antes de perder los nervios iba a ser frío calculador y armar la mejor estrategia. La miró. Ella merecía cualquier sacrificio que pudiera hacer. Suspiró. Pero que duro estaba resultando. Más cuando ella amparada por la semioscuridad hacía ese mohín con sus labios y él tenía tantas ganas de devorarle la boca de un beso… quizás lamerle el lóbulo de la oreja y bajar lentamente y saborear su garganta. Seguramente ella tiraría hacia atrás la cabeza para que él tenga libre acceso a su cuello y luego con un suave pero rápido movimiento, quitarle la blusa y chuparle con ansias sus hermosas y sedosas…

- Te pasaste de calle, Harry… – dijo ella rápidamente, y él reaccionó haciendo chirriar los frenos – ¿estás bien? - preguntó, a lo que él con los ojos cerrados y respirando entrecortadamente asintió. Merlín, ¿por qué su libido tuvo que elegir ese momento para imaginar eso? Pensó, al tiempo que sin mirarla ponía la palanca de cambios en reversa y automáticamente retrocedía para estacionar al frente de su edificio. Ella lo miró detenidamente y Harry rogó que no bajara su mirada hacia su pantalón. Porque iba a ver la gran potencia de su deseo… sonrió y casi estuvo a punto de reír a carcajadas… recordó cómo se reía cuando era adolescente y leía en las novelas rosas de su madre esa frase que usaban las autoras para ser políticamente correctas, o diría su madre, tan soñadora, y no decir "tenía la polla más dura que una piedra" – ¿Harry?

- Si, estoy bien… - dijo - no recordaba la calle… - la miró. Ella sonrió - ¿disculpa, no te lastimaste con el cinturón? – ella movió la cabeza negativamente. – bien… - se quitó el cinturón y bajó – no te bajes te ayudo.

- No es necesario… - él se agachó para mirarla por la ventanilla de su puerta.

- No sería un caballero si no lo hiciera… - sonrió al ver a Ginny tensarse otra vez – tranquila, no voy a violarte… - y dio la vuelta y rápidamente le abrió la puerta.

- Gracias… - él cerró la puerta

- Ginny... – ella lo miró – que dices… - se acercó. Pero al ver la actitud seria de Ginny se detuvo – ¿me perdonas? – le tendió la mano – ¿podemos borrar lo mal que me comporté contigo y ser amigos?

- Harry... –dijo ella – no se… yo… -lo miró.

- No espero nada más que tu amistad, Ginny – le tomó la mano y la besó. Ginny cerró los ojos y suspiró. Harry se enderezó y la miró a los ojos. Ella miró los ojos esmeraldas tan parecidos al gatito de Shrek, exactamente de la misma manera en que suplicaba su madre. Ella sonrió. – que dices…

- Podemos ser amigos… - dijo y Harry sonrió – nada más que amigos Harry.

- Si, amigos… nada mas- dijo sonriente y levantó la mano como para hacer un voto de compromiso y luego se dieron la mano sellando el pacto. – debo irme… - Ella asintió.

- Si ya es tarde y tengo que levantarme temprano… - Harry se acercó y le dio un beso en la mejilla que a Ginny le calentó el cuerpo. – chau Harry.

- Chau… - dio la vuelta - ¡ey, Ginny espera! – dijo al tiempo que se acercaba a la puerta del edificio y le daba un paquete mediano – un regalo para comenzar nuestra amistad… -ella sonrió y le dio un beso en la mejilla.

- Gracias… - solo dijo mientras él se dirigía a su auto, pero antes de meterse dentro, la llamó. Ella una vez que puso la llave en la puerta, se dio vuelta para saludarlo con la mano.

- ¿Ginny? – ella lo miró expectante –¿puedo darte un consejo de amigo? – ella asintió – deja a Dean… no te conviene. – ella sonrió y entró al edificio sin responder. Esperó el elevador y cuando este cerró sus puertas y comenzó a subir a su piso se apoyó sobre la pared y suspiró. Merlín que dulce era cuando se lo proponía. Y que duro iba a ser comportarse como amigos cuando ella quería todo con él. Miró el paquete que estaba toscamente envuelto y comenzó a abrirlo. Tenía demasiado papel rustico y estaba atado con un hilo de lana de color rojo. Sonrió. Tan típico de Harry, metódico y organizado para su trabajo, pero para los detalles, era tan desorganizado. Cuando terminó ese lio de papel comenzó reírse a carcajadas… El muy desgraciado le había regalado un paquete de café. A él le encantaba el café y entendía perfectamente el mensaje. Ahora iba poder invitarlo sin dobles intenciones… suspiró. Iba a ser muy duro para ella ser su amiga. Por lo pronto iba a ser caso a su primer consejo.

Al día siguiente, Harry estaba sentado en su oficina, pensando en lo bien que la había pasado la noche anterior. Ginny ya era su amiga. Su madre había tenido razón en eso de no presionar por algo. Recordó que Lily le había dicho esa tarde… "hijo, las cosas son más fáciles si fluyen naturalmente… si presionas para que se den, no obtendrás los frutos que quieres recoger…" y él había seguido al pie de la letra su consejo, y así como el agua entre sus dedos las cosas habían fluido y él había recogido su fruto… Ginny ya era su amiga. Sonrió.

Diez minutos después, Dean apareció con una mirada feroz y dando un portazo se metió en su cubículo. Al parecer los saboteadores de inodoros muggles lo habían tenido demasiado ocupado. Tres minutos después, sonó su teléfono. Tenía un mensaje. Lo abrió y tuvo ganas de saltar y gritar de la euforia. Era Ginny, y el escueto mensaje decía: "le hice caso a mi nuevo amigo… acabo de terminar con Dean… ;)"

Se repantigó en el sillón de su pequeña oficina, sonriendo de satisfacción… celebraría este pequeño triunfo, pero no iba dormirse en los laureles. Y se prometió que en un tiempo no muy lejano ella iba a ser su novia. No en vano era el niño que sobrevivió. Si pudo vencer a Voldemort, podía con lo que sea…


Nota de la autora: no hace falta decir a quien pertenecen las pequeñas frases de canciones que utilicé. Pero voy a nombrar las cuatro.

Dime que no, de Arjona; Volverte a amar, que la canta Alejandra Guzmán; El verdadero amor perdona; de Maná y una versión en español algo chapucera de "The Scientist, " de coldplay, que encontré dando vueltas por la web, porque lo que me conocen saben que aprendí ingles con un australopithecus…

No tengo mas que decir, adeus… nos vemos en estos días en LQNF.

Si pasan por twitter o Facebook, me vana encontrar con el mismo nickname en el primero y "solo anatripotter" en el segundo.

Impresones, por el botón azul… tomatazos, sección Facebook.

Y le pido perdón a mi vieja, que la cansé de tanto cantar "the Scientist",al punto que me dijo, si tanto te gusta cantar porque no te presentas en "soñando por cantar" un programa de Tv... yo lo pnesé y desistí. Entre mi gritos y los del conductor ibamos a dejar sordos a media Córdoba!