Todo lo que no reconozcan salió de mi imaginación.

Descubrimientos.

Habían pasado varios meses desde los acontecimientos anteriores, pero la escena parecía ser la misma, Scorpius frente a su jefa Hermione Weasley, que lo veía como con preocupación y decía:

-No podemos atrasarlo más, quieren a alguien ahora y como Davis, el chico que te suplió ya no puede…

-Comprendo- dijo Scorpius un poco nervioso, pero manteniendo su temple.

-Sólo piénsalo, ¿de acuerdo?- pidió la madre de su mejor amiga.

-Sí, señora.

Cuando ya iba saliendo del despacho, Hermione lo llamó. Él se sorprendió de que usara su nombre de pila.

-¿Sí?

Hermione se levantó, quedando ambos cara a cara y el rubio pudo notar que una sonrisa sincera se extendía en el rostro de esa mujer que tanto admiraba.

-Quiero darte las gracias por todo lo que has hecho por mi hija.

El otro se puso incómodo.

-No es nada, de verdad, ella también ha hecho mucho por mí- contestó encogiéndose de hombros.

Hermione sonrió más ampliamente.

-Me alegro tanto de haberla llevado ese verano con sus abuelos…

Scorpius soltó una risa nerviosa.

-Yo también.

Cuando el rubio salió de la oficina, Hermione soltó un suspiro. Si tan sólo supieran, estaban más ciegos que Ron cuando no se daba cuenta de que lo amaba…

Rose/Scorpius.

Rose contempló todo el papeleo que tenía para ese día y suspiró cansinamente. Desde que Alex había cortado con ella para irse con otra, sentía que su vida era más pesada, pero de eso hacía ya mucho tiempo. Afortunadamente Scorpius había movido influencias junto con ella y ese bastardo ya no trabajaba en el ministerio. El rubio había hecho todo lo posible por ayudarla a salir adelante, aunque era algo mutuo, pues Lauren (su exnovia) también lo había rechazado. A pesar de eso, sentían que ya los habían olvidado por completo

Estaba ya terminando cuando la puerta se abrió.

-Hola, Rosie- saludó Scorpius, sonriente como siempre.

Rose le devolvió la sonrisa, animada de verlo.

El rubio pasó y se sentó como si estuviera en su oficina.

-¿Almorzamos? Yo invito- preguntó el chico despreocupado.

-¿Por qué siempre piensas en comida?- preguntó ella divertida acomodando los papeles en unos folder.

-¿Entonces cómo quieres que mantenga mi sensual figura?- contestó él haciendo como que admiraba sus brazos.

Rose soltó una carcajada.

-Cierto, si te descuidas las mujeres mayores podrían perder interés en ti- soltó burlona recordando que algunas secretarias ya entradas en años le coqueteaban cuando pasaba.

Scorpius hizo la mímica como si le hubieran atravesado el pecho con una flecha y dijo:

-Eso dolió, Cerecita.

Caminaron fuera de la oficina riendo y bromeando entre sí con chistes que nadie más comprendería.

Salieron del ministerio y caminaron hasta llegar a uno de sus restaurantes favoritos en el mundo muggle, un lugar acogedor que en la noche ofrecía entretenimiento en vivo y al que a veces acudían cuando no tenían nada que hacer.

-¿Qué me querías decir, entonces?- preguntó Rose como si nada y luego mordió su sándwich.

Scorpius se atragantó con su refresco.

-¿Por qué crees que quería decirte algo?- preguntó sorprendido.

La pelirroja lo miró como si estuviera loco.

-Te conozco desde hace más de 10 años ¿eso no te dice algo?- preguntó ella burlona.

Para su sorpresa, Scorpius dejó de comer, se limpió la boca con paciencia, como para ganar tiempo y luego dijo:

-Obtuve el empleo, por el que estaba concursando con otros diez, ¿recuerdas?- dijo.

Rose le sonrió y se levantó a abrazarlo contenta.

-Sabía que lo harían, nadie es mejor para el puesto. Estoy tan orgullosa…

Sin embargo, Scorpius no lucía tan feliz. Parecía tener un debate interno.

-¿Qué sucede?- preguntó Rose confundida-. Creí que estarías muy feliz cuando…

-Quieren que me vaya a París por seis meses- soltó Scorpius de golpe.

Rose se quedó pasmada. Cuando logró reaccionar, luego de algunos minutos, dijo:

-¿Te irás… seis meses?

Scorpius la miró un poco triste.

-No sé si esté listo para eso, Rose.

"No se si esté listo para dejarte" pensó para sus adentros mientras la observaba y se perdía en sus hermosos ojos castaños.

La pelirroja supo de inmediato que su amigo estaba asustado y quería su consejo, así que, con todo el dolor de su corazón, sabiendo que era lo correcto, dijo:

-Deberías ir, es un gran paso en tu carrera.

Scorpius la miró a los ojos y la tomó de la mano sobre la mesa, eso siempre lo hacía sentir más seguro.

-Tampoco será para siempre- dijo al fin un poco más convencido.

-Y prometo cuidar tu apartamento- dijo Rose intentando sonar despreocupada.

Scorpius rió.

-Y… ¿Cuándo te vas?- preguntó Rose tratando de darle ánimos.

-El mes siguiente- contestó él.

Era en dos semanas.

Cuando Rose llegó a su apartamento ese día, se sentía como un gran zombie. Hacía todo en automático y la sonrisa que usualmente adornaba su bello rostro había desaparecido. Desde que supo que Scorpius se iría, un vacío se extendía por toda ella, como si le hubieran quitado la mitad de su alma.

Eso era normal, intentaba convencerse a sí misma. El rubio había estado allí para ella desde los nueve años y no se había imaginado nunca la vida sin él. Siempre estaba allí, apoyándola con su sonrisa torcida aunque el mundo se estuviera derrumbando ante los pies de ambos.

Era sólo que desde que Alex la había dejado, había estado mucho más tiempo con Scorpius de lo que era normal. Sólo se separaban para trabajar y cuando llegaban a casa, siempre dormían con el otro.

Extrañaría tanto esos lindos ojos grises que la hacían temblar, su cabello suave y desordenado al despertar, y el palpitar de su corazón que la arrullaba al momento de dormir…

Una lágrima resbaló por su mejilla, pero la limpió rápidamente. No quería ser egoísta, él merecía el puesto por su esfuerzo y ella no se lo iba a quitar, por más que le doliera la separación. Era sólo que un nudo en su estómago se había alojado allí desde que Scorpius soltó la noticia y no sabía por qué.

Unos golpes en la puerta la interrumpieron. Compuso su mejor sonrisa y salió a recibir al rubio.

-Traje la cena- anunció él mostrando una gran caja de pizza.

Rose sonrió. Era la comida favorita de Scorpius desde esa vez en verano cuando la probó por primera vez.

Comieron en un silencio algo incómodo, pues ninguno quería decir nada, hasta que Scorpius se armó de valor y luego de un rato soltó:

-¿Estás molesta conmigo?

Rose lo miró sorprendida.

-¡Por supuesto que no! ¿De dónde sacas eso?

-Ya sabes, me iré y te dejaré aquí sola…

Rose lo miró con ternura y lo abrazó por el cuello.

-Es sólo que te voy a extrañar, idiota.

Scorpius sonrió y le dio un beso en la mejilla.

-Apuesto a que yo te extrañaré más, pichoncito- dijo con una voz que hizo reír a Rose.

Le revolvió el cabello al rubio y dijo:

-Vamos, es hora de dormir.

Esa noche, mientras Rose dormía, Scorpius la observaba como hacía todas las noches. Había algo nuevo en ella, o ¿en realidad siempre había estado allí? No sabía lo que era, lo que sí sabía era que le encantaba la idea de que sólo fuera para él, de poder abrazarla sin restricciones y que ella lo abrazara a él. Dormir junto a ella era de las mejores cosas que le habían sucedido en mucho tiempo, su cuerpo al lado del suyo rozándose un poco, lo suficiente para sentir la suavidad de sus brazos y lo acompasado de su respiración, acompañado por el discreto aroma a flores que emanaba de su cabello y que lo volvía loco.

Pero había algo que últimamente lo inquietaba mucho… sus labios. Cada vez que la observaba se daba cuenta de lo asombrosamente atrayentes que eran. Los acarició con suavidad tratando de no despertarla mientras recordaba lo dulces que eran la última vez que los había probado.

Negó con la cabeza fuertemente.

Eso no estaba bien, debía alejar esos pensamientos de su mente, al menos por el momento.

Rose/Scorpius.

A pesar de ser un día triste porque sabía que faltaban dos días para que Scorpius se marchara, Rose se la estaba pasando realmente bien. No recordaba cuándo fue la última vez que pasaron todo un día juntos sin interrupciones y la verdad era algo que echaba de menos. Pensaba en eso mientras caminaban por una acera comiendo un helado delicioso que Scorpius había comprado.

Se detuvieron en un parque muggle cerca del departamento; se sentaron en una banca iluminada por un esplendoroso sol de mayo mientras hablaban animadamente sobre cosas recientes.

-¿Malcom no se enojó cuando le dijiste que pasarías todo el día conmigo?- preguntó Scorpius con su mejor cara de conquistador. Malcom era el chico que estaba pretendiendo a Rose desde hace tiempo, pero con el que no había llegado a nada. A Scorpius sólo le gustaba fastidiarla.

Rose le dio un golpe en el brazo y rió, sin embargo, se percató de que su amiga no respondía.

-¿Rose…?- la interrogó.

La pelirroja se encogió de hombros y jugó con las agarraderas de las bolsas que tenían todas las compras que habían hecho.

-No hablamos hace tiempo, de cualquier manera no es mi tipo - dijo bajito.

Scorpius sonrió tiernamente y la abrazó, revolviéndole el cabello, ya un poco desordenado por el viento.

-¿Por qué no me lo habías dicho?- preguntó cuando sintió que la pelirroja lo abrazaba fuertemente.

-Porque me sentía patética- respondió ella escondiendo la cara en el pecho del rubio.

Scorpius rió suavemente y la besó en la coronilla.

-Eres mi chica preferida y lo sabes- le dijo al oído.

Rose sonrió.

-Y tú mi chico- respondió ella sacándole la lengua.

Después de mucho tiempo, cuando ya casi estaba oscuro, ambos salieron de aquel parque, tomados de la mano como la primera vez que Astoria los había obligado para que ninguno cayera al mar, costumbre que aún conservaban pero ahora con una sensación que no sabían explicar.

Decidieron que no querían que acabara el día tan rápido, así que compraron un montón de helado de varios sabores, rentaron unas películas y se dirigieron al departamento de Rose.

Cada vez que entraba, Scorpius tenía la sensación de estar en casa, con olores tan familiares y las cosas tan ordenadas que le decían
"bienvenido".

Pusieron la película y se sentaron en el sofá, tapados con una manta y cada uno con un bote de helado. Resultó ser una película romántica, llamada Tristán & Isolda que terminaba en tragedia.

Al final, ambos estaban abrazados, con lágrimas en los ojos y mirando con horror la pantalla.

Scorpius apagó el televisor cuando reaccionó.

Rose lo miró y lo abrazó.

No sabía qué era, pero los brazos de Scorpius la hacían sentir segura y a salvo.

-Creo que debimos poner "Cartas a Julieta"- dijo el rubio-. Al menos sabemos que termina bien.

Rose rió un poco y lo miró sin dejar de abrazarlo. Él le devolvía la sonrisa. Rose se dio cuenta de cuánto habían cambiado, pero en esencia seguían siendo los mismos niños a los que les gustaba recolectar conchitas en el mar.

-Tengo una idea- dijo Scorpius y se levantó.

Rose lo miró confusa, si a su amigo se le ocurría poner Hanna Montana de nuevo, esta vez sí le dejaría de hablar.

Pero Scorpius fue hacia el estéreo y lo prendió. Movió un par de botones y la melodía que habían bailado en su graduación comenzó a sonar suavemente.

A Rose la embargó un sentimiento de nostalgia, nervios y diversión. Se llevó una mano a la cara para tapar su vergüenza y tomó la mano que Scorpius le ofrecía con galantería.

Comenzaron a bailar lentamente, casi con seriedad, con sus cuerpos muy pegados el uno al otro, sólo lo suficiente como para poder verse a los ojos.

Rose sentía el familiar tacto de las manos de Scorpius y un escalofrío placentero le recorrió la espalda. Iba a extrañarlo mucho.

-Te quiero, Corpy- le dijo al oído.

Scorpius sonrió cálidamente y le acarició el cabello.

-Y yo a ti, Cerecita.

Rose le echó los brazos al cuello y le susurró en un tono que a Scorpius le pareció muy sensual:

-¿Te quedas hoy?

Scorpius asintió y, sin previo aviso, la cargó y la llevó a su habitación. Ambos reían, recordando todas las veces que habían hecho eso.

Era ya media noche, pero ellos seguían riendo como locos, viendo viejas fotografías que tenían miles de recuerdos.

-¿Recuerdas esta vez?- preguntó Rose riendo, viendo una fotografía donde aparecían Albus y Scorpius de 14 años, empapados de pies a cabeza, mirando a Rose como si quisieran matarla-. Los tiré al lago con la esperanza de que resolvieran sus diferencias.

Scorpius la miró avergonzado.

-Supongo que nos comportábamos como idiotas ¿verdad?- preguntó un poco cohibido.

-Más que eso- se burló Rose-. Mira que pelearse por ver a quién de los dos iba a acompañar a Hogsmeade…

-Al menos ahora hasta parece que nos llevamos bien- dijo el rubio encogiéndose de hombros.

Rose lo miró tiernamente y le dio un beso en la mejilla, para seguir viendo fotografías y riendo con ellas.

Pero aún así, Rose seguía con una pregunta rondándole en la cabeza ¿Cuál era la diferencia entre Albus y Scorpius? Ambos eran sus amigos, eso estaba claro, Albus era su primo favorito y lo conocía incluso antes de nacer; pero Scorpius también había estado casi toda su vida con ella, apoyándola como cualquier otro de la familia o a veces incluso más, como cuando quedó en Ravenclaw y sus primos a veces la excluían por creerla una cerebrito.

Ahora se encontraban acostados entre esas mullidas almohadas y suaves sábanas, iluminados sólo con la luz tenue de la mesita de noche que estaba del lado de Rose.

Scorpius veía los ojos de Rose, del color del caramelo como siempre habían sido, con el brillo característico que tenían cada que su mirada se dirigía a él, sólo a él. Su corazón palpitaba fuertemente, tanto que creyó que se haría daño. Estaban en una burbuja en la que esa noche, sólo existían ellos dos y nada más.

-No sé qué es esto que siento, Rose- dijo el rubio en un susurro mortificado-. Necesito que estés cerca de mí, siempre…

-También lo siento- contestó ella de la misma manera, pero un poco más tranquila, porque sabía lo que venía a continuación.

Rose lo miró tan intensamente que Scorpius se sintió desnudo, como si Rose supiera lo que él estaba pensando en ese momento y lo hiciera avergonzarse de ello.

-Scorpius…- comenzó Rose un poco nerviosa, pero decidida.

-¿Sí?- preguntó él bajito, acercándose más al rostro de Rose, con la excusa pobre de querer escuchar mejor lo que ella le decía.

-Esta noche no quiero pensar- dijo ella acariciándole una mejilla.

"Yo tampoco" respondió Scorpius en sus pensamientos, palabras que no llegaron a salir de su boca.

Se acercaron lentamente, confusos, nerviosos, pero decididos. Scorpius nunca había visto a Rose más hermosa, con sus labios carnosos, sus mejillas sonrojadas y sus ojos mirándolo con amor.

Y fue allí, con ese beso tan puro y lleno de sentimientos que se dieron cuenta de que había mucho por decir aún; y con cada caricia cargada de amor y deseo se lo decían todo.

Las caricias no cesaban, parecía como si apenas se reconocieran. De vez en cuando se miraban a los ojos sin poderlo creer, pero volvían a besarse y todo lo demás, incluso su sentido común, desaparecía. Poco a poco la ropa fue desapareciendo, dejando sus cuerpos desnudos.

Terminaron acostados bajo las sábanas, uno al lado del otro, jadeantes y sudorosos, pero más felices de lo que podían recordar. Entrelazaron sus manos tiernamente por debajo de las sábanas, disfrutando de las nuevas sensaciones experimentadas.

Tiempo después, Rose se sonrojaba bajo la mirada del rubio, que la observaba intensamente, como queriendo grabarse cada detalle de Rose en su memoria para siempre. Porque al fin, la observaba en verdad.

Rose lo miró y tomó su rostro en sus manos, acariciándolo con los pulgares. Lo miró a los ojos con intensidad.

-¿Cómo no me di cuenta antes?- preguntó el rubio en un delicado susurró, con un tono que Rose nunca le había escuchado.

-¿Por qué no me daba cuenta de que lo que sentía cada vez que te miraba, era más que amistad?- coincidió Rose, besándolo por toda la cara con suavidad, como si se tratara de su más apreciado tesoro.

Scorpius le sonreía suavemente, maravillado de la delicadeza de la mujer que estaba a su lado.

-¿Recuerdas en séptimo año, cuando casi nos acostamos sólo por "curiosidad"?- dijo Rose con una cálida sonrisa, que a Scorpius le pareció que escondía algo más.

-Por supuesto- contestó él, regresando a esos días donde todo era más fácil. Tomó unos mechones del cabello de Rose y comenzó a jugar con ellos.

-¿Y que dijiste que era mejor esperar a hacerlo con la persona correcta, porque era algo especial?- siguió.

Scorpius asintió, creyendo saber lo que venía.

-Me alegra haber esperado…

Scorpius le devolvió la mirada tan intensamente que ahora fue ella quien se sintió desnuda (más de lo que ya estaba); avergonzada porque quizás Scorpius se lo había tomado a mal, bajó la mirada, pero él no se lo permitió y acunó suavemente el rostro de Rose entre sus manos, dándole un suave beso.

Rose sabía que Scorpius había dormido con al menos dos chicas diferentes; ella una vez lo había intentado con Alex, pero se dio cuenta de que él no era el indicado.

-A mí me habría gustado haberlo hecho- soltó el rubio en un murmullo, más para él que para Rose.

Ella lo besó de nuevo.

Al fin se sentían completos, ya sabían por qué cada vez que se miraban veían algo más, algo desconocido, pero no decían nada por temor a arruinar su amistad tan perfecta.

Entre los brazos de Scorpius, Rose se sentía la mujer más amada del planeta.

Junto a Rose, Scorpius simplemente era feliz.

La besó nuevamente, saboreando sus labios poco a poco.

Ella era maravillosa.

Él era todo lo que ella necesitaba.

Cuando Rose despertó a la mañana siguiente, se encontró atrapada entre los brazos de Scorpius, que dormía con una sonrisa en su rostro.

La pelirroja recordó los acontecimientos de la noche pasada y sonrió. Scorpius era perfecto, no sabía cómo había estado tanto tiempo sin él, sin besarlo como tantas veces había hecho la noche anterior.

Rose/Scorpius.

Rose observaba con tristeza cómo Scorpius acababa de empacar sus últimas cosas.

Iba a quedarse en casa de una de sus primas durante su estancia en París, así que su apartamento quedaría igual, excepto que él y sus cosas personales no.

Scorpius pudo ver el rostro de Rose gracias a un espejo que estaba en su habitación y suspiró con tristeza.

Lo que menos quería en ese momento era marcharse, pero ella lo había casi obligado a no echarse para atrás, pues además un tiempo separados les haría bien para aclarar bien sus sentimientos y no tomar las decisiones equivocadas.

Scorpius dejó de acomodar sus cosas y se acercó a ella, que estaba sentada en la cama perfectamente tendida. Tomó su rostro entre sus manos con delicadeza y besó sus labios como tantas veces había hecho el último día. Seguían siendo tan suaves y delicados como la primera vez.

Rose sintió las varoniles manos de Scorpius abrazándola y se aferró a su espalda, recordando su cuerpo desnudo sobre ella.

-¿Sigues creyendo que es buena idea?- preguntó él con suavidad-. No quiero dejarte, Rose.

Escuchar su nombre salir de sus labios con tal sensualidad hizo que Rose lo mirara a los ojos sonriéndole.

-Será bueno, volverás y podremos estar juntos todo el tiempo que queramos.

Se dejaron caer en la cama, abrazados y sin querer separarse.

Rose sentía el calor de Scorpius envolviéndola como aquella noche tan especial, queriendo que se repitiera, pero sabía que de ser así, no podría dejarlo ir y no iba a impedirle seguir adelante con su carrera, con sus sueños.

Faltaban pocas horas para que su Traslador saliera y Rose quería grabarse en su mente permanentemente la imagen de Scorpius, cada rasgo de su rostro para mantenerlo fresco en su mente hasta que regresara. Sus ojos grises mirándola con amor, sus labios… le encantaban sus labios, su sabor era lo más maravilloso que había probado alguna vez.

-Ven- dijo Rose teniendo una idea y lo jaló de la mano hasta llegar a su apartamento.

Se puso a rebuscar en unos cajones, mientras Scorpius observaba el desorden de la habitación de Rose, incluyendo un viejo álbum fotográfico con algunas fotos sueltas. Y fue cuando vio una de ellas sobresaliendo de las páginas.

Era Rose, vestida con su vestido de graduación que él le había obsequiado, sonriendo con alegría; recordó ese día, lo preciosa que se veía y sus ojos destilando felicidad.

Oyó el sonido de un flash y levantó la mirada, allí estaba Rose, sosteniendo su vieja cámara fotográfica a la altura de sus ojos con una sonrisa traviesa.

-¡Rose!- exclamó Scorpius divertido. Fue hasta ella y le quitó la cámara, luego la abrazó por la cintura.

Le mostró la fotografía que acababa de encontrar y dijo:

-¿Te molesta si me la llevo?

Rose negó con la cabeza.

-Siempre y cuando me la devuelvas.

Scorpius la abrazó una vez más, odiaba las despedidas, pero nunca había creído que se estaría despidiendo de ella.

Una hora después estaba en el Ministerio de Magia, Scorpius tomaba la mano de Rose por última vez mientras se decían adiós.

-Te escribiré diario- prometió acariciando su mejilla.

-Estaré bien- prometió Rose y le dio un beso en la mejilla con discreción.

No querían decir nada aún de su relación porque bueno, aún no existía ninguna. Querían dejar todo hasta que Scorpius volviera. Además, Draco y Astoria estaba allí.

Rose vio a Scorpius partir con mucho dolor en su corazón, pero sabía que a la larga sería bueno.

Cuando salía del Ministerio rechazando la invitación de los Malfoy de ir a comer, se encontró con Albus, que caminaba despreocupadamente.

-Hola, Rosie- saludó él feliz de verla.

Los ojos de Rose se aguaron y se abrazó a su primo, que le devolvió el abrazo sorprendido.

-Tengo algo que contarte…

Hola!

Aquí les dejo el penúltimo capítulo de la historia.

Muchas gracias por sus hermosísimos comentarios. Quise contestarlos, pero decidí que sería mejor sorprenderlas con este capítulo más largo xD

Y el momento que todas queríamos, ver que esos dos al fin se dieran cuenta de que se aman en verdad.

No es por nada, pero es mi capítulo favorito hasta ahora xD

Mil besos y Scorpius para ustedes =D