CON TAL DE QUE ME QUIERAS
Por Mary Martín
CAPITULO 10
Y AFUERA LA MUERTE
Seiisuni llegó a su palacio y se encerró en el salón principal, estaba molesto. Se sentó en el trono sumamente agotado, de pronto un dolor intenso en el pecho le obligó a llevarse la mano a dicho lugar, sonrió ligeramente y con un simple movimiento de su mano la herida se cerró por completo al igual que todas aquellas en su cuerpo con tan solo elevar su cosmo un poco.
Estaba tan confundido… todo lo que sabia a cerca de Shun era una mentira… una vil mentira al igual que toda su vida. Tenía el poder de un Dios pero no lo quería, él no pidió ser así pero no lo dejaron decidir, todo por culpa de alguien más
¡Maldita sea! Tan solo era un niño… un niño que ahora no tenía más destino que ser el Rey del inframundo… estaba solo y a nadie le importaba, sufría cada día en vez de vivirlo y no había alguien que quisiera ayudarlo. La vida… su vida en sí era una broma de mal gusto que no tenía otro fin si no ser odiado injustamente por todo el mundo, no quería seguir así pues todo era tan vacío y sin sentido. Ya estaba cansado de la vida. Seguía pensando cuando un estallido violento lo hizo ponerse en alerta
– ¡Ave fénix!
Al instante, los cinco guardias que protegían la entrada principal fueron fácilmente derrotados, sus cuerpos maltrechos yacían en el suelo a los pies del poderoso guerrero que les había arrebatado la vida. Tras una estela de polvo se divisó la figura de un hombre fuerte y alto que orgulloso portaba una armadura dorada. Seiisuni lo miró con desdén y luego al destrozo que había causado con su ataque, en una actitud completamente infantil se llevó una de las manos a la cabeza
– Veo que nunca vas a aprender a tocar la puerta – sonrió el joven Dios mientras negaba con la cabeza – ¡Rayos! Y yo que mande a comprar un timbre musical
– Seiisuni, no estoy para bromas – Ikki ignoro el comentario burlón del chico, esa fría mirada que lo caracterizaba podía apreciarse en su rostro, a cualquiera le provocaba una sensación de respeto y miedo… pero no a Seiisuni – supe que fuiste al mundo alterno y no me explico por qué, recuerdo habértelo prohibido en más de una ocasión
– ¿Prohibírmelo? tú no eres nadie para decirme que debo y que no debo hacer – pronunció volviendo a su actitud habitual – yo soy un Dios, que no se te olvide – respaldó sus palabras elevando su cosmo y aunque Ikki lo conocía a la perfección no dejaba de sorprenderse – puedo hacer lo que se me venga en gana porque no tengo que rendirle cuentas a nadie y mucho menos a ti que eres un simple y patético mortal
– ¡No me hables en ese tono, jovencito! – la voz de Ikki resonó en el lugar que pareció temblar ante la ira del caballero pero el Rey del inframundo no se inmutó en lo más mínimo
– ¿Qué piensas hacer? ¿Acaso vas a castigarme mandándome a la cama sin cenar como cuando era un niñito? – Ikki apretó los puños en un acto de rabia e impotencia, no sabia que más hacer para tratar de ayudarlo y fue entonces que se dio cuenta que aquel muchacho había madurado demasiado rápido y que ya no necesitaba más de él, no se dio cuenta en que momento se había desviado del camino correcto por el cual juró guiarlo para evitar su perdición – ya crecí, fénix, ya no puedes controlar mi vida como lo hacías antes
– Por favor, dime que no cometiste una tontería allá en el mundo paralelo – dijo después de unos momentos de silencio y completamente suplicante, su voz tembló ante la posibilidad de que Shun, su niño, del cual no tuvo tiempo de despedirse en aquel trágico día… hubiera muerto… los segundos pasaron y Seiisuni no respondió nada – Seiisuni, dime que hiciste
– ¿Para qué preguntas? de sobra me conoces – pronunció al fin dándole al espalda, Ikki respiró aliviado, sin duda el corazón puro del muchacho era lo único que hasta ahora había evitado que se dejara dominar por el poder y la ambición – en vez de estarme regañando deberías agradecerme por perdonarle la vida porque mira que le estaba dando una paliza – comentó despreocupadamente mientras se quitaba la parte superior de su vestimenta para reemplazarla por una nueva, Ikki miró su torso desnudo y descubrió una cicatriz en el pecho de Seiisuni que no había visto antes
– ¿Y eso? – preguntó extrañado y señalando la herida. El joven Seiisuni tenía la capacidad de curación, ya sea para sí mismo o para salvar la vida de alguien más… pero si había quedado una cicatriz eso significaba que el ataque que la provocó debía haber sido muy poderoso – no me digas que Shun te hizo eso – preguntó con una sonrisa en el rostro aún sabiendo la respuesta y en el fondo orgulloso de que su otooto tuviera tal poder
– ¡Oye! ¿De que te estás riendo?
– No, de nada – sin embargo no pudo contener una ligera risa al verlo cubrirse rápidamente con una nueva prenda
– Pues no se tú pero yo creo que ese tal Shun de tierno e inocente no tiene nada, por poquito y manda de vacaciones a Eliseum
– Con que le estabas dando una paliza ¿No? – comentó en son de burla y cruzándose de brazos – A mí me parece que fue al revés
– Ok, lo admito… digamos que fue empate… – ambos guerreros rieron, pero luego Ikki se entristeció, no recordaba cuando fue la última vez que sonrió por algo, mentira… sí lo sabía… fue desde que perdió el cariño de Seiisuni, aquel terrible día en que se enteró de la verdad. Como desearía que las cosas fueran diferentes y poder cumplir su promesa de guiarlo por el camino del bien. Pero tal vez ya era demasiado tarde
– ¡Mí lord! ¡Mí lord! – un soldado irrumpió en el lugar llegando a donde el Dios se encontraba
– ¿Qué forma de entrar es esa? ¿Qué es lo que quieres, Bruga?
– Disculpe Mí lord – respondió postrándose ante él – pero es una emergencia… el portal ha sido abierto…
– ¿Qué? ¿Quién se ha atrevido a usarlo sin mi consentimiento? – la ira en los ojos del joven fue evidente, el soldado tembló ante él
– Fue Hakaisha Mí lord e iba acompañado con un gran número de hombres, dijo que lavaría el honor de su majestad a toda costa – Ikki contuvo el aliento ante esas palabras pero Seiisuni lo tomó con mucha tranquilidad
– Está bien, Bruga, puedes retirarte – el soldado se fue y Seiisuni fue a sentarse en el trono mientras parecía analizar la situación con la cabeza baja
– ¿Y bien? ¿Qué estás esperando? – a Ikki le desesperaba la indiferencia del muchacho – Va a matar a Shun ¡Tienes que hacer algo para evitarlo!
– ¿Y eso por qué? Yo ya le di otra oportunidad pero si su destino es la muerte yo no puedo interponerme
– ¿Es que acaso no te importa? – Seiisuni le sostuvo la mirada mas no respondió – después de saber toda la verdad ¿Vas a decirme que no te importa su vida? – el joven en actitud altanera sólo se encogió de hombros – no puedo creer que actúes de este modo. Yo te eduqué para que fueras un guerrero noble y fuerte pero veo que he fallado en mi misión y que por fin el poder te ha corrompido
– No vengas a darme sermones de lo mucho que te has sacrificado por mí, ya estoy harto de que me lo eches en cara todo el tiempo, tú solo me has querido usar para tu propio provecho igual que todos… realmente nunca me has querido… yo nunca te pedí que me entrenaras y que sufrieras tanto por mí… ¿Qué quieres? ¿Qué te aplauda? Pues bien ¡Bravo por ti fénix! Aquí está el resultado de tu esfuerzo ¡Y ahora lárgate que no quiero verte! – Ikki apretaba los puños y dientes con fuerza, nunca esperó escuchar algo así de alguien a quien quería tanto, estaba sumamente dolido, unas lágrimas de rabia resbalaron de sus ojos…
– Eres…eres un maldito ingrato… hice una promesa a mi hermano ¡Y la pienso cumplir! – sin pensarlo dos veces se lanzó contra él elevando su cosmo, Seiisuni sólo lo vio venir con una sonrisa altanera sabiendo que no tenía oportunidad contra un Dios, pensó tan solo en esquivarlo pero tal vez luego le traería problemas por lo que decidió atacarlo
– ¡Ave fénix!
– ¡Remolino infernal!
Tal como lo predijo, su poder ocasionó que el ataque de Ikki desapareciera en el aire para después lanzarlo varios metros atrás. El caballero dorado de leo no podía hacerle daño alguno… y había una simple y sencilla razón…
– Sabes cuanto odio lastimarte, Ikki, pero esta vez tú me obligaste – dijo sin siquiera mirarlo – y no te preocupes por esa herida que a lo mucho en una o dos semanas cerrará por completo – Ikki lo veía desde el suelo, se incorporó un poco, volteó la cabeza hacía un lado para escupir sangre
– Estoy muy decepcionado de ti – pronunció con dificultad – pero más lo estoy de mí por no cumplir mi promesa. Lo siento, lamento haberte fallado… hijo…
– ¡No me llames así! – exclamó Seiisuni – ya no eres más mi padre
– Claro que lo soy, te di mi amor desde el primer momento, cuide de ti cuando estabas enfermo, he dado todo por ti y mucho más y aunque no lo quieras soy tu padre
– ¡No! Un verdadero padre no dice mentiras y eso es lo único que has hecho conmigo, mentirme
– Si lo hice fue para protegerte, quería salvarte de tu destino
– No tenías derecho a decidir eso, toda mi vida ha sido una mentir. Dime ¿También mentías cuando decías que me querías?
– No, eso jamás
– ¿Sabes qué? Ya no me importa – tomando su capa se dirigió a la salida pasando a un lado de un herido fénix que se limitó a verlo salir
– ¿A dónde vas?
– Me dieron ganas de ir al mundo paralelo para arreglar un par de cosas, Hakaisha va a pagar muy caro su desobediencia
– Entonces vas a ayudar a Shun – Ikki sonrió, quizá no todo estaba perdido
– Yo no dije eso, tan solo es que tengo una meta que alcanzar y voy a eliminar a cualquiera que se interponga en mi camino – sin decir mas salió dejando al fénix en una terrible angustia
– Seiisuni, piensa bien lo vas a hacer ¡Seiisuni! – pero ya no alcanzó a escucharlo
Mientras tanto en el santuario, Shiryu y Hyoga analizaban las variaciones de tiempo y espacio que habían sentido últimamente y no lograban entender lo que sucedía. Esta mañana fue la última vez que lo sintieron, fue cuando Hakaisha y sus hombres atravesaron el portal de nueva cuenta. Era un guerrero astuto, Hakaisha conocía bien la habilidad de Seiisuni y no pudo engañarlo, esa última descarga de energía lanzada a espaldas de Shun que supuestamente era un ataque no fue otra cosa más que el cosmo curativo que le detendría la hemorragia y cerraría sus heridas. A pesar de eso, sobrevivir dependería de su fuerza interna. No entendía por qué la había salvado la vida pero estaba dispuesto a terminar lo que su señor había dejado inconcluso.
– No hay duda, el cosmo de Hades se ha hecho más poderoso y fue capaz de crear un portal ínter dimensional
– ¿Hades? No puede ser, entonces Shun
– No, Hyoga, no se trata de Shun. Es verdad que he sentido cambios importantes en su cosmo pero no se trata de él
– ¿Entonces quién?
– Recuerda que Hades fue vencido pero su alma fue encerrada hasta la próxima era oscura que no sabemos cuando será – explicó el joven caballero dragón
– ¿Me estás diciendo que el cosmo que sentimos es de una reencarnación futura de Hades?
– Es lo más probable y al parecer pretende eliminar a Shun, es decir, la reencarnación de Hades en este tiempo
– Pero no tiene sentido que aparezca ahora, nosotros ya derrotamos a Hades, no entiendo por qué quiere matar a Shun ahora que Hades ha abandonado su cuerpo
– No es por eso que quiere matarlo – escucharon una voz entrecortada y débil a sus espaldas
– ¡Ikki! – ambos jóvenes se dirigieron rápidamente a la entrada del salón donde se encontraban al ver a un casi moribundo fénix que cayó de rodillas al suelo, Shiryu lo sostuvo tratando de no lastimarlo más pero no había un solo lugar de su cuerpo que no sangrara
– Ikki ¿Qué fue lo que pasó? – preguntó alarmado Hyoga
– Eso no importa ahora… Shun está en peligro…
En ese mismo instante, en medio del bosque, se divisa la figura de un muchacho que camina con dificultad ayudado por una joven rubia. No habiendo encontrado un mejor lugar como refugio, June le ayudó a llegar a una pequeña cueva donde apenas y cabían los dos pero fue suficiente para protegerlos de la lluvia. Inexplicablemente sus heridas habían dejado de sangrar pero el dolor no desaparecía
Habían pasado varias horas desde que lo encontró, al principio no quiso moverlo del lugar por temor a lastimarlo más, pero a estas alturas ya daba igual y decidió que lo mejor era apartarse de aquel lugar. El chico ardía en fiebre, la lluvia misma le había limpiado las heridas pero sus fuerzas estaban agotadas.
– Shun, por favor no cierres los ojos necesito que permanezcas consiente… Shun… – June le daba ligeras palmaditas en la mejilla al ver que empezaba a dormitar – por favor resiste – lo abrazaba desesperadamente sintiendo la frialdad de su piel. Leves quejidos salieron de los labios de Shun, cerró fuertemente los ojos y apretó los dientes para contener un grito de dolor pero este fue mas fuerte y lo venció, June se estremeció al escucharlo – Tranquilo, vas a estar bien mi amor, todo va a estar bien – trataba de ser fuerte para él pero el verlo así era demasiado y no pudo evitar que un par de cristalinas lágrimas resbalaran de sus ojos hacia las mejillas de Shun que se movía inquieto entre sus brazos.
La tormenta se había convertido en una llovizna ligera, parecía que el cielo lloraba con él. No dejaba de estremecerse y sentir escalofríos en su cuerpo hasta que después de un tiempo se calmó pero su respiración seguía siendo errática
– Ya pasó, descansa amor mío, ya pasó – June no dejaba de acariciarle la frente, de hablarle y susurrarle cosas tiernas para que no se durmiera. Le besó las mejillas y también las manos, no sabía que más hacer para ayudarlo. De pronto escuchó unos ruidos cerca de ellos.
– Este es el lugar, quiero que lo encuentre y me lo traigan, yo mismo quiero matarlo ¿Entendieron?
– ¡Sí, general!
June escuchó aquellas palabras, se llevó una de las manos al corazón que se le aceleró por el miedo, oyó varios pasos que se dispersaban. Dejando a Shun a un lado, salió cuidadosamente de la cueva, cortó varias ramas gruesas y las colocó en la entrada para que pareciera un simple arbusto, lo hizo lo más rápida y silenciosamente posible. No sabía si resultaría pero luego de cubrir el último trecho, volvió a lado de Shun, lo abrazó con cuidado contra su pecho, sin embargo ahora el espacio era más reducido debido a la presencia de las ramas.
Uno de los guerreros pareció sentir una presencia y sin pensarlo lanzó una esfera de poder muy cerca de la cueva haciendo que esta temblara, unas rocas se desprendieron de esta cayendo violentamente. June cubrió a Shun con su cuerpo pero al hacerlo una piedra la golpeó haciendo sangrar su hombro, lo había salvado en ese instante pero no pudo evitar que otra roca terminara por lastimar más el brazo herido de Shun. June le cubrió la boca con una mano para evitar que hiciera algún ruido, aunque podía sentir su dolor por aquel golpe, ella también contuvo el llanto que intentaba dominarla al verlo sufrir así
– ¿Qué haces, idiota? Hakaisha dijo que lo quería matar él mismo, vamonos que aquí no hay nada
El guerrero que había lanzado el ataque vio a su compañero alejarse pero permaneció ahí por algunos instantes más seguro de haber sentido una presencia. Desde el interior de la cueva, June lo miraba a través de un pequeño espacio entre las hojas rogándole a Dios que no los descubriera
– ¡Sigan buscando! Debe estar cerca
– ¡Sí, señor!
June respiró aliviada al verlo alejarse y ya no contuvo más su llanto, estaba asustada. Besó la frente de Shun con suavidad y él le respondió aquel gesto tierno con una hermosa sonrisa que aunque duró tan solo un par de segundos para June fueron la gloria misma.
Dentro de aquella cueva Shun luchaba por superar su dolor, rodeado por los brazos de la mujer que amaba, aferrándose a ella como lo hiciera un náufrago en medio del mar a un trozo de madera. Adentro, una vida estaba a punto de perderse… o de salvarse quizá… sólo la fuerza del cosmo podía decidir eso. Adentro, dos personas que se aman juraron estar juntas para siempre pase lo que pase. Adentro reinaba la esperanza… y afuera la muerte…
Continuará…
