¿Derechos de autor? No, los personajes no son míos... Yo solo soy esa cruel autora de fics que no deja nunca en ellos un momento de alivio para sus personajes... Hasta este capítulo, claro, en el que las cosas, por fin, van a comenzar a mejorar... (pero sólo un poquito... soy así de cruel, jejeje...)
Admito que, tras la eterna demora a la que estoy sometiendo mis historias, no solo el argumento se verá afectado, sino que mi estilo de escritura ha cambiado, haciendo que la lectura sea más amena para el escritor y escribiendo chorradas tan bonitas como esta... Ruego que perdonen el cambio, la tardanza causada por mi pereza y lo extraño de esta historia dramático/romántica...
-Diálogo-
"Pensamiento"
Aviso: Fanfic que puede tomarse como una continuación de "¿Qué ocurre aquí con los enamorados?", cuyo título dista de ser ingenioso y solo coloqué por no destapar nada de la trama. Digo que puede tomarse como una continuación, ya que el que no lo haya leido va a entender igual la historia.
Parto de la premisa de que Ranma y Akane tienen 32 años, tuvieron a su hija con 16 y esta es la actual edad de la niña. (Y si alguien me rebate con un argumento tal como que la historia de los 38 tomos de Ranma 1/2 no puede ocurrir en tan corto espacio de tiempo, yo solo tengo que decir: Oye, que esto solo es un fic, pura invención. Y si la gente puede hacer fanfics de Ranma policíacos, de abogados, de sexo desaforado y sin control y de otra calaña, ¿Porqué no puedo yo inventar mis historias?)
LA IMPORTANCIA DE UN "TE QUIERO"
CAPITULO10
Sora notaba que, por más piedras que quitaba de la pared, ninguna era suficiente para llegar al final. Bufó con desagrado "todo este trabajo para nada..."
Se recostó contra el muro de rocas, pensando otro modo de escapar. Pronto servirían la comida... Abrió los ojos pensando "¡Cómo no se me habrá ocurrido antes!"
Koruma y Masara volvían a sus puestos al lado de la celda y a dar de comer al rehen, discutiendo -Pues la capitan ha perdido muchas plumas últimamente... Más que de costumbre...
-Los años no pasan en vano.- decía el otro, y se asomaron a la celda, donde Sora estaba tirada en el suelo.
-¡Eh, tú, te hemos traido la comida!- dijo Masara, empujando un plato a través de los barrotes.
Sora estaba quieta e inmóvil en el suelo.
-¡Despierta, idiota!- le gritó Koruma, dandole golpecitos con un palo muy largo. Sora no se movía ni reaccionaba.
Koruma susurró -¿...Y si se ha muerto?- y Masara le golpeó en la cabeza -¿Cómo se va a morir? Simplemente se está haciendo el muerto para ver si entramos, apalearnos y escaparse.
"Pillada" pensó, cerrando los ojos con muchísima más fuerza.
-¡Oye, que no se mueve, que a la chica esta le ha pasado algo!- gritó Koruma. Masara la miró de nuevo, le pinchó con el palo para comprobarlo.
Sora continuó con su farsa, gritando en su mente enfadada "¡Os voy a meter el palito por el...!"
Koruma introdujo la clave y la puerta se abrió. Ambos entraron y se acercaron a la chica. -¿Qué te pasa? ¿Nos oyes? ¡Eh!
Dos segundos más tarde, Sora se limpiaba las manos. Tenía a dos soldados emplumados inconscientes en la celda.
-¡Ahora a salir de aquí!- se animó la chica.
KLANCK, se escuchó la puerta cerrarse. Una mujer alada se lamentaba. -¡Si es que estos idiotas no hacen nada bien!
Sora se abalanzó contra la reja -¡Oye, no es justo, acabo de ocuparme de estos dos!
Kiima los miró por encima del hombro mientras cambiaba la clave de acceso. -Lo sé. Son un par de idiotas inútiles. Les dije que no abrieran la celda por nada. Como castigo, se quedarán ahí dentro.
-¡NO ES JUSTO, NO PUEDES HACERNOS ESO, HOY HAY PULPO EN LA CANTINA!- gritaron Koruma y Masara contra la reja. Sora les miró -Vaya, os recuperais rápido...
La capitan Kiima se encogió de hombros y se fué por donde vino. -¡TRAIDORA! ¡NO VOLVEREMOS A HACERLE CASO!
Por su parte, pronto notaron a Sora a su lado, cada vez más intimidante, con un aura oscura y amenazadora a su alrededor. La chica crujió los nudillos disimuladamente y comenzó -Bueno... Ahora vamos a ver... ¿Cual de vosotros dos ha sido mi peluquero últimamente...?
Ninguno se atrevía a salir de su cuarto en el barco. Yumi se instaló en el cuarto de Akane. Tetsuo en el de Ranma. Kuno seguía encerrado en la cabina.
-Así que eres su archienemiga...- comenzó Akane una conversación.
Yumi se puso el pijama y se acostó, asintiendo con la cabeza.
Akane suspiró con nostalgia, recordando -Ah, qué tiempos... recuerdo cuando yo tenía también muchas enemigas.- y entonces su mirada se ensombreció. -Y las sigo teniendo.
Estuvo un rato murmurando por lo bajo pestes y más cosas feas de cierta cocinera china.
Yumi asomó un cartel que decía -¡No es lo mismo, toda mi vida depende de matar a Sora!
-¿Y en qué te ayudaría eso?- preguntó Akane.
Silencio.
Más silencio.
Otro cartel. -¡PORQUE SÍ!
Akane negó con la cabeza. -Anda, apaga la luz e intenta dormir.
Mientras, del otro lado del barco, los chicos tomaban un baño juntos. Un silencio muy incómodo, de esos que sólo aparecen cuando ambos no se sienten a gusto con la compañía, había decidido acompañarles.
Ranma fué el primero en romper aquel silencio, pero sus palabras parecían más letales que cualquier disparo. Lo intentó disimular con un tono comprensivamente amistoso. -Así que... tú eres el novio de mi hija.
Tetsuo se rascó la cabeza. Cuando algo es taaaaan incómodo, uno siente que ni un colchón de plumas le destensaría los músculos. -Er... en realidad...
-No, chico, no hace falta que lo niegues, de verdad. Yo también tuve tu edad, en serio.- Dijo Ranma en un tono misterioso. El joven no se atrevía a mantenerle la mirada más de dos segundos.
-Bueno, eso ya... ya lo sé, es evidente que pasó sus dieciséis años...
-No, no lo sabes.- le cortó de golpe, ensombreciendo todo su rostro. -No me crees, pero me da igual. Lo que te digo con esto es que como estés jugando con mi hija como si fuese un muñeco...- a continuación hizo un crujido muy extraño con su puño, uno de esos que te extremecen por completo de terror -¿...sabes lo que te ocurrirá?
Tetsuo asintió, tragando como un niño que acaba de recibir el peor castigo de su vida. Ranma entonces se dedicó a lavarse la trenza.
-No quiero que le ocurra nada.- susurró Tetsuo, con voz débil pero decidida. -Quiero ayudar, aunque la vida me vaya en ello.
Ranma le miró de soslayo, le dió la espalda y siguió a lo suyo.
Unos segundos después, el más adulto preguntó en tono monótono -¿Quieres aprender a pelear?
Koruma, tras sufrir una paliza monumental de la que apenas se sostenía en pié, había sido relegado a la tarea de apartar cascotes y pedruscos por el tunel que Sora había estado creando. Masara tuvo la tarea de emparejar el peinado de Sora.
-¡... Y es una explotadora! ¡Tenemos que trabajar los Domingos, no es justo!- se quejaba Masara.
Koruma continuaba quitando piedras con la boca callada.
-Ya está.- concluyó Masara. Sora se acomodó el cabello, corto hasta poco por debajo de los hombros. Le arrancó el cinto negro a Koruma, que se quejó con un -¡EH...!-, y lo utilizó de coletero.
-¿Qué hay detrás de las rocas?- preguntó Sora, ideando su plan de escape.
-...Más rocas.- respondió Koruma.
Sora gritó -¡Eso es evidente, imbécil! ¿Qué hay detrás de la última roca?
Masara respondió -No hay nada. Ni siquiera suelo. Un vacío abismal, que acabaría con tus huesos en lo más profundo del monte Phoenix. Es lo que tiene una montaña hueca tan alta.
La chica se sentó sobre Koruma, que se quejaba pensando "Esto es demasiado...", y dijo -Pero vosotros tenéis alas, ¿verdad?
-Ellos tienen cubos de agua.- respondió Masara, sentándose también sobre Koruma. El pobre estaba suplicando ayuda desde el suelo.
-¿Y qué?- preguntó Sora. Las siguientes horas estuvo escuchando la aburrida leyenda de cómo se formó el pueblo de pajarracos-hombre.
-¡AKANEEEEE!- aulló Ranma sentándose de golpe. La habitación estaba oscura, y Tetsuo giró sobre sí mismo para darle la espalda al ruido molesto que era su grito. Había tenido otra vez esa pesadilla. La pesadilla en la que su familia moría.
Se levantó temblando, secando los restos de sudor que tenía por el cuerpo. Rescatar a Sora, traerla de vuelta a casa, eso era lo que tenían que pensar. Sin embargo, una creciente ansiedad se estaba instalando en su pecho, porque ver a su esposa y a su hija arder en las fantasmagóricas llamas le había hecho comprender que cada minuto lejos de Sora significaba un minuto más sin saber cómo se encuentra.
¿Porqué debía esperar de sus secuestradores que la trataran bien? Probablemente la estaban torturando con diferentes quemaduras, o dejándola pasar hambre, o cualquier otro método de tortura, a cada cual más doloroso, que existía en China. ¿Incrustar palillos de madera entre las uñas? La idea le estremecía de dolor.
Y además, arrojó una nueva luz a su conciencia.
Akane no podía acercarse allí.
Su corazón no soportaría verla sin vida otra vez. Probablemente se pararía tras vengarse fulminando a la especie voladora.
Además, había una mínima, una minúscula posibilidad... De que Akane volviese con él.
"Es ridículo pensar que me quiera... Pero sí que al menos podría volver conmigo, arreglar esto y hacer las cosas mejor esta vez..." pensó, con algo de esperanza. "Cosa que sería imposible si... si ese maldito..."
No podía acabar aquella línea de pensamiento. Él solito iba a matar de nuevo a Safroon, deteniendo su corazón y eliminando, pedacito a pedacito, todas y cada una de las partes de su cuerpo hasta que no quedara nada sobre lo que poder renacer. Akane no iba a ir. Fin de la historia.
Calentó un poco de leche en la cocina. Quizá un trago calentito le ayudara a tranquilizarse.
-Vaya... Creía que era la única que no podía dormir.- escuchó decir desde la puerta.
Ranma giró la cabeza al oir su voz. Akane entró en la estancia cubierta por una manta, perseguida por la silenciosa mirada de Ranma. Despacio y sin prisa, tomó el vaso de leche y bebió un poco.
-Los chicos me preocupan. Tetsuo apenas sabe defenderse.- dijo Akane, negando con la cabeza.
Lo último que habría pasado por su cabeza. Ranma estaba boquiabierto mirando a Akane lentamente, como su pecho ascendía y descendía de acuerdo a su tranquila respiración. Sus pestañas parpadeaban continuamente, y se movía inquieta de aquí para allá. Adoraba verla así de viva. Su mano cobró vida propia y se alzó para rozar con la punta de los dedos su mejilla.
Akane inclinó la cabeza para descansarla sobre su palma, cerrando los ojos con un suspiro. Abrió los ojos y concluyó -Ellos deberían quedarse en el overcraft... Por su propia seguridad. No saben lo peligrosos que son los hombres pájaro.
Ranma asintió, y decidido afirmó -Y tú vas a cuidarlos mientras yo voy a por Sora.
Las orejas de la mujer se alzaron en protesta, al igual que su lengua -¡De eso ni hablar, yo voy contigo a por nuestra hija!
Se puso rígida hasta la última fibra de su cuerpo. El hombre giró, la cogió por los hombros y gritó -¿Es que acaso has olvidado lo cerca que estuviste de perder la vida la última vez que estuvimos aquí? ¡No pienso dejar que eso suceda de nuevo!
-¡Nadie ha dicho que tenga que ocurrir! ¡Además, lo hice para salvarte a tí, so zopenco! ¡Parece que ese detalle no lo recuerdas, ahora estoy muchísimo más preparada!
Ranma la soltó violentamente. -¡NO VAS A VENIR, Y ESTO ES LO ÚLTIMO QUE DIGO!- gritó furioso, y se marchó.
"No puedo permitirlo, Akane... No puedo correr otra vez el riesgo de perderte, no si puedo evitarlo. Lo siento, pero no voy a discutir esto contigo, no vas a venir y punto... Dios, no puedo decírtelo, maldición, no puedo..."
Akane se enfureció aún más. "Es NUESTRA hija, y te guste o no, estamos juntos en esto, así que voy a ir"
-Es decir, que si os mojaran con agua fría mientras escapamos volando... caeríamos al vacío.- concluyó Sora.
Masara y Koruma asintieron a la vez.
Sora suspiró con exhasperación y se tumbó contra la rocosa pared. -Entonces, ¿Qué podemos hacer? Porque sería algo estúpido quedarse sentado con los brazos cruzados esperando a que un completo desconocido nos liberte de esta prisión...
ZASKA- Sonido de una patada enviando a tomar por culo el control digital.
CLICKS- Sonido de la puerta desbloqueándose.
Los barrotes se movieron poco a poco a un lado, y una completa desconocida les libertó de aquella prisión. -¡Rápido, honorable huésped y honorables mascotas seguirme!- profirió la mujer de las dos trenzas. De sus tres metralletas, cedió una a la chica. -¿Saber como se usa, no? ¡Apuntar, luego disparar!
-¿A quién estás llamando mascotas?- protestaron Koruma y Masara.
Sora miró el arma un poco atontada, antes de salir corriendo tras la mujer. ¿No esperaba un rescate inoportuno? Por un momento creyó que era su padre, o su madre, o quizá, solo quizá, los dos, como cuando era pequeña...
Pronto los tres siguieron al grupo de cinco personas que acompañaban a su libertadora. Por el camino, la mujer abría las celdas destrozando los controles digitales a patadas.
WOEOOEEOEOEOEOOOOOUUUUUU- Sonó la alarma. Alguien gritó -¡La prisionera se escapa!- y otro profirió -¡Dos traidores entre nuestras filas la acompañan!
-¡Gracias por el rescate!- concedió Sora a la mujer, que la interrumpió diciendo -¡Ahora no es el momento! ¡Defiende la retaguardia!
Un grupo de soldados alados les perseguía.
Safroon se quitó el gorro de dormir,se sentó en su gigantesco trono y gritó -¡QUE ALGUIEN ME DIGA QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO ANTES DE QUE LO ABRA EN CANAL!
Su fiel criado-mayordomo le informó -Un grupo de asalto ha entrado en palacio y ha liberado a nuestro rehén. Además, dos de los nuestros se han escapado con ellos.
El criado se agachó aún más, su frente rozaba los azulejos del suelo. Safroon se levantó de su trono y le miró con un desdén y odio infinitos. -¿Se encontraba Saotome entre sus filas? Despojo inútil,- dijo, y lo levantó por el cuello. -¿Se encontraba ese Ranma entre ellos?
Negó como pudo con la cabeza. Una vez liberado, se llevó las manos al cuello, marcado por las garras de su amo.
-Saotome acudirá igualmente.- concluyó Safroon. -Nadie tiene que saber que la niña ha escapado. Silenciad las alarmas, y que todo el mundo vuelva a sus puestos.
Una vez que estuvo a solas, su figura quedó envuelta en la oscura habitación, y la única luz procedía de las luminiscentes llamaradas creadas de sus garras. -Saotome... Voy a quemar tus cenizas hasta que no quede ni el polvo...
Continuará...
