Que comience la competencia
No había amanecido aún cuando el carruaje se alistaba para partir. El aire estaba suavemente condimentado con el canto de los primeros pájaros del alba. La mañana estaba fresca y la brisa silbaba en los oídos de los recién levantados.
-¿Teníamos que salir tan temprano?- Preguntó Emma de mal humor, luego de trastabillar con su propia valija. La rubia se frotó los ojos y bostezó ampliamente.
-Cuidado Emma, te vas a tragar a alguien- Bromeó David para animar a su hija.
-Si hija- Concordó Snow y a continuación le hizo una sugerencia -¿Por qué no vas a ayudar a Aurora para despabilarte?
-Sí, sí. Ya voy…- La blonda se estiró y luego se metió de vuelta en el castillo para salir, minutos después, arrastrando otra pesada valija, seguida por Aurora, que ya venía vestida de caballero.
-Creo que estas son las últimas- Dijo la princesa luego de subir, junto con Emma, las maletas que habían traído.
-Entonces vámonos ya, tenemos que aprovechar el tiempo- David hizo un gesto caballeresco para indicar a las damas que subieran primero y cuando todos estuvieron bordo el coche partió, tirado por los musculosos caballos reales.
El viaje, en teoría, duraba un día. Pero la cosa no estaba funcionando. El amanecer de un nuevo día acaecía sobre los viajeros y todavía les faltaba un cuarto del camino.
-No vamos a llegar- Murmuró Snow inquieta mientras miraba frenéticamente por la ventanilla.
-¿Qué sucede?- Preguntó Aurora preocupada por sobre el hombro de Emma.
-No lo sé, vamos retrasados- Respondió David tratando de mantener la calma para no preocupar a nadie. No hubo éxito.
-¿Cómo que retrasados?- Aurora se enderezó nerviosa -¿Cuánto?
-Nos falta casi un cuarto del camino.
Para que habrá dicho eso…
-¡¿Un cuarto?! La princesa, histérica, quiso ponerse de pie y se dio la cabeza con el techo del vehículo.
-Tranquila Rory- Emma le puso las manos en los hombros –Tal vez sea porque llevamos más peso que la vez anterior.
-¿Qué hacemos?- Snow sacudió la cabeza y se pasó la mano por el pelo.
Los cuatro se tiraron hacía atrás en sus asientos, devanándose los sesos para hallar una solución. Luego de quince minutos de profundo silencio Emma gritó de repente.
-¡Tengo una idea!- Todos dieron un salto a causa del exabrupto de la rubia, pero se recompusieron rápidamente, ávidos de escuchar lo que la joven tenía para decir –Sí Aurora se va a caballo sola de seguro va a llegar. Con la carroza no lo vamos a lograr…
-No- La reacción de Snow fue tan inmediata como maternal -¡Algo podría ocurrirle en el camino!
-Es mi única chance. Si no llego para el mediodía estoy fuera- Aurora le sonrió a Snow, enternecida por su sincera preocupación –Voy a estar bien, confía en mí.
Snow le apretó las manos a la jovencita y tragó en seco.
-De acuerdo- La mujer asintió a duras penas y luego sonrió –Muéstrales quién eres.
David desenganchó el caballo más joven para Aurora y le repitió más de siete veces que debía cabalgar hacía el este. Le entregó una brújula y le deseo buena suerte.
-¡Llegaremos tan rápido como nos sea posible!- Le gritó Snow a la distancia, y Aurora levantó la mano en respuesta –Vas a estar bien- Susurró con el corazón oprimido, mas para sí que para la muchachita que se alejaba con la capa roja flameando tras de sí.
La preocupación de Aurora comenzó a acrecentarse cuando el sol amenazaba con colocarse sobre su cabeza, indicando el mediodía. Presionó un poco el caballo con los talones y, casi como adivinando su aflicción, el animal intentó ir aún más rápido de lo que iba. A Aurora los ojos ya le picaban por la velocidad y podía sentir el cuero cabelludo, con menos cabello que de costumbre, levantar cada vez más temperatura.
Al fin, después de un rato de cabalgata que a ella le pareció eterno, avistó las murallas del castillo, recortadas contra el cielo azul, como las había visto el día de su llegada, una semana atrás. Cuando hubiera pensado ella, aquel día, que su próxima visita sería en estos planes.
Una nueva fortaleza le llegó cuando cruzó la entrada de la construcción, convencida de que si había llegado hasta ahí no podía fallar ahora.
Comenzaron a sonar las campanadas de las doce.
Una, dos, tres.
Aurora podía oír el murmullo de gente cada vez más cercano.
Cuatro, cinco, seis.
Ahí estaban todos.
Siete, ocho, nueve.
La multitud se abrió al escuchar el galope furioso de un caballo.
Diez, once, doce.
Para cuando el eco de la doceava campanada cesó, el gentío se quedó mudo observando al extraño recién llegado. Aurora miró de reojo a su alrededor a toda la gente mirándola y las manos le empezaron a temblar dentro de los guantes de cuero. El rey se puso de pie y se abrió paso hacía ella. Ahí estaba otra vez ese sentimiento de insignificancia.
-Bienvenido hijo- Fa Zhou le extendió la mano y atropelladamente Aurora le correspondió el gesto –Yo soy Fa Zhou, el rey.
-Mi nombre es… Fernando- Contestó Aurora poniendo su tono de voz más grave y serio.
-Te pareces mucho a tu hermana, una muchachita muy particular por cierto.
-Si, si, me lo dicen mucho… Es que… somos gemelos ¿No se lo dijo ella?- La jovencita hablaba con torpeza.
-No, no lo dijo.
-¡Es que es muy despistada!- Se rió nerviosamente la princesa encubierta, mientras el rey la conducía a saludar a la familia real.
-Esta es mi esposa, la reina. Y esta mi hija, pero ya debes saber de ella- Debido a la cantidad de gente y a la distancia que los separaba, Mulan no había podido ver bien al recién llegado. Pero al acercarse unos metros, la guerrera se quedó helada. El disfraz podía ser muy bueno, pero a ella no la engañaba.
Te volviste loca.
-Sí, mi hermana me habló mucho de ti- Al mirarla a los ojos, Aurora pudo ver que Mulan se había dado cuenta, y rogó que no hiciera nada estúpido. Pero para su alivio, le dio la mano mecánicamente, sin salir de su asombro.
Alejándose un poco de la familia real, le tocó saludarse con su contrincante. Se dieron la mano fríamente.
-Shang.
-Fernando.
-Te deseo suerte.
-Igual.
Y esas fueron las breves palabras que intercambiaron antes de que el rey tomara la palabra para hablarle a la multitud.
-Nuestros dos participantes están aquí- Anunció y en respuesta la gente aplaudió y vitoreó –La competencia ya puede comenzar. La primera prueba consiste en un combate de kendo, una versión simplificada, en consideración a nuestro competidor forastero. Las reglas serán las siguientes: Ambos competidores usarán los trajes de combate de kendo y un sable de madera proporcionados por mí mismo, para que ninguno se halle en ventaja sobre el otro. El combate será a tres puntos y se ganará un punto cada vez que se golpee al oponente en las zonas permitidas, a saber: Cintura, cabeza, hombro y garganta; o cuando se saque al contrario del área- Esto último se refirió al amplio cuadrado delimitado en el suelo.
Aurora se quitó la capa y el chaleco y se metió en un traje negro con una rejilla que cubría el rostro. Menos mal que eso dificultaba verle la cara, porque su expresión de pánico era impagable. Tomó el sable de madera y cuando levantó la vista vio que Shang ya se encontraba en la zona de combate. Tragó en seco. Ya era hora, no había marcha atrás. Casi sin darse cuenta se metió en el cuadrilátero marcado con líneas blancas en el pasto. Aseguró su agarre alrededor del mango del sable, apretando para tratar de disimular su temblor.
La campana sonó, y le retumbó en cada rincón del cráneo. Y Shang se le abalanzó demasiado rápido. El golpe cayó sobre la sien, y a Aurora se le desacomodaron todas las fichas. Se encontró de súbito en el suelo, sin saber muy bien como había llegado ahí. El árbitro levantó una banderilla roja, indicando un punto anotado, y la multitud aplaudió. Shang se le acercó y le dio la mano para ayudarla a levantarse.
Increíble suena esto, pero en lugar de descolocarla, el golpe pareció colocarla adecuadamente a donde estaba.
Esto va en serio.
Se olvidó de la multitud y se concentro en Shang. En su oponente. Apretó el sable con seguridad, poniéndose a la defensiva. El otro tomó su posición y la campana sonó nuevamente. Esta vez el choque seco de los sables abrió la ronda. Shang hizo varios intentos de golpear a Aurora pero esta logró detenerlos a todos ellos. Sin embargo, ella no tenía ni siquiera oportunidad de intentar un golpe. No podía salir de la defensiva, y en cierto momento, Shang estuvo a punto de golpearle nuevamente la cabeza, pero Aurora alcanzó a detener el ataque y apartar el arma del contrario bruscamente de sí. Seguro de que no iba a fallar, esto tomó por sorpresa al muchacho, que perdió por unos instantes el control del sable.
Es ahora o nunca.
Aprovechando la oportunidad única, Aurora le dio con toda su fuerza un golpe a la altura del hombro y Shang retrocedió, soltando el sable. La banderilla roja le otorgó un punto. Sin darse cuenta, Mulan se puso de pie aplaudiendo eufóricamente, acto que duro solo el instante que le llevó darse cuenta lo que hacía, para adoptar otra vez, disimulando, una actitud tranquila. Pero esto no pasó desapercibido para Aurora, que la miró por el rabillo del ojo justo a tiempo de captar su reacción. La princesa sonrió.
La última ronda era la definitiva, quien anotaba este punto ganaba la prueba. Shang comenzó atacando con bravura. Esta vez, Aurora apenas si tenía tiempo de cubrirse. Los golpes le pasaban demasiado cerca. Retrocedió sin darse cuenta y un segundo se distrajo al notar la línea límite junto a sus talones que no tuvo tiempo de defenderse del nuevo ataque. Recibió un golpe certero en la garganta que le cortó la respiración. Cayó de rodillas, ahogada. Al verla caer, Mulan se tuvo que aferrar a los apoya brazos de su asiento para no salir corriendo a su lado. La ira y la desesperación subían y bajaban por su garganta como una nausea. Aurora tosió y con esfuerzo se puso de pie lo más rápido que pudo. A pesar de no estar del todo recompuesta, se decidió a aceptar su derrota de la manera más altiva. Shang se quitó la máscara y ella lo imitó. Con firmeza estrechó su mano y luego el rey estrechó la de ambos.
-¡El ganador!- Anunció levantando la mano de Shang en el aire. El rey pidió un aplauso para ambos participantes y luego anunció que el almuerzo estaba servido. Mientras el resto pasaba al comedor, "Fernando" se excusó diciendo que se hallaba muy cansado por el viaje y prefería descansar un poco a comer y entonces, uno de los sirvientes del castillo lo condujo a una habitación que le habían preparado. Agradeció la atención y cerró la puerta tras de sí. Apenas se aseguró de que la puerta estaba bien trabada, para evitar cualquier irrupción, se quitó el traje de combate, luego la ropa y finalmente la apretada faja que la envolvía. Suspiró largamente y entró al cuarto de baño. De pie frente al espejo se pasó la mano por el cuello. A la mitad de la garganta había una delgada línea roja que, a pesar del traje protector, era testimonio del golpe recibido.
Qué buena manera de empezar…
Se metió bajo la lluvia de la ducha con la autoestima por el suelo.
Cuando Mulan avistó a Emma a lo lejos, acercándose al castillo con unas pesadas valijas detrás suyo, salió directo a su encuentro. Emma, al ver que la guerrera se le acercaba como bala de cañón, intentó, sin éxito, escabullirse.
-¡¿A dónde vas?!- Mulan detuvo a la blonda por el hombro.
-¡No me mates!- Emma retrocedió cubriéndose la cara con una mano.
-Créeme lo haría se pudiera- Siseó amenazante la otra -¡¿Quién carajo fue el impulsor de esta nueva idea?!
-Aurora.
-Se volvió loca- Mulan se pasó la mano por el cabello, nerviosa -¿Por qué no la detuvieron?
-Ella quiere esto ¡Ella te quiere a ti!
-Esto no va a funcionar.
-No hay peor batalla que la que no se da. Tú deberías saberlo. Ahora dime a donde esta que traigo su valija- La repentina brusquedad de Emma tomó por sorpresa a su interlocutora.
-En una de las habitaciones de arriba. Un sirviente te guiará.
Emma siguió al muchacho que le indicó Mulan, y esta se quedó meditando en silencio las últimas palabras de la rubia.
-¿Quién es?- Impostando firmeza y tratando de esconder la sorpresa por causa del repentino golpe en la puerta.
-Soy Emma, le traje su equipaje Sir Fernando- Contestó Emma fingiendo por si acaso hubiera alguien que pudiese oírla.
-Adelante- Confirmó Aurora, aliviada de que por fin sus amigos estuvieran ahí.
Emma miró hacia todos lados antes de entrar, y luego abrió arrastrando las valijas dentro del cuarto.
-Gracias a Dios estás aquí- Murmuró la princesa, que todavía estaba envuelta en una toalla.
-¿Cómo estás? ¿Y la competencia? ¿Llegaste a tiempo?
-SI, llegué a tiempo…
-Pero…- Indagó Emma al notar la expresión desanimada de Aurora.
-Pero perdí la primera prueba. Kendo- Aurora le enseño la marca en el cuello.
-Rory… ¿Te dolió?- Pregunto Emma consternada.
Aurora bufó.
-Me dolió el orgullo.
La rubia le dio unas palmadas en la espalda.
-Esto recién empieza.
-¿Y eso es bueno o malo?- Aurora preguntó bromeando y ambas se rieron.
-Bueno, debería irme, Snow debe estarme buscando. Tengo que llevarle noticias tuyas porque está histérica- Comentó agobiada Emma y se despidió de Aurora.
-¿Vas a salir en algún momento?
-Tal vez para la cena- Aurora ladeó la cabeza –Al fin y al cabo tengo que comer.
-De acuerdo, descansa- Emma asintió y se fue en busca de su madre.
Cuando bajó al comedor, se encontró con un mar de gente ubicándose en eternas mesas. Los huéspedes parecían multiplicarse por minuto. Al mejor estilo 007, Aurora evitó a los conocidos más cercanos y llegó hasta los Charming.
-¡Por fin apareces!- Snow exclamó e inmediatamente un codazo de Emma en las costillas le recordó que debía regular su entusiasmo –Lo siento… ¿Cómo estás?
-Bien, si se puede decir.
-Si… Emma me contó lo del reto. Una lástima, pero no debes preocuparte.
-Lo sé, gracias Snow.
En ese momento los reyes interrumpieron lo que había sido una brevísima charla.
-¿Cómo se encuentra nuestro invitado?- Preguntó con cortesía característica la reina.
-Bien, perfecto. La habitación es muy cómoda, estoy muy a gusto- Aurora sonrió cortésmente.
-Te felicito por tu desempeño de hoy. Te defendiste muchachito- El rey le dio una pesada palmada en la espalda que hizo a Aurora perder el aliento por un segundo.
-Muchas gracias señor- Respondió recuperándose la princesa.
-¿Por qué no pasamos al comedor?- Fa Li hizo un ademán para invitar a los comensales a sentarse a la mesa y todos concordaron.
Recién cuando trajeron la comida, Aurora se dio cuenta de cuánto hambre realmente tenia. Era, después de todo, lo lógico, ya que no había probado bocado desde la mañana. El rey le hacía cada tanto una que otra pregunta trivial, que ella se limitaba a responder con monosílabos afirmativos o negativos.
Al acabar la cena, la princesa se las arregló para retirarse lo más rápido posible sin parecer descortés.
En su habitación, Aurora por fin descansó de toda la tensión del día. Fingir era estresante, reflexionó la muchachita.
Los estragos que provoca en uno el amor.
Bostezó antes de echarle llave a la puerta y, apenas su cabeza tocó la almohada, se quedó profundamente dormida.
Bueno che, esto de llegar a los diez capítulos marca como un hito para mí. Cuando se me ocurrió la idea del fic, esta fue la idea central, la de la competencia, y nunca creí que me iba llevar tanto llegar hasta acá, pero a medida que fui escribiendo me fueron surgiendo pequeñas ideas, pequeñas escenas para ir agregando, para darle más matices a la historia, y que fuera más prolija y verosímil, y me quedaron mas capítulos de los que creí. Al principio lo abandoné al fic, y después de mucho tiempo decidí retomarlo y ahora he logrado llevar dentro de todo un ritmo constante. Gracias por leer y por comentar, eso la alienta mucho a una a seguir y hacerlo cada vez mejor :)
¡Espero que hayan disfrutado leer así como yo disfruté escribir!
PD: Perdón por mi vergonzosa versión simplificada del kendo. Busqué en internet e hice lo mejor que pude :/
