Hola! Por fin volví! Tardé un poco más con este capítulo, lo sé, perdón a tods U.u mi inspiración me pedía vacaciones y amenazaba en no volver en un año si no la dejaba. Pero bueno, lo importante es que ya está terminado y publicado. Agradezco una vez más a LeoKingdom por su ayuda, sin ella este capítulo no hubiera sido posible ^^. Espero que os guste tanto como a mí me ha gustado escribirlo. Ahora, los reviews:
-Chillis: Sí, Berwald es extremista como él sólo. A mí también me dió pena separarlos, pero... era lo que tenía que hacer. Y no te puedo decir quién será el siguiente, pero ya te digo que no tendrá yaoi (quizá algunas pinceladas, no estoy segura).
-Angeal23: Gracias por tus ánimos ^^. Espero que este cap te guste igual :)
-ReddyS: There's no place like London~~ Nah, tranquila, no habrá tanto drama cuando Su se entere dónde está Fin. Francis aparecerá, pero no acosando precisamente... Y no eres una brja, me gusta que me digan las cosas en las que me equivoco ^^
-otaku-xan: Oye, pues estaría bien un fic donde los países estuvieran en una guardería... imagina las posibilidades (?) xD. Y si, Berwald es así, que le vamos a hacer.
-Lilith-Mekare: Lo siento, Su-san ya tiene dueño xD Y tranquila, volverán a juntarse... ya veras :)
-Ely Uchiha: Te ha gustado a pesar de todo? xDD Tranquila, Su volverá... a su estilo xD ya verás a qué me refiero ^^.
-Miku Shiii Chan: Lloraste? Me siento culpable U.U Sí, habrá más nórdicos ^^. Yo también me siento identificada con Nina, es tan... aunténtica.
-Kano Akira: Pero torpe que es Suecia. El DenNor vendrá... no sé cuándo, pero vendrá xD Y me siento honrada de que pienses tanto en mi fic xDD
-Ed-chan: No pasa nada, lee cuando puedas ^^. Sí, Peter se vendió por eBay, se ve en una de las tiras cómicas extra. El IvánYao realmente va a ser un caso complicado, sep. En fin, espero que disfrutes con la reconciliación ^^. Nos leemos!
-Megumi: El cerebro de Berwald y su interpretación del mundo es todo un misterio. ¿qué se puede esperar de un sueco? (?) Sí, Nina tendrá secretaría, pero para eso aún queda un poco. Y espero que te guste este cap. Nos leemos!
-Dreammurderer: Sí, Nina tendrá que pelear con un hombre que tiene un coco por cabeza para conseguir lo que quiere (?) xDD Me alegro de que te siga gustando. Disfruta del cap!
-Ireth Isildra: No, Nina siempre tiene que hacer algo extrordinario para que todo salga bien. A mí también me dió pena Tino, pero es que... no había otra manera...
-Deidi Jeevas: Etto... perdonada xDDD Me alegro de que te guste el caso, a mí me hizo sentirme cruel U.U y la parte de Su-san fue muy difícil, estuve a punto de odiar al personaje y todo. En serio. Y tranquila, el dibujo no corre prisa ^^
Y después de esto, que comience el capítulo! Disfruten!
Capítulo 9: Por la boca muere el pez (parte final)
-Bien, primera pregunta: ¿cómo hizo para encontrarme?
-F'cil: 'speré a qu' sali'ra de cons'lta y la s'guí a una d'stanc'a prud'ncial.
-Ya veo, muy caballeroso por su parte -comento con sarcasmo mientras me cruzo de brazos.
-S' qu' no 's una acci'n qu' mer'zca s'r disculp'da, p'ro enti'ndam'... d'bía... no, n'ces'taba 'ncontrar a mi 'sposa.
Bufo molesta. Entiendo sus motivos y en cierta medida esperaba él que hiciera algo así. Por lo que sé, tiende a ser brusco y tajante en las acciones que realiza y en las decisiones que toma. No obstante, desde mi punto de vista, eso no justifica el susto que me ha dado hace escasamente media hora, ni la situación incómoda que ello ha desencadenado.
"-En serio, Tino, no es necesario...
-Pero yo quiero hacerlo, señorita Nina. Quiero agradecerle todo lo que ha hecho por mí estos días, yo... no sé que habría sido de mí sin usted.
Suspiro y elevo mis ojos al techo. Es cierto que esta última semana ha sido agotadora. Durante los primeros días de la estancia de Tino en mi casa, las lágrimas y los gimoteos eran constantes, al igual que mis viajes a la cocina a las tantas de la noche para preparar chocolate caliente para dos personas y las charlas de horas sobre Berwald. Después el ánimo del finlandés empezó a mejorar: lloraba menos, sonreía de vez en cuando, charlábamos de temas más variados... pero de vez en cuando, lo descubría mirando al horizonte por la ventana, con cara de angustia y los ojos fijos, buscando algo... buscando a Suecia. A pesar de todo, insistió en compartir el peso de la casa entre los dos, lo que en el fondo agradezco aunque nunca lo vaya a admitir en voz alta, pues lo cierto es que limpia mucho mejor que yo. Aún así, me sigue haciendo sentir incomoda, y más cuando me paro a pensar en lo qué es él. Sin embargo, él no lo ve así.
-Hice lo que cualquier persona en mi lugar haría, no es para tanto.
-Para mí sí que lo es. Piense en ello como parte del trato, sólo eso. Quedamos en que yo cocinaría la mitad de las veces, ¿no?
-Sí, pero nunca hablamos de bizcochos de agradecimiento.
-El bizcocho es el postre, por lo que es parte del almuerzo. No le dé más vueltas a lo que no lo tiene -me responde Finlandia con un tono autoritario que me recuerda al que utilizaría una madre para reprender a su hijo. Este hecho hace que me sienta muy muy rara.
Suspiro, derrotada.
-Está bien, no me interpondré más en que haga el bizcocho. Lo único que no quiero es que trabaje más de lo necesario, ya sabe lo que pienso de eso.
-¿Se sentiría mejor si me ayudase a hacerlo?
Me paro a pensarlo un segundo. Esa es una buena idea.
-Creo que sí -contesto con una sonrisa que no tarda en imitar el rubio.
-De acuerdo entonces. Iré cogiendo los ingredientes.
-De acuerdo, yo... -en ese momento se escuchan golpes sordos al otro lado de la puerta principal-... iré a ver quién es.
El finlandés asiente con la cabeza, sonriente. Yo me dirijo a la puerta y abro para acto seguido quedarme de piedra. La persona que se encuentra en el descansillo es aquella que yo deseaba con toda mi alma que apareciera, pero en ningún momento deseé que apareciera en aquel lugar ni tan repentinamente.
-Berwald… qué… sorpresa…
Él me mira con su característica cara inexpresiva.
-V'ngo a v'r a mi 'sposa.
-¿Y por qué viene a mi casa?
-S' p'rfectam'nte qu' 'stá aqu', no pu'de 'star 'n otro sitio.
-¿Qué le hace pensar eso? –pregunto mientras cierro ligeramente la puerta. Tengo que encontrar la manera de distraerlo para que no intente entrar en la casa por la fuerza. No sé si será capaz de hacerlo, pero desde luego es lo bastante fuerte como para quitarme del medio y echar la puerta debajo de una patada.
-No 'stá con los otr's n'rdicos ni 'stá con los báltic's. P'nsé qu' podr'a 'star con Inglat'rra porqu' 's el h'rmano d' nu'stro hijo, p'ro tamp'co. Y c'mo la últ'ma opción 'ra ust'd, ti'ne qu' 'star aquí.
Voy a responderle que eso no es así exactamente, cuando se escucha de fondo la voz de Tino diciendo:
-Señorita Nina, ¿quién es?
Berwald me mira como diciendo "¿ve que tenía razón?, mientras yo me siento entre la espada y la pared, o mejor dicho, entre el sueco y la puerta. Busco rápidamente una excusa.
-¡Nadie, sólo un vendedor de enciclopedias! –grito para que me oiga, y luego me dirijo al sueco-. En mi casapuerta en diez minutos.
-P'ro yo qui'ro v'r a mi 'sposa.
-No es el mejor momento, Berwald, él aún no está preparado. Por favor, hágame caso por una vez –le pido.
Me mira algo sorprendido. Sé que he sido algo dura, pero es que no me quiero arriesgar a que otra vez pase lo que no debe pasar. Finalmente asiente con la cabeza y se marcha. Suspiro aliviada y vuelvo a entrar en la casa. Ahora tengo que buscar una excusa para irme en diez minutos sin que levante sospechas…
-Señorita Nina –me dice Tino desde la puerta de la cocina-, ¿le importaría ir un momentito a comprar fresas?
Bueno, parece que no va a hacer falta ninguna excusa."
-Sé que intentaba encontrar a Tino, pero esa no es razón para presentarse de repente en mi casa, más teniendo en cuenta el susto que me ha dado y la situación incómoda que ha desencadenado -le rebato, con el ceño ligeramente fruncido. Ahora estamos en una cafetería cercana a mí casa que suelo frecuentar cada vez que necesito relajarme, como en este momento. Además, aquí se pueden mantener charlas privadas sin tener molestias de ningún tipo, y tienes unos cafés espumosos deliciosos-. Soy consciente de que le echa de menos y quiere verle, pero ahora mismo es un mal momento. Berwald, usted debe comprender ciertas cosas antes de reencontrarse con su esposa. ¿Está dispuesto a escuchar mi opinión acerca de este asunto y luego actuar según mis indicaciones?
Veo que Suecia está dudando, dividido entre dos opiniones. Si bien no puedo adivinar lo que está pensando exactamente, podría asegurar que por un lado, acepta lo que le acabo de decir y está dispuesto a hacerme caso, pero por el otro, echa demasiado de menos a Finlandia y quiere encontrarse con él cuanto antes, cueste lo que cueste. Son unos minutos bastante tensos, y por si acaso, pienso en lo que haré si decide pasar de mí e ir a verlo de todas maneras.
-De acu´rdo, h´ré lo que ust´d me ha d´cho -responde, dejándome gratamente sorprendida, pues ya me temía lo peor. Suspiro, notablemente aliviada, y bebo un poco de mi café moka.
-Me alegra que haya elegido esa opción, Berwald -le digo, con un tono de voz más suave-. Ahora, escúcheme bien, por favor se lo pido. Sé que usted se tomó de manera equivocada lo que yo le dije la primera vez que nos vimos, y creyendo hacerle un bien a Tino, se fue de casa. También sé que sus intenciones eran buenas, pero permítame decirle que eso fue lo peor que pudo haber hecho. Su esposa ha estado durante este tiempo en mi apartamento, durante los primeros días no he podido hacer nada por él, le oía llorar a todas horas, y me decía a veces que no podía vivir sin su marido, es decir, usted. Por suerte, a los pocos días pude tranquilizarle un poco, y ahora está mucho mejor que cuando llegó, pero aún así sigue triste y se sigue echando la culpa de lo que pasó. ¿Es consciente del daño que le ha hecho a Finlandia marchándose de casa?
Sé que al decirle esto puede parecer que le estoy echando la bronca o acusándole, pero nada más lejos de mi intención. Sólo quiero que comprenda las consecuencias de su improvisado y equivocado acto. Aunque según la expresión del sueco, parece que él ha creído que yo estaba verdaderamente acusándole, pues sus ojos reflejan que está invadido por el arrepentimiento y la culpabilidad. Al notar mi mirada, baja la cabeza y fija la vista en el tapizado de la silla.
—Lo soy -admite al cabo de un rato, y yo asiento con la cabeza-. P´r eso qui´ro v´rle otra v´z y d´c´rle que lo si´nto y que me dé ´tra op´rt´nid´d. ¿P´r qué no me d´ja v´rlo?
Suspiro. Parece que, por muchas veces que se lo diga, seguirá insistiendo en lo mismo.
-Berwald, ya le he explicado por qué no puede ver a Finlandia ahora. ¿Tan difícil le es entender que quiero que espere un poco? -no soy una persona que se enfade con facilidad, el tener autocontrol es algo vital en mi profesión. Suecia no responde, y yo entiendo cómo se puede estar sintiendo. Pero esto es necesario, y yo no lo haría si no fuera así-. Conteste con sinceridad -le pido-. ¿Usted cree que se merece ver a Tino ahora?
Niega con la cabeza sin decir nada, con pesadumbre. Antes de que yo pueda continuar hablando, la levanta y me dice:
-No, no lo creo. P´ro...s´lo qui´ro que me d´je hac´rlo. Sé que l´gr´ré arr´gl´rlo si le p´do p´rd´n.
Cierro los ojos y ahogo un suspiro de impaciencia. Juro que jamás me he sentido más incomprendida e ignorada.
-Suecia, ¿me está escuchando? Porque yo me siento como si hablara con una pared. Vuelvo a repetirle que antes de ver a su esposa de nuevo, debe comprender dos cosas: una, que no debió irse de casa; dos, que no ha sabido ser un buen marido y no darse cuenta de qué quería Tino, y además, tiene que entender por qué no estuvo bien. Tenga en cuenta que ha pasado una semana viviendo la vida que él siempre deseó a su lado, o casi: compartiendo las tareas del hogar, teniendo conversaciones hasta las tantas de la noche sobre cualquier tema, saliendo a pasear... no creo que después de eso quiera volver a la situación anterior. Dígame, Berwald, y dígamelo con el corazón –el nórdico me mira expectante, y yo tomo aire, como si lo siguiente que fuera a decir cambiara las tornas de todo, cosa que en cierta manera es lo que va a pasar-. ¿Está dispuesto a cambiar su conducta y prestarle más atención a Finlandia, con todo lo que eso conlleva? -mi tono no es duro, aunque sí serio.
-Sí -responde apenas un segundo después con seguridad y aplomo. En sus ojos veo que no está mintiendo. Tiene en ellos un brillo especial.
-¿Está dispuesto a no actuar tan a la ligera, como ha hecho esta vez al irse de su hogar? –insisto, solo para asegurarme.
-Est´y d´spu´sto -asiente. Me doy por satisfecha y decido levantar un poco la mano para pedir la cuenta, ya que nada más tengo que hacer allí. Una sonriente camarera de ojos azules y cabellos oscuros me cobra y nos desea un buen día de manera alguna efusiva y extraña (sus palabras exáctas son "¡Pásenlo bien, y que nos les piquen las chinches!") antes de que nos vayamos. Me levanto de la silla.
-De acuerdo. Le dejaré ver a Tino. Venga conmigo, por favor -le indico, saliendo del local. Berwald se pega a mí y se sube al Mercedes en el asiento del copiloto. No dice una sola palabra en todo el trayecto, ni tampoco cuando llegamos a mi edificio ni cuando subimos a mi piso por el ascensor. No obstante, para mí no es difícil inferir como se siente, pues, aunque a simple vista apenas es perceptible, durante todo este rato ha estado temblando de expectación y… miedo. Le pongo una mano en el hombro para tranquilizarlo cuando llegamos a mi puerta.
-Entraré yo primero -le dejo bien claro antes de entrar en mi piso-. Usted espere aquí hasta que me oiga llamarle, y entonces, entre.
Suecia asiente, yo abro la puerta y entro, sin cerrar del todo.
-¿Finlandia? -lo llamo, extrañada de que no esté en la cocina y esperando que esté en casa. Casi me alegro de oírle responder desde la terraza. Voy hasta allí y le veo tendiendo la ropa en las cuerdas.
-Hola, señorita Nina -me sonríe dulcemente-. Siento haberla mandado a comprar fresas, al final no han hecho falta. El bizcocho está en el horno, pronto estará listo.
-No tiene importancia, yo tampoco encontré las fresas –explicó alzándome de hombros, lo que hace que él se ría ligeramente.
-Ya que se había ido, decidí aprovechar para tender la ropa. ¿Qué quiere que prepare para comer?
Me siento tentada a regañarle, pero sería inútil. Tino es el doble de cabezota de su marido, que ya es decir.
-No creo que haga falta que cocine nada, Tino. Enseguida sabrá por qué. Acompáñeme, por favor -le agarro de una mano y le llevo hasta el salón, desde donde por suerte, no se puede ver la puerta, así Finlandia no verá a Berwald hasta que yo le diga que pase.
-Señorita Nina, ¿qué pasa? -me pregunta el finlandés, confuso.
-En seguida lo verá. Hay alguien que quiere verle.
-¿A mí? -pregunta sorprendido y confundido a partes iguales.
-Sí, a usted, y es muy importante que hable con él, ¿entiende? Muy muy importante.
Mi tono de voz parece asustar un poco al rubio, y además lo hace sospechar.
-Señorita Nina, ¿quién quiere verme? -inquiere con un tono de voz que indica claramente que sabe quién es.
-Prefiero que lo vea usted mismo a tener que decírselo. ¡Ya puede pasar! -exclamo mirando hacia la puerta, y Tino al instante mira hacia allí como impulsado por un muelle. Me aparto y retrocedo hacia el recibidor, justo cuando entra Suecia. Nada más verlo, noto que Finlandia se asusta y se encoge un poco en sí mismo, a pesar de que ya intuía que se trataba de él. Con la mirada le intentó decir que no tenga miedo, que nada va a pasarle, que esté tranquilo, que todo va a ir bien. Mientras, Berwald ha entrado en el salón y se ha quedado en medio de todo, mirando fijamente a Tino. Llegados a este punto, llego a la conclusión de que a partir de este momento sobro.
-Les voy a dejar solos –anuncio-. Berwald, recuerde lo que le he dicho –añado con mucha seriedad y mirándolo fijamente. Como respuesta, él se limita a asentir con la cabeza.
Salgo al pasillo y dejo la puerta entreabierta, para poder oír lo que hablen. No es que yo sea una cotilla, pero tengo muchas ganas de saber si esto termina bien, ya que al fin y al cabo es mi trabajo. Además, si las cosas se ponen feas podré entrar rápidamente para enderezarlas. Al primero que oigo es a Berwald:
-T´no, qui´ro...qui´ro h´bl´r c´nt´go. N´c´sito h´c´rlo -habla en tono suplicante. Para mis adentros le deseo suerte, toda la suerte del mundo, pues sé que la va a necesitar.
-Su... -la suave voz de Tino suena quebrada y ahogada, como si estuviera a punto de llorar, lo cual comprendo perfectamente-. D-dime...
Durante unos minutos no oigo nada, y casi me siento impulsada a entrar y decirles que continúen, incluso obligarles si se diera el caso. La curiosidad me invade, la tensión me está volviendo loca y mi único deseo este caso termine de una vez por todas y con final feliz a ser posible.
-F´nl´ndia...lo si´nto -dice Suecia por fin-. Si´nto h´b´rme ido de c´sa, si´nto h´ber p´s´do de ti c´mo lo he h´cho y no h´b´rte pr´st´do la at´nci´n que m´r´cías. P´r f´vor, d´me otra op´rtun´dad. S' qu' puedo arr'glarlo, ahora s' 'n qu' he fall'do y estoy dispu'sto a cambi'r… si t' m' das 'sa op'rtunidad.
Nuevo silencio, el cual es roto por la voz de Tino.
-Su... -oigo sollozos, parece que se ha emocionado y está llorando-. Su-san, yo...m-me quedé solo, Peter estaba con su hermano y al irte tú, no te puedes imaginar cómo me sentí, yo...
Lo siguiente que oigo es una especie de roce de ropa. Creo que no me equivoco al suponer que Suecia, impulsivo como sólo él es, lo ha abrazado.
-S-Su, ¿qué haces? -Finlandia habla en un susurro y casi no oigo lo que dice, pero me siento algo violenta al pensar en lo que puede estar pasando dentro, y me alejo un poco instintivamente.
-Te amo, T´no. Si´mpre te he am´do y no qui´ro que ´st´mos s´p´rad´s. Te pr´meto que no v´lv´rá a p´sar lo que ha p´s´do. Conf'a 'n mí, p'r fav'r.
-Su...Berwald... -Tino estalla en sollozos ahogados. La curiosidad puede conmigo (pese a que nunca he sido especialmente curiosa, o al menos en este sentido), así que entro en casa de puntillas, intentando no hacer ruido. Asomo la cabeza al salón y lo que veo me hace sonreír y ruborizarme a la vez. Berwald está abrazando al finlandés, mientras éste llora en su hombro, desahogándose de todo. El sueco le acaricia la espalda y de vez en cuando, le da un beso en la mejilla.
-Ya, F´nl´ndia, ya. No ll´res -habla con una voz cálida y llena de cariño, a pesar de que es difícil captar ese tono en esa voz monótona.
-Su… -el susodicho mira a los ojos a su marido y sonríe entre las lágrimas-. Te amo –susurra con una voz cargada de emoción, y ambos países chocan frentes con una sonrisa de autentica felicidad.
-Ejem, ejem -carraspeo para llamar su atención. Casi me siento una criminal arruinando esta escena tan bonita, pero prefiero que los arrumacos se los hagan ya en su propia casa, y no en la mía. Tino y Berwald se separan rápidamente y me miran, algo avergonzados y cogidos de la mano. Lo cierto es que mejor pareja que ésta es difícil de encontrar, o al menos, a mí así me lo parece. Casi estoy celosa de ellos dos. Sonrío.
-Me alegro de que hayan podido reconciliarse por fin, Suecia, Finlandia -los miro a ambos alternativamente-. Y les deseo que sean felices. Pero los dos deben recordar lo que les he dicho, ¿de acuerdo? Un matrimonio son dos personas, pase lo que pase. Procuren no olvidarlo, por favor.
Ambos asienten, y sé que verdaderamente lo van a hacer, me lo dice mi intuición, que no suele fallar. Ya puedo dar por terminado este caso con la calificación de éxito total.
-Le estaremos eternamente agradecidos, señorita Nina -me dice Finlandia, feliz por fin-. Pídanos lo que quiera, y se lo daremos.
-Así 's -Suecia, a su lado, asiente, confirmando. A mí se me escapa otro suspiro. Al parecer, los países no entienden, y nunca van a entender, que no quiero que me regalen nada y lo paso mal cuando insisten en hacerlo.
-No se preocupen por eso, no quiero nada. En serio -intento convencerles durante cerca de cinco minutos, pero Finlandia acaba poniéndose demasiado insistente, y simplemente le digo que haga lo que quiera.
-Muy bien -me sonríe, y se acerca a darme un abrazo de despedida-. Gracias de nuevo por todo, y esperamos verla en otra ocasión, señorita Nina.
-Igualmente –le respondo devolviéndole el abrazo-. Ha sido un auténtico placer conocerles a los dos.
Tino se separa y, tras recoger sus cosas, corre a reunirse con su marido, que ya lo espera en la entrada de la casa. Se despiden de mí una última vez con la mano y se marcha, tras lo cual yo cierro la puerta. Me siento muy satisfecha, incluso más que en los dos primeros casos, ya que he podido evitar que un matrimonio se separara, y volver a juntarles. El amor es una de las cosas en las que creo por encima de todo, y sé que esas dos personas se aman por encima de todo. No sé qué habría sido de mí si esto no hubiera salido bien. De hecho, no recuerdo haberme implicado tanto en un caso como en este. Me pregunto si es correcto. Un psicólogo debe mantener una barrera entre sus pacientes y él, porque si toma el problema como personal, puede empezar a presentar él mismo una patología y se puede liar de una manera bestial…
Mis pensamientos son interrumpidos por un agradable olor: el de un bizcocho recién hecho. "El horno", pienso de inmediato, y corro a apagarlo antes de que se queme. Saco el bizcocho y enseguida se me hace la boca agua. Tiene una pinta estupenda, y encima tiene arándanos. Suspiro. Acabo de descubrir que la reconciliación de Tino y Berwald tiene una parte mala: me he quedado sin mi pastelero particular. Bueno, no siempre llueve a gusto de todos. Además, siempre puedo pedirle la receta, ¿no?
Y se acabó el caso! Y bien? Qué les pareció cómo acabó? Estuvo al nivel de sus expectativas? Tanto si la respuesta es afirmativa como negativa, agradaceré que me lo hagais saber vía reviews. Sus reviews son el alimento de mi inspiración! (?)
Bueno, en el siguiente caso, el paciente será alguién con una gran corazón. Quereis saber de quién se trata? Y qué problema va a tener? Pues no os perdais el próximo capítulo! Nos leemos!
