-Eres increíble…-comentó- ¿Cómo es posible que fueras virgen? –Ishizu no sabía que contestar, no se atrevía a mirarlo a los ojos.

Pero entonces Seto cayó en la cuenta, ¡su amante! Esa era la razón por la que su matrimonio no se había consumado, probablemente había empezado esa relación antes de casarse y había sido tan idiota, que no había querido terminarla aun sabiendo que se casaría, Ishizu debería haberlo descubierto al casarse y se habría negado a tener sexo con él mientras tuviera un amante.

-¡Me muero por ducharme!- exclamó Ishizu saliendo de la cama de un salto y entrando al baño cerró la puerta. Esperaba sosegarse antes de tener que ver a Seto nuevamente y tener que responder a su pregunta, no quería saber que era lo siguiente que pasaría al enterarse de la verdad. Así que abrió la llave de la ducha y se dispuso a bañarse, cuando de pronto escuchó la puerta abrirse y ver entrar a Seto tras ella, al parecer no podría librarse de ese asunto aún.

Seto observó como Ishizu salió disparada de la cama hacia el baño, al parecer evitando hablar de la desagradable verdad que ella quería ocultarle para no atormentarlo, el hecho de que viera más por su bienestar que por ella misma hizo sentir a Seto más culpable y se dijo que de ese momento en adelante, haría a su mujer completamente feliz.

De manera que salió de la cama y siguió a su esposa al baño, si ella quería ducharse ¿por qué no acompañarla?

-No necesitas huir todo el tiempo por miedo a no lastimarme- le dijo Seto

-¿No lastimarte? No tengo idea de que estás hablando

-Claro que lo sabes, hablo del porque nunca consumamos nuestro matrimonio- le dijo acercándose a ella- ¡se la verdad de nuestro matrimonio!

Ishizu se heló en su sitio, es que acaso Seto había recordado más cosas aún, es que acaso su memoria había vuelto, ¿tan rápido había terminado su tiempo con Seto? En definitiva era verdad que las cosas buenas no duraban para siempre.

CAPITULO 10.

Después de la sorpresa inicial, Ishizu decidió que era mejor escuchar lo que Seto tendría que decirle al respecto de su situación

-Mira, la verdad sé que este tema al parecer está vedado entre nosotros, y me parece que está bien ahora, porque planeo hacer de nuestro matrimonio algo mejor….

Ishizu no entendía del todo lo que Seto le estaba diciendo, pero real mente no le importó en lo absoluto, porque en ese momento Seto comenzó un camino de besos por su cuello.

- pero quieres decirme por qué seguías siendo virgen- le espetó deteniendo sus besos

-Realmente no pienso decírtelo, y menos si acabas de decir que el pasado ya no importa- contestó Ishizu sentándose y tapándose con las sábanas.

-Tarde o temprano me lo dirás- insistió

Ishizu lo miró exasperada y le habló en japonés

-¡De eso nada! Cuando recuperes la memoria, te darás cuenta de que mi falta de experiencia no es ningún misterio.

-¿De verdad?

-¡Además te va a dar igual!- le aseguró Ishizu

-Está bien, pero me gustaría saber porque me casé contigo- argumentó Seto, a lo que Ishizu se quedó de piedra.

-Te casaste conmigo por las mismas razones por las que se casa cualquier hombre con una mujer- murmuró Ishizu

-¿Me estás diciendo que me enamoré de ti?

-Yo no he dicho… Bueno, sí, te enamoraste de mí- añadió, decidiendo que era mejor darle la razón y dejar el tema.

Seto dio un paso hacia ella -¿Quería un cuento con final feliz?

-¿Por qué no?- se defendió Ishizu

-Por nada- contestó Seto tomándola en sus brazos- si me enamoré de ti, seguro que fue por ducharte conmigo- bromeó

-¿Me estas retando?- contestó Ishizu con una sonrisa.


Mientras paseaban por la ciudad, entre flores de hermosos colores, Ishizu le pidió a Seto que le contara sobre su infancia en el castillo de su familia, un hogar que era obvio que adoraba.

Mientras escuchaba sus maravillosos recuerdos, Ishizu intentó no pensar en las mentiras que le había contado, pues Seto había parado de hacer preguntas y ya no parecía preocupado por su relación.

El doctor le había dicho que no debía decirle nada que pudiera preocuparlo, así que había dicho lo correcto ¿no? Pero se dijo, que por un par de mentirijillas no pasaba nada.

-Entonces entremos a este lugar, tengo algo para ti- le dijo Seto ayudándola a entrar a la tienda

-¿Qué es lo que planeas?

-Ya lo verás pronto- le dijo- siento no poder ver tu cara cuando lo veas, pero tengo algo importante que hacer, así que te veré en casa ¿está bien?

-Pero yo pensé…-dijo decepcionada Ishizu, que decidió no tenía por qué entristecer por algo que pasaría tarde o temprano- Esta bien lo entiendo, vete

-Realmente no creo que lo entiendas ahora, pero te gustará después, tengo una sorpresa para ti- agregó besando su mano y se marchó dejando a una Ishizu llena de preguntas

De pronto se le acercó una dependienta y la encaminó a un vestidor del que colgaba un hermoso vestido de cuello halter y chaqueta estilo bolero, era maravilloso, tal vez era una pista de que, quizá había preparado una fiesta sorpresa. Le recorrió un escalo frió al pensar en saludar a sus amigos y conocidos que le darían a Seto el empujón final para que recuperará su memoria y ella volviera de nuevo a su vida diaria, una vida sin él.

Una vez vestida con el vestido de seda blanca, que se dijo tenía cierto parecido a un vestido de novia, Ishizu subió a la limosina que Seto había enviado para recogerla, había unas cuantas revistas y comenzó a hojearlas sin mucho interés.

Finalmente la limosina llegó a casa, salió del coche y piso la alfombra roja que conducía hacia la entrada principal de la casa. Por un instante se sintió mareada por lo que podría esperarle, pero sintió venir una ola de impaciencia por aquello que Seto habría preparado para ella.

Entró lentamente y sonrió al ver que el fuego estaba encendido en la chimenea del gran recibidor, había un hermoso arreglo floral sobre la mesa y un par de confortables sillas antiguas alrededor de esta.

-¿Qué te pareció el vestido?- preguntó Seto

Ishizu se giró, notando como la seda de su vestido le rozaba las piernas y vio a Seto entre las sombras de la pared. La luz que traspasaba las vidrieras le iluminaba el pelo y los perfectos rasgos de su rostro; Ishizu se quedó sin aliento y tartamudeó.

-Yo… yo…

-En verdad estas fantástica con ese vestido- la interrumpió Seto, recorriéndola con sus ojos de la cabeza a los pies- tienes un cuerpo para morirse- le informó, deslizando sus manos por el pecho asta sostenerle con ellas los senos de una forma tan sensual que consiguió escandalizarla- lo adoro.

-¿En serio…?- preguntó Ishizu como si estuviera hipnotizada mientras las firmes manos de Seto se desplazaban por su vientre antes d bajar rozando por el costado de sus caderas.

-¿No te has dado cuenta tu sola?- Seto empujó a Ishizu hacia atrás para que pudiera notar en su espalda la rigidez de su entrepierna; haciendo que sus mejillas se llenaron de color al tiempo que la inundó una tremenda satisfacción femenina.

-Si digo que eres atractiva… es que eres atractiva- dijo Seto dejando que sus labios recorrieran el cuello de su esposa- Pero ahora tenemos algo más importante que hacer. En la habitación de al lado está esperando un sacerdote para bendecir nuestro matrimonio.

Sorprendida por el vaporoso interludio que acababa de tener lugar y con las piernas temblorosas, Ishizu se sintió más desconcertada –Perdón, ¿que acabas de decir?

-Dijiste que lo nuestro no era un matrimonio normal, así que pensé, que esta vez debía mostrarte que hablo enserio respecto a iniciar una nueva etapa de nuestro matrimonio.

Ishizu seguía sorprendida, no sabía que decir o pensar, así que sello sus labios para no decir nada que pudiera estropear el momento.

-Esta es mi manera de demostrarte que quiero comprometerme a hacer que nuestro matrimonio funcione- dijo Seto mientras la condujo a la habitación de al lado, donde el padre Vasos les saludó con gran amabilidad, lo que hizo que algo tocara dentro de Ishizu ¿Cómo podía recibir una bendición, si ella estaba creando una mentira a través de la amnesia de Seto? ¿Estaría bien dejar que él se esforzara tanto por hacerla sentir especial, mientras ella era una mentirosa?

Cuando Seto introdujo un anillo de bodas en el dedo de Ishizu, sintió un hormigueo de emoción en la garganta, y al acabar la ceremonia Ishizu ya no sabía que pensar o hacer respecto a Seto.

Seto la condujo a otra habitación donde se había dispuesto otra mesa con mantel de lino y cubertería de plata

-¿Solo para nosotros dos?- preguntó Ishizu

-Tres es multitud y te quiero solo para mí.

-¿Y quién cocina?

-Hice que un chef de parís volase hacia acá. Esta vez quiero que todo salga perfecto, amor mío- le dijo sin dudar un momento- Te mereces lo mejor.

Las velas fueron encendidas por unos sirvientes tan discretos y silenciosos como las sombras. La comida estaba deliciosa, Ishizu probó un poco de todo, mientras escuchaba la melodiosa voz de Seto, reconociendo que la compañía era inmejorable.

-Es preciosa- dijo Ishizu mirando su alianza de platino, con gratitud- todo lo es. No sé qué decir… no me esperaba todo esto.

Una alianza, una nueva y más emotiva ceremonia, aquellos detalles le habían llegado al corazón porque Seto quería que llevara algo que significaba que estaban casados, que su matrimonio tomaba un nuevo rumbo.

-No te voy a fallar, amor- prometió Seto mirándola a los ojos- quiero que nuestro matrimonio vaya bien.

Aquello hizo que el velo de fantasía en el que Ishizu estaba viviendo se cayera. Llevaba días sin pensar en el futuro, disfrutando del presente, del tiempo que pasaba con Seto.

Levantándose de un salto, Seto le tendió la mano, ella le dio la suya sin siquiera pensar en ello.

-Bailemos- dijo Seto

-¿Cómo vamos a bailar?- se rió Ishizu

Y entonces empezó a escuchar la música, miró a Seto que tenía una jovial mirada y le preguntó sorprendida:

-¿Hay músicos allá arriba?

-Están tocando para nosotros- abrazándola, Seto la hizo girar sin dejar que tomase aire. A Ishizu le encantó la forma que tenía Seto de hacerla bailar al ritmo de la música; se sentía como si sus pies no tocaran el suelo – Ojala nuestra boda hubiese sido así.

-Esa era mi intención. Hacer de nuevo las cosas, tener un nuevo inicio- afirmó seto inclinando su rostro para besarla, haciendo estremecer a Ishizu.

-El beso no estaba previsto en mis planes. Quiero que todo salga perfecto- le confió Seto- todavía tenemos que cortar la tarta, beber el champán…

Ishizu le agarró de las solapas del traje, se puso de puntillas y le susurro febrilmente:

-Podríamos llevarnos la tarta y el champán a la cama…

Estupefacto seto se puso repentinamente tenso y la miro con ojos de incredulidad

-Ishizu Kaiba… ¿Qué te ha dado?

Ishizu acerco su cabeza a la pechera de la chaqueta de Seto y se dejo embriagar por el olor de su marido, estaba llena de deseo.

-No lo sé- le confesó- pero si lo que quieres es perfección, quizá sea un error seguir con tus planes…

Seto estalló en carcajadas y, sin decir palabra, la condujo al dormitorio. Sosteniéndola en sus brazos.

Mientras desayunaban en una preciosa terraza llena de flores de vivos colores, Ishizu le preguntó a Seto sobre la historia del castillo.

-Te tengo una sorpresa- le dijo seto al terminar de desayunar

-¿Qué sorpresa?

-Se me ocurrió que ya era hora de poner solución al asunto de tu vestuario- contestó abriendo la puerta de un salón.

Seto había invitado a varios diseñadores de ropa para que acudieran al castillo con una selección de sus colecciones. Ishizu se encontró rodeada de modistas que le tomaban medidas. Estaba aterrada ¿Cómo iba a permitir que Seto se gastara una fortuna en comprarle ropa?

Minutos después, la pusieron de nuevo ante su marido, vestida con traje de falda y chaqueta a la última moda. Seto la miró atentamente, el color aguamarina y las prendas, realzaban su figura.

-Impresionante- le dijo al oído

Por primera vez en su vida Ishizu se sintió el centro de atención, al ver que Seto la miraba con aprobación, dejó a un lado sus inseguridades; estaba muy orgullosa de sí misma y se olvidó de aquellos malos recuerdos. En ese momento comenzó a probarse varios modelos encantada, así como bolsas y zapatos a juego.

En pocas horas tenía más ropa de la que había tenido jamás. Se dio cuenta de que no iba a tener mucho tiempo para estrenar lo que Seto le había comprado, pero se dijo, que cuando se hubiera ido, Seto podría devolverlas.

-me parece que me estoy pasando- dijo de repente

-Eres mi esposa y quiero que tengas todo lo que te guste- con testó Seto

Ishizu sintió que algo se le retorcía en el corazón e hizo una mueca

-Eres demasiado generoso- dijo con un nudo en la garganta

-Pero tú sabes cómo darme las gracias ¿verdad?- sonrió seto con malicia y sensualidad

Ishizu sintió que el corazón le latía aceleradamente, Seto era tan guapo que la hacía estremecerse.

-Si no lo sabes, ya te daré yo una pista, amor mío- añadió.

Ishizu estaba sorprendida ante la intensidad de su reacción física, Seto se le acercó y la abrazó, al sentir su erección Ishizu se sonrojo, y deseo sentirlo dentro de ella inmediatamente.

-Estas preciosa con esa ropa, pero me gustaría que te la quitaras- le dijo Seto.

Ishizu se apartó de él e hizo algo que la sorprendió, se quitó la blusa, se bajo la cremallera de la falda y dejó que callera al suelo.

-Me parece que me casé contigo, porque no dejas de sorprenderme- comentó Seto abrazándola con fuerza y besándola con pasión.

Horas más tarde Seto la invitó a salir e Ishizu estaba ensimismada en todo lo que sentía en aquellos momentos compartidos con Seto, y es que algo no había dejado de rondar en su mente con insistencia, ¡estaba completamente enamorada de Seto!

Incomoda ante su sinceridad por mejorar su matrimonio y herida por lo que sabía que no podía tener, Ishizu desvió la mirada y miró a su alrededor.

Hacía un maravilloso día y el paisaje era espectacular, estaban sentados en una terraza de piedra de un exclusivo restaurante situado en el lago de Lucerna; el cielo estaba despejado y la pintoresca ciudad estaba a sus pies

-Ishizu…

En ese momento un hombre de cabello negro y fuerte se acercó a ellos.

-¿Seto?- le dijo con alegría

Seto sonrió y se puso inmediatamente de pie para saludarlo, Ishizu lo reconoció en ese momento, era su abogado Duck Deblin, uno de los testigos de su boda. El pánico se apoderó de ella y el intenso escrutinio que le hacía la paralizó.

Aquel hombre sabía que no era una esposa de verdad, que se había casado con Seto a cambio de dinero, que había servido para cambiar su vida y la de su hermano; pero al fin y al cabo eso no lo sabía nadie.

¡Debía estar atónito de verlos juntos! ¡Este era el fin de su fantasía con Seto!