Hola a todos. He tenido varios días de mucha tarea, pero ya estoy aquí de nuevo!
Muchas gracias por los comentarios, ya sé que os ha sorprendido mucho que Yuko sea hermana de L, pero me pareció muy divertida la idea de escribir algo así, jiji. Además no podía dejar a Mello sin aparecer en el fanfic (ni a cierto pelirrojo jaja)
Bueno, os dejo con el siguiente...
Los detectives vieron desplazarse la señal del dispositivo que llevaban los policías que estaban explorando aquel túnel hasta ahora desconocido para ellos.
-Esto comunica con el alcantarillado – escucharon la voz de Aizawa a través de la radio.
Entonces con la ayuda de un plano de la red de alcantarillas, los chicos guiaron a los policías hasta la salida a la calle más cercana, ya que era la vía de escape más lógica que podría haber seguido el criminal.
-¿Qué es eso? – preguntó Mogi entonces.
Habían divisado a un hombre atado de pies y manos que encima coincidía con la descripción que tenían de Johnny.
-Yo soy quien estáis buscando. ¡Me entrego a cambio de protección contra ese monstruo! – se oía al hombre exclamar a través de la radio.
-Tranquilícese… Si se refiere a Kira… – empezó a decir Aizawa.
-¡No hablo de Kira! – exclamó el hombre – Hablo de la chica que me ha causado todos los moratones y me ha dejado aquí atado – añadió con algo de miedo
Misa suspiró. ¿Cuándo dejarían tranquilo a Light? Total, ya estaba muerto…
L se quedó mirándola y se dio cuenta de que ella tenía una expresión bastante triste.
-No te preocupes – le dijo el moreno a la chica para tratar de animarla un poco.
-¿Creéis que conseguiré superarlo? – les preguntó ella a los chicos – Yo no estoy muy segura…
L siguió observándola. Desde luego, más animada que cuando se la encontró en el puente sí que estaba. Además ella siempre había sido muy alegre, así que se imaginó que la chica no tardaría demasiado en recuperarse.
-Seguro que lo superarás – dijo el moreno entonces, centrando su mirada en la pantalla del ordenador que tenía delante – Aún está muy reciente, pero con algo de tiempo es posible.
-Sí, incluso podrías volver a enamorarte – añadió Near mirando de reojo a sus dos acompañantes. Cada vez estaba más convencido de que hacían buena pareja.
-¿Qué? – preguntó Misa sorprendida – Oh, no creo que eso pueda suceder – murmuró triste – No creo que pueda amar a nadie más aparte de Light…
El moreno en ese momento sintió algo de dolor en el dedo que tenía dentro de la boca y se lo sacó, dándose cuenta de que había empezado a morderse la uña con rabia e incluso se había arrancado un trocito. ¿Qué estaba haciendo?
Entonces el sonido de la radio los trajo a todos ellos de vuelta al caso.
-A ver, el hombre que hemos encontrado dice ser Johnny y también nos ha contado que un chico lo persiguió y que entonces una tal Yuki, que es pelirroja, le atacó por sorpresa, dejándolo posteriormente atado de pies y manos – informó Mogi a través del aparato.
-De modo que alguien nos ha ayudado… – contestó L – Aunque también podría tratarse de un ajuste de cuentas.
-Una de dos – apuntó Near buscando información sobre la tal Yuki – No encuentro nada. ¿Crees que es su nombre real?
-Posiblemente no lo sea – respondió L.
-En cuanto al chico… Dice que es rubio, con el pelo largo y que tiene una cicatriz en la cara – siguieron informando.
-¿Mello? – preguntaron los dos detectives mirándose sorprendidos.
Prácticamente no había ninguna duda. ¿Quién aparte de él encajaría en esa descripción? La única pega era que supuestamente el chico estaba muerto, pero si L había sobrevivido, ¿por qué no iba a estar vivo también Mello?
-De acuerdo. El ajuste de cuentas queda descartado y este caso queda prácticamente cerrado – dijo L pensando en la nueva situación – Ahora nos toca dar con esos dos que nos han ayudado… Y cuanto antes, mejor.
-Ningún colega mío tendrá que gastar inútilmente dinero en una habitación de hotel cuando puedo ofrecerle alojamiento gratuito – le dijo Mello a Yuko.
El chico había insistido en ir a recoger las cosas de ella al hotel en el que estaba alojada. Él arrastraba una maleta y ella llevaba otra un poco más pequeña.
-¿Estás seguro de que no será una molestia? – le preguntó la chica.
-Para nada, mujer – contestó él.
Por fin llegaron a un bloque de pisos bastante cutres y entraron. A Yuko no le sorprendió ir a un sitio así… Realmente no esperaba ir a una mansión con todo tipo de lujos.
-Hemos llegado – anunció el chico señalando uno de los portales del piso de abajo.
Entraron y Yuko vio que todo estaba patas arriba. Un poquitín de orden y limpieza no le vendría nada mal al piso…
-Sé que está todo un poco desordenado – le dijo él al ver la cara de la chica.
-Un poco solo – respondió Yuko.
-¡Matt! Sal a saludar – lo llamó Mello.
Se escuchó una puerta abriéndose y al momento apareció el chico.
-¿Qué ocurre…? – empezó a preguntar él cuando de repente Yuko se le lanzó encima para abrazarlo.
-¡Cuánto tiempo! – exclamó ella.
-¿Perdón? – preguntó él confuso – ¿Nos conocemos…?
-Disculpa – dijo ella dándose cuenta de que llevaba la peluca todavía. Se la quitó dejando al descubierto su auténtico pelo moreno.
-¡Anda! Pero si eres Yuko. No te había reconocido al principio… – respondió el chico – ¿Qué tal te ha tratado la vida en estos últimos años?
-No me quejo demasiado… Aunque ha sido aburrido estar lejos de todos vosotros – admitió ella.
-Matt, esta noche duermes en el sofá – le dijo Mello entonces – Tu habitación es para Yuko.
-¿Qué? – preguntó el pelirrojo – ¡Qué listo! ¿Y por qué no le prestas tú la tuya?
-Porque yo ya la he ayudado trayendo una de sus maletas y guiándola hasta aquí – explicó – Ahora te toca a ti arrimar el hombro también.
Yuko observó a los chicos discutir como si se tratara de un partido de tenis. Ninguno parecía querer cambiar la comodidad de una cama por dormir en aquel sofá medio deshilachado.
-Chicos, tengo una idea – les dijo ella entonces – Yo dormiré en el sofá.
-¿Estás segura? – le preguntaron los dos a la vez y ella asintió.
-Sí, es la forma de causar menos molestias – les respondió la chica.
-Solucionado entonces – dijo Matt – Por cierto, tengo hambre, ¿qué tal si encargamos una pizza?
En ese momento los otros dos también se dieron cuenta de que sus estómagos demandaban alimento, de modo que telefonearon a la pizzería e hicieron su pedido.
No habían pasado ni 20 minutos de la llamada cuando los tres ya estaban comiendo tranquilamente.
-Oye Yuko, ¿por qué no nos has ayudado antes en los casos? – le preguntó Mello entonces y la chica se encogió de hombros.
-No sé – contestó – Supongo que porque mi hermano siempre me dice que prefiere que estudie en vez de que me dedique a esto.
-Es verdad, recuerdo habérselo oído – respondió Matt – ¿Por qué lo has desobedecido entonces?
-Me aburría demasiado en la universidad – admitió ella – Quería hacer algo más… emocionante. Estudiar es muy aburrido – añadió – De todas formas, lo de mi hermano no es una prohibición, yo lo entiendo más como una sugerencia… y además, hace algo más de un año que no lo veo y que, por tanto, no me lo dice. Para mí, es mucho tiempo.
-Yuko, eres lo único que le queda de familia – le dijo Matt – Veo normal que él quiera protegerte diciéndote eso. Muchas veces nos jugamos la vida…
-Lo sé – murmuró la chica – Seguro que L se enfada cuando se entere…
Tras esta conversación, terminaron de cenar en silencio. Después, Mello sacó una tableta de chocolate de postre y la chica lo miró con una envidia más que evidente… También era adicta a los dulces.
-¿Quieres? – le preguntó él a Yuko al verla así y ella asintió.
-Gracias – contestó mientras recibía unas onzas.
-Vamos a ver la tele – dijo Matt con el mando en la mano y encendiendo el aparato.
En el primer canal que salió estaban echando una película de acción. Los dos chicos parecían de acuerdo en querer verla y Yuko como era la invitada aceptó también.
Sin embargo, los tres se pasaron la película sin parar de hablar, diciendo muchísimas tonterías sobre que si se notaba mucho que no eran los mismos actores los que hacían las escenas "peligrosas", o si estaba mal grabado algún trozo. No obstante, al final de la peli los dos muchachos se habían quedado completamente dormidos.
Yuko apagó la tele y se levantó del sofá tratando de no despertar a ninguno. Los observó un momento y le pareció incómodo dormir con gafas, de modo que se las quitó con cuidado a Matt y las dejó en la mesa. Increíblemente, el chico no parecía haberse enterado y seguía en su octavo sueño.
La chica meditó la situación. Le parecía descortés despertar a los muchachos, y por otra parte estaba claro que con los chicos ahí dormidos ella tendría que irse a una de las habitaciones, ya que no podría tumbarse a gusto con ellos en medio.
Se dirigió al pasillo y trató de abrir la puerta de lo que le habían dicho que era la habitación de Mello, pero parecía atascada. Finalmente, pudo abrir una pequeña rendija y encendió la luz viendo el gran desastre de habitación que tenía el chico.
Había tantas cosas amontonadas y tan descolocadas que Yuko temió poder morir bajo una posible avalancha si entraba ahí, de modo que apagó la luz y se fue hacia la habitación de Matt.
La puerta esta vez pudo abrirse más fácil y al encender la luz pudo ver que estaba algo más ordenada y que al menos no había riesgo de avalancha. Sin embargo, el chico había dejado sobre la cama un par de revistas subiditas de tono…
-Pervertidos – murmuró ella mientras las guardaba en un cajón.
Miró que no hubiese más cacharros que pudiesen molestarla si se tumbaba y después se echó en la cama dispuesta a dormir.
-Light… esas revistas, ¿no son como la que tú tenías? – le preguntó Ryuk riéndose.
Él se acercó a mirar y vio a Yuko guardándoselas a Matt en el cajón.
-En vez de llamarte la atención que la chica sea clavadita a L, ¿te fijas en eso? – le preguntó sorprendido.
-Hombre, también me he dado cuenta de que esos dos son hermanos… Aparte de que se parecen, tienen el mismo apellido – le explicó.
-Bueno, pero además, ¿cómo es que todavía te acuerdas de la revista? – le preguntó él tranquilamente mientras le robaba una manzana a Ryuk para comérsela.
-¡Es que tú también! Ya podrías haber utilizado otro tipo de revista, un periódico, un álbum de cromos… Cualquier otra cosa menos llamativa, ¿no? – le respondió y Light se empezó a reír.
-Supongo que ahí estaba la gracia – contestó mientras le daba un bocado a la manzana.
-¡Eh, señorita! Esto no era lo que habíamos acordado – le dijo Matt a Yuko a la mañana siguiente mientras la movía del brazo para que se despertara.
-¿Eh? – preguntó ella confusa abriendo los ojos despacio.
-Que eras tú la que iba a haber dormido en el sofá – le recordó el chico – No estoy enfadado, pero por lo menos podrías haberme despertado. No veas cómo me duele el cuello…
-Lo siento – se disculpó ella entre bostezos.
-Disculpas aceptadas. Ahora a desayunar – le contestó él tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse y Yuko la aceptó.
-Por cierto, guardé tus revistas en ese cajón – le dijo ella señalándoselo con un cabeceo – La próxima vez, procura no dejarlas a las vistas de todo el que pase.
-Vale, lo tendré en cuenta – respondió Matt con una sonrisa divertida.
Ambos salieron de la habitación. Por el pasillo flotaba aroma a comida dulce recién hecha…
-¿Qué es eso que huele tan bien? – preguntó Yuko entrando a la cocina.
-Gofres – respondió Mello con una sartén en la mano.
-¿Desde cuándo sabes tú cocinar? – le preguntó ella sin fiarse demasiado y el chico la miró como enfadado.
-Vuelve a cuestionar mi talento y te quedas sin probarlos – le advirtió él y la chica empezó a reírse.
-¡Eh! No amenaces a mi colega del alma – le dijo entonces Matt a Mello bromeando – Si la dejas sin desayuno, yo le daré parte del mío.
-Pues entonces no recibirás tu desayuno tampoco – le contestó él.
Sin embargo, a pesar de las amenazas recibidas, tanto Yuko como Matt terminaron sirviéndose gofres recién hechos. Los tres se sentaron en la mesa de la cocina para desayunar.
-Oye, ¿puedo hacerte una pregunta? – le preguntó Yuko a Mello entonces.
-Adelante – respondió el chico.
-¿Cómo te has hecho esa cicatriz en la cara? – le preguntó ella con curiosidad.
-En una explosión – contestó él tan tranquilo.
-Ah – asintió ella – Yo hubiera dicho que te saltó aceite mientras cocinabas o algo de eso… – añadió de guasa y el aludido la miró mal, mientras Matt se reía – Es broma, me gusta cómo cocinas.
Entre bromas terminaron el desayuno. A Yuko le pareció que era divertido ver que las cosas no habían cambiado casi nada y que esos dos seguían comportándose como críos pequeños.
-Bueno, ¿qué planes tienes para hoy? – le preguntó Mello a la chica – ¿Vas a empezar a buscar a tu hermano?
-Sí, saldré a ver si puedo empezar a averiguar algo por mi cuenta – contestó ella.
-Nosotros también recopilaremos información – respondieron los chicos a la vez de manera entusiasta.
-Gracias – les dijo la chica con una sonrisa al verlos dispuestos a colaborar de tan buena gana.
La verdad es que tenía una difícil tarea por delante y cualquier ayuda sería bien recibida…
