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Capítulo editado y revisado, pero puede que haya dejado escapar alguna que otra cosa, así que, de antemano, disculpen cualquier error.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia o versión de la historia original es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo X — Verdades y respuestas

"POV" Edward

Miraba a Emmett revolotear por el suelo con un gran oso pardo, no entendía por qué siempre tenía que jugar con la comida, yo ya había terminado con un león y un ciervo mientras él seguía luchando con el mismo animal. Como ya me sentía satisfecho decidí dejar a Emmett divertirse, corrí hasta el inicio del bosque, encontré un tronco y me senté a esperar a los demás, saqué el móvil de mi bolso, por suerte tenía cobertura, envié un mensaje a Bella: "¿Estás bien? Te amo. E." Dos minutos después recibí su respuesta: "Estoy perfectamente bien, te extraño, vuelve pronto. También te amo. B." Sonreí como un tonto, también la extrañaba, no la veía desde que la dejé en casa después de ir a buscarla a su trabajo, como Carlisle no tenía guardia el viernes decidimos anticipar nuestro viaje de caza y partimos el jueves por la noche, venimos todos los chicos, mis hermanas y Esme se quedaron para cuidar a Bella. Desde que descubrí que Victoria quería matarla para vengarse de la muerte de James su seguridad era mi prioridad, por eso ella jamás estaba sola, si por acaso no podía estar con ella estaba cerca, si no era yo era Alice o Emmentt y los lobos nos ayudaban haciendo guardia en el bosque cerca de su casa y vigilando el territorio quilleut para que ni Laurent, ni Victoria adentrasen a Forks por sus tierras.

Últimamente me sentía mal, estaba escondiendo de Bella que el blanco de la venganza de Victoria era ella, se lo iba a decir en la noche que volvimos de nuestra charla con los quileutes, pero en aquel momento tenía demasiadas cosas que explicarle, lo de Laurent, lo de los lobos; pensaba decirle la verdad por la mañana, pero por la noche ella tubo aquella pesadilla que la dejó tan conmocionada, y ella no me quiso decir de lo que iba el ensueño, pero lo intuía, no le conté que la había escuchado hablar mientras dormía, había intentado despertarla pero estaba tan metida en lo que ocurría en la pesadilla que no despertaba, cuando lo hizo se me pegó como una lapa, mi Bella tenía miedo, eso era lo que la hacía temblar y sollozar entre mis brazos, y yo me sentí el ser más impotente de la faz de la tierra en aquel momento.

Volví al presente cuando escuché los pensamientos de Carlisle.

— ¿Qué te preocupa, Edward? — Preguntó él, cuando se detuvo a mi lado.

— No le he dicho a Bella que Victoria viene por ella — confesé. — Ella cree que el blanco de su venganza es nuestra familia, principalmente yo.

— Es comprensible, fuiste tú quien mató a James, el método de venganza de Victoria no se le ocurriría a Bella, pero, debes contarle, por su propia seguridad — aconsejó mi padre.

— Lo sé, lo voy a hacer cuando volvamos.

Escuchamos los pasos de Jasper y Emmett se aproximando, los dos disputaban una carrera,

— Quiero una revancha — declaró Emmett, mirando a Jasper que lo había ganado por cinco segundos.

— Cuando quieres, Emm — bromeó Jasper y Emmett gruñó, odiaba perder.

Carlisle rodó los ojos.

— Vamos, hijos, a casa que nuestras damas nos esperan.

Sólo con mencionar a las chicas el pensamiento de todos fue direccionado hacia sus respectivas parejas.

— ¡Emmett! Por favor, qué te puedo leer la mente — le recordé, mi hermano parecía un adolescente descubriendo su sexualidad.

— No seas niñato, Edward, extraño a Rose.

— Eso lo comprendo, pero no quiero saber lo que quieres hacerle cuando la veas.

— Carlisle y Jasper deben de pensar cosas semejantes — intentó justificarse.

— Ellos aprendieron a controlar este tipo de pensamiento cuando están cerca de mí. — Aunque a veces les escapaba alguna que otra cosa, pero no le iba a decir eso jámas, él era el peor de todos.

— Pues, si no quieres oír, no escuches.

— Vale, Emm, mejor nos vamos, quiero ver a Bella — acorté, discutir con Emmett no es una buena idea porque se aferra a lo que dice igual a los niños a los dulces.

— Sabes, Edward, lo que necesitas es…

— ¡EMMETT! — Exclamó Carlisle con autoridad.

— Sólo iba a decirle que necesita relajarse un poco — se defendió.

— Vamos… — instó Jasper intentando ocultar las ganas de sonreír.

x-x-x-x-x

Ya era noche cuando llegamos a casa, Esme y Rosalie conversaban en la sala, Alice estaba con Bella, como le había pedido, hablé con mi madre y mi hermana para luego ir a ducharme. Como ya era las nueve no podía llegar a casa de Bella en coche, tendría que esperar a que ella subiera a su habitación para luego entrar por su ventana, corrí por el bosque y cuando llegué cerca de su casa llamé a Alice.

— Hola, Edward, ya sé que llegaste, ya estoy de salida

— Gracias, hermana.

Escuché a Alice se despedir de Bella y de Charlie, vi como Bella la acompañó hasta su coche, mirando hacia el bosque, me buscando en la oscuridad. Sonreí. Ellas se abrazaron y Bella le dijo: — Gracias, Alice.

Mi hermana asintió y se montó en su alto, algo estaba sucediendo, Alice repetía sin parar la letra de una canción griega impidiéndome de oír sus pensamientos. Mi hermana se fue y Bella volvió a su casa, escuché cuando ella le dijo a Charlie que estaba cansada y que se iba a dormir, esa era mi señal, esperé hasta que las luces de su habitación estuvieron apagadas, me trepé en su ventana y entré en su habitación, Bella estaba sentada en la cama con la espalda pegada a la cabecera y con una cubierta sobre las piernas.

— Hola — susurró, tendiéndome una mano para que me juntara a ella.

— Hola — tomé su mano y me incliné sobre ella, dejé un beso en sus calientes labios antes de sentarme a su lado.

— ¿Cómo te fue de caza? — Preguntó.

— Bien, lo de siempre, cazar, comer, Emmett jugando y apostando. Y a ti, ¿cómo te fue el día?

— Bien también, ya sabes, de la escuela a casa.

— ¿Y cómo te fue con Alice? — Pregunté.

Ella desvió la mirada hacia su regazo antes de contestar.

— Normal…

— Ummm.

No la iba presionar, pero sabía que estaba mintiéndome. Sea lo que fuera que Alice ocultó en sus pensamientos tenía que ver con Bella. Mañana hablaría con mi hermana.

Mi novia se deslizó hasta mi pecho y se abrazó a mí, la envolví en mis brazos, disfrutando de su contacto.

— Bella — la llamé —, tengo que contarte algo.

— Dime…

— Sabes que te amo y que te voy a proteger siempre, ¿verdad?

— Sí, Edward. Confío en ti plenamente.

— Gracias.

— Al grano, Edward — pidió.

La aparté de mi pecho y me puse delante de ella, tomé sus manos entre las mías y empecé a hablar.

— En la noche en que descubrimos que Victoria quiere vengarse por la muerte de James, no te conté todo lo que descubrí. En realidad ella quiere vengarse de nosotros, de mí, pero no como tú crees, ella no desea herirnos, no físicamente, ella quiere herirme emocionalmente, yo le quite su amor, ahora ella quiere quitarme el mío — aclaré.

Bella apretó nuestras manos unidas, su mirada era tranquila, odiaba no poder leer su mente.

— Confío en ti, sé que me protegerás. Da igual que la amenaza sea en contra de tu vida o de la mía, no existimos el uno sin el otro.

Me incliné sobre ella y uní nuestros labios en un beso hambriento, nos separamos cuando la necesidad de respirar fue insoportable. Dejamos nuestras frentes unidas mientras intentábamos normalizar nuestras respiraciones.

— Te amo — jadeé.

— Como yo a ti — suspiró.

— Te lo iba a decir antes, pero tuviste la pesadilla aquella noche y no quise abrumarte con más cosas.

Ella se quedó pensativa un instante, como se estuviera acordándose de aquella noche y de la pesadilla, de pronto se puso tensa.

— Bella…

— Disculpa, solo me acordaba de aquella noche. — Ella soltó una de nuestras manos y lentamente la aproximó a mi rostro, acarició mi mejilla y mi pómulo mientras hablaba. — Lo importante es que me lo has dicho, voy a tener cuidado y no te voy a regañar por todos mis guardaespaldas.

— ¿Eres tú? ¿Qué le hicieron a mi novia? — Bromeé, queriendo relajar la tensión del ambiente.

— Digamos que tu novia comprendió que haría lo mismo que tú si estuviera en tu lugar.

La atraje nuevamente a mis brazos y nos quedamos en un silencio cómodo.

— Charlie va a pescar mañana, podíamos hacer algo solamente tú y yo — propuso Bella algunos minutos después.

— Por supuesto, ¿tienes algo en mente?

— No, solamente quiero estar contigo.

— Pues, pensaré en algo.

Ella se acurró en mi pecho, la sentí aspirar mi olor y luego su cuerpo se relajó.

— ¿Tienes sueño? — Le pregunté.

— Un poco…

— Ven, vamos acostarnos.

Perezosamente ella se apartó de mí y se tumbó en su cama, me acosté a su lado y la abracé, minutos después su respiración era pausada y relajada. Charlie todavía seguía abajo viendo un partido de fútbol, pero pronto subiría a echar un vistazo a su hija, como hacía todas las noches.

Así, sintiendo a Bella protegida en mis brazos, dejé que mi mente volviera a nuestra conversa minutos atrás y en su frase: "no existimos el uno sin el otro", siempre pensé que mi amor por ella era mayor que el de ella por mí, solamente cuando tuve la estúpida idea de dejarla después de lo de su cumpleaños pude comprender cuan equivocado estaba y ahora ella dijo en palabras lo que ya sabía por su actitud. La miré, dormía tranquila, con la boca entreabierta, con una mano sobre mi pecho. Con cuidado cogí su mano y la entrelacé a la mía. Ella era mi cielo estrellado, mi luz en la oscuridad, quería estar junto a ella sin tener que escondernos como ahora, tal vez sea algo relacionado a mi educación del inicio del siglo XX, pero tenía la necesidad que todos supieran que ella era mía de la manera más irrevocable que existe, en las leyes religiosas y terrestres. Que ella me haya dicho algo tan significativo era la señal que esperaba para poder proponerle matrimonio nuevamente, ya le había concedido demasiado tiempo para que pensara, ahora necesitaba una respuesta.

Escuché que Charlie se levantaba y apagaba las luces de la sala para ir acostarse, con cuidado me desvencijé de Bella y la arropé antes de escabullirme a su clóset, Charlie entró un minuto después, miró a Bella y se fue a dormir. Salí de mi escondite y me senté en su mecedora para mirarla dormir.

Mientras la miraba pensé en su pedido para estarnos solos, ya sabía a donde iríamos e iba a aprovechar este tiempo juntos.

x-x-x-x-x

Bella despertó temprano por la mañana, me despedí de ella para poder irme a casa cambiarme de ropa y traer a mi Volvo. Cuando me aproximé a mi casa oí los pensamientos de Esme, Alice no estaba, se había ido a Paris, de compras y arrastró a Jasper con ella, o mejor, se fue huyendo de mí, pero eso, Esme no sabía.

Entré a casa y encontré a Esme arreglando un jarrón de flores sobre la mesita de centro de la sala, estaba sola.

— Hola, hijo. ¿Cómo está Bella?

— Muy bien, gracias, solo vine a cambiarme y coger mi auto. Voy a pasar el día con ella.

Esme sonrió.

"—Es bueno verte feliz así, Edward —" Pensó ella.

— Sé que eso te complace, mamá.

— Mucho, hijo, puedo decir que ahora soy completamente feliz y por encima me gané otra hija.

— Gracias, mamá. Te quiero — dije mientras la abrazaba.

— Por nada, cariño, también te quiero mucho.

— Bueno, ¿por qué Alice se fue a Paris? — Indagué.

Ella sonrió, sabía que había escuchado sus pensamientos antes de que llegará a casa.

— Dijo que iba tener algunos días de rebajas allá y que necesitaba aprovechar que los próximos días iban a ser nublados.

— Ummm…

— ¿Sucede algo, hijo?

— Creo que nada por lo que se preocupar — dije.

A las ocho llegué a casa de Bella, Charlie ya se había ido de pesca, podía oír los pasos de mi chica mientras ella bajaba las escaleras. Toqué la puerta y escuché como ella apresaba sus pasos.

— ¡Hola! — Dijo cuando estaba delante de mí.

— Hola, amor — me incliné y dejé un beso rápido en sus labios. ¿Estás lista?

— Sí, ¿a dónde vamos? — Indagó curiosa.

— A nuestro prado.

Ella sonrió.

— Yo no podría haber hecho mejor elección.

— Entonces, vamos.

x-x-x-x-x

Dejamos el Volvo en el final de la autopista y entramos en el bosque, después que caminamos algunos minutos pedí a Bella que se trepara a mi espalda para que así pudiera correr.

— No te olvides de cerrar los ojos — avisé.

Ella se aferró a mí y hundió el rostro en mi espalda. Tres minuto después ya estábamos en el prado.

— Bella, llegamos.

— Esta vez no fue tan mal — dijo cuando ya estaba sobre sus propios pies.

— Qué bueno.

— Eh, no te burles de mí.

— Jamás, amor.

Ella rodó los ojos y desvió su mirada de los míos.

— Oww, es inexplicable que este lugar esté cada vez más hermoso — dijo mirando la naturaleza a su alrededor.

Era verdad, nuestro lugar secreto estaba bellísimo, lleno de flores por todos los lados, el césped verdoso y espeso; el sol se adentraba por entre las ramas de los árboles y había un lugar en el centro de él donde el sol daba de lleno, reflejando el verde césped, tomé a Bella de la mano y la llevé hasta este sitio, nos sentamos uno delante del otro.

— Amo ver como el sol brilla sobre tu piel — dijo ella, mirándome con admiración.

— Y yo amo ver el tono rojizo que adquiere tu pelo, y como tu piel se pone rosa.

Ella se sonrojó.

— Y esto — le acaricié la mejilla roja — amo mucho más.

Ella suspiró y se recostó sobre el césped, me quedé sentado mirando como el sol caía sobre su pelo esparcido en el suelo y sobre sus párpados cerrados, levanté mi mano y acaricié el contorno de su rostro, lo mismo que ella hizo a mí en la primera vez que la traje aquí, ella siguió con los ojos cerrados, pero una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Continué trazando las líneas de su rostro, cuando llegué a sus labios me incliné sobre ella.

— Bella… abre los ojos. — Ella los abrió y yo contemplé el mar de chocolate líquido que era su mirada, seguí acariciando las líneas de su boca con las yemas de mis dedos, dejé sus labios y seguí hasta su mejilla y allí la acaricié con el dorso de mi mano. — Te amo, agradezco a Dios, al destino por haberte puesto en mi camino — empecé, mirándola a los ojos fijamente —, nunca pensé que algún día te encontraría, inconscientemente siempre te esperé y porque te amo y te respeto quiero que nuestras vidas estén unidas por las leyes de Dios y del hombre. Isabella Marie Swan, prometo amarte, cuidarte y respetarte por toda nuestra vida juntos, me concederías el honor de ser mi esposa — pedí.

Sentí como ella contuvo la respiración, luego entreabrió los labios y susurró: — Sí…

Algo dentro de mí explotó en el mismo instante en que oí su respuesta, era como si mi muerto corazón, que estaba muy apretado, lograra escaparse de sus amarras. Abracé a mi ahora prometida y ella me abrazó a mí.

— Gracias — le dije.

— Por nada — susurró.

Me senté nuevamente en el césped trayéndola conmigo, por algunos segundos nos miramos a los ojos y si yo tenía alguna duda sobre su respuesta, en aquel momento, viendo sus ojos brillantes por la emoción y su sonrisa sincera, supe que ella estaba tan feliz cuanto lo estaba yo; ya no había miedo o recelo al matrimonio, solo había la necesidad de estarnos juntos.


Espero que les haya gustado esta escena de pedida de mano, a mí me encanto escribirla n_n

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Jane