21/07/2017

Holi, holi mis queridas lectoras amigas! El día de hoy con un nuevo capitulo y espero de todo corazón, y pese a lo dramática que se puso la trama, sigan leyendo y comentando. Un saludo con todo mi sádico amorshs a cada una de ustedes y las dejo con el ultimo capitulo de la semana. Besitos! Nos leemos abajito.


Capítulo 10

Serena, Darien, su hija y los muchachos regresaron a México justo a tiempo para asistir al funeral (simbólico) que Neflyte les daría a Lita y a su hijo. Por mucho que Darien y Serena, (sin contar con que Yaten y Taiki hicieron lo mismo), les insistieron a Mina y a Amy para que los acompañaran, ellas no quisieron. Llorando y diciéndoles que le dieran a Neflyte su más sentido pésame, explicaron que no podían hacerlo (por mucho que quisieran) porque estaban asustadas, tenían miedo que Hotaru pudiera hacerles algo a ellas y a sus hijos, sobre todo a estos últimos; y no era para menos, con eso que la malvada de Hotaru había hecho, cualquiera en su lugar lo hubiera estado… Saturn era más peligrosa de lo que creían…

Llorando a la par con Serena, Amy y Mina se despidieron de su querida "sobrina" (como cariñosamente le decían a Luna Usagi), de Serena, que lloraba igual de conmovida, de Darien y de sus parejas, se despidieron con gran dolor, con mucho desconsuelo, de los hombres que tanto amaban…

Luego, después de haber estado con él en la funeraria y en el entierro, a Darien (y no solo a él) le pareció prudente no dejarlo solo. No había que ser un genio para darse cuenta que Neflyte estaba muy mal, la tristeza se le veía a lo lejos…

— Me voy con Neflyte y los muchachos, mi amor.

— Claro, claro. — Le dijo Serena a Darien mientras todos empezaban a abandonar el cementerio— No es bueno que se quede solo, se ve que está muy mal.

— ¿Y quién no lo estaría? Ve. Que Yaten y Taiki te lleven a la casa.

Serena solo asintió.

Serena, Serena también estaba destrozada y por eso entendía perfectamente cómo se sentía Neflyte, sabía que no era bueno que estuviera solo. Aunque quería estar con Darien, no quería estar sola después de haber tenido que despedir a una de sus mejores amigas y a uno de sus "sobrinos", no quería tener que estar sola después de despedir a una de sus casi hermanas, asintió bajo los finos lentes oscuros y sonrió levemente para despedirlo. Serena había llorado tanto o más de lo que había llorado Neflyte y por eso, aunque la tarde estaba gris y estaba como estaba su corazón, el de Neflyte, el de Mina, el de Amy y el de Darien, triste, apagado, no se quitaba aquellos lentes, tenía los ojos hinchados de haber llorado tanto y lo último que quería en ese momento era darle una preocupación más a Darien. Despidiéndose de su elegante marido con un casto beso en los labios, fue con Yaten y con Taiki para que la llevaran a recoger a su hija a la casa de Luna y Artemis, era en los únicos en los que podía confiar para cuidarla.

Unas horas después y en un bar, en donde un grupo de mariachis cantaban con gran fuerza una ranchera…

— Nef, carnal, ya no tomes más que…

— Y yo ya les dije que quería estar solo. — Le respondió a Jedite perdido, completamente perdido de la borrachera— Si se quieren ir, bien pueden irse porque lo que soy yo, lo que soy yo, no me voy a ir. Yo no me voy a ir de aquí hasta que deje de sentir esto que siento aquí…

— Nef…

Exclamó con pena Malachite, le había dolido mucho cuando Neflyte golpeó con desmedida fuerza su pecho, el lugar en donde se encontraba su partido y dolido corazón.

— ¡…No me voy a ir hasta que deje de sentir ese jodido dolor que siento aquí, en el pecho! ¡¿Por qué, eh?! ¡¿Por qué la vida tiene que ser así?! ¡¿Por qué me los tenían que quitar? ¡¿Por qué mejor no me mataron a mí?! ¡¿Por qué, cabrones?! ¡¿Qué alguien me diga por qué?!

— Neflyte, cuate, yo sé que todo esto debe ser muy difícil para ti pero, créeme, ahora te duele pero de esto también te vas a reponer. Además, es mejor estar solo, bueno, eso dicen todos los tipos que conozco que se han casado.

Ziocite lo dijo con la mejor intención, la idea era hacer que Neflyte se riera, que dejara de sentirse mal aunque sea por un instante pero fue todo lo contrario, se sintió peor de lo que ya de por sí se sentía. Neflyte se tomó una copa de tequila, de un solo golpe, y después, en medio de su borrachera, fue hasta donde estaban los mariachis y les pidió una canción. Ellos se negaron porque su repertorio era otro pero cuando él les ofreció comprarles la mejor botella de tequila si le daban gusto, pues accedieron, no todos los días les hacían una oferta como esa.

El jefe del grupo, un hombre alto, bien vestido y joven, se acercó a Neflyte y con una botella de licor en la mano, le preguntó con una gran sonrisa en los labios…

— Bueno, ¿y qué quiere que le cantemos?

— "Pa' todo el año"

— Muchachos, ya oyeron, "Pa todo el año"

Los mariachis empezaron a cantar y mientras ellos cantaban, y uno de los guitarristas le extendía una mano a Neflyte para que subiera a la tarima con ellos y cantara, Darien decía realmente apenado, muy adolorido por ver a uno de sus amigos en aquella situación… En ese lamentable estado…

— Ay, Nef… ¿Cómo lo vamos a sacar de esa depresión, ah, muchachos?

— Yo no sé, señor, pero…

Y en la tarima, él decía con todo ese grupo de cantantes, decía con todo su corazón…

¡…Cantaré por todo el mundo, mi dolor y mi tristeza….! ¡Porque sé que de este golpe ya no voy a levantarme…! ¡Y aunque yo no lo quisiera….! ¡Voy, a morirme, de amor…!

— Yo no sé, patrón, pero a mí me duele mucho ver a Nef así.

— No eres el único, Ziocite. — Dijo Darien y se tomó un trago de tequila. Se sentía muy mal, se sentía culpable de lo que había pasado— Créeme que no eres el único…

Después de haber escuchado y más, haber cantado aquella canción, Neflyte fue con el barman y pidió la botella de tequila más cara que vendieran en el lugar para dárselas a los mariachis como pago, como habían acordado; y estos, en agradecimiento porque aquel era un tequila muy bueno y muy costoso, ofrecieron cantar para él lo que él quisiera, lo que a él se le antojara. Pidiéndoles otra canción: "Cucurrucucú", volvió con los demás a la mesa y dijo mientras se sentaba y tomaba aquella ya casi vacía botella para acabarla de un solo golpe…

— Nunca, nunca vuelvas a decir una bestialidad como esa, Ziocite.

— ¿Pero, qué? ¿A poco yo qué hice o qué?

— ¿Cómo qué, cabrón? — Rio mientras se sentaba frente a él, junto a Darien— Si serás animal, idiota. ¿Qué sabes tú de despertar a lado de la mujer que amas?

— Pues yo no….

— ¿Qué sabes tú de sentir el amoroso abrazo de una buena mujer en la mañana, de una que te ama?

— Pero es que, Nef, yo solo te lo decía para…

— ¡¿Qué chingados sabes tú de que tu mujer y tu hijo te reciban con una sonrisa por las noches?! ¡¿Eh?! ¡¿Qué carajo sabes?! ¡No sabes nada, animal, nada!

Y las lágrimas volvían a aparecer, recordarla, recordar cada momento a su lado y al de su hijo, lo feliz que había sido con ella cuando la conoció y después con el niño cuando nació, era muy doloroso.

— Lita, Yuki, ay, encanto… ¡Con un demonio! ¡¿Cómo voy a hacer para vivir sin ti, sin nuestro hijo, eh?! ¿Cómo chingados voy hacer para vivir sin ti y sin Yuki…?

Neflyte golpeó la mesa y luego, se derrumbó sobre ella a llorar, a seguir llorando su pena y su profundo dolor. Sobre una de sus manos y llorando sin descanso, sintió una mano posarse sobre uno de sus hombros, esa era la de Darien, que sí entendía cómo se sentía; pues él también estaba enamorado. Darien, que apretaba su hombro con fuerza y trataba de darle animo con ese gesto, sí sabía (a diferencia del pobre Ziocite que se sentía muy mal por lo que le había dicho a su amigo) de que hablaba Neflyte. Él, conocía lo que era despertar al lado de la mujer que adoraba. Darien, sabía perfectamente lo reconfortante que era sentir un abrazo de su esposa en la madrugada. Él, Darien que le provocaba era ponerse a llorar a la par con Neflyte de solo imaginar que algo como eso le pudiera pasar a él, comprendía perfectamente lo que era llegar a una casa y ser recibido con una amorosa sonrisa por su esposa y por su hija. Él, sí entendía por lo que uno de sus amigos estaba pasando porque lo vivía a diario, sabía lo que era vivir con la mujer que idolatraba y tener una familia.

Darien se sentía muy mal por su amigo y solo le pudo decir, desde lo más profundo de su alma, de su corazón…

— Te entiendo, Nef, no te preocupes que yo sí te entiendo y créeme cuando te digo esto, comprendo y no solo comprendo cómo te sientes, comparto tu dolor, amigo mío.

— Señor, yo…

Y ahí se quedaron, tomando tequila y escuchando dolorosas rancheras hasta las cuatro de la mañana.

.

.

Una semana había pasado desde que Haruka había recibido aquel email y ahí estaba, terminando de cerrar aquella maleta mientras Seiya iba entrando a la casa de hacer las compras.

— Oye, oye, ¿para dónde?

— Me voy, Seiya. He decidido regresar a México.

Seiya era muy feliz viviendo con Haruka. La amaba más de lo que había amado a alguien en su vida y ponía mucho empeño en su relación, en aquel "obligado" matrimonio pero Haruka se la ponía muy difícil; justo como lo estaba haciendo en ese momento. Él, no podía creer, mientras iba dejando las bolsas sobre el suelo y se le acercaba, lo que su esposa, la mujer que tanto amaba, le estaba haciendo. No podía creer que se estuviera yendo y peor, para México, sin contar en lo absoluto con él, con su opinión y consentimiento.

Tratando de mantener la calma y haciendo lo que hacía siempre con ella, teniéndole mucha paciencia, la miró fijamente a los ojos y le preguntó luciendo muy serio…

— ¿De qué estás hablando, Haruka? ¿Acaso no habíamos acordado que…?

— Sí, es muy posible que tengas razón. Eso debe tratarse de una trampa de la desquiciada de Saturn para…

— ¿Y entonces? — Dio un paso más al frente y trató de tomar su mano pero ella no se lo permitió. Haruka estaba más seria con él de lo normal— Haruka, preciosa, yo sé que…

— No, tú no entiendes, Seiya. Por mucho que quieras entenderlo, que te esfuerces en hacerlo, podrías. Nadie sabe lo difícil que eso fue para mí.

— Pero claro que lo entiendo; es tanto que mira, no importa las cosas que haga ni lo mucho que me he esforzado para que las cosas entre nosotros estén bien…

— Seiya…

— Porque es por eso, ¿verdad? Vas a regresar a México a buscar a Diamante Black y a exponerte a que te maten porque aun sigues enamorada de Michiru, porque no has podido dejar de amarla.

— Pensé que habíamos quedado en que…

— Sí, yo siempre te he dicho que respeté, respeto, y respetaré el profundo amor que le tuviste, y le tienes, a Michiru pero también habíamos quedado en que lo ibas a intentar.

— Seiya…— Empezó a moverse de un lado para el otro y a pasarse una de sus callosas manos por el castaño y largo cabello— Créeme que para mí no es fácil estarme yendo y estarte…

— No, no te acepto media palabra porque, ¿de verdad? ¿Es de verdad? ¿Vengo de hacer las compras, con toda la ilusión de preparar una cena para los dos y de compartirla contigo, y me encuentro con esto? ¿Con que te vas a ir y ni siquiera pensabas despedirte de mí?

— Seiya…

— ¿Cuándo planeabas decírmelo? ¿Cuándo estuvieras en México?

— ¡Ya basta Seiya! — Le gritó Haruka mientras empezaba a llorar, le gritó con dolor mientras apretaba un puño de la ira y la frustración que tenía— ¡No más!

— ¡No, no más tú!

La tomó de los hombros y le dijo con mucha seriedad…

— ¡Ya me cansé de esta chingadera! ¿Quieres irte? ¿Quieres regresar a México y exponerte a que te maten? ¡Entonces vete!

— Seiya…

— Yo sabía desde un principio que no iba a ser fácil, y créeme que lo he intentado pero ya no más. — Fue a la puerta y abriéndola, mostrándole el camino, le dijo muy determinado…— Adiós, Haruka, que te vaya bien.

— Seiya, por favor, no seas tan melodramático que…

— Que te vaya bien y si decides regresar, las puertas de esta casa siempre estarán abiertas para ti.

A Haruka no le quedó más opción que tomar su maleta, mirarlo con pena e irse de la que había sido su casa por un poco más de un año. A ella, le dolía mucho estarle ocasionando aquel dolor a Seiya pero tenía que irse, no podía desaprovechar la oportunidad que la vida, y más específicamente Saturn, le estaban dando. No podía desaprovechar la oportunidad de vengarse de Diamante Black por lo que le había hecho, por haberle quitado a su amada Michiru.

Después de mirar hacia atrás una vez más, suspiró con resignación y finalmente se fue.

Haruka abordaba un taxi, partía el corazón del hombre que la amaba (una vez mas) mientras en México, en la oficina de una estación de policía, el detective Furuhata decía sin poder creer lo que veía…

— Dime que no hiciste lo que creo que hiciste, Reika.

— Pero, Andrew, mi amor…

— Dime por lo que más quieras en tu vida que no le hiciste llegar ese mensaje que la desquiciada de Saturn quería a la capitana Tenoh. Dime que no lo hiciste, ¿verdad? ¿Verdad que no?

— Andrew, no te enojes conmigo. — Dejó aquel sobre de manila (lleno de dólares) sobre su escritorio para acercarse hasta su silla y decirle dulcemente… — Tienes que entender que teníamos que hacerlo.

— Ah, ah, ah, para tu coche, ¿teníamos? No, a mí no me incluyas en eso porque, ¿sabes lo que provocaste?

Le preguntó mientras se levantaba de su silla, (rojo de la ira que tenía) y apoyaba ambas manos sobre su escritorio de madera y desgastado vidrio…

— ¿Tienes una idea de lo que has hecho?

— Lo que nos ganamos aquí, en esta pinche estación de policía, no nos alcanza para nada; y yo no voy a negarle nada a mi hijo tan solo porque tú…

— ¿Sabes qué? No tiene caso que hablemos. Reika, este no es el lugar, ni mucho menos el momento más adecuado para decirte esto pero quiero que nos separemos.

Obvio, Reika hizo cara de: What the fuck?

— Sí, y no me hagas esa cara que yo creo que tú ya te habías dado cuenta de eso. Yo quiero mucho al niño, y tú no eres una mala persona pero simplemente…

— Tú no me estas pidiendo que nos separemos solo porque le hice llegar a la capitana Tenoh el mensaje que Saturn le mandó a cambio de los cien mil dólares que ofreció para hacerlo, no es solo por eso.

— ¿Ah, no? ¿Es que te parece poco? ¿Te parece poco que por tu culpa puedan matar a una de mis mejores amigas?

— Es por ella.

— Ay, Reika, —le dijo hastiado mientras se daba la vuelta, mientras se pasaba una mano por el rubio cabello y le daba a espalda— no digas tonterías, por favor.

— Tú me estas dejando, a mí y al niño, porque no puedes seguir disimulando lo mucho que te duele la muerte de esa mujer. Quieres estar solo para poder llorar ampliamente la muerte de tu "amada Lita"

Hubo un profundo e incómodo silencio entre los dos; y con aquel silencio, Andrew le estaba afirmando a Reika aquel reclamo, le estaba asegurando que estaba sufriendo por la repentina partida de Lita, del amor de su vida... Después de diez segundos de silencio, Reika tomó el sobre, se dirigió a la puerta y antes de abrirla e irse, le dijo firmemente, tratando de no dejarle ver el dolor que le producía su abandono, no quería demostrarle cuanto le dolía que la estuviera dejando…

— Después arreglamos lo de la mensualidad del niño. Adiós, Andrew, nos vemos después.

Reika se fue pero nadie sabe cómo se fue, oh, pobre Reika, ella era una mujer de carácter muy fuerte pero eso que le había hecho Andrew la estaba matando, le tenía el corazón destrozado. Ella, amaba a Andrew; y había sido por eso que se había embarazado, que se había arriesgado a formar una familia a su lado.

Con aquel sobre en mano y caminando a paso firme, contenía con todas sus fuerzas las lágrimas, aquellas que querían brotar de sus ojos porque si no salían iban a empezar a quemarla por dentro… Reika fue hasta su cubículo y después de guardar en él aquella millonaria suma de dinero, fue hasta la salida y se fue, no le importaba que la despidieran por irse sin permiso, es más, era lo que esperaba. Ansiaba que la despidieran para no tener que verlo más, para empezar a alejarse del hombre que tanto quería pero que al mismo tiempo le hacía tanto daño…

.

.

Fue un día muy difícil de ir y venir pero por fin había regresado, Darien, se sentía completamente aliviado y feliz de llegar a su casa en donde estaban Serena y su hija esperándolo muy impacientemente. Bajando de aquella blindada camioneta negra mientras sus guardaespaldas se quedaban tras él para hacer su trabajo, (y por el que él les pagaba tan bien) para cuidarlo a él y a su familia, que nada le pasara, le puso seguro a su auto y fue a la puerta, fue lleno de ilusión a abrirla porque no veía la hora de verlas.

Y después de girar la llave y abrirla…

— ¡Darien!

— ¡Papa!

Sonriendo al ver como Serena, (su elegante y hermosísima esposa) y su pequeña hija lo recibían, se apresuró a ir con ellas. Se moría de ganas de abrazarlas, de darles un beso, y en ese momento, (en el que Serena iba con él, y con la niña en brazos, a darle un beso y un abrazo) recordó a Neflyte y sus palabras, lo que había dicho aquel día en el bar… Mientras recibía el cálido abrazo y un amoroso beso de su esposa, de la mujer que adoraba, mientras se acercaba a su hija y le daba un beso en la frente, pensó en él y volvía a sentirse mal, le dolía mucho por todo lo que Neflyte estaba atravesando.

Y hablando de Neflyte…

— ¿Otra vez usted por acá, patrón?

— No, pues si les molesta mucho que venga… — Replicó con disgusto mientras se levantaba de la mesa, en la que había acabado de sentarse— Pues me voy, ¿no?

— Ya, ya.

Sonrió aquel alto y guapo muchacho, (el jefe de los mariachis) mientras se le acercaba.

— No se me enoje que aquí "Chente" no se lo estaba diciendo por nada malo. ¿Cómo se le ocurre que nos va a molestar que usted venga si cada que usted viene tomamos tequila del bueno?

Y se carcajeó con tanto gusto que a Neflyte no le que quedó más opción que reírse al igual que el atractivo mariachi (y su grupo) lo hacía.

— Mejor siénteseme, pida una buena botella de tequila y dígame, ¿Qué quiere que le cantemos hoy? ¿Lo de siempre? ¿Paloma querida, Cucurrucu?

— No, no, hoy no quiero escuchar eso. — Se sentó Neflyte y le hizo una seña a una de las meseras para que fuera a atenderlo— Hoy quiero escuchar: "La barca de oro"

Y, bueno, Miguel se sintió mal. Por la canción que le había pedido que le cantaran, se daba cuenta lo que de por sí era evidente, que Neflyte estaba muy mal, profundamente deprimido, y eso debía ser por una mujer, por alguien a quien aún amaba, pensaba él... Por eso y después de darles a entender a los muchachos en la tarima que lo esperaran, haló una silla, se sentó frente a Neflyte y le preguntó mientras sacaba una pequeña licorera metálica de uno de sus bolsillos, luego de haberle dado un sorbo…

— ¿No lo ha querido perdonar?

— Ay, —sonrió Neflyte mientras el mariachi, limpiaba el pico de la licorera y se la ofrecía, sonrió Neflyte con nostalgia mientras se la recibía para tomarse aquel trago que tan amablemente le estaban ofreciendo— ojala mis problemas volvieran a ser eso, el que ella no me perdonaba por más que yo le insistía, y no esto por lo que estoy pasando ahora.

— ¿Así de grave fue lo que le hizo? Patrón, ¿y si en vez de escuchar las serenatas en nombre suyo, se las lleva? ¿No cree que si le lleva serenata lo perdone más fácil?

Neflyte, se empezó a reír con gusto. Se reía tan fuerte que estaba llamando la atención de algunos asistentes al lugar mientras la mesera le servía una copa del tequila que le había ordenado.

— ¿Así de difícil es que ni con serenata lo perdonaría?

— Sí, así de difícil era mi mujer… A todas estas, ¿Cómo es que te llamas tú?

— Miguel, Miguel Lara. — Le sonrió el mariachi y le extendió una mano— Mucho gusto, señor.

— Neflyte. — Estrechó su mano con fuerza— Miguel, el problema es que en donde ellos están, no me permiten llevarles serenata. No creo que me dejen entrar al cementerio, a esta hora, con un grupo de mariachis a darles serenata a mi mujer y a mi hijo, no creo...

Y después de decir aquello, se apresuró a servir una copa para él y otra para su aturdido acompañante, Miguel se sintió tan mal que le provocaba que se lo tragara la tierra.

— Lo siento mucho, de verdad lo siento mucho, señor. Yo no quería…

— Nada de señor, —río Neflyte y le sirvió otra copa— solo Nef y no te preocupes, no pasa nada pero, ¿sabes? Me has dado una buena idea. ¿Podría contratarlos un día de esta semana para llevarles serenata a mi mujer y a mi hijo al cementerio? A mi Lita le gustaban las rancheras, entonces si le llevo una serenata no creo que le moleste. ¿Qué dices? ¿Se puede o de plano solo cantan aquí, en el bar?

— Claro, claro, no hay ningún problema. — Y después de tomarse la copa, levantándose de la mesa, se pasó una mano por el corto y negro cabello para volver a la tarima no sin antes decirle…— Nosotros creíamos que usted estaba era deprimido porque su mujer lo había echado, no por, bueno, por algo como lo que me acaba de contar. De todo corazón, lo siento mucho, de verdad lo siento mucho y hoy voy a cantar con toda el alma, con todo el corazón, para que en donde sea que ellos estén lo escuchen, se lo juro.

— Gracias.

Le contestó un Neflyte al que se le aguaron los ojos, las palabras de ese joven y apuesto muchacho le habían llegado al corazón.

— Muchas gracias.

Dejando la copa a un lado y bebiendo directamente del pico de la botella, se levantó de la silla cuando Miguel empezó a cantar y a llorar… Mientras entonaba aquellas estrofas de la canción que él le había pedido que le cantara, aquel amable y sensible mariachi lloró e hizo que a Neflyte le pasara lo mismo, que se pusiera a llorar con el mismo sentimiento con el que él lo hacía... Sintiendo como suyo aquel dolor, Miguel lo dejó subir a la tarima a cantar con él cuando Neflyte se lo pidió…

"Adiós… Mujer… Adiós… Para siempre, adiós…"


Ay, que dramatico se puso esto :'( hasta a mí me duele todo lo que esta pasando :'(

Un besito a cada una de ustedes y ya saben, quejas, reclamos, putazos y tomatazos, ¡en los reviews!

Chao, amigas mias. Les deseo un feliz fin de semana y nos leemos muy puntuales el lunes a esta misma hora si Dios lo permite. Besitos! Gracias por leer y comentar.