Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, la historia es de mi autoría.
Nota: Leer al final de página.
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"¿Por qué nadie me quiere? ¿Por qué no puedo ser como ellos? Lo único que pido es que me abracen, quiero tener lo que ellos tienen, sentir que pertenezco. Por favor, mírame y acéptame, tú y yo vamos a vivir por siempre."
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Estaba nerviosa y expectante. No sabía con precisión qué fue lo que la animó a enviar aquellos mensajes a Edward e invitarlo a esconderse con ella: ¿Fue su rostro afligido, como si llevase los pecados del mundo sobre sus hombros? ¿O la manera en que los ojos curiosos se clavaban en él, expectantes ante su inminente estallido? Quizás una mezcla de ambas. Quizás estaba harta de ver a las personas ser mordidas por aquellos perros rabiosos, siempre en busca de una víctima débil para clavar sus colmillos. Lo único que sabía es que no quería ver a Edward herido, no después de haber recibido su ayuda en la discusión con la maestra Williams.
La maestra de arte era un problema para Bella desde mucho tiempo atrás. Las cosas artísticas se le daban con facilidad, pero tenía claro que no eran tan importante en su aplicación a las universidades por lo que prefirió poner su esfuerzo en otras materias. Eso fue evidente para la maestra Williams que desde entonces la miraba de reojo, esperando el momento para cobrar el desmerecimiento a su trabajo. Este era el momento ideal para dejar salir su rabia contenida.
Bella pensó que en cualquier otro momento habría puesto toda su atención en solucionar el altercado con la maestra, pero en estos instantes tenía cosas muchos más preocupantes de las cuales ocuparse. Como por ejemplo su admirador secreto…
El recuerdo de la nota y del oso de peluche la hizo estremecer. De inmediato se puso en alerta y observó a su alrededor, temerosa de encontrarse con un par de ojos oscuros observándola.
Estaba sola.
La biblioteca estaba tan vacía como ella esperaba y ni siquiera el viejo Marcus estaba detrás del mesón. En otra situación aquello habría sido lo ideal, pero no hoy. ¿Qué pasaba si alguien decidía atacarla aquí? Nadie la ayudaría.
Odió el sentimiento de sentirse expuesta incluso dentro de la biblioteca. ¿Existía un sitio seguro para ella…?
—Por tu cara pareciese que hubiesen atropellado a tu perrito
Edward caminaba por la biblioteca con gesto despreocupado. Ya no quedaban rastros del chico asustado y descompensado que vio en la cafetería. Bella pensó una respuesta ingeniosa que decir, pero no se le ocurrió nada así que se limitó a encogerse de hombros y mover sus cosas para que él tomase asiento. Edward se sentó frente a ella y sacó una libreta de su mochila.
—¿Deberíamos trabajar en el castigo? — sugirió Bella nerviosa
—No, no haremos esa estúpida tarea
—¿Qué?
—Lo que oíste. Antes de venir para acá pasé por la oficina del director y dejé un reclamo. Llamé a mamá y dijo que vendrá durante la tarde…
—¿Qué? ¿Por qué hiciste eso? ¡Nos vamos a meter en más problemas!
—¿Pretendías dejarlo pasar? —cuestionó Edward luciendo molesto— ¿No ibas a decir nada? ¿Acaso no aprendiste la lección?
—¡Está bien! ¡Iba a quedarme callada!
—Eres tan…
—¿Tan qué? — escupió Bella— ¡Me preocupo por mí!
Edward respiró profundamente y se llevó la mano al tabique de la nariz, cerró los ojos y Bella lo vió mover los labios, pronunciando una pequeña maldición.
—Mira, lo entiendo, pero lo que hizo la maestra Williams está mal en diferentes niveles: Es acoso escolar.
—Lo sé…
—¿Entonces por qué…?
—No quiero llamar la atención más de la cuenta, suficiente tengo con lo de tu hermana. Necesito desaparecer del mapa y si me involucro en un lío con la maestra entonces estaré en el ojo público por siempre.
Ambos adolescentes se miraron en silencio, cada uno intentando comprender la mente del otro. Bella fue la primera en desviar la mirada hacia su cuaderno, incómoda por el contacto visual.
—A veces eres tan valiente y otras…—musitó Edward— Me cuesta seguirte la pista. Mientras más te conozco más desesperante me pareces.
—El sentimiento es mutuo
Edward sonrió.
—¿Te parezco desesperante?
—Desesperante y entrometido. Si te sirve de consuelo tú también me confundes, no entiendo cómo actúas como si yo fuese la peste y después me ayudas… No sé si lo has notado, pero cada vez que he tenido un problema has aparecido como por acto de magia. ¿Todavía me odias?
—No lo sé— murmuró Edward— Quiero hacerlo, odiarte y culparte es fácil, pero no se siente correcto. Y con todo lo que está pasando me cuesta cada día más mirarte a la cara y no ver a una chica asustada…
—¿Te doy lástima, no? —preguntó Bella enderezándose en su silla— ¿Te diste cuenta que mi vida es una mierda?
Edward no dijo nada y Bella apretó los puños.
—Pues tienes razón, mi vida es patética… pero la tuya no está mucho mejor.
—Touche— dijo Edward con una sonrisa triste— ¿Te diste cuenta de que ser hijo de Carlisle Cullen no es ningún privilegio?
—Lo siento, no quería traer el tema de tu papá a colación.
—Sería mucho más extraño si nunca lo mencionaras, lo viste ahorcándome... lo único que te pido es que no lo menciones con nadie más. Al igual que tú, quiero mantener un perfil bajo y ya tengo suficiente con la desaparición de Alice…
—Nuestras vidas son jodidamente similares en estos momentos—
Hubo un cambio entre ambos y Bella lo supo. No eran amigos, pero estaban viviendo cosas similares. Estaban del mismo lado de la moneda. Edward la entendía y por primera vez tenía a alguien que sabía cómo se sentía…
—¿Crees que Alice esté bien? —preguntó Edward tomando por sorpresa a Bella.
Bella pensó la respuesta durante un instante. No quería herir sus sentimientos, pero era hija de un policía, sabía más o menos qué esperar en estos casos…
—Creo que deberían apurarse—
—¿Crees que está muerta?
—No lo sé.
—¿Pero lo piensas? ¿Crees que ya es muy tarde para ella?
—No lo sé Edward…
—¿No lo sabes o no quieres decirme lo que piensas?
Bella dejó escapar el aire. ¿Qué era mejor? ¿Callar o ser sincera con él?
—No soy una experta en la materia, pero me da miedo que la policía no tenga ni una sola pista. Me asusta la facilidad con que Alice desapareció… a estas alturas debería haber algo. La secuestró en la noche, tu hermana estaba en la calle por casualidad… ¿Cómo es que puede tenerla sin llamar la atención? ¿Cómo es que no ha cometido ningún error? No lo entiendo.
—Lo entiendes—dijo Edward con dureza— Dilo con honestidad.
—No quiero…
—Dilo
—¿Qué pasaría si te digo que esto tuvo preparación? Alice pudo ser una víctima al azar, pero todo lo demás está muy bien trabajado. Digo, yo reconocí el coche… dije el color, pero aun así no fue suficiente para ubicarlo y vivimos en un pueblo con pocos habitantes— Las mejillas de Bella estaban calientes por el nerviosismo que le dio expresar su opinión en voz alta—
—Pienso igual que tú—dijo Edward, sorprendiéndola— ¿Cómo puedes lograr raptar a una persona y pasar desapercibido?
—A menos que estés acostumbrado a que nadie te mire o estar de paso…
—Exacto. ¿Pero quién…?
—No lo sé.
—Maldita sea—dijo Edward jalándose el cabello— Tengo que decirte algo…
—¿Qué cosa?
—Creo que tu acosador tiene algo que ver.
Bella se congeló y su estómago se contrajo.
—Bella, respira.
—No, no. Papá dijo que no tenía nada que ver, que lo más seguro es que fuese algún chico haciéndome alguna broma…
—Bella… había alguien en tu casa cuando estábamos adentro. No te quise comentar nada ayer por todo lo que pasó con Carlisle, pero entré a tu casa recogiendo las llaves de la maceta, solo quería mostrarte lo peligroso y estúpido de tu escondite, por eso entré y luego cuando me agradeciste el haber ido a tu casa, recordé las llaves y miré la maceta y vi el peluche… ese peluche no estaba allí cuando llegué. Alguien lo puso allí mientras yo entraba a buscarte, había alguien allí y lo sabes…
—Era una broma… ¿Era una broma?
—No lo creo, Swan. Y tu tampoco lo crees.
La adolescente se abrazó así misma mientras las lagrimas se acumulaban en su rostro. Las palabras de Edward se clavaron como cuchillos punzantes en su espalda y estómago. Eran la confirmación de sus temores. Ella también creía que la nota y el peluche no eran una broma de parte de un compañero como dijo su padre, pero prefirió creer en sus palabras para sentir cierta seguridad. Pero no podía engañarse, no después de escuchar a Edward.
—Estoy asustada— admitió Bella— Papá dijo que no debo preocuparme y que voy a estar bien, pero no me siento segura. Cada vez que cierro los ojos siento que alguien está allí, vigilándome. Y que al menor descuido me atrapará… no quiero que me atrape, no quiero…—dijo con la voz temblorosa y dejando escapar las lágrimas—
—Mírame, Bella—ordenó Edward— No lo hará. No te atrapará, nadie te va a tocar un solo cabello, ¿me escuchas?
—Estoy sola—lloró Bella— Soy el jodido blanco más fácil de la historia. No entiendo cómo es que Alice es quien está desaparecida cuando debería haber sido yo…
—¡No digas eso!—
—¡Es la verdad! Debí haber sido yo… tu hermana estaba allí por accidente, yo no. ¿Por qué, Edward? ¿Por qué se la llevaron? ¿Por qué me están acosando? ¿Qué hicimos? ¿Qué hicimos, maldita sea?
Bella vio como Edward se paraba de su asiento y avanzaba hacia ella, lo próximo que sintió fueron sus brazos rodeándola con fuerza y atrayéndola hacia sí.
—No hicieron nada—murmuró contra su cabello— No hicieron nada. Y te juro por Dios que no dejaré que nadie te toque. No pude defender a Alice porque no sabía que estaba en peligro, pero a ti sí te protegeré.
—Tengo miedo—
—Yo también, pero estaremos bien.
—¿Y Alice…? ¿Qué pasará con Alice?
—Tu misma lo dijiste, tenemos que apurarnos. No podemos dejar pasar el tiempo.
—Papá no cree que sea un secuestro…
—Pues tendremos que convencerlo de lo contrario antes que sea demasiado tarde.
Bella respiró profundo, dejando que la colonia de Edward penetrase sus fosas nasales y por primera vez en años… se sintió segura.
Hola a todas, disculpen lo tarde de este capitulo pero estuve internada durante el mes así que no tuve tiempo ni ganas para escribir ni publicar nada. No revisé mucho este capitulo así que disculpen las falta de ortografía que pueden haber. Espero que les guste y poder leer sus reviews, muchas gracias y nos vemos.
LadyStarlight.95
