Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.
Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro "El diente de león".
Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.
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.X.
Peeta no era consciente de que había estado deseando, todo este tiempo, algo como aquello. Ahora, cuando al fin sucedía, no podía más que sentirse afortunado.
Se congeló por un segundo, muy consciente de que Katniss lo había sujetado, con suavidad, del cuello y que sus dedos, delgados y ligeramente callosos, se deslizaban lentamente por su garganta mientras sus labios ejercían presión sobre los de él.
¿Quién habría dicho, una semana antes, que él estaría besando a Katniss Everdeen? O, mejor dicho, que Katniss Everdeen lo besaría a él.
La piel le ardía. Sentía el pecho a punto de estallar por lo rápido que iba su corazón y la pierna le estaba molestando mucho. Había trabajado su turno completo, luego había regresado a casa a preparar el postre y, más tarde, había pasado mucho tiempo de pie en casa de las Everdeen. Peeta se sentía al borde y lo único que deseaba un segundo antes era regresar a su casa, rogando no tener un accidente a raíz de su conducción y hundirse en una bañera llena de las aromáticas hierbas medicinales que su doctor en medicina alternativa había preparado para él.
No obstante en el momento en que los labios de Katniss se pegaron a los suyos, se obró el milagro.
Su roce se convirtió en un bálsamo y el dolor desapareció antes de que Peeta tuviera tiempo de maravillarse por ello.
Ella empezó a alejarse, insegura por su respuesta, o más bien por la falta de ésta. Y entonces Peeta se dio cuenta de que no estaba soñando.
Sus manos, hasta ahora laxas a ambos lados de su cuerpo, cobraron vida, ascendiendo a pasitos cortos hasta aferrarse a ella.
Sintió el roce de su cabello entre los dedos antes de hundirlos profundamente entre los mechones castaños y entonces dio un paso y luego otro, hasta que la espalda de ella quedó apoyada contra puerta, golpeándose la cabeza de manera casi violenta contra la pieza de metal, pero a ninguno de los dos le importó en lo absoluto.
Y de repente ya no era ella quien lo besaba a él, sino que él la besaba a ella.
Un gemido bajo brotó de la garganta de Katniss, tomándolos a ambos por sorpresa y entonces, tan rápido como había empezado, terminó.
Ella lo apartó, apoyando sus manos planas sobre el pecho de Peeta y se tomó casi un minuto antes de abrir los ojos, porque Katniss no quería que él pudiera ver el caos que llevaba por dentro.
Sintió miedo, porque la última vez que se había sentido así, había acabado con el corazón roto.
—Buenas noches, Peeta— dijo ella dando un último paso hacia atrás y, sin nada que lo bloqueara, el ascensor por fin se cerró y empezó su descenso, dejando a un muy confundido Peeta en su interior.
…
Peeta no estaba seguro de cómo se las había arreglado para llegar a su auto después de lo que había pasado. Mucho menos cómo era que, ahora, estaba abriendo la puerta de su propio apartamento.
Sentía el cuerpo débil, como si de repente le hubieran sustituido todos sus huesos por algo que parecía tener la constitución gelatinosa de una medusa. Dejó caer las llaves de su auto, su billetera y las llaves de su casa en la mesa que tenía en la entrada y caminó, algo tambaleante, hasta su habitación. Se quitó los pantalones y desenganchó, con dedos temblorosos, los seguros de la prótesis y la dejó apoyada contra su cama. Entonces se dejó caer, boca abajo, sobre el colchón.
Tenía un extraño hormigueo que le recorría el cuerpo y estaba convencido de que su pierna le estaba pidiendo a gritos que se diera un baño que lo ayudara a manejar el dolor, pero no conseguía la fuerza de voluntad para levantarse. En su lugar se giró sobre su espalda, alcanzó el frasco anaranjado en donde se encontraba su medicamento y se bebió dos comprimidos de golpe.
Clavó los ojos en el techo, donde la bombilla amarilla brillaba con intensidad.
Katniss Everdeen.
Katniss Everdeen lo había besado. A él.
Un largo suspiro brotó de su garganta.
¿Cómo era posible?
En algún momento, después de que Katniss y él cerraran el trato, Peeta había pensado que podría acabar besándola. De manera abstracta, por supuesto. Si iban a pretender ser novios, eventualmente tendrían que besarse para una audiencia, de otra forma nadie, jamás, podría creer que ellos estaban juntos. Pero nunca se imaginó que un beso de ella podía cambiar las cosas de aquella forma.
Peeta ya había tenido sexo, por supuesto. De hecho consideraba que, hasta ahora, había llevado una vida sexual bastante sana. Pero nunca había sentido nada como aquello. Era como si, de repente, hubiesen insuflado energía a cada una de sus células.
Se pasó la lengua por los labios y pudo sentir, de nuevo, el sabor de Katniss en sus labios. Saboreó el vino, ligeramente especiado, que ella había estado bebiendo esa noche y la vainilla y el chocolate de su postre. Su aroma, que le recordaba a algo fresco como un día de verano, se le había pegado a la ropa y tal vez a eso se debía su resistencia a la idea de ir a darse una ducha y ponerse el pijama.
¿Habría sido cosa de una vez? ¿Estaba comportándose como un idiota al estar pensando en ella de esa forma? ¿Se aferraba a una quimera?
Se dio la vuelta en la cama, metiendo las manos bajo la almohada mientras empezaba a sentir el efecto adormecedor de los calmantes.
Por primera vez en lo que había sido una pequeña eternidad, tuvo dulces sueños. Sueños con vino, vainilla y chocolate.
…
"Estúpida, estúpida, estúpida". Se regañó Katniss, una y otra vez, por haber sido así de impetuosa. Tres años de férreo control habían sido tirados a la basura por un beso. Un beso muy bueno, tenía que reconocerlo, pero Katniss Everdeen sabía que mientras mejor fuera el beso, más caliente se volvería su infierno.
—¿En qué estaba pensando? —gruñó mientras empezaba a enjuagar la vajilla que había estado lavando. Ni siquiera estaba sucia, había abierto una puerta al azar en su cocina y había sacado todo su contenido para lavarlo. Por algún motivo la acción le resultaba tranquilizadora. El problema era que como pasaba la mayor parte de su tiempo fuera de casa, no solía tener muchas oportunidades de hacerlo.
Pero a fin de cuentas ¿no era ese uno de sus problemas? Ella nunca estaba en casa. Se había asegurado de conseguir buenos administradores para cada uno de sus restaurantes, pero eso no evitaba que fuera una maniática del control que debía llamarlos o visitarlos por sorpresa cada dos por tres. A algunos, como a Finnick Odair, el administrador del Distrito Cuatro, le resultaba simpático. Otros, como Enobaria en el Dos, lo encontraban insultante.
A Katniss le daba igual. Había trabajado mucho por conseguir estar en ese lugar y ningún ego inflado iba a echarlo a perder.
Lo que la hacía pensar de nuevo en Peeta. En definitiva nunca diría que su ego se encontraba inflado, pero definitivamente él, con sus ojos azules y su sonrisa que…
—¡Por favor! —chilló, arrojando un plato dentro de la pileta, haciéndolo añicos contra el fondo.
Se enjuagó las manos, cerró el grifo y se sentó en el piso de su inmaculada cocina.
Era lo suficientemente segura de sí misma como para reconocer que había cometido un error, no solo al besarlo sino también al elegirlo para formar parte de su charada. Ahora no solo ella sino también su familia— había recibido ya cuatro mensajes de su madre—, lo encontraban irresistible.
Sería demasiado sencillo enamorarse de él. Katniss estaba segura de que ya había empezado a suceder y eso la aterraba.
No podía permitírselo. No importaba lo bien que se la pasara en su compañía, lo guapo que lo encontraba o lo intrigante que resultaba para ella. Enamorarse era un riesgo que ella no tenía ni la energía ni el interés de correr.
Lo que necesitaba era un plan de acción. Prim decía que sus planes eran terribles y, después de ver lo ridículamente rápido que estaban evolucionando las cosas con Peeta, no podía más que darle la razón.
Era como si ella hiciera planes y la vida se encargara de escupirle en la cara.
Tenía que encontrar una salida. La más sencilla era terminar el trato con Peeta y fingir, ante su familia, que la relación se había estancado y que había perdido el interés.
El problema con esa solución era que su madre, su hermana y su futuro cuñado —aún y cuando Prim sabía todo el asunto del trato— asumirían que había terminado con Peeta por todo el asunto de la pierna y no había forma de que eso no la hiciera verse como una auténtica perra. Siendo así, el cortar de raíz el problema era imposible.
En segundo lugar, Katniss podía fingir un poco más con Peeta, tal vez un par de semanas y, sobre la marcha, ir encontrando cosas en él que le resultaran factibles para fingir un rompimiento. El problema era que, fuera del problema que habían tenido con la omisión de Peeta, no se le ocurría nada en él, por el momento, que le resultara funcional en ese sentido.
Katniss maldijo a Peeta entre dientes. ¿Cómo era posible que fuera tan perfecto?
De momento, lo único que creía que podía funcionar era quedar con Peeta de nuevo y rogarle que la ayudara a crear una relación que resultara creíble para, casi inmediatamente después, desarrollar entre ambos un rompimiento que su madre y su hermana pudiesen tragarse.
El problema era que Katniss tenía miedo. Quedar con Peeta significaba pasar tiempo con él y Katniss sospechaba que cada segundo que pasara en su compañía la empujaría un poco más cerca de ese horrible acantilado al que la gente llamaba amor.
¿Qué podía hacer?
No puedo creer que estemos ya en el capítulo 10 y que esta historia tenga ya 138 reviews es impresionante. De verdad mil gracias a cada una de ustedes por las cuotas de amor para Katniss y Peeta en cada capítulo.
Ahora que ya tengo acceso a sus reviews, vamos con los agradecimientos:
En el capítulo 7: La chica de pelo rojo, lolita27, ANA KAREN MELLARK, Nina Berry, EternalReader15, Anna Scheler, Sofitkm, Robyn Raven, X, AleSt, Doremi, Sheenaggp11, MildredxDD, arabullet, Giselle Jay y marizpe.
En el capítulo 8: AleSt, Gabita565, IamPeterPan, Connu, Robyn Raven, PrettyLu, Belen, wenyaz, Addy Mellark87, ANA KAREN MELLARK, Sofitkm, Nina Berry, MildredxDD, Ana88, Claudia, Sheenaggp11, marizpe, X, Giselle Jay y Anna Scheler.
En el capítulo 9: la chica de pelo rojo, AleSt, ANNA KAREN MELLARK, IamPeterPan, MildredxDD, PrettyLu, wenyaz, Sheenaggp11, Doremi, marizpe, Sofitkm, lichicasco, Giselle Jay, Anna Scheler y X.
De verdad me motiva mucho ver a tanta gente enganchada de la historia y por eso estoy tratando de sacar el rato para escribir los capítulos. No hago promesas de la periodicidad de las actualizaciones porque lo que estoy llevando en la U es un curso de matemáticas y, como podrán imaginar, es bastante absorbente, pero haré el esfuerzo.
Un abrazo, E.
