"I'm a victim of my symptom,
I am my own worst enemy.
You're a victim of your symptom
You are your own worst enemy
Know your enemy"


Capítulo 10

"You're your own worst enemy"

Alrededor de las diez de la noche, Madame Pomfrey me pidió que por favor me retirara, que ya había estado demasiado, y que probablemente él no despertaría hasta bien entrada la mañana. Le hice caso, muy a mi pesar. De todas maneras, necesitaba descansar un poco y darme una buena ducha. También quería averiguar qué habían hecho durante las horas de clase y ver si podía adelantar algo.

Caminé rápidamente a la sala común porque el frío me taladraba. El estómago me rugía: no había comido nada desde lo de Malfoy, y tampoco quería hacerlo. Si tan solo el rubio no me hubiera obligado a comer esa mañana, en ese momento no tendría hambre. La había despertado, y ahora era más complicado lograr acallar los ruidos que producía mi cuerpo. Me odié por saber que debía comer, por obligación, porque mi cuerpo me pedía que lo hiciera y porque sabía que tarde o temprano lo terminaría haciendo, aunque la razón me decía que no quería hacerlo.

Cuando llegué había un par de alumnos terminando sus tareas, pero eran de cursos menores. Afortunadamente, Neville estaba sentando en el sillón escarlata, junto a fuego, leyendo. Me acerqué a él y le pasé mi brazo derecho por su espalda suavemente, para que no se asustara.

- Hermione, ¿dónde estabas? – me preguntó, preocupado. - Desapareciste el día completo.

- Estaba… cuidando a un amigo, en la enfermería. No anda muy bien. - le dije. No sé por qué, pero no le dije quién era mi amigo. Sabía que podía confiar en él, pero tenía miedo que me juzgara porque ese "amigo", si es que así podíamos llamarlo, era nada más y nada menos que Draco Malfoy.

- Está bien. - dijo no muy convencido.- Pero me asustaste. Pensé que te había pasado algo. La próxima vez avisa. Te guardé todas las tareas, toma. – y me las tendió. Me agradaba saber que había alguien que se ocupaba de mí.

- Gracias, Neville. - le dije.- De verdad, no sé qué haría sin ti en estos momentos.- y luego lo abracé fuertemente, como trasmitiéndole mi gratitud por no dejarme sola.

- ¿Todavía no tienes planes de hablar con tus amigos? – preguntó.

- Ellos no son mis amigos. Y no, no quiero hablar. Estoy bien como estoy. - dije testarudamente. En ese momento hasta hubiese jurado que mis palabras eran ciertas, pues sentía el corazón más liviano.

- Hermione, estás sola. Vas y vienes sola, no sé en dónde pasas tu tiempo, no sé si estás bien, me tienes preocupado. –

- Neville, agradezco tu preocupación, pero de verdad, estoy bien. Y por favor, no insistas con ese tema. Ya es algo pasado en mi vida. – Él me miró con preocupación, pero asintió. Sabía que hablaba en serio.

- Te quiero, Hermione. Quiero verte bien. - me dijo mientras se incorporaba. Luego me apretó tiernamente mano, me dio un beso en la frente y se marchó. Siempre había sabido que era un chico muy bueno, pero no sabía que había una parte tan dulce de Neville. Estaba encantada con ella.

No tenía sueño, así que decidí quedarme ahí a hacer todo lo que tenía atrasado. Leí muchos textos, contesté varias preguntas, y después decidí estudiar un poco de runas antiguas. Cuando hube acabado, serían las tres y media de la mañana, y sin embargo yo seguían tan o más lúcida que antes.

Pensé en Draco, y me pregunté si ya estaría despierto. No sé cómo podría seguir durmiendo, habiéndolo hecho todo el día. Decidí que ir a ver cómo se encontraba no me haría daño alguno, y así lo hice. Primero subí a mi cuarto, que como siempre, estaba vacío, y me puse otro suéter. Ese invierno se había venido con todo, no había día que me sintiera a gusto con el clima.

Fui despacio, consciente de lo tarde que era y tratando de no hacer ruido. La Dama Gorda me había dejado pasar a regañadientes, bajo la promesa de que volvería pronto. No sabía si iba a cumplirla, de verdad estaba desvelada, y no quería irme a dormir para girar en vano entre mis sábanas.

Cuando llegué a la enfermería, estaba todo muy oscuro, todo menos la cama que ocupaba Malfoy. Tenía prendida la luz del velador que estaba a su lado, pero no estaba haciendo nada. Tan solo estaba sentado, mirando el techo. Me acerqué sigilosamente, y me senté a su lado. Me sorprendió que no me mirara, que no hiciera gesto alguno, que no me echara. Esperaba su rechazo, al cual estaba más que acostumbrada.

Sin embargo, mayor fue mi sorpresa cuando me tomó la mano, también sin sacar la vista de las piedras que conformaban las paredes de toda la habitación. Yo apreté suavemente sus dedos, mientras él los enlazó con los míos. Sonreí. Se sentía increíblemente bien.

No entendía como un Draco Malfoy que me había ignorado toda una vida, que me había hablado solo para humillarme y rebajarme, ahora hacía lo que estaba haciendo. Estaba en conocimiento de que igual me detestaba, pero tenía momentos de debilidad, como este, en los cuales mostraba cariño. Algo que jamás creí posible. Tal vez no tenía nada que ver conmigo, tal vez solo lo necesitaba. Le hubiera dado lo mismo que fuera otra persona, de eso estaba segura.

- ¿Por qué no puedes dormir? – me preguntó luego de unos largos minutos en silencio.

- No lo sé. No tengo sueño. Y me duele mucho la cabeza.- le contesté.

- Seguramente es porque no comiste nada.- dijo sencillamente y con un voz llena de cansancio. Suspiró. Giró su cabeza y me miró a los ojos, analizándome. Y yo bajé la mirada, porque sabía que él tenía razón. No había comido nada. – Lo sabía. - agregó. – Me estás fallando, Granger. - me dijo.

- Lo siento. - fue todo lo que fui capaz de decir. Me hacía sentir tonta el saber que realmente sentía que le estaba fallando, cuando en realidad no tendría que importarme nada de él. Porque él me despreciaba, y todo esto era un juego para él, necesitándome (en realidad, necesitando a alguien, quien fuera) ahora que se encontraba lastimado y solo. De todas maneras, en ese momento no me importaba, porque me estaba sujetando la mano y su roce no me dejaba pensar con claridad, tan solo podía coordinar dos pensamientos: lo bien que se sentía su mano sobre la mía, y lo cerca que estábamos sentados.

- No importa, de todas maneras, mañana retomamos la rutina que casi ni pudimos comenzar. Comeremos juntos todos los días. - me dijo.

- ¿Por qué? – le pregunté.

- Porque quedamos en que haríamos así. - me contestó. No, no me estaba entendiendo. No era eso lo que le estaba preguntando, lo que quería saber era el verdadero por qué. Por qué se gastaba en hacerme comer, por qué perdía su tiempo en mí. Exterioricé el auténtico sentido de mi pregunta. Se quedó mudo por un largo rato, tan solo mirándome. Me hizo sentir muy incómoda, y hacerme arrepentir de mis palabras. Hubiera querido retorcerme las manos como solía hacer cuando estaba nerviosa, pero no pude, porque mi mano seguía presa en la suya. Gracias al cielo.

- No tengo un verdadero por qué. Tan solo quiero que comas y además, tu compañía es mejor que nada. - me contestó fríamente. Su respuesta tan carente de sentimientos me cayó como un balde de agua fría, e hizo que lo soltara. Se me vidriaron los ojos, no pude evitarlo. Él me miró ahora de manera diferente, como… ablandándose. – No es eso lo que quise decir. – se corrigió. - De verdad… agradezco que estés aquí ahora, y que lo hayas estado ayer. Y creo que tienes que comer, porque estás muy flaca. Porque ya no pareces tú. -

- Como si te interesara lo que parezco. - le dije, dolida, aunque algo reconfortada por su real agradecimiento.

- Me interesa. Mucho. - dijo. Me di cuenta de que se arrepintió de inmediato, por el cambio que hubo en sus ojos. Lo que hacía un momento parecía estarse derritiendo, ahora se había endurecido de golpe. Me lastimaba que fuera más fácil ser malo conmigo y que no dijera lo que realmente quería decir. Porque se contradecía todo el tiempo, y no lo entendía. Pero lamentablemente, daba igual que fuera así, porque de todas maneras le haría caso, a cualquier cosa que me dijera. Porque estaba perdida, porque siempre lo había estado.

- Gracias. - le dije. Muy lentamente, subió su mano izquierda y me acarició la mejilla. Aunque hacía unos segundos yo había notado su arrepentimiento, ahora me había olvidado de aquello. Ese gesto reforzó sus palabras, y me olvidé de lo que yo había creído ver. Y me sonrojé, porque que él me tocara era magnifico. Ahí en donde posaba sus dedos, sentía un calor incontrolable. Él formó una especie de sonrisa cuando notó el color de mi cara. Descendió un poco, y descubrió una cadenita en mi cuello. La sacó suavemente desde debajo de mi suéter escarlata, y se la quedó mirando. Le prestó especial atención al dije, que era una delicada "C" de plata. Imaginé que se preguntaría a qué respondía la letra, pero me equivocaba. Eso él ya lo sabía.

- ¿Lo extrañas? – me miró penetrantemente a los ojos. Yo asentí despacio, sintiendo como el dolor me recorría todo el cuerpo, y como un gigante pero ya conocido agujero se abría en mi pecho. Ni siquiera estando cerca del amor de mi vida podía olvidarme de Cedric, de la persona más buena y noble que jamás había conocido, de mi mejor amigo. ¿Si lo extrañaba? ¿Qué clase de preguntar era esa? Extrañar era poco. Lo necesitaba, lo quería conmigo, porque sin él mi vida no tenía sentido alguno.

- No te das una idea…- dije, mientras me daba cuenta de que no podía soportar el nudo que se me acababa de formar en la garganta, y las lágrimas empezaban a caer por mis mejillas.- … del infierno que es vivir sin él.- completé.

- ¿Lo amabas? – cuestionó.

- Con todo mi corazón. – pude sentir como Draco se tensaba.- Era mi mejor amigo.- le dije. Y también sentí cómo se relajaba ante mi aclaración. Esto me dejó un poco más confundida, si es que eso podía pasar.

- Lo siento mucho.- dijo. Sus palabras entraron lentamente en mis oídos, y fueron procesadas por mi cerebro aún más despacio. Él acababa de decir que lo sentía. Y sonó a verdad. Entonces lo miré como nunca lo había mirando y luego me tiré en sus brazos en busca de consuelo. Porque necesitaba consuelo, necesitaba que me dijeran que todo iba a estar bien, que en algún momento de mi vida aquel dolor que me carcomía iba a acabar, y que me iba a llegar la felicidad. Quería ser feliz, pero no podía, juro que no podía. Me acarició el cabello un rato, y me fui relajando un poco.

- Yo también lo siento, y no sabes cuánto lo necesito. Me he quedado sola, Malfoy, ya no tengo a nadie. Te juro que no sé qué hacer. - le dije. Hice una pausa. – Lo pienso día y noche, sueño con él, lo extraño. - y la voz se me volvió a quebrar, y volví a caer en el llanto. No sé si sería porque me vio tan desolada, o por qué razón, pero las próximas palabras que Draco Malfoy dijo, fueron las que me mantuvieron en pie durante mucho tiempo.

- Ahora me tienes a mí. Tal vez no sea la persona que quieres, pero yo no te voy a dejar. – dijo. Y fue de lo más extraño, porque nunca en toda mi vida se me hubiese podido ocurrir que él me pudiera prometer semejante cosa, y menos prometérmelo a mí. A una asquerosa, mugrienta y gorda sangre sucia.

- No te entiendo. ¿No se supone que soy una sangre sucia? – le pregunté.

- Si. – me dijo. Pero luego me sonrió. – Pero me necesitas. Y no pienso dejarte. Conozco la soledad, y no la quiero para ti. - me informó.

- No quiero que me ayudes, no necesito ayuda. Además, si tanto me desprecias, si va en contra de tus principios, no veo por qué te empeñas en ayudarme… Hace dos años que estoy sola, nunca te interesaste por mí. -

- Aunque tú creas eso, no estabas totalmente sola. Tenías amigos… pero este último tiempo, realmente te quedaste sin nadie. No sé muy bien lo que pasó, pero yo voy a ayudarte, no importa si lo deseas o no.- yo me separé un poco de él, estábamos demasiado cerca. – En cuanto al chico Diggory, tienes que dejarlo ir, Granger. No está más aquí, y no volverá. Deja de atormentante, te haces mal, te dañas. Lamento decírtelo así, pero es necesario. – sus palabras estaban cubiertas de dolor al pronunciarlas, y realmente sabía que intentaba ayudarme. - Ahora ve a dormir, es muy tarde. Nos vemos en unas horas, para desayunar. - me dijo. Y me sonrió. Y solo entonces me di cuenta de que tenía razón, de que dejar ir a Cedric era algo necesario. Porque era yo quien lo recordaba, una y otra vez, quien no lo dejaba en paz. Tenía que dejar de necesitarlo tanto. Lo que no sabía era cómo iba a hacerlo, porque si no lo había logrado en los dos años que habían transcurrido, ¿cómo lo lograría ahora? No encontraba la manera, no habría diferencia alguna.

Pero me equivocaba. Si la había, y era una diferencia abismal. Ahora tenía a Draco Malfoy a mi lado.


Ya estamos por la mitad de la historia, ¡muchas gracias por leer! Espero sus reviews, ¡un beso enorme!