Título: Me consiguió un idiota
Resumen: Gwen es la mejor amiga de Merlín, quien es gay y no está interesado en ningún chico por el momento. Guinevere piensa que su amigo necesita una pareja y entra a un sitio en internet. A su vez, Morgana, la hermana de Arturo le crea (sin su consentimiento) un perfil en ese sitio de parejas. Las dos chicas arreglan un encuentro romántico para los muchachos… el problema es que el encuentro es de todo menos romántico.
Notas: Espero que lo disfruten mucho, especialmente porque es el último. Ninguno de estos personajes me pertenece y escribí esto solo para entretener. Gracias por leer y comentar.
Capítulo 10. Dicen que la tercera es la vencida.
Después de que Merlín sufriera la que él había calificado como peor humillación de su vida, él y Arturo decidieron quejarse con las dos chicas, reclamarles para que dejaran de hacer esas jugarretas, aunque si los dos las conocían lo suficientemente bien, entonces sabrían que no hay forma de parar a las dos reinas de la maldad... a menos que...
— ¿Un trato? —pregunto con confusión el rubio.
—Exactamente. Un trato. Que lento eres a veces...
—Pero serán... no pienso negociar con ustedes.
— Arturo, tú no tienes nada por lo cual quejarte, después de todo te gusto bastante tu sorpresa.
Las mejillas del joven se colorearon, Merlín, ignorando eso y pasando por alto la reacción del rubio, lo observó y dijo con seriedad.
— Es nuestra mejor opción. ¿Cuál sería el trato?
—Deben tener una tercera cita. —Gwen salto de emoción.
— Bueno... la tercera es la vencida. —dijo con una especie de resignación, el moreno.
O eso dicen.
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El principio de la cita, fue todo más que incomodo, después de eso, se trataron como viejos amigos, las miradas que se dirigían era de completa complicidad y cualquiera pensaría que eran como Sherlock Holmes y su Watson, un dúo inseparable, increíble, destinado.
Las cosas resultaron un tanto diferentes cuando terminaron en el sillón de Merlín (en el de Merlín porque en la casa de Arturo estaba Morgana, y en el sillón, porque no llegaron a la cama, en su desesperación) besándose apasionadamente, sin pensar en sus pobres pulmones.
— Eres un idiota.
Susurro Merlín, en su oído, jadeando, tratando de recuperar su ritmo de respiración normal. Todavía estaba algo excitado por la sesión de besos previa.
— Pero adoras a este idiota. —el rubio sonaba tan agitado como él.
—Quizá te haya tomado algo de cariño... Pero más que nada era deseo sexual. —mintió, Arturo había hecho a la fuerza un hueco para entrar en el corazón de Merlín, aunque el moreno no estuviera listo para admitir que lo que sentía era algo más allá que pasión desenfrenada.
— ¿Y, entonces? ¿Habrá segunda cita?
— Quien sabe, —Merlín alzo las cejas —dicen que la tercera es la vencida... pero para mí se equivocan. Necesitamos muchas más que tres horribles citas.
—Por lo menos esta termino bien, ¿no?
— ¿Quien dijo que ya se acabó?
Así es como volvieron a unir sus labios.
Fin
